N/A: Hi hi! Acá está el siguiente capítulo! No estaba muy inspirada cuando lo escribí, así que gomen de antemano! XO Pero para pasar al siguiente capi tenía que escribir esto jeje así que pues, espero que lo disfruten! Por cierto! Muchisimas gracias a Ginya por su review, me hizo muy feliz! n3n


Capítulo 9: Su Pasado


La casa era grande, acogedora, poseía un jardín lleno de hortensias y lilas. En las noches de verano, el árbol de roble se iluminaba de forma mágica, como si un cuento de hadas se llevara a cabo en sus hojas. Y a Sasuke le gustaba saltar por sobre las piedras del patio y jugar a cazar luciérnagas. Pero, por sobretodo, amaba contemplar el claro cielo que siempre estaba despejado en aquella parte de la casa, como si las nubes no se atrevieran a aparecer.

Sí, era todo como en los cuentos.

Hasta aquella noche...

No supo por qué se había levantado, si había sido por el calor o por los susurros que se colaron a su habitación, despertándole. Él había dirigido sus pies descalzos por el corredor, sintiendo como si una presencia lo llamara. Era todo muy misterioso, desde las cortinas que se movían con parsimonia hasta el canto de las cigarras en el exterior. Se detuvo al llegar a la puerta entreabierta que daba a la cocina. Asomó sus ojos negros por la pequeña abertura y contempló el rostro congestionado de su madre.

-Mamá...- susurró con voz imperceptible mientras se mordía los labios.

Porque allí, apoyada débilmente sobre la mesa de cristal, estaba su madre, quien lloraba saladas lágrimas y se tomaba de los cabellos como si de este modo pudiese evitar caer en la desesperación. Del otro lado de la cocina, caminando de un lado a otro, estaba su padre, quien lucía igual de perturbado que su esposa. Los gemidos lastimeros de la mujer se sentían como terribles lamentos, y murmuraba en voz baja cosas que Sasuke no pudo comprender.

Ella tenía el cabello muy negro y muy espeso, como una jungla llena de hebras azabaches donde perder los dedos, y siempre lo llevaba perfectamente peinado. Esa noche, sin embargo, toda su hermosa melena caía a ambos lados de su rostro como cascadas desordenadas que se derramaran sobre sus hombros. Estaba hermosa, la madre más hermosa, pero la tristeza en sus delicadas facciones parecía arruinar toda su beldad sobrenatural. Llevaba en las manos la misma pulsera de perlas blancas que no se quitara desde el funeral de su abuelo, y sus mejillas enrojecidas resplandecían en medio de la noche.

-Cálmate, por favor- dijo el hombre acercándose un poco a ella.

Por primera vez Sasuke vio, en las fuertes y decididas facciones de su padre, un ápice de lo que era la desesperanza. Entonces entendió menos que nunca... ¿Qué estaba pasando? ¿Por qué su padre lucía así de pronto, como una de esas marionetas desprovistas de vida que asomaban en los aparadores de las tiendas?

De pronto, al ver allí a sus progenitores, tan tristes y desgarrados, un dolor también tangible se apoderó de su pecho. No supo por qué o en qué momento, pero las lágrimas descendieron por su rostro como si tuviesen vida propia.

-Madre- llamó quedamente mientras entraba a la pequeña cocina.

Nada más poner un paso dentro, los ojos brillantes de ambos adultos se posaron en él, mostrándose asustados.

-¡Sasuke! ¿Qué haces despierto a esta hora?- preguntó su madre mientras se limpiaba rápidamente el rostro húmedo.

Con pasos veloces se levantó de la silla que ocupaba y con sus delgadas manos limpió todo rastro de lágrimas en los ojos de su hijo. Sasuke se abrazó a ella, sin comprender qué sucedía. Y ella, con sus débiles fuerzas, lo cargó y lo llevó a la habitación, sintiendo el pequeño rostro enterrarse en su pecho.

Sasuke no lo supo en ese momento, que al alzar la vista débilmente y contemplar el difuminado rostro de su padre sería la última vez que le viera con vida. Pero no podía culparse al pequeño niño, después de todo él no tenía idea de lo que ocurría a su alrededor. Tan sólo se acurrucó entre los brazos de su madre y dejó que los latidos de su corazón calmaran el ambiente, como una canción de cuna.

Cuando llegaron a la habitación del pequeño pelinegro, la hermosa madre lo colocó cuidadosamente sobre la cama, le calzó las medias y lo arropó con cariño. Suavemente depositó un beso en la lisa frente, y le miró un par de segundos. Y aunque tratara de mostrarse alegre, Sasuke pudo percibir que algo estaba mal. Su madre estaba actuando extraño, ¡la había visto llorar!

