9

Sin señal

Los días pasaron hasta cumplirse una semana. A pesar de que el tiempo apremiaba tuvieron que permanecer en Pueblo Paleta, recibiendo alojamiento de un muy entusiasta profesor Oak, que estaba contento con la oportunidad de poder observar por más tiempo a los hermanos.

Para completo desagrado de Eve, todavía no lograba sentir que algún otro de sus hermanos despertara, superada por el empeño de Moonghost y Flowar de hospedarse en el pueblo para no andar sin rumbo por el mundo.

Eve pasaba el día entero meditando al borde de la desesperación, rogando por encontrar a otro hermano y poder seguir adelante. Detestaba sentir las miradas de humanos curiosos sobre ella, relamiéndose por la ansiedad de robarle toda la información posible, sintiéndose con el derecho de conocer qué hacía en ese mundo. ¡Pamplinas!

Por su parte, Dyfir había formado una pequeña amistad con Ash, el joven entrenador que llegó el mismo día que ellos junto a otros compañeros de viaje. Ash quería ser un maestro pokémon así que siempre tenían de qué hablar. May era una ferviente participante en Concursos Pokémon y podía pasar horas escuchándola de hablar sobre rutinas, aunque a Dyfir no le simpatizara mucho el glamoroso mundo de los concursos. Brock aspiraba a ser un criador, Dyfir estaba sorprendida por entender sin problemas de todo lo que él le hablaba, eso se lo podía agradecer a su madre. Por último estaba Max, el hermano pequeño de May, que aspiraba a tener pronto su primer pokémon y su impaciencia podía resultar exasperante.

Dyfir simpatizó con todos de inmediato, resultaba liberador poder hablar con otros humanos, era más sencillo entenderse. Claro que era divertido poder hablar con pokémon, no tenía palabras para explicar lo genial que le parecía ser tan afortunada, pero igual necesitaba congeniar con los de su misma especie para no creer que estaba loca.

Así llegó el octavo día, ofreciendo un clima esplendoroso con cielo azul intenso y nubes de algodón, permitiéndoles disfrutar al máximo de los diversos hábitats, escogiendo el campo en esa ocasión.

Moonghost y Flowar jugaban con un grupo de pokémon mientras Eve se mantenía apartada para meditar, bajo la fresca sombra protectora de un gran árbol, intentando aislarse y así continuar con su búsqueda.

Mewtwo hacía lo mismo que ella por su cuenta, ocupado en sus propios pensamientos y preocupaciones. El encontrarse con Ash fue una sorpresa poco agradable, el chico lo reconoció de inmediato y se mostró muy contento por ellos, algo inofensivo que sólo sirvió para aumentar la desconfianza de Eve hacia él.

Lo sucedido resultó curiosamente frustrante para Mewtwo, empeorando su malhumor por la insistencia de Ash de ser amigable con él, no le gustaba el contacto con los humanos y sólo podía soportar a Dyfir gracias a la presencia de Moonghost.

Suspiró, lanzándole una curiosa y rápida mirada a Eve, pensando que en cierto modo eran similares con respecto a los humanos, con la diferencia de que ella mostraba su desprecio sin tapujos. Sólo por eso, comprendía que ella lo mirara con mucho más recelo que antes y mantuviera la distancia.

Justo en ese momento, Flowar se acercó alegremente a su hermana, tarareando quién sabe qué cosa y llamando la atención de Eve.

— ¿Quieres unirte a nosotros y jugar un rato? —la enorme sonrisa de Flowar era tan encantadora que opacaba los rayos del sol.

Eve no se movió ni un ápice, le bastó con apenas abrir un ojo para desmotivar a Flowar, quien dejó caer las orejas un poco y se retiró con el entusiasmo mermado. Eve era realmente extraña, ni siquiera se la llevaba bien con sus propios hermanos, lucía joven pero no actuaba como tal. Carecía por completo del brillo soñador e inocente que tenían Flowar y Moonghost en sus ojos, si bien tenía deberes importantes que cumplir, su urgencia por cumplirlas era enfermiza.

