Hola ¿Cómo han estado? ¡He vuelto después de meses y meses sin aparecer! Sé que están pensando " ¡Al fin maldita, yo que creía que estabas muerta! " Pues para su fortuna, no, no lo estoy. Sé que se alegran (O eso espero) ... ¡A lo serio! Quería pedir muchas y muchas disculpas. Sé que, una vez más, he desaparecido tiempo y los he dejado todos plantados sin saber ninguna novedad de mí o de mis fics, pero los que ya me conocen de tiempo saben que cuando estoy en época de clases, se me complica la vida actualizar y escribir, y es por eso que siempre aparezco cuando todo termino y las vacaciones me dejan un tiempo para mi vida ociosa. Sé que no es una excusa, no hay excusas para cosas como esta, menos luego de haber pasado por lo de hace unos meses y haber logrado salir adelante. Pero les prometo que he vuelto y que aprovecharé estas vacaciones para seguir y finalizar todos mis fics.

Muchas Gracias por su paciencia y todo su apoyo.


¿Había escuchado bien? No reaccionó, no supo como. La contempló a los ojos con firmeza y seguridad, como todo un hombre, y respiró profundamente. Estaban a punto de cometer una locura pero... ¿Quién era el para juzgarlos? Después de todo, ella le resultaba atractiva y además...

Acarició su rostro con suavidad y fundió sus labios en un cálido beso que los inundó de placer. El momento había llegado y estaba más listo que nunca. Con el ruido de la tormenta de fondo, se sumergieron en un acogedor abrazo que entrelazó sus cuerpos con ímpetu. Estaba a punto de ser uno, estaban a punto de entregarse mutuamente y dejarse marcar por el signo de la lujuria. Con la punta de los dedos rozó su cuerpo, de arriba a abajo, y sintió cada suspiró que se filtró por los labios de la pelinaranja.

- ¿Estás segura de esto? -

Hizo una pausa para preguntar. No quería lastimarla, no quería que su primera vez fuese un arrepentimiento total.

- No... - Susurró con confianza

Continuó. Deslizó sus labios por el cuello de la mujer, dando pequeños mordiscos de vez en cuanto, estimulándola a prenderse, a seguir con aquel ambiente a pasión que había invadido el aire. Acarició sus cabellos y los jaló para tensar más su cuerpo. Le encantaba, amaba todo de ella, su cuerpo, sus cabellos, su personalidad, su sonrisa, su todo.

Con cuidado, la ayudó a recostarse en la especie de cama que él mismo había armado, y aprovechó para observarla detenidamente. Nami desvió la mirada avergonzada y el morocho soltó una pequeña sonrisa. Pronto se le iría la vergüenza, estaba convencido de eso. Se zambulló en ella, nuevamente. Y se apoderó de su cuerpo. Apoyó sus manos a los costados de su cuerpo, atrapandola, y se deslizó entre sus piernas para poder dominarla, para poder unirse, de una vez y para siempre, a ella.

Ingresó con cuidado, tratando de no lastimarla, intentando no herirla demasiado. Sabía que dolería y suponía que ella también estaba informada, pero aún así, quería hacer de su primera vez la más placentera posible. Se movió con lentitud, esperando que su cuerpo pudiese acostumbrarse al elemento externo que estaba invadiendo su privacidad y a medida que sintió su cuerpo relajarse, aumentó la velocidad. Con el fin de que disfrutara más, beso su delicado cuerpo con ternura y juntos se sumergieron bajo ese acto tan puro y gratificante.

(...)

Un rayo de sol se filtro por una hendija entre dos tablas de madera, pegándole en medio del rostro. La mujer de cabellos anaranjados abrió los ojos con dificultad. ¿Ya había amanecido? Se enderezó y fregó sus ojos con dificultad, la noche había sido larga y... Desvió la mirada hacía Luffy, quien yacía durmiendo junto a ella. Tranquilo, sumergido en algún loco sueño. Sonrió y se puso de pie, acomodando sus cabellos.

Se acercó a su vestimenta y la tocó. Estaba seca tal y como el morocho le había dicho. Rápidamente, se vistió y luego de tomar la ropa del hombre y verificarla, se la arrojó encima. Éste abrió los ojos, somnoliento, y la contempló con la mirada entrecerrada.

- ¿Sucede algo? -

- Ya es de día, debemos volver, Sanji debe estar preocupado -

Él le sonrió y en seguida prosiguió a vestirse. Una vez listos, ambos montaron el cuadrúpedo que los había llevado hacía ese refugio y salieron disparados de vuelta hacía el hogar de la joven. La noche había sido increíble, la manera que en ambos habían dejado expuestos su emociones ante el otro, los había acercado aún más.

