CHICOS PUBLICO DOS CAPITULOS SEGUIDOS PORQUE YA COMIENZA EL CICLO DE LA UNIVERSIDAD Y SI QUE ME VOY A TARDAR EN ACTUALIZAR CUANDO COMIENCE, PERO HASTA ENTONCES VOY A HACER LO QUE PUEDA POR ACTUALIZAR SEGUIDITO.
Ahora si, muchas gracias por los reviws a todooooosss! Ojalá lo disfruten tanto como yo al escribirlo. Nos leemos.
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Vestía bastante ridículo para la ocasión, una bufanda en tonalidad naranja chillona, blusa azul marino, shins holgados y pantuflas acolchonadas tono amarronado, en otras palabras Light vestía con "ropas de andar por casa". Si la intención del castaño sería infundirle temor con una pinta como esa entonces seguramente Yagami no tendría ni idea de pleitos. Pero no se burló de él ni mucho menos le miró de manera despectiva, esa cantidad infinita de tonalidades y colores vivos le habían anestesiado el hervor de sangre molesto que le produjo Yagami, y al fin y al cabo fue el mismo castaño que con solo su presencia logró bajar la furia en el interior de Riuzaky, furia que él mismo había causado.
El rostro del japonés lucía molesto, con las cejas fruncidas y la mirada intentando ser violenta pero sin conseguir el efecto que pretendía. Era pésimo actor y por más que intentara verse agresivo jamás lo conseguiría, no era una persona que solucionase los problemas a través de la violencia.
-¡¿Es que tú estás loco o qué?! –chilló el castaño con el corazón en la boca luego de lo ocurrido, ese tipo tenía un descaro impresionante, y para colmo le ensartaba la mirada sobre su figura de manera cascarrona, como si todo se tratara de un chiste.
-No, no lo creo –respondió, aún sabiendo que el interrogante que había lanzado Light no era mas que retórico, se respondía a sí mismo, no necesitaba ser aclarado por nadie, había sido solo una expresión de sorpresa luego de lo sucedido.
Se quedaron ambos en silencio, Riuzaky chequeando el reloj de su muñeca, estacionaba la motocicleta sobre la acera como si fuese a quedarse allí por tiempo indeterminado. Bufaba cual si estuviese esperando algo desde que llegó y se le acababa su preciado tiempo.
-Y bueno… ¿te vas a quedar ahí parado todo el día con cara de pitufo gruñón o hablarás de una buena vez? No tengo todo el tiempo del mundo para ti –ponía los ojos en blanco como si estuviese de lo más aburrido en una situación totalmente fastidiosa.
-¿Y qué se supone que debo decir? –luego de caer en la cuenta de lo dicho por Riuzaky se percató que su respuesta no había sido de lo mas ingeniosa, por ello agregó con molestia:-. Primero te tomas el atrevimiento de golpear a Mikami, después vienes hasta mi casa sin permiso alguno y finalmente le pones mano encima a mi hermana… Tú estas demente y no aceptaré tu manera de hablar ni tus modales de neandertal y mucho menos en mi casa –tal vez si se tratase de otra persona Light no hubiera reaccionado de esa manera tan a la defensiva, pero claro: no era una persona cualquiera, era Riuzaky y eso ya era motivo suficiente como para que un simple acto de rebeldía fuera visto como un hecho macabro a ojos de Light, porque esa era la realidad: el simple hecho de ser Riuzaky quien tenía enfrente lo hacía culpable de cualquiera de las peores malevolencias, porque para Yagami aquel hombre representaba en letra viviente la mala hierba y todo lo que no quería en su vida.
-Le gustas a tu amigo, ¿has pensado en darle una oportunidad? Se ve bastante sufrido el pobre –claro estaba que sabía de antemano los sentimientos de Mikami para con Light, su alter-ego los conocía a la perfección, el mismo Light se lo había contado todo a L, y no estaba bien jugar con los sentimientos de su retoño, claro que no lo hacía porque le emocionara aquello de escarbar con palabras filosas el corazón blanduzco de Light, más bien lo practicaba de manera consciente a sabiendas de que era la única manera de estar al tanto aunque fuera un poco sobre las emociones internas del trigueño ya que hacía bastante tiempo que no mantenía una conversación con aquel (por llamar de alguna manera aquellas veces que se escribían hasta tarde a través de Internet). Estar cerca de él, molestándolo aunque fuera un poco le permitía averiguar aunque fuese de mala manera el estado anímico del castaño, aunque eso fuera extremadamente nocivo para el de ojos café porque siempre luego de un pasaje de palabras al azar con Hideki, Light acababa aun más dañado sentimentalmente que si Riuzaky nunca le hubiese platicado.
Estaba siendo realmente egoísta, por sus ansias de saber más sobre las verdaderas emociones de Yagami lastimaba a la persona que más apreciaba…
-¡No te atrevas a hablar así de él! No lo conoces… -se había sonrojado de pies a cabeza con el comentario que aquel acababa de largar al aire, logró ser rápido para responder un par de negaciones sin sentido ni mucha argumentación; eso era porque de pensar en algo coherente tardaría bastante, y con Riuzaky (si se quería estar a la altura del moreno en cuanto a pleitos) había que responder de manera rápida sin importar demasiado el peso del comentario-. ¿Para qué demonios viniste hasta aquí, Riuzaky? Ya te he dejado bien en claro por móvil lo que pienso de lo sucedido el sábado y a mi parecer eres un completo desubicado, no me agradas ni un poco, y ni pienses que me tomaré enserio lo ocurrido aquella noche porque has de estar soñando, para mi fue algo sorpresivo y por ello no respondí, lo cual no significa que me haya agradado. Desconozco las razones por las cuales has hecho algo así pero te aseguro que si lo hiciste solo para intentar enredarme en una de tus jugarretas y dejarme en ridículo entonces te aclaro que no permitiré que des un paso mas porque yo…
-Yagami, ¿de que demonios estás hablando?
Abrió los parpados todo lo que pudo, shokeado por aquella reacción de indiferencia.
-Bueno, de lo que tú… y yo… de lo que pasó en la noche en tu… -¿acaso Riuzaky le estaba jugando una broma pesada? Hacía tan solo unos minutos se le había insinuado de lo mas descarado a través del móvil y ahora se hacía el indiferente con él? Solo estaba jugando, todo aquel circo era una broma para dejar a Light en ridículo otra vez, quería desorientarlo y al parecer toda esa situación le hacía mucha gracia al moreno y sumado lo ocurrido anteriormente solo daba una única respuesta y era que Riuzaky era una porquería de persona.
-A mí ni me interesa lo que tú opines, además ¿Quién te dijo que yo estoy aquí por ti? –la pregunta lo había descolocado por completo, ¿acaso pretendía hacerse el tonto de esa manera tan evidente? La respuesta a la pregunta más ridícula que había oído Light ese domingo resultaba ser evidente: Riuzaky permanecía estacionado en la acera de su casa, hablándole como si se tratara de una visita, entonces ¿si no había venido por él qué diablos hacía allí conversándole? No tenía sentido.
El moreno volvió a chequear su reloj de muñeca, por lo visto ya había repetido esa acción dos veces, eso le dio la impresión a Light de que estaba en espera de alguien mas que no era él.
Y sus dudas se aclararon cuando vislumbró a una muchacha pelirroja de grandes atributos físicos acercarse a paso apresurado hacia la motocicleta del moreno, se montó en el asiento de ésta detrás de aquel, una vez hecho esto el hombre sentado al frente de ella encendió la motocicleta de un arranque abrupto.
