Disclaimer: Ninguno de los personajes de Harry Potter me pertenece.
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¡Hola a todos/as! ¿Cómo están? Espero que bien. Y, como prometido, he aquí el capítulo correspondiente al día de hoy, que ojalá les guste =). Como siempre, quisiera agradecerles de todo corazón la paciencia de seguir esta historia capítulo a capítulo. Gracias, a todos los lectores. Y especialmente a: Lucia991, reia92, Guest, GabriellaGroff, Ayda Merodeadora (qué bueno que te esté gustando =)), TeddyMellark (me alegra mucho, mucho =)), LilyScorfan, Euge (jaja, sí, Lily estaba un poquito picada, aunque es culpa de su propio orgullo, de todas formas. Y sí, somos compatriotas =D), Julieta y AmJMatter (muchas gracias, y me hace muy feliz que lo creas, de verdad =). Ojalá la historia siga gustándote), por sus tan amables comentarios sobre mi historia. Muchas gracias. ¡Nos vemos y besitos!
Aversión a primera vista
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"Meticulosos halagos y ambiciones"
A la mañana siguiente, Lily despertó con un ligero dolor de cabeza que, por un momento, le hizo olvidar que aquel día sería la primera visita de Hogsmeade y ella no iría. No obstante, el malestar se disipó rápidamente y todo lo que le quedó fue la frustrante sensación de abandono que sentía al ver que todos se marchaban emocionados a su primera excursión de Hogsmeade y ella debía quedarse en el castillo. Bufando, se despidió de Rose, la cual le dedicó una mirada compasiva y dijo —No te preocupes, te traeremos algo.
Hugo, que no podía disimular su emoción, dijo —Rose tiene razón, Lily —pero sus palabras no la confortaron en absoluto. Abatida y decepcionada, volvió al gran comedor y se sentó en la casi vacía mesa de Gryffindor a desayunar. Poco más allá, unos alumnos de quinto hablaban, pero ninguno parecía ya interesado en ir a Hogsmeade. Todos discutían los TIMOs que presentarían.
Una voz detrás de Lily la sacó de su estado de ensimismamiento en el que llevaba ya un rato —Lily.
Más animada, Lily se volvió sonriente. Conocía esa voz —¡Ty! —pero la expresión ceñuda de éste le borró la sonrisa.
—Entonces, ¿realmente no irás? —por alguna razón, Lily no pensó que Tyrrell esperara una respuesta a esa pregunta. Aún así, se la proveyó.
—Sabes que estoy castigada.
El Revenclaw torció el gesto —Últimamente pasa seguido.
Lily sintió una súbita indignación. Lo que le faltaba, sermones moralistas también de Tyrrell. Seguro, toleraba los de Rose, pero eso era porque era su prima. Esto, por otro lado, era diferente. Le importaba un comino que Tyrrell fuera prefecto. No era su prefecto. Y ciertamente no tenía derecho a reprocharle nada —Desgraciadamente —asintió, conteniendo la irritación.
—No parece que te molestara tanto pasar tiempo con el idiota de Malfoy. De hecho, parecen muy unidos...
Lily se preguntó qué realidad veía Tyrrell. Aparentemente, no una muy aferrada a la real, dado que ella y Malfoy se repelían mutuamente, como era esperable y natural —¿Estás celoso de Malfoy? —le espetó, con incredulidad.
—No se, dime tú. ¿Debería estarlo? —le devolvió, molesto.
—Si tienes que hacerme esa pregunta, entonces no mereces una respuesta —soltó, perdiendo la paciencia. Tyrrell siempre había sido algo controlador. Sin embargo, esto era ridículo ya. Y, si no le creía, entonces ese era su problema. No el de ella.
—¿Acaso no soy tan digno como un sangre pura?
—¿Eso crees? Mejor vete, Tyrrell. Perderás la excursión a Hogsmeade y nadie quiere que hagas eso —dijo, con frialdad.
—¿Qué se supone que significa eso? ¿Y nosotros?
