Beta:Aryan-Jonathan.
Advertencias: esto es shonen-ai/yaoi, así que homofóbicos pintan poco aquí; semi AU, incesto, tríos, muerte de personajes, mayor OCC, LEMON, y creo que por ahora está todo.
*Ni KH, VK o AS me pertenecen. Sólo la trama y Reiko Cross son míos.*
- Blah, blah- diálogos.
- "Blah, blah"- pensamientos.
(Blah, blah) = notas de la autora.
o0o0o0o = inicio/fin del lemon.
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10.- Unión.
Tres días después de haber despertado, Riku ya podía andar por sí mismo y sus heridas eran cosa del pasado. La única prueba del deplorable estado en el que había aparecido era la pálida y fina cicatriz en su abdomen; gracias a la sangre de Zero se había recuperado tres veces más rápido que una persona normal, y aunque eso era increíble, con una poción o una cura se hubiera recuperado en segundos y sin un constante recordatorio de su humillante derrota a manos de Roxas (1). Por desgracia, sus niveles de magia estaban al mínimo y se había quedado sin elixires, éteres, y pociones durante la batalla contra el rubio incorpóreo.
A pesar de sentirse muchísimo mejor, la doctora le obligó a guardar cama dos días más; así que había pasado cinco días en la enfermería de la academia siendo mimado por su hermano, su tío y, para su asombro, su maestro. Después de tanto tiempo siendo él quien se encargaba de proteger a Sora y a Kairi, ser cuidado por sus seres queridos se sentía de maravilla.
Aprovechando su forzosa estancia en la enfermería, todos se pusieron al día con sus vidas, y mientras su familia asimilaba la existencia de otros mundos, Riku una vez más se arrepintió de no haber estado allí para ayudar a su querido hermano durante su dolorosa transformación. Mas Zero pronto le quitó esas ideas de la cabeza; ya que en carne propia había descubierto que el pasado no podía cambiarse, por mucho que le pesara, y sólo podían seguir adelante con el tiempo que aún les quedaba.
De los tres, Zero era quien más tiempo pasaba con él, pues como se negaba a regresar a su propia habitación terminaron compartiendo la cama en la que había despertado, durmiendo acurrucados en los brazos del otro como cuando eran pequeños. Los recuerdos de su infancia le llevaron a recordar las últimas palabras de Ichiru y en que si no elegía pronto, no podría cumplir sus promesas.
Pensar en ello le hacía desear que el tiempo se detuviera y así poder quedarse en los brazos de Zero para siempre. La presencia de su hermano mayor había calmado esa ansiedad enloquecedora que le había llevado a obsesionarse con la idea de explorar otros mundos para encontrar la forma regresar a casa (2).
Durante los largos años que habían estado su madre y él completamente solos en un nuevo y desconocido mundo, el tener que esconder quién y qué era realmente le había pasado factura; odiaba tener que mentir a sus amigos, se sentía inmensamente miserable al hacerlo y si le añadía los efectos secundarios de la maldición a su creciente sentido de culpa, podía decirse que su estabilidad mental y emocional pendía de un hilo y la única forma de mantenerla que pudo encontrar fue a través de Sora y Kairi (3).
Escondió todo lo que en verdad sentía tras una máscara de orgullo y superioridad que poco a poco llegó a convencerse de que era real, más lo ocurrido durante el último año y el haberse reencontrado con lo que quedaba de su familia, había conseguido derrumbar todas sus barreras y las emociones que llevaba tanto tiempo reprimiendo finalmente habían salido a la luz, dejándole extrañamente cansado y, por raro que le pareciese, finalmente se sentía completamente libre (4).
Sabía que nunca volvería a ser la misma persona que sus amigos conocían, pero no encontraba en su interior fuerzas para tratar de serlo. No quería volver a ser ese Riku arrogante y prepotente, y se negaba a volver a ser una marioneta. En el fondo, tal y como Ichiru había dicho, sabía cuál era la decisión correcta. Tan sólo esperaba que Sora y Kairi le perdonaran por lo que había hecho durante su tiempo junta a Maléfica, y entendieran lo que estaba a punto de hacer.
- ¿Riku?- la voz de Zero, ronca por el sueño, le sacó se sus pensamientos.
El mencionado se giró para mirar a su niisan a los ojos y no pudo evitar que su corazón se estremeciera al ver en esos hermosos orbes violetas el reflejo de sus propios sentimientos: miedo hacia lo que les deparaba el futuro; dolor por la pieza de su alma que habían perdido; determinación para cumplir lo que se habían propuesto… y amor, un amor tan puro y a la vez tan visceral, que les hacía creer que un día serían consumidos por él hasta que nada quedase de ellos, pero mientras estuvieran los dos juntos nada les importaba; y finalmente Riku entendió que se dejaría mancillar hasta lo más profundo de su ser por la oscuridad que tanto temía, si así conseguía evitar que apartaran a Zero de su lado.