Galoparon hasta llegar a aquella gran mansión y se detuvieron justo en el momento que se encontraron en la puerta principal. Nami dio un paso al frente y golpeó la puerta con su puño. Volteó a sonreírle al morocho mientras esperaba que la puerta se abriera, y en el momento que pasó, distinguió la figura de su mayor domo de pie. Observó el rostro de Sanji, estaba enojado, más bien furioso.

- ¿Cómo mierda te atreves? - Exclamó

Luffy lo contempló reservado. ¿Qué era lo que le pasaba? Se bajó del caballo y subió los pequeños escalones que lo distanciaban del hombre. Éste lo contempló de arriba a abajo y le dio un puñetazo en la mejilla derecha.

- ¡Sanji! ¡¿Qué haces?! - Gritó la pelinaranja

Nami se arrodillo junto al morocho quien había sido derribado. Lo ayudó a ponerse de pie y contempló como los hombres cruzaban una mirada amenazante.

- Ni se te ocurra volver a llevártela de esa manera y dejarme preocupado toda una noche ¿Entiendes, idiota? -

- Puedo protegerla -

- Y más vale que lo hagas -

Desesperado, quitó de su bolsillo un cigarrillo y lo encendió impaciente. No había podido dormir en toda la noche pensando en donde, como y con quien podría llegar a estar pasando la noche su querida Nami-swan. Volteó y agregó de manera indiferente:

- Pasen, esta el desayuno listo -

(...)

Se arrimó a aquella gran casona a la que los había visto dirigirse y a pesar que dudo, se animó a ingresar dentro de aquel territorio. Caminó por el camino hecho de piedrillas y subió por las escaleras y tocó la puerta con fuerza. Estaba avergonzada, lo admitía. No entendía por qué tenía que hacer eso, solo porque su jefa lo exigía. Sus manos temblaron pero espero de manera paciente mientras el encargado de atender, se dirigía a toda prisa hacía aquella gran puerta de madera. La entrada se abrió y se filtró una gran hendija de luz.

- ¿Puedo...? - Sanji la contempló detenidamente - Oh... - Volvió a posar sus ojos en los de ella - Disculpe, señorita ¿En qué puedo ayudarla? -

- Estoy buscando a Luffy -

El rostro del rubio quedó pasmado. ¿Por qué lo buscaba? ¿De quién se trataba? ¿Y para qué quería ver a Luffy? Afiló su mirada pensando que quizás ella era su mujer y que todo eso era una farsa, quizás estaba usando a su querida Nami-Swan para satisfacer algún fetiche prohibido de una manera desamorada y cruel. Le hizo señas para que pasara y la guió por el salón principal de esa gran mansión.

- Espera aquí -

El hombre desapareció, dejando a Margaret sola en aquel lugar. Se sintió intimidada, la grandeza de ese lugar, el color de sus paredes y el estilo de sus muebles la hacían sentirse como una intrusa, una pequeña hormiga intrusa. Y la verdad era que lo era. No entendía de qué le servía a Hancock que hiciera algo como aquello. Le había pagado bien, y no había podido decir que no, necesitaba el dinero, necesitaba todo eso. Y además, exigiría respuestas, ella también merecía eso. Más luego de sentir...

- ¿Que quién? - Escuchó una voz

- Una mujer rubia -

- ¿Qué hace una mujer rubia aquí? ¿Qué quiere contigo? -

- ¿Rubia? -

Las voces se fueron haciendo más potentes hasta el punto de que divisó a Luffy, a la mujer y al hombre en el marco de una puerta, observándola fijamente. Luffy soltó una sonrisa y corrió hacía ella con naturalidad.

- ¡Margaret! ¿Qué haces aquí? -

La rubia desvió la mirada y sintió aquellos ojos color chocolate sobre ella, cayendo pesadamente, tal y como si de un martillo se tratase. Posó sus oscuros ojos en el morocho quien yacía frente a ella con una amplía sonrisa.

- Eso es lo que quiero preguntarte a ti, Luffy ¿Qué estás haciendo aquí? -

- ¿Que qué hago aquí? - Repitió el morocho

- Te estuve esperando en tu casa anoche, nunca volviste - Murmuró desviando la mirada, era mentira. Pero su jefa le había dado un estricto guión a seguir.