-Esta no es mi dirección, ¿acaso le estabas preguntando a él en donde queda mi casa? -abandonó con la mirada a Riuzaky y la posó sobre el castaño-. Hola Light, ¿Cómo estás? –saludó a su vecino con una sonrisa de oreja a oreja.
-Hola Lisa –dijo sin mucho entusiasmo, la situación no cuadraba en lo absoluto, ¿a que diablos estaba jugando Riuzaky?
La muchacha hablaba con voz aniñada, vestía muy provocativamente y con unas pintas de niña de preparatoria aunque a juzgar por su rostro no era muy joven que digamos, Light la conocía bien (claro que de nombre), en el vecindario siempre los muchachos se la pasaban parloteando de ella, era una mujer infartarte que solía desvestirse en su recamara con la ventana abierta al público y los hombres aguados en saliva se quedaban atontados mirándola, a veces había sacado muy buen provecho de su atractivo físico, había estafado a varios hombres ya habiéndolos apartado de sus familias e hijos, no era una santa en otras palabras-. Yo vivo al lado de Light, creí habértelo especificado bien por móvil.
-Cuando hablamos por móvil ni siquiera te estaba escuchando –lo dijo con una seriedad propia de él mismo, no había ni una pizca de burla o chiste en sus palabras. Light se sorprendió, se suponía que venía por ella y ¿así la trataba? De haber sido él quien estuviera detrás del moreno en la motocicleta (y dio gracias al cielo que así no era) jamás le hubiera permitido a Riuzaky una falta de respeto como aquella, ni mucho menos hablarle así tan descortésmente.
Ella simplemente se echó a reír a carcajadas.
-Dios Santo Riuzaky, eres tan gracioso –lo había abrazado por detrás, ¡ese tipo era un completo desgraciado! Se suponía que estaba en una relación con Takada y aunque no fuera formal como mínimo debería guardar un cierto respeto hacia los sentimientos de la morena, a la cual por lo visto la usaba como si se tratara de un trapo que luego podía arrojar como si nada. No tenía ni el descaro de por lo menos encubrir que andaba a los amoríos con otra mujer en frente de Light, quien era uno de los amigos más cercanos de Takada, al cual también se le había insinuado en su oportunidad. ¿Acaso ese tipo no tenía códigos? Era evidente que no.
Era definitivo: ese hombre no merecía el respeto de nadie.
Aceleró los cambios y partió con la mujer detrás suyo, dejando a Light tragando el asqueroso humo que salió disparando del caño de escape. La pelirroja le abrazaba por detrás como un indicio de afecto antes de llegar al apartamento de Riuzaky y acabar haciendo lo inevitable, lo que ambos se propusieron desde un principio.
Pasó un semáforo en rojo, desafiando la normativa legal mientras la mujer detrás reía extasiada festejando el comportamiento infraccionario del pelinegro, dejándose llevar por la adrenalina del momento. Éste último, por el contrario, tenía el cuerpo en estado de "off" y su mente vagando en pensamientos retorcidos y absurdos que no lo llevaban a ningún lado. Ya ni sentía ir sobre la motocicleta a una velocidad impresionante (todo lo que daba el acelerador) y para redundancia: sin la protección del casco, aunque claro, él era profesional en corretaje de motocicletas… "él sabía lo que hacía", él sabía que si continuaba haciendo aquello algún día moriría tras un accidente infernal. Pero le restó importancia a ese pensamiento para entonces simplemente porque sus neuronas siquiera podían dejar de pensar ni un segundo, ni siquiera estando en una situación semejante.
Sabía que lastimaba a Light actuando de esa manera, lo alejaba aun más de él siendo que lo que se proponía era acercarlo. Estaba consciente del desprecio que generaba en las personas su manera de actuar tan desconsiderada y arrogante. Le dolía hasta el tuétano cuando Yagami le miraba de esa manera: con un odio infalible en sus ojos ámbar y aun así no podía detener su comportamiento hostil, ¡lo necesitaba para reafirmarse como ser humano con emociones profundas y no sentirse un simple personaje al borde de la cornisa y la desesperación! Pero es que por más que intentara cambiar su personalidad no lo lograría jamás, le sería imposible porque ya se había acostumbrado a convivir con ella, era un refuerzo hacia las amenazas externas, lo protegía del exterior… había sobrevivido toda una infancia siendo tratado y criado de esa manera y ahora repetía todo lo que de niño había visto y oído. En primer instancia había sido un pequeño muy dulce y tierno al igual que era Light (agradecía que el castaño no hubiera perdido esas características de cuando se es niño e inocente, no como había sucedido con él en el paso de los años transformándolo en un ogro, mal educado, mal hablado y la lista tenía un sinfín de adjetivos mal calificadores de los cuales no se podía deshacer), de todas maneras gracias a los traumas sufridos a corta edad que por poco y acaban destruyendo su cordura, su personalidad se vio forzada a dar un giro de ciento ochenta grados y convertirlo en todo lo que era ahora.
Aun recordaba cuando tan solo era un niñato al cual obligaban a sufrir dependencias hacia los peores vicios que un hombre podría llegar a tener tras haber visto tanto odio, tras guardar tanto rencor hacia ciertas personas que jamás dejaría de odiar por mucho que se lo propusiera… porque él no olvidaría, Riuzaky jamás olvidaría las sombras de esos demonios tortuosos que marcaron de por vida su futuro… los recordaría y les guardaría el mayor de los odios hasta el día de su muerte.
Por suerte, y aun más que eso: por la dulce crianza que supo darle un hombre inglés que lo rescató de las penumbras que tanto sufrió en su dichosa infancia, hallándolo una madrugada cruda de invierno en las frías calles de Inglaterra, con hambre y sed luego de haber estado vagando durante días sin rumbo, escapando de aquel "hogar" de torturas que había significado su niñez, acogiéndolo en su hogar, brindándole afecto, comida, salud y educación (la mejor que pudo recibir alguien proveniente de las oscuridades como lo era él), cuidando de él como si se tratara de su propio hijo. A partir de aquello el invierno pasó a ser su estación del año favorita, no importaba lo mucho que había sufrido antes, no importaba la hambruna, el frio y el dolor que aquella estación significó para Riuzaky en el pasado porque ahora era lo más maravilloso del mundo… lo mejor que le había pasado en la vida… Invierno… la época en la cual fue encontrado por Watari.
Y unos años después allí estaba: justamente ahora estaba en su apartamento, recostado boca arriba sobre el sofá de la sala de estar con aquella mujer sobre él, y las piernas féminas a cada lado de sus caderas gimiendo con la unión de ambos órganos sexuales, respirando con fuerza y agitadísimo, con los cabellos del flequillo desordenados pegándosele al sudor de la frente, y gritando obscenidades cuando llegaban a los puntos de placer mas altos.
Habían acabado en su dormitorio, al fin y al cabo se desplazaron de lugar mas de lo que él hubiera creído, estaba demasiado agotado y tras recuperarse luego de diez minutos de estar retomando todo el oxígeno que había perdido, ambos volvieron a tocarse y penetrarse hasta acabar por tercera vez en el día. Se separaron, esta vez conscientes de que ya habían alcanzado el último éxtasis, no había posibilidad de continuar.
La noche cayó sobre ellos azotándolos con un cansancio de muerte, poco a poco ambos cerraron los párpados y acabaron durmiendo al unísono luego de tanto esfuerzo físico.
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Hacía frío, temblaba y no solo por la humedad que salía de aquellas paredes tétricas con moho encima, ella era quien apoyaba todo su cuerpo contra esos ladrillos negros de humedad para intentar que su pequeño no pasara frio, aunque era sabido que eso era prácticamente imposible. La habitación estaba a oscuras totales, el hilillo de vapor que salía de sus bocas calientes les daban la sensación de estar perdiendo temperatura cada vez más rápido con el pasar de los minutos, ¿Cuánto tiempo los dejarían allí dentro?
