Capitulo 10: Una buena solución a todos los problemas.

La pequeña se despertó en su cama por la mañana, con un hambre aroz y con ganas de empezar el día. Entonces, se puso sus zapatillas y bajó las escaleras hacia el hall. Oía una risa, pero ¿de donde?

Corrió por el pasillo y llegó a la cocina. Allí estaba Pansy, riendo como una loca. La niña frunció el entrecejo.

-¿De qué te ríes tu en tu hora de trabajar?
-¿Que te importa?, tengo derecho a reírme –le dijo de malos modos-. En esta casa al servicio no se le tiene prohibido –sacudió su rubia y larga melena, y meneó con la gracia propia de una princesa sus caderas, haciendo ondear su uniforme verde botella-.
-¿Ah, si? ¿De que, si puede saberse, doña "estaba-en-lo-mas-alto-y-ahora-me-dedico-a-fregar-suelos"? –replicó la niña-.
-De Hermione, por supuesto –contestó, escupiendo veneno en sus palabras-. Acaso cree que por ser ahora mi superior en la casa puede tratar como se le plazca a mi Draquitín. Que desilusión mas grande se va a llevar cuando mi querido bomboncito le diga unas cuantas verdades para ponerla en su sitio… -dijo la rubia, fregando los platos con mas fuerza que la que debiera-. Esa no sabe con quien se está metiendo. ¡J a! como si no hubiera tenido bastante con quedarse encerrada en horas de trabajo y en sitios impropios, que ahora se dedica a tratar a mi draquitín como si fuera una mas de la familia…

La pequeña sintió como se ponía roja de la ira. De su Hermione… se reía de SU Hermione. No podía tolerarlo. Saltó a la cabeza de Pansy y comenzó a golpearla y tirarle del pelo. La muchacha estaba atónita, intentando quitarse a la niña furiosa de encima.

Narcisa, que en ese momento se acercaba por el jardín que daba a la cocina por sorpresa para pedir un desayuno, vio la escena. Dudó: Después de todo, esa mujer no le caía bien. Pero claro, no podía dejar que se debatiera con una niña pequeña, así que sacó su varita y atrajo a la niña entre sus brazos. La miró con cierto desprecio y le preguntó:

-Se puede saber que le has dicho para que se ponga así contigo?
-Pues…
-Se estaba riendo de Hermione, tía –le dijo la niña tragando saliva-. Ha dicho que el primo Draco le pondrá las cosas en su sitio… Y no quiero que se rían de Hermione, porque ella es buena. Y tú –señaló a Pansy-, tú eres muy mala.
-No digas eso. Parkinson, hazme un desayuno irlandés. Y por favor, no le digas esas cosas a la niña –dijo con una mirada reprobatoria.

En la habitación de Hermione, la castaña se ponía una vez mas el uniforme de Pianista, con una capa para el frio que hacía por la mañana. Mientras atinaba a entrar por el vestido desde abajo, Malfoy entró sin llamar a la puerta y ella no pudo reprimir un grito.

-¡Por Merlín, Señor Malfoy! ¿Quiere hacer el favor de llamar a la puerta antes de entrar? –dijo ella, escondiéndose inconscientemente detrás de la cortina-.

-De acuerdo, si tu quieres hacer el favor de dejar de esconderte de mi en ropa interior para que luego te vea todo el que mire por la ventana –comentó divertido. Ella se apartó rápidamente y trató de subirse el vestido lo mas rápido que pudo. A Draco no le pasó desapercibido que el vientre de Hermione estaba un poco curvado a esas altura del mes-. ¿Cómo te encuentras?

-Me encuentro perfectamente –replicó ella, casi torciéndose las muñecas intentando cerrar su cremallera. Cuando por fin lo consiguió, se ató la capa marrón al cuello con toda la dignidad que le fue posible-.

-Bien, porque recuerda que hoy es tu dia libre –dijo el chico-.

-En realidad casi todos los días son libres. Sólo toco cuando me lo pide usted, por las noches, antes de ir a dormir –dijo ella, molesta-. Y aun no ha dado mas fiestas, ni almuerzos, ni reuniones importantes ni nada.

