Desconocía cuantas horas había estado durmiendo; pero ahora Mohinder se encontraba mucho más tranquilo y relajado. Matt no estaba allí con él y supuso que estaría hablando todavía con Nathan y Peter.

Por fin se levantó, recapitulando los últimos acontecimientos de su vida y aunque no le daba miedo haber estado a punto de morir a manos de Sylar, si había algo que le aterraba profundamente. Sylar no había ido a matarle, quería algo de él, algo que durante un tiempo, hacia año ya, no le hubiera parecido tan extraño; pero que ahora no podía ni quería imaginar. Sylar estaba enamorado de él.

Agitó la cabeza, sacando de su mente todos aquellos pensamientos, hasta que las cosas en la escuela estuvieran más tranquilas. Dejó su habitación y fue hasta el despacho de Nathan. La gente se movía a su alrededor, sin que él se diera cuenta, sin preocuparse del peligro que tenían en casa.

Justo cuando iba a llamar a la puerta, se detuvo y escuchó la conversación que se llevaba en el interior del despacho. "No me miréis con esa casa." Mohinder sonrió al escuchar la voz de Matt, penando en como su adorado policía intentaría explicarle lo que había hecho por salvarle. "Vamos Nathan, espero que no me digas que no hubieras hecho lo mismo por tu hermano."

El silencio se hizo en la habitación y el profesor imaginó el rostro de Nathan, sopesando lo que le había dicho su amigo. "Y tu Peter, ¿No te habrías sacrificado por salvar a Claire? ¿Le hubieras permitido pasar por todo ese su sufrimiento?"

Sin esperar escuchar la respuesta de Peter, Mohinder decidió entrar en el despacho. Los tres hombres lo miraron, aunque tan sólo Matt se acercó a él. "¿Qué haces aquí? Deberías estar descansando y lo sabes." El profesor sonrió, el encantaba que su pareja le cuidara tanto.

"¿Cómo te encuentras?" Nathan se levantó de su asiento.

"Estoy bien, lo digo de verdad." Rozó suavemente la mejilla de Matt con una mano. "Además, tenemos cosas más importantes de las que preocuparnos ahora mismo."

"Tiene razón, ¿Qué vamos a hacer con Sylar y Adam ahora que están dentro la escuela?" Dijo por fin Peter, que había permanecido en silencio hasta ese momento. "No se lo que pretenden, pero no me gusta nada, los chicos no pueden estar en peligro."

"Supongo que habrá que mantenerlos controlados y vigilados constantemente. Tenemos que averiguar lo que hacen en todo momento y no dejarles moverse con libertad por aquí, no se lo que serían capaces."

"En realidad no será necesario." Los cuatro hombres se volvieron hacia la puerta, pues allí estaba Sylar, apoyado en el marco, sonriente, de brazos cruzados. Sin decir nada, Matt se colocó delante de Mohinder, haciendo que el profesor se quedara detrás de él.

Quería protegerle, ya se sentía bastante mal por no haber podido cuidar de él la primera vez que había atacado Sylar. No le iba a dar una segunda oportunidad de hacerlo.

"Vamos, agente Parkman, ¿no pensarás voy a intentar atacar al profesor ahora? Sería un suicidio por mi parte. Además yo nunca le haría daño, más bien esperaría otras cosas de él." Matt notó como Mohinder le apretaba el brazo con fuerza al escuchar aquello, pero el policía intentó mantenerse sereno, para no asustarle más.

"Deja ya tus tonterías y dinos de una vez lo que quieres, porque no creo estés aquí para enseñar nada bueno a nuestros chicos." Nathan se puso delante de todos. Ya no tenía miedo a ese hombre, habían pasado demasiados años temiéndole y pensando que podría atacarles en cualquier momento y ahora había llegado el momento de enfrentarse a él. "Habla de una vez."

"Muy bien. Tienes razón, no estoy aquí para enseñar nada a tus chicos, pero quien sabe, a lo mejor a alguno le interese lo que yo hago, ¿o es que pensáis que todos vuestros alumnos van a seguir vuestros pasos y convertirse en grandes hombres?"

Peter estaba preparado para lanzarse a por él, acabar de una vez por todas con el hombre que le había matado, que había intentado matar a Mohinder, que les había hecho tanto daño.

Pero no podía, Matt había hecho un trato con él por salvar al amor de su vida y Peter no lo iba a romper por una venganza, estaba seguro que tarde o temprano, Sylar haría algo para darle motivos para hacerlo.

"Lo que quiero es sencillo, simplemente estar aquí, moverme con libertad y que nadie intente hacerme daño. Tengo gente que estaría interesada en saber lo que pasa por aquí y la información que les puedo dar, estoy seguro que les gustara mucho."

"¿Reconoces entonces que vas a ser un espía?, ¿Cómo puedes ser tan despreciable?" Mohinder fue el que ahora estuvo a punto de lanzarse contra él, pero el cuerpo de Matt se lo impidió, sujetándolo con fuerza.

"Tranquilo profesor, no querrás que tenga que demostrarte lo que soy capaz de hacer, aunque tu ya sabes bastante bien lo que puedo hacer contigo ¿verdad Mohinder?" El rostro de Mohinder cambió en un momento; sabía perfectamente de lo que estaba hablando, pero eso era juego sucio, recordar esos momentos, esas mentiras que le había contado Sylar, haciéndose pasar por otra persona y engañarle, alegando ahora, que todo había sido sinceridad entre ellos después de aquella noche de motel, hizo que Mohinder se paralizara y aunque no le leyó la mente Matt se dio cuenta.

