Buenas noches mis estimadxs lectorxs! Cómo están? Espero que muy bien :)
Yo acá estoy de regreso después de unos cuantos días de ausencia. Logré por fin terminar de escribir el nuevo cap de mi locura que ahora mismo paso a compartir con todxs ustedes.
Así que sin más preámbulos, lxs invito a leer el DIEZ en paz! Espero que lo disfruten!
Todos los personajes pertenecen a su autora Naoko Takeuchi, yo sólo los tomé prestados.
Abajito me despido,
Bell.-
:: Capítulo Diez ::
Durante las siguientes semanas estuve con un humor de perros. No tenía ganas de ver a nadie, ni siquiera a las chicas. Sobre Darien y lo que pasó con él no me animé a decirles nada. Lo único que les conté fue lo de Diamante y la fiesta y con eso bastó para que creyeran que tenía motivos suficientes para estar deprimida y evitar verlas o hablar con ellas. Incluso se los pedí, les dije directamente que no me sentía bien y que necesitaba estar sola por un tiempo hasta poder reponerme. Por suerte lo entendieron y respetaron mi pedido, aunque con la condición de que si pasaba demasiado tiempo sin que mis ánimos mejoraran volverían a intervenir como lo hicieron aquella vez que me atrincheré en mi covacha tras mi despido.
Para lo único que tuve energías en esos días fue para ir de mi departamento al trabajo y del trabajo a mi departamento, es decir, sostener mi rutina diaria, nada más. En el consultorio no tenía demasiadas dificultades para estar tranquila y en mi propio mundo, porque Luna ya no estaba yendo y por su parte Kun, como siempre, era un hombre de muy pocas palabras, así que nuestras conversaciones sólo se limitaban a cuestiones laborales.
Sin embrago quien había estado bastante insistente durante esas semanas fue mi adorado Diamante, quien me llamaba o escribía casi todos los días. Me invitaba a salir, me pedía que nos reuniéramos, casi me suplicaba que volviéramos a vernos. Pero aunque me encantaba que fuera tan lindo conmigo, que me demostrara que le importaba, que quería verme de nuevo, que era un gran amigo, yo no tenía ánimos ni ganas de nada, así que rechacé cada una de sus invitaciones.
Hasta que un día, después de que me insistiera muchísimo a que asistiera a la inauguración de una exposición fotográfica de una amiga suya, tanto que casi me amenaza con no volver a hablarme nunca más en la vida, decidí ceder un poco en mi papel de mártir y acepté su invitación por fin.
Así que un viernes por la tarde, ya casi anocheciendo, después de salir del trabajo me dirigí hacia el sitio donde tendría lugar dicha muestra. Se trataba de una galería de arte que formaba parte de un prestigioso centro cultural que había abierto sus puertas hacía pocos meses y yo jamás había visitado antes.
Para variar, llegué bastante más tarde de la hora acordada. Y por lo que vi apenas entré a la sala de exposición, la inauguración ya había sido hacía rato. Así que muy pocas personas se encontraban en el lugar, las luces eran bastante tenues y una suave música ambiental aún sonaba de fondo. Recorrí toda la sala, cada rincón buscando a Diamante, y no logré encontrarlo por ningún lado. Intenté llamarlo varias veces pero parecía tener el celular apagado. Entonces cuando me resigné y decidí dejar de insistir en rastrearlo, me dispuse a observar con detenimiento las fotografías expuestas.
Había trabajos realmente interesantes, no sólo de la amiga de Diamante sino de distintos autores y con diferentes estilos y técnicas. Me detuve unos instantes frente a una imagen que me llamó la atención y estaba tan compenetrada en la obra que no me percaté de que alguien había llegado a mi lado. —Buenas noches, señorita —dijo la voz masculina de quien se había acercado a mí sin que me diera cuenta.
Y apenas volteé para ver quién era, sentí una alegría tan inmensa al reconocerlo que sin tener idea de qué me motivaba a hacerlo me abalancé sobre él para abrazarlo con fuerza. —¡Zafiro! —exclamé contenta—. ¡Hola!
Él también me abrazó. —Hola, Serena —me saludó riendo, probablemente mi efusividad lo habría tomado por sorpresa—. ¿Cómo estás?
Quiso separarse un poco pero yo no lo dejé, sino que lo abracé con más fuerza todavía. —Qué lindo verte… —dije con voz temblorosa—. ¡Qué lindo volver a verte! —no sabía por qué, pero me sentía intensamente emocionada con este encuentro. Quizás porque después de tantos días de estar aislada y deprimida necesitaba volver a estar con alguien, dejar de sentirme tan sola.
Y pareciera que él se dio cuenta de lo movilizada que estaba porque también profundizó el abrazo y comenzó a acariciar mi cabello. —Hey, ¿qué pasa? —murmuró con dulzura en mi oído—. ¿Te sientes bien?
No respondí, sólo asentí con la cabeza sin decir nada y no insistió más. Permanecimos así por un buen rato, abrazados en silencio, hasta que poco a poco me fui calmando y finalmente nos separamos. Cuando quedamos enfrentados Zafiro sonrió al verme y acarició con suavidad mis mejillas para limpiar las lágrimas que sin darme cuenta había soltado mientras nos abrazábamos. —¿Te sientes bien? —volvió a preguntarme.
Yo sonreía de oreja a oreja, me sentía tan feliz de volver a verlo… —Estoy bien, no me hagas caso. Sólo estoy algo sensible estos días y… ¿Qué haces aquí? ¿Estás con Diamante? —y miré hacia todas las direcciones para buscarlo.
—No, vine solo.
—¿Solo?