-Mamá, tengo miedo –dijo el pequeño Elle, habría de tener cuatro años, no más, pero aun con esa corta edad sabía a la perfección lo que estaba ocurriendo y aun tenía gravado en el cerebro como una cinta malograda: la sangre espesa goteando por el rostro de su padre cuando el disparo de aquellos malhechores le dio fuerte contra la nuca.
-Ya, ya pasará, todo saldrá bien, ya verás –habían decidido salir esa noche: grave error, ahora estaban viviendo una pesadilla en carne propia. Su esposo había muerto y por más que quisiera llorarle como desquiciada debía mantener los estribos: su pequeño y único hijo estaba con ella; a veces creía que el llanto le brotaría por la garganta sin que ella lo permitiera, y es que se le había formado un nudo gigantesco en medio de la laringe y no podía ni tragar y a veces tampoco llegaba a pasarle el aire de manera adecuada, ya creía que la respiración se le iría de un segundo a otro y acabaría desmayada, pero hacía fuerzas sobrehumanas (todas las que una madre puede hacer cuando su familia corre peligro) para no llorar y acabar desesperando aun más a su hijo que probablemente a pesar de tener cuatro años sabía con exactitud lo que sucedía…
…que su padre había muerto en un asalto donde ellos dos también estuvieron presentes.
…que ellos estaban encerrados en un sótano de mala muerte a merced de aquellos mismos asaltantes.
…que su madre repetía que estarían bien, que nada malo sucedería, y lo más probable era que estuviese mintiendo. También ella temblaba de los nervios y estaba muy asustada, no podía asegurar que nada horripilante sucedería porque la situación no dependía de ella sino de aquellos tres hombres que seguramente estarían en el primer piso de aquella casa abandonada en el medio de la nada (podía presentir que así era a pesar de que le pusieron vendas durante todo el camino hasta llegar al lugar).
Estaban muertos de miedo por lo que fuera que iría a suceder a continuación. Si esos tipos fueron capaces de matar a su esposo por ese poco dinero, entonces serían capaces de hacer cualquier cosa.
De repente la puerta a la cual llevaba las escaleras del sótano, se abrió de par en par. Tanto madre como hijo se abrazaron muy fuerte y se mantuvieron unidos mientras aquel hombre calvo pero de contextura fornida, bajaba por los escalones con seguridad y fiereza. Al encontrarlos a los dos hechos un bollo en un rincón, expectantes de lo que sucedería a continuación y mirándole con terror: le excitó aun más al hombre que se acercó a ellos, tomó a la mujer del antebrazo y la separó del niño, el cual comenzó a gritar clamando por ella.
Elle intentaba tomar a su madre de la mano y separarla de aquel tipo que se la llevaba a las arrastradas escaleras arriba.
-¡Mamá! ¡Déjala en paz, idiota! –le decía al hombre e intentaba patear justo en las rodillas para impedir que continuara subiendo las escaleras y acabara separando a su madre de él-. ¡Suéltala! –chilló.
El hombre lo cazó por los cabellos negros y jaló fuerte de él hasta arrojarlo con brusquedad sobre el suelo húmedo del sótano, más de un bache le había raspado la piel de los brazos y espalda.
-Estaré bien cariño, no temas, tu sé fuerte, debes ser fuerte –le había dicho la mujer antes de partir. Y luego de que aquel matón se la llevara y trabara la puerta del sótano al partir, esta vez dejando a Elle solo en medio de la oscuridad, se quedó paralizado del miedo por lo que iría a ocurrir.
El criminal le apretaba ambas manos con las suyas, la llevó hasta una habitación donde estaban los otros dos, y cerró la puerta tras entrar en ella.
El aire se había puesto denso, aquel tipo continuaba haciendo presión con sus fuertes manos en los antebrazos de la mujer para evitar que intentara escapar. Se miraron desafiantemente entre los cuatro, sin cortar ese silencio que le daba a todo un tinte aun más tétrico.
Uno de los tres, justo el que tenía en frente, levantó su mano derecha apretando con fuerza una calibre 38, le apuntó a la mujer justo en el entrecejo. Ella permanecía quieta y seria, no había cambiado su expresión ni un poco, sentía miedo pero no lo demostraría cuando tenía a un hijo al cual proteger de aquellos enfermos mentales que la miraban de una manera atrevida.
-Espera –dijo el otro que estaba a un lado de aquel que le apuntaba con el arma-. Aun no, ¿Qué te parece si…? –le habló al oído, ni ella ni el que estaba detrás de la mujer aprisionando sus muñecas lograron oír lo que le había dicho en secreto, pero por la cara de estúpido que había puesto el oyente lograron imaginar lo que pudo haberle dicho… estaban sonriendo de manera maliciosa.
De repente el que estaba frente a ella con las manos vacías la había arrojado al suelo de la habitación golpeándola con fuerza y acoplando todo su peso sobre ella.
El hombre que tenía el arma había dejado de apuntarle, pero algo mucho peor salió de sus labios cuando la mujer le dio un tremendo golpe al tipo que tenía encima y casi le parte la mandíbula en dos.
-Si te niegas, mato a tu hijo –las palabras salieron llenas de veneno, temió lo peor… era ella o su pequeño… No deseaba que nada malo ocurriera a su niño. Desistió de hacer fuerza.
Repentinamente oyó unos alaridos frustrantes, ¡algo estaban haciéndole a su madre aquellos cerdos! Se puso de pie y corrió hacia la puerta de madera del sótano, tropezó varias veces (la oscuridad le impedía moverse con plenitud). Comenzó a golpear la madera con los puños, demasiado fuerte como para alguien de su edad, pero estaba encolerizado, enrabiado y desesperado por lo que fuera que estuvieran haciéndole a su madre en ese mismo momento.
Pateó la puerta con impotencia y tras intentar abrirla sin que nada ocurriese dejó caer todo su cuerpo como una bomba sobre la madera, lo hizo varias veces repetidas y logro que unos tornillos se desprendieran de los cerrojos.
-¡Mamá! –gritó a todo pulmón mientras las lágrimas calientes recorrían sus mejillas hinchadas y enrojecidas de cólera, sentía que iba a explotar de impotencia.
Se sintió un completo inútil, no podía hacer nada para salvar a su madre de las garras de aquellos imbéciles petulantes que ahora los escuchaba alardear y aullar como si estuviesen en una fiesta. ¡Iba a matarlos, juró que los mataría a todos!
Gritó con todas las fuerzas hasta que su garganta quedó seca, golpeó una y otra vez la puerta del sótano con todas las potencias de su cuerpo. Sintió estrujones severos en el estómago que no hacían mas que aumentar las lágrimas que salían de sus ojos mientras rabiaba de cólera al oír los chillidos de festejos de aquellos tipos que abusaban de su madre.
-¡Déjenla en paz, malditos enfermos! –había gritado con los dientes entre si, apretando la mandíbula. ¡Carajo, su madre estaba siendo victima de aquellos imbéciles y no podía ayudarla! La sangre le hervía, sintió sed de matar de la manera mas horrorosa posible a aquellos tres, estaba encolerizado, rabiaba y la saliva se le caía de los labios hasta dar con la superficie de la escalera junto con las lágrimas.
De la desesperación comenzó a arañar la puerta clavándose varias astillas debajo de las uñas, había apretado su labio inferior con tanta fuerza que un hilillo de sangre brotó de éste cayendo por su mentón hasta dar con el cuello de su camiseta.
