Miraculous Ladybug pertenece a Thomas Astruc, la imagen de portada la encontré en google pero no tengo idea del autor, si alguien sabe favor de aclarármelo para agregar sus créditos.

Esta es una adaptación PARCIAL del libro Foreplay (Juego Previo) de la autora Sophie Jordan, por lo que es la misma trama del libro, y hay escenas que estarán calcadas tal cual y muchas otras escenas que serán escritas completamente por mi autoría para hacerla acorde a los personajes de la serie y la trama original que lleva, pueden descargar el libro traducido al español muy fácilmente y es totalmente recomendado.

Si alguien desea adaptar esta historia, utilicen el libro original tal cual vienen las escenas y no hay ningún problema. Pero en este fic, hay muchas escenas y diálogos de mi autoría por lo que no autorizo que la utilicen en ningún otro fandom o página. Prohibido el PLAGIO.

Errores de escritura favor de decírmelo para modificarlo.


Juego Previo

Capitulo 10

Nunca antes había estado en la casa de Adrien en Versalles, pero Chloé sí. Durante el camino, me dijo que era impresionante de un modo rustico y pueblerino que podía resultar adorable, pero no tanto como la mansión en el corazón de París. Al parecer, la casa había sido herencia de la familia de su madre desde hace muchísimos años, y habían mantenido la vieja arquitectura en su honor.

Yo estaba demasiado nerviosa. Habíamos acordado que Chloé pasaría por mí a las once de la mañana, y yo había dejado mi cama desde mucho antes de la hora acordada, demasiado nerviosa y a la expectativa, pero con la firme intención de hacer esto lo mejor posible. Pero estaba fracasando estrepitosamente. El viaje me pareció excesivamente corto, y casi estaba lista para saltar a la calle desde el Mercedes Benz descapotable de Chloé para cuando finalmente llegamos.

Su ceño fruncido en advertencia me detuvo. Suspirando con derrota, miré la casa. Preciosa, como imaginé. Más pequeña que el antiguo hogar de Adrien, pero aun así impresionante. Tenía un enorme jardín delantero rodeado de paredes de piedra con enredaderas. No era una experta en arquitectura, y sin duda la casa se veía antigua, pero sencillamente acogedora. Menos fría que la mansión Agreste.

Ambas bajamos nuestras maletas y caminamos a través del pórtico. El auto de Adrien y el Jeep de Nino ya estaban estacionados justo al inicio de las escaleras. Con un renovado suspiro resignado, fui subiendo hasta llegar a la puerta principal. Las fotografías y el arte de la pared del vestíbulo eran impresionantes, y efectivamente le daba a la casa un aire hogareño. Los libros se apretujaban en las exquisitas estanterías de madera de la sala.

Las voces de nuestros amigos eran un débil murmullo que venía desde el fondo, probablemente el patio trasero. Se acercaban cada vez más, por lo que supuse que ya sabían que habíamos llegado y venían a recibirnos. Acerté. Lo primero que vi y sentí fue a Alya, que corrió hacia mí, emocionada por el hecho de que decidiera venir al final. Estaba radiante, y su expresión me dio la respuesta de que hice lo correcto.

Luego, me saludó Nino, a quien no había visto desde hace tres semanas. Realmente lo extrañé. Era como el hermano mayor que me hubiera gustado tener. Y finalmente, Adrien, mirándome con tal intensidad desde su dirección a tan solo unos pasos de mí, como si deseara decirme tantas cosas allí mismo. Supongo que esa era la verdad. Sus labios tenían esa sonrisa cegadora tan característica que yo había aprendido a amar.

Tragué saliva profundamente cuando Adrien se acercó y me saludó, dándome un suave beso en mi mejilla. El mundo dejo de girar de pronto, y todo lo que podía ver era a él. Es como si jamás hubiera pasado el tiempo desde la última vez que nos vimos. Seguía teniendo enormes efectos sobre mí. Era inevitable sentir tanto simplemente por estar a su lado.

—Me alegra que pudiste venir al final, Marinette —dijo Adrien como saludo, y yo casi me desmayo de nuevo mientras miraba sus ojos verdes fijos en mí. Mirándome con anhelo. Esperanza.

Fue algo bueno que Chloé prácticamente se abalanzó sobre él gritando acerca de cuánto lo extrañaba. Me reí incomoda de su expresión. Después de acribillar a Nino con preguntas sobre sus proyectos futuros como DJ, y obligarlos a todos a aceptar una rebanada de pie de fresa que yo había traído desde la panadería de mis padres, nos fuimos hacia el patio trasero, donde la piscina circular a lado de una palapa fue lo primero que vi.

Me sonrojé cuando Alya hizo un punto al sentarse en el lado más alejado de la mesa exterior de fierro junto con Nino, y Chloé convenientemente al lado. Lo que nos dejaba a Adrien y a mí juntos del otro extremo. No exactamente sutil.

—Bien, ya estamos todos. Suelta la sopa, Césaire.

Alya miró a Chloé y entorno los ojos, obviando su impaciencia. Noté que había una energía zumbando que parecía aferrarse a Nino mientras la tomaba de la mano. Alya le sonrió de vuelta, como si fuera una niña que le acababan de decir que tendría un unicornio, pero estaba tratando de mantener sus emociones y no explotar por completo de alegría.

Miré alternativamente entre ella y Nino. Una sonrisa fugaz se aferró a mis labios. Era adorable mirarlos juntos.

—¿Que está pasando? —preguntó Adrien, mirándolos también con un gesto curioso.

Nuestros amigos compartieron una larga mirada.

—Dos cosas —comenzó Alya con aire misterioso, sin abandonar su sonrisa emocionada—. La primera: Me han ofrecido un trabajo como becaria en CNN. No es lo más glamoroso, pero pagan muy bien, y soy la única que aun es estudiante a la que se lo han ofrecido en décadas. Si todo sale bien y desempeño un buen papel, ascenderé a periodista principal al terminar la universidad.