Mewtwo decidió acercarse a Eve, impulsado por la curiosidad y el interés por desentrañar las razones de su comportamiento, sentándosele cerca sin que ella pareciera darse cuenta. La observó fijamente por unos instantes, quizás esperando a que se percatara de su presencia, rindiéndose al ver que estaba muy concentrada o… puede que lo ignorara adrede, no sería inusual.

¿Aun no logras conseguir nada? —le preguntó cautelosamente.

Eve pegó tal respingo que Mewtwo se sorprendió de contener la risa. No había duda de lo poco acostumbrada que estaba Eve a que Mewtwo le dirigiera la palabra, especialmente porque él prescindía de sus cuerdas vocales y utilizaba la telepatía para comunicarse. Escuchar repentinamente una voz retumbando en tu cabeza podía ser incómodo, especialmente si se estaba tan inmerso en la meditación como Eve, así que la mirada asesina que recibió de ella se la tenía bien merecida.

— No —respondió tajantemente, girando para darle la espalda y volviendo a sus asuntos.

Quizás deberías tomar un descanso, puede que el estrés embote tu psiquis y por eso no logras captar nada por más tiempo que te dediques medites. Jugar con tus hermanos parece una buena opción para despejar la mente —dijo Mewtwo hablando como si nada, no se dejaría intimidar por una mirada envenenada de alguien más pequeño e inmaduro que él.

No tardó mucho en recibir otra mirada asesina de Eve, quien lo observaba por encima de su hombro, frunciendo el ceño y moviendo la cola efusivamente en clara señal de descontento.

— ¿Jugar? No pierdo el tiempo en tales frivolidades, es absurdo pensar que es una solución, tanto como si tú te pusieras perseguir una pelota en este mismo instante —espetó Eve de malagana.

Mewtwo tuvo que admitir que Eve tenía razón —aunque no en voz alta, primero muerte—, su sugerencia era absurda, pero insistía en que la angustia tenía saturada su mente y por ello no lograba captar las dichosas ondas de psiquis.

Ciertamente, jamás iría detrás de una pelota, aunque eso no significa que existan otros métodos para liberar tensión —señaló Mewtwo inmediatamente, sorprendiéndose ante su insistencia, sabía que lo más sensato era retirarse pero algo lo mantenía anclado en ese lugar—. Dudo en demasía que compartir tiempo con tus hermanos sea un desperdicio, estuvieron dormidos por siglos, debieron extrañarse.

— ¿Tú qué sabes sobre mis hermanos y yo? —soltó Eve con hastío, dándole la espalda una vez más—. Respetaré tu modo de pensar, pero eso no funciona conmigo, no lo intentes.

Por más que lo niegues es lo que necesitas, has perdido todos estos días meditando con resultados nulos, todo por tu urgencia de largarte de este lugar —espetó Mewtwo, comenzando a irritarse ante la necedad de Eve—. Es cierto que no te conozco, obviamente a ninguno de los dos nos interesa hacer tal cosa, sólo te señalo algo obvio con respecto a la psiquis; tomar un descanso permitirá que logres enfocarla mejor.

— Si está claro que ninguno de nosotros tiene el mínimo interés por el otro, explícame entonces, ¿por qué insistes tanto en que descanse para salir de este pueblucho? —espetó Eve molesta, sin molestarse en mirarlo en aquella ocasión.

Porque… —titubeó Mewtwo, deteniéndose en seco al darse cuenta de que no tenía una respuesta. La malcriadez de Eve era suficiente para dejarla sola, ni siquiera sabía por qué lo intentaba. Quería entender todo respecto a esos hermanos, pero ahora eso parecía no ser motivación suficiente. ¿Entonces por qué? —. No lo sé… Veo que todos se preocupan por ti y por el asunto que los trajo aquí, no quieren que te esfuerces demasiado para evitar que te sobrecargues y…