-Bueno, pues mejor para ti, no? Cobras por mes y no por día, así que no será descontado de tu sueldo… y ya puestos, piensa que en unos meses tendrás la baja por maternidad –le recordó, abriendo la puerta caballerosamente. Hermione salió primero y bajó las escaleras casi con prisa. El chico la siguió de cerca, conriendo.

Cuando llegaron a la cocina para pedir el desayuno, encontraron a Alice tirando de la taza de café con Whisky de su tía, y a ésta retándola por el lado contrario.

-¿Que está pasando aquí? –preguntó el rubio, sentándose en la encimera de la cocina. Hermione fue con Anne a desayunar en la mesa del servicio, para ponerla al día de todo lo que había pasado la noche anterior y de cómo avanzaba su embarazo.

-mamá, ¿Qué haces tan temprano encasa y sin avisar?

-Oye, maleducado, ¿Tengo que recordarte que, si no llegara a ser por mi,tu no vivirías en mi casa? –le reprendió la mujer. Por fin consiguió quitarle la taza a la niña y sorbió un poco de su café, ya casi frio-.

-además, si yo me voy, alguien tiene que hacerte bulto en casa, primo Draco –dijo la niña, con cara de sabihonda-.

-Que cosas tienes, pequeña, tu no haces bulto –sonrió el chico. Se sentó a desayunar con su familia mientras era observado con atención por Hermione y Anne, que desayunaban unas humildes tostadas con tomate y jamón-.

-¡Te digo, Hermione, que no comprendo cómo has llegado a meterte en un marrón semejante! –dijo Anne, hablando en voz baja para que la familia Malfoy no los escuchara-.

-Tampoco es para tanto, mujer… solo fue un desliz que no ha vuelto a ocurrir –dijo despreocupada-.

-Hermione, es un desliz del que, dos meses después, te has enterado que podría haber acabado en embarazo –la morena dio un sorbo a su zumo de naranja-. Solo quiero que tengas cuidado. El Señor Malfoy nunca ha traído a nadie especial a casa y no sé cómo puede ser con las chicas.

-No te preocupes por mi –dijo la castaña, terminándose su tostada y dándole un beso en la mejilla-. Tu vuelve al trabajo y hazle la vida imposible a Pansy por mi, ¿De acuerdo?

-De acuerdo –sonrió la chica-.

-Señora Malfoy, Señor, Alice, voy a dar un paseo por los alrededores antes de empezar con mis tareas –anunció Hermione. Disimuladamente vio como la señora Malfoy le preguntaba sin hablar por como se encontraba, a lo que ella respondió también mudamente "acompáñeme"-.
-Te acompaño, querida. Alice, cielo, soportarás a tu primo durante mas o menos una hora?
-Si, creo que si. La pregunta es: ¿podrá el soportarme a mí?

Los cuatro rieron, y Hermione se encaminó disimuladamente con la señora Malfoy hasta la verja de entrada de la mansión. Allí, entre charlas y parloteos, llegaron al callejón donde se aparecían, y fueron a la revisión mensual de San Mungo.

Draco se quedó solo con La pequeña Alice. Le enseñó todo el jardín, los alrededores, las habitaciones infantiles de juego que el frecuentaba cuando era niño en aquel lugar… incluso fueron a ver el huerto, pero pronto le quedó bien claro a Draco que su prima quería hablar de cosas mas… "importantes".

-Primo Draco, ¿por que no eres sincero conmigo? –le preguntó, poniendo pucheritos-.

-No entiendo lo que me quieres decir –disimuló el chico-.

-Sabes perfectamente que sé que algo pasa entre Hermione y tú, y que no me lo quieres contar.

-No pasa nada, Alice, te lo prometo. Es más, ni siquiera hemos salido ni una ola vez, y no hemos estado juntos… casi de ninguna manera –se limitó a decir el chico-. Simplemente es una antigua compañera de colegio con la que me llevo bien y que trabaja para mí.

