Dilsaimer: Nada de lo reconocible es mío. ¿Acaso lo dudabais? Lo dudo mucho

Gracias a natiiiiiii ( siempre creo que me dejo alguna i), kritias, linfocito, lance215, Nagi w, Perse B.J y Fran Ktrin Black por sus hermosos comentarios.

Este capítulo va especialmente dedicado a vosotros, los que me acompañáis a lo largo de esta locura y me animáis cada vez que publico. Espero que os guste

Sin más preámbulo el capítulo.


Esa semana había sido tranquila, reconociendo esqueletos del "limbo", como le llamaba Zack, puesto que no hubo ningún caso del que se tuvieran que hacer cargo. Pudiendo incluso buscar un refugio para todos, querían una pequeña urbanización, pues como les habían dicho tanto Jack como Sirius, lo podrían hacer desaparecer estando todos mucho más seguros. Eso sí, buscar era difícil, todos opinaban que sería genial que hubiera jardines, pero no podía ser demasiado alejado del laboratorio, sino podría acarrear sospechas, sin embargo querían que fuera apartado, no demasiado caro, porque los chicos del FBI podrían tener problemas para adquirirlas puesto que no querían ayuda monetaria. De todo esto se estaba dedicando Ángela, por supuesto, que casi se estaba volviendo loca.

Los niños, por supuesto, siguieron con sus clases de escritura, botánica y pintura, en los que ambos eran muy aplicados. Además empezaron las clases de artes marciales, con Booth, no eran muy difíciles, por ahora, aprendían a dar la patada lateral, y lo que hacían era repetir mucho el movimiento para que se les quedara. Era una suerte que a esas clases se les uniera Parker, aunque no podía todos los días, pues se tenía que repartir entre sus padres, y ya se sabe que eso le suele dar problemas a los niños, tras mucho insistir, Rebeca decidió que aprovecharía para irse de vacaciones y dejar a su hijo con su padre, puesto que sabía que, como siempre, le cuidaría mucho.

Entre todos los no magos adultos habían hecho una apuesta sobre a ver quien conseguía averiguar más formas de comer la nube de colores que les habían dicho y quien sería el primero en ver como no se podía comer. En esto último ganaron los chicos aunque no les dieron la solución a los mayores puesto que querían demostrar su esfuerzo delante del pocionista, y si todos lo sabían seguro que pensaba que se lo habían dicho los adultos. Así que, dijeron que sabían como pero que hasta que llegara Severus no dirían nada, cosa que los adultos respetaron puesto que querían resolver el misterio solos.

Todas las noches, aprovechando que los niños ya no tenían pesadillas, Sirius les leía un poco de un libro que había encontrado por ahí llamado "La biblioteca mágica de Bibi Boken" que era un libro-carta realizado por dos niños noruegos para el año del libro. Era entretenido y además les estaba dando una idea de como mantenerse en contacto, "qué divertido es ser merodeador" pensaba Sirius mientras les leía "seguro que piensan en hacer un libro carta, jejeje, eso les ayudará a mantenerse en contacto, a practicar el leer y escribir... una buena idea, pena que se le ocurriera a Max".

Había sido Max el que se había dado cuenta de que los niños estaban preocupados por qué pasaría acabado el verano, y cómo se mantendrían en contacto. A su vez, recordaba haber oído hablar de un buen libro que le daba la solución a su problema y se puso a buscarlo, por suerte, era un libro que se había publicado hacía poco, y lo pudo encontrar rápidamente. Así que sugirió a Sirius que se lo leyera a los niños y así poder solucionar dos pájaros de un tiro.

Poco a poco los días iban pasando, también al otro lado del charco, donde Severus se vio interrumpido, en su propio despacho, por una visita "inesperada".

-Buenos días, Severus- dijo una voz fría pero bastante conocida por el susodicho.

-¿Qué deseas, Lucius?- contestó el aludido sin sorprenderse.

- Mi mujer y yo nos vamos mañana a Rusia a hacer el viaje por el Transiveriano.

-Dirás los tres- le corrigió.

-¡Por supuesto que no!- saltó enfadado Lucius- Draco no va, pero no le podemos dejar sólo con los elfos domésticos. ¿Qué dirían los periódicos?

-Lucius, que estás hablando de tu hijo- le reprendió Severus.

-Sí, y la última vez que le dejamos un mes a cargo de los elfos, tuvimos que montar un número para que la prensa no se enterara porque se aburría y quiso montar una fiesta enviando, por histeria nerviosa, a la mitad de nuestra servidumbre al hospital.

- ¿Por qué no lo llevasteis con vosotros?- preguntó interesado.

- Íbamos a reuniones sociales, y en París no hay mucho que hacer para un niño.-contestó como si fuera lo más normal de este mundo.

-Si no recuerdo mal, hay un Zoo espectacular y un parque de atracciones infantil.- le dijo haciendo memoria.

