Tom estaba mirando a Severus, completamente desnudo cuando entró en el cuarto que compartía con Regulus.

Echando una ojeada dentro lo encontró vacío, pero la cama de su hermano estaba revuelta.

En ese momento se dio cuenta, le miró y recordó al tipo con el que había chocado en el ascensor.

Era demasiado mayor para su hermano. Su tierno hermano que al menos ya tenía su culo tapado.

—No te voy a decir con quién tienes y no tienes que acostarte, Sev—le dijo, pero su tono parecía demasiado duro para que fuera creíble—¿No es demasiado mayor para ti?

Severus sabía como quedarse callado sin expresión y dejar que el tiempo pasara. Ese gesto lo había aprendido de él, y cuando lo usaba en su contra odiaba que el niño fuera tan buen imitador.

—¿Qué haces aquí, Tom?—le preguntó Severus sentándose en la cama, no le pasó por alto el gesto molesto al hacerlo.

¿Le había tratado con rudeza? Estaba empezando a ponerse realmente nervioso. Se pasó una mano por el pelo, un gesto que ambos sabían qué significaba.

—Sé cuidarme solo, no te preocupes por mí—sonrió, Severus volvía a ser su hermanito, siempre serio pero que le dedicaba aquella triste sonrisa por la que Tom había hecho todo lo que estaba en su mano.

Tom suspiró, Severus tenía 19 años, estaba en una etapa en la que experimentar era natural, y un tipo mayor y atractivo como el que se había topado podría entenderse en ese contexto. ¿Le gustaba? No. Pero debía reconocer que Severus siempre había sido alguien responsable y maduro para su edad.

Fue a sentarse a su lado, pasándole un brazo por los hombros, aspiró el olor de su pelo.

—He venido a la fiesta de compromiso de Lucius—dijo Tom—Se casa... con una chica.

o0o

Lucius estaba en el despacho de su padre, padre e hijo eran muy parecidos, el cabello rubio platino largo de Abraxas ocultaba las hebras canosas, sus ojos color gris eran idénticos a los suyos.

Pero salvo el aspecto físico, padre e hijo poco compartían desde hacía años. Lucius era el único hijo del matrimonio Malfoy, antiguos aristócratas que habían perdido todo, generación tras generación.

Lucius recordaba las historias interminables de nombres y hazañas de sus antepasados, nombres y más nombres, tiempos que nunca más volverían. Él lo sabía, pero su padre al parecer no lo aceptaba.

A ellos solo les quedaba el nombre y el orgullo, algo que sin duda había heredado Lucius, pero lo que para su padre era andar un viejo camino, para Lucius era la oportunidad de labrarse un nuevo futuro, una nueva línea para su vida.

Él había luchado contra su padre para demostrarle que no necesitaban nada más que su esfuerzo para labrarse un nombre. Lucius tenía olfato para los negocios, a pesar de su juventud era un inversor en bolsa en auge, solo necesitaba un poco más de tiempo.

Pero para Abraxas el tiempo había llegado.

Su compromiso con Elizabeth Porter había sido ideado por sus padres, apalabrado como si vivieran en la Edad Media.

No le había pasado por alto otra de sus intenciones, el tiempo de experimentar había acabado.

Por experimentar se refería a su clara inclinación homosexual, intolerable como opción de vida para un Malfoy.

—Ellos son unos nuevos ricos deseosos de entrar a las más altas esferas de la sociedad londinense—le contó como si no fuera de su vida de la que estuviera hablando—. Ellos ponen el dinero, nosotros el apellido y la posición.

Lucius aguantó la bilis que le subía por la garganta, aunque no era la primera vez que su padre le dejaba claro cual sería su futuro, siempre había creído que cuando le demostrara que por él mismo conseguiría hacerse un hueco, para él y para su familia, eso se olvidaría, no sería necesario.

Se había equivocado.

La única persona en la que realmente confiaba era su amigo Tom, y este se había ido de la ciudad, desesperado día tras día, había ideado a cada plan más absurdo. Hasta que una mañana aceptó, se rindió ante la realidad.

Él jamás se enfrentaría a su padre y a su apellido.

Beth había resultado ser una chica preciosa y adorable, pero no era una estúpida, era lista e incluso podía llegar a ser mordaz.

Ella parecía contenta con el acuerdo al que habían llegado sus padres, y Lucius tan solo se dejó llevar.

Pensó que podría hacerlo, casarse, gestionar el patrimonio de Beth, sus empresas y seguir con su carrera respaldado por el capital de su suegro. Tener un hijo que continuara con el nombre familiar.