—Sí, porque… —carraspeó nervioso—. Porque mi hermano me llamó pidiéndome que viniera y me disculpara contigo por no presentarse. Porque le surgió otro compromiso de último momento y no pudo venir.
—Ah, qué lástima, tenía muchas ganas de verlo. Con razón no atendía mis llamadas. Aunque no era necesario que vengas personalmente, me hubieras enviado un mensaje.
—Sí, bueno, lo que pasa es que…
—Pero te lo agradezco —lo interrumpí tomándolo de las manos—, porque me alegra mucho volver a verte y ha sido una muy grata sorpresa encontrarte aquí.
—Para mí también lo fue —dijo con una sonrisa tímida, era tan adorable…—. ¿Y bien? ¿Has podido ver algo de la muestra? —soltó mis manos y dirigió su atención hacia la fotografía. Tuve la impresión de que se puso un poco incómodo o tal vez algo nervioso—. ¿Qué te pareció?
Opté por no preocuparme demasiado y seguirle la corriente. —Por lo poco que pude ver hay trabajos realmente increíbles, me gustaron mucho. Pero como llegué bastante tarde no pude apreciarlos a todos como es debido, quizás regrese otro día con más tiempo.
—Las fotografías estarán expuestas por algunas semanas, así que podrás regresar en otra ocasión.
—Ah, es bueno saberlo —dije al hojear el folleto que me entregaron cuando llegué—. Entonces volveré otro día.
—¿Y ahora tienes algo que hacer? —me preguntó—. Porque parece que ya están por cerrar.
Miré hacia la entrada de la galería y efectivamente ya estaban cerrando las puertas. —Es cierto.
—¿Quieres que vayamos a beber algo? Hay un bar temático aquí junto, ése está abierto hasta tarde y sirven un vino delicioso.
No me convencía del todo la idea. —Gracias, pero la verdad es que prefiero no beber, ya tuve suficiente con todo lo que tomé en el cumpleaños de Rubeus —recordé riendo—, así que quiero evitarlo por un buen tiempo.
—Comprendo —dijo algo desilusionado y meditó por unos segundos—. ¡Ya sé! ¿Te gusta el helado?
—¡Claro! Los dulces son mi debilidad.
—Entonces te llevaré a una tienda donde venden los helados más deliciosos de toda la ciudad, ¿qué dices?
—¡Me encantaría! —respondí contenta. Me colgué de su brazo y salimos juntos.
.
.
.
Fuimos caminando hasta un parque que había cerca donde se encontraba la heladería que con mucho entusiasmo Zafiro quiso que conociera. Compramos nuestros helados y paseamos un poco por el lugar conversando de cientos de cosas, bromeando, riéndonos. Me divertía mucho con él, me sentía muy cómoda y necesitaba tanto pasar un momento así de relajado e informal para tranquilizarme un poco, para olvidarme aunque sea por un rato de mis problemas y mis dolores de cabeza. Y con su agradable compañía me resultaba muy fácil conseguirlo, no podía sentirme mejor.
Después de recorrer bastante el parque y cuando terminamos nuestros helados, que por cierto estaban tanto o más deliciosos que lo que él me dijo cuando me invitó, los dos nos sentamos en una banca cerca de una pequeña laguna.
Era una preciosa y cálida noche, aún era temprano y había mucha gente en el lugar. Al quedarnos un momento en silencio yo me puse a observar todo lo que pasaba a nuestro alrededor. Había unos niños jugando a la pelota, un grupo de jovencitos conversando alegremente, algunas personas solitarias paseando sus mascotas y también, no muy lejos de nosotros, una pareja de enamorados. Eran muy tiernos, conversaban entre sí, se acariciaban, se regalaban algunos besos tímidos, se veían sencillamente felices.
Pero esta imagen me hizo volver a recordar lo que había vivido en los últimos días y sentí un punzante dolor en el pecho. Y me di cuenta de que no iba a tolerar mucho más seguir así, evitando lo que me molestaba, sin analizar fríamente y con algo de madurez lo que me pasaba, sin hacerme cargo de lo que realmente sentía.
Probablemente mi expresión cambió mucho o algo diferente Zafiro pareció percibir en mi actitud, porque cuando volteé a verlo noté que me miraba fijamente con preocupación. —¿Qué te anda pasando, Serena? ¿Te sientes bien?
Yo traté de disimular, lo estábamos pasando tan bien que no quería arruinar nuestro encuentro con mis dramas. —Sí, sí, estoy bien —dije con una amplia sonrisa—, ¿por qué lo preguntas?
—Porque de a ratos te noto un poco triste y además… Bueno, Diamante me contó que ha intentado hablar contigo muchas veces pero que has rechazado todas sus invitaciones, está muy preocupado por ti.
—Sí, fui algo descortés con él, por eso después de insistirme tanto accedí a venir hoy, es una lástima que no nos hayamos visto. Pero por suerte me encontré contigo y lo estoy pasando muy bien.
—¿En serio?
—¡Claro que sí! Eres un chico muy agradable.
—Yo también lo paso bien contigo. Aunque, bueno, en realidad vine porque mi hermano me pidió que lo hiciera. Como a él le surgió algo de último momento y tú al fin habías aceptado su invitación, no quiso cancelarte.
—Entiendo.
—Pero la verdad es que yo… Yo tenía muchas ganas de volver a verte —dijo con una tímida sonrisa.
Yo me conmoví hasta los huesos con sus dulces palabras y lo abracé emocionada. —¡Ay, eres tan lindo! Yo también tenía ganas de verte, pero recién me di cuenta cuando te apareciste en la exposición, fue una inesperada y muy agradable sorpresa —me separé un poco pero sin soltarlo—. Es increíble que estemos tan sincronizados.
