Este capítulo se lo dedido a Pachesnape. Espero que a los demás os vaya gustando ¡espero los reviews! Saludos :)
Al día siguiente de la incursión al despacho del director, Severus le pidió ayuda a Tasya con un hechizo. Era el más avanzado de la clase Geminio, pidiéndole que hiciera una réplica de la espada de Godric Gryffindor. La chica lo consiguió a la primera. Eran idénticas a ojos inexpertos. Él se lo agradeció, tan frío e impersonal, que Tasya se obligó a no pensar en el estúpido mago. Pese a no hablarse ni tener el mismo trato amistoso que habían conseguido alcanzar, los viernes seguían la misma rutina. Pasaban la tarde en el aula de Alquimia, cenaban juntos, bien sea en el cuarto de Tasya o en el despacho del director, repasando lo aprendido o charlado sobre otras materias, ella le reportaba lo que había escuchado por el castillo, los movimientos de los alumnos «conflictivos», se deseaban buenas noches y así hasta el viernes siguiente.
Gracias a Tasya, parte por lo que oía, parte venganza personal por haberla hechizado, hizo que a Ginny Weasley se le quitasen ciertos privilegios, como salir a Hogsmeade, por los reportes que presentaba a Snape.
Llegaron las vacaciones de Navidad. Unos cuantos estudiantes se habían marchado a sus casas para pasar las fiestas. Tasya estuvo tentada varias veces de irse también. Pero las chicas Slytherin la convencieron para que se quedase. Helena le dijo que podían aprovechar a hacer su retrato y Tasya aceptó. La invitaron a entrar en la sala común de Slytherin. Se sentó en una de las butacas que había cerca de una de las chimeneas con brillantes llamas.
-Me encanta cómo te da la luz por ese lado- empezó a decir Helena, que había puesto un trozo de papel blanco encima de un lienzo, y sacando los lápices de madera de un bonito estuche.
La explicó que, a diferencia de la pintura al óleo con las que había que ir recitando los hechizos a medida que se pintaban ciertas partes, y se usaban pociones mezcladas con las pinturas, lo que se encantaba era el papel donde se iba a dibujar con los lápices, aunque los lápices también tenían magia en sí. Estaban hechos con elementos que daban fuerza y carácter a los colores: rayos de sol, agua de mar, escamas de los diferentes tipos de dragones, plumas de fénix, ceniza producida por un incendio causado por un ashwinder… cosas así.
-Generalmente para los tonos color carne pedimos un poco de sangre de quien se va a retratar- Tasya la miró un poco enfadada- pero ya hemos hablado de ello y no va a poder ser esta vez- dijo Helena de manera apaciguadora.
No tardó en hacer el boceto y empezar a colorearlo. Algunos de los alumnos que se habían quedado se acercaban a ver el trabajo de la joven pintora, pero les apartaba con amabilidad y sonrisas cordiales. Tasya contemplaba cómo hablaban con Helena, incluso alguno parecía coquetear, sin mucho éxito. Tasya sintió cierta envidia. Sí, era inmortal, y sabía lo que era crecer, hasta que alcanzó su apariencia final de veinteañera y su crecimiento paró, su corazón latía, hacía la mayoría de las funciones biológicas de su cuerpo semi humano. Pero no llevaría una vida normal. Pasados los años tendría que mudarse a otro lugar, porque resultaba muy llamativo que no cambiase su aspecto físico. Y no podía quedarse para siempre con sus «padres», que en apariencia eran poco más mayores que ella. No sabría lo que es ser madre.
-Tasya, ¿te encuentras bien? -preguntó Helena, sacándola de sus pensamientos- sé que es pesado tener que estar quieto, pero alegra esa cara, mujer. Verás qué bien está quedando.
-No es por eso que estaba preocupada- intentó sonar alegre. Entre ambas chicas no había mucha separación, porque Helena necesitaba estar cerca para captar todos los matices del rostro con precisión, pero la pintora se le acercó un poco más, y susurró para que solo Tasya la oyese.
-¿Es por quién tu sabes?- le preguntó y sus mejillas se la pusieron rojas por el atrevimiento. Tasya pensó primero en Voldemort, pero luego cayó que no era por él por quien le preguntaba.
-Da- ¿por qué tenía que ser tan sincera? - No quiere aceptar la realidad- se limitó a decir.