—Evidentemente no confías en mi, no hay nada que hacer —afirmó. Después de todo, ella no iba a estar dándole explicaciones de circunstancias inexistentes a la persona que se suponía debería confiar ciegamente en ella.
—¿Estás terminando conmigo?
Lily tomó sus cosas, dispuesta a salir del gran salón —Así es. Ve a Hogsmeade Tyrrell. Disfruta la excursión. Nos vemos por ahí —y, sin aguardar respuesta alguna, abandonó el lugar; pasando junto a Malfoy que permanecía apoyado en una columna cruzado de brazos.
—¿Cómo va la cabecita esa, Potter? ¿Ya puedes caminar o necesitas un hechizo para mantenerte en pie? —dijo, con sorna.
—Piérdete, Malfoy. No estoy de humor —masculló, pasando junto a él de largo.
—¿Mal día? —continuó, despegándose de la pared y comenzando a caminar junto a ella con una amplia sonrisa de suficiencia.
—Todos son malos cuando me fastidias. Piérdete.
—Ohhh... Ahora me siento herido —dijo, fingiendo dramatismo.
—¿No tienes algo mejor que hacer, adular a algún profesor, decirle sangre impura a alguien más? —dijo, entre dientes, continuando caminando.
—¿Por qué, celosa? Puedo decírtelo solo a ti, Potter, si es lo que deseas —se burló.
—Oh, ahora sí que me siento especial —dijo, sarcásticamente.
—¿Pero tu noviecito no se enfadará?
—No es mi novio. Déjame en paz —gruñó, empezando a perder la paciencia.
Malfoy enarcó ambas cejas —¿Eh? ¿Qué sucedió, Potter? ¿Se cansó de ti y te botó?
—Yo lo boté —afirmó, irritada—. Y, de todas formas, no es asunto tuyo.
—Hay quienes pensarían que cambias de novio demasiado rápido —señaló, disfrutando claramente el fastidiarla.
—A quienes tienen opiniones completamente irrelevantes para mi persona.
—Eso me hiere profundamente, Potter —exclamó, melodramáticamente.
Lily apretó los dientes —Estoy segura que si, Malfoy. Piérdete.
Malfoy sonrió arrogantemente y dijo —No te preocupes, Potter. No estaba disfrutando tu alegre compañía, de todas formas —y, sin más, dio media vuelta y se marchó en la dirección opuesta, para luego desaparecer a la vuelta de la esquina.
Los siguientes castigos, Lily aprendió a ignorar las provocaciones de Malfoy y a trabajar en completo silencio. Malfoy, en cambio, se dedicaba ocasionalmente a alabar al profesor Slughorn aquí y allá, sonsacándole una afable sonrisa o carcajada. Al menos eso hacía cuando no estaba decidido a fastidiarla a ella completamente. Lily, por su parte, decidió también mantenerse alejada de la hidromiel de allí en más. Considerándolo más seguro y sensato. Malfoy, evidentemente, se burló de ella llamándola debilucha. No que a Lily le importara. No realmente. No. Y así, poco a poco, se fue acercando la navidad y, con ella, la odiaba fiesta "selecta" del club de las eminencias del profesor Slughorn. La misma a la que debería asistir con el idiota de Malfoy, por culpa del estúpido malentendido que nunca pudo ser aclarado. Esa mañana, el humor de Lily era aún peor que el de costumbre.
—¿Qué sucede? —le preguntó Hugo, que acababa de llegar con su hermana.
Lily bufó —Hoy tengo la fiesta de navidad del profesor Slughorn.
Rose sonrió —¿Tú también irás? Ah, qué alivio. Pensé que sería yo sola. Bueno —se sonrojó—, ya sabes... El profesor dijo que podíamos llevar a alguien... así que no seré yo sola... Pero tú entiendes.
—¿Y la fiesta será solo para los favoritos de Slughorn? —dijo Hugo con enfado.
—Si, solo para los miembros del Club de las Eminencias —confirmó su hermana mayor.