"¿Por qué no te vas de aquí? Has conseguido lo que querías y si no cometes ninguna tontería, podrás moverte por aquí, sin lastimar a ninguna persona y mucho menos a ninguno de nosotros. No quiero verte, ¿Me comprendes? Espero no cruzarme contigo en ningún pasillo o de lo contrario no respondo de lo que pueda pasar."

Mohinder se había sentado frente a la mesa de Nathan, con las manos cubriendo su rostro, estaba tan avergonzado. Tan sólo agradecía que Matt no le leyera la mente, que le diera esa privacidad que tanto necesitaba en ese momento, para intentar serenarse.

"Espero que no lleguemos a eso agente Parkman, no quería tener que volver a hacer daño al profesor. Aunque tal vez eso le guste. ¿Qué me dices Mohinder?, ¿Has vuelto a hacer eso que tu y yo…"

"¡Cállate maldita sea y lárgate de aquí!" Con un movimiento rápido, Mohinder se zafó de Matt y fue hasta Sylar, quería pegarle, hacerle desaparecer de allí, porque no iba a permitir que destruyera una relación de cinco años por una historia del pasado que él mismo no había sido capaz de contar a Matt.

Sin embargo, de nuevo Matt lo sujeto, lo cogió de la cintura y lo apretó contra su cuerpo. El cuerpo de Mohinder estaba temblando y agarrotado y tardó unos segundos en regresar a la realidad y darse cuenta que Sylar se había marchado entre risas y que Matt lo abrazaba con fuerza.

Se desplomó entre sus brazos, mientras Peter y Nathan dejaban la habitación, sabían que debían dejarlos solos, con la excusa de ir a hablar con los demás profesores sobre el tema de Adam y Sylar.

"Lo siento." Dijo Mohinder entre sollozos. "Tendría que habértelo dicho antes y ahora no habría pasado esto."

"¿De que estás hablando? Sylar intentó matarte y tu estás furioso por tener que verlo cerca todos los días. Él sólo intenta provocarnos y no podemos permitirlo." Matt retrocedió hacia el sofá que había en el despacho y se sentó, ayudando a Mohinder a que se sentara a su lado, apoyándose en él.

"Eso no es del todo cierto, Sylar no quiere matarme, tal vez lo intente pero no creo que nunca lleve su amenaza a cabo, no quiere hacerme ese tipo de daño." Matt lo miraba sin comprender lo que estaba diciendo. "Me acosté con Sylar hace años, antes de conocerte a ti, pero yo ni siquiera sabía que era él, me engañó, me hizo creer que era otra persona, alguien a quien ya había matado."

Se quedó sin aire y tuvo que dejar de hablar para relajarse, aunque sorprendido por la revelación del profesor, Matt lo abrazó con más fuerza y le besó la frente, dejando que el profesor descargara todo lo que había guardado dentro durante tanto tiempo.

"Creo que Sylar me quiere, de una forma horrible, pero quiere volver a intentar algo conmigo, no estoy seguro de que aceptara un no por respuesta. Ayer ya lo intentó."

"¿Cómo que lo intentó, que intentó?" Matt se incorporó, tomó el rostro de Mohinder con su mano e hizo que le mirara a la cara una vez más. No podía soportar verlo sufrir de esa manera. "¿Por qué no me lo has contado antes?"

"Porque no quería que me odiaras cuando enteraras."

"¿Odiarte por qué? Tu no tienes la culpa de nada, es él quien está obsesionado contigo, quien no puede…" Entonces se dio cuenta. Eso era lo que Sylar realmente quería, quería recuperar a Mohinder, porque estaba convencido de que el profesor todavía sentía algo por él. "Mierda, ahora no puedo darle una patada en el culo y echarle de aquí. No si quiero mantenerte a salvo, aunque con él cerca…"

"Saldremos de esta, siempre lo hacemos." Mohinder rodeó el cuerpo del policía, notando como este también rodeaba el suyo con sus brazos, se apoyó sobre su hombro, pero un momento después Matt le besó.

"Sabes que te quiero ¿verdad? Me da igual que lo que hicieras, además tu mismo lo has dicho, no sabías que era él ¿no? Entonces no tienes la culpa de nada y mucho menos de ser tan encantador y guapo para que un loco psicópata este perdidamente enamorado de ti."

Mohinder comenzó a reír, Matt siempre lo conseguía, siempre hacía que se sintiera bien, hasta en los peores momentos y ese era uno de los peores de su vida; aunque sólo esperaba que todo aquello terminara bien.

- o -

"Ya estamos dentro, pero Sylar se empeñó en que el profesor tenía que salir vivo. Estuvo a punto de estropearlo todo." Adam no estaba seguro de hacer lo mejor, trabajando con Sylar cerca, conociendo lo que sentía por Mohinder.

"No te preocupes, yo hablaré con él y le expondré cuales deben ser sus prioridades si sigue trabajando para mi." La voz de Angela Petrelli sonaba dura y Adam temía que pudiera tomar represalias contra ellos. "Mañana quiero el primer informe y nada de nuevos contratiempos, si alguien tiene que morir para que esa escuela sea mía, que así sea."

"¿Y los hermanos?"

"Peter y Nathan son cosa mía, pero no te preocupes por ellos, si se llegan a interponer en tu camino, haz lo que debas, no quiero perder a todos esos niños, sus poderes son un diamante en bruto y estaríamos muy satisfechos de poder controlarlos a todos cuanto antes."

"Comprendido." A Adam no le gustaba recibir órdenes de nadie, pero Angela le había salvado la vida, sino fuera por ella, no quería ni pensar lo que habría sido de él. Por el momento, lo mejor era hacer las cosas a su manera, luego ya se vería como podía llevarlas a su terreno.