Hola de nuevo, otro viernes mas y nuevo capitulo. Espero sea de vuestro agrado. Muchas gracias Nora y mamademoon por vuestros comentarios. Y gracias también a todos los que leen aunque no comente. Todo cuenta mucho para mi.
La canción a la que hago referencia es de Maiko Fujita, se titula "Nee" (que significa 'oye' o 'ey' en japonés). Es una canción que me encanta, tanto la música como la letra y la voz de la cantante... mas adelante pondré la letra completa (traducida al español con la transcripción en romaji). Si quieren escucharla, a mi me encanta, es muy hermosa. La canción pertenece a otra serie, Hiiro No Kakera.
Capítulo 9.: Entrenamientos intensivos.
A la mañana siguiente el príncipe Endimión amaneció entumecido y algo cansado pero con la mente despejada y es que había tenido un gran sueño. No lograba recordarlo demasiado pero sabía que Bunny había estado en él, sobre todo le parecía que había estado cerca de él mientras dormía, tenía el leve recuerdo de haberla sentido muy cerca. ¿Serían imaginaciones suyas? Y lo que ocurrió anoche, ¿sería un sueño también? Era posible pero por eso mismo no iba a preocuparse. Mientras se vestía había decidido disfrutar lo más posible de su estancia en la luna, contrariamente a su pensamiento cuando supo que iría a la luna. Había sido muy estúpido por su parte protegerse mentalmente para que no le afectase en nada el estar rodeado de tantos seres lunares, no eran tan diferentes a él ni a los demás habitantes de la tierra.
Abandonó el dormitorio para salir de sus aposentos y encaminarse a los corredores de palacio que le conducirían a la Biblioteca. Hoy también sería un día duró. Miró fortuitamente a la puerta que daba al balcón y decidió salir antes al exterior para admirar el paisaje. Se detuvo en la barandilla apoyando sus manos; la brisa alborotó su pelo haciendo que se estremeciera levemente, sin saber por qué, recordó a Bunny con una de sus pequeñas caricias y una conocida onda de energía lo recorrió.
"– ¿Qué me ha hecho esa niña? Ahora a cada paso que dé, ¿la voy a recordar?" –suspiró resignado pero encantado con la idea. Iba a retirarse cuando escuchó una dulce voz tarareando una melodía que no conocía… pero era hermosa, con bastante sentimiento. Se aproximó nuevamente a la barandilla buscando la fuente de tan delicado sonido. La voz comenzaba a pronunciar algunas palabras, él escuchaba atento todavía buscando el origen. Pudo distinguir unas frases: '…Oye, ¿en quién estás pensando ahora mismo?… En cuanto a mí, estoy pensando en ti… Hubo una pausa… Desde la ventana abierta, Aah puedo sentir el olor de la noche… ¿De quién es el rostro que aparece en tu corazón ahora mismo?' Era una hermosa voz, suave y dulce. Sintió deseos de conocer a la emisora de tan atrayentes sonidos.
"– Poseéis una dulce voz, ¿podría saber a quién le pertenece? –expresó con tranquilidad tratando de no espantar a su desconocida interprete – Ha sido hermoso lo que he escuchado." La voz cesó abruptamente y escuchó unos apresurados pasos que parecían proceder de más arriba de su balcón. 'La he asustado, ¡lástima! me quedaré con la incertidumbre' pensó tristemente el príncipe que se giraba para entrar en su habitación, pero se detuvo al escuchar en un leve susurro.
"–… Gracias…". –Era muy débil, apenas un arrullo. No fue capaz de distinguir el tono de la voz que le habló pero su voz al interpretar esas sentidas frases se había grabado en su mente.
"– ¿Quién sois?" –preguntó paciente. No obtuvo respuesta, pensó que su misteriosa interprete se habría ido así que sin mucha esperanza dijo: "– Lamento si os he asustado, únicamente deseaba elogiar vuestra hermosa voz, ha sido un maravilloso inicio de día." Pasaron unos instantes en los que sólo el susurro del viento se escuchaba.