-Draco, eso no me lo puedo creer ni yo, que tengo cinco años –dijo la niña, con el ceño frundido-. ¿Y no habeis hecho cositas?

-¿Cositas como? –preguntó con una ceja alzada el chico-.

-Si, ya sabes, cositas… -la niña sonrió y alzó las dos cejas, dando a entender todo lo que sabía y no podía decir con palabras mas expresivas-.

-Fin de la conversación, Alice –le reprendió su primo-. No puedes ir haciendo insinuaciones tan indiscretas, porque pueden dar pie a malentendidos.

-¿Que es eso? –preguntó tímidamente. El chico comprendió que estaba arrepentida y que quería cambiar el tema de conversación. Aun decidido a ser duro con ella, cuando vio que señalaba una planta parecida a los dientes de león, pero con una flor verde que soltaba pelusas al aire, su semblante se ablandó-.

-Eso es la planta que nos proporciona los polvos flú –explicó el chico. Ella se acercó y tocó una de ellas. Froto los dedos, que se habían vuelto verdes y brillantes, y sonrió-.

-¡guay! –dijo la niña saltando, y corrió hasta la fuente del centro del jardín para enjuagarse las manos.

En ese momento, una voz de "hemos vuelto" alertó a Draco, quien se había quedado mirando a la fuente, mientras pensaba. "aquella fuente podría ser mi solución…" se dijo, "porque si le pregunto, ¡me dirá la verdad!". Corrió hacia la niña, y juntos se fueron a ver a Hermione y la "tía Narcisa".

-Bueno, que, ¿vamos a jugar? –le propuso Hermione a la niña, pero de pronto se corrigió-. Oh, no puedo, me han mandado reposo.
-¿Por qué? –preguntó la rubia con interés. Hermione se quedó sin habla, y ahí intervino Narcisa-.
-Porque esta enferma, le duele mucho el estomago, y le han dicho que no haga esfuerzos –miró a Draco, y le guiñó un ojo, como haciéndole saber porque era en realidad-. Vamos, cariño, yo jugaré contigo hoy. Dejemos descansar a Hermione –en cuanto su madre y su prima se alejaron a una distancia prudencial, el chico se acercó a la ojimiel-.
-Hermione –dijo Draco al ver que se iba-. Tengo que hablar contigo.
-Si, claro –se paró y caminó hacia el. Éste la invitó a pasear junto a él, y ambos caminaron dando un paseo por el camino de tierra que llevaba hasta la entrada de la casa-. ¿De que se trata?

-Verás, he tenido una… una idea.

-La ultima vez que escuché eso en Hogwarts a escondidas tuve que asustarme –bromeó ella-. Dime, ¿de que se trara? –repitio-.
-Pues veras, ¿recuerdas la fuente del jardín, en el centro?
-Si… ¡Ah! ¡Ya lo entiendo todo! –Dijo Hermione antes de dejarle seguir-. Quieres que le pregunte de quien es, ¿no?
-¡Si! Que crees, ¿es buena idea o no? –preguntó mirándola a los ojos y agarrándola suave por los brazos. En ese momento, sus miradas se detuvieron. Sus rostros se iban acercando lentamente, y Hermione notaba su respiración, su aliento fresco, su aroma… El chico notaba el calor de su cuerpo, sus ojos color miel, sus labios jugosos. La cogió de la nuca, y se inclinó hacia ella. Esta le agarró el cuello. Una tos los interrumpió. Draco agachó la cabeza, murmurando algo. Hermione alcanzó a distinguir la palabra "inoportuno".