- ¿Estás bien?- preguntó el mayor esta vez, preocupación evidente en su expresión.
- No del todo- murmuró con una sonrisa antes de enterrarse aún más en el abrazo de su hermano- pero pronto lo estaré. Por ahora me basta con estar aquí contigo.
Zero le dedicó su sonrisa más hermosa antes de posar en sus labios un delicado y casto beso. Debido a las heridas de Riku, y a que rara vez estaban a solas, los dos Kiryuu habían estado reprimiendo el deseo insatisfecho que les provocaba la cercanía del otro; mas esa noche, después de haber convencido a la doctora de que se encontraba lo suficientemente bien como para asistir al funeral de Ichiru, los dos damnare se habían retirado a la habitación que Zero tenía en la residencia del director. Ambos peliplatas necesitaban estar solos tras el esfuerzo emocional que había supuesto para ellos el verse obligados a despedirse del que fuera el más travieso de los trillizos Kiryuu. Los dos se habían quedado dormidos en el consuelo de los brazos del otro, aunque parecía que la siesta no había sido tan necesaria para el portador de la Keyblade (5) como lo había sido para el vampiro.
Continuaron besándose lánguidamente durante unos minutos más, reacios a abandonar la intimidad que la noche les ofrecía. Los hermanos llevaban demasiado tiempo esperando ese momento para detenerse ahora, pero tampoco tenían prisa; aún faltaban algunas horas hasta el amanecer, así que tenían tiempo para familiarizarse de nuevo con el cuerpo de la persona que amaban e iban a aprovechar hasta el último minuto, pues no sabían cuando volverían a tener tiempo para ellos mismos y algo en su interior les impulsaba a sellar el lazo que les unía de forma definitiva.
Intuyendo que algo en su otouto había cambiado, Zero decidió que ambos estaban listos para dar el siguiente paso y se lo comunicó a su hermano a través de un profundo beso cargado de deseo y necesidad. Aunque en ese momento tan sólo podía pensar en hacer suyo a Riku, sabía que su hermanito aún era virgen y quería que su primera vez fuese inolvidable; por no decir que los dos necesitaban esa íntima conexión, necesitaban reafirmar que estaban vivos y juntos, y que no estaban solos a pesar de la muerte de Ichiru.
Cuando la necesidad de respirar se hizo palpable, Zero se separó con reluctancia de los deliciosos labios, ahora rojos y levemente hinchados, de Riku; la visión con la que se encontró terminó por convencerle de que ya habían esperado demasiado, pues nada existía en ese mundo capaz de compararse a la pecaminosa imagen que presentaba su hermano con el largo cabello plateado creando un halo alrededor de su sonrojado y hermoso rostro, con los brillantes ojos aguamarina entrecerrados y cargados de lujuria, y la camisa medio abrochada dejando al descubierto su elegante y pálido cuello. El menor de los Kiryuu era, sin lugar a dudas, un sueño húmedo hecho realidad y Zero iba a disfrutar siendo el primero, y el último si terminaba saliéndose con la suya (6), en introducir a Riku a los placeres del sexo.
Mientras el mayor se deleitaba admirándole, Riku se estremeció al notar la mirada de profunda devoción que le dedicaba Zero. A pesar de todo lo que pudieran decirle, el vampiro no terminaba de asimilar lo endemoniadamente atractivo que era, más el joven damnare sí que había notado las miradas cargadas de deseo que su hermano despertaba allá donde iba. Durante el trayecto hasta el cementerio y el de regreso a la academia, Riku tuvo que contener sus celos o terminaría atacando con Soul Eater (7) a todos los que miraban de más a su niisan, lo gracioso del asunto era que sus sentimientos hacia Zero le habían cegado hasta el punto en que ni sentía las miradas lujuriosas dirigidas hacia su persona.
o0o0o0o
Riku, decidido a no ser completamente pasivo, empezó a desabrochar la camisa de su hermano, aprovechando cada movimiento para acariciar de forma sugestiva la tersa piel del pecho de Zero, lo que causó que el mayor soltase un ronco gruñido antes de abalanzarse sobre los labios del menor, devorando su boca de forma casi bestial. Tan distraído estaba debido al adictivo placer que le otorgaban los labios y la lengua del vampiro, que no se dio cuenta de que su amante le había despojado de su camisa hasta que la fresca brisa que entraba por la ventana acarició su piel, causando que su cuerpo se estremeciera y sus pezones se endurecieran debido a la eléctrica mezcla de frío y calor que asaltaba sus nervios.