Zafiro rió y se separó completamente de mí. ¿Sería que mis exageradas demostraciones de afecto lo incomodaban de alguna forma? —Bueno —volvió a hablarme—, ¿entonces vas a contarme qué te anda pasando?
—Nada, no me pasa nada, estoy bien, espléndidamente bien —respondí agrandando mi sonrisa.
—De acuerdo, voy a creerte.
Pero no pude resistirme más, necesitaba desahogarme con alguien inmediatamente o me iba a volver loca. Ya había pasado demasiado tiempo sola y sin poder resolver nada de lo que me pasaba. —Ay, Zafiro —dije afligida y lo tomé de las manos—, ya no puedo soportarlo más. ¡Me rompieron el corazón! —exclamé con dramatismo, creo que Mina habría sido más discreta que yo—. ¡Me rompieron el corazón en un millón de pedacitos y estoy desesperada!
—¿Por qué? ¿Qué pasó? —el pobre me preguntó alarmado.
Suspiré con pesar antes de responder. —Conocí al chico de mis sueños, me interesé en él y cuando creí que todo al fin era como quería, me rechazó. ¿Puedes creerlo? ¡Me rechazó sin compasión! —y ahora me tapaba la cara con las manos y negaba con la cabeza.
Él trató de descubrir mi rostro. —¿Pero qué fue lo que…
—Yo estaba tan ilusionada… —continué con mi desgarrador relato y volví a tomar sus manos entre las mías—. Al fin había descubierto todo lo que sentía y pensé que ya estaba lista para demostrárselo, para abrirle mi corazón, convencida de que él me iba a corresponder. Pero todo se fue al diablo apenas se lo dije, todo se arruinó y me rechazó.
—Espera, no estoy logrando entender con claridad. ¿De qué estás hablando? ¿Rompiste con tu novio o algo así?
—No, no es mi novio, nunca lo fue.
—¿Entonces es alguien que te gusta y…
—Es mi vecino —respondí—. Y no es que me guste, si sólo fuera eso sería mucho más fácil. Sino que en realidad…
—¿Estás enamorada?
—Sí, como una estúpida adolescente —volví a suspirar melancólica—. O al menos eso creía, porque la verdad es que ahora estoy muy confundida, ya no entiendo más nada, ya no sé si lo que siento es…
—A ver, detente un momento porque sigo sin comprender del todo. ¿Quién es él? ¿Qué pasó entre ustedes?
—Bien —decidí dejar el estilo dramático y desgarrador de lado y explicarle lo que sucedía con más calma y serenidad—. La cosa fue más o menos así. Cuando lo conocí yo estaba atravesando uno de los peores momentos de mi vida. Me acababan de despedir de mi trabajo ideal, al cual le había entregado años de esfuerzo y dedicación, y me sentía la mujer más miserable y fracasada del mundo. Pero cuando lo vi por primera vez, y sobre todo después cuando me enteré de que era mi nuevo vecino, me di cuenta de que hacía muchísimo tiempo que no me fijaba en nadie, que estaba muy sola. Y todo por culpa de mi trabajo, ¿entiendes?
—¿Y luego?
—Luego me enteré de que él estaba saliendo con alguien más y me desilusioné bastante, pero no quise rendirme. Estaba completamente decidida, la nueva meta para mi vida era tener un novio a como diera lugar y no dejaría de buscarlo donde sea hasta encontrarlo. Así que me reencontré con mi ex-novio, pero ya se había comprometido con otra chica. Después conocí a Diamante, pero tampoco estaba disponible.
—Vaya, una desilusión tras otra, debió haber sido duro.
—Pero eso no es todo, todavía no te conté la peor parte.
—¿Qué más pasó?
Demoré unos cuantos segundos en responder. Aunque me sentía muy cómoda y en confianza con él, aun siendo que hacía muy poco tiempo que lo conocía, éste delicado asunto no dejaba de ser un tema muy difícil para mí. Pero sabía que al hablar al respecto quizás podría llegar a superarlo de una buena vez o al menos empezar a comprender y aceptar lo que pasó para poder soltarlo definitivamente y dejarlo atrás. Porque eso era lo que quería, olvidarme de todo y seguir adelante con mi vida como si nada hubiera pasado. Pero me estaba costando tanto…
Inspiré profundo y me atreví a contarle todo al fin. —Una noche —retomé de nuevo mi relato pero en un tono mucho más centrado y serio que momentos antes—, más precisamente la noche del cumpleaños de Rubeus, cuando regresé a mi casa me encontré con él en el pasillo y me invitó a pasar a su departamento y conversamos mucho y… —me detuve al recordar lo que había pasado, cómo me había sentido, cuánto me había confundido.
—Por dios, Serena —dijo Zafiro asustado porque yo demoraba en volver a hablar—. ¿Qué pasó? ¿Acaso quiso aprovecharse de ti o algo por el estilo? ¿O es que estabas tan ebria que no recuerdas nada y…
—No, no —lo interrumpí enseguida antes de que se imaginara cualquier barbaridad—, nada de eso, no te alarmes, no pasó nada malo. Aunque, bueno, para mí fue… terrible —y solté otro pesado suspiro.
—¿Qué fue lo que pasó? —insistió impaciente.
—Me besó —respondí con voz apagada y él me miró con ojos enormes—. Y fue… fue mágico, fue tan perfecto… Me sentía inmersa en un hermoso cuento de hadas, él me trató tan bien, con tanta delicadeza… Todo era tan maravilloso y divino entre nosotros que en ese preciso instante me di cuenta de que estaba más que decidida a demostrarle lo que sentía, que ya no tenía más dudas, que ya no quería ocultarle más mis sentimientos. Simplemente lo supe y se lo dije.