— ¡¿Qué dijiste?! ¡¿Qué ellos están igual de preocupados que yo?! ¡¿Qué me esfuerzo demasiado?! —exclamó Eve histéricamente, poniéndose de pie al tiro y dándole la cara, que estaba roja como un tomate por laira que la embargó súbitamente— ¡No sabes de lo que estás hablando! ¡¿Quién te crees para venir a hablarme tonterías?! ¡Tú no sabes lo que tenemos que hacer! ¡Mucho menos sabes lo que a me toca hacer! ¡He tenido que sacrificar muchas cosas y debo seguir haciéndolo porque nunca es suficiente! ¡Todo para salvarle el pellejo a criaturas rastreras, viles y sin escrúpulos que nunca debieron existir! ¡No merecen que yo tenga que…! —se detuvo súbitamente, temblando y abriendo los ojos de par en par, como si acabase de recordar lo más terrible del mundo.

¿Hacer qué? —musitó Mewtwo inconscientemente, tan consternado por lo que acababa de ocurrir como ella.

— ¡No te importa! —vociferó Eve, convirtiéndose repentinamente en la viva personificación de Medusa, expeliendo chispas violáceas en todas direcciones—. ¡Lárgate! ¡No te quiero cerca! ¡LARGO!

Mewtwo frunció el ceño, se puso de pie y se alejó sin decir nada, lejos de sentirse intimidado el sólo pensó en que no tenía por qué soportar el malhumor de Eve. Caminó con tranquilidad pero sentía que el rostro le ardía por semejante desaire, en cualquier momento comenzaría a salirle humo de las orejas.

¡Qué maravilla! Lo había arruinado, cualquier mínimo de confianza que restara luego de Ash la había echado al caño, Eve le haría la vida imposible para disuadirlo. Sin embargo, lo que más disgustaba a Mewtwo de todo ese asunto, además de las groserías de Eve, era descubrir que lo podía molestar tanto con poquísimo esfuerzo.

Lo más sano para él era irse, no existía ningún juramento que lo atara a ellos, no tenía por qué soportar semejantes cosas y menos cuando se trataba de un asunto que no tenía nada que ver con él. Sin embargo, una voz en lo más recóndito de su mente gritaba desesperadamente, diciéndole que se estaba mintiendo a sí mismo y que deseaba continuar.

Mewtwo no sabía qué era peor: los gritos de Eve colmándole la paciencia o aquella débil vocecita que le metía el dedo en la llaga de cuya existencia desconocía.

A pesar de que Mewtwo había accedido a desaparecer de su vista, Eve no conseguía recuperar la calma, buscando otro lugar en donde nadie la molestara para recuperar el control de su cuerpo y emociones. Se dejó caer en el suelo, las chispas de plasma seguían saltando al compás de su irregular respiración. Temblaba de rabia y la temperatura de su cuerpo aumentaba sin pudor, todo porque un extraño pretendió decirle qué hacer y la sacó de sus casillas. Para empeorar la cuestión, estuvo por decir algo que no debía, ese algo que detestaba con todo su ser.

Eve gruñó, llevándose las manos a la cabeza y negando con ella efusivamente, cerrando con fuerza sus ojos. "No pienses en eso, no pienses en eso, olvídalo", se dijo con desesperación, rechinando los dientes y sabiendo que era difícil hacerlo. Nadie era capaz de comprender su frustración, tampoco esperaba que alguien lo hiciera, no les importaría mientras ella salvara sus miserables vidas. Había nacido para eso y no tenía forma de escapar de su destino.

Mewtwo vagaba por el jardín luciendo algo ofuscado aunque meditabundo. Eso le parecía a Moonghost, que lo observaba desde una prudente distancia, oculto entre los arbustos. Con las intenciones de levantarle el ánimo, Moonghost salió de su escondite, desconociendo que el clon preferiría mil veces que lo dejaran solo.

