¡Hola!
Me pregunto si soy un fantasma. ¿Se preguntan ustedes lo mismo? Bueno, lo sabrán si llegan al final.
Los dejo con el drabble.


Disclaimer: Ranma ½ y todos sus personajes son propiedad de la magnífica Rumiko Takahashi.


Historias
Por: LP Luna Phantom


10. De Cruces y Cerezos

¡Era un fantástico día!

Las nubes de la tormenta que los azotó por casi una semana se habían barrido del cielo durante el transcurso de la noche y el Sol por fin se atrevía a salir de nuevo. Era una belleza. Algunas blancas nubes en el cielo se matizaban de tonos naranjas y rojizos, incluso el mismo cielo parecía en llamas ante la majestuosa salida del Sol. El aire olía más puro y limpio, y traía, ayudado por suaves vientos, la fragancia de las rosas, jazmines o cerezos que habitaban en los distintos jardines de Nerima. ¡Todo era fantástico en ese día!

Se sintió alegre. Un día así perfecto como ése la ponía de un humor tan excelente que hasta... ¡que hasta se sentía con ánimos de cocinar! Tal vez ése sería el día en que pudiera hacerlo bien. Quien sabe, quizás hasta podría, dada la gran motivación que sentía, preparar para su familia algo que los maravillara; tal vez su padre le dijera con lágrimas de felicidad que su comida le hacía recordar a su madre, Kasumi sonreiría afablemente, Nabiki incluso la alabaría diciéndole que su platillo le hacía sentir cosquillas en el estómago, como si pudiera ver el Sol naciente, respirar el aroma de las flores y probar un pedacito de cielo con sólo una mordida... tal vez Ranma le diría que estaba fascinado con su comida y le pediría más.

Lo decidió en ese preciso momento: cocinaría. ¿Pero qué? Tenía que ser algo especial, algo con lo que le demostrara a su familia la emoción que sentía. Sería algo dulce. Sí, un postre, algo que alegrara a todos. ¡Ya quería ver sus caras sonrientes cuando supieran la noticia!

No era la única despierta en casa, pero ya que nadie estaba usando la cocina, se instaló y comenzó a trabajar.

No sabía ninguna receta de postres, pero no quería pedir ayuda, así que pensó que improvisar no estaría mal. Fue a la alacena para sacar los ingredientes que más convincentes parecieran, cuando se encontró en la esquina con una hoja de papel. Cuadrada, delgada, vieja, manuscrita por uno de sus lados: era la receta de algo que bien podría ser un postre (uno de los ingredientes era azúcar). Así que todo resultó más fácil de lo que esperaba, sólo siguió las instrucciones...

Claro, ella pensó que siguió las instrucciones. Agregó algunos ingredientes de más sin darse cuenta y olvidó alguno por ahí. Casi acababa cuando notó que le faltaban las flores de cerezo, y no había en casa. Iba a agregar en su lugar alguna otra cosa parecida, cuando recordó la voz de su hermana: "Nunca reemplaces un ingrediente faltante por otro" y Kasumi era la voz de la experiencia en esos temas.

Para no faltar a esa ley, se tomó la libertad de hacer un viaje hasta el supermercado para conseguir las dichosas flores. Lo hizo lo más rápido que pudo y volvió. Agregó el último ingrediente y finalmente lo metió todo al horno. Esperaba que no se quemaran. Esperó pacientemente los veinticinco minutos que decía la receta (aunque realmente decía "quince minutos") hasta que por fin estuvieron listas. ¿Qué eran? No lo sabía, pero estaban listas.

-¡Papá! ¡Familia! ¡Vengan a comer!

...

-Bueno, ¿quién quiere dar el primer mordisco?

Estaban todos reunidos en torno a la mesa, donde la creación de Akane esperaba a ser comida por alguien. Nadie quería, nadie se atrevía. Ranma y Genma estaban ahí obligados por Nodoka, Soun no había podido escapar y Kasumi asistió con una sonrisa todo el tiempo, aunque tampoco ella había tocado el postre de su hermana. Nabiki y Happosai habían escapado.

"Suertudos", pensó Ranma. Le echó una mirada al postre y comprobó que no lucían tan mal, pero por nada del mundo sería él el primero en probarlas.

-¿Qué tal tú, Ranma? ¿No quieres ser el primero en probarlas? -sugirió Soun.

"Oh, no."

-Claro, hijo. Después de todo, tú eres el prometido de Akane; es lo más natural que este delicioso manjar sea todo tuyo -apoyó Genma-. Prometo no enojarme si te los terminas todos y no nos dejas absolutamente nada.

-Oh, no se preocupe, tío Genma. Preparé suficientes para todos -aclaró sonriente Akane, esperando llevar alivio y alegría a su familia con esta sentencia; pero la verdad es que causó el efecto contrario.

-Vamos Ranma, ¡hazlo! -volvió a presionar el padre de la chica.

-¡¿Y por qué tengo que ser yo? -preguntó enfadado.