—¿Qué le dijiste?
—Que lo amo.
—¡¿Eso le dijiste?!
—Sí, porque es lo que siento, porque estoy perdidamente enamorada de él, porque…
—¿Hace cuánto que lo conoces?
—No lo sé, dos meses o tres, no estoy segura.
—¿Y ésta fue la primera vez que pasó algo entre ustedes? —yo asentí—. ¿El primer beso? ¿El primer avance en estos términos? —volví a asentir—. ¿Y tú soltaste semejante confesión en un momento así?
—¿Tú crees que me apresuré? —pregunté temerosa.
—Sí, tal vez un poco. ¿Y cómo reaccionó él?
—¡Reaccionó muy mal! ¡Eso fue lo peor! Me rechazó, se echó atrás enseguida y me pidió disculpas. Me dijo un montón de cosas que ni pude registrar con claridad por lo nerviosa, humillada y avergonzada que me sentía. Así que le di una bofetada y me fui a mi casa.
—¡¿Lo golpeaste?! —preguntó desconcertado.
—¿Y qué querías que hiciera? ¡Estaba furiosa! —enfaticé—. Me sentía tan miserable y patética, fue muy humillante lo que pasó y él se portó muy grosero conmigo al rechazarme como lo hizo.
—¿Y después de eso volvieron a hablar?
—No, no volvimos a hablar más. Durante los siguientes días él intentó acercarse a mí por todos los medios. Me buscó, me llamó, hasta me dejó chocolates en la puerta de mi departamento, pero yo lo ignoré todas las veces —al recordar cómo Darien insistió tanto durante esas semanas en que volviéramos a hablar, me sentí un poco culpable por ser tan indiferente con él, pero tenía mis motivos—. Porque estoy muy ofendida, muy desilusionada y no quiero verlo ni en figuritas, ¿comprendes?
—Pero quizás él tenga alguna explicación válida para darte, alguna disculpa —¿Zafiro estaba defendiéndolo? Quería creer que no.
—Sí, seguro que sí —dije molesta—. Y ya sé lo que me va a decir: Que no quiere que confundamos las cosas entre nosotros, que sólo somos vecinos, buenos amigos, que no debimos cruzar ese límite tan delicado al besarnos, que todo fue un error, etcétera, etcétera, etcétera. Y yo no quiero eso, porque yo estoy enamorada de él, porque… —y de nuevo me callé para no seguir desvariando. O mejor dicho, para no remover mis emociones y así confundirme y angustiarme cada vez más.
—A ver, Serena —dijo Zafiro con calma después de unos minutos—. Creo que ahora entiendo un poco mejor lo que te está pasando y si me lo permites me gustaría darte mi opinión al respecto.
—Dime —accedí a escucharlo con la esperanza de que me ayudara a comprender lo que sentía, que me consolara y animara.
—Me parece que estás siendo demasiado… impulsiva —pero con lo primero que dijo no consiguió más que hacerme enojar—, que estás forzando la situación, hasta te estás forzando a ti misma para sentir cosas que quizás no…
—Yo no estoy forzando nada —refuté—, esto que siento es real. Yo lo amo, yo estoy enamorada de Darien.
—¿Pero no te parece que es algo pronto para definir lo que sientes por él como "amor"?
—No, no me parece —y lo pensé mejor—. Aunque, bueno, quizás sí me precipité un poco al decírselo. Más aún sabiendo que él es bastante escéptico y resistente sobre cuestiones amorosas, porque ha sufrido una experiencia muy dolorosa en el pasado y me dejó bien en claro que no está dispuesto a tener algo serio con alguien.
—Con más razón entonces, deberías considerar todo eso también. No sólo fuiste demasiado rápido al decirle lo que sientes sino que, por lo que dices, él no se encuentra en un buen momento sentimental.
—Puede ser —dije más tranquila, tal vez habría algo de cierto en lo que decía—, pero no deja de ser una situación muy frustrante.
Zafiro otra vez se tomaba unos cuantos minutos antes de volver a hablar. —Mira, yo creo que el amor no es algo que se pueda conseguir a la fuerza —reflexionó—. No puedes elegir de un minuto a otro de quién enamorarte, cuándo, cuánto ni cómo lo harás, como si fueras a comprarte un auto nuevo o algo parecido. No se trata de algo tan preciso y fácil de controlar, aunque tampoco es algo mágico. Sino que más bien es una decisión, una construcción entre dos personas que se eligen, que están dispuestas a estar juntas y acompañarse y ayudarse en pos de esa construcción. Y eso no se logra en un abrir y cerrar de ojos, al contrario, lleva mucho tiempo y dedicación.
—¿Entonces tú no crees en el amor a primera vista?
—No creo en los ideales, en los estereotipos de la pareja perfecta y el amor romántico para toda la vida. Esas cosas suceden al principio, la química, la pasión y todo eso. Pero lo verdaderamente importante viene después, cuando nos enfrentamos con la realidad, con la persona que realmente tenemos frente a nosotros y todos nuestros ideales se desvanecen.
—No lo sé —trataba de meditar sobre sus palabras, pero me resistía a aceptarlas—. Yo pienso que enamorarse es una experiencia tan hermosa, sentir mariposas en el estómago, pensar todo el tiempo en esa persona especial. El amor romántico es tan maravilloso…
—Lo es, pero también es algo muy superficial y pasajero, además de efímero. El amor verdadero es lo que sucede, si es que sucede, cuando todo eso desaparece. Y ahí está la cuestión más fundamental, en estar en verdad dispuestos a continuar apostando por la relación, construyendo algo más firme y duradero después de superar la etapa rosa del enamoramiento.