-¿Interrumpo algo? –Preguntó Narcisa-. Lo siento.
-Pues si, interrumpes algo –dijo fastidiado Draco, y volvió a mirar a la castaña, que jugueteaba con sus dedos en su falda mientras agachaba la cabeza, roja de vergüenza-. Bueno, que dices, ¿es buena idea? –preguntó de nuevo el rubio, mirándola-.
-Si. –contestó al poco-. Pero… creo que primero debo… reflexionar un poco sobre ello, si te parece bien.
-¿pensar… en ello?
-Claro! Ten en cuenta que es una decisión importante para la que tengo que… prepararme. O es tu hijo y somos felices para siempre, o es hijo de Ron y tendré que llevar una sufrida vida de madre soltera. –miró al suelo. Era más fácil observar la tela de sus zapatillas-. No quiero que me coja de sopetón.
-Bueno –dijo Narcisa, volviendo a interrumpir-. Yo venía para decir que la niña se va ahora mismo, así que…
-Oh, es cierto –dijo el chico, y salió corriendo hasta la casa, dejando a las mujeres solas en la puerta principal-.
-Iré a despedirme –dijo Hermione con tono inexpresivo. Corrió todo lo que le permitía el estado de reposo que el medico le había prescrito, cruzó el vestíbulo y subió las escaleras intentando no forzar demasiado. Cuando llegó al piso correspondiente, no pudo evitar darse un poco mas de prisa. Entró al salón: La niña ya se había ido.

*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*

Pasaban los cinco meses de embarazo y Hermione no quería preguntarle a la fuente: tenía miedo. Pero tampoco se iba a quedar en ascuas hasta el parto. El parto… esa era otra razón por la que quería retrasar el momento de saber que es lo que iba a nacer de su interior: Era madre primeriza, y tenía miedo del parto, del dolor, y de que algo saliera mal. Tener un medico al lado la conciliaba un poco, pero se llevó una buena regañina por parte de la señora Malfoy por pensar aquello. Hermione se decidió una tarde y fue a la fuente al fin, pero solo se sentó en un banco cercano, mirando a la fuente como si esta pudiera levantarse y huir de allí. Más que preocupada, la miraba con la esperanza de que precisamente eso pasase. Se levantó y miró al cielo: Estaba muy gris para ser Agosto, pero ya se podían vislumbrar en el cielo las nubes que darían paso a las lluvias de otoño, aquel año antes de tiempo. Cogió una flor rosa, y la olió: Su aroma era delicioso. Pensó que, para entretenerse, podría hacer una poción divertida, pero no se le ocurría ninguna. En los años de EXTASIS podría haberlas echo, porque Slughorn era un profesor muy bueno. Lastima que se jubilase aquel año, decidiendo que una vez finalizada la guerra tenia derecho a vivir tranquilo y descansar.

Echó a andar, una voz lejana le avisaba que se iba al trabajo. Ella con un "de acuerdo, señor", siguió caminando. Estaba temblando en nerviosismo puro, y pensó si eso sería bueno para el bebé. Siguió caminando, y se paró justo en frente de la fuente. Se quitó los zapatos: Para asegurarse, entraría dentro si hacía falta. Aunque se echó un poco atrás, así que se volvió a colocar los zapatitos de tela en los pies, pensando desesperadamente: "¡¿que debo hacer?" Una voz familiar la sacó de su ensimismamiento.

-¿De verdad no quieres saberlo?

Esa voz… giró y se encontró con algo que la sorprendió bastante y la hizo retroceder, tanto que casi se cae dentro de la fuente.

Frente a ella se encontraba un reflejo de si misma. Pero era mas joven, y llevaba un uniforme de Hogwarts. Hermione abrió y cerró los ojos varias veces, sin creérselo. Miró en su pecho: Relucía una insignia de prefecto. Pensó con tristeza que, si hubiera asistido a su último año, en realidad habría sido una insignia de premio anual. También pensó con tristeza que los gemelos Weasley le habrían encantado el letrero y pondría "premio asnal". Volvió a la realidad, esperando no ver la figura en miniatura de si misma. Pero seguía ahí. Lo primero que debía preguntarle era quien diablos (o que en su defecto) era. Concentró todo su autocontrol (bastante poco) en dejar de temblar de los nervios, y forzó una voz tranquila:

