Segunda parte
Capítulo nueve: Hachimenroppi
Zona sur de la ciudad de Ikebukuro
25 de julio, madrugada
Sin ser capaz de volver a conciliar el sueño y siguiendo su nueva y placentera rutina, Tsukishima tomó asiento en el sillón de la sala y empezó a leer. Ciertamente era notorio como su estado de ánimo había mejorado considerablemente desde que Roppi le aceptó en su hogar. Al menos ahora gozaba de mayor tranquilidad, pues era capaz de ponerle el ojo encima a su compañero en todo momento.
Roppi se hizo presente una media hora después, con aire desaliñado; tenía los cabellos de punta y la camisa de lado, dejando a la vista un delgado y pálido hombro. Roppi se acercó a Tsuki, pero no dijo nada.
–¿Tienes hambre? –le preguntó Tsuki apartando su atención de la lectura. Roppi negó con la cabeza y se dejó caer en el otro extremo del sillón y ahí se hizo un ovillo, como era su costumbre. Tsuki no se lo diría nunca, pero encontraba enternecedor la manera en que Roppi se guarecía en cualquier tipo de esquinas, prácticamente abrazándose a sí mismo. Sin embargo, también encontraba triste el que Roppi, comportándose de ese modo, pareciera poner una barrera entre el resto del mundo y él.
El Alterno de Shizuo no sabía que, cuando tocaron el timbre, Roppi se disponía a ponerse más cerca de él. Así, Tsukishima fue quien recibió al par de Alternos, Sakuraya y Shitsuo. El primero saludó respetuosamente con una inclinación del torso y Shitsuo apenas movió la cabeza para imitar pobremente el saludo. Sin duda, ser amable con los demás le suponía un esfuerzo muy grande.
Desde su sitio, Roppi notó que Tsuki se había puesto de los nervios, dada la manera en que apretaba la perilla de la puerta. Con reservas les permitió entrar, tras ver que Roppi le daba un silencioso consentimiento. A Roppi no le desagradaba Sakuraya pero no le gustaba estar cerca de cualquier otro Alterno. Tsukishima que sabía aquel detalle se colocó de pie, al lado de Roppi.
Al tiempo que Sakuraya le explicaba la razón de su visita a Roppi, los Alternos de Shizuo se miraron con cierta hostilidad, la que pasó desapercibida por sus respectivos compañeros. En cambio, Tsuki se daba cuenta de que a Roppi tanto le incomodaba estar cerca de alguien que no fuera el propio Tsukishima como para tener su mano en el interior del bolsillo del pantalón, cerca de su navaja.
–Eh, Roppi-kun –dijo Sakuraya sonriéndole al Alterno con dulzura–, ¿querrías ayudarme? –le preguntó acercándose un poco más al aludido.
En respuesta, los ojos rojos de Roppi se dilataron por la sorpresa inicial. Shitsuo bufó como si pensara que el haber venido a buscarles había sido una gran pérdida de tiempo. En cambio, Tsukishima se mostró aún más tenso. Mientras Sakuraya les decía su petición, Roppi pensó que quizá estaba poniendo demasiada fe en los demás. Sin embargo, él mismo se sorprendió cuando terminó por acceder.
¿Tsuki habría visto ese lado bondadoso en él, pero profundamente enterrado en su interior?, se cuestionó Roppi antes de prometer preguntarle en algún momento.
-o-o-o-
La facilidad con la que habían logrado entrar a las farmacéuticas dejó a Roppi impresionado, si bien había resultado de mucha ayuda el que los empleados del lugar no tuvieran el mínimo interés en inmiscuirse en los asuntos del informante de Shinjuku. También le había extrañado el que Tsuki aceptara quedarse fuera del edificio, pero pensó que tal vez Shitsuo era un personaje de lo más sombrío.