"–… Selene…" –dijo temblorosa la suave voz, sonando cohibida y más aguda que antes. '¿La princesa? ¿Es la princesa Selene?' exclamó para sí mismo. El único contacto que había tenido con la princesa fue el tropiezo que tuvo el día anterior a la salida de su entrevista con la Reina. Había creído por su apariencia que era tan sumamente tímida que le intimidaba la presencia de los terráqueos en el Milenio de Plata. Decidió aliviar la tensión que suponía estaba sufriendo su anfitriona despidiéndose cortésmente.
"– Es un placer que por fin nos presentemos, Alteza Real, aunque no sea cara a cara. –dijo cortes conteniendo una leve sonrisa– Me presentaré aunque imagino sabéis quien soy, mi nombre es Endimión, príncipe heredero del Reino de la Tierra. Agradezco el obsequio que he escuchado por vuestra parte. Os ruego me disculpéis, ahora debo dejaros."
Y dando rápidos pasos, entró al edificio cerrando la puerta del balcón tras de sí, dejando así, totalmente avergonzada y hecha un ovillo en el balcón superior al suyo a la princesa Selene… una muy sorprendida Selene que con el rostro totalmente ruborizado y su corazón martilleando contra su pecho se reprendía por ser tan descuidada. '¡Idiota! ¡Idiota! ¡Totalmente idiota! ¿Cuánto más me voy a intentar descubrir? Tenía que haberme quedado en mi habitación, no dejarme llevar por las emociones y quedarme calladita, que así estoy más guapa. ¿Por qué le tuve que decir mi nombre? Pero peor habría sido decirle que era Bunny, habría sabido donde encontrarme y a ciencia cierta sabría que soy la princesa. Sólo espero que no me haya reconocido mi voz… ¡Nota mental, dejar mis cantos para cuando Endimión se vaya!' pensaba la princesa, levantándose del suelo tras la columna que le había servido de apoyo y escudo al oír la voz de Endimión justo debajo de ella.
Por el camino, el príncipe se encontró con varios sirvientes que llevaban unas bandejas con alimentos. Se quedaron congelados frente a él sin saber cómo proceder y Endimión se percató de ello. No sabía los horarios a los que le serían servidas las comidas pero al ver al personal con aquellas bandejas pensó que él se había levantado demasiado pronto, apenas serían las 8 de la mañana.
"– ¿No será por casualidad mi desayuno? –preguntó el príncipe, a lo que obtuvo un tímido asentimiento por parte de la sirvienta y el mayordomo que lo portaban. '¿Qué haría Bunny en esta situación?' pensó. Rápidamente antes de permitirles decir o hacer nada más, el príncipe se aproximó y tomó varios de los alimentos que allí llevaban y se los llevó a la boca. Los sirvientes quedaron pasmados cuando el príncipe estaba devorando su desayuno encaminándose nuevamente hacia la Biblioteca. Se detuvo un instante y les hizo señas para que lo siguiesen, cosa que hicieron con premura. Así fue el primer desayuno a la carrera del príncipe. No le molestó ser impulsivo en ese sentido, podía comer mientras se dirigía a su destino. 'Vaya influencias más positivas tengo en ti, Bunny' pensó sonriente el príncipe tomando un sorbo de café, imaginándose que eso mismo exclusivamente se le podría haber ocurrido a ella, y ahora, a él.
Los siguientes días estuvieron organizados de la misma manera que el primero. Por las mañanas, el príncipe era dirigido en sus estudios por Ami, la Guerrero Mercurio y tras la comida era entrenado por Makoto, la Guerrero Júpiter. Con los días, fue mejorando notablemente por lo que ambas Guerreros habían incrementado el nivel de dificultad tanto de los contenidos como de implicación en los combates.
El príncipe no cabía en su asombro pues aunque ya era considerado un digno oponente, notaba grandes mejorías en sus destrezas. Se sentía muy satisfecho de sí mismo, hasta ese momento no se había dado cuenta de hasta que punto llegaba su capacidad y cuanto más podría mejorar. Y estaba progresando rápidamente, muy rápidamente. Las Guerreros que hasta ahora lo habían entrenado e instruido se lo habían repetido varias veces durante esos días.