—Club de las Eminencias —se burló Hugo, con una sonrisa de sorna que recordaba demasiado a la de Malfoy—. ¡Qué patético! Bueno, espero que lo pasen muy bien en esa fiesta —y, sin más, dio media vuelta y se marchó.
Rose suspiró —No lo ha tomado muy bien.
Lily observó la partida de su primo con ligero entretenimiento —Veo que no. Y, ¿con quién irás?
Rose se ruborizó por segunda vez —Uh... ¿Recuerdas a Colin Finnigan?
—¿El que es prefecto de Gryffindor junto con Molly? —su prima asintió—. ¿Y Reg?
La expresión de la mayor de los Weasley se volvió huraña —¿Qué con él?
—Bueno... Pensé que...
—¿Qué lo invitaría? —bajó la voz—. El muy idiota se burló junto con Hugo de la fiesta. Dijo que por qué no invitaba a Finnigan. No se me ocurrió nada más para molestarlo —admitió—. ¿Tú? ¿Con quién irás?
Lily apretó los dientes y farfulló por lo bajo —ConelidiotadeMalfoy.
—¿Eh? —inquirió Rose, sin haberle comprendido.
—Con el idiota de Malfoy —repitió, ésta vez más pausadamente. Rose la miró como si súbitamente hubiera enloquecido.
—¿Con Malfoy, Lily? ¿Acaso en verdad están...? —susurró.
—¡¿Qué? No, por Merlín. Ni siquiera lo digas, la sola idea me provoca escalofríos. No.
—Ah... Qué alivio. James hubiera puesto un grito en el cielo ¿Entonces? —preguntó, sin comprender.
—Slughorn cree que estamos juntos... —bufó.
—¿Por qué cree eso?
—Es una larga historia. Pero no podemos decirle a un profesor que está equivocado.
—Naturalmente —aprobó Rose, para sorpresa de Lily. Y, de hecho, lo aceptó todo con relativa facilidad. Sus hermanos, en cambio, serían otro tema. Pero no tenían por qué enterarse—. Anímate, quizá no sea tan malo —sugirió.
—Es Malfoy, Rose —señaló, frustrada.
—Bueno, quizá tengas razón. Igual, será solo una noche, ¿verdad?
Lily asintió —Una muy larga noche.
Y ni siquiera había comenzado a arreglarse. Sin embargo, sin importar cuán pocas ganas tuviera de asistir, cuán poco le importara lo que Scorpius Malfoy pensara de ella y su apariencia, Lily sabía que no podía asistir como iba a clases. No por ella, no por las demás personas que asistirían y ciertamente no por Malfoy, sino por el profesor Slughorn quien parecía considerablemente orgulloso de su club de las eminencias y entusiasmado por la fiesta de navidad. Lily no podría odiar más aquella noche. Aún así, se puso su túnica de gala color verde botella; ondeó su largo cabello rojo con un encantamiento, con ayuda de Rose; y estuvo lista para partir. Rose se despidió de ella en uno de los corredores, desviándose para encontrarse con Coleman Finnigan. Ella, en cambio, se detuvo frente a una estatua de gárgola bastante fea, elección evidentemente de Scorpius Malfoy.
—Ey, Potter- —la llamó con sorna. No obstante, se silenció al verla, incapaz de encontrar un insulto o comentario desdeñoso con qué fastidiarla.
—Aquí me tienes, Malfoy. Terminemos con esto rápido —lo cortó, con impaciencia.
El rubio enarcó ambas cejas. Potter nunca dejaba de sorprenderlo o entretenerlo. Eso era un hecho —Ansiosa, ¿eh, Potter?
—Ansiosísima —confirmó, sarcásticamente.
Malfoy le ofreció el brazo con una tensa sonrisa —Puedo ver. Solo... mantente alejada de la Hidromiel. No queremos que la hijita del famoso Harry Potter vuelva a marearse por dos sorbos...