-¡Mamá! –la súplica fue ensordecedora, casi que retumbaron las húmedas paredes del sótano.
No soportó lo convulsionado que le había dejado la situación, tenía los nervios hechos un garrote y acabó regurgitando sobre las escaleras un líquido viscoso lleno de bilis. Le dolía el vientre, se lo tomaba con ambas manos y sentía que la cabeza le daba vueltas, ¡no debía desmayarse! ¡Tenía que hallar a su madre! ¡Esos hijos de perra estaban abusando de ella!
De repente se oyó un disparo que le dejó quieto durante varios minutos, oyendo solo el silencio. El miedo se apoderó de él aumentando el desequilibrio que sintió su cuerpo aquellos minutos de pura tensión… se desmayaría en cualquier momento…
Y aquel disparo que había dejado todo en completo silencio, solo podía significar una cosa…
El pecho del niño crujió en mil pedazos, estaba estático pero las lágrimas continuaban corriendo a borbotones continuos por sus mejillas.
La puerta volvió a abrirse, el mismo hombre que había ingresado antes para raptar a su madre de su lado ahora volvía y se dirigía hacia Elle.
-¡Mamá, mamá! –repitió el hombre con tono burlón, riéndose del pequeño que continuaba sin reaccionar luego de lo ocurrido… su madre… estaba muerta...-. Ahora te daré razón para gritar, ya verás –sentenció, recién ahora los ojos miel del niño divisaban que de la mano derecha de ese monstruo colgaba un cinto con una hebilla muy gruesa.
Sintió que todo se desvaneció cuando aquel hombre le golpeó con duros cintazos sobre el rostro, y luego continuó por su espalda hasta dejarlo inconsciente sobre el suelo, completamente adolorido.
Despertó agitado, suspirando y con el cuerpo lleno de sudor frío, un gusto metálico se apoderaba de su garganta y sus ojos se habían llenado de lágrimas al recordar… su pasado lo atormentaba hasta en los sueños…
Tomó todo el aire que pudo, llenando sus pulmones, una agonía entremezclada con tristeza causaban que su pulso fuera aun más rápido que el normal. Tragó espeso, siquiera se había percatado que las lágrimas del sueño habían aparecido en la vida real y ahora bajaban por sus mejillas. Respiraba con dificultad, le dolía con brutalidad la sien y aquella pesadilla enfermiza le había dejado un sabor amargo en la boca…
Miró a un lado, ella aun continuaba allí, dormitando. Aprovechó para dirigirse al baño y tras ingresar se echó agua fría en el rostro para bajar la desesperación en la cual sus memorias lo habían sumido, dio un largo suspiro mientras apoyaba las manos en el lavadero y se miraba fijamente al espejo: su reflejo era distinto, ya no era un niño débil, su cuerpo había tomado una contextura fornida con músculos fibrosos, vio sus tatuajes agresivos, sus cicatrices, podría defenderse de cualquier amenaza… ¿y entonces porque continuaba sintiéndose frágil en su interior, como si aquel niño atemorizado jamás hubiera crecido en su corazón y estuviera gritándole al oído que deseaba salir y llorar un mar de lágrimas por todo el sufrimiento vivido?
¿Si acaso era Riuzaky: un machote de primera y podía defenderse de cualquier mal entonces porque ahora los lamentos caían de sus lagrimales en forma de gotas que rodaban por sus mejillas blanquecinas, y sus ojos gigantescos lucían llenos de penas y tristezas pasadas que le marcaron la carne con fuego y jamás las olvidaría?
Tragó espeso, con densidad al hacerlo, cerró los párpados intentando tranquilizarse a sí mismo.
Se atemorizó cuando sintió el sonido de la puerta del baño abrirse. Se acopló rápidamente sobre ella trabándola y apoyando todo su peso para impedir que ingresaran al lugar.
-Riuzaky, ¿estás allí dentro? –preguntó la mujer que tocaba a la puerta aunque había notado que él hacía fuerza para impedir su ingreso.
Intentó hablar sin ningún rastro de lacrimosidad en su voz, esperó que ésta saliera grave y ronca como siempre y que ella no notara el hecho de que había estado llorando.
-Vete Lisa, quiero estar solo –dijo secamente.
-Pero, ¿estás bien? ¿Te ocurre algo?
-¡No! ¿Quieres largarte de una vez y dejarme en paz? ¡Joder! –gritó fuerte y resonante.
-¿Y como se supone que lo haré? ¿Caminando, a estas altas horas por las calles oscuras de la ciudad? ¡Tú me trajiste aquí! -la muchacha quedó en silencio varios minutos-. No debes tratarme de esa manera, este no era el trato, si de veras te ocurre algo quiero que me lo digas porque no encuentro otra razón por la que debas comportarte así conmigo –ahora ella tenía la voz medianamente agitada y se notaba desde detrás de la puerta del baño.
Riuzaky resopló hastiado, claro que no por ella sino por culpa de él mismo, por no comprender porque aun las heridas de hace tantos años que creyó haber enterrado en su memoria para siempre, ahora brotaban de la nada sangrando mas fuerte que nunca y volviendo a hacerle sentir miserable…
…dolían tanto…
-Disculpa, Lisa, lo siento –dijo calmadamente, abriendo la puerta del baño y abrazando a aquella mujer que apenas conocía pero que le reclamaba por afecto al igual que él hizo durante tanto tiempo en silencio-. Pediré un coche para que te lleve –sentenció finalmente.
Una vez que la mujer hubo de partir se encerró en el baño nuevamente, apagó todas las luces del apartamento inclusive la del lugar donde se encontraba, a oscuras se arrinconó como un niño en una de las paredes del baño… y lloró, lloró más que nunca destripando con las lágrimas el dolor que sabía, ni aunque viviera diez vidas, lograría sacárselo de encima, era una mochila pesada que cargaba desde hacía décadas y no podía inhibirla de ninguna manera.
Y sufría en la negrura de la oscuridad, aunque ésta última le calmaba bastante la agitación de sus nervios. No lo negaría, estaba ahogado en la noche, encerrado de por vida en las penumbras, cuando estaba junto a ésta se reconocía a sí mismo, volvía a ser el niño débil encerrado en un calabozo… Volvía a ser Elle, su verdadero yo, su yo interno, el cual vivía escondido en la agonía de su pecho haciéndole recordar… dándole memoria de su terrible pasado… Jamás lo olvidaría, jamás sería libre, esos recuerdos lo perseguirían hasta la tumba.
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Movía el lápiz de aquí para allá, aburrido pero a la vez pensativo, siempre era lo mismo: llegaba temprano a clases para luego quedar plantado durante casi veinte minutos a la espera del profesor, Mikami estaba a su lado y para variar también parecía estar con la mente en otros lares, tenía la mirada fija en un punto inexistente del lugar y con la mano apoyaba su barbilla, probablemente igual que Light: aburrido de tanto esperar. Ya ansiaba aguantar el último año de universidad que le quedaba por realizar, obtener el título tan anhelado y finalmente poder ejercer en el mismo cuartel de su padre, desde pequeño había querido seguir los pasos de Saichiro Yagami y llegar a alcanzar el mismo prestigio que aquel.
-Asique en un mes me abandonarás –dijo de la nada a Mikami rompiendo con toda la atmosfera silenciosa que había entre ellos dos, cada vez mayor cantidad de alumnos ingresaban por la entrada del aula, eso sugería que el profesor estaría pronto a unírseles.