"– Príncipe Endimión, vuestros progresos son fantásticos, –exclamó Júpiter ofreciéndole una toalla– estoy francamente admirada de vuestra predisposición para el combate. Hacía tiempo que no conocía a alguien tan capacitado que en tan poco tiempo hubiese mejorado tan notablemente." El príncipe escuchaba esas palabras con orgullo, realmente no era difícil para él implicarse en las tareas que realizaba en la luna, él siempre había puesto sus miras muy altas y no cedía ante la primera resistencia que se encontraba. En este caso, tenía una motivación extra… de largos cabellos rubios, hermosos ojos azul claro, y encantadora sonrisa que lo tenían encandilado. Quería que ella viese lo que se estaba esforzando, que lo animase para no rendirse, que lo elogiase cuando tuviese éxito y que lo regañase en el momento que fuese preciso hacerlo.
Era extraña la atracción que sentía por Bunny y quería tantas cosas de ella. Desde que llegó, no había dejado de pensar que era lo que tenía ella que tanto le atraía. Le daba cierto reparo investigar en esos desconocidos sentimientos que la joven despertaba en él. Se le había calado hasta los huesos, a cada rato que no estaba con ella, sus pensamientos ya estaba direccionados a encontrarla.
Los primeros días pensó 'Es la novedad, no he conocido a nadie como ella, por eso me gusta, por su personalidad, su alegría, su sinceridad…' pero poco a poco una parte de él le estaba dando que pensar que ese sencillo razonamiento al que había llegado era sólo la punta de iceberg. ¿Habría algo más que no había todavía identificado en sus sensaciones con ella y que podría significar algo más? Le daba cierto temor pensar en sentir más que amistad por ella, era una cría aun cuando tenía comportamientos tan maduros a veces.
Sentado en la valla del recinto de entrenamiento con Júpiter y Nephrite conversando animadamente sobre las mejoras del príncipe, esperaba que Bunny se uniese a ellos en cualquier momento. Ella no aparecía, ¿estaría tan ocupada que no la vería ese día? Dejando la toalla en la valla, se excusó con sus entrenadores y se dispuso a adentrarse en los jardines principales. Iba paseando despistado, sin prestar atención por donde iba.
De pronto unas manos le cubrieron los ojos. "– ¿Quién soy?" –rio una jovial voz forzada. Él le respondió divertido por el infantil juego.
"– Mmmm, pues no sé… ¡qué difícil me lo ha puesto! ¿Tal vez… la consejera Luna?" –dijo conteniendo la risa. Selene no pudo contener la carcajada pero no quitó sus manos de los ojos de Endimión.
"– ¡Oye! ¡Son manos, no patas las que te cubren los ojos! ¡Vamos! Otro intento. –exclamó risueña Selene, que se sabía de sobra descubierta.
Él sonrió mientras tomaba suavemente una de las manos que le tapaban los ojos y la arrastró hacia delante mirándola con dulzura.
"– Sólo puedes ser tú, mi querida Bunny. –Susurró con calidez– Eres la única que consigue llegar a mí con tanta naturalidad." Ella lo miró sorprendida, la había dejado nuevamente sin palabras, pero se recompuso rápido.
"– ¡Entonces tengo que decirle a todo el mundo que te salude así! –exclamó severa– así no me descubrirás tan fácilmente como ahora. Eso incluye a tus Generales, los sirvientes, las Guerreros…" Y siguió enumerando a todo aquel que se le ocurrió.
"– No, por favor, imagínate el cuadro. Sería un poco ridículo si mis Generales me abordasen así, ¡sobre todo el serio de Kunszite!" –suplicó en broma Endimión. Tras esto se rieron con confianza mientras seguían paseando por los jardines.