—Puede que tengas algo de razón.
—No sé si tengo razón, esto que te digo es simplemente lo que yo pienso, lo que aprendí de mis propias experiencias. Verás, cuando era más joven yo pensaba que mi único deber era graduarme como abogado en tiempo y forma, conocer a una hermosa e inteligente chica, casarme con ella, tener algunos hijos y dedicarme a trabajar para hacer una buena carrera profesional y mantener a mi familia. Estaba convencido de que eso era lo mejor para mi vida. Hasta que un día pasó algo que jamás hubiera imaginado y que me marcó para siempre: Mi hermano enfrentó a mis padres y les confesó que era homosexual.
—Debió haber sido muy difícil para él.
—No te imaginas cuánto. Mi familia era muy conservadora, mis padres eran unos exitosos profesionales y empresarios, y tenían puestas muchas expectativas en Diamante por ser el hijo mayor. Porque él debía ser el sucesor de la empresa familiar, el primero en graduarse, en casarse, en darles un nieto. Pero de pronto les salió con que quería ser diseñador, y lo peor de todo que se había enamorado de otro hombre.
—¿Y qué ocurrió? ¿Cómo reaccionaron tus padres?
—Estaban horrorizados, por supuesto. Lo echaron de casa inmediatamente, hasta le dijeron que no lo consideraban parte de nuestra familia.
—Pobrecito…
—Fueron muy duros con él, hasta yo mismo estuve muy decepcionado y enojado al principio. Pero con el paso del tiempo nosotros dos fuimos retomando contacto y recién ahí llegué a conocerlo de verdad. Me di cuenta de que era un chico sensible, solidario, con un gran corazón. Y que elegía ser quien era desde un lugar muy genuino, sin intenciones de confrontar a nadie, sin necesidad de transgredir ni pelear, simplemente hacer lo que le gustaba y estar con quien quisiera estar por eso, porque era lo que en verdad quería, no porque se rigiera por mandatos o ideales que nada tenían que ver con él.
—Qué admirable, no cualquiera es tan valiente.
—Es cierto. Yo desde entonces lo admiro muchísimo y he aprendido muchas cosas a partir de ver su trabajo, su modo de relacionarse con las personas, la forma en que volvió a acercarse a mis padres y conseguir que acabaran acepándolo de nuevo.
—Es una historia muy conmovedora.
—Y ha influido mucho en mí. Porque por más que yo haya seguido los pasos de mi padre y me convirtiera en un abogado, no me dediqué a la empresa como debí haberlo hecho sino que abrí mi propio estudio. Y no sólo quiero poder hacer las cosas a mi modo en mi trabajo sino también en todo lo demás. Porque ya no quiero aspirar a tener una esposa ideal, una familia perfecta. Sino que quiero encontrar a una persona real, con tantos o más defectos que yo, que me acepte tal cual soy, que no espere que sea el mejor ni que me rechace por ser el peor. Alguien con quien construir un amor de verdad, un amor real, no idealizado.
—Es muy lindo lo que dices y estoy segura de que algún día encontrarás a ese hombre con quien compartir tu vida como realmente lo deseas. Porque eres un chico tan adorable, con unos principios tan sólidos y claros…
De nuevo lo noté algo incómodo. —Bueno, cuando digo que quiero conocer a alguien así no me refiero precisamente a…
—Eres muy maduro para ser tan joven —señalé.
—No, no lo creo.
—¿Qué edad tienes?
—29.
—¡¿En serio?! ¿Entonces Diamante cuántos años tiene?
—32.
—¡Oh, por dios! ¡No lo aparenta para nada! ¡Tú tampoco!
—¿Y tú cuántos años tienes?
—24, pero tengo la edad mental de una quinceañera.
Zafiro echó a reír. —No seas tan dura contigo, eres una gran chica, Serena. Eres espontánea, extrovertida y muy sensible, ésas son unas cualidades muy valiosas.
—¡Ay, y tú eres tan lindo! —volví a abrazarlo y le di un ruidoso beso en la mejilla, haciéndolo reír más.
Sin dudas este chico era sumamente adorable y compartir esta profunda plática con él mi hizo tan bien, me sentí muy contenida, comprendida, jamás esperé que las palabras y los consejos de alguien a quien acababa de conocer me ayudaran tanto.
Aunque si bien todavía tenía muchas dudas sobre lo que me pasaba, sobre lo que había ocurrido entre Darien y yo, y sobre lo que podía suceder de ahora en adelante, hablar con Zafiro, abrirme con él y darme cuenta de la increíble persona que era me sirvió para tranquilizarme un poco. Pero aún había mucho más por descubrir.
.
.
.
Un poco más tarde, cuando Zafiro me acompañó a mi casa, ambos conversamos y reímos por unos instantes más frente a la entrada de mi edificio. Esa noche habíamos compartido un muy agradable y distendido encuentro, y creo que en cierta forma a los dos nos costaba tener que separarnos.
Antes de despedirnos platicamos sobre temas ligeros por un buen rato hasta que en un momento nos quedamos en silencio. Yo me dispuse a observarlo con detenimiento y de nuevo me preguntaba por qué su rostro se me hacía tan familiar.
Él sonrió con timidez. —¿Qué pasa? ¿Por qué me miras así? —preguntó un poco avergonzado.