-Mamá- llamó quedamente cuando ella estuvo a punto de levantarse e irse.

-¿Qué sucede, cariño?- preguntó ella con ese tono comprensivo que le caracterizaba.

Sasuke tomó entre sus pequeñas manos, las suaves y arregladas de su madre.

-¿Es verdad lo que dicen en la escuela?

La mujer guardó silencio, sabiendo perfectamente a lo que se refería su niño. Y al escuchar sus palabras un pequeño sollozo amenazó con brotar de su garganta. Pero no lo dejó escapar así como se encargó de encerrar de nueva cuenta las lágrimas dentro de sus ojos. Hubiese querido decir que era mentira, que las habladurías eran falsas y los rumores no eran más que eso. Pero no podía... La tristeza, la desolación, la soledad, de pronto todos aquellos sentimientos que nunca había conocido se volcaban sobre ella.

-Todo estará bien, cariño- aseguró con voz temblorosa mientras le acariciaba los rebeldes mechones de pelo negro, que esa noche poseían grandiosos reflejos azulados.

Sasuke hizo un pequeño puchero.

-Pero mamá, aún no me respondes.

Sí. Sin duda alguna, Sasuke era un niño muy listo, y ni siquiera las cariñosas atenciones de su madre podían hacerle olvidar aquellas palabras que había escuchado. ¿Sería cierto?

-¿Es verdad que nuestra familia está muriendo?

Y al decir esa palabra, muriendo, fue como si el mundo se derrumbara para ella. Tembló visiblemente y su rostro palideció de forma notable. Exhaló sonoramente, como si la vida entera abandonara su cuerpo, convirtiéndole en una muñeca, un precioso maniquí de porcelana y ojos oscuros, tan negros como los de Sasuke, como la misma noche. Sí, era tan cierto eso... La familia entera, masacrada sin razón alguna, sin ninguna pista para la policía. Simplemente aparecían, los cadáveres en todo el mundo, desangrados, algunos otros torturados e incluso desmembrados. ¿Por qué? ¿Qué clase de maldición se había desencadenado sobre los Uchiha?

-Mamá...- insistió Sasuke con su débil y cantarina vocecita.

Ella alzó la mirada, y le contempló entonces, a esa cosita tierna de piel blanca y cabellos casi azulados. Era tan hermoso, toda una belleza. No merecía saber la verdad tan devastadora, tan inaguantable.

Negó levemente.

-No- mintió al tiempo que una fugaz sonrisa se apoderaba de sus labios-, no es cierto, mi niño.

Sasuke pareció tranquilizarse, hipnotizado por el tono de su madre.

-¿Entonces por qué llorabas?

-Porque...- hizo una corta pausa, pensativa; no tenía sentido preocupar a su pequeño- porque hay cosas que los niños no deben saber.

El pelinegro hizo un puchero, pero dejó escapar una jovial carcajada cuando su madre le acarició los abundantes cabellos negros y le besó tiernamente la frente.

-Mi pequeño Sasuke, eres tan lindo e inocente- el niño le miró, sin comprender del todo el porqué del tono y las palabras de su madre-. Prométeme que pase lo que pase nunca te rendirás. Seguirás viviendo no importa el costo.

Sasuke centró su atención en ella, en su rostro una mueca incomprensible.

-No entiendo...

-Pero promételo, y cuando sea el momento comprenderás.

-Pero mami...

-Promételo, Sasuke, por favor- pidió casi con desesperación; nuevamente las lágrimas inundaban su rostro. Sasuke se abstuvo de hacerle notar las húmedas y saladas gotas que le mojaban las mejillas.

-Lo prometo, mamá. Todo lo que dijiste, lo haré. Pero no quiero que te vayas, por favor.

Ella sonrió, triste y débilmente. Le besó de nueva cuenta el rostro, las mejillas, la frente, al nariz, el mentón, los labios.

-No me iré, nunca- terminó de taparle con la sábana-. Ahora duerme, cariño, mañana será un hermoso día.

Y Sasuke le vio marchar fuera del cuarto. Pero al verle partir algo dentro de él se había estremecido. ¿Qué querían decir las palabras de su madre? ¿Por qué decía esas cosas tan extrañas? No entendía nada, nada de nada. Se llevó una mano a la cara, sintiendo una extraña calidez allí donde se habían posado los labios de su madre. Era ella tan hermosa, tan amable y tan risueña. A Sasuke le encantaba el aroma de mamá, porque olía a flores y perfumes suaves que bañaban la casa. Y mamá siempre estaba ahí, cada vez que Sasuke se lastimaba en el jardín o se caía por el camino. Mamá nunca se enfadaba ni decía esas palabrotas que a veces abandonaban los labios de su padre cuando se enojaba.

Ella era...

