Capítulo 10: Clásico

Draco volvió, cansado y desmoralizado, cuando Harry peleaba con Teddy para que éste comiera. Dejó su gabardina y su maletín en el perchero del recibidor, y se tiró en una silla del comedor, resoplando de agotamiento.

Harry le observó. Quiso preguntarle cómo había ido la entrevista, pero por alguna razón no se atrevía. Se quedó mirándole de reojo, con la cuchara con la comida de Teddy suspendida en el aire, esperando a que fuese él el que tomase la iniciativa y le contase algo al respecto.

El rubio se recolocó en la silla, incómodo, y desabrochó los dos primeros botones de su elegante camisa con desagrado. Miró al niño, que hacía muecas a la comida, y le dirigió una mirada severa.

-Teddy, come, por favor.

El pequeño le miró con el ceño fruncido, pero captó la mirada de advertencia de Draco y abrió la boca con desgana. Harry reaccionó y le dio de comer, preguntándose qué había en la mirada de Draco que hacía que nadie quisiese llevarle la contraria.

Draco bufó sonoramente y apoyó la cabeza en los brazos, dejándose caer.

-Han dicho…que me mandarán una lechuza.

Harry le miró, levantando las cejas, algo sorprendido.

-¿Y eso es malo?

El rubio chasqueó la lengua con sarcasmo.

-Pues claro. Eso sólo te lo dicen cuando quieren darte largas educadamente.

Harry no pudo reprimir una sonrisa divertida. Draco no estaba acostumbrado a una negativa, y le molestaba profundamente.

-No seas pesimista. Quizás te contacten, no pierdas la esperanza.

Draco se limitó a hundir más la cabeza entre los brazos, derrotado. Harry se permitió observarle con detenimiento, su pelo rubio cayéndole por la frente, su camisa medio abierta y su aspecto refinado.

-¿Qué te gustaría comer?

El rubio levantó la cabeza, extrañado.

-¿No has comido aún? Es tarde…

-Dijiste que vendrías para comer, así que te he esperado.

Draco se quedó en silencio, mirándole con algo indescriptible en la mirada, causando que una corriente espontánea recorriera a Harry de pies a cabeza. Apartó la mirada, no sin antes percibir un ligero y casi imperceptible tono rosado en las mejillas de su compañero.

-Eh…bueno, cualquier cosa estará bien.

-Mmm…me apetece… ¿Pollo está bien?

Draco sonrió.

-Pollo está bien.

Mientras llamaba a Kreacher y le pedía un sabroso pollo asado de receta Molly Weasley para comer, Harry saboreó la nueva actitud de Draco, amistosa, sin retos ni malas palabras, incluso amable. Ambos habían progresado, no sólo habían aprendido a vivir sin matarse el uno al otro, sino que ahora incluso disfrutaban de esa convivencia. Una luz se encendió, tenue y fugaz, en el corazón de Harry. La parte mala del asunto era, que cuánto mejor le trataba Draco y más a gusto le hacía sentir, más se hundía Harry en una espiral de sentimientos sin nombre. Y cada vez era más difícil escapar.

Comieron en silencio, sin tensiones. Draco pareció un poco más animado después de la suculenta comida, e incluso se permitió reír con las tonterías de Teddy. Harry les miró con ternura, cuando se le ocurrió una idea.

-Oye… ¿alguna vez has visto una película muggle?

Draco le miró extrañado y negó con la cabeza.

-Podríamos ver una luego, si te apetece- Harry le sonrió, retándole, consciente de la reticencia del rubio a los aparatos no mágicos- Tengo un reproductor arriba, en la Sala de Estar.

Draco se revolvió, molesto, pero compuso una expresión decidida y cruzó los brazos con superioridad.

-Está bien, siempre y cuando no vaya a explotar…

Harry rió, divertido.

-Llevaré a Teddy a casa de los Weasley un par de horas, alquilaré una de paso que salgo. ¿Qué prefieres, comedia, thriller, un drama romanticón…?

Draco levantó una ceja y no contestó, provocando que Harry riera de nuevo.