— ¡Buen día, Mewtwo! ¿Por qué tu rostro es atacado por las inquietudes de la vida? —preguntó Moonghost, imitando la voz del profesor Oak en un modo muy amanerado y exagerando los gestos que hacía—. Es un día esplendoroso. La suave brisa del verano sopla y nos envuelve levantando algunas faldas en el proceso. Llenando de calidez nuestros corazones gracias a la luz del brillante sol, despejando el cielo para deslumbrarnos con su maravilloso azul, así podrá calcinar con eficacia nuestras delicadas retinas. Un presente tan magnífico como este no se recibe todo el tiempo, igual que el maravilloso espécimen ante ti agregándole palabras pomposas a cada oración… ¡Oh, Clotilde! —estalló en risotadas, ignorando que Mewtwo alzaba una ceja en señal de reprobación. Luego de enjugarse las lágrimas y ya usando su propia voz, añadió—: Ya, hablando medio en serio, es un día muy bonito para tener esa cara larga. ¿Te sucede algo malo?

No me sucede nada, sin embargo… —contestó Mewtwo severamente, deteniéndose de sopetón y taladrando al fantasma con la mirada—. Hay cosas que no nos has dicho y una especial con respecto a Eve, ¿cierto? Acaba de gritarme sin motivo porque casi se le escapa algo. Quiero saber de qué se trata.

A cualquier otro le hubieran temblado las piernas ante semejante exigencia, pero la naturaleza despistada y despreocupada de Moonghost sólo hizo que se encogieran de hombros, sin sentirse amedrentado por los intensos ojos violetas del clon.

— ¿Algo sobre Eve? —repitió pensativamente, rascándose la cabeza y ladeando una oreja—. Te he contado bastantes cosas, quizás no todas porque no las recuerdo del todo, pero con respecto a Eve no hay más nada. Sabes que siempre estoy dispuesto a darte toda la información que me pidas, ¿verdad?

¿No estarás mintiéndome? —inquirió Mewtwo, entrecerrando los ojos con desconfianza ante la radiante sonrisa del fantasma.

— No sería capaz de hacerle tal cosa al compadre de mi alma ectoplásmica—respondió Moonghost ensanchando más su sonrisa.

Mewtwo mantuvo la mirada clavada en él, poco convencido de la sinceridad de su respuesta, sintiendo la tentación de hurgar en su cabeza por un instante. Respiró profundamente un par de veces para calmarse, no quería hacerle eso a alguien que lo consideraba su amigo, así que le agradeció con un sutil ademán de la cabeza y siguió su camino, sumergiéndose de nuevo en sus pensamientos. Quizás si ordenaba toda la información con la que contaba descubriría algo por su cuenta.

Moonghost comprendió que seguir a Mewtwo sólo lo angustiaría más, así que se quedó en el sitio, observándolo hasta que estuvo bastante lejos. Repentinamente, sus orejas decayeron y suspiró con pesar, clavando la mirada en el suelo con tristeza.

"Quisiera poder contártelo todo, Mewtwo, pero incluso yo pienso que es mejor que no sepan ciertas cosas", pensó bastante alicaído. "Son muy dolorosas y vergonzosas para Eve…".

— ¡Un, dos, tres por Moonghost! —exclamó Flowar, saltando de imprevisto desde los mismos arbustos que su hermano utilizó para ocultarse antes.

— ¡¿Qué?! —chilló Moonghost, corriendo detrás de su hermana para intentar llegar al punto de salvado antes que ella—.¡No cuenta, no cuenta! ¡Olvidé que estaba jugando!

Ocultos entre la maleza, cuatro pares de ojos observaban atentamente a Moonghost correteando tras la risueña Flowar, cada uno a través de binoculares de alta tecnología que guardaban información del movimiento de los hermanos.

— El de la flor no estaba antes —masculló un hombre con tono umbrío.

— ¿De dónde salió? ¿Acaso evolucionaron? —cuestionó un segundo, dejando de lado sus binoculares y colocándose unos pequeños lentes de sol circulares.

— No, ahora hay tres —dijo el que tenía la voz más gruesa y carrasposa.

— ¿Y de dónde salió? —preguntó el primero.