-¿Quien ere tu?
-Eres lista, ya sabes quien soy –le dijo, y sonrió ante la cara de perplejidad de Hermione-. Soy tu reflejo, el reflejo de tu conciencia. Tú le quieres. –siguió. Hermione pensó que eso no venía al cuento. "¡¿y si no la he sacado, ni la he conjurado ni nada… de donde ha salido mi reflejo de mi misma del pasado?" se preguntó molesta. El reflejo le seguía con la mirada y sonreía. Pensó que esa sonrisa era forzada, y le daba un toque estúpido. Le recordaba a la sonrisa que le regalaba sarcásticamente a Draco cuando tenía dieciséis años y se odiaban mutuamente en Hogwarts-.
-¿Pero… como has salido? O mejor dicho, ¿De donde has salido?
-Magia antigua –respondió encogiéndose de hombros-. Estoy aquí para guiarte.
-¿A guiarme? ¿A guiarme para que? –Hermione no cabía en si de perplejidad. No podía ser posible, no, ella no la había conjurado-.
-Mira, Herms. Yo soy tu conciencia, así que tú tienes que saberlo mejor que yo. A ver, te propondré algo: unas preguntas. ¿Quieres a Draco Malfoy?
-S-si –respondió insegura. Su "conciencia" sonrió.
-Muy bien. ¿De quien quieres que sea el niño?
-De… de el, por supuesto –dijo, esta vez un poco mas valiente-. Quiero decir, también me gustaría que fuera de Ron, un niño que reflejara como era él para siempre… pero Ron ha muerto, y ese niño viviría sin un padre. Pero el caso es que yo no se de quien es, y esta fuente me lo puede decir, a lo mejor… y… me aterroriza saber la respuesta.
-¿Estas segura de que no quieres? –preguntó alzando una ceja el holograma. Era realmente tenaz. "como yo, con la mente fría –pensó Hermione-. Es exactamente igual que yo".
-Soy tu –respondió sarcásticamente la castaña, con su enmarañado pelo de dieciséis años ondeando en la brisa que corría, ya entrado el atardecer-. Soy tu propia mente, así que no intentes pensar en engañarme, porque lo sabré. A ver, dime, quien crees que tiene mas posibilidades.
-Draco –dijo instantáneamente, casi sin pensar-.
-¿Y porque?
-Porque llevábamos mucho tiempo buscando un niño, y no conseguíamos… pero eso Ron y yo, no Draco y… -se había puesto ligeramente roja-. Bueno, Y claro… yo pienso que…
-Entonces, ¿a que tienes miedo?
-A que el hijo sea de Ron.
-¿Y eso sería malo?
-Si –dijo tristemente-. Porque vivirá sin un padre…
-Un padre no es aquel que te concibe. Es aquel que te cría, que te cuida, y que te protege. El que se encarga de ti, y el que se encarga de que tú estés bien. No solo el que te dio la vida. Así que -dijo inclinando una mano hacia la fuente- el camino es libre para ti.
-Y que debo preguntar? –Dijo perpleja a su imagen de niña de quinto curso-.
-"De quien es el niño" o "quien es el padre" –dijo desapareciendo.

Hermione caminó decidida hasta la fuente, se asomó y, quitandosse de nuevo los zapatos, entró en el agua. El agua de aquella fuente, estanque o lo que fuera, estaba tan helada que Hermione pensó que no podría pronunciar bien las palabras por culpa del castañeo de sus dientes. Entró un poco mas, espantando a las carpas y sintiendo el musgo que había crecido en el fondo mullido bajo sus pies desnudos. Armandose de valor, respiró hondo varias veces y, por fin, preguntó:

-¿Quien es el padre de mi hijo?

Una forma difusa apareció en el reflejo del agua. Su pelo era oscuro, y rojizo. Pero se fue aclarando… su piel, minada de pecas, se fue transformando en una mas limpia, de color claro, pálida y con las mejillas sonrosadas. Sus ojos azules se fueron destintando hasta quedar de un color azul grisáceo, y sus labios grandes y jugosos se transformaron en otros finos y delgados, de color rosa. No cabía duda: Era de Draco.

Hermione caminó hacia la casa. A mitad del camino, se sentó en un banco de allí, miró hacia arriba y gritó:

-¡Si!