-Está bien, yo elegiré-se levantó, cogiendo a Teddy en brazos- Nos vemos luego.

El rubio le dirigió una mirada significativa y le observó salir del comedor, disconforme.

Harry le dejó atrás, sin poder borrar de su rostro una boba sonrisa. Abrigó a Teddy con su nuevo abrigo y su bufanda violeta y se puso el suyo propio, y se encaminó a la Madriguera, deseando ver de nuevo a aquella pintoresca familia que consideraba como suya.

La tarde había pasado rápido entre risas y juegos. Ron y Hermione habían aparecido poco después de que Harry llegara, acompañados por Bill y una Fleur radiante en su embarazo, y entre todos habían pasado el tiempo, recordando anécdotas y vivencias del pasado. Al final, Harry se había excusado, alegando un montón de cosas que hacer, y se había retirado, causando miradas de extrañeza.

Cuando llegó a su casa en Grimmauld Place, el sol caía por el horizonte. Tras deshacerse de su abrigo, subió a Teddy hasta su cuarto, donde el pequeño se abalanzó contra el baúl donde guardaba algunos juguetes, entreteniéndose al momento. Harry le observó durante un instante, y con una sonrisa pintada en el rostro se dirigió a su propio cuarto, tirándose en la cama cuan largo era.

Había estado toda la tarde con una sola cosa en la cabeza. Incluso los Weasley le habían preguntado el porqué de su estado distante, haciendo que se sonrojara. Era cierto que a él le encantaba pasar tiempo con los Weasley, pero aquella tarde había sentido pesar en sus hombros cada minuto, cada segundo, deseando volver a casa.

Llevó la mano a su bolsillo derecho y palpó la caja rectangular de la película que había alquilado de camino a la Madriguera. Entrecerró los ojos, sabiéndose solo. Empezaba a sincerarse consigo mismo, incluso se permitía esos momentos de fluidez de sentimientos, en los que podía sentir lo que quisiese, sonreír sin razón, sin temor a que nadie le juzgase. Y como cada vez que se rendía a esa sensación a la que aún no se atrevía a ponerle nombre, Harry sintió miedo.

Se levantó de la cama, sacudiendo la cabeza, apartando cualquier pensamiento perturbador y adoptando una expresión absolutamente trivial. Su máscara.

Salió del cuarto, y golpeó suavemente la puerta de Draco, agudizando el oído. No obtuvo respuesta, así que giró el picaporte, tragando saliva, y entró despacio.

Le llegó a los oídos el estridente sonido del agua cayendo en la ducha, así que dedujo que Malfoy estaría en pleno proceso de cuidado personal. Harry rió para sí, imaginándose al rubio con una mascarilla horrible con olor a pepinos en la cara, mientras intentaba enchufar el secador sin electrocutarse, y se preguntó realmente cuánto tiempo le dedicaría Draco a cuidar su imagen. Si tardaba la mitad que en elegir su ropa, ya podía ir poniéndose cómodo.

Se acercó al marco de la puerta que comunicaba con el baño del cuarto y pegó la oreja a la madera.

-¿Malfoy?

Unos instantes después, la voz distorsionada del otro chico le contestó.

-¿Potter? ¡Enseguida salgo!

Harry se inquietó un poco.

-No hace falta que te des prisa- oyó el grifo cerrarse, y la cortina de la ducha desplazándose.-Sólo quería avisarte de que había llegado, y que he alquilado la película, así que si quieres te espero en el sal…

La puerta del baño se abrió, sobresaltándole, haciéndole retroceder dos pasos hacia atrás. Y para cuando levantó la vista fue absolutamente incapaz de continuar hablando. Su corazón dio un salto de competición, y sintió sus mejillas arder inevitablemente. Clavó la vista en el suelo, rezando para que el recién salido de la ducha, cubierto sólo con una toalla a la cintura y con millones de perladas gotas adornando su piel pálida, no se diese cuenta del violento y delatador sonrojo que poblaba su cara.

Sin saber cómo se obligó a reaccionar, haciéndole caso al consejo interior que le decía que saliera de allí lo antes posible.