Roppi caminó al lado de Sakuraya y evitó en todo momento tener contacto visual con el Alterno de Shizuo. Dado el humor negro, además de escaso, que tenía, Roppi pensó que quizá podría simpatizarle aunque fuera un poco. Desechó al instante la idea y luego se preguntó si resultaría una tarea igual de sencilla conseguir el suministro. Secretamente no confiaba en que conseguirla pudiera ayudar a salvar la vida del compañero de Hibiya, pero calló aquello. Después de todo, Sakuraya le había prometido al principito obtener el medicamento, así que debían al menos intentarlo.
Roppi se volvió bruscamente a uno de los pasillos, pues pensó que alguien rondaba cerca. Al no ver a nadie, caminó tras de Shitsuo que sabía de la ruta a seguir porque Psyche, hacía bastante, les había confiado la manera de llegar al depósito. El Alterno les había dicho también que lo más simple era hacerse pasar por Izaya Orihara, pero Roppi se había negado rotundamente. Además, tenía la confianza de que los empleados serían igual de confiados que de poco interesados. Cómo agradeció Roppi el que durante las madrugadas hubiera poco personal y, además de todo, adormilado. Aun así, le pareció que no podía ser una coincidencia el que tan solo unas cuantas personas se encontraran en aquel edificio, cómo máximo había una docena y, ahora que lo pensaba mejor, estas mostraban cierto receso, puede incluso que miedo, en los ojos…
Al llegar al piso correspondiente del depósito, Sakuraya y Roppi se adelantaron a Shitsuo. Las cajas estaban apiladas en un polvoso extremo y al lado de las mismas había estantes con otras sustancias de procedencia desconocida. El que se encontraran arrinconadas hizo que a Roppi le desagradara aún más el maestro, pues este había cumplido sus silenciosas amenazas de frenar la producción del suministro.
De pronto, a Roppi le recorrió un escalofrío y aunque trató de evitar aquel ataque, no fue capaz de apartar a Sakuraya a tiempo. El segundo no cabía en su asombro al ver a Izetsuki lanzándose sobre él. Soltó un gritó cuando sintió el puño del recién llegado impactar contra su pecho. Luego, se vio sobrevolando las instalaciones hasta darse un fuerte golpe en la pared del otro extremo.
Izetsuki permaneció unos segundos contemplando su obra, antes de volverse a Roppi. La sonrisa que le dedicó iba de una oreja a la otra, dejando de ese modo visibles todos sus dientes. Ciertamente Roppi le encontró atemorizante y enseguida le dio la impresión de que estaba loco por la manera en que empezó a reírse estridentemente. Mientras le observaba, Roppi reparó en que no se había dado cuenta antes de los llamativos andares de Izetsuki y del pendiente que tenía en la oreja izquierda.
–Hermano querido, yo pensaba que eras el más prudente de todos. Sin duda, tu odio debió haber sido suficiente para evitar el que fueras víctima de un error tan estúpido como el que acaba de cometer ese imbécil. Recuerda, Roppi, no debes confiar en nadie. Pese a todo, mi apuesta había sido por ti. Al fin y al cabo, tenías razón: en el fondo, el corazón de todos está roto –le decía Izetsuki con voz cantarina e insinuante.
Roppi retrocedió unos pasos, pero no se molestó en armarse con su navaja. Pero ¿debería intentar hacerle frente? Sabía que, siendo Izetsuki tan fuerte como era el monstruo de Ikebukuro, las posibilidades de escapar no estaban de su parte.
–Roppi, Roppi, ¿quieres que sea tu verdugo? Tsukishima nunca accederá, lo sabes bien, pero Zetsu puede cumplir tu más oscuro deseo –por alguna razón, escuchar el nombre de alguien tan bueno como Tsuki en voz de la endemoniada creación de Izaya, hizo enfurecer a Roppi. El Alterno se había acercado tanto que Roppi arrugó la nariz ante el aroma metálico que se despedía de sus ropas.