¿El amor? Bueno, no es como si alguna vez hubiera creído en él, a él le atraían los hombres, pero nunca había tenido más que sexo con ellos, quizás pudiera amar a Beth y si no era así, su vida tampoco cambiaría tanto.

Eso había sido su idea hasta la fiesta benéfica, hasta que aquel tal Lupin se lo había follado en el baño y Lucius se había sentido bien por al menos el tiempo que duró.

Realmente bien.

Cuando estrechó su mano, y se vio en sus ojos color ámbar supo que algo pasaba. Algo que no iba a poder controlar. Y más tarde lo comprobó.

Pero eso no iba a cambiar nada, la fiesta de compromiso, el motivo por el que ahora estaba en el despacho de su padre, era su prioridad en ese momento. La lista de invitados estaba hecha.

La repasó dándose cuenta de dos cosas importantes.

—¿Por qué no está Thomas Snape en la lista?—preguntó conteniendo su enfado.

—No es alguien de nuestro círculo, no representa nada en una fiesta como esta—sentenció su padre.

—Es mi amigo, mi mejor amigo—no le pasó por alto el gesto de desagrado de su padre.—Él y su hermano son mis únicos invitados.

—Vienen compañeros tuyos del trabajo—le dijo como si aquello compensara todo.

—Ellos van a venir, lo quieras o no—fue lo último que dijo Lucius marchándose de allí.

La otra alteración en su lista de invitados era un nombre, uno que apenas acababa de conocer.

Remus Lupin.

Su cuerpo reaccionó involuntariamente en el momento que lo leyó, si hubiera sido sensato como siempre solía ser hubiera eliminado ese nombre de la lista.

Pero no estaba siendo sensato, para nada sensato.

o0o

Regulus había pasado la noche dando vueltas, el encuentro con Remus había sido extraño. Por un momento pensó que ese hombre estaba interesado en él. Solo sexo, estaba acostumbrado.

Pero se había dado cuenta que no era en él en quien había estado pensando cuando le tocaba y si era sincero él tampoco lo había estado haciendo.

Ver a Lucius Malfoy le había desagradado, el rubio jamás le gustó, no entendía qué podía ver Tom en él. Era estirado, siempre serio como si no hubiera cagado en años, el problema era que cuando ambos estaban juntos el rubio se relajaba. Y Regulus odiaba eso, odiaba el poder que Tom tenía en los demás.

Ese era el problema real, Tom. Siempre Tom, el inalcanzable Tom que jamás sería para él.

Su bonito traje nuevo estaba arrugado, fue de bar en bar, conocía a la gente adecuada y siempre tenía garantizada una fiesta.

Por la cara de Sirius, y conociendo a Severus, estarían follando como conejos en su habitación, por lo que cuando llegó a la residencia se fue directo al sillón de la sala de televisión. No era nada cómodo pero era lo que había.

Le dolía el cuello y quería ducharse, el traje estaba hecho un cuadro, y se apenó por él. Quizás en la tintorería pudieran hacer algo.

Llamó a la puerta, tampoco quería encontrárselos en plena cópula, aunque podría ser divertida la cara de Severus.

La puerta se abrió, y la persona a la que menos esperaba encontrar estaba allí, con su negrísimo pelo corto y sus impresionantes ojos castaños.

—Tom—dijo como si no pudiera creérselo, quizás fuera por el sueño, quizás porque era incapaz de dejar de pensar en él. Por el motivo que fuera se abrazó de su cuello, mientras el mayor se reía abrazándolo.

—Al menos hay alguien que se alegra en verdad de verme—dijo, sabía que se refería a Severus.

Pocas veces habían tenido ese tipo de contacto, Tom revolvía su pelo, y palmeaba sus hombros en señal de apoyo. Los besos en la frente siempre habían sido cuando el menor dormía y hacía años que eso no ocurría.

—Te hemos echado de menos—se excusó separándose, no se le escaparon los ojos negros de su mejor amigo mirándolo, Regulus se encogió de hombros algo avergonzado.

—Veo que tú también has tenido una noche movidita—le dijo Tom escaneando su indumentaria.

Regulus se rió, dirigiéndose a su cama, tiró la chaqueta de cualquier modo y abrazó la almohada. Mirando como Tom y Severus interactuaban casi le hacía recordar esos viejos tiempos en los que los hermanos vivían en el antiguo apartamento enano y él se coló en sus vidas.