Yo estaba cada vez más convencida de que se parecía muchísimo a Darien, ésta no era la primera vez que lo notaba. Pero ahora no era precisamente eso lo que me pasaba, porque tenía la sensación de que esa hermosa sonrisa y esos dulces ojos ya los había visto en otra ocasión. —¿Tú y yo… —no sabía cómo preguntárselo sin que pareciera que estaba alucinando o algo por el estilo—. ¿Acaso nosotros nos conocemos de antes?
Zafiro volvió a sonreír. —¿No lo recuerdas?
—No —respondí asombrada. ¿Entonces era cierto? ¿Ya nos conocíamos? ¿Pero cómo era posible que yo no me acordara de nada?
—Hace varios meses atrás —relató en tono misterioso—, yo estaba muy tranquilo sentado en la mesa de un café revisando unos documentos antes de ir a una reunión de trabajo. Y estaba tan concentrado en lo que leía que cuando menos me lo esperaba una chica muy simpática y parlanchina se sentó a mi lado y…
—No puede ser… —dije casi sin voz. Poco a poco lograba recordar.
—Fue una situación muy divertida —comentó riendo—, porque parece que esta chica me confundió con otra persona y se notaba que estaba muy nerviosa. Hablaba sin parar y no me dio tiempo a explicarle lo que…
—¡No puede ser! ¿Eras tú? —finalmente conseguí acordarme de todo, Zafiro asintió sin dejar de reír—. ¿Tú eres aquel adorable y encantador joven que confundí con mi cita? —no podía creerlo, él era nada más y nada menos que el mismo chico que tiempo atrás yo había confundido con el amigo de Mina, aquel con quien tuve una 'cita a ciegas'. Jamás me había olvidado del extraño a quien le hablé hasta por los codos antes de caer en la cuenta de que había sido una confusión. Es más, hacía muy poco le había contado esta misma y graciosa anécdota a Darien.
—Cuando apareciste en el cumpleaños de Rubeus —siguió Zafiro— creí reconocerte enseguida, aunque casi no me parecía posible. Pero en el transcurso de la noche, después de que conversáramos tanto, ya no tuve más dudas. La forma en que me hablabas, tus ocurrentes comentarios, tu modo tan gracioso y desenvuelto, definitivamente eras la misma chica de aquel café.
—No puedo creerlo, ¿por qué no me dijiste nada?
—Porque pensé que te habías olvidado, no creí que fuera necesario mencionarlo.
—No me olvidé, jamás olvidé a ese chico que me cautivó al instante y eso que no llegó a decirme nada, pero tenía una sonrisa tan hermosa, tan dulce y unos ojos azules tan bonitos… —a medida que lo describía y lo miraba fijamente, Zafiro volvía a sonreír con timidez, ¿acaso podía ser más adorable?—. Qué increíble, ¿cómo no me di cuenta que eras tú? Claro, porque usabas anteojos, ¿será por eso? —en realidad no lo había notado porque era una completa despistada, ésa era la única explicación, pero no lo reconocería tan fácil.
—Puede que haya sido por eso, ahora uso lentes de contacto —me explicó.
—Claro, tiene que ser eso.
—Yo tampoco pude olvidarme de aquella chica —dijo con un dulce tono de voz mientras se acercaba más a mí—. Porque también me sentí cautivado por ella al instante y temí que jamás volvería a verla. Pero cuando apareciste en la fiesta y te reconocí fue tan inesperado y tan… —llevó una mano a mi rostro y me acarició con suavidad—. Me alegra tanto haberte encontrado de nuevo…
—El mundo es muy pequeño —dije emocionada al tomar la mano que tenía sobre mi mejilla.
—Lo es…
Zafiro se puso muy serio y se fue acercando cada vez más a mí, lo cual me pareció bastante extraño. ¿Por qué se estaría comportando así conmigo? ¿Tanto le agradaba? ¿Tanto se alegraba de volver a verme? Yo también me sentía muy feliz por nuestro reencuentro, sobre todo porque nos lleváramos tan bien, porque estuviéramos haciéndonos tan buenos amigos. Pero la forma en que me miraba era muy diferente a la de un amigo, no entendía lo que estaba pasando.
—Oye… —retrocedí un poco cuando su cercanía empezó a ponerme nerviosa—. Zafiro, yo…
Él suspiró al captar mi inquietud y dejó de acariciarme. —Serena, hay algo muy importante que me parece que debería aclararte, algo que creo que has interpretado de una manera que no es.
—¿Qué cosa?
—Yo no soy gay.
—Está bien, yo no tengo ningún problema con eso, cada quien es libre de elegir… Espera —me callé de repente al comprender lo que acababa de escuchar—. ¿Dijiste que no eres gay? —necesitaba estar segura, necesitaba que me lo confirmara inmediatamente.
—Eso dije.
—¡¿Cómo que no eres gay?! —exclamé sobresaltada tras semejante revelación.
—No, no lo soy.
—Pero… pero… —no podía creerlo, yo estaba convencida de que sí lo era. No tenía idea de por qué, pero estaba segurísima de que así era—. Entonces… Si no eres gay, entonces… ¿Acaso eres bisexual? —tan equivocada no debía estar, tenía que ser eso.
—No, tampoco soy bisexual.
¡Oh, por dios! —Pero… pero…
—Me gustan las mujeres.
—Pero… Entonces… Pero entonces si no eres… Y te gustan… Entonces… —mi cabeza era un lío tremendo, intentaba procesar lo que me estaba diciendo, pero me costaba mucho aceptarlo—. Ay, dios, ya no entiendo más nada…
—Tú me gustas.