Roppi iba a replicar cuando Shitsuo sorprendió a los otros. Roppi se agachó justo a tiempo; al parecer la ira de Shitsuo era tal, que poco le importó también herirle con lo que fuera aquella cosa que arrojó a Izetsuki. Mientras el par de Alternos comenzaba a pelearse y a causar monumentales destrozos, Roppi trató de llegar hasta Sakuraya que ya se había levantado, si bien uno de sus brazos le colgaba lánguidamente a un costado. También un hilillo de sangre le había manchado parte de su rostro y el cuello del kimono rosado.
–¡Deténganse! –gritó Sakuraya pero su advertencia llegó tarde. En apenas un parpadeo, Roppi se vio impulsado hacia atrás. Pensó entonces que Izetsuki y Shitsuo habían logrado provocar una explosión.
¡Menudo par de idiotas! ¡¿Cómo fueron capaces de pensar que podían pelearse cerca de productos químicos?! ¡Cerca del suministro!
Roppi siempre había sentido desprecio por la naturaleza del ser humano, pero, en aquellos momentos en que se encontraba precipitando al vacío, se maravilló de todo lo que podía ser capaz el humano de pensar en cuestión de tan solo segundos.
Al igual que en muchas ocasiones anteriores ocurrió, Roppi se vio así mismo trayendo a su mente recuerdos de Tsukishima y él.
Yo… yo… ¿qué debería hacer?
¿Estaré a punto de morir…?
¿Logré encontrar la mejor manera de marcharme?
Le sorprendió bastante su siguiente pensamiento.
¡No quiero morir!
Roppi pensó que tenía miedo de morir, pero también dudó si el miedo solo se debía a que, era probable, desapareciera en completa soledad de aquel Mundo Injusto. ¿Sería que había encontrado maneras de atreverse a quitarse la vida en el pasado porque sabía que, no importaba si tenía éxito o no, Tsuki estaría ahí?
No moriré, Tsuki, se repitió una y otra vez mientras su vista se nublaba.
Aun no soy capaz de abandonarte.
-o-o-o-
Pritzuo se encontraba bajo la sombra de un callejón y, con calma, fumaba al ver el incendio que estaba teniendo lugar en los pisos superiores de las farmacéuticas. Aunque tenía cierta curiosidad por saber si acaso Izetsuki había logrado salir ileso, el Alterno tomó entre sus manos la enorme cruz ensangrentada. Mientras observaba la suciedad de esta, Pritzuo pensó que era curioso la manera en que había logrado hacer lo que Izaya había ideado para él cuando le creó cuatro años atrás.
Pritzuo sonrió mientras se alejaba satisfecho a creces por haber terminado su trabajo de aquel día y también esperó que nadie le hubiera robado el placer de matar a Izetsuki con sus propias manos. A sabiendas de que Izetsuki querría jugar con los empleados y el personal de vigilancia que habían secuestrado conjuntamente apenas empezó el día, Pritzuo no se preocupó por su entretenimiento de nombre "Zetsu".
El Alterno solo se volvió una vez más para contemplar a lo lejos a Tsukishima. Aun cuando tenía ligera duda, decidió no hacerse presente. Pese a su descomunal fuerza, el pelear contra el monstruo de Ikebukuro le había dejado cansado.
-o-o-o-
Roppi recuperó la conciencia al cabo de un rato. Se giró sobre sí mismo para escupir la sangre que se había acumulado en el interior de su boca. Se quedó por unos momentos en aquella posición, tratando de normalizar su respiración y queriendo entender cómo había terminado en aquel piso de las farmacéuticas. Se dio cuenta de que había caído al menos dos niveles… Se incorporó hasta quedar sentado, en busca de Sakuraya y Shitsuo, o incluso del monstruoso Izetsuki. No vio a ninguno de los tres o siquiera encontró señales de que pudieran estar cerca. Se preguntó si continuarían peleando o si habían tenido mucha menos suerte que él.
De pronto, los oídos le pitaron y se preguntó si acaso tendría un daño auditivo permanente. Decidió pensar que aquella sensación molesta desaparecía con el paso del tiempo. Volvió a centrarse en sus hermanos y en Izetsuki, a quien pensó ahora odiaba mucho más que al maestro. Se prometió matarle si acaso no había muerto ya. Atesorando el odio, Roppi pensó en llamar a gritos a los otros dos, pero no se atrevió.