Era como uno de esos ángeles que había leído en esos libros mágicos que contaban historias tan bonitas. A veces, muy de vez en cuando, Sasuke observaba atentamente su espalda, esperando que de un momento a otro aparecieran las hermosas alas blancas que tenían las imágenes de la Iglesia. Y algún día mamá se iría volando al cielo, pero le llevaría consigo. Le mostraría el sol de cerca, tan caliente, y le haría tocar las estrellas.

Sí, y lo abrazaría, y lo besaría, y...

Pensando en esto se quedó completamente dormido, con una débil sonrisa en los labios.

-Mamá...

XxXxX

Un trueno resonó afuera y, asustado, Sasuke abrió los ojos. Su corazón parecía querer dar la carrera de su vida, retumbando ruidosamente contra sus oídos. Estaba temblando, como una hoja en medio de una noche de lluvia; y le dolía también el pecho. Se llevó una mano a la cabeza, sintiéndose enfermo. Se levantó de la cama y cuando sus pies descalzos hicieron contacto con el frío suelo se estremeció por completo. Llamó quedamente a su madre, pero tan sólo el silencio fue respuesta.

Abrazándose a sí mismo, en busca de una protección que parecía necesitar, se aventuró fuera de su cuarto, notando de inmediato la oscuridad que parecía dominarlo todo. Y a cada paso que daba era como si se internara aún más en las fauces de una bestia, y se transformaba todo en lo macabro, lo perturbador. Había algo extraño en la casa, y no tenía que ver con el embrujo del jardín. Allí había algo diferente, algo que...

-Papá...

Su corazón se detuvo, así como se detuvo su respiración e incluso el mismo tiempo hizo una pausa. Se mordió los labios, gruesas lágrimas descenciendo por sus mejillas. Allí, en aquel segundo, todo acabó para él.

-¡Papá!- gritó con voz aguda, corriendo en dirección a... a aquello.

Su propia respiración parecía superar cualquier otro sonido, y cuando por fine stuvo frente a lo que llamaba su atención, fue como si el mundo entero se derrumbara. ¡Era sangre! Tanta sangre que no podía resultar ser algo natural. Temblaba, jadeaba, tocó débilmente lo que parecía ser el cadáver de su padre. ¿Qué estaba pasando? Recordó las palabras que oyera con anterioridad.

La familia está muriendo...

¿Entonces eso era? ¿Eso era morir?

Lloraba copiosamente, su corazón sangrando ante la imagen de su padre. Tenía los ojos vacíos, y la piel pálida y el cabello que se humedecía de sangre. Un ardor insostenible se instaló en el estómago del pequeño. Iba a vomitar, pero no tenía fuerzas ni siquiera para ello. Gritó. Gritó hasta que su garganta se secó y se abrazó a su progenitor, tan frío como el hielo. No hallaba qué hacer, ¿y dónde estaba mamá?

-¡Mamá!- gritó con todas sus fuerzas- ¿Dónde estás?

Se abrazó a sí mismo, solitario, derrumbado.

-Te necesito- sollozó.

¿Por qué? ¿Qué había pasado? ¿Era por eso que mamá lloraba? ¿Porque sabía lo que iba a pasar? Entonces... ¿por qué le había mentido?

-Mamá...

Entonces escuchó algo.

No supo qué fue, pero de pronto había algo más. Alguien allí, detrás de aquella esquina, medio oculto en la oscuridad. Sasuke alzó la mirada turbia, un tanto nublada, y su corazón palpitó con fuerza. ¿Sería posible? ¿Su madre? Usando todas sus fuerzas, que fallaban a veces por el dolor, trató de acercarse, lentamente, sin hacer el menor ruido, a ese lugar. Había alguien... Y de pronto...

De pronto todo acabó.

¡Porque allí estaba mamá! Y ella... ella...

Le miraba, le suplicaba con sus cristalinos ojos anegados en lágrimas, como diciendo: "¡Márchate! ¡Huye, Sasuke! ¡Huye pronto!" ¿Pero cómo le pedía que se fuera? Su madre estaba allí, en las garras de aquel hombre que le succionaba el cuello con perversa malicia, robándole el color de su piel, el rubor de sus mejillas, los latidos de su corazón.

-¡¡Madre!!- exclamó Sasuke, lanzándose en dirección de aquel monstruo quien, divertido, le observaba de forma silenciosa.

El niño se acercó a toda velocidad, dispuesto a recuperar a su madre. Y ella lloró y siguió llorando aún cuando no había vida en su cuerpo ni sangre en sus venas; cuando cayó al suelo, inerte, y aquel vampiro sonrió diabólicamente. Contempló al pequeño cuyos ojos observaban con horror lo que era el cadáver de la mujer, y casi pudo ser capaz de sentir sus sueños quebrarse.