La miré por un momento, asombrada. La felicidad a partes iguales y algo más llenándome con la noticia.

—¡Guao! —tiré de Alya en un abrazo efusivo. Chloé chillaba emocionada acerca de lo joven y empedernidamente talentosa que era, por lo que obviamente esos palurdos estarían rogando por ella en menos de un año, sus palabras textuales. Adrien la abrazó como si se hubiera ganado un millón de euros—. ¡Felicitaciones!.

—Obviamente te lo mereces —apoyó Chloé—. Eres la mejor.

Alya asintió, su brazo envuelto alrededor de Nino, frotando distraídamente los dedos por su hombro a través de la camiseta.

—Sí. Y eso no es todo —las palabras se deslizaron de sus labios sonrientes—. Hay otra cosa que quería decirles, a todos —volteó a mirar a Nino, y fue cuando comprobé que él estaba dentro de esto. Su expresión y su sonrisa de orgullo eran demasiado evidentes—. Nino y yo nos iremos a vivir juntos.

Oh, por dios. Alya ni siquiera había terminado de decirlo, cuando todo se desató.

—¡Oh my god! —Chloé casi se desmaya de la impresión.

—¿En serio, chicos? ¡Es maravilloso! —Adrien se rió como si la notica fuera la mayor bendición del mundo y pasó ambos brazos sobre cada uno de los hombros de Nino y Alya, abrazándolos en felicitación.

Yo chillé absolutamente sorprendida pero emocionada, prácticamente saltando encima de Alya y Nino, apretujándola entre mis brazos y llevándome a Adrien en el proceso en un entusiasmado abrazo los cuatro. Chloé se unió a nuestro momento improvisado solo medio segundo después, alegando acerca de cómo tenía demasiado poco tiempo para irse de compras y tener todo perfectamente organizado para la mudanza del siglo.

—¡Felicidades!—repetí—. Estoy muy feliz por los dos.

Todos lo estábamos. Si, eran jóvenes ¿Pero a quien le importaba? Se amaban.

—Nino ofertó una casa la semana pasada y lo consiguió —explicó Alya, con los ojos húmedos de la alegría.

—Seh, es linda y eso —dijo Nino en un gesto aparentemente casual, pero se notaba a leguas su emoción—. Un pequeño bungaló en la avenida Smithson —tomó la cintura de Alya y ella se acercó más, hundiéndose en su regazo tan fácilmente.

Fue un tan natural, que una punzada de reconocimiento me golpeó en el pecho. Él apoyó una mano en el muslo de mi amiga. Era casual, pero había algo posesivo en el tacto. Insinuaba una intimidad compartida y eso provocó un profundo anhelo despertando dentro de mí. De recordar el cómo yo podría tener eso con Adrien en este momento, y lo arruiné.

—No puedo esperar para verlo —dijo Adrien con genuino entusiasmo.

Mi pecho se apretó al mirarlo y comprobar su cálida sonrisa. Voltee la mirada rápidamente antes de que captara el cómo me lo comía con los ojos. Debía mantener esto fuera de mí. Este era el momento de Alya y Nino, no de mí y mi aun latente amor por Adrien.

—Nos mudaremos la próxima semana —informó Nino.

La próxima semana. Mi estómago revoloteó ante la expectativa de lo serio que esto iba.

—¿De verdad? —dijo Chloé, aun incrédula.

Una casa. Eso parecía tan permanente. Tan maduro. Miré entre los dos, maravillándome que ambos tuvieran esto. Que habían encontrado el amor verdadero y duradero. No tenía ninguna duda, mirándolos, eran una cosa real, y me sentí un poco tonta por pensar de nuevo en Adrien y en mí.


Fue cuestión de veinte minutos después para que Chloé comenzara a parlotear acerca del cómo era imperativo ir hoy mismo en la noche a celebrar. Algo acerca de bailar en una discoteca hasta que los pies nos sangren, ya que después la vida de ambos los convertirían en unos histéricos adultos con aburridas responsabilidades eternamente cansados como para hacer algo más que trabajar y respirar, mucho más temprano que tarde. Palabras textuales de mi rubia amiga, por supuesto.

Yo no podía dejar de sonreír. Luego, Nino y Adrien habían ido a la cocina para traer bebidas para todos y justo en el mismo segundo que ambos desaparecieron dentro de la casa, ambas de mis amigas me dirigieron una mirada cómplice al unísono.

—Entonces, respecto a esta salida más tarde… ¿O realmente quieres quedarte tu aquí con Adrien, así pueden tener tiempo a solas mientras nosotros salimos? —comenzó Alya, con las cejas arqueadas como si yo supiera exactamente a qué se refería ella con pasar tiempo a solas.

Negué con la cabeza. Sabía exactamente a dónde quería llegar con eso. Y el recuerdo de mi virginidad finalmente perdida casi me asfixia al recordarlo. Había sido mi única vez, y demasiado buena como para no tenerla en mente y sentir un agradable hormigueo de anticipación. Por repetirlo.

—No, en serio —dije ruborizada, pero no por la implicación de Alya, si no por el recuerdo del cuerpo desnudo de Chat Noir, de Adrien, aun fresco en mi mente—. Quiero pasar tiempo con todos. No sólo él.

—Vamos a ir de compras mañana y haremos el almuerzo —bufó Chloé, más que entrometida en este plan ulterior de conquista—. Tendremos un montón de horas de calidad antes de irnos todos de excursión por la ciudad. Tienes que aprovechar los pocos momentos calientes juntos ustedes dos antes de regresar el lunes.

—Está bien, de verdad —siseé apresurada cuando oí sus pasos al regresar resonando desde el interior. Tenía que terminar esta conversación, cuanto antes.

—Aquí vienen —susurró Alya, dedicándome un guiño de complicidad y posándose de nuevo en la esquina más alejada.

Negué con la cabeza, con la esperanza de transmitir que no deberían inventar alguna excusa para dejarme a solas con Adrien.