- ¿Mi casa? - Preguntó confundido - ¿Por qué me esperabas? -

- ¿Qué esta pasando aquí? - La mujer de largos cabellos anaranjados dio un paso al frente

- Pensé que... - Posó sus ojos en el suelo - Como tus hermanos no estaban podríamos pasar un rato juntos -

- ¡¿De qué estás hablando?! - Exclamó Nami con cierta furia - Fuera de mi casa, ahora -

- ¡Espera, Nami! - Chilló el morocho - ¿Por qué fuiste a mi casa a esperarme? No tiene sentido -

- Dije fuera... - Insistió - Sanji-kun, sácalos ahora -

Acto seguido, volteó y abandonó el salón. Subió las escaleras de manera solemne y luego de posar los ojos en los del morocho, ingresó en su habitación. El rubio soltó su cigarrillo y lo aplastó contra el suelo, molesto. Los contempló a ambos con el ceño fruncido y soltó:

- Ya la oyeron, lárguense de aquí o tendré que sacarlos a la fuerza -

Luffy se sintió impotente. Todo se había echado a perder, todo por que... Posó sus temblorosos ojos en aquella gran puerta que lo separaba de Nami, y salió corriendo escaleras arriba. Alcanzó a oír el grito de Sanji pidiéndole que se detenga, por supuesto que no le hizo caso. Siguió con su camino hacía el extremo superior. Apoyó sus manos en las manijas de la entrada y cuando estuvo a punto de entrar, la escuchó sollozar. Sus ojos se abrieron violentamente. La había hecho llorar. Soltó la puerta con lentitud y decidió que lo mejor era abandonar aquella mansión y continuar con su vida rutinaria. Después de todo, tenía una pequeña casa para hacerse cargo, ahora que Ace y Sabo no estaban, debía ser un desastre.

Escalón por escalón, se dirigió abajo. Sin mirar a nadie más que el horizonte y por su propia voluntad, se dirigió fuera de la estructura y luego, caminó por el gran parque junto con su caballo a fin de abandonar ese terreno. Escuchó unos pasos corriendo detrás de él pero ni se inmutó, sabía perfectamente de quien se trataba.

- Luffy... -

Volteó con brusquedad y posó sus ojos en ella. Se sentía raro, jamás había estado enojado tanto con alguien a quien apreciaba, y eso lo asustaba. Margaret dio un paso atrás al contemplar su mirada.

- ¿Por qué tenías que decir eso? - Preguntó un tanto frustrado por la situación

- Porque es la verdad ¿Qué llevas haciendo ahí que no has ido a trabajar, no entiendo que esta pasando - Estiró sus brazos mostrando su incomprensión

- Solo tenías que preguntar, acabas de arruinar la relación que estaba forjando con esa mujer -

- ¿Qué relación? ¿El mismo tipo de relación que tenemos nosotros? - Cruzó sus brazos sobre su torso y afiló su mirada

- No, no lo entiendes - Puso los ojos en blanco y suspiró - Yo la amo -

Cuando se percató de lo que había acabado de decir, quedó mudo. Había soltado eso delante de... Contempló a su compañera cuyas pupilas se habían dilatado. Su mandíbula temblaba y su pecho se elevaba pausadamente.

- Yo también te amo -

- Espera, Maggy, no quise... -

- ¡No me llames así! -

- Pero... -

Fue demasiado tarde. Cuando el joven la intentó agarrar del brazo, ella fue más agil. Se soltó y salió disparada hacía la maleza del bosque. No pudo hacer nada al respecto. Había sido un idiota. En solo un momento había perdido a las dos mujeres más importantes en su vida. ¡Maldición! ¿Por qué todo lo quería lo terminaba abandonando? Se goleó la cabeza con su puño y montó su animal. Necesitaba volver a su hogar, necesitaba volver a su vida. Había intentado cambiar su destino y lo había echado a perder.

(...)

La oyó sollozar y no supo que hacer. Lo que había ocurrido esa mañana había sido una completa locura. Él había creído que ese joven podría protegerla y al final... se había encargado de destruír su hermoso corazón. Golpeó la puerta de su habitación con fuerza, quería que lo escuchara. Pero al no oír respuesta, ingresó sin permiso. Quedó boquiabierto cuando se encontró a la mujer aterrizada en su cama ¿Hacía cuanto se encontraba llorando en esa misma posición? Ingresó y depositó la bandeja que cargaba en su escritorio.

- Nami-san, te he traído un poco de tarta de mandarina para que comas - Se acercó a su cama - Y un poco de té para que descanses tu garganta - Se sentó a su lado y acarició sus largos cabellos - Debes comer algo, no hace bien estar tanto tiempo sin comer algo - Ya lo estaba preocupando - Sobre todo a alguien tan hermosa como tu -

Necesitaba tranquilizarla. Ese maldito si que le había roto el corazón. Apretó su puño libre y frunció el ceño. Si lo volvía a ver por aquí, lo asesinaría. Ese maldito si que se había buscado ser su enemigo. Nadie lastimaba a su hermosa Nami-san y vivía para contarlo.

Inesperadamente, la mujer se enderezó y lo contempló con los ojos vidriosos. El rubio acarició su mejilla con suavidad y le quitó las lágrimas con cuidado. Su respiración era intranquila y despareja. La mujer se puso de pie y se sentó en la silla frente a su escritorio. Tenía razón, tenía que comer. No iba a dejarse vencer por un maldito que no valía ni medio gramo de oro. Tomó el tenedor de plata y comenzó a engullir la tarta.