"– Iba a ir a nadar, ¿quieres venir? –preguntó ella con inocencia– El sitio ya lo conoces, ¿te gustaría venir?". Él la miró sorprendido y en un segundó recordó cuando llegó a la luna y se encontró con ella… bañándose en aquella cascada… De inmediato, sus mejillas se colorearon de color carmesí. Selene lo miraba extrañada pero rápidamente entendió desviando su atención hacia otra parte de la situación que vivieron en esa ocasión, no iba a dejar que el príncipe se cerrase en banda de nuevo. "– No tienes que preocuparte, esta vez no pasará nada, ¿vamos?" Y diciendo esto, tiró de él hacia los muros del palacio por los que aquella tarde días atrás accedieron al recinto del palacio del Milenio de Plata.
"– Bunny, no creo que sea una buena idea, –expuso el príncipe– además, debería ir a asearme a mis habitaciones, sería más adecuado." –Titubeó el príncipe sin ocultar un pequeño sonrojo en sus mejillas.
"– Eso no es problema, te refrescarás en la cascada, –explicó Selene con sinceridad– ese agua es milagrosa." Selene lo miraba sin malicia, pero Endimión no estaba seguro de que ella supiese la magnitud de sus palabras. Le hacía pensar que ella era más niña de lo que ya pensaba él que era. Y si realmente era tan joven, debía evitar favorecer su confusión por los sentimientos que ella despertó desde el primer día en él. "– Llegaremos allí en un momento, hoy podré usar mi poder." –dijo jovial Selene.
"– ¿Pero qué…?" –comenzó a decir Endimión, pero tan pronto habló, una luz los envolvió a ambos impidiéndole la visión. Sentía una corriente circular de aire a su alrededor que lo envolvía en un instante pero desapareció al momento siguiente.
"– Puedes abrir los ojos, ya hemos llegado." –dijo Selene satisfecha separándose de él unos pasos. Endimión abrió lentamente sus párpados viendo con asombro que se encontraban en el mismo sitio donde se conocieron la primera vez. Él vio como Bunny se acercaba al agua y se inclinó introduciendo su mano en ella, como comprobando su temperatura. Se alzó de nuevo y Endimión observó aterrado como se quitaba las sandalias, después una corta capa que llevaba, y colgaba en un árbol una pequeña bolsa de la que no se había percatado hasta ese momento.
"– Bunny… ¿qué… haces? –titubeó pasmado mientras ella se quitaba además unas pulseras que llevaba en su muñeca. Selene lo miró sorprendida, ¿acaso pensaba que se iba a lanzar al agua sin quitarse lo más posible para nadar cómoda? Ella lo miraba extrañada pues Endimión ruborizado había apartado su mirada. Y entendió ahora completamente el estado del príncipe. Recordó en ese momento como se conocieron, ella sabía que él la había visto bajo la cascada pero no sabía cuánto había visto él. Se sintió un poco avergonzada pensando que él estaba recordando haberla visto desnuda, pero se recompuso rápido; ellos estaban en igualdad de condiciones, pues días antes y sin tener más opciones, ella tuvo que sacarlo desnudo del agua.
Entonces se acercó juguetona a Endimión y comenzó a desatarle la capa que cayó al suelo. Él se echó hacia atrás sonrojado y exclamó: "– ¿Qué pretendes?" –Endimión se separó de ella intentando controlar su nerviosismo. Selene lo miraba detenidamente, él estaba claramente avergonzado por su movimiento y comenzó a atar todos los cabos. Su vena traviesa y maliciosa afloró en ese momento, su rostro cambió totalmente desapareciendo la calidez de su mirada y dando unos rápidos pasos hacia Endimión, le quitó la espada del cinto desarmándole y barriendo sus piernas, le hizo caer al suelo. Ella se colocó encima de él en una posición un poco comprometida, lo que hizo que sus sonrojadas mejillas del príncipe se volviesen totalmente rojas.
"– Bien, bien, príncipe Endimión… ¿Qué se supone que voy a hacer contigo?" –expuso impasible pero pícara asiendo su espada de tal manera que podría haber cortado la piel del cuello del príncipe. Él quedó paralizado, la reacción de Bunny había sido tan rápida como la de cualquier Guerrero en combate; en dos ágiles movimientos lo había desarmado y ahora sobre él desarmado, parecía otra persona totalmente diferente; alguien frio, calculador… no, eso no podía ser. Su mente se negaba a creer lo que estaba viendo.
