Su rostro comenzaba en su frente estrecha, alineada por su nariz pequeña y afilidada como un piquito, sus labios delgados apenas olvidados antes de su mentón también estrecho. El protagonismo de ese rostro eran los ojos, custodiados por gruesas y doradas pestañas que temblaban ante su respiración. Azul agua, verde o dorado según el ángulo donde fueran vistos. La luz tenía un idilio en esos ojos. Su cuello de donde sobresalía una vena enrojecida, latiente, desmintiendo la blancura de su piel y su mortandad. Su pecho subía y bajaba para confirmarlo aunque la sábana cubriera el resto de su cuerpo. Una segunda vista para notar las imperfecciones, las pecas, las ojeras y las violentas mordidas en los hombros y el pecho. En el cuello sólo marcas de pinchazos que le han condenado a vivir bajo bufandas incluso en pleno mayo a riesgo de ser tomado por un adicto. Otra vista más y los temblores en su cuerpo son más angustiantes, la forma en que sus labios todavía cubiertos de carmínse esfuerzan por separarse.
Craig traga saliva , haciéndose un avergonzado bulto al costado de Tweek al escuchar sus quejidos cada vez más infantiles, más primitivos. No quiere verlo abrir los ojos y que lo descubra llorando porque eso sería confesar sus culpas. Así, entre los mantos de la inconciencia es mejor, confundirlo con una estatua, con una Madonna , inmóvil e imparcial.
-Por favor, lo lamento-
Sujeta su cuerpo bajo la sábana, y lo siente luchando por alejarse. Es increíble lo perceptivo que puede ponerse cuando menos lo quiere, porque aunque Tweek no es capaz de hacer nada brusco ni evidente, Craig sabe que está intentando separarse de él. No es para menos, él tampoco soporta su propia presencia en ese momento pero ¿ Qué puede hacer aparte de suplicar? Sabía lo lejos que estaba yendo, sabía que estaba llevando a Tweek a un punto sin retorno pero no hubo manera de detenerse. No puedes darle un poco de poder a un hombre sin correr el riesgo de que se vuelva un monstruo, eso lo sabe cualquiera. Cualquiera menos Craig, que apenas sintió la miel de someter a otra persona se embriagó. En la quietud de su cama, después de la tercera vez esa semana que debió sacar a un inconsciente Tweek a cuestas en silencio y en el mayor secreto posible debe darse el tiempo para recordar los riesgos. Dejó de suministrarle amobarbital cuando sus pesadillas se volvieron tan intensas que le costaba diferenciar la realidad y llegó a amenzarlo con un cuchillo. Olvidó por supuesto que los barbitúricos no pueden retirarse de un día para el otro y estaba poniendo su vida a sujetarse de un hilo. Su pecho cada vez hacía menos esfuerzo , su piel cada vez se sentía menos tibia.
-Debí escucharte-
¿Notó siquiera el momento en que Tweek dejó de oponerse a cualquier cosa? ¿Notó que cuando se acercaba a abrazarlo afectuosa e inocentemente por la espalda, Tweek ofrecía su cuello como un reflejo? Lo quebró y no tuvo ni la cortesía de darse cuenta. Nadie presta atención a menos que sea una tragedia lo que se gesta. Su respiración estaba tan dolorosamente errática. Sus dedos, fríos, aguijones de culpa en su brazo se cerraron y Craig comprendió ese tacto. Se separó de él, caminando hacia el ropero, abajo de la ropa interior donde estaba la caja de madera y dos frascos de vidrio con una jeringa todavía. La llenó sólo a la mitad, buscando el vaso de agua junto a la cama y vertiendo con cuidado un par de gotas, meneando el vaso para revolverlo. Se sentó contra la cabecera de la cama, acomodando a su muñeca en sus brazos como solía hacer, acariciando sus bonitos cabellos rubios antes de acomodar el vaso entre sus labios y ayudarle a beber. Escuchó el suspiro aliviado antes de que sus brazos se enredaran en su cintura, buscando instintivamente ser protegido. Su pequeño prodigio macabro, su amor en ruinas ¿Con qué signo tan oscuro había sido bautizado, que aún siendo tan frágil, tan puro, había errado así el camino? Buscando consuelo quizá, acabó atándose a una flecha perdida y ahora los dos iban ahí, peleando por no estrellarse sólo para continuar unidos.
-Te amo, monito-
Él estaba tan roto como Tweek y fue la revelación lo que le enloqueció ¿No quieren todos una historia de amor virtualmente perfecta? Mañanas con besos en la frente, tardes en el sillón y noches con las sábanas revueltas.
No.
Él amaba sentarse en la silla con el calor del infierno entero en su entrepierna, viendo a Tweek corromper otro cadáver al azar, un cuerpo que era sólo materia prima, los sonidos de la muerte chirriando y las imágenes grabadas en la cámara. Sus " venaquí" que abrían la puerta al paraíso. No quiso nunca cruzar ninguna línea, en verdad simplemente nunca supo que existía una. Era tiempo de ponerse correas para no matarse. Lo sintió toser antes de abrir los ojos. Esperaba un escupitajo, una maldición. En cambio, tuvo la piadosa caricia en su rostro seguramente petrificado por el miedo y una dulce sonrisa cansada.
-Yo también te amo, Craig-
Tweek lo entendía mucho mejor que él. La compasión no es un pecado aunque se la brindes a un destrozado.