—¡¿Qué?! —esto se estaba poniendo cada vez más y más confuso. ¿Yo le gustaba? ¿Como mujer? ¡Eso no podía ser cierto! ¡Jamás me lo hubiera esperado! ¿Cómo podía ser que nunca lo haya notado? ¡Y peor aún! ¡Recién ahí me di cuenta de que hasta hacía unos minutos me la había pasado abrazándolo y besuqueándolo como si fuera una de mis mejores amigas! ¿Podría acaso ser más cabeza hueca?
—Lo que quiero decir es que… En realidad necesitaba dejar esto bien en claro lo antes posible porque yo… Porque en verdad me gustas, Serena.
—Yo… Yo no… No sé qué decir… No sé… —volví a titubear como idiota.
—Entiendo que quizás éste no sea un buen momento para ti, porque hoy me dijiste que estás interesada en otra persona, pero tal vez…
—Tú también me gustas —lo interrumpí y traté de reflexionar con más calma—. Claro que me gustas y me siento muy bien contigo, me siento… Pero es que… Lo que pasa es que yo no pensé… Jamás se me hubiera ocurrido que en realidad tú… Lo siento —me disculpé apenada—. En verdad lo lamento, Zafiro, yo en verdad creía que eras gay y nunca pensé que te fijarías en mí, jamás se me cruzó por la cabeza algo así.
—Bueno, ahora que ya lo sabes espero que las cosas no cambien entre nosotros, que sigamos viéndonos, que podamos compartir tiempo juntos, conocernos mejor. Al menos como amigos, como hasta ahora, ¿qué te parece?
—Sí, creo que… me parece que… está bien, sigamos siendo… amigos.
—De acuerdo.
De nuevo permanecimos en silencio. Por suerte poco a poco pude volver a sentirme otra vez cómoda y a gusto como al principio y tuve la impresión de que Zafiro también se sentía así, o al menos eso quería creer. —Bien, ya tengo que irme —me dijo tras una larga pausa.
Yo suspiré y lo miré a los ojos con una tranquila sonrisa. —Claro.
—Adiós, Serena —otra vez se acercó a mí y me regaló un suave beso en la mejilla, pero lo hizo tan cerca de mi boca que casi rozó la comisura de mis labios con los suyos.
—Adiós, Zafiro —opté por hacerme la distraída y apenas nos despedimos entré al edificio lo más rápido que pude.
.
.
.
Mientras atravesaba el pasillo intentaba repasar en mi mente todo lo que me había pasado ese día y me percaté de que mi cabeza daba vueltas como una calesita descompuesta. Más todavía cuando llegué a la puerta de mi departamento y encontré en el suelo una nueva barra de chocolate que seguramente Darien había vuelto a dejar ahí como lo hizo en varias ocasiones durante esas semanas.
Alcé el chocolate del piso y lo apreté contra mi pecho mientras volvía a pensar en él. Y recordé lo que pasó entre nosotros, cuando me habló de su pasado, cuando me besó, cuando reaccionó tan mal al escuchar mi confesión, cuando insistió en hablar conmigo las últimas semanas y yo lo ignoré olímpicamente. Y también recordaba todo lo que me dijo Zafiro sobre su particular perspectiva del amor y las relaciones, cuando me aclaró que no era gay y me dijo que yo le gustaba.
Y trataba de entender, de sacar alguna conclusión de todo esto, de saber qué rayos me pasaba, cómo me sentía ahora que de nuevo la realidad se me imponía de una manera tan rotunda, tan clara que sentía que todos mis esquemas tambaleaban. Y me preguntaba… ¿Por qué no era capaz de ver con claridad lo que sucedía frente a mis ojos? ¿Por qué me costaba tanto aceptar las cosas tal cual eran? ¿Acaso podía llegar a ser tan ilusa y fantasiosa, a alcanzar semejante nivel de absurdo y patético idealismo e inmadurez?
Estaba tan metida en mis confusos y enredados pensamientos que no me percaté de que alguien estaba tras de mí y casi pego un salto por el tremendo susto que me di cuando me tocó el hombro para captar mi atención. —¡Maldición! —grité exaltada al voltear a ver quién era—. ¡Rayos, Darien, casi me matas del susto! —le reproché sin medir mis palabras.
—Lo siento —se disculpó enseguida y yo me arrepentí por haberle gritado—. Te llamé varias veces, pero parece que no me escuchabas.
—Es que estaba… —solté un pesado suspiro y no se me ocurría qué excusa inventarle—. Discúlpame, estaba distraída, no te oí —dije más tranquila.
Darien también sonrió y suspiró aliviado. —Por fin, Serena…
—¿Eh?
—Por fin has vuelto a dirigirme la palabra, ya me estaba volviendo loco.
Tenía razón, yo acababa de romper mi voto de silencio sin darme cuenta. Aunque la verdad no tenía demasiado sentido continuar así, él había insistido tanto en volver a hablar conmigo, en darme una explicación y disculparse por lo que pasó, que ya no valía la pena seguir torturándolo con mi indiferencia. —Gracias por los chocolates —dije con sinceridad—, no debiste comprar tantos —intenté bromear.
Pero él no se rió. —Es que tenía que demostrarte de alguna manera que quiero arreglar las cosas contigo, que necesito explicarte lo que…
—No es necesario, Darien —lo interrumpí antes de que siguiera insistiendo. No tenía ganas de escuchar sus excusas, sus justificaciones. Quería dejar todo atrás y hacer de cuenta que nada había sucedido, eso tenía que ser lo mejor para los dos—. Todo está bien, ya no estoy más enojada ni ofendida. Mejor olvidémonos de lo que pasó y sigamos adelante, ¿puede ser?
—Pero Serena…
—En serio, Darien, no hace falta hablar de esto, dejémoslo atrás y sigamos siendo…
—¿Amigos?
—Sí, amigos, porque eso es lo que somos, ¿verdad?