Reprimió la nube de sombríos pensamientos que le habían invadido por momentos y trató de abrirse paso entre los escombros. Sin embargo, apenas se hubo puesto en pie, se vio nuevamente en el suelo. Permaneciendo de rodillas y levantando su camisa, Roppi reparó en su costado amoratado. Apostó porque se había rotó un par de costillas. Pero sobreponiéndose al dolor, Roppi se decidió por salir de aquel edificio.
La confusión de la gente que circundaba el lugar, le permitió pasar desapercibido, de modo que Roppi logró salir del edificio aunque lo hizo trabajosamente. Con una de sus manos mantenía bajo presión el costado herido y con la otra se apoyó en las paredes. La herida no había dejado de sangrar y hacia que la camisa se le pegara a la piel. Con gran habilidad logró escabullirse del gentío que tenía puesta su atención en el edificio que aún seguía ardiendo. En algún momento, creyó que terminaría cayendo rendido dada la hemorragia y porque el humo que se respiraba a los alrededores le estaba ahogando. Mientras avanzaba por los callejones, se detuvo más de una vez para recuperar el aliento y volverse a las calles por si acaso lograba encontrar a Tsuki. El Alterno de Izaya no pudo evitar sentir un nudo en el estómago cuando pensó en lo preocupado que seguramente estaba su compañero por él. Después de todo, no podía saber si había logrado sobrevivir, como tantas veces ocurrió en el pasado.
Roppi casi esbozó una sonrisa al pensar que cuando se encontrara con Tsuki, sería capaz de decirle que, al final, había dado con la razón que le permitiría vivir. Sin embargo, no tardó en traer a su mente a Sakuraya y Shitsuo. ¿Se encontrarían bien? Aunque deseaba saberlo, no se arriesgó a volver. Continuó su camino. Mirando el suelo, se percató de que había dejado un rastro de sangre tras de sí. Ignoró aquel detalle por completo porque sabía que no iba a morir. Teniendo aquella convicción, Roppi rebuscó entre su abrigo su preciada navaja. Estaba seguro de que, de una vez por todas, podría cumplir su cometido. Un cometido que había sido por mucho tiempo el único incentivo que quizá le hizo fallar en sus intentos de suicidarse.
Roppi no sabía qué era lo que guiaba sus pasos pero, si era porque de alguna manera podía sentir el sitio dónde el caos reinaba o si fue cuestión de suerte solamente, cuando logró dar con el maestro no le importó. Le vio deambulando al igual que él en aquella parte de la ciudad, que se encontraba prácticamente desierta. Quizá había corrido la voz de lo sucedido en las farmacéuticas y la gente se había dispersado con curiosidad al lugar de los hechos. Roppi había escuchado la difusión de la noticia en las radios de los coches que pasaron a su lado. Si acaso alguien le miró, ¿habría pensado que se trataba de Izaya Orihara? El enojo de Roppi volvió a invadirle.
Sin embargo, al encontrarse cara a cara con el informante, la convicción de Roppi se desmoronó. Nunca pensó que Izaya Orihara fuera capaz de poner esa expresión que solo reflejaba dolor. Roppi tardó en dar nombre a toda aquella gama de emociones que vio tras la cara que puso el informante nada más verle y un poco antes de hacerlo. Roppi creyó leer sorpresa, quizá miedo y luego la rabia pareció ganar terreno.
Al notarle, Izaya Orihara se puso en guardia y ocultó todo tipo de duda. En realidad la seriedad que adoptó, estremeció a Roppi. Entonces, ¿había llegado el día en que alguno de los dos mataría al otro?
Cuando Roppi vio que Izaya desfundaba su navaja, no lo pensó más.
–¡¿Roppi?! –escuchó gritar a Tsukishima.