Ella lo observaba todavía sentada sobre él, su inexpresivo rostro denotaba desdén y frialdad. Casi era eso lo que más asustaba al príncipe; el no ver en aquella joven a la dulce niña que lo acompañaba y llenaba de luz sus días en la luna. Tragó con dificultad pensando quien era realmente ella, si lo había estado engañando todo ese tiempo… Por un momento sintió miedo ante ella, por desconocerla por completo.
Desde su privilegiada posición ella seguía mirándolo fríamente con una ceja levantada, analizándolo. Con un rápido movimiento clavó la espada cerca del cuello del príncipe inclinando levemente la hoja acercándose a su piel. Endimión seguía boquiabierto, en otras circunstancias se habría intentado zafar de su captor pero se sentía totalmente paralizado por ser Bunny el motivo de su temor. Ella inclinó más la hoja de la espada clavada en tierra, haciendo que ésta se acercase peligrosamente a la piel del cuello de Endimión. Cuando faltaban apenas unos centímetros, una macabra sonrisa apareció en su rostro y él cerró los ojos; ella le iba a herir o peor aún, a matar. '¡No, no puede ser verdad!' pensaba él. Los temores que le habían invadido y mantenido en guardia cuando todavía estaba en la tierra acerca de lo que se encontraría en la luna, se iban a cumplir. Pero nada sucedió.
Pasaron unos segundos eternos y nada pasaba. Lentamente abrió sus ojos y vio el rostro divertido y sonriente de Bunny tratando de contener una carcajada a poca distancia del suyo. La espada había desaparecido de la posición de ataque que segundos antes había adoptado. Él la miró confundido y ella rompió a reír con una sonora carcajada.
"– ¡Dios, Endimión! Tendrías que haberte visto la cara, jajajaja. Parecía que te estuvieses enfrentando a la misma muerte, ¿tan terrible me veía? –exclamó tratando de contener la risa y las lágrimas de sus ojos– Perdóname, pero es que estabas taaan serio, tan avergonzado por estar aquí que… no se me ocurrió otra cosa… ¿estás bien?".
Selene tranquilizándose observó a Endimión que la miraba atónito por el cambio de situación, estaba totalmente conmocionado; por un momento había creído lo que sucedía, que ella lo había estado engañando y algo en su interior se había roto. Una lágrima se escurrió de sus ojos por su paralizado rostro. Ella vio como esa diminuta gota resbalaba por su pálido rostro y se sorprendió. Su jovial estado de ánimo se transformó en preocupación por él en un instante.
"– Endimión… ¿qué…?" –murmuró ella inclinándose y retirando la lágrima de la mejilla del príncipe. Él sin darle tiempo a reaccionar, se abrazó contra su pecho en silencio. Su fuerte abrazo la dejó sin respiración un instante, haciéndola apoyar una mano en tierra para sujetar su peso y el de Endimión; su puesta en escena había afectado de sobremanera al príncipe que todavía impresionado trataba de calmar su corazón templándolo con la tibieza de Selene. Con su brazo libre, sujetó la cabeza de Endimión contra ella, apoyando su barbilla sobre ella.
"– No vuelvas a asustarme así,… por un momento pensé que…" –sollozó Endimión lo más controlado que pudo. Ella lo atajó y arrulló contra su pecho consolándolo mientras les incorporaba quedándose sentados. No sentía al hombre que la abrazaba a desesperado, si no al niño al que hubiesen hecho daño de la manera más cruel que pudiese existir. ¿Era esto lo que escondía en su corazón Endimión? ¿Quién habría sido el responsable de dañar su corazón para sepultar todas las emociones que ahora ella estaba destapando?