-No, no te abandonaré, podrás ir a visitarme cuando quieras, las puertas de mi hogar siempre estarán abiertas a ti y eso no lo olvides jamás –le sonrió dulcemente con ojos anheladores y un brillo especial en ellos, adoraba a Mikami, él siempre tan suave y comprensivo-. Oh, lo siento Light, es mi móvil, enseguida vuelvo –dijo y poniéndose de pie y alejándose un poco para hablar en privado con la persona del otro lado del aparato-. ¿Cómo estás? Yo bien, ¿recibiste mi mensaje verdad? –sonreía meloso como si estuviese teniendo una buena charla con la mejor persona del universo-. ¿Entonces el viernes te parece bien? Bien, yo pasaré a recogerte al piso, ahora tengo que colgar: acaba de ingresar al aula el profesor, nos estamos viendo –saludó con modestia y colgó el móvil. Light había oído toda la conversación y aseguraba que quien conversaba con su amigo era Lían. Light no acotó nada pero al parecer aquellos dos ya comenzaban a tener una especie de relación amistosa y tal vez "más que eso", no quería entrometerse ni preguntar a Mikami si estaba seguro de conocer bien a aquel pelirrojo, si era una persona de buenas intenciones (los rostros angelicales a veces tienden a engañar) y aunque Lían luciera unos ojos de envidia, muy bellos y celestiales, podría estar ocultando algo.
Pero descartó la idea al instante, aquel chico lucía de lo más agradable y también se notaba a simple vista que era dedicado al trabajo e independiente: en otras palabras muy buena persona, no se veía maldad a flote en aquel rostro, tal vez Light simplemente intentaba idear alguna excusa para mantener a Mikami cerca de él ya que últimamente (desde que había conocido a Lían con mayor exactitud) el pelinegro no pasaba tanto tiempo con Light como antes…
…Tal vez Light simplemente estaba celoso de que alguien más estuviera entrometiéndose en su relación con el pelinegro y pretendiera robarle a su amigo…
Mikami se apresuró a tomar asiento en su pupitre cuando el hombre de traje se acercó a su escritorio abriéndose paso entre el alumnado, extrañamente con cierto moreno caminándole detrás.
-Bien, hagan silencio por favor –dijo una vez que todos estuvieron sentado, ya listos para comenzar-. Ahora sí daremos comienzo a la clase ya que venimos un poco atrasados con el tema que tengo pretendido enfocarnos hoy. Ah y, lo siento, no les he comentado, tengo tan mala memoria que a veces hasta yo lo olvido –sonreía con sus cachetes regordetes inflándose y así apretando entre la nariz y las cejas los anteojos circulares que llevaba comúnmente-. A partir del día de hoy tendré un respaldo –señaló con su dedo índice a Riuzaky que continuaba vistiendo con sus fachas habituales sin ningún cambio visible-. Él ha demostrado ser el partícipe más acertado en mis clases asique he decidido que será de mucha ayuda tenerlo para que dicte los temas del día junto a mí.
Sintió de repente como si un par de cólicos renacieran en su interior causando en su cuerpo súbitas convulsiones.
Riuzaky… en el puesto que Light siempre quiso estar… ¡NO!
No se tomó de los cabellos simplemente porque había demasiada gente allí dentro porque de no ser así se los hubiera arrancado de raíz a cada uno de ellos. Quería golpear a Riuzaky, hacerlo trizas por robarle el lugar por el cual él siempre había luchado desde que había ingresado a la Universidad. Debió tragar espeso para contener la rabia que se apoderaba de él formándole un grueso nudo en la garganta que le impedía siquiera respirar de manera moderada.
Y se enrabió aun mas al ver que el moreno de piercing que estaba a un lado del profesor le había clavado la mirada junto con una sonrisa burlona y de la nada le echó un guiño a Light… incitándole… provocándole… restregándole que le había ganado a pesar de lo poco que llevaba en aquella Universidad y el mero esfuerzo que había hecho en comparación con el castaño.
Creyó haber olvidado como respirar porque le atacaron unos mareos fuertes que a pesar de inhalar oxígeno con normalidad no se iban. ¡Tenía ganas de gritar!
-Cualquier duda que tengan, Hideki les responderá al igual que yo, él dictará las clases junto conmigo asique pueden tratarlo como un tutor más –"Ni muerto", pensó el castaño que se restregaba los ojos con las manos.
-Light, ¿estás bien? –le preguntó su compañero de banco al oído al sentir al japonés sudar como chivo.
-Estoy bien –respondió cortante, se sentía como gato enjaulado, apretaba su labio inferior con los dientes delanteros y si continuaba ejerciendo una fuerza de esa magnitud acabaría cortándoselos, cayendo un hilillo de sangre por su barbilla.
-Si les parece bien, comenzaremos con la clase. Les daré un caso no muy complicado que espero puedan resolver en menos de diez minutos, en serio que es bastante sencillo, no les causará problema alguno. Bien, el caso trata acerca de un hombre el cual rentaba una casa muy antigua (de principios del siglo XX) para aproximadamente cuatro personas a pesar de vivir solo, era anciano y hacía dos años que vivía en soledad allí, su único hijo mayor de edad vivía en la misma ciudad que él y trabajaba en una fábrica que ayudaba a pagar su pensión y también la de su padre. La policía recibe una llamada del diariero que comunica haber hallado al hombre sin vida en su recámara una de aquellas mañanas, no hace falta especificar ya que no viene al caso. Al realizarse los exámenes de sangre y orina se obtuvo un resultado para nada extraño: el hombre tenía un poco de raticida en la sangre, es decir veneno para ratas. Para los médicos forenses fue bastante común aquello ya que como todos sabemos esa sustancia tóxica es un componente de los cigarros, además la dosis que el hombre llevaba en su sangre era la justa medida que suele dar el cigarro y al encontrarse varios ceniceros en la casa se previó que la causa de muerte había sido el consumo de tabaco durante tantos años. La policía y el cuerpo de médicos forense estuvieron de acuerdo y cerraron el caso. Un mes después de lo ocurrido, el dueño de la casa renta en alquiler a la misma a otra persona, esa vez un hombre joven de veintidós años que comenzaba a independizarse de sus padres y había decidido vivir solo y que como referente puede decirse que ese chico no tenía el hábito de fumar y nunca lo había hecho. Luego de exactamente dos años el joven también muere. Bien, eso es todo, quiero que comiencen ustedes esta vez, anden, arrojen dudas, preguntas o teorías –el profesor regordete sonreía esperando a que el alumnado participe eufórico a pesar de ser esto último lo más improbable que llegara a ocurrir.
Riuzaky miraba a Light por el rabillo del ojo y también el profesor, ¡genial, ahora tenía doble presión… continuaba recordando el beso!
Por mas que le molestara demasiado el hecho de que probablemente el moreno supiera la respuesta (si es que no se la había comentado el hombre regordete antes de ingresar a clases, con el intelecto que tenía Riuzaky de seguro ya hubiera resuelto el caso).
-Estoy esperando –decía sonriendo el profesor, incitándoles a los alumnos a pensar-. Hideki, usted no sabe acerca del caso asique también puede colaborar –dijo mirando al moreno seguro de que aquel tuviera una teoría en concreto, ya le había demostrado ser inteligente antes y no por nada lo había escogido como ayudante de cátedra, probablemente en la cabeza del pelinegro ya se estuviera formando alguna hipótesis, pero también quería que el resto de sus alumnos participaran: aquellos también eran parte de su clase-. Anden, arrojen algo alumnos míos, aunque sea una pregunta.