Más tarde, esa misma noche, tuve un vago recuerdo de una película de Tom Cruise y Nicole Kidman, llamada Eyes Wide Shut. La película mostraba un club hedonista lleno de gente rica y hermosa vestida con disfraces extravagantes. El Kink club al que Chloé nos había traído esa misma noche, todos en el auto de Adrien, era bastante similar, excepto por los disfraces. Pero había un montón de gente bien vestida y hermosa, eso sin duda.

Debería haberlo previsto. Recordé una vez, en una pijamada en la suite de Chloé, cuando en medio de la risa ella había compartido su experiencia con un club de gente adinerada pero bastante alocado, casi sexual y depravado. Que había incluido a un hombre con un traje de ardilla. Ahora, estaba segura que era éste club el que había mencionado.

Después de bajar del elegante ascensor del edificio de cinco pisos, me quedé cerca de mis amigos, dejándome guiar.

El Kink Club era un gran desván con pocas habitaciones. Sólo un espacio abierto y elegante con muebles de cuero color negro. Comprensible que hubiera tan poca privacidad. No es que eso impidiera que la gente empezara a hacer negocios. Varios lo hacían. Los cuartos consistían en una tela casi translúcida que no hacía nada para proteger la orgía que seguramente ocurría en las camas.

A través de la luz de los focos enormes de colores del techo, pude distinguir algunas cosas. Las parejas ocupaban sofás y otomanas. En un rincón había un trío. Ellos iban enserio, pero afortunadamente todavía usaban ropa. Sus manos estaban por todas partes, metiéndose dentro de las camisas y bajo los vestidos. Miré hacia otro lado cuando capté por error las bragas que se deslizaban por los muslos de una de las chicas.

—¿Quieren bebidas? —preguntó Nino en voz alta sobre el ruido estridente de la música, deteniéndose ante un bar provisional atendido por un hombre que llevaba nada más que un speedo, una máscara de Capitán América y una capa de Superman.

Claramente era su propia marca de superhéroes. Bailaba mientras licuaba, movía y servía, haciendo está loca acción pélvica que atraía mis ojos y luego me hacía mirar a otro lado con una mueca entre consternada y asqueada. Repetidamente. Sacudí la cabeza.

—¡Yo estoy bien! —grité para poder ser escuchada sobre todo el ambiente fiestero.

No estaba en contra de beber. Podría haber usado un cóctel para calmar los nervios, pero estaba un poco incómoda bebiendo las mezclas de color púrpura que el Capitán Sin Nombre estaba haciendo. Me saludo con un movimiento de la barbilla y me envió un guiño. Sonreí de mala gana. Quería una copa para relajarme... No un futuro ligue.

Chloé, Nino y Alya tomaron copas de él. Chloé rodó los ojos cuando Adrien también negó.

—Son un cubo de diversión, ¿No? —dijo con sarcasmo.

—¿Qué hay ahí? —señaló Alya donde un grupo se reunía a un lado del desván.

Chloé sonrió brillantemente. Era obvio que ella ya había venido aquí. Incluso que había conseguido su propia dosis de diversión como las demás chicas. Definitivamente no preguntaría eso. Pero si ella ya había venido, ¿Quizá en una de esas también Adrien?

—Averígüenlo, pero no se asusten. Yo iré a socializar un poco mientras —advirtió Chloé, y después caminó entre la multitud, sonriendo y deteniéndose para saludar a la gente que conocía.

Alya y yo nos miramos, curiosas por ir a ver. Nino dijo que iría a buscar mesa entre la enorme marabunta de gente, y que nos avisaría inmediatamente encontrara algo. Adrien insistió en acompañarnos mientras, claramente tenso. Noté su postura de inmediato, y no pude evitar fruncir el ceño. Él definitivamente conocía este lugar.

Caminamos a través del grupo de personas. Algunos de pie y otros sentados íntimamente en los sillones, animando, cantando y sosteniendo sus bebidas en alto. Cuando nos acercamos, vi que rodeaban una mesa de billar. Me puse de puntillas y miré entre los cuerpos, vislumbrando algún movimiento.

Cuerpos. Había cuerpos encima de la mesa de billar. Al instante, me encogí, esperando que no rompieran el fieltro del mueble. Luego me encogí de nuevo, sacudiendo la cabeza ya que mi primera preocupación era por la mesa de billar, y no por el espectáculo que estaban haciendo ante todo el mundo.

—Oh, tengo que ver esto —Alya se abrió camino rápidamente entre los cuerpos. Adrien y yo la seguimos, yo incapaz de mirar por encima de las cabezas de los congregados. La altura de Adrien claramente le permitía tener un panorama suficiente desde atrás. Suertudo. Noten el sarcasmo.

Me quedé boquiabierta cuando finalmente pude mirar. Dos chicas estaban de espaldas, sus hombros tocándose, una al lado de la otra en la mesa de billar. Un solo hombre estaba sobre ellas, con las rodillas plantadas firmemente entre sus muslos. Besó a una de ellas. Luego la otra. Se turnaba, moviéndose de un lado a otro entre ellas. Mi rostro se encendió y me moví conscientemente, horrorizada viendo esta escena íntima.

Una canción de Daddy Yankee sonó. Un golpe duro y feroz. Su voz exigía un aumento en la tensión sexual que se arremolinaba en el aire.

Alya se movió rápidamente, acercándose más a la escena. Casi podía jurar que iba a sacar su teléfono y filmar, como siempre lo hizo cuando había Akumas y los héroes de parís saltaban a la acción. Seguramente mi amiga ya estaba pensando en un futuro reportaje acerca de las interacciones sociales sexuales entre desconocidos en una discoteca aparentemente fina.

Yo me quedé atrás. Pude sentir a mi lado la presencia de Adrien, negándose a dejarme sola. Mi pecho casi retumbó por lo fuerte de mis palpitaciones. Antes que pudiera hablar, unas manos evidentemente femeninas cayeron sobre la cintura de Adrien, abrazándolo por detrás. Me estremecí un poco mientras veía cómo él se alejaba instantáneamente. Una preciosa chica de largo pelo rojo se asomo por su espalda, mirándolo a través de sus ojos oscuros como si él fuera su próxima cena.