Lily lo tomó con la misma expresión tensa, aferrándolo con más fuerza de la necesaria —No te preocupes, puedo cuidarme perfectamente por mi cuenta, Malfoy. Métete en tus asuntos.
El rubio tensó aún más los labios en una sonrisa y comenzó a avanzar hacia el despacho de Slughorn. Su voz baja —Finge, Potter. Sonríe.
La pelirroja hizo la misma sonrisa forzada que el Slytherin —Lo mismo te digo, Malfoy —en el momento en que entraban al despacho de Slughorn, el cual había sido ampliado mediante un hechizo y se encontraba decorado con telas verdes, escarlatas y doradas que colgaban del techo y las paredes, de modo que parecían estar en una tienda. Al entrar, el cuchicheo de las personas más próximas a ellos se detuvo, Lily mantuvo la frente en alto, pero aferró con más fuerza el brazo que la guiaba. Malfoy no pareció quejarse. A pocos metros, Zabini miraba a Malfoy con oscura desaprobación. Otros Slytherin lo imitaron, murmurando por lo bajo algo que sonaba claramente a "una Potter, sangre impura"; pero los dos pretendieron no escucharlo. Lily, con curiosidad, dedicó una mirada furtiva al rubio para ver su expresión, pero ésta permanecía herméticamente sellada.
Al verlos llegar, Slughorn se apresuró a ambos —Señorita Potter, Señor Malfoy. Pasen, pasen. Vengan. Hay un montón de gente que quiero presentarles —dijo, prácticamente arrastrando a ambos consigo. Por aproximadamente media hora, debieron tolerar las distintas presentaciones de algunos que habían sido los viejos alumnos de Slughorn. Cuando pudieron, se escabulleron. Lily entonces vio a Albus dirigiéndole una mirada inquisitiva del otro lado del despacho, pero no se acercó a cuestionarla. Seguramente porque Lily no había soltado el brazo de Malfoy en toda la noche. Cuando lo hizo, estando ya ambos junto a la mesa de bebidas, tuvo que flexionar los dedos agarrotados.
Malfoy se masajeó el bíceps —¿Pensabas arrancarme el brazo, Potter?
Lily enrojeció —Cállate, Malfoy —y tomó un vaso de cerveza de manteca. Malfoy la imitó, apoyándose contra la mesa y observando la animada fiesta con desinterés.
Desgraciadamente; Slughorn, ahora con las mejillas coloradas, el sombrero de terciopelo un poco torcido y un vaso de hidromiel en la mano, los encontró una vez más —Ah, aquí estaban. Vengan. Vengan. Quiero alardear de mi mejor alumno de pociones y su adorable acompañante la habilidosa señorita Potter —los guió hasta un pequeño grupo de gente que Lily no conocía, comenzando inmediatamente con las presentaciones—. Ésta es Anne Ainsley, guardiana de las arpías de HolyHead. Aunque quizá la señorita Potter, aquí presente, la conozca, dado que jugó con su madre —Lily le estrechó la mano, afirmando que no lo hacía. Slughorn continuó—. Y ésta es Melinda Bobbin, dueña de una gran cadena de Boticas. El señor Malfoy aquí es mi mejor alumno de pociones, quizá debas considerar reclutarlo algún día Melinda —la mujer sonrió y estrechó la mano de ambos—. Es una pena que sus padres no hayan podido venir señorita Potter. Les envié una lechuza, pero desgraciadamente están muy atareados. Ese Harry era un gran muchacho, cuando venía a Hogwarts. Modesto también.
Lily se sonrojó, agradeciendo que sus padres no hubieran asistido. O de lo contrario la habrían visto del brazo de Malfoy y su padre posiblemente habría tenido un infarto —A-Ah... Si, papá tiene mucho trabajo en el ministerio.
—Por supuesto, por supuesto. Se trata de Harry Potter, después de todo. Fue uno de mis mejores alumnos de pociones de hecho. Aunque claro, era esperable, su madre, tu abuela —dijo, sonriendo a Lily—, Lily Evans era una de mis mejores alumnas también (junto con Severus). Lo de ella era instintivo. Casi como lo del señor Malfoy aquí.