Light intentó dejar de lado la rabieta que todo aquel asunto de cierto pelinegro le había causado, se enfocó en el caso. Algo le daba la intuición de que no se trataba de un caso común y corriente como los que se abordaban en clase diariamente ya que el profesor al entrar dijo explícitamente "estamos un poco atrasados con el tema que quiero enfocar hoy", eso suponía que sería una cuestión pocas veces vista antes en clases, a partir de esa deducción empezó tomando el caso desde otra perspectiva y no como comúnmente hacía (descartando a los posibles beneficiados de las muertes sucedidas).
Evidentemente algo tenía que ver con el hábito de fumar ya que el profesor lo remarcó a éste dos veces, eso le daba bastante énfasis como para tomarlo como un simple vicio. Bien, ya se podía decir que algo vagaba en su mente.
-Tiene que ver con el vicio de fumar pero no estoy seguro de que… -Light había hablado a Mikami al oído pero inmediatamente el profesor tras verlo colaborar aunque fuera un poco entre esa multitud de personas que no hacía ni decía nada, lo apuntó con el dedo.
-Si, Yagami, dígalo en voz alta –incitó sonriendo el hombre anciano. Riuzaky continuaba mirando al castaño con seriedad.
-No, en serio que no es nada, solo he dicho que creo que parte del vicio de fumar pero que no estoy seguro de ello –sentía nervios por la manera en la que el pelinegro le clavaba la mirada desde su lugar a un lado del escritorio del profesor, Light se sonrojó y agachó la cabeza.
-Usted no está errado, Yagami, sí tiene mucho que ver ese vicio en todo esto pero ¿puede aportarnos un poco más? –el rostro del hombre hablaba por sí solo, era evidente lo que pasaba por la mente del profesor: "Confío en que usted podrá resolverlo, Yagami".
-Puede tener una relación contra corriente con el vicio pero más me arrojo yo a que tenga una relación corriente con la antigüedad de la casa. ¿Había muerto alguien más en ese lugar antes del anciano y el joven? –preguntó Riuzaky desde el fondo.
-Bien pensado Hideki, pero a decir verdad no se tenían registros de personas que hayan vivido antes de aquellos dos hombres, o al menos si las hubo, que estoy seguro de que sí ya que la casa era muy antigua, los vecinos de al rededores no tenían idea sobre ello.
-¿El vecindario era moderno a diferencia de esa casa? –cuestionó Light intentando no parecer pintado y participar un poco, tal vez sus preguntas fueran de ayuda.
-Así es, todas las casas eran modernas menos aquella.
-¿Qué se producía en la fábrica en la que trabajaba el hijo del anciano que murió primero? –preguntó jugueteando dentro de su boca con el piercing de su lengua. Si el profesor le respondía lo que tenía en mente entonces estaba seguro de haber resuelto el caso.
El profesor sonrió de oreja a oreja al escuchar la pregunta de Hideki, ya estaba, el pelinegro lo había resuelto, pero Light aun parecía estar atando cabos, esperaría a que su segundo mejor alumno también hallara la respuesta al caso,
-Fabricaban esponjas de hierro para el lavado de cubiertos en el hogar.
-Entonces he de suponer que si la casa tenía estructura anticuada también la tenían los dispositivos que se utilizaban para obtener energía, me refiero a las cañerías de luz, gas… agua. Probablemente todas las casas del vecindario al ser modernas tuvieran sistema de agua corriente que les proveyera de ese recurso, pero en cambio aquella casa antigua tendría pozo de agua de donde obtenerla y teniendo como referencia a la fábrica…
-Espere Hideki –el profesor le frenó el habla al pelinegro, él estaba muy consciente de que su ayudante de cátedra ya había descubierto el caso pero quería oír la respuesta salir de boca de Yagami que en comparación con todo el alumnado que tenía en clase, parecía ser el único que ponía voluntad para descubrirlo, aunque fuera solo un poco más lento que Hideki para resolverlo, el profesor estaba seguro de que su brillante mente ya había llegado al mismo lugar que el de su alumno estrella-. Yagami, ¿podría continuar usted con la teoría?
Con todo lo dicho anteriormente la respuesta resultaba obvia:
-Am… sí, claro… Es evidente que la respuesta es consumo de agua contaminada con metano, es el único recurso que de tener ese componente tóxico es capaz de proveer al cuerpo humano una dosis de hierro dañino de la misma proporción que hace el cigarro. Al estar una fábrica que produce esponjas de hierro, contaminó el agua debajo de la tierra y al ser aquella la única casa en todo el vecindario con agua proveniente de un pozo entonces las dos muertes ocurridas se debieron a intoxicación por contaminación –había acabado Light, el profesor pareció quedar satisfecho con la teoría.
-Entonces ahora si podemos comenzar con la clase –dijo el hombre anciano con una sonrisa gigantesca, acercándose hacia la pizarra y escribiendo sobre ella con tiza-. Entonces el tema a enfocarnos hoy será: "muerte por contaminación de recursos".
El resto de la clase sucedió de manera calma, ya había superado a medias ese enojo enervante para con Riuzaky, aun continuaba con el estómago hecho un bollo producto de la envidia que le había causado el hecho de ver el puesto con el que siempre soñó, ser extirpado por un tipo que… que… Light estaba a punto de pensar una grosería para describir al moreno, pero exhaló con fuerza rendido y no tuvo más que aceptar la derrota: "El puesto con el que siempre soñó, extirpado por un tipo que a pesar de todo, demostraba ser más ágil mentalmente que él". Y no podía rechazar la idea de que lo detestaba pero Hideki se lo merecía, merecía ese puesto y mucho más por ser tan inteligente.
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Aquella sería probablemente una de las noches más frías de verano, se insultó a si mismo por haberle dado insignificancia al hecho de que en altas horas de la noche la temperatura desciende y bastante, sobre todo en aquella época que ya iba terminando para dar paso al otoño. Respiró y un halo de vapor salió disparado de su boca, se abrazó a sí mismo rogando que en las próximas horas el ambiente no se pusiera más fresco de lo que ya estaba.
Había dejado, hacía dos semanas, el automóvil en el taller por un cambio de aceite, recibió una llamada del hombre en la tarde avisando que fuera a recogerlo en la noche que ya habría de estar listo. Sabía que el mecánico se quedaba en el plantel hasta media hora pasadas de las once, y aun ni siquiera eran las nueve en punto. Tenía el maletín, acababa de salir de la Universidad con la cabeza hecha un bombo de tanto sacar cuentas, y la aritmética, y el cubo del número m y… bah.
Caminaba por las calles centrales de Kanto, nadie había a su alrededor a aquellas horas, probablemente todos sus compañeros de clases ya estuvieran en ese momento cenando un plato caliente mientras él estaba mas que hastiado luego de seis horas sin descanso de oír hablar como loro al profesor y ver la pizarra repleta de números y cuentas.
Bufó molesto, caminó con pesadez por el cemento de la avenida.
-Hola Cristofer –saludó al hombre con pinta de ser francés, que estaba debajo de un automóvil dentro de aquel inmenso lugar repleto de olor a gasoil y aceite de motores.
-O, hola Light, ¿viniste por tu pequeño? Ya está listo, está en el fondo –señaló con el pulgar-. Sabía que tenías prisa por llevártelo y que no ibas a esperar hasta mañana, asique el primero que reparé fue el tuyo –le sonrió dejando ver a medias su rostro repleto de aceite, aun estaba debajo un coche chequeando el motor-. No me quedaré conversando porque tengo trabajo que hacer, me llegaron unos dos autos más en la tarde –le dijo sonriendo e indicándole con un movimiento de cabeza una mesita de madera en el fondo del lugar-. Allí tienes las llaves, al carro lo dejé en el estacionamiento de al lado.
