Real

Dios, convertido en fórmula de toda calumnia, de toda mentira del más allá.

Friedrich Nietzsche


Se había logrado un equilibro paradójico, casi grotesco, si se pensaba detenidamente.

Vegeta continuaba viviendo en la Corporación Capsula, y sus amigos se habían acostumbrado a soportar la presencia del despiadado príncipe asesino. Y aunque eran indiscutiblemente justos sus resentimientos, Yamcha había bajado la cabeza, doblegándose a razón de la fuerza del Saiyajin, y había depositado todas sus esperanzas en una justicia divina póstuma.

Que Vegeta se comportara como un completo idiota, que se comportara como un ser superior, que maltratara incluso a los propietarios de la casa que lo hospedaba, tratándolos como esclavos y como prostituta, era algo intolerable.

Llegaría el día que Gokú, después de haberse servido del apoyo del príncipe para derrotar a los androides, finalmente lo sometería para corregir su forma de actuar o, si la mente de Vegeta perseverara irremediablemente en su error y se mantuviera fija en sus desviadas convicciones, lo habría matado y condenado a un infierno perpetuo.

Yamcha se sentía reconfortado con la idea de su propia felicidad eterna que compensaría aquel breve periodo de rabia e impotencia en su vida.

Desde el otro ángulo, Vegeta no parecía preocupado en absoluto por aquel futuro ineludible que le aguardaba: la muerte y el castigo eterno por una vida miserable plagada de injusticias cometidas por su propia mano. Prefería mil veces dedicar los segundos de su vida a morder los pezones de Bulma que a reivindicarse para no enfrentar un sufrimiento eterno en el infierno.

¿Cuánto le podría preocupar las llamas del infierno después de arder y hacer arder de pasión?

¿Cuánto le podrían importar las lenguas de fuego que consumirían su piel, cuando no lograba aplacar el deseo de sentir la lengua de Bulma sobre su abdomen?

El pensamiento terrestre era tan incomprensible para Vegeta que, ciertas veces, se sentía realmente curioso por saber un poco más al respecto: no porque se interesara sobre aquella raza obviamente inferior a él, sino solamente para alimentar su propio egocentrismo arrogante y sardónico.

Vistos desde fuera, parecían realmente tiernos: una joven mujer que descansaba agotada y sudada sobre el pecho del propio amante, mientras él le acariciaba distraídamente el cabello, más para evitar escuchar sus lamentos que porque quisiera hacerlo realmente.

"Entonces, aparentan ser buenas personas porque tienen miedo de un dios que los castigará, y no porque lo sean realmente…"

Todavía su orgullo elitista era demasiado poderoso para ser ignorado, y el príncipe no se hubiese rebajado jamás a conversar con un terrestre cualquiera; aquella pregunta debía ser escuchada solo por Bulma, la única persona del planeta que parecía tener una pizca de inteligencia que la hacía soportable y superior: nada de raro que fuese la mujer más rica e influente de la tierra.

Sin embargo para quién se consideraba un dios, obviamente incluso el hombre más importante y alabado de la tierra debía doblegarse a sus deseos: en su cabeza de Saiyajin la científica era solamente una prostituta, distinta de las amebas terrestres, pero siempre una prostituta.

Los suyos eran dos mundos incompatibles, y la mujer no se sentía ofendida por las palabras descalificativas que salían de los labios de quién era diferente de ella, y que por lo demás podía tener un entendimiento distinto de lo que significa la ofensa y el cumplido: ella se limitó a sonreír enternecida por aquella omnipotencia infantil, que casi envidiaba.

Porque siendo tan fuerte como él, estaba segura que no se comportaría como una terrestre, sin embargo ella siempre sería Bulma Briefs.

"No. Tenemos la esperanza que exista un dios que recompense nuestros sacrificios y sufrimiento. Ustedes, Saiyajin, ¿no conocen el concepto de trascendencia? ¿no creen en un ente superior a ustedes?"

"Creer en un dios va contra la naturaleza. Es la más grande devaluación de si mismo." Lo dice con tal disgusto que aquella emoción parecía tan concreta, tan real como pare tener un olor que le hacía arrugar la nariz, como si algunas veces las ideas fueran más fuertes que la realidad.

"Lo dice el príncipe de los animales aún no civilizados." En cambio, que los terrestres fueran unos completos idiotas, Bulma incluida, era una realidad tangible y no una simple idea. Vegeta se sentía abatido.

A veces, la posibilidad que ella no fuese como todo el resto se le cruzaba por la mente, impresionado por aquellas palabras suyas inteligentes, por su buen culo y por su comportamiento bravo, pero después la científica se revelaba, finalmente, como la terrestre que era, y no había nada más que hacer que sentir pena por ella y su inferioridad.

"Y, sin embargo, tanto es superior el príncipe de los animales que la mujer más inteligente de la tierra es su prostituta, ¿no?"

El rostro de ella se desfiguró: ¡esa sí que era una ofensa!

"Eres un bastardo." Trató de abofetearlo con toda la fuerza, aunque poca, que tenía en el cuerpo, pero él bloqueó su brazo en el aire antes de lograrlo.

"Solo dije la verdad. Fuiste tú la que me buscó para que te follara."

Torció su muñeca detrás de la espalda y la empujó fuera de la cama.

"Me has hecho daño, hijo de puta." Gritó con tono histérico.

Hubiese querido golpearlo con los puños, pero le hacía daño incluso pensar en mover la mano.

"Y puedo continuar haciéndote daño, mientras que tú no. Por la fuerza debes esperar que aparezca tu dios a hacerte justicia. Un día yo seré castigado y tú recompensada…" El príncipe hace una mueca disgustado, dejándola en la desesperación del error.

Pudo haber sido una noche perfecta, si se hubiesen mantenido a besos y mordiscos como era lo habitual, y no intentar hablar como las personas civilizadas.

"… pero hasta entonces gano yo."

Siempre es culpa de la civilidad y sus convenciones. El tabú del sexo sin amor es tema de otro mundo.

¡Maldición! Todo pudo haber sido perfecto.


Nota de la traductora: Saludos a todos los que siguen las actualizaciones de este fic. Quisiera primero agradecer los comentarios, opiniones y puntos de vista sobre esta historia y los conflictos que ella aborda. La autora me parece ingeniosa, y por eso me propuse traducirla desde el italiano. Este es uno de los capítulos que más me gustó leer y que más me ha costado traducir, y fue el que me motivó a solicitar la autorización hace unos meses a su autora para poder publicar en mi idioma, en este sitio. Espero sus comentarios y saludos.