- No, no, nosotros no vamos a esos sitios- le volvió a decir el visitante con cara de asco.

-A ver que me aclare, ¿a qué has venido realmente, Lucius?- preguntó de nuevo, sabía lo que quería, pero le haría decirlo en alto.

-Que te quedes con tu ahijado un mes, mientras nos vamos de paseo- le contestó el aludido.

-Pero tengo planes de ir al desierto a buscar plantas durante un mes, ¿crees que es el mejor sitio para un infante?-le inquirió de nuevo lleno de sarcasmo.

- Me da lo mismo - le respondió el tal Lucius- siempre que vuelva vivo, estará bien.

-De acuerdo- asintió derrotado pensando en su pobre ahijado, que culpa no tenía de nada- pero necesitaré un elfo doméstico.

-Entonces quédate con Dobby, que es su elfo doméstico, regalo de su abuela antes de morir.- concordó- te los traigo en dos horas. Nos tenemos que ir mañana temprano.

-Prefiero si es a última hora de la tarde, Lucius-le respondió a su "amigo" – estoy haciendo una poción delicada y si me interrumpes puede explotar.

-De acuerdo, a eso de las nueve, entonces. – y dicho esto se fue.

Tras acabar esta maravillosa conversación, Severus hizo uso de sus uñas especiales para contarle todo lo que sabía al resto del personal para saber su opinión. Si ellos creían que no era seguro, no llevaría al niño, pero sino a lo mejor era bueno tener a alguien más que estuviera en la profecía.

Sin mucha alegría los implicados asintieron, no iban a dejar a un niño desamparado, aunque no sabían muy bien a que atenerse, podía haber sido criado de cualquier manera. Ya verían, simplemente prepararían todo para que su estancia fuera agradable, se juntarían 5 niños y un montón de gente nueva. Iba a ser maravilloso.

Severus y Sirius, cada uno en el lugar donde estaban se pusieron a pensar en lo vivido u oído, respectivamente, y aunque ambos sabían de los antecedentes de esa familia algo les parecía muy cruel. Todo el mundo sabía que Narcissa había tenido un hijo por obligación y que su instinto maternal estaba en el subsuelo, era una mujer que sólo se preocupaba por la belleza y por poder alardear ante la sociedad, que asco les daba a ambos ese tipo de gente que sólo pensaba en quién tenía la mejor mansión, que quién hacía el mejor viaje, etc. Sin embargo, Severus tenía mejor concepto de Lucius, aunque ahora no sabía que pensar, puede que desde que se casó y formó parte de los mortífagos la pareja se volviera loca, no lo sabía, pero aunque era un rubio muy estirado, Lucius siempre había tenido un gran código de honor, y dudaba que ese código le permitiera dejar a su primogénito, o mejor dicho, su unigénito, en manos de la servidumbre no humana. Así que Severus no paraba de preguntarse "¿Qué ha pasado con la familia Malfoy?" No es que fuera una familia cariñosa, como podían ser los Weasley, los Logbotton o los Potter, pero él que había conocido desde joven al patriarca de la familia, sabía que lo de ser de hierro era una mera fachada, que imaginaba similar para su mujer, viendo que era prima de Black y éste tenía un temperamento de hierro.

Al llegar las nueve, Severus esperaba impacientemente a su ahijado, puesto que era en contadas ocasiones cuando le había visto. Puntualmente llegaron padre e hijo, con un elfo doméstico agazapado detrás.

- Compórtate - Le dijo Lucius a su hijo, - Severus, espero que no te dé problemas, y si los da, puedes castigarlo como mejor te parezca. – Y dicho esto, desapareció.

Atrás quedaba un niño pequeño, rubio, tan rubio que parecía que su pelo eran hebras de oro, pálido, llegando a un límite tal que parecía que jamás había visto la luz del sol, con unos ojos grises, metálicos que se veía que intentaban ocultar toda la incertidumbre y el miedo que tenía su dueño.

-Buenas noches Draco- le saludó el único adulto de la sala abriendo los brazos.- ¿No le das un pequeño abrazo a tu padrino?

Draco, que recordaba que cada vez que había oído la palabra padrino había sido por cosas buenas, se alegró. Pero recordó lo dicho por su padre, así que siguió todo estirado, como si le hubieran pegado una vara de madera en la espalada, y dijo:

-Pero eso no es digno de un Lord Malfoy.

Se notaba que esa respuesta había sido aprendida por las malas, ningún niño rechazaba un abrazo, y menos que su elfo doméstico asintiera enérgicamente por haber evitado el contacto.

-Pues se siente, Lord- le dijo Severus enfadado aunque no con el niño- pero yo soy Lord Snape, y que yo sepa nadie ha prohibido dar abrazos. – Siguió poniendo cara triste.- ¿Desde cuando, pequeño?