"– ¡Sshhh!, Endimión… –susurró dulcemente– me conoces lo suficiente como para saber que contigo jamás sería de esa manera. Perdóname si te hice sentir mal… jamás te dañaría consciente de ello… lo sabes, ¿verdad?" Él no respondió, se quedó en esa íntima y extraña posición siendo arrullado y protegido por el tierno cuerpo de aquella joven de la luna que despertaba tantos sentimientos encontrados en él. En aquel momento había sentido verdadero miedo por la escena que había vivido con la joven, pero en algo ella había tenido razón, él la conocía lo suficiente como para saber que ella no era fría, que en su corazón solo anidaba la calidez. Por un momento había olvidado la confianza que ella se había ganado por parte suya, se sintió tonto al pensar que por aquello había visto temblar los cimientos de la amistad que había construido con la joven.
Estuvieron en esa posición varios minutos mientras el príncipe se calmaba. Seguía siendo una postura comprometida, ella sobre él sentada a horcajadas y él con su cabeza sobre el pecho de la joven. Endimión poco a poco aflojó el abrazo y le dejó libertad a Selene, que en vez de levantarse, se deslizó unos centímetros sentándose sobre los muslos del príncipe.
"– ¿Estas mejor?" –dijo Selene mientras apoyaba su mano sobre la mejilla del príncipe. Él sólo asintió, su terrible susto ya era historia y sus anteriores nervios habían pasado. "– Bien, vamos a nadar un poco; –dijo risueña Selene– con que te desprendas de la armadura y las protecciones será suficiente, he traído toallas para secarnos después." Endimión la miró con una leve sonrisa en su rostro. Ella se levantó y fue hasta donde había dejado sus pertenencias, iba pensando que había sobreactuado demasiado pero que con ello había derribado otra muralla al corazón del príncipe. Una cosa era ayudarlo y otra lastimarlo, y esto último era lo último que quería. El príncipe debía aprender con ella sencillas lecciones; aprender a confiar, a respetar, a valorar y querer desde la sinceridad, aunque ella se sintiese mal por no poder ser totalmente sincera con él.
Ella sacudió su cabeza para alejar estos pensamientos de su cabeza y se arrojó ágilmente al agua. Endimión la observó maravillado durante todo aquel movimiento tan grácil que ella realizó. Él, tras ponerse en pie, se aproximó dónde había estado ella instantes antes y la buscó con la mirada. Perdió su silueta mientras estaba sumergida bajo el agua y la vio emerger como una sirena en medio del estanque. Su cabello se había soltado y era una larga cortina de oro que cubría la superficie del agua. La estampa que formaba era bellísima a los ojos de Endimión que seguía estático en la orilla. La veía con admiración mientras ella nadaba, se sumergía y volvía a salir a la superficie, se tumbaba sobre la superficie del agua. Sí, era una sirena. Algo tan bello no era de este mundo.
Selene seguía disfrutando del agua hasta que se dio cuenta que Endimión no la había seguido. "– ¿Es que no piensas meterte? ¡El agua está buenísima!" –exclamó ella mirándole todavía parado sin moverse. Ella se acercó nadando hasta la orilla y le arrojó agua para sacarle del trance en que se hallaba sumergido.
"– ¡Eh! ¡Te vas a enterar cuando te pille!" –dijo fingiendo enojo por la travesura que ella había iniciado.
"– Entonces, eso no ocurrirá porque ahí en la orilla no me vas a alcanzar." –dijo ella sacándole la lengua desafiante mientras nadaba de espaldas hacia el centro del estanque. Él aceptó el reto y se desprendió de todo lo que le podía incomodar, quedando únicamente con los pantalones de su indumentaria habitual.
Selene le observó quedando admirada de lo perfectamente formado que estaba, parecía un Dios en el cuerpo de un hombre, sus torneados hombros, sus fuertes y musculosos brazos, su perfectamente trabajado pecho y abdomen daban a entender que había sido sometido a un intenso entrenamiento para poder conseguir ese magnífico cuerpo que ahora se sumergía en el agua.
Endimión se sumergió saliendo del alcance visual de Selene que girando en el agua lo buscaba. Sintió como unas manos la sujetaban y tiraban de ella para sumergirla. Se resistió conteniendo las carcajadas que su juego le estaba proporcionando. Endimión salió a la superficie en ese momento y abrazándose a ella, les sumergió a los dos bajo el agua. A los pocos segundos, ella emergía y trataba de hundirle a él; estaban jugando como niños, se lo estaban pasando genial, salpicándose, sumergiendo al otro bajo el agua… parecían dos mocosos disfrutando del tiempo libre después de las clases.