Light se acercó a tomar las llaves y se alejó despidiéndose del hombre no sin antes darle las gracias y claro, brindándole la paga correspondiente.
Salió y sintió la piel de gallina cuando el aire fresco de la noche chocó aun más fuerte contra él. Ya habían pasado cuarenta minutos, eran las 9.30 p.m. y ahora sí que hacía frío, ya quería llegar al coche para partir a su hogar, que esperaba estuviera calefaccionado, planeaba envolverse como capullo de mariposa en una manta y permanecer calentito mientras se echaba sobre el sofá a tomar una pequeña siesta.
Se frotó las manos para infundirse un poco de calor, tiritó un poco… y lo hizo aun más cuando de la nada notó que justamente apoyados sobre su automóvil había una banda de jóvenes que hablaban y reían abruptamente, no los contó pero serían como doce hombres de entre veinte y treinta años.
A medida que se acercaba tenía un mal presentimiento, sus piernas comenzaron a temblar de los nervios, olió un aroma extraño y realmente nauseabundo, nunca había fumado ninguna especie de hierba pero estaba seguro que lo que olía no era humo de tabaco sino marihuana. ¿Cómo iría a combatir con un escuadrón de hombres drogados que tenían pinta de ser de los peores malhechores? Comenzó a dolerle el estómago de la ansiedad, ¿sería mejor ingresar de nuevo al taller y conversar un poco con Cristofer hasta que aquellos tipos acabaran de charlar y reírse como locos y se fueran de una vez? No, estaba seguro de que no funcionaría: veía que en las manos de aquellos hombres había botellas de cerveza casi llenas y hasta que se las acabaran se harían la una de la madrugada ¿Sería conveniente llamar a la policía o se vería débil si lo hacía? ¿Y si les decía que se alejaran de su automóvil y esos tipos acababan robándole la billetera o las llaves del automóvil? Peor aún ¿y si le golpeaban hasta dejarlo inconsciente en el suelo? Mierda… ¡quería su automóvil!
Se quedó parado a lo lejos, temiendo de que si se acercaba más aquellos tipos seguramente le golpearían. Bufó molesto, tenía un sueño de muerte, casi que se queda dormido en la clase, ¡quería volver a casa! Y no soportaría que una manga de patanes le impidiera regresar. Decidió armarse de valor y caminar directamente hacia aquellos hombres, sin miedo, demostrar que unos simples drogadictos no le asustaban en lo más mínimo (aunque por dentro fuera todo lo contrario).
Mientras más se acercaba, lograba oír con más detalle lo que decían.
-Me acosté con ella, tenía los pechos como melones y un trasero muy jugoso, además se quedó mirándome con los ojos como platos: estaba impresionada por el tamaño de mi pene –"¡Por Dios, qué imbecilidad más grande!", pensó Light al oír todo aquello con claridad, ahora que podía escuchar lo que decían comprobaba que no eran más que críos con cerebro de pajarito.
Luego oyó una voz grave y ronca que se hizo paso entre todo el murmullo de risas y festejos hacia el tipo que acababa de hablar.
-¿Y qué parte de todo eso es verdad? Seguramente la de que tenía los melones y el trasero grandes porque lo primero y lo último dudo que sea cierto.
Un largo "uhhhhhh" por parte de los demás integrantes del grupo comenzó a tornar el ambiente tenso, como si el comentario de aquel tipo hubiera caído explosivo como una bomba, ¿acaso empezaría un pleito entre aquellos dos?
El hombre que había hablado hacía unos minutos, le miró desafiante.
-¿Crees que es mentira lo que cuento? –se le acercaba lentamente a aquel otro que estaba apoyado contra un rejado, había estado alejado de todo el grupo, el cual por el contrario se hallaba encima del capó del automóvil de Light.
-No lo creo, lo afirmo: es mentira –le miró sin ganas pero ya su semblante era violento sin siquiera proponerse serlo.
Light se quedó quieto, observó al hombre que había estado encima del parabrisas de su coche hacía unos minutos y que ahora se dirigía hacia aquel moreno que dejaba caer todo su cuerpo sobre un cercado, en una posición que denotaba seguridad en sí mismo.
Light observó cuanto pudo de aquellos dos gracias a la luz que provenía de los postes en las veredas de la calle. El que había hecho el comentario al principio era un tipo con pintas de ser gánster, shins holgados y una gorra hacia atrás, se veía agresivo pero también así el segundo que llevaba una pinta un poco más gótica, con cadenas naciendo de los bolsillos delanteros de sus shins capris y acabando por regresar a sus bolsillos traseros, cabellos negros sumamente despeinados y piercings en forma de argollas en su nariz y labio inferior, una musculosa negra bastante ajustada al cuerpo y a la vista unos tatuajes aflorando de sus brazos. Al primero no lo conocía… pero al segundo sí, y de lejos se percató que ambos tenían los ojos rojos e hinchados, habían fumado demasiado y no precisamente tabaco.
-¿Acaso me estas toreando, nenita? –le dijo el chico de la gorra hacia atrás, se suponía que eran un grupo pero por lo que se veía ese era un concepto errado.
Ambos se estaban respirando cerca pero de manera peligrosamente agresiva. Hasta que aquel hombre quitó de su bolsillo en una fracción de segundo una navaja que brilló con la luz de la luna.
El movimiento fue rápido.
-¡Riuzaky cuidado! –chilló Light corriendo hacia el medio del pleito sin prestar atención a todo su contexto, solo tenía en mente que la vida del moreno corría peligro y podría llegar a pasar cualquier cosa, ambos estaban demasiado dopados como para siquiera saber lo que hacían.
Esa voz de niño le robó toda la atención del momento, instantáneamente dejó de prestar atención a la pelea en la que él mismo se había metido y miró con los ojos bien abiertos buscando con las pupilas concentradas a la persona que había gritado su nombre, era su retoño estaba seguro de ello, le conocía la voz, pero estaba excesivamente drogado como para centrar la vista, percibía todo su alrededor borroso y le costaba hasta respirar con normalidad… por eso no vio venir el navajazo a un lado de su pelvis… otro en el pecho… y otro en el rostro.
-¡Riuzaky! Ya déjenlo en paz –chilló y corrió hacia escena pero uno de los tipos sentados sobre el capo de su automóvil disfrutando del pleito, se puso de pie y lo empujó lejos del dúo en acción, haciéndole arrastrar el cuerpo por el suelo causándole alguna que otra rasgadura en su ropa.
Light tosió con dificultad sintiendo el polvillo de la tierra penetrando por sus fosas nasales e inundándole el cerebro.
-Oye, este tío vino a joder, ¿Quién es? –decía uno apuntando al castaño que permanecía como bollo adolorido en el suelo del estacionamiento.
-Es el novio de Riuzaky –dijo el tipo de la navaja acercándose peligrosamente a Light-. Mira, Ryuga, ha venido tu novio a intentar defenderte –dijo riendo burlonamente, consciente de que aquel moreno con el que mantenía el pleito estaba más drogado que sí mismo y por ello no tuvo cuidado al volverse hacia aquel, que se tambaleaba de un lado a otro por los efectos de la marihuana.
El pelinegro hizo fuerza por centrar la vista, se sentía incompetente, el narcótico le había dejado con la sensación de tener la cabeza bajo el agua y para colmo creía estar viendo a su retoño arrojado sobre el suelo.
-Ey, aguarden, el tipo no está nada mal –dijo uno de aquellos hombres (que para variar también lucía bastante anestesiado tanto o más que el resto) mirando las nalgas de Light que afloraban sobre los shins-. Con ese culo yo sí que me le tiro –dijo a carcajadas.