-Mujer, es comprensible- Helena susurraba, mientras seguía pintando- que te aparezca una hija de repente, o ya saber que existía y no poder mostrarla hasta ahora al mundo, porque su…amo- a Helena le recorrió un escalofrío al decir esta palabra- su amo es quien está al mando de todo, no debe ser un trago de buen gusto. Supongo que ser la mano derecha de una persona tan poderosa tenga sus ventajas, como que le permita ahora hacerse cargo de ti…
Tasya miraba a Helena, desconcertada, para finalmente echarse a reír. La gente se giró para ver lo que pasaba, pero volvieron a sus cosas.
-¿Por las barbas de Merlín, de qué te ríes?- preguntó Helena- ¿No es por eso?- miró a ambos lados, y se inclinó más- ¿No eres hija del profesor Snape?- susurró.
-Nyet- respondió Tasya- él no es mi padre… lo que pasa es que yo… ¿cómo me dijiste? Me dejé morder- Helena se puso más roja que un tomate ante tal confesión- y a él también le agradan mis mordisco- "al menos, los de ese tipo" pensó Tasya, aguantándose la sonrisa- pero no quiere aceptarlo.
Helena siguió pintando en silencio. No se le pasaba el rojo del rostro.
-La comida de Navidad es en dos días- dijo al cabo de un buen rato.
-¿Qué quieres decir con eso?
-Haremos que se fije en ti. Déjanos a nosotras- Helena puso una sonrisa pícara- Eres la que ha conseguido cumplir la fantasía sexual de muchas de nosotras en este Castillo… quitarle la cara avinagrada al temido profesor de pociones con un buen polvo…
-No les cuentes nada a Pansy y las demás- ordenó Tasya.
-Tranquila- Helena le guiñó un ojo- Un poco de astucia tengo, que para eso estoy en Slytherin. Et voilà!- dijo Helena, que se levantó, cogió el papel y se lo enseñó a Tasya- Terminado, ¿ves cómo no he tardado tanto? No he conseguido captar tu aura especial, pero me ha quedado bien.
Bien era quedarse corto. El retrato de Tasya parpadeaba y sonreía. Se fascinó contemplando por fin su rostro. Era tal como lo había descrito Severus. Pero su alegría duró poco. El folio estalló en llamas. Helena lo soltó con un grito de sorpresa. La gente volvió a mirar y algunos se acercaron de nuevo a ver qué pasaba. Tasya sacó su varita de las cinchas del antebrazo izquierdo y apuntó al papel en llamas que estaba en el suelo.
-Aguamenti- dijo, y un chorro de agua salió de la punta de la varita. Consiguió apagar el fuego.
Salió corriendo, a su habitación. Lo único que oyó cuando salía de la sala común de Slytherin fue la voz de Daphne preguntando a Helena qué bicho le había picado a Tasya, y la joven pintora contestarle «uno muy grande».
…
Estaba tumbada en la cama cuando oyó en la habitación de al lado el crepitar de las llamas. Severus entró en el cuarto, giró la silla para quedar a la vista y sentarse en ella. Cuando la silla cojeó bajo su peso más de lo que él recordaba, miró a Tasya interrogante. Ella, en silencio, sacó del bolsillo trasero de su vaquero una astilla. Se la tendió al hombre. Severus la puso en la palma de su mano izquierda, sacó su varita y apuntó a la astilla.
-Engorgio- dijo, y la astilla adquirió el tamaño de… Severus se rio- Una estaca. ¿Esto podría matarte si te lo clavo en el corazón?
-Soy más rápida que tú. Estarías muerto antes de levantarte de esa silla- Tasya sonaba monótona. Él encogió de nuevo el trozo de madera y se lo devolvió- ¿A qué has venido?
-La señorita Riverside me ha contado el pequeño incidente con el retrato. Lo lamento mucho.
-Como si de verdad te importase.
-Somos amigos, Tasya- dijo Severus- o al menos ya no es una obligación el llevarnos bien- Tasya casi sonrió- También he estado hablando con Dumbledore.
-Por cómo has dicho eso, más bien te ha echado una reprimenda- Tasya se sentó al borde de la cama.
-Pues sí- Severus asintió, con su sonrisa ladeada- Me ha explicado que vosotros, los dhampiros, os emparejáis de por vida.
-Da. Pero es realmente difícil. Los dhampiros somos muy escasos. Ya te expliqué que las condiciones de nuestro nacimiento son muy excepcionales. Pueden pasar cientos de años hasta que encontramos «nuestra media naranja». Algunos encontraron pareja en un vampiro «completo». Mis maestros ni siquiera los han encontrado. Pero se tienen el uno al otro, no sé si me entiendes- usó un tono pícaro.
-Pero me habías contado que eran hermanos- al menos no sonó escandalizado.
-Mellizos, para ser más exactos. Hubo un momento que Ángel y yo estuvimos juntos, pero no terminó de funcionar. Nunca dejé de verlo como un padre y maestro.