—Hola guapo, ¿Listo para dos minutos sobre la mesa?

Abrí la boca con sorpresa, pero no salió ninguna palabra. Por una fracción de segundo, una espeluznante bola de celos se instaló justo en la boca de mi estomago, fulgurante.

—No, definitivamente paso —negó Adrien, alejándose otro tanto—. Lo siento.

Ella hizo un mohín de disgusto a través de sus grandes labios pintados de carmín. Pero no se rindió, y dio otro paso hacia él. Apreté los puños incluso antes de darme cuenta, con el deseo de estar en cualquier lugar, menos aquí. ¿¡Qué no estás viendo que no quiere!? ¡Aléjate, mujer de la vida galante!

—Oh, vamos. Si eres tímido, no tenemos que hacer esto aquí en absoluto. ¿Te gustaría ir a otro lugar? —enarcó la ceja, con coquetería. Me dio nauseas—. Podemos tardarnos mucho más que dos minutos.

De acuerdo, eso es todo. Abrí la boca para objetar, pero de repente Adrien ya estaba hablando.

—Creo que no me has entendido, preciosa —sonrió lentamente, sus ojos verdes brillando con intensidad. Era una expresión que le había visto a Chat Noir demasiadas veces, únicamente dirigidas a mí. Mirarlo utilizar ese mismo gesto hacia ella, hundió mis hombros en decepción—. Sí, Quiero sexo. Mucho. Pienso en hacerlo con mi chica hasta que mis ojos se volteen en mi cabeza y me olvide de mi nombre —ella gimió y trató de cerrar el pequeño espacio hacia él para besarlo, pero Adrien se echó hacia atrás, liberando su cuello—. Pero no contigo. Sólo quiero a quien tengo justo a mi lado.

Y volteó a mirarme, su sonrisa indudablemente felina extendiéndose más. Mis rodillas casi me fallan, un escandaloso sonrojo prácticamente cubriendo todo mi rostro, repentinamente consciente de lo que había dicho. De lo que había expresado que quería. De mí. Sólo de mí.

Sin esperar respuesta, aprovechando la mirada de asombro de la chica por ser rechazada de una manera tan original, Adrien tomó mi brazo, los dedos se cerraron alrededor de mi muñeca mientras nos movíamos rápidamente fuera de la multitud. El alivio me recorrió. Hasta que recordé que era una chica grande que no debería estar feliz de su declaración. Pero no pude evitarlo. La tonta sonrisa no me abandonaba la cara.

Adrien me había dado mi espacio desde nuestra última discusión, justo como dijo, pero siempre estuvo al pendiente de mi, mirándome, haciéndome sentir querida. Esto era demasiado. Estaba dividida entre querer que hiciera un movimiento y querer huir. ¿Estaba esperando una invitación? No podía dejar de pensar en cómo habría actuado Adrien si tuviera puesto su traje y estuviéramos en buenos términos.

Seguramente a estas alturas yo ya estaría debajo de él. O por encima de él. Tendríamos la mitad de nuestra ropa fuera y sus manos estarían en todas partes. Mi pulso derrapó contra mi garganta, recordando lo que pasó con él. ¿Cuánto tiempo más podría seguir luchando contra lo que sentía? ¿Cuánto me tardaría en perdonarlo?

Adrien me llevó a través de la multitud hacia el espacio más abierto del desván. Sólo que no se detuvo allí. Ni me soltó. Sus largos pasos se movían con rapidez, llevándonos a través de todos. Como si fuera su único derecho a tocarme. Su agarre se movió para sostener mi mano. Traté de no pensar en su mano. Acerca de lo cálida, firme y grande que se sentía envuelta alrededor de la mía. Nunca ninguna mano se sentiría así, estaba segura. Sacudí la cabeza ligeramente. Tengo que dejar de hacer eso. No era saludable.

—¿A dónde me llevas? —pregunté.

—Fuera de aquí —dijo sobre su hombro. Su voz era suficientemente profunda, no tuvo que levantarla sobre el fuerte sonido de la música para que lo escuchara. No protesté. No lo detuve.

Ojos nos siguieron mientras nos movíamos a través de la habitación, solo quería alejarme de las miradas. Al menos me dije que era eso. Me dije que no tenía nada que ver con que no podía sacar de mi cabeza la imagen de él, y la forma en que me había mirado antes mientras marcaba su punto frente a la chica pelirroja.

Sus zancadas eran largas, di dos pasos por cada uno de los suyos, tratando de mantener el ritmo. Vi el ascensor delante, en el otro extremo del desván, situado en nuestro camino.

Soltó mi mano, agitando el interior del ascensor. Finalmente encontré mi voz cuando cerró la puerta corredera después de nosotros. Apoyada en la pared del fondo del ascensor, tragué un respiro, y hubiera querido sacar el calor para enfriar mi cara.

—Estás siendo un poco como un hombre de las cavernas —le dije.

—Quizás este lugar no es para ti, Princess —señaló con el pulgar hacia la puerta corrediza del elevador. El apodo me hizo saltar, mi corazón retumbando profundamente dentro de mi pecho—. Pero puedo dejarte ir y que vuelvas si eso es lo que quieres, aunque apenas miraste el espectáculo de la mesa te pusiste un poco verde. Pensé que ibas a vomitar. Solo… intento ayudarte.

No podía evitarlo. Mirarlo ahora, verlo comportarse como Chat Noir pero con el rostro de Adrien. Era demasiado para mi sistema. Demasiado para mi corazón desbocado. Adrien se dio cuenta de mi reacción visceral a su mote cariñoso, y se rió profundamente entonces, en una indirecta deliberada. En lugar de estar ofendida por su provocación, me quedé hipnotizada de él, de la forma en que se veía, el cómo se escuchaba.