Light se quedó de piedra, paralizado debido al miedo, apretó los puños y no le dieron las piernas para salir corriendo al lado de Riuzaky (que aquella vez en la cual intentaron unos delincuentes robarle a Mikami, el pelinegro de tatuajes había sido el único capaz de poder defenderlo, aunque ahora dudaba del mismo resultado de aquella vez ya que parecía estar tan drogado que siquiera podía mantenerse en pie correctamente).
El tipejo excitado que había hablado hacía unos momentos acerca de los atributos de Light, no le permitió a éste último llegar a su objetivo y antes de que pudiera pararse a un lado de Hideki, lo tomó con fuerza del cuello de la camisa.
-Nos lo turnamos, ¿les parece? –con esa frase burlona haciendo referencia al sexo que pretendían practicarle aquellos sádicos drogadictos unas lágrimas se acumularon en los ojos de Light acosando con salir disparadas de sus orbes. Pero antes de lograr responder que le dejaran en paz y que ni se les ocurriera ponerle una mano encima, Riuzaky se había adelantado a sus expectativas y aun con la cabeza dándole vueltas tomó al hombre que sujetaba a Light por detrás para luego de romperle la quijada con un golpe macizo de sus puños, acabar dándole una patada dura y firme en los genitales que pareció hacérselas crujir como nueces, causándole un dolor agobiante que lo dejó tirado en el suelo.
Y cuando creyó que ya estaban a salvo ambos, el tipo que sostenía la navaja con la mano se acercó detrás del hombro de Riuzaky y levantándola bien alto amagó con apuñalarlo por la espalda al pelinegro.
-¡Ahh! –gritó Light en una fracción de segundo que pareció haber durado toda una eternidad, asustadísimo de que aquel hombre pudiera llegar a embarrar completamente el cuchillo en la carne del moreno.
Pero gracias al cielo antes de que pudiera ocurrir lo que más se temía, unas balas se oyeron disparar al aire provocando un sonido ensordecedor tanto para Riuzaky como para Light y para todo el grupo de hombres que les amenazaba con lastimar a ambos.
-¿Qué demonios está ocurriendo aquí? –decía Cristofer el mecánico, sosteniendo una escopeta en sus manos y habiendo disparado tres veces ya.
La bandada de drogadictos dejó todo lo que estaban haciendo para entonces y comenzaron a huir refugiándose en la tenue oscuridad de la noche, alejándose de Riuzaky y Light y abandonando por completo el lugar.
-Light, ¿estás bien? –preguntó el anciano acercándose a ambos, aun con el arma en manos, pero antes de poder hacer cualquier cosa, el moreno se giró hacia su retoño y con una fuerza implacable le dio un empujón que por poco y hace caer al suelo a Light. Instantáneamente el mecánico apuntó a Riuzaky con la escopeta.
-¡No! Cristofer, no lo hagas, él es… un amigo mío, baja el arma te lo ruego –dijo el castaño casi al borde del colapso, tenía los cabellos erizados y los nervios de punta.
De a poco el anciano fue descendiendo con lentitud el objeto de poder que sujetaba con las manos, haciendo una fuerza impresionante para dominarlo.
-¡¿Qué diablos te crees que haces, estúpido?! –gritó Riuzaky a Light, aun con el anciano en frente, que ojeaba a aquel moreno con cara de pocos amigos, insistiendo en que podría llegar a ser peligroso: se veía aun mas drogado que los hombres que anteriormente habían salido corriendo y no comprendía como una buena persona como lo era Light podía llegar a tener "amigos" como aquel tipo que para colmo le había gritado de una manera bastante agresiva-. ¿Acaso pretendías que te dieran por culo?
-¡Solo intentaba ayudarte, querían hacerte daño! –decía el castaño con las venas de la sien hinchadas a más no poder de la desesperación y el shock emocional de hacía tan solo unos segundos atrás.
-¡Yo no necesitaba ayuda ni mucho menos la tuya, no sirves para nada! –le gritó en la cara, Cristofer no podía dejar de mirar con mala cara a ese tipo, recién le conocía y por la manera en la que le gritaba a Light le demostraba ser una persona petulante ¡Yagami solo intentaba protegerlo de aquellos malhechores y el muy desgraciado de "su amigo" encima le echaba en cara el haber sido un simple estorbo! Comenzaba a caerle realmente mal… muy mal.
No quiso gritar de esa manera a su retoño pero estaba demasiado enfadado ¡se había asustado! Caía en cuenta que de haberle ocurrido algo malo a sí mismo lo soportaría y tal vez simplemente echaría insultos al aire agrediéndose a sí mismo, pero por el contrario: si algo le ocurría a Light jamás se lo perdonaría.
De repente todo quedó en silencio, hasta que el trigueño fijó su mirada en las gotitas de sangre que palpaban sobre la acera del pavimento, miró un poco más arriba y se percató de que caían de las ropas de Riuzaky.
-¡Oh, Dios mío! ¡Estás sangrando! –chilló el castaño al borde de la desesperación, intentó tomar al pelinegro para ayudarle a mantenerse en pie, los tajos profundos que le había dado aquel tipejo con la navaja se notaban profundos a través de las ropas del moreno. Pero éste último hizo fuerte al impulso de Light por ayudarle y dio un par de pasos alejándose tanto del castaño como del anciano que se mantenía ajeno a la situación, observándolo todo con mínima de detalles, aun apuntando con el arma por si algo fuera a ocurrir-. ¡Déjame ayudarte, Riuzaky por favor, estas mal herido!
-¡Déjame en paz! ¿Cómo diablos debo decírtelo? –los ojos del moreno lucían agresivos, parecía una fiera a punto del ataque, sus ojos gigantescos lucían enrojecidos y su nariz respingada con las fosas nasales paspadas: era evidente que había estado aspirando algo nocivo para su cerebro, más aun evidente era con aquel ataque de ira que se apoderaba de su cuerpo.
Sintió mucha rabia en su interior, el Riuzaky que había encontrado en clases el día anterior (inteligente, astuto, perspicaz) era todo lo contrario al Riuzaky que tenía en frente, que lucía enfurecido, con la mente perdida y dando pena con su aspecto harapiento.
-Esta bien, Cristofer, puedes irte enserio, yo me encargaré de él –dijo al oído del anciano, que aun temía dejar solo a Light con aquel tipo.
-No lo sé Light, luce peligroso en el estado en el que se encuentra.
-No, enserio, yo me encargaré del asunto, tú tranquilo, gracias por haberme ayudado, no se que hubiera sido de mi sin ti. Puedes dejarnos Cristofer, enserio, estaré bien, él aun está consciente.
El hombre sin mucha confianza se fue alejando de ambos jóvenes dejándolos a solas en la oscuridad de la noche, solo siendo iluminados por los postes de luz de las calles de Kanto.
Una vez estando a solas Light no perdió tiempo en continuar insistiendo encaprichado.
-¡Sube al coche, te llevaré al Hospital! –se había acercado al moreno que se tomaba el abdomen intentando aliviar el dolor que le causaba la pérdida de sangre por la abertura de las heridas.
-¡Mierda que eres porfiado, Yagami! ¡Aléjate de mí! –había tomado al castaño con las manos empapadas en sangre y lo zamarreó unas cuantas veces hasta dejarlo medio mareado.
-¡Riuzaky! –chilló con voz potente alejándose del agarre del moreno-. O te subes al automóvil ahora o… o… ¡Te desangraras! ¡Por favor, no seas recio, te lo ruego, sube al auto!
-¡Déjame en paz!
De la nada Light lo tomó por el cuello de la playera y lo arrastró hacia el objeto en cuestión.