Después de varios minutos de juego, Endimión sujetó por las piernas a Selene, elevándola sobre el agua. En donde se encontraban, él hacía pie así que le resultó fácil sujetarla por debajo de la cintura para que no patalease y pudiese zafarse de él.
"– ¡Te pille, Bunny!" –dijo él riendo con la respiración alterada por los juegos anteriores. Ella, apoyada sobre sus hombros lo miraba desde arriba, se reía con naturalidad, como amigos de la infancia, como si se conociesen de toda la vida… eso le reconfortaba y le encantaba, pero a la vez un mudo deseo se antepuso sin él preverlo a todo lo demás en su mente. Su mirada se posó en sus tiernos labios que reían todavía y lentamente, aflojando un poco sus brazos, hizo deslizarse sobre su cuerpo el de ella.
Selene lo miró; su alegre mirada ahora se había tornado oscura, profunda… anhelante, hambrienta. Se confirmó en su mente que algo había cambiado en el ánimo de Endimión cuando sintió como él aflojaba la sujeción que tenía en sus piernas, haciéndola descender rozando su cuerpo con el de ella… Selene se estaba apoyando en sus hombros para suavizar su descenso y cuando él la tuvo a un suspiro de distancia, la retuvo nuevamente. Sus miradas se cruzaban e intercambiaban; ella veía una necesidad inédita en los ojos de Endimión, creía entender lo que él quería, había visto esa misma necesidad el primer día, a Selene le asustaba un poco que ella fuese la que despertase esos deseos en el príncipe. Entendió en un momento la enorme necesidad de cariño real que aquel hombre albergaba. Se observaron unos instantes más hasta que él rompió el silencio.
"– Bunny… dime…– murmuró Endimión muy cerca de su rostro– ¿cuántos años tienes?" Ella lo miró sorprendida; varias ideas atravesaron su mente de por qué él le estaba preguntado aquello, pero no se demoró en romper aquel momento que de repente se había vuelto tan íntimo.
"– ¡Grosero! –dijo indignada, él se sorprendió– ¡Eso no se le pregunta a una dama! Y menos esperando que no se ofenda." Endimión perplejo no analizó sus palabras hasta que ella se zafó de sus brazos y cayó de nuevo al agua, alejándose un poco de él.
"– Bunny… yo… –se excusó Endimión– perdóname, ¡no pretendía ofenderte!". Ella se giró a mirarlo; él estaba algo avergonzado, Selene había exagerado su reacción únicamente para que no pasase nada que no pudiese controlar, aunque también se había quedado por un momento encandilada por el íntimo momento que se había generado de la nada.
"– 17… –susurró– en junio cumpliré los 18." Endimión la miró serio nuevamente y una leve sonrisa se dibujó en su rostro. No había conseguido dar rienda suelta a ese loco deseo que había conseguido mantener bajo control desde el primer día, pero era tan difícil. Se sentía tan atraído por ella que… casi cometió una locura. Ahora, sabiendo que no era tan joven como a veces le parecía, se sentía más tranquilo si llegaba a cometer algún desliz o a decir algo indebido delante de ella. Más le aterraba el hacer algo de lo que después tuviese que arrepentirse o que le hiciese daño… pero con ella se conducía tan cauteloso, como si anduviese sobre brasas que pudiesen avivarse al menor contacto. No quería hacer nada que enturbiase esa conexión que había establecido con ella. No quería estropearlo, pero un deseo bullía en su interior… algo dentro de él no quería separarse de aquella joven y fuese real o ficticio, prefería darle rienda suelta pero con control.