El sonido de su risa envió la piel de gallina por encima de mi carne y se instaló en la boca del estómago, y sabía que esto era por lo que las chicas de mi edad y mayores se olvidaban de todo y lo miraban como si él fuera el ángel de París. En sus dos identidades. Rezumaba confianza, y comodidad. Parpadeé duro, disgustada conmigo misma.

—No iba a vomitar y no es necesario que me acompañaras, odiaría arrastrarte lejos de la diversión que podrías tener sin mí —sentencié. Apenas las puertas del elevador se abrieron, empecé a caminar por delante de él—. ¿Sabes qué? Mejor me voy —pero me bloqueó, sin ninguna risa esta vez.

—Te acompaño.

Negué con la cabeza rápidamente, maldiciéndome por ser tan obvia. Allí, de pie mirando a Adrien, sólo me puso nerviosa. Me corrí el pelo hacia atrás por encima del hombro derecho, sus ojos siguieron el movimiento, deslizándose intensamente sobre la cola de pelo que hice con uno de los broches que me regaló, antes de volver a mi cara. De repente, estúpidamente estaba contenta de que me había peinado.

Me acerqué hacia atrás desde la pared a su pecho, cuidando de no tocarlo. Mi mirada se desvió por encima de Adrien, comprobando que, como siempre, se veía de muy buena forma. Si me concentraba, creo que incluso aun podía sentir el paquete de seis que tenía en su abdomen, en mis dedos. Tragué contra el espesor repentino de mi garganta. Alguien dispáreme, por favor. Me encogí de hombros.

—Quiero irme sola. Llegaré mucho más rápido que en auto.

Ambos sabíamos a qué me refería con eso. No lo mencionó.

—Bueno, entonces simplemente un apuesto súper héroe gatuno saldrá a jugar y te seguirá.

Me estremecí un poco bajo el peso de sus ojos verdes fijos en mí. Dándome su completa atención.

—Puedo cuidarme sola.

—Marinette —Adrien expulsó mi nombre en un suspiro de exasperación—. No tienes por qué estar celosa. Jamás la miraría.

—¡No lo estoy! —espeté molesta. Y si, notoriamente celosa.

—Ella jamás tendrá ni idea de las cosas que yo podría hacerle —replicó, al ver a través de mí. Ahí estaba de nuevo: las palabras de Chat Noir, sus gestos, su manera de caminar hacia mí, que me provocaba espasmos de anticipación acerca de qué movimiento haría ahora para provocarme escandalosamente rápido—. Porque sólo quiero hacértelas a ti.

Respiré pesadamente, conmocionada. Sorprendida de todo lo que seguramente él se había imaginado conmigo. De todo lo que yo también he imaginado hacerle. Del recuerdo de su cuerpo contra el mío cuando hicimos el amor.

—¿Cómo te atreves a decirme eso…?

Soy una adulta. He venido esta noche para pasar un buen rato, para poner fin a esto, y demostrarme a mí misma que puedo ser más que la eterna enamorada de Adrien Agreste. Podría ser espontánea. Podría ser impredecible. Antes de que pudiera detener sus avances y pensar en lo que estaba pasado realmente entre nosotros, Adrien negó con la cabeza y me rodeó el cuello con sus manos.

—Del mismo modo que he deseado hacer esto desde que te vi de nuevo, Princess.

Y bajó su cabeza a la mía. El más pequeño, minúsculo segundo cuando mi boca tocó la suya, me preguntaba qué diablos estaba haciendo. Luego ese pensamiento murió demasiado rápido. Adrien liberó al Kraken. Toda las promesas que irradiada se derramó en mí. Se agachó con un movimiento rápido, pasando un brazo alrededor de mi cintura y me levantó de mis pies para que nuestras bocas fusionadas estuvieran al mismo nivel.

Di un gemido lento cuando nos apoyó contra la pared del edificio, pero eso no detuvo el beso. No. Él no redujo la velocidad. Besándome con los labios, la lengua y raspando ligeramente con los dientes en las almohadillas de mi boca. Solté mi agarre de muerte de su camisa y envolví un brazo por sus hombros, fijándome como si fuera un salvavidas.

Estaba perdida, disfrutando de la lengua de Adrien en mi boca, sus dedos metiéndose en mi cabello. Su boca era caliente y agresiva, castigando mis ardientes labios. Nunca dejaría de sentirse así, tan a fondo. Demasiado intenso. Lo sentí en todas partes y esto fue sólo un beso. ¿Cómo sería hacerlo con Adrien, esta vez sin ninguna máscara? Oh. Dios.

Mi mano se deslizó hacia arriba, mis dedos disfrutando de la sensación de su pelo fuerte y suave contra mi piel. Me aparte ligeramente, moviendo mis labios contra los suyos. Una exhalación pasó de él a mi boca.

—Nunca puedo tener suficiente de ti —gruñó Adrien contra mis labios.

Empujó sus caderas contra mí y gemí, moviéndome ligeramente para que la unión de mis muslos se alineara con mayor precisión y tomar el duro empuje, que hizo que mi interior se fundiera como pudín caliente. Aumentó la presión de su boca en la mía, su cuerpo me movía y se unía al mío hasta que quise romper nuestras ropas y solo tenerlo a él. Era eso o moriría a causa de esta exquisita tortura.

—Háblame, Marinette —ordenó Adrien entre besos—. Quiero saber cuánto me quieres, tal como yo a ti.

Le di un beso con desesperación. Estaba sin aliento, me ahogaba y no podía pensar para formar palabras coherentes. Sólo podía jadear su nombre mientras chupaba mi labio inferior.

Adrien…

Risas sonaron. Parpadeé débilmente, despejando la neblina de mi visión y alejando mi rostro del de él. Mi mirada se posó en la entrada. Justo ahí el hechizo se rompió. Empujé el pecho de Adrien y salí a tropezones de entre él y la pared, alisando con una mano mi cabello rebelde, y mi peinado olvidado. La pareja desapareció en el interior del edificio.

—Marinette —Adrien dio un paso hacia mí, llamándome.