-Eh... ¿Sabes qué? Voy a ir a ver cómo está Ted e intentaré acostarle, a ver si se duerme pronto.- inhaló con fuerza y se dirigió a la puerta sin mirar al rubio, que en aquel momento parecía ocupado buscando algo en el armario- Te espero en el salón.

-Mmm...vale, de acuerdo.-contestó Draco desde su posición.

Harry salió del cuarto con calma, pero en cuanto se vio a salvo con aquella imagen de Draco fuera de su campo de visión, prácticamente voló hacia su cuarto y se dejó caer en la cama, alterado y nervioso.

¿Qué había sido aquello? Se sintió morir de la vergüenza, quiso no tener que salir de aquel cuarto nunca más. Aquella imagen de Malfoy…aún la conservaba en su retina, perfectamente clara, su pelo goteándole en los hombros, las gotas viajando, lentas y torturantes, muriendo en la línea de sus clavículas…Le recorrió un escalofrío, sorprendiéndose a sí mismo imaginando cosas…cosas nuevas, cosas…prohibidas. Cosas que, inevitablemente, habían provocado una violenta y vergonzosa…reacción en su cuerpo.

Hundió la cabeza en la almohada. Ni siquiera había tenido tiempo de aceptar las cosas nuevas que empezaba a sentir y que le confundían, y otra nueva sensación se unía a la lista.

Se dio la vuelta en la cama y se quedó mirando al techo. Sabía que tenía que salir del cuarto y acostar a Teddy, pero aún así no se sentía preparado como para cruzarse con Draco por el pasillo y no sonrojarse como una quinceañera. Se levantó de golpe y dio un par de vueltas por la habitación, llevándose las manos a la cabeza y respirando hondo. Era irónico que hubiese tenido el valor suficiente para entregarse a los brazos de la muerte, pero no pudiese reunir el suficiente como para salir al pasillo de su casa.

-¿K-Kreacher?-llamó, casi en un susurro.

El anciano elfo se apareció, haciendo una reverencia.-¿Amo?

-Eh..eeh..-Harry sacudió la cabeza, intentando espabilar- Por favor, prepáranos algo dulce…no sé, estará bien con alguna clase de snack, y algo caliente para beber.

-¿Debo llevarlo a la Sala de Estar, amo?

-Eh..claro, sí, Kreacher.

El elfo se desapareció con el mismo ruido sordo de siempre tras hacer una última reverencia. Harry se observó a sí mismo en el espejo durante un instante, respiro hondo, y en un arrebato salió del cuarto hacia el pasillo. Desierto.

Respiró aliviado y se dirigió al cuarto de Teddy, que en ese instante estaba entretenido desplumando a un peluche de hipogrifo. Rió mientras lo alzaba en brazos y lo llevaba hacia la cama, sacando el pequeño pijama de debajo de la almohada. Consiguió cambiar al niño no sin esfuerzo, y ya estaba consiguiendo que se metiese en la cama cuando sintió una presencia a sus espaldas, y se giró violentamente. Allí estaba él de nuevo, todavía con el pelo mojado y vestido con un pantalón de seda esmeralda. Su corazón giró varias revoluciones sobre sí mismo, pero le tranquilizó comprobar que, por lo menos, esta vez estaba vestido.

Teddy se revolvió al ver a Draco y saltó a sus brazos, haciendo reír al rubio.

-¿Qué has alquilado?

Harry le miró, intentando obligar a los engranajes de su mente a acelerar el ritmo de razonamiento, que parecía que estaba anestesiado.

-Eeh… no sabía qué podía gustarte y qué no, así que me decidí por un clásico.

Draco asintió levemente mientras acostaba Teddy y le arropaba sin dificultades, para luego alborotarle el pelo en un gesto cariñoso. Miró a Harry, llevándose las manos en los bolsillos.

-Bien, ¿vamos entonces?

Harry asintió, y dirigiéndole una última mirada a Teddy, se giró y salió del cuarto, seguido por el rubio.

-Esa mujer es ridícula.

Harry miró a Draco, desconcertado. Éste miraba a la pantalla con el ceño fruncido y una expresión de desagrado.