¿Por qué él? ¡Maldición! No quería, pero no podía escapar, no con su madre junto a él. La miró ahí sentada, sonriendo, viéndolo como si le desafiara a decir que no se atrevía. Vio ahora a Akane, comenzaba a lucir decaída. No quería sentir lástima por ella ahora, porque entonces él tendría que sacrificarse y pretender que estaba de acuerdo, y tendría que comer algo de eso... aunque, después de todo, no era su culpa cocinar tan mal como un trol de montaña...

No lo pensó mucho más y tomó uno de los panes. Lo mordió con valentía. Masticó con rapidez y lo tragó. Esperó que llegara el dolor de estómago, las náuseas, las ganas de vomitar... en vano: el pan estaba rico, más que eso, ¡estaba delicioso! Quizás un poco quemado y con demasiado sabor a cerezo, pero delicioso. Le dio una segunda mordida, luego una tercera y una cuarta. ¡Era de no creerse!

-Está rico -informó. Y entonces todos, todavía incrédulos, alargaron la mano y tomaron uno de los panes.

Akane, emocionadísima, sonreía pensando que al fin había logrado cocinar algo rico, algo bueno. Casi comenzaba a llorar de felicidad mientras veía a su familia comer con tanto ánimo su postre, pero pronto la emoción se convirtió en sorpresa cuando se percató de sus rostros.

-¡Ah! -gritó poniéndose de pie. Todos la observaron confundidos, preguntándose qué le había pasado, para luego pasar a mirarse a sí mismos con igual sorpresa.

Con razón las tartas se le hacían conocidas. La receta que había encontrado en la alacena no era la de unos panes cualquiera, era la de las tartas de cereza que una vez, hacía mucho, preparara para saber quién era su hombre destinado.

"No..." pensó abatida mientras veía todas y cada una de los caras reunidos alrededor de la mesa. Salió corriendo a su habitación a pesar del llamado de su familia.

Ranma la siguió con la mirada hasta que se perdió más allá de las escaleras.

-¿Por qué esos panecillos nos marcaron la cara a todos con esas cruces negras? -preguntó Nodoka echando una mirada a su alrededor.

Ranma volteó hacia su madre cuando escuchó eso.

-A... ¿A todos? -murmuró.

Sólo siguió silencio a su pregunta y él no se atrevió a hablar de nuevo. Necesitaba un espejo. ¿De verdad había sido marcado su rostro por una enorme cruz justo como al resto de su familia?

Todos estaban sorprendidos y no dejaban de preguntarse qué era eso. Kasumi, entre ellos, sólo sonreía, como si fuera muy normal que de la nada le saliera una cruz negra en el rostro a las personas.

Alguien afuera de la casa rompió el mutismo que se había creado entonces. Kasumi ya iba a pararse para recibir al invitado, cuando se escucharon pasos en el corredor y pronto apareció ante ellos el rostro afable del Dr. Tofu.

-No se molesten, ya entré –dijo alegre con la mano detrás de la cabeza.

-Buenos días, Dr. Tofu –saludó amablemente Kasumi y entonces, inevitablemente, el doctor comenzó a actuar con nerviosismo-. ¡Qué alegría que nos visite!

-Sí… bueno… Ejem, esto… yo… -miró hacia todas partes y aun viendo las caras de todos marcadas, no se molestó en preguntar por qué, tal vez ni siquiera se había dado cuenta. Lo que sí notó fueron las tartas sobre la mesa-. Oh, veo que estaban desayunando –mencionó cuidando de no ver a Kasumi para no tartamudear más-. Estas tartas se ven bien, voy a tomar una.

-No, doctor… -comenzó Kasumi.

-Alto. Se le marcará el rostro también –advirtió Soun.

-Doctor Tofu… -empezó a decir Ranma, pero calló. Lo miró con cuanta extrañeza podía un rostro mostrar. El rostro del hombre no se había marcado con una cruz, sino que estaba bañado de pétalos de cerezo.

Pétalos de cerezo. Muchos de ellos. El doctor Tofu.

-¿Qué… ocurre? –preguntó el recién llegado cuando notó que todos lo miraban.

Kasumi, a su lado, sonrió.


Soy malísima, ¿verdad? Para empezar, ha pasado casi un año desde mi última actualización; para seguir, dicha actualización fue un crossover (¿cuál es mi problema?); y para terminar, ¡¿cómo que al Dr. Tofu le salieron los pétalos de cerezo?
En fin, las excusas no me quedan. Los quiero mucho, queridos lectores... si es que hay alguno por ahí. Si quieren darme un review, lo agradeceré muchísimo. Por supuesto, aceptaré de todo: amenazas de muerte, reclamos, palabras de odio, recriminaciones, preguntas... En fin, pueden ponerse creativos si quieren, je je. Soy culpable y como tal me declaro.
Pero como ya son las tres de la mañana, los dejo. Espero que este drabble les haya gustado.
¡Saludos!