Él asintió serio y por fortuna no insistió más. Siguió mirándome en silencio y yo deseaba verlo sonreír de nuevo, pero no lo hizo.
Y aunque creía todo lo contrario, en ese momento todavía no era consciente de que las cosas entre nosotros nunca más volverían a ser como antes. Que a pesar de que intentáramos entendernos en términos amistosos jamás lo lograríamos, porque entre ambos se había generado algo mucho más fuerte y profundo que una amistad, sólo que aún no lo sabíamos, o más bien nos resistíamos a reconocerlo.
Porque yo había empezado a dudar de mis sentimientos, esos que le demostré sin titubear cuando me besó aquella noche, porque no quería volver a ilusionarme en vano, no quería sufrir por un desamor. Y consideraba que ser buenos amigos era la única y mejor alternativa para los dos.
—Adiós, Darien —dije al abrir la puerta de mi departamento, dando por terminada nuestra conversación.
—¿Por qué llegas tan tarde? —me preguntó antes de que entrara.
Volteé enseguida. —¿Qué?
—¿Tuviste una cita?
—¿De qué estás hablando?
—Es que recién estaba en la cocina lavando unas cosas y sin querer los vi por la ventana.
—¿Estuviste espiándome? —pregunté con desconfianza.
Darien echó a reír. —No, Serena, te digo que fue sin querer. Justo estaba en la cocina y oí que un auto se detenía, así que me fijé por la ventana y te vi hablando con alguien —yo también reí divertida al imaginármelo espiando por la ventana como una vieja chismosa—. ¿Y bien? ¿Cómo estuvo tu cita? —preguntó en tono desafiante.
No podía creer lo que oía. —No fue una cita —respondí con total naturalidad—, sólo me reuní con un amigo muy querido —¿para qué le seguía la corriente? ¡No tenía por qué explicarle lo que acababa de hacer!
Igualmente él pareció conformarse con mi respuesta. —Está bien.
Yo puse los ojos en blanco, estaba tan agotada metal y emocionalmente que ya no tenía ni una neurona disponible para entender sus planteos. —Adiós, Darien —volví a despedirme.
—Te besó.
—¡¿Qué?!
—Vamos, Serena, acabo de verlos, no lo niegues.
—¡Por dios, Darien, eres exasperante!
—¿Pasa algo entre ustedes? ¿Él es tu nuevo galán o algo así?
—No voy a responderte, ¿sabes? No tengo por qué rendirte cuentas de mi vida sentimental, así que piensa lo que quieras —respondí simulando estar molesta, pero en realidad lo estaba provocando a propósito, para ver hasta dónde era capaz de llegar.
—De acuerdo —dijo poco convencido. Era muy evidente que él sí se había enojado de verdad, aunque yo no tenía idea de por qué—, no volveré a preguntarte nada. Pase lo que pase, lo más importante es que tú te sientas bien.
—Yo me siento muy bien, no te preocupes por eso —aseguré.
—¡Genial! —dijo con una fingida sonrisa y yo cada vez entendía menos—. Entonces… Buenas noches, vecina —regresó a su puerta.
—Buenas noches, vecino —lo saludé con una gran sonrisa y sin decir nada más cada uno entró a su respectivo departamento.
Bueno, bueno… Parece que ahora sí Darien tiene un verdadero rival… Será que Serena le dará una oportunidad a Zafiro? Darien se habrá sentido aunque sea un poquito celoso? Qué les pareció? Cuenten, cuenten! :P
A continuación, van mis respuestas a sus rws:
-yssareyes48: las cosas siguen algo indefinidas e inciertas entre nuestros queridos protagonistas, pero parece que Serena está considerando pensar mejor las cosas antes de actuar y volver a mandarse otro "bolazo", ja!
-C-ELF: regresó Zafiro! y parece que a Darien no le simpatizó mucho lo que vio, o creyó ver, que pasaba entre él y Serena…
-marisol: Darien siente algo por Serena, pero es bastante testarudo el chico y todavía no lo demuestra con claridad…
-Lorena: parece que a partir de ahora Serena va a estar más cautelosa, al menos tiene muuuucho en qué pensar, tanto de Darien como de Zafiro.
-FERSERENITY: Serena evitó a Darien por un tiempo, pero otra vez parece haber aflojado, aunque creo que no demasiado…
-romi: las cosas aún siguen tensas entre Darien y Serena, pero quizás poco a poco empiecen a aflojar.
-kaguya: no sabemos si Serena va a empezar a salir o no con Zafiro, pero podemos pensar que Darien sí se puso un poco celoso…
-Camony: bienvenida a mi locura! y muchas gracias por tan halagadoras palabras, espero que te haya gustado el cap de hoy.
-Miriam Ortiz: Serena logró recuperarse bastante bien, y Darien sigue en plan "amigo" pero parece que ya le está costando…
-Ana: Darien continúa bastante resistente, por más que insista en hablar con Serena y arreglar las cosas entre los dos. y ella volvió a ceder un poco, igual creo que esta vez fue muy diferente. pero todavía no resuelven del todo sus diferencias.
-Bepevikn: después de los sustos y tropiezos de nuestros protagonistas, hoy las cosas un poquitito se calmaron… pero todavía hay ciertas tensiones que no se resuelven.
Bueno gente querida, ahora sí me despido… Gracias a todxs por sus comentarios, alertas y visitas! Estoy muy contenta por la recepción que sigue teniendo esta locura mía y por el apoyo que me brindan! Espero seguir entusiasmándolxs con la lectura… Y que me dejen sus rws :)
Besotototes per tutti! Y hasta pronto!
Bell.-