Yo estaba en shock. Mis labios acababan de atacar a Adrien, olvidando de golpe todo mi coraje hacia él y sus mentiras. Había ido más allá de lo salvaje esta noche y caí en cosas que no debí hacer de nuevo.

—Detente —levanté una mano a modo de escudo. Adrien se detuvo, mirando de la mano a mi rostro con sorpresa—. Olvidemos que esto pasó. Y nunca se lo diremos a nadie.

Parecía que estaba a punto de decir algo, pero nunca le di la oportunidad. Hice lo más maduro.

Corrí.

Sólo me detuve cuando estaba segura que no había nadie, y me transformé rápidamente para ir a la casa de Adrien. A esconderme bajo las cobijas con seguro en la puerta y no salir hasta el día siguiente, esperaba.


Aproveché el tiempo en esperar a que mis amigos regresaran y organicé mi ropa de estos días en el closet, a pesar de que estaba agotada por todo el ajetreo del día, y la noche. Cuando había terminado, tomé una ducha, disfrutando el hecho de que esta es dos veces más grande que la de mi dormitorio. Yo simplemente deje que el cálido chorro de agua golpee mi cuerpo y afloje mis músculos. Una vez fuera de la ducha, me coloco mi pijama y deseo que la tensión me abandone completamente.

Todavía me sentía un poco inquieta, así que decidí bajar a la sala confiando en que quizá no tardarían mucho en llegar y podría desearles buenas noches antes de irme a dormir. Me acurruco en el sofá, tirando una manta peluda sobre mí, y me dispongo a ver algo de televisión. Fue después de la una de la mañana cuando finalmente llegaron.

Mi estómago se llenó de nudos por la ansiedad, viendo a Adrien. Casi se sentía natural el verlo. Bien. Si no fuera porque mi corazón latía erráticamente. Levantó ligeramente la esquina de su boca, pero su sonrisa no llegaba a sus ojos. Me miraba desilusionado, pero trataba de ocultarlo frente a los demás para no preocuparlos.

Apreté los labios con pesadumbre, y resistí el impulso de abrazarlo. Seriamente, no tenía ningún tipo de resistencia cuando se trataba de él.

—¿Larga noche? —preguntó Nino con casualidad en mi dirección.

—Sí. Lo siento por irme de pronto, de verdad estaba cansada —retuve una respiración, deseando que me creyeran.

—Oh, está bien —sonrió Alya, adivinando exactamente mis pensamientos. Ella sabría la verdadera razón por la que me fui, aunque no se lo dije. Pero las palabras estaban ahí, flotando. Sabía que no soporté ver otra chica coqueteando con Adrien—. Fue bueno que Adrien te haya traído.

—Sí, todo un caballero nuestro Adrinkis —Chloé se inclinó hacia él, apretándolo en un efusivo abrazo, sonriendo con intención—. Salvando a la princesa y luego regresando por sus amigos.

¿Adrien me cubrió inventando eso? Después de lo que le dije, no esperaba que aun viera por mí. Y sin embargo, lo hacía. Como siempre. Mi pecho se apretó dolorosamente. Nino bostezó sonoramente, sonriendo con cansancio.

—En serio, creo que me siento como de cuarenta últimamente. Demasiadas emociones por hoy. Creo que me moriré hasta mañana.

Alya se rió, colgándose de su brazo.

—Estoy de acuerdo. Hora de ir a dormir —luego miró a Chloé, una sonrisa que ella enseguida entendió. Que prácticamente todo el país lo hizo, porque era demasiado obvia la implicación.

Vámonos para dejarlos solos. Casi me llevo la palma a mi rostro, frustrada. Chloé se despidió en menos de treinta segundos y prácticamente voló a su habitación. Luego la siguieron Alya y Nino por las escaleras, para ir a la suya propia.

De nuevo, Adrien y yo estábamos a solas. Mi cuerpo se tensó de inmediato, recordando lo último que pasó entre nosotros. Su beso aun marcado en mis labios.

—Bueno, supongo que yo también me voy. Para que estés cómoda —informó Adrien, con voz apagada.

—Está bien, Adrien —me apresuré a añadir, antes de arruinar nuestra amistad definitivamente—. Puedes hacerme compañía si quieres. Sabes que me gusta hablar contigo.

¿Mi voz se quebró un poco en este momento? Estoy bastante segura que sí. Tragué y lo intenté de nuevo, cuidando deliberadamente mencionar que me había quedado hasta tarde esta noche pensando, bien, esperando que pudiera hacer otra aparición. Me hundí en el sillón, metiendo un mechón de pelo detrás de mí oreja conscientemente y tirando una rodilla hacia mi pecho.

Adrien se dejó caer en el sillón a mi lado y me miró con interés. Abrió la boca, posiblemente para decir algo respecto a nosotros, pero la cerró. Se veía inseguro de qué decir. Si tuviera puesto su traje en este momento, seguro que tendría las orejas gachas, justo como un gato triste. Apreté los labios, intentando no enternecerme ante la imagen. No lo logré.

—¿Estás sorprendido por lo que dijo Alya? —me escuché preguntar antes de incluso pensarlo.

Él levantó su mirada de nuevo a la mía.

—No, en realidad. Supongo que era algo que simplemente iba a suceder. Hoy, o en un par de años, igual es lo correcto —asentí de acuerdo, luego añadió—: Llega un momento en que tienes que hacer lo que es correcto para ti, sin importar la opinión de los demás, aunque sean tus seres queridos… solo hacer lo que te hace feliz.

Su mirada fija en la mía, el verde de sus ojos tan directo que me cortó a través de todo. La realización del peso de sus palabras y su doble implicación. Incluso si no hubiera crecido con todos sus problemas, su familia disfuncional, Adrien seguiría siendo así, tal como era. A veces jocoso y despreocupado como Chat Noir, a veces dulce y tranquilo como Adrien.

Ahora sin la presión asfixiante de su padre, él finalmente estaba labrando su propio camino. Confiado y seguro de sí mismo, suficiente para hacer lo que quería hacer y no ceder a las expectativas de los demás.

—Eso es lo que importa.