El rubio inclinó la cabeza y sonrió halagüeñamente —Gracias, profesor. Aunque me temo que es demasiado amable.
—Tonterías, muchacho. Tu padre era un hombre ambicioso —aseguró—. Y tenía una gran determinación para obtener lo que deseaba. Veo que has heredado esos magníficos rasgos, tan valorados en Slytherin.
—Mi padre siempre habla muy bien de usted —Lily puso los ojos en blanco. Malfoy era increíble realmente, su descaro para alabar era prácticamente nauseabundo y vomitivo.
—Ay... Muchacho, con tu habilidad para las pociones y tus meticulosos halagos no me sorprendería que en unos pocos años fueras un gran mago —la menor de los Potter intentó contener la mueca de sarcasmo que debió haber cruzado sus facciones. Si, claro. Eso era algo que le gustaría ver, un Malfoy trabajando.
—Gracias, señor —aseguró Malfoy.
—Y dime, ¿qué te interesa?
—Convertirme en hacedor de pociones, profesor —afirmó y Lily pensó que su respuesta era evidente y obvia. Slughorn era un profesor de pociones, después de todo. Y no había mejor halago que decirle que quería dedicarse a algo relacionado con la asignatura que daba.
—Y seguramente te irá espléndido, muchacho. Cualquier cosa dime, tengo muchos contactos. Melinda misma, aquí presente, podría ayudarte.
Malfoy volvió a inclinar su cabeza condescendientemente, con una amplia sonrisa demagógica y dijo —Es usted muy amable, profesor.
—Ni lo mencione, señor Malfoy. Y claro —dijo, finalmente volviéndose a Lily, la cual deseó que la conversación hubiera continuado versando sobre Malfoy—. No tengo que hablar de las habilidades de la señorita Potter. Su nombre habla por sí mismo. El señor Malfoy ha tenido el honor de conocer su habilidad para el maleficio mocomurciélagos. Tal y como su madre, Ginny Weasley, muy talentosa. De hecho, recuerdo la primera vez que vi a tu madre realizar ese maleficio. Toda un luchadora —Lily no dijo nada porque, sinceramente, no sabía qué responder a ello.
Slughorn continuó, sonriendo jovialmente como si estuviera contando una muy interesante historia —Válgame cielo, y pensar que sus padres —refiriéndose a Harry y Draco ahora— tenían tan... peculiar... relación. No una de amistad, particularmente. Pensar que las cosas terminarían de ésta forma. En verdad una ironía, ¿no creen? —Ainsley y Bobbin asintieron, como si de hecho fuera lo más interesante que Slughorn hubiera dicho desde el comienzo de la conversación.
Y, ella supuso, lo era. Un chisme más que comentar y esparcir sobre la pequeña hija de Harry Potter. Un dato curioso e interesante. Algo relevante, entre datos "irrelevantes" como ambiciones y habilidades y sueños. Lily contuvo su frustración. Siempre era lo mismo, después de todo. Inclusive desde su primer año de Hogwarts, había debido responder a toda esa clase de preguntas: "¿Lily Potter, tu papá de verdad nos salvó del señor tenebroso?", "¿Potter? ¿Como... Harry Potter? ¿Es verdad… que tiene la cicatriz?", "¡Wow! Entonces es verdad. Yo pensé que mi hermano lo inventaba". "Eso es genial, ¿verdad? Eres la hija de Harry Potter, después de todo". Pero no lo era, tan genial al menos. Seguro, Lily amaba a su papá tanto como a su mamá y a su familia. Y, evidentemente, no se avergonzaba de ella. Sin embargo, aquello era todo lo que la gente parecía querer saber. No su nombre, no a ella. No. No querían conocerla a ella. Nadie preguntaba por ella.