Roppi no dudó que se trataba de él, pero no se volvió ni por un instante. Arremetió contra Izaya, y confió en su victoria. Estaba seguro de que ganaría porque, teniéndole ahí, sabiendo que Tsuki había llegado a su lado una vez más, no había nada que le hiciera darse por vencido.
El Alterno de Shizuo sin detenerse a recuperar el aliento, observó con aprehensión a Roppi e Izaya. No entendió el por qué querrían enfrentarse estando ambos en condiciones tan lamentables. El primero estaba bañado en su propia sangre pero al parecer no se daba cuenta, pero Tsuki no vio ni una pizca de color en su rostro. Observando a Izaya, también notó que el informante tenía una expresión demasiado extraña… y peligrosa. Le pareció que, de algún modo, estaba adolorido.
Tsuki no perdió tiempo y se apresuró a tomar por detrás a Roppi que trató de librarse de su abrazo (Roppi odió el haber pasado por alto la fuerza sobrehumana de Tsukishima). Tsuki mantuvo apresado al Alterno pese a su forcejeo, pero le dedicó su atención a Izaya. El informante permaneció quieto, aun con la navaja en la mano.
–¿Se encuentra bien, Orihara-san? –preguntó Tsuki, sorprendiendo a los otros dos. Sinceramente había algo en el rostro del informante que no terminaba por gustarle. Izaya no supo que responder; puso una expresión en blanco. Tsuki iba a repetirle la pregunta cuando se dio cuenta que Roppi se había desvanecido. Aunque su distracción duró poco, cuando buscó al maestro ya no le encontró por el sitio.
No trató de seguirlo y optó por centrarse completamente en Roppi.
–Quería verte de nuevo –le susurró este al borde del desmayo.
–Aquí me tienes, Roppi –le dijo Tsuki con la mirada aliviada–, ahora puedes descansar. Yo cuidare de ti. Estarás bien. Todo estará bien.
Roppi asintió pese a saber que Tsuki le estaba mintiendo, pero se dejó caer en la inconsciencia. En algo tenía razón Tsuki; de momento, podía dejar que él se encargara de todo. Por ahora, podía abandonar sus preocupaciones.
Próximo capítulo: Shitsuo (24 de abril).
N del A. ¡Saludos a todos! Antes que nada les pido una disculpa por no haber publicado a tiempo, pero el fin de semana pasado estuve enferma. En fin, esperó les guste la presente actualización. ¡Cuídense mucho y, si les es posible, háganme saber su opinión! ¡Gracias por leer! ¡Tengan una excelente noche!
Respuesta a los comentarios.
Karasu-shiro: ¡Hola, linda! Espero que no te haya decepcionado el capítulo. Me dio gusto saber que Tsugaru resultó como esperaba (yo no podría haberlo descrito mejor). Cruza los dedos para que yo sea capaz de llevar sus feels al límite. ¡Me esforzare en ello! ¡Me gustaría saber qué opinas de Roppi! Tus comentarios siempre me son de utilidad. Te deseo una gran semana y espero que el trabajo no te sea impedimento para descansar. ¡Nos estamos leyendo!
Katry-chan: ¡Muchísimas gracias por comentar! Es bueno saber qué piensas que los personajes estén bien caracterizados. ¡Te mando un gran abrazo y muchos besos!
P.D.: Tomare en cuenta lo que me dijiste sobre Hibiya y Delic.
Tyrfing Laevatein: ¡Hola, hola! Pues yo pienso que eres una gran detective. Me encanto tu comentario. Quizá este capítulo te haya resuelto algunas de tus preguntas, sino, seguramente tendrás muy acertadas deducciones. Con esto, ¿tendrás más migrañas? Ja, ja, ja. Te mando muchos besos. ¡Ten una bonita noche!
Uchihaberenice: ¡No podía faltar tu comentario! Gracias por tomarte el tiempo de leer y darme tu opinión. Estoy ansiosa por saber lo que tienes que decir con este capítulo. Tienes razón: sus deseos de sobrevivir están creando un gran conflicto… ¡Esperemos que se resuelva! ¡Abrazos y besos!