—Por eso es que amo ser Chat Noir. No importa si la corporación que heredé está llena de accionistas exigiendo demasiado de mí desde todas las direcciones. Tener el traje… Es como si estuviera en un barco a la deriva en el mar, totalmente tranquilo, y el mundo se desvanece a mí alrededor. Nada me apresura, nada me detiene. ¿Lo has sentido, Milady?

Tomé un respiro, dándome cuenta de que había estado en una especie de trance, mi memoria trayendo múltiples momentos como ese. Su descripción había provocado esa necesidad en mí.

—Siempre, gatito —admití lentamente, dejándome llevar por el momento. Compartiendo una conversación ahora que yo sabía quién era él, que él no tenía que ocultar que conocía mis dos identidades.

—Pero, por supuesto, también tengo otras cosas que traen ese mismo sentimiento.

Mis dedos se apretaron alrededor de la curva de mi rodilla. Miré por un momento y me mordí el interior de la mejilla, notando la nueva implicación de sus palabras.

—¿Sí?

Lo miré fijamente, sin saber qué hacer con aquella nueva y súbita intuición. Me mojé los labios. Una sensación de vibración bailó dentro de mi pecho demasiado apretado mientras lo miraba fijamente. Cada momento que paso con él, descubro otra capa. Dudo que haya un momento en que no me fascine.

Me miró durante un largo momento y luego sonrió casi a conciencia. Parpadeé. Adrien a veces parecía incierto a mis ojos. Como si estuviera hundiéndome en una montaña rusa. Su mirada se posó en mi boca. La tensión sexual era espesa. Ahogándome. Estaba cerca. Sólo un pequeño tramo entre nosotros. Esta proximidad me estaba matando. Mis pulmones duelen demasiado para incluso respirar por completo.

Adrien se encogió de hombros.

—¿Sabes? Estoy leyendo un libro ahora mismo acerca de una chica que se despierta de un coma para encontrar el mundo ido. Amigos. Familia. Es como si hubieran desaparecido. O ni siquiera existió —sus dedos hicieron un gesto de no importa. Me incliné hacia adelante, atraída por la idea de una chica despertando para encontrar su mundo ido—. Sólo hay otro sobreviviente... este chico. Pero ella no aceptará que todo ha cambiado... Que sólo se tienen en esta nueva vida.

Me recosté contra el respaldo, mirándolo, hipnotizada por su voz profunda.

—Ella probablemente tiene miedo —me escuché diciendo, capturada en el mundo de la historia.

Adrien inclinó la cabeza.

—Oh, ella está aterrorizada —estuvo de acuerdo.

Entrecerré mi mirada hacia él, sentado con tanta calma. ¿Por qué me miraba tan decididamente? ¿Estaba diciendo que yo era como esa chica de la historia? Me inquieté, no me gustaba la implicación de que estaba aterrorizada. O de la analogía de mí como una chica recientemente comatosa.

—Suena interesante. ¿Cómo termina?

—No he llegado tan lejos todavía.

—Hmm, tendrás que avisarme —respondí nerviosamente.

—Haré eso.

Eché un vistazo al reloj cucú encima de la pared.

—Es tarde —agarre la manta del sillón—. Debería…

—Sí, está bien. Buenas noches, Marinette —su voz profunda era como un golpe de plumas en mi piel en la oscuridad. Abracé la manta cerca de mi pecho, apretándola dura, dando la bienvenida al entumecimiento en mis dedos.

—Buenas noches, Adrien.

Tragué un chirrido, y corrí de la sala a mi habitación designada arriba de las escaleras. Exhalé aliviada. Fuera de la vista, pero no fuera de la mente. Retirando las sabanas de mi cama, no pude evitar recordar a Adrien. Era un banquete para los ojos. Mi mano se zambulló hacía mi lámpara, girando la perilla y hundiéndome en la oscuridad.


El día siguiente me saludó con un agradable olor a tocino. Me removí inquieta en mi cama, descansada y tranquila por despertar como pocas veces lo había hecho. Dios, esta cama era absolutamente deliciosa. Como ángeles sosteniéndote mientras tú estás en los brazos de Morfeo.

Arrugué la nariz e inhalé, siguiendo el olor a través de mi semi inconsciencia. Delicioso. Abrí lentamente los ojos, disfrutando de la calidez del sábado. Me levanté finalmente, y fui hacia la repisa más cercana y comprobé a Tikki, que aún durmiendo se veía tan cómoda a juzgar por la expresión encantada de su rostro sobre la mullida almohada improvisando su cama. En silencio, abrí la puerta y bajé por las escaleras, consciente de que seguramente mis amigos ya estaban en la cocina.

O bueno, al menos la mayoría, porque Chloé es famosa por despertar alarmantemente tarde. Y no me equivoqué. Dentro de la impresionante cocina integral de madera rústica, estaba Adrien y Alya. Ninguna señal de Nino y Chloé.

—Buenos días —sonreí a modo de saludo—. ¡Algo huele delicioso!

—Y está delicioso, amiga —respondió Alya, mirándome con una enorme sonrisa emocionada—. Adrien cocinó para nosotros, ¿A que no es magnífico nuestro amigo? yo ya le dije que es un tipo totalmente casadero.

Me sonrojé furiosamente, casi deseando regañar a Alya. Como siempre, estaba haciendo un gran esfuerzo por juntar a Adrien y a mí, a pesar de mis protestas de que no lo hiciera.

—Bueno… —dije, intentando aligerar el ambiente y cambiar de tema algo que no desbocara furiosamente los latidos de mi corazón—. ¿Qué vamos a desayunar?

—Omelette —respondió Adrien, mirándome con intensidad. Esa clásica expresión que hace cuando me taladra con la mirada, y yo no puedo hacer más que sentirme desnuda.

—Está bien —concordé, recargándome en la barra del desayunador—. ¿En qué puedo ayudar?

—Oh no —negó él—. Tú quédate ahí, yo te atenderé como una princesa… A ambas, por supuesto.