Endimión y Selene nadaron en aquel bonito paraje durante un buen rato hasta que el cielo comenzó a oscurecerse. Con cierto pesar, salieron del agua y se secaron con las toallas que ella había traído. No hablaron mucho más; aquella tarde habían reído, hablado, temido, consolado, llorado… esa tarde se habían acercado un poco más… Él era consciente de varias cosas con respecto a ella; a Bunny no le era indiferente, entre ellos había una conexión especial, ella la había sentido igual que él, de eso estaba seguro, pero también sabía que en la posición en la que se encontraban, ella era más fiable, más firme pues le paraba los pies con la sabiduría que los años imprimían a los hombres pero que esa dulce joven tenía como innata.
Selene le observaba en silencio mientras se terminaba de acomodar la ropa, sentía sensaciones hermosas en su interior cuando lo observaba. Se daba cuenta que aquellas sensaciones no eran conocidas como en principio le parecieron. Lo que en principio salía de ella por su natural espontaneidad y su jovial carácter, había evolucionado más profundamente, nunca se había sentido así por nadie y le asustaba, pero también le gustaba, le hacía sentir bien, cálida por dentro y con grandes deseos de estar junto a quien despertaba esos sentimientos, de tocarlo. Ahora lo sabía.
Endimión todavía estaba terminando de colocar su armadura cuando sintió un ligero tirón en su capa. Giró su rostro para ver qué era y vio a Bunny a su lado, quien estaba parada junto a él mirando al suelo. Bajó sus manos y la observó, '¿querrá decirme algo?' pensaba temeroso él. Ella sumida en aquel mutismo trató de agarrar tímidamente la mano de Endimión, rozando sus dedos y he aquí que la conocida descarga les invadió poderosa como en otras ocasiones.
"– ¿Por qué sucede esto? –preguntó ella terminando de sujetar con su mano la del príncipe– Eres el único con el que me pasa." Ella alzó en ese momento la mirada y se conectó con la de él.
"– Yo tampoco lo entiendo,… –expresó confuso Endimión– pero una cosa sí tengo claro… me gusta que suceda… y que sea contigo." Él apretó su pequeña mano entre sus dedos con firmeza pero sin demasiada presión, ella también se la apretó.
"– Sí… a mí también me gusta… por el mismo motivo." –murmuró suave sonriéndole con calidez. Sin más, se dirigieron hacia el palacio siguiendo el sendero que tomaron el día que se conocieron. El ir tomados de la mano era algo natural aun siendo una de las pocas ocasiones en las que lo estaban haciendo. En el camino de regreso no conversaron excesivamente; intercambiaron algunas preguntas sobre el desarrollo de su día, con la confianza que el trato diario les concedía. Era una maravillosa rutina a la que se habían acostumbrado.
Sabían que caminando tardarían bastante tiempo en llegar a palacio y ya había anochecido completamente. Al haberse escabullido del palacio sin avisar a ninguno de sus guardianes no podían demorar mucho el regreso, aunque no tenían ganas de acelerar su llegada al palacio. Endimión la miró mientras caminaban y dijo con pesar: "– Es ya tarde, debemos darnos prisa en volver, pero…"
Ella le miró comprendiendo; tenían tantas ganas de volver al palacio como cualquier persona de ir al dentista a sacarse una muela. "– Sí, tienes razón." –comentó ella y mientras caminaban conjuró el mismo poder que los transportó hasta aquel mágico lugar para regresar al palacio. Se materializaron frente a la puerta de acceso, y tras cruzarla sigilosamente, se dirigieron hasta el edificio principal.
Como hizo en otra ocasión, Selene tiró de él desequilibrándolo cuando llegaron al centro de los jardines. El dio un torpe paso para mantener el equilibrio, lo que ella aprovecho para darle un beso de buenas noches… demasiado cerca de la comisura de sus labios, lo que hizo estremecer a Endimión, que sin apenas margen de reacción, la vio alejarse por los jardines. Escuchó un suave 'buenas noches' que fue respondido por él, y se encaminó de nuevo al interior de palacio. Tenía que ser más rápido la próxima vez, no solo en reaccionar, si no en intentar que ella le dijese dónde podía encontrarla, era frustrante no saber cuándo ni cómo la vería y era una tortura no poder controlar cuando estaría disfrutando de su compañía. La próxima vez que se vieran, tenía que conseguir que ella se lo dijese. La próxima vez…
