Disclaimer: No me pertenece el anime/manga de Naruto.
¡Atragántense de palabras!
Capítulo #10: Declaración
En algún lugar de Konoha… Años atrás…
Han pasado dos años desde la revelación de Kushina y su promesa a Mito. Durante el primer año, su lado interno la convenció para no ser una kunoichi. Ella consideraba imposible, pero al volverse fuerte entrenando con su amiga, supo que era buena en algo y ni siquiera tuvo que convertirse en un shinobi. Su autoestima incrementó y su lado interno le dada terapias diarias, sin enojos y desesperaciones por parte de ella e Inner. Ya se había arrepentido de tener una idea tan pesimista de su ser.
Dejando el caso de Mebuki. Kizashi no pudo ser ninja y nunca se le vio rezongar o intentar serlo; para Hayato fue lo mismo, solo que él entrenaba con su perro por ser una tradición en su familia. Mikoto y Kushina lo lograron y estaban en su propio equipo. Tenían su respectivo maestro, misiones, días libres, todo lo que la niña rubia deseaba cuando estaba en la Academia.
El segundo año fue normal, seguía frecuentando a sus amistades y familia. Los rumores de la colonia y uno que otro de ex-alumnos de la Academia eran viejos, nada bueno o malo qué aportar. "Aburrido" a opinión de Mebuki, por lo que decidió empezar una nueva historia, relacionada con el enamoramiento.
—Hola, Kizashi —dijo la niña al salir de su apartamento. Su vecino se encontraba caminando hacia el puesto de dangos.
—Hola, Mebuki-chan —le dijo esperando un grito de enfado. Aún los saludos de la chica rubia eran extraños para sus oídos.
—¿Necesitas algo?
—Lo dices como si fuera a pedir dinero —Mebuki dijo levemente enojada.
—Es raro que me hables primero —dijo apenado—. Perdón.
Caminaron en silencio. El chico le lanzaba miradas de sospecha, intentando descifrar las acciones de Mebuki. Ella lo ignoraba, ya que había temas más importantes rondando en su mente.
Al poco tiempo llegaron al establecimiento. Continuaron sin dirigirse la palabra, por suerte, sin estar incómodos.
Mebuki se sentó en una de las tantas mesas desocupadas y observó a Kizashi, esperando a que hiciera lo mismo.
—¿Me dirás por qué me hablaste?—dijo sentándose en frente de Mebuki.
—Quiero decirte sobre algo muy importante.
—¿Qué…?
La chica le tapó la boca antes de que terminara su frase. Fue rápida y brusca, dejándole roja la zona del golpe. Todavía le faltaba dominar su fuerza bruta.
—Eso dolió —dijo tocando una de las mejillas dañadas.
—Mi vida depende de ello y lo he estado planeando por mucho tiempo —susurró alterada, ignorando por completo el dolor de Kizashi—. Prométeme que no dirás nada. Estoy confiando en ti por primera vez en un tema delicado.
Un milagro sucedió. Al parecer "Kami-sama" escuchó sus plegarias o fue un azar de la vida, lo que fuese, simplemente fue un sueño cumplido. Mebuki había confiado en él, sobre un secreto. Tal vez era el único a quien le dijo y eso le daba esperanzas de mejorar su relación de amistad.
Sorprendido y con ojos brillantes, tomó las manos de su acompañante.
¡Kizashi, suéltame!
—Confía en mi —exclamó alegre.
Una empleada los amenazó con la mirada y les señaló que guardaran silencio. Cada vez que llegaban arruinaban el silencio que quería conservar; los clientes no lo consideraban molesto porque era una costumbre.
Mebuki se encogió de hombros y agachó su cabeza avergonzada. Kizashi sonrió apenado y se cubrió la cara.
—¿Desean ordenar? —preguntó una señora. La misma que los atendió en su reunión, por no decir: "su primera cita".
—Sí —respondió el chico de catorce años—. Quiero un dango especial con jugo de manzana.
El platillo y bebida que el chico ordenó en su cita…
La mujer se dirigió a Mebuki y le señaló que no iba a pedir nada. Con esto, hizo una reverencia y se fue a la cocina.