Princesa, me repetí internamente, casi temblando. Lo estaba haciendo a propósito, podía notarlo. Alya no entendió el trasfondo del apodo, pero se rió encantada de su sutil coqueteo. Yo solo miré hacia abajo y me quedé en silencio, esperando no verme tan obvia.

Fue cosa de diez minutos después cuando Nino bajó a desayunar, y poco más de una hora cuando Chloé lo hizo. Para ese momento todos ya habíamos terminado, y sólo estábamos esperando a nuestra rubia consentida favorita. Cuando terminó de almorzar, yo me ofrecí a lavar los platos, y Alya me ayudó a secarlos, mientras todos terminábamos de ponernos de acuerdo en lo que haríamos el día de hoy.

Como primera parada, Alya, Chloé y yo iríamos de compras al centro comercial de Versalles. Eso fue algo con lo que Chloé no estuvo dispuesta a dar su brazo a torcer, y nosotras simplemente la secundamos. No éramos amantes de las compras, y no teníamos el dinero para estar desperdigado, pero ella insistió firmemente. Adrien y Nino, como los jóvenes que eran, se negaron rotundamente a la maratón, y dijeron que en su lugar estarían en casa relajándose y jugando videojuegos.

Para mí, eso sonaba como un mejor plan para pasar el tiempo, pero no dije nada, tanto para evitar la mirada furibunda de Chloé como para no tener el riesgo de estar en el mismo espacio con Adrien más tiempo de lo necesario. ¿Exponerme voluntariamente a sus miradas y comentarios de doble sentido? No señor, ¡Compras innecesarias, aquí voy!


Suspiré cansada, prácticamente arrojándome al sillón de la sala de espera de los probadores de Michael Kors. Nunca podía entender cómo es que Chloé alegaba que los deportes le dan urticaria, pero es capaz de pasar horas corriendo de una tienda a otra sin haber siquiera sudado, viéndose tan fresca como cuando llegó. Alya dio una risilla a mi lado, ocupada en masajearse las pantorrillas.

—No me mires así, chica —dijo Alya—, tú eres igual cuando te acompaño a la tienda de telas.

Tenía un buen punto, admití. Habíamos estado haciendo esto por toda la mañana, aproximadamente unas tres horas y media, y yo ya estaba más que lista para regresar a casa. Habíamos hecho jurar a Chloé que esta sería la última tienda que veríamos hoy, y luego regresaríamos para poder finalmente dar un tour por Versalles. Obviamente, la idea de pasar el resto del día viendo la arquitectura exquisita de la ciudad que persiguiendo a Chloé mientras gastaba cantidades ingentes de dinero en su tarjeta de crédito, era una idea mucho mejor a mi parecer.

Y también estaba el tema de que Chloé era una derrochadora. Alya y yo no podíamos mirar algo más de dos veces, cuando ella ya estaba encima tomándolo para regalárnoslo. Siempre nos negábamos. Yo no quería que esto fuera acerca de lo que podía conseguir de ella, no como Sabrina en su tiempo. Éramos amigas reales, y creo que por ese conocimiento es que precisamente ella lo hacía. Una muda forma de agradecerlo.

Alya permitió que le comprara un hermoso negligé como regalo por su futura mudanza, luego de que Chloé prácticamente lo arrojó a su bolsa sin aceptar un no como respuesta. Me reí un buen rato de eso. Era una ocasión especial y por eso apoyé a Chloé esta vez.


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Aclaraciones del capítulo: Numero 1. *risa malvada* Estoy encantada de que nadie acertó respecto a cómo se comportaría Chat Noir, todas creyendo injustamente que nuestro gatito haría algo mal de nuevo, ¡No, queridas! Él es encantador, pero solo con su Princess. ¿Boda de Alya y Nino? ¿Bebé? No, tampoco.

Adelanto del siguiente capítulo: Versalles parte 2. Adrien vuelve a la carga intentando seducir a Marinette ¿Lo conseguirá?, y ¿Quién es esa chica tan nerviosa buscando a Chloé en Versalles? Una pista: Tiene que ver con el pasado que le hizo cambiar tan abruptamente. La velocidad de actualización dependerá de la cantidad de reviews recibidos por capitulo ¡Así que depende de ustedes!

Agradecimientos a Rashell, RainAndWind, tsubasa23, Dessire, Bellaraven03, didilu09, Mud-chan, Kathe67, , Guest (x2), Alcuatiumlol12, Rebeca, Nadeshico023, LunaNueva21, Brit, thecat-laura, Yuuki Miaka-chan, Aqua, Mimilop, Junengrey, himitsu dream, Iris-san de Centeno, mafer el panda, Melgamonster, por sus reviews en el noveno capítulo de esta aventura. Este capítulo está dedicado a Nadeshico023 por su magnifico review en el que comprende perfectamente todo lo que yo he querido plasmar con Chat Noir, y que me he reído todos estos días con uno de sus comentarios, que cito textualmente: "Mi pobre gatito está llorando en su mansión, limpiando sus lagrimas con billetes. Ay, este gatito y sus problemas primer mundistas". JAJAJA! Épico XD

Pregunta para los y las lectores: ¿Hay alguna buena historia en Wattpad que recomienden? Nunca he ocultado mi aversión a esa pagina/aplicación, ya que una vez me plagiaron una historia allí, y la niña meca todavía tuvo el descaro de decir que no fue plagio ¡Agarrenme, que la golpeo de acordarme! Obviamente su historia fue borrada *risa*. En mi opinión, por supuesto que hay buenas historias, pero es bastante difícil encontrarlas, y en su mayoría son fanfics que también están en Fanfiction, que me parece si tiene escritos de excelente calidad. Por allá, hay muchas niñas que lo único que pueden sacar son las historias típicas de "tal personaje y tu". Pero debo dejar de ser tan prejuiciosa y darle una oportunidad, so, ¡Acepto recomendaciones de qué leer! No solo de MLB, si no cualquier otro fandom o historia original.

Besos, Higushi.

¿Reviews? Reviews.