— Eso no nos importa. Nuestra misión es capturarlos y nada más, si aparecen otros sólo aumentarán nuestros méritos cuando los llevemos ante el jefe —gruñó el tercero, guardando sus binoculares y lanzándoles una mirada de reproche a sus compañeros— ¿Acaso tengo que recordarles lo que nos sucederá si fallamos?

— ¡Fracasos como estos son inaceptables viniendo de soldados de tan alto rango como ustedes! —vociferó Giovanni dándole un puñetazo a su escritorio—. ¡Les asigné pokémon de élite y con eso era más que suficiente, los superaban en número y fuerza! ¡A pesar de tener todo a su favor, los superó su incompetencia y fueron incapaces de hacerles siquiera un rasguño!

— P-pero, jefe… intento decirle que... lo que sucedió fue que…—tartamudeó Cara de Primeape.

— ¡Me importa un bledo si la chica tenía un Articuno! ¡Derrotas ante adolescentes son imperdonables y suponen una vergüenza para la organización!

—Pero, jefe… —balbuceó el más corpulento de todos con timidez.

— ¡Basta de excusas! —exclamó Giovanni, acompañado de un bufido amenazador de su Persian que hizo temblar al grupo—. Localizarán a esos pokémon, los capturarán y los traerán ante mí aunque sea lo último que hagan —resopló recostándose en su silla, intentando serenarse aunque que la vena de su sien palpitaba de un modo que parecía estar a punto de estallar—. Y cabe aclarar que más les vale no regresar si no cumplen su misión.

Un escalofrío recorrió la columna vertebral de los cuatro subordinados de Giovanni, profundamente conmocionados por las últimas palabras de su jefe. Intercambiaron miradas nerviosas entre ellos, intentando encontrar la manera de aminorar la ira de su amo y señor.

— Jefe, el problema es… intentamos decirle que… —insistió Cara de Primeape, tratando de darle la importante información que tenían para él, sin recibir tal oportunidad.

— ¿No fui lo suficientemente claro? —siseó Giovanni, dejando los papeles en los que se había ocupado y echándolos efusivamente con un ademán de la mano.

— ¡Mi jefe supremo! —exclamó el único que había permanecido callado en su esquina, temblando de miedo al sentir la penetrante mirada de odio que le dirigió Giovanni—. ¡Hemos intentado decirle que el mayor motivo de nuestro fracaso fue a la intervención de Mewtwo!

— Sus pobres excusas me interesan en lo más míni… —espetó Giovanni, deteniéndose de súbito al terminar de procesar las palabras que acababa de escuchar—. ¿Qué dijiste?

— Lo que escuchó, jefe supremo —respondió Cara de Primeape, dando un paso adelante y parándose firme, sintiendo confianza al ver el súbito interés de su líder—. Estábamos cerca de eliminar a la entrenadora que se encontraba con nuestro objetivo, pero nuestra operación se vio frustrada cuando esta chica fue protegida por barrera psíquica. Se identificó al responsable como Mewtwo.

Antes de reportarnos acudimos al Departamento de Investigación, donde nos suministraron información de avistamientos de un extraño pokémon en un rango de seis meses —Cara de Primeapa tomó una gran bocanada de aire antes de continuar, hablaba tanto y tan rápido que se quedaba sin aliento—. Incluso se conformó un grupo de soldados para la investigación de este caso, por si desea corroborarlo. En vista de las coincidencias, podemos asegurar que se trataba de Mewtwo, lo que indica que se alojaba en esta ciudad desde hace bastante tiempo.

— No es necesario corroborar nada, yo mismo firmé la autorización. Recuerdo que me pareció una pérdida de tiempo —musitó Giovanni entre dientes, olvidándose por completo de sus papeles, intentando sobreponerse a todo lo que escuchaba.

El Persian ronroneó cruelmente, comenzando a recorrer la habitación con suma lentitud, fijando la mirada en los subordinados y poniéndolos de nuevo nerviosos.