—¿Quieres contarme? —Kizashi dijo intentando ocultar sus ánimos.
Ya quería escuchar lo que su amiga diría…
—Voy a declararme.
… O tal vez era una mala idea…
—¿De qué hablas? —dijo asustado. Tenía un vago presentimiento de que hablaba de Hayato.
—Él… me gusta, ¿sabes? —su rostro se encontraba rojo como el cabello de Kushina.
Apretó los labios enfadado. Ya era hora de aceptar la realidad, que el amor de su vida no le correspondía. Estaba enojado por enamorarse y con su miserable suerte. Creía que Mebuki ya no amaba a Hayato, porque su amada lo trataba bien, mejor que al Inuzuka. Kizashi sabía que la hacía enojar y feliz, sus gustos y disgustos… Sabía quién era, ya que le permitía ver a su verdadero "Yo".
—¿Todavía te gusta Hayato? —bajó la mirada decepcionado.
—¿Aún se me nota? —alzó la voz.
Rápidamente se calló y tapó la boca.
—¿En serio? —dijo en voz baja.
—Algo —el chico contesto sonriendo. Una sonrisa falsa que pasó como burlesca para Mebuki.
El gesto de su acompañante le hizo pensar que de verdad ya no estaba interesado en ella. Hace tanto que no le lanzaba algún "piropo" o frase para enamorarla, desde que le dejó de gritar y tratarle mal. Mebuki pensó que había sucedido porque ya no le ofendía y él simplemente buscaba una clase de aceptación por medio de actos desesperados.
La mesera interrumpió la charla colocando la comida de Kizashi y se retiró.
Kizashi Haruno observó la comida enfadado y comió un dango rápido para expresar su descontento. Tosió por atragantarse y bebió su jugo favorito.
—¿Kizashi? —dijo Mebuki preocupada—. ¿Estás…?
—Yo digo que vayas —tosió—, y te le declares.
—Gracias —sonrió ampliamente.
La miró triste, pero logró calmarse con su sonrisa.
En la noche fue cuando se armó de valor en ir. Mebuki caminaba hacia la casa de Hayato para decirle todo. No iba a desaprovechar su valor y determinación.
—Estoy triste por Kizashi, creí que ya no te quería —dijo Inner.
¿Por qué crees eso?
—¿No viste su reacción? Comió un dango y se ahogó —dijo su otro "Yo".
¡Pero me sonrió!
Al estar a cinco minutos de la casa de Hayato, se lo encontró. Se veía cansado. Tal vez había entrenado junto a Kuro.
—Hola, Hayato-kun.
—Hola, Mebuki-chan —dijo Hayato junto a su inseparable amigo—. ¿Qué haces aquí?
Una anomalía que Mebuki fuera en dirección a su hogar. Lo usual era que fuera a casa de Kushina o con la sección del clan Uchiha.
—Tengo algo que decirte —dijo rápido.
—Tienes que pensarlo —intervino su lado interno.
¡Estuve pensándolo caso toda mi vida! ¡No me laves el cerebro otra vez!
Se llevó una mano a la frente y se golpeaba, una manera rara de sacarse a esa voz de su mente y que no funcionaba. Planeó su declaración desde que conoció y retirar su palabra sería un "delito". Inner no lo arruinaría. La vida era una sola y las oportunidades igual.
—¿Mebuki-chan?
—¡Me gustas!
Hayato Inuzuka abrió los ojos de más.
—¿Cómo?
La niña temblaba de los nervios y la emoción. Un cosquilleo en su panza y un escalofrío en la espalda. Por fin cumplió su meta. Ahora esperaba su respuesta. "Sí", lo que ella quería o la peor, un "No".
—Me gustas… —se acercó al chico, preocupada por su falta de voz.
—Yo…
Las ganas se apoderaron y sin resistir tocó sus labios. Apenas rozaron. Se dejó el beso a secas… Hayato sin decir palabra se fue a lado de su fiel amigo, dejando sola a Mebuki Kimura.
Todavía no tengo el siguiente capítulo, así que olviden lo que dije sobre subir cada semana (seguiré tratando, eso sí).
Nos vemos, gente :-)