La reacción de su hermanito logró que Zero soltase una carcajada en medio del tórrido beso, lo que no pareció hacerle mucha gracia al de ojos aguamarina, si la forma tan brusca en que agarró la erección de su pareja era indicación alguna; la atrevida acción de Riku consiguió sacarle un sonoro gemido al mayor, quien a su vez llevó una de sus manos hasta el pezón izquierdo del más joven y lo pellizcó de forma dolorosamente placentera. El ataque de Zero le tomó por sorpresa e instintivamente echó la cabeza atrás, rompiendo el beso, y gimió de forma gutural debido a la corriente de placer que bajó por su espalda hasta llegar a su entrepierna, haciendo que su miembro endureciera aún más.
Viendo lo mucho que su amado estaba disfrutando de sus caricias y deseando verle correrse al menos una vez antes de hacerle el amor como era debido, tomó el otro pezón entre sus labios y se puso a chuparlo con vigor mientras seguía torturando el otro con renovado fervor. El grito de placer que se le escapó a Riku fue música para sus oídos y valiéndose de su mano libre, se encargó de hacer desaparecer la poca ropa que el más joven aun llevaba encima. Una vez le tuvo completamente desnudo, abandonó ese delicioso botoncito rojo y erguido para marcar el pálido cuello que su otouto le ofrecía de forma inconsciente. Riku era suyo y pronto todo el mundo iba a saberlo.
Las sensaciones que los labios y las manos de Zero estaban otorgándole a su cuerpo le habían dejado desando por más, más besos, más caricias, más placer, lo quería todo y no iba a dejar que el mayor se le escapara hasta que le hiciera completamente suyo. A base de tirones y gemidos medio ahogados por la lengua de su hermano, fue capaz de transmitirle a su amante que aun llevaba demasiada ropa encima; en esos momentos las palabras no eran necesarias entre ellos, pues entre ambos existía una conexión especial más allá de las palabras y que les permitía entenderse de forma instintiva. Zero no tardó mucho en estar completamente desnudo, y Riku no perdió tiempo en aprovecharse de ello para acariciar toda esa deliciosa piel pálida que se le había presentado como un delicioso manjar.
Por su parte, Zero se estaba encargando de marcar cada centímetro del exquisito cuerpo de su hermano con que su boca hacía contacto. Poco a poco fue bajando hasta llegar al ombligo de su pareja, donde se dedicó a imitar con su lengua lo que pensaba hacerle esa noche; sus esfuerzos le ganaron un estremecimiento de placer y varios suspiros entrecortados. Satisfecho con su reacción, siguió bajando y finalmente llegó al lugar donde Riku más deseaba que le tocara. Completamente erguido y sonrojado, el pene de su hermano le dejó bien claro lo mucho que el menor estaba disfrutando de sus caricias. Zero besó suavemente la punta, lo que hizo que Riku jadeara levemente, antes de metérselo completamente en la boca y empezó a chupar como si ese duro miembro fuera un suculento caramelo. El grito de placer que le arrancó al otro peliplata resonó por toda la habitación y fue música para sus oídos.
A ese grito le siguieron diversos gemidos, suspiros y jadeos de delirante placer como nunca había sentido. La combinación de succiones de diversa duración y fuerza, el leve roce de dientes y colmillos, y tórridas caricias le estaban volviendo loco; si Zero seguía así no iba a durar mucho y Riku se lo hizo saber tirando de esos sedosos cabellos plateados tan similares a los suyos, pero en lugar de detener a su hermano, eso pareció hacerle doblar sus esfuerzos. Zero estaba dispuesto en hacer que su querido otouto llegase al orgasmo antes de llegar al acto principal, y nada iba a quitarle ese deseo de la cabeza.
Con nuevo roce de esos afilados colmillos y una profunda succión, Riku terminó corriéndose en la boca del mayor con otro grito ensordecedor. El placer que sintió recorrer cada célula de su cuerpo no podía compararse con nada que hubiera sentido antes, todo palidecía a su lado. Mientras el damnare más joven disfrutaba de los deliciosos temblores de su clímax, Zero se apartó de su miembro con un última y obscena caricia y dejó caer sobre su mano derecha el fruto de sus actos.