-Por eso son inútiles estos inventos muggles. ¡Cómo no puede oírme, no puedo decirle lo ridícula que es!

Harry rió sin poder evitarlo.

-¿Por qué es ridícula? A mí me parece tierna.

Draco apartó la mirada del televisor durante un momento, para mirar a Harry, sin cambiar la expresión.

-¿Tierna?¿Porque se compra vestidos caros y se maquilla para gustarle al tipo? Alguien debería decirle que aunque la mona se vista de seda…- bajó la cabeza un instante, para susurrar para sí- pero como no va a oírlo…

Harry dejó de aguantarse y se carcajeó, divertido. Le había costado la primera media hora de la película hacerle entender al rubio que ese aparato cuadrado que tanto rechazo le provocaba no iba a hacerles daño ni se iba a volver loco, y otros quince minutos que los actores no iban a hacer lo que él quisiese por mucho que le gritase a la pantalla a viva voz. La situación era de lo más bizarra. Al menos, pensaba Harry, Draco no había tenido ningún problema en probar los dulces muggles que Kreacher les había traído, y se los comía sin apenas percatarse.

Le observó con cautela. Malfoy mantenía la vista clavada en la pantalla, atento a lo que ocurría. Podría negarlo, pero Harry sabía que la película había captado su interés, y ahora estaba absorto.

-Me juego una cena con Myrtle la Llorona a que ahora el soldado la ve y decide casarse con ella.

Era divertido. La manera en la que Draco comentaba cada segundo de la película con desdén le hacía reír sin tapujos. Mantuvo su vista en él, no queriéndose perder ni un solo gesto de su rostro.

La escena de la película cambió. Harry sonrió sin apartar la vista de Draco. Ya había visto esa película con los Dursley, y sabía que el rubio se sorprendería con el increíble giro en la trama. Y así fue, Draco abrió los ojos como platos y señaló a la pantalla, mirando a Harry y al aparato alternativamente.

-¡Ha muerto!

Harry se hizo el sorprendido y asintió con fingida conmoción en su rostro, luchando para no reírse. En la pantalla se veía ahora a una bella mujer abrazada al inerte cuerpo de un hombre, llorando desconsolada.

-Pero…pero…- algo no encajaba en la mente de Draco, no entendía como había podido cambiar todo en un segundo.- ¡No ha podido morirse!¡Ni siquiera la ha visto así vestida!

Harry apretó en su puño la tela del sofá, realmente haciendo un verdadero esfuerzo para no soltar una carcajada. Pero se le olvidaron las ganas de reír tan pronto como se le ocurrió mirar a Malfoy a la cara. Su rostro estaba contraído en una mueca de verdadera angustia, y se notaba que estaba haciendo un esfuerzo para no llorar como la mujer de la película. Algo se dio la vuelta de cuajo dentro de Harry, y tuvo que luchar con las ganas de abrazar al rubio en ese mismo momento.

-Creía que te parecía ridícula.-los créditos de la película saltaron a la pantalla.

Draco le miró sobresaltado, como saliendo de un trance, y se sonrojó violentamente al darse cuenta de la situación, apartando la mirada de golpe.

-P-Por supuesto que lo es. Le está bien empleado.

Harry sonrió mientras se levantaba del sofá.- Pues más bien parecía que ibas a llorar como ella…

-No sueñes, Potter-Draco le dirigió una mirada asesina, que Harry recibió con una sonrisa.

-Me voy a la cama, se hace tarde- se dirigió a la puerta sin prisa, y antes de salir se paró en el marco y miró al rubio- Le diré a Kreacher que venga a recoger esto, y que de paso te traiga pañuelos perfumados para secarte las lágrimas.

Draco se incorporó, enfadado-¡Potter!

-¡Buenas noches, Malfoy!- Harry se escapó por el pasillo, riendo a carcajadas, sabiendo que Draco estaría rojo de enfado en ese mismo momento.

Cuando entró por su cuarto tras haberle echado un vistazo a Teddy, que dormía plácidamente, supo que quería que todos los días de su vida fuesen como aquel.