-¿Y pensaste que yo era el candidato?-preguntó él. Ella miró al suelo, avergonzada.
-Tu aroma, tu forma de ser, la forma en que me besaste…- empezó a decir ella- Pero eres humano, es lo que no comprendo... Ya viste cómo acabaste esa vez. Lleno de moratones y medio cojo.
-Ya te dije que asumía el riesgo- Severus se levantó de la silla, para sentarse al lado de Tasya- Y si quieres, podemos seguir así- se acercó más a ella, y le besó en el lóbulo- satisfacer nuestras necesidades- besó su mandíbula- Hasta que encuentres alguien más propio para ti- la besó en los labios.
-Pero no hay nadie mejor que tú, Severus Snape- replicó ella tras el beso. Empezó a desabrochar los botones de la levita del hombre, pero no tenía paciencia, agarró los dos lados y se lo arrancó de un tirón- A la mierda la ropa. Ambos dominamos el hechizo Reparo.
Rieron, y entre besos terminaron de arrancarse la ropa.
No solo con la ropa tuvieron que usar el hechizo Reparo esa noche.
…
El castillo estaba bellamente decorado por Navidad. Quedaban bastantes alumnos y, pese a los Carrow y a que la mayoría odiaba al director Snape, reinaba un ambiente festivo. Las chicas Slytherin agarraron a Tasya, la peinaron, vistieron y maquillaron. Suerte que las consiguió convencer de que no la mostrasen su reflejo en un espejo, alegando que así no se le subía a la cabeza. Sus amigas también se vistieron para la ocasión. Cuando las chicas Slytherin entraron al comedor, todos los ojos se posaron en ellas. Iban demasiado arregladas para la ocasión, pero alegaron que la comida de Navidad merecía ser algo especial, que su director era Slytherin, y además que todas ellas eran las que más clase de todo Hogwarts (Aunque Millicent Bullstrode, pese a que la mona se vistiera de seda…). Pero quien captó la mirada de todo el mundo, cuando cruzó el umbral de la puerta del Gran Comedor, fue Tasya. Su larga y ondulada melena negra suelta, su piel nívea hacía contraste con el negro vestido que llevaba. Le habían puesto unos pendientes de esmeralda y un colgante a conjunto, de plata también con la verde piedra, que reposaba a la altura del escote. Alguien soltó un silbido y unas risas llenaron el Comedor. Pese a sus 65 años, Tasya no se había puesto nunca tacones. A qué clase de tortura se sometían las humanas. Anduvo despacio, no por lucirse, sino para evitar caerse de ese invento infernal. Y fue la persona más feliz del mundo cuando se sentó a la mesa. Disfrutaron de la comida y cotillearon sobre todos los chicos que se habían puesto a babear por ellas. Tras la comida, Tasya marchó a su cuarto para cambiarse. Se sentía rara, como disfrazada. Oyó pasos, y alguien la agarró por la espalda. El olor a tabaco ranció, asqueroso, la hizo saber quién era antes de que hablase.
-Pero qué muñequita más bonita tenemos por aquí- Amycus Carrow la tenía bien sujeta, o eso creía él- ¿Te has perdido? Una reina no debería estar en las mazmorras…- le susurraba al oído, le apestaba el aliento a alcohol- mi habitación tiene unas vistas preciosas. Podría enseñártela.
Tasya, haciendo gala de su fuerza y velocidad se soltó del hombre, le tiró al suelo, le pegó una patada en la entrepierna. Llorando, agarrándose los genitales, miró a Tasya con una mezcla de odio y deseo. La falda del vestido de Tasya se había desgarrado, dejándola la pierna al aire. Se arrodilló y miró fijamente a los ojos a Amycus. Puso todo su poder y todo su odio en su voz.
-No se te ocurra volver a ponerme una mano encima, mortífago de mierda- susurró Tasya, y notó como el hombre se ponía pálido, se aceleraba el pulso a causa de la adrenalina, preparado para salir corriendo en cuanto pudiese- Y como me entere que alguna chica más de este castillo pase por lo mismo, te arranco de cuajo la polla y te la hago tragar- Sacó la varita de donde la llevaba esa vez, metida por el lateral del vestido, donde quedaba la cremallera del mismo y la apoyó en la yugular del hombre- ¿queda claro?
Amycus asintió con la cabeza, con los ojos fijos en los de Tasya. Le llegó olor a orina. Vaya mortífago de mierda, se había meado encima. En cuanto Tasya se apartó de su lado, a duras penas el hombre se levantó y salió como alma que lleva al diablo.