Quizá por esa razón, James había decidido seguir los pasos de su abuelo y sus tíos Fred y George y resaltar como alguien belicoso que no respetaba las normas y amaba romper las reglas. Para hacer que su nombre fuera conocido (y lo había logrado rápidamente). No por ser el hijo de Harry Potter, sino por ser quien había estallado los inodoros de Hogwarts en primero, teñido el cabello de dorado y escarlata de todos los de Slytherin que compartían clases de pociones con él en segundo, y demás travesuras memorables que había realizado año a año. Y, poco a poco, la gente había dejado de preguntar por Harry Potter. Poco a poco, James había dejado de ser el "hijo de..." para ser él mismo. Y Albus hacía lo mismo, a su forma, intentando mantenerse a la altura de los magos por los cuales había sido nombrado.
Malfoy sonrió tensamente —Si, profesor. Una ironía —colocando su mano sobre la de ella que lo sujetaba por el brazo y poniendo una excusa para sacarlos a ambos de ahí.
Una vez estuvieron lejos, Lily suspiró —Bien pensado. Alguien bebió demasiado hidromiel.
Las comisuras del rubio se curvaron ligeramente en una sonrisa, pero éste rápidamente las contuvo antes de que alcanzar su plena forma —Evidentemente —bufando, llegó hasta la mesa de las bebidas. Lily lo siguió. Malfoy, al ver que ella lo miraba, le espetó—. ¿Qué?
—"¿Convertirme en hacedor de pociones, profesor?" —lo imitó, haciendo un tono altanero símil al que había hecho él, no creyendo ni una de las palabras por un segundo.
Malfoy enarcó ambas cejas, expresión molesta —¿Tienes algún problema, Potter?
—Eres un artero mentiroso, Malfoy —le devolvió, indignada.
Pero él solo se apoyó contra la mesa y se cruzó de brazos, clavando sus fríos ojos grises en la fiesta en vez de en ella, labios curvados hacia abajo en una mueca —De hecho, Potter, y para tu información (no que sea asunto tuyo), estaba hablando en serio.
Lily se sonrojó, avergonzada —A-Ah... —sintiendo, por alguna razón, que sí lo hacía, que hablaba en serio. Y que aquello no era algo que Scorpius Malfoy hacía seguido tampoco, confiar algo personal a alguien más. Especialmente a alguien como ella. No, Scorpius Malfoy no confiaba. No a ella y no a nadie. Menos aún en una Potter/Weasley, Gryffindor, sangre impura (como la había llamado).
—Ahórratelo, Potter. No me interesa —masculló. No quería su opinión. Y ciertamente no quería su disculpa. No la necesitaba.
La voz de un tercero, una chica, llamó la atención de ambos —Saben que están bajo un muérdago, ¿verdad?
Lily alzó la mirada, temiendo lo peor. Lo estaban, de hecho, bajo una pequeña plantita colgada del techo. Bajando la mirada, buscó los ojos de Malfoy, buscando una salida, una excusa para huir de allí. No obstante, no esperaba encontrar lo que encontró: Pura y absoluta rigidez, desde sus hombros a sus angulosas serias facciones. Y una turbación agitándose en sus habitualmente calmos ojos, ahora oscurecidos. Apretando los labios en una línea aún más tensa, dio media vuelta y se marchó, expresión ambigua de frustración y oposición, túnica negra ondeando a la altura de sus tobillos.
Y Lily permaneció allí, viéndolo desaparecer completamente de la fiesta por el resto de la noche y preguntándose qué demonios le había afectado tanto para que huyera del lugar como Dementor ahuyentado por un Patronus. No era como si ella hubiera esperado algo tampoco. De hecho, había estado aliviada de no tener que seguir el estúpido protocolo que seguía a la igualmente estúpida plantita colgada del techo y estaba segura de que él lo había estado también. Aliviado (porque él era un sangre pura y ella una sangre impura y algo así era ultrajante para el estatus de él). Entonces... ¿Por qué se había marchado?
No lo entendía. Definitivamente, no lo hacía.
No realmente.