Puesto que no habían planeado tener sexo esa noche, el semen de Riku tendría que bastar como lubricante; no era la mejor opción, pero era preferible a no tener nada y terminar haciéndole más daño del necesario a su hermanito. Aprovechando que los músculos de Riku parecían haberse convertido en gelatina, empezó a prepararle con una delicadeza y un cuidado que muy pocos sabían que poseía. Por experiencia propia sabía que la primera penetración siempre dolía un poco, no importaba cuantas veces participase en el delicioso acto, más si se tomaba su tiempo con esa virgen entrada el dolor pasaría pronto, dejando paso a uno de los placeres más exquisitos que una persona era capaz de experimentar.
Los leves gemidos de incomodidad que dejó salir Riku le indicaron que su amante se estaba recuperando de su reciente orgasmo, así que decidió distraerle de lo que estaban haciendo sus dedos con una nueva ronda de profundos besos y tiernas caricias. Poco a poco el joven se fue relajando de nuevo, lo suficiente para que Zero añadiese un segundo dedo. Sólo pensar que pronto estaría dentro de esa estrecha entrada le hacía la boca agua, pero tenía que contener su libido o terminaría haciendo algo de lo que se arrepentiría más tarde. Parecía que pronto podría añadir el tercero, más aun no había encontrado ese punto en el interior de su amado que le volvería loco de placer y le haría suplicar por más; decidió añadirlo de todas formas, y nada más lo hizo Riku echó la cabeza atrás súbitamente y su espalda se arqueó de la forma más sexy que Zero había visto en su vida.
Al principio la intrusión de esos dedos le había resultado extraña e incómoda, pero con cada minuto que pasaba su cuerpo se fue encendiendo de nuevo y cuando el vampiro rozó algo en su interior sintió como si un rayo le hubiera caído encima y le hubiera dejado los nervios en llamas. Estuvo a punto de correrse otra vez y sólo un milagro evitó que lo hiciese; si eso era lo que tres dedos podían hacerle sentir, estaba ansioso por saber cómo se sentiría el tener a Zero moviéndose dentro de él. No tuvo que esperar mucho, pues su amante parecía haber decidido que ya estaba lo bastante preparado y Riku estaba completamente de acuerdo.
Con Riku listo y él cansado de esperar, Zero empezó a introducirse lentamente en esa sonrosada entradita, yendo con cuidado de no causarle daño alguno a su otra mitad, fijándose en las distintas expresiones del menor para asegurarse de que todo iba bien. Cuando por fin estuvo completamente en su interior, tomó una de las manos de su hermano y entrelazó sus dedos con los del otro. Con su mano libre empezó a masturbar a Riku, pues si no se distraía con algo empezaría a moverse como una bestia en celo; por lo menos ahora entendía por qué Ichiru se pasaba las horas tratando de convencerle de que se atrincheraran en una habitación y no salieran nunca más de la cama. Aunque habiendo estado en ambos lados de esa adictiva danza, podía decir con toda seguridad que era incapaz de decidir en qué rol prefería estar.
Cuando por fin sintió que podía soportar la intrusión, Riku apretó un poco la mano del de ojos violetas para indicarle que ya podía moverse. Lo que siguió a ese simple gesto fue la mejor noche de su vida; pronto el tiempo dejó de tener sentido para ellos, su mundo se redujo a la exhilarante fricción de piel contra piel y el ambiente se llenó de los sonidos más lascivos y sensuales que ambos jóvenes eran capaces de producir.
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Tan absortos estaban en el acto, que en ningún momento se percataron de la figura translucida que les dedicó una sonrisa cargada de cariño antes de desaparecer o como sus auras, una de un morado oscuro casi negro y otra de un profundo rojo sangre, se manifestaron de forma casi tangible antes de entrelazarse en medio de una luz dorada. Y esa mañana, con los primeros rayos del sol, se quedaron dormidos en los brazos del otro, dispuestos a enfrentarse a todos una vez sus ojos volvieran a abrirse; pues mientras estuvieran juntos, no había nada que no fueran capaces de conseguir.
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El lemon no termina de gustarme, pero era necesario y quería que se centrara más en lo que ellos están sintiendo que en el acto en sí. Espero haberlo conseguido…
1.- Me estoy refiriendo a lo que ocurre en KH 365/2, por si alguien se ha perdido.
2, 3 y 4.- Son mi forma de explicar los cambios que sufre Riku en esta historia y como los he relacionado con el original.
5.- Lo escribo así porque me resulta más cómodo ¬¬
6.- Que más quisieras, Zerorín.
7.- Por qué menciono Soul Eater en lugar de Way to the Dawn es un secreto por ahora ;)
Aquí os dejo el último capítulo, ¡pero aun queda el epílogo!
Nos leemos,
Alanna.