El niño no sabía que hacer miraba a su elfo, que tampoco sabía cómo ayudarle, viendo eso, Severus llamó a su propia elfina.

-Dinky

Rápidamente ésta apareció con un vestido rojo, precioso, y un delantal azul, todo se lo había hecho ella, pero entre eso, que tenía el cabello arreglado y que iba limpia, la verdad es que dejó al pobre Dobby avergonzado por cómo iba.

-Diga Lord- contestó habiendo escuchado la anterior conversación.

-Se que estás versada en protocolo- continuó el pocionista- por favor, indícales a estos invitados como se procede en esta casa.

La elfina orgullosa de tal enmienda empezó:

"Al entrar en la vida y aposentos de Lord Snape, todos los títulos quedan fuera, incluso la realeza, Lord Potter y Lord Black que están muy por encima lo respetan, pues ellos hacen lo mismo.
Los niños han de comportarse como niños, jugando divirtiéndose y aprendiendo, se les dejará hacer lo que les plazca siempre que no molesten cuando se está realizando una poción o rompan algo.
Cualquier trastada, rotura o susto hecho intencionalmente tiene su castigo, en todas las familias citadas anteriormente. Y por el contrario, cualquier logro tiene su recompensa.
Las familias nombradas están consideradas las cuatro familias más importantes del mundo mágico, cualquier cosa que digan debe hacerse.
Los elfos domésticos han de estar siempre limpios y presentables, nadie puede dudar de su profesionalidad y de su imagen. Puesto que su imagen es la imagen de sus señores"

-Muy bien Dinky, ya puedes parar- le agradeció el pocionista- y visto lo visto, te mereces un chocolate.

-Gracias señor- le contestó la elfina desapareciendo.

-¿Qué opináis?-les preguntó a ambos el mayor.

-¿Realmente mi padre no es Lord?- preguntó el infante aterrado por hacer esa pregunta.

-Creo que sólo tiene rango de Sir, pero eso se comprueba fácilmente. ¿Qué hay de mi abrazo?- preguntó de nuevo.

El niño, mucho más relajado se dejó abrazar por su padrino, y le preguntó "¿Dobby puede ir tan guapo como tu elfina?"

-Sólo si tu quieres- le contestó – dile que se haga unas ropas, mientras esté con nosotros puede vestir bien, y debe ir arreglado. Pues mañana nos vamos a conocer a gente importante.

El niño empezó a temblar en manos de su padrino- Padre dice que no debo, que soy pequeño y torpe y que voy a meter la pata.

-¿Tu padre está aquí?- inquirió de nuevo Severus

El niño aterrado miró por toda la habitación, fijándose en todo y no encontró rastro de su padre, mientras el niño hacía esto el mayor revisó que no tuviera hechizos, y aunque encontró que tenía uno de localización decidió moverlo a una estatua que mandaría de paseo un mes al desierto que había dicho que iba. Una vez realizado esto sin que el niño se diera cuenta siguió esperando su respuesta.

-No, - contestó al cabo del tiempo el niño- aquí no está mi padre.

-Entonces... ¿qué te parece si nos portamos como niño y su padrino?- le dijo con una pequeña sonrisa, puesto que más grande sería imposible en Severus.

-Genial- sonrió el niño, así se giró y ordenó - Dobby, lávate, péinate y hazte un bonito atuendo. Para que no pases vergüenza delante de Dinky ni de las personas importantes que vamos a conocer.

Con un chasquido y todo contento el elfo desapareció, nadie lo sabía, pero adoraba tejer. Bueno, su niño si lo sabía, puesto que le había hecho bufandas y calcetines cuando estaban solos, era un cielo de niño, pero ante los mayores se bloqueaba.

Como se había hecho muy tarde tomaron un poco de leche y se fueron a dormir, mañana sería otro día, y tendrían que hacer muchos preparativos, si querían que todo saliera bien. Todo se estaba complicando de mala manera.

Remus y Severus, además habían encontrado lo de los hilos negros, era un misterio como, pero eso implicaba que había magia negra muy poderosa mezclada con esos recuerdos, iba a ser cuanto menos peligroso. Por lo que habían visto, no se podían depurar para verlos siendo inocuos, y al verlos iban a verse expuestos a sus mayores temores. Por lo que un ex-espía y un hombre lobo, no podrían verlos, tenían múltiples pesadillas, la pregunta real es ¿quién o quienes estarían dispuestos a entrar sufriendo las consecuencias? El terror de lo vivido, según averiguaron, se podría presentar al momento o al cabo de un tiempo. Tendrían que poner a todos sobre aviso, menos mal que estarían todos juntos al menos 15 días, eso podría ayudar.

Y así, por supuesto llegó el viernes y con ello el fin de semana y la partida de los británicos al Jeffersonian, donde todos los esperaban con ganas.


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Como tarde, ya sabeis: 15 días