Capítulo X – Epílogo
La tormenta parecía arreciar cada vez más y los vientos se habían vuelto aún más feroces. Varios de los que estaban en el puerto de ferries se mostraban bastante contrariados debido a la suspensión del servicio y no tenían a dónde ir.
Aunque para ser honestos, ni siquiera recordaban por qué estaban ahí en primer lugar. Tan sólo recordaban haber llegado ahí, en tanto que la oficial Jenny y la capitana Miranda trataban de persuadir a los recién llegados de buscar refugio.
—Esta puede ser la peor tormenta del siglo —les aclaraba la oficial Jenny.
—¡Por favor, escúchenme! ¡Tienen que buscar refugio! —les rogaba Miranda a los presentes.
Algunos de los presentes aún se hallaban confundidos ante lo que estaba ocurriendo y no sabían a quién pedir informes. No obstante, sus cavilaciones se vieron interrumpidas cuando la enfermera Joy apareció detrás de ellos.
—Disculpen, por favor. El Centro de Tratamiento Pokemon estará abierto como refugio. Si alguien no tiene dónde quedarse, venga conmigo.
Después de hacer el anuncio, varios comenzaron a seguir a la enfermera Joy hasta el Centro Pokemon de la ciudad.
En un extremo del salón, se encontraban Ash, Misty, y Brock sentados, esperando que pasara la tormenta. Tampoco ellos recordaban por qué habían llegado aquí.
—Oigan, chicos, ¿y cómo fue que terminamos en este lugar? —preguntaba el entrenador trigueño a sus amigos mientras seguía observando a su alrededor, como si pudiera encontrar la respuesta en algún lugar.
—Bueno… Creo que estamos aquí, porque debemos de estar aquí —fue lo único que Misty atinó a decir.
Al joven entrenador de Pallet le pareció una respuesta lo suficientemente aceptable como para al final sugerir una ida a comer. Estaban a punto de abandonar el lugar cuando oyeron gritar a la oficial Jenny: "¡Miren, es un milagro!"
En cuanto todos se volvieron, observaron que la tormenta estaba cesando y que poco a poco la calma se recuperaba. Los tres entrenadores salieron hasta el muelle y permanecieron un rato observando la inmensidad del océano y el suave viento que soplaba, anunciando que todo estaba en paz de nuevo.
A lo lejos, Ash pareció ver un par de figuras volando en el horizonte. No pudo distinguir bien qué eran, pero parecían ser una especie de felino… y una persona.
—Oigan… ¿qué es eso? —preguntó Ash mientras observaba a ambas figuras desaparecer entre las nubes.
—Yo no veo nada, Ash —le respondió Misty tras intentar observar en vano lo que su amigo había creído ver.
—Sólo es el cielo —contestó Brock risueñamente.
Ash siguió observando el punto donde se encontraban esas dos figuras y no pudo evitar sonreír.
—Es extraño. Cuando salí de casa para iniciar mi Viaje Pokemon, vi uno muy raro. Y justo ahora, creí haber visto otro… u otros —narraba el joven trigueño mientras seguía viendo el sol asomarse de entre las nubes.
—Bueno, tal vez estás viendo cosas, Ash —le respondió Misty con una sonrisa.
—O tal vez no —segundó Brock, también sonriente.
—Tal vez vea más… —finalizó Ash—. Lo único que sé… es que tengo la extraña sensación de que siempre debo de seguir luchando, tanto por mí, como por aquellos que no puedan defenderse. No me explico cómo es que lo siento. Pero… siento que es lo que debo hacer de ahora en adelante.
—También yo lo siento así, Ash —dijo Misty.
—Igual yo —contestó Brock.
—Pika! —exclamó alegremente Pikachu.
Al final, tres entrenadores comenzaron a alejarse del muelle y volvieron a emprender su Viaje Pokemon.
A lo lejos, Mew y Gohan observaban cómo se alejaban los tres muchachos. Por un momento, Gohan estuvo casi seguro que Ash notó su presencia. Pero cuando los vio alejarse, supo que las cosas estaban bien.
Ambos se miraron a los ojos y sonrieron en complicidad.
—Los clones ya están a salvo, Gohan —le dijo Mew al joven saiyajin de forma tranquila.
—Al igual que el resto del mundo —le respondió Gohan de forma calmada y tranquila.
—¿Crees que realmente olvidarán lo que sucedió? —le preguntó el pequeño felino rosado.
Gohan se quedó pensando y recordó como parecía que Ash lo reconocía.
—Creo que… recordarán las cosas más importantes, Mew —le respondió Gohan a Mew— Las cosas que vale la pena recordar.
Mew asintió, satisfecho con la respuesta. Y le extendió una de sus pequeñas manos a Gohan.
—Fue un honor conocerte, Hijo de Gokú.
—Igualmente, Pokemon Ancestral.
Luego de permanecer así por unos segundos, ambos se separaron en direcciones opuestas. Mew emprendió el vuelo de regreso a las montañas donde vive, en tanto que Gohan comenzó a dirigirse de vuelta a la Montaña Paoz, donde con algo de suerte, su madre le dejaría tomar una larga y merecida siesta.
FIN.