Giovanni agradeció que su mascota supiera cuando deseaba tener un momento para pensar. Abrió una gaveta de su escritorio, sacando de una llamativa caja un cigarro que no tardó en encender. Aspiró y soltó el humo, buscando liberar un poco la tensión que invadió su cuerpo, meditando un poco respecto al tema.

Tenía que tomarse las cosas con calma, emocionarse por algo que si bien podía no ser cierto era absurdo. Sin embargo, la sola idea de pensar que el bicharraco por el que pagó muchísimo dinero estuviera bajo sus narices y él ni enterado, le hacía hervir la sangre.

— Ya veo… —musitó Giovanni pensativamente para sí, jugueteando con el cigarrillo entre los dedos—. Si lo que dicen es verdad, algo tuvo que impulsar a Mewtwo a salir de su escondite, aunque estoy seguro de que vio lo mismo que yo: un par de pokémon de apariencia similar a un Mew. Es obvio que luego de esto habrá abandonado la ciudad, si sus problemas existenciales siguen intactos, probablemente se haya ido con ese grupo —se detuvo un instante, sopesando las palabras que diría a continuación—. La misión anterior sigue en pie, pero deberán traerme a Mewtwo también en caso de que esté con los objetivos principales de su misión.

— ¡Como usted ordene, señor! —exclamaron los cuatro al unísono, poniéndose bien firmes y sus pechos inflados de orgullo.

— Los métodos que utilicen no me interesan, siempre y cuando me traigan esos pokémon vivos—dijo Giovanni dándole otra bocanada a su cigarro—. Pasen por el departamento de crianza para que les proporcionen un equipo poderoso a cada uno de ustedes. ¡Ahora, largo! —ordenó, señalándoles la puerta con un gesto grosero e impaciente de la mano. Justo cuando estaban cruzando la puerta, agregó cruelmente—: Recuerden que si no lo consiguen, es mejor que no se atrevan a volver ante mí.

El sol comenzaba a ocultarse detrás de las lejanas colinas, indicando el final de la tarde y de los juegos. Los pokémon estaban exhaustos por la diversión que no se detuvo hasta ese instante, tumbándose a sus anchas en el césped para descansar, charlando animadamente entre ellos.

Dyfir se acercó a ellos, sonriendo con satisfacción al ver lo felices que lucían sus pokémon junto a Moonghost y Flowar.

— Vaya, creo que no dejaron de jugar hasta que sus cuerpos pidieron auxilio —dijo entre risitas, agachándose y acariciando la cabeza de Llamita.

— La idea era liberar estrés, ¿no? —dijo Flowar, reincorporándose de inmediato para hacer gala de su radiante sonrisa una vez más.

— El hecho de que estemos en una búsqueda de la que depende el destino del mundo entero, no significa que no podamos echarnos un descansito para jugar —añadió Moonghost, levantando su brazo perezosamente.

— Al menos aprovecharon el tiempo al máximo —dijo Dyfir entre risas, echándole una ojeada a su alrededor con suma curiosidad—. Oigan, ¿dónde están Eve y Mewtwo? No los veo por ningún lado…

— Eve está por allá sola meditando, igual que lo ha hecho todos estos días —contestó Flowar, encogiéndose de hombros y moviendo ligeramente sus orejas.

— Y Mewtwo estuvo vagando por ahí hasta hace rato —agregó Moonghost despreocupadamente, soltando un bostezo.

— Cierto —asintió Flowar, tornándose pensativa repentinamente—. Ahora que recuerdo, lo noté algo extraño durante toda la tarde, no sé si estaba molesto o triste.

— ¿Triste? ¿Sucedió algo malo? —preguntó Dyfir mostrando cierta preocupación.

— ¿Te puedo confesar algo? —dijo Moonghost con aire misterioso, reincorporándose súbitamente.

— Por supuesto, eres libre de hacerlo, Moonghost —Dyfir se arrimó hacia el fantasma, dejando que él se acercara a su oído para que le hablara con discreción.

— No tengo idea de qué le pasa a Mewtwo —dijo Moonghost con voz grave, consiguiendo que la chica le jalara las mejillas por emocionarla en vano.