(...)

Había preferido ir a dar una vuelta por el mar. Recordar todos aquellos lugares donde ellos habían pasado hermosos momentos juntos, lo angustiaba más. Lo había echado todo a perder y ahora, tenía que embromarse y seguir con su vida. Siguió el mismo recorrido de la noche anterior a fin de pensar. Divisó el granero abandonado y soltó un suspiro abrumador. Todo eso iba a matarlo. Necesitaba volver a su casa, ordenar todo y volver a pedirle el trabajo a Hancock. Y cuando el momento llegara, viajaría al sur a ayudar a sus hermanos mayores en la lucha contra la esclavitud. Como todo un hombre.

Cabalgó hasta su pequeña choza. Su hogar. Ninguno de los tres necesitaba mejores comodidades. Así estaba bien. Ingresó lentamente y vio que al pie de la puerta había una carta. La tomó con el ceño fruncido y distinguió que se trataba de sus hermanos. ¡Ace y Sabo le habían escrito una carta para informarle que estaban a salvo! Soltó una sonrisa y cerró la puerta detrás suyo. Encendió una vela, puesto que ya estaba oscureciendo, y se sentó en una silla a leer aquel papel.

Luffy: ¿Cómo esta todo por allí? Aquí es un infierno. La cantidad de personas que mueren día a día, me hacen plantearme si esto es lo correcto o no. En cuento a Ace, él se encuentra bien, pero sabes como es para estas cosas. No se le dan. Más allá de eso ¿Cómo va tu vida? Sé que no ha pasado mucho pero... ¿Cómo va todo con aquella mujer? Espero que no lo hayas arruinado, recuerda si en verdad sientes algo por ella lucha para tenerla. No importa la clase social, no importa la ideología. Esperamos pronto volver contigo, tenemos muchas historias que contarte. Ace y Sabo.

Arrugó la hoja con fuerza. ¡Maldición! ¿Qué todo le recordaría a Nami? Soltó un suspiro y se puso de pie. Debería dormir, al otro día sería un largo día.

(...)

Despertó como todos los días pero esa vez, tenía un gran dolor de cabeza. Todo lo que había pasado en la casa de aquella mujer lo tenía confundido, de hecho, no sabía ni que hora era. Pero se puso de pie y bajó a vestirse. Necesitaba recuperar su trabajo para poder seguir viviendo. Suspiró y una vez listo, se puso en marcha.

Llegó a aquel predio lo antes que pudo. Fue a toda velocidad con tal de que Hancock le diera otra oportunidad. Ingresó a la casa que se encontraba en medio del terreno y, una vez allí, buscó la gran habitación de esa mujer. Caminó por los pasillos buscando a alguien que le pudiera enseñar el camino, sin embargo cuando se cruzó con Margaret quedó estático. Sus miradas se cruzaron y el ambiente quedó sumido en un silencio impenetrable.

- ¿Dónde puedo encontrar a la jefa? - Preguntó apenado

- Sígueme - Murmuró ariscamente

Lo llevó por los pasillos de aquel laberinto. Y solo se detuvo cuando estuvieron delante de una gran puerta de madera blanca. La rubia ni siquiera lo miró a los ojos, simplemente golpeó dos veces y abrió el picaporte para que él pudiese ingresar.

Luffy ingresó con el paso pesado. No estaba seguro si era lo correcto, pero lo necesitaba. Encontró a las tres hermanas de pie, contemplándolo. No lo atemorizaron, claro que no. La mayor de las tres, la de largos cabellos negros y ojos color cielo, se acercó a él con una gran sonrisa.

- Luffy, has vuelto - Sonrió - ¿Dónde has estado? -

- Yo estaba... - Desvió la mirada - Atendiendo ciertos problemas, pero ya he vuelto - La miró a los ojos - Necesito el trabajo, por favor -

Se agachó, haciendo una especie de reverencia. Era lo único que se le ocurría. No sabía como afrontar aquella situación. La mujer se agachó frente a él y luego de indicarle a sus hermanas que abandonaran la habitación, lo insito a ponerse de pie. Lo contempló a los ojos de manera dulce y su rostro se tiño de rojo.

- Siempre va a haber un lugar para tí - Murmuró casi en su oído - Pero a cambio quiero pedirte un favor -

El joven no reaccionó. Quedó mudo, esperando la petición. Inesperadamente sintió con los cálidos labios de aquella mujer se posaban en su cuello.


Bueno lectores, hasta aquí he llegado con este fic. Espero que les haya gustado y estaré esperando sus reviews.

¡Nos leemos! ¡Feliz año!