Desde el refugio de su cama escaneó a Tom, era evidente que estaba más delgado desde la última vez que le vio. Pero no perdía el atractivo que siempre había tenido. Si algo compartían los hermanos era la seriedad con la que solían manejarse, era algo que siempre había intrigado a Regulus que tendía a la risa y el alboroto con suma facilidad. A veces daban un poquitín de miedo cuando te miraban así, pero cuando algo rompía eso era como si hubiera venido Papá Noel, los gestos cariñosos provenientes de ellos dos, eran mil veces más brillantes que los del resto. O al menos eso sentía Regulus.

—Tom, ¿en serio tengo que ir a eso?—se quejó Severus.

—No creas que a mí me hace especial ilusión ir, yo sé que se está equivocando—aclaró Tom—. Pero es mi mejor amigo y sé que me necesita, y él te tiene mucho aprecio.

Severus arrugó los puños de su sudadera.

—Tendremos que alquilar un traje para ti—le dijo Tom y Severus miró a Regulus en lo que sabía que era una petición de ayuda. Severus con las estrecheces económicas en las que estaban no podía aparecer con el traje que le había regalado Sirius.

—Puedes usar el mío, pero tendrás que llevarlo a la tintorería—dijo desde su cama.

—¿Qué haces tú con un traje tan elegante, Regulus?—preguntó Tom enarcando una de sus negras cejas.

—Voy a ser uno de los mejores abogados de Londres, tengo una imagen que cuidar—dijo tomando una pose sensual y sonriendo coqueto.

Nunca usaba esa pose con Tom, le parecía inapropiada, y este se quedó mirándolo sorprendido lo que hizo enrojecer a Regulus.

Dio un salto de la cama y cogió ropa limpia.

—Hora de darme una ducha, apesto—dijo saliendo de allí como pudo.

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Sirius llegó realmente contento a la oficina, tras pasar por su casa, darse una ducha y cambiarse de ropa. Steven le llevó hasta el centro de la ciudad.

Una amplía sonrisa que no iba a abandonarle durante todo el día, ese era el efecto que tenía Severus en él.

Solo de imaginarlo esa noche en su casa de nuevo le hacía desear que el reloj corriera velozmente. Parecía un adolescente enamorado, y ese pensamiento le alegró el día, obviamente ni era un adolescente ya ni estaba enamorado. Pero la sensación era muy similar y quería disfrutarla todo el tiempo que durara. Como ya sabía esas cosas acababan por aburrirle y dejar de desearlas cuando todo comenzaba a complicarse. Pero su sugar baby era eso, un acuerdo perfecto que le llenaba de una energía que hacía mucho no tenía.

Cuando abrió la puerta de su despacho Remus le estaba esperando apoyado sobre su mesa, la expresión de su cara no iba acorde con su buen humor.

Tenía dos sobres en sus manos, uno grande color perla, con toda la pinta de ser una invitación, y otro alargado y blanco con el logo de un laboratorio.

—Ninguno de los dos son buenas noticias—dijo agriando completamente su buen humor mañanero.

Tomó primero el grande, una invitación a una fiesta de compromiso, Lucius Malfoy y Elizabeth Porter.

Esa casi la vio venir la noche antes, el padre de Markus y Beth era socio suyo, muy agradecido con él y SBC. Pero tener que lidiar de nuevo con Markus no iba a ser algo bueno, sin duda. Y esa vez, no tendría a Severus allí.

El otro sobre eran los resultados de unos análisis clínicos. El resultado era positivo, Sirius apretó el puente de su nariz, era una posibilidad, pero habían sido tantos los que habían llegado con oscuras intenciones que la idea de un hermano secreto tan solo le revolvía las tripas.

—¿Quieres un café?—le preguntó Remus dándole un par de palmaditas en el hombro.

—Con whisky, por favor.

Remus sirvió dos tazas, él mismo había recibido una invitación a esa fiesta, y lo único que pensaba era en follarse al novio de nuevo.

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Un capítulo con muchos puntos de vista.

A Lucius aún a penas lo conocíamos, aquí me recuerda mucho a como Draco debía de sentirse en muchas cosas. Para mí todos los Malfoy son así de bellos, generación tras generación, aunque sean unos malvados padres :P

Tom no es tan fiero como nos lo pintaban... de momento, jijiji. (yo creando expectación)

Regulus es una cosita preciosa, y no hay más que decir.

¿Qué pasa con esos resultados positivos?

¿Qué va a pasar en esa fiesta de compromiso?

Tantas preguntas que ni yo me he respondido aún ^^

Hasta la semana que viene.

Shimi.