— ¡Gran lealtad al jefe! —exclamó una voz extraña repentinamente, haciéndolos respingar y poniéndolos en pie del tiro.

Buscaron con la mirada por todos lados, pensando por un instante que se trató de Moonghost jugándoles una broma para librarse del castigo de Dyfir, hasta que unas figuras salieron de unos arbustos revelando por fin a los responsables.

— Prepárense para que les arrebatemos a sus pokémon —dijo el primero de los sujetos.

— Y más vale que nos teman.

— ¡Busquen algo mejor que hacer, porque les patearemos el trasero igual que la última vez! —gritó Dyfir con voz chillona, señalándolos con un dedo acusador al reconocerlos como los agentes del Equipo Rocket que los atacaron en Ciudad Viridian.

— ¡Déjennos terminar nuestro lema! —gritaron los cuatro miembros del escuadrón al unísono.

— Llenaremos al mundo de caos y devastación —recitó el tercero, realizando una pose extraña y elaborada que pronto se convirtió en una coreografía que todos los miembros ejecutaban en perfecta sincronía.

— Para dominar a todo quien se nos oponga —recitó el siguiente.

— Para destruir el bien y el amor.

— Para extender el imperio Rocket hasta el último rincón.

— ¡Qué pesados! —musitó Moonghost sacando la lengua con disgusto.

— ¡Somos el Equipo Rocket, Escuadrón 45! ¡Nombres clave: R4, R3, R1 y, nuestro líder, R2! —exclamaron todos al unísono y señalando al Cara de Primeape.

— ¡Ríndanse ahora o prepárense para sufrir! —exclamó R2, señalándolos desafiantemente con su índice, mientras sus compañeros terminaban con sus maniobras y cerrando el acto con una pose en conjunto que ellos consideraban magistral.

— Entre mis metas para el día de hoy, tenía ver hombres en trajes ajustados ejecutando poses al estilo Power Poke-Rangers —señaló Moonghost jocosamente y con una extraña mueca en el rostro, dudoso en sentirse perturbado o echar a reír.

— Veo que prefieren no tomarnos en serio —dijo R2 arrogantemente, tomando una pokebola y agrandándola.

— ¡No aprecian la verdadera genialidad! —refunfuñó R1, reacomodándose sus pequeñas gafas de sol, preparando también una pokebola.

Los Rocket rompieron la formación y pronto convocaron a sus pokémon, apareciendo poco a poco un Arcanine, un Electabuzz, un Houndoom y un Lickitung que miraban con ferocidad al grupo de viajeros.

— ¡Es tu turno, Tretsenl! —dijo Dyfir, teniendo a su fiel Furret listo para luchar en menos de un segundo, dirigiendo una mirada desafiante a sus oponentes.

El pokémon soltó una exclamación a modo de reto que hizo que el Equipo Rocket se desternillara de la risa, burlándose del Furret que, para ellos, no tenía oportunidad alguna frente a sus pokémon. No sería más que una botana para sus feroces canes.

— ¿Quiénes son ellos y por qué nos atacan? —preguntó Flowar, mostrando cierta preocupación.

— Unas cosas que son una grandísima ladi… ¡fastidio! —corrigió Moonghost, riendo nerviosamente ante la reprobadora mirada de su hermana, que no le gustaba que sus hermanos usaran malas palabras. Miró a sus contrincantes y les dijo—: Saben que van a perder, así que ahórrense la humillación, dense la vuelta y conserven algo de su dignidad.

— No estén tan seguros. Ustedes son propiedad del Equipo Rocket ahora — dijo Cara de Primeape, dibujando una cruel sonrisa que acentuó los rasgos más feos de su rostro.


¡Hola a todos! Trayendo un nuevo (ni tanto) capítulo para ustedes. No tengo mucho que decir... sí, eso.

Todos los capítulos cuentan con portadas y hago varios dibujos de los personajes principales, así como algunas escenas. Si quieren ojearlos, visiten mi galería: .com