-¡La mataste!- chilló Sasuke, enfurecido, con su pequeño cuerpecito ardiendo de rabia y dolor.

El asesino de su madre le miraba, complacido por las reacciones que obtenía.

Susurró: "Es perfecto..." y fijó sus ojos en el pequeño pelinegro quien, con los puños al aire, corría en su dirección en busca de una venganza. ¡Había matado a su madre! ¡Frente a sus ojos!

Llorando aún más fuertemente se lanzó a golpearle. Y entonces todo ocurrió en menos de un segundo. Durante un momento había estado allí aquella sombra, al siguiente instante Sasuke se hallaba contra la pared, con el dolor derramándose sobre sus miembros. Su cabeza se había incrustado, se había partido, se había abierto... Todo se hizo borroso, el respirar difícil, y entonces lo supo... Estaba muriendo.

Pero estaba bien.

Estaba bien morir si iba a volver a sus padres, si iba a recuperar a su madre.

Estaba bien...

Pero no; no murió en ese momento. Porque cuando todo parecía lucir muy perdido, sin nada de esperanza, había escuchado aquella voz, suave aunque preocupada, y aquellas delicadas manos que le acariciaban el rostro, haciendo a un lado sus hebras de cabello.

-Despierta, por favor...- susurraba.

Era la voz de su madre. Su madre le llamaba...

"Mamá... por favor... quiero ir contigo."

-Despierta, Sasuke, tienes que despertar- le instaba, con su tono preocupado, siempre amoroso.

"No quiero... no quiero vivir solo, mamá. No puedo cumplir la promesa, no puedo..."

Pero ella seguía repitiendo, como una letanía, que despertara. ¿Para qué? ¿Para qué despertar si ya todo estaba perdido? ¡No quería volver! ¡No iba a volver! Quería morir, como papá y como mamá, y estar todos juntos de nuevo y no tener que sufrir nunca más. ¿Es que acaso no podía entenderlo? Y entonces... entonces ya no era su madre. Sí, era un tono protector y cariñoso, pero no era ella. Esta vez, esta voz, sonaba imperativa, casi clínica.

-Abre los ojos, Sasuke, necesitamos que lo hagas.

Su tono era tan fuerte como el de papá.

Y Sasuke quiso abrir los ojos, ¡y decirle que le dejara en paz!

Fue en ese momento cuando se dio cuenta...

-Abre los ojos... Sasuke...

Los tengo abiertos... ¡Ya los abrí!

Lo invadió la desesperación. Un sentimiento como de ahogamiento le estrangulaba la garganta. Abría los ojos al máximo, escuchaba esa lejana voz, ¡pero no podía ver! ¡No podía! Todo estaba oscuro; una oscuridad profunda, devastadora. ¡Estaba ciego! Lo comprendió tan pronto que todo carecó de significado en ese instante. Y aquella voz, entonces, también lo entendió.

-Pobre niño- dijo en un susurro, pero Sasuke ya no le escuchaba. Procuraba abrazarse a sí mismo, lamentarse en silencio, ¡dolía tanto!

Su mundo entero, su futuro, su vida, ¡ya no había nada! ¡No podía ver! ¡No tenía a sus padres! ¡¡Estaba solo!!

-¡No lo estás!- gritaron- ¡Abre los ojos, Sasuke, maldita sea!

-Naruto...

XxXxX

Casi desesperado, ¡así se encontraba! Sasuke se movía demasiado, su rostro se contraía, se mordía los labios, ¡lloraba! ¡No pudo soportarlo más y tuvo que gritarlo! Lo asió de ambos brazos y lo removió de un lado a otro. ¿Y si no regresaba? No podía ni pensar en eso. Todo su ser se estremecía ante el pensamiento de poder perderle. ¡Porque no podía perderlo! ¡No a su Sasuke!

-¡Abre los ojos de una vez!- gritó fuertemente- ¡Despierta!

"Si no despiertas moriré..."

Fue entonces cuando, poco a poco, los ojos negros comenzaron a abrirse. La luz de sus pupilas era como una marca que guiara a Naruto, que guiara sus sentimientos, su corazón, su vida misma. Contenida la respiración y hasta el movimiento, Sasuke le observó, y de verdad le estaba viendo. El rubio vampiro cari podría haber llorado cuando la vio acomodarse uno de los mechones negros detrás de la oreja.

Y cuando sonrió, fue la gloria.

-Estoy despierto...

XxXxX

Mientras tanto, del otro lado de la ciudad, en una sala de hospital llena de gritos y malas sensaciones, el vampiro se lanzó sobre su insospechada presa, con el odio latente en sus pupilas y las garras como letales armas de destrucción. Se notaba, entonces, todo tan distante e irreal...

-¡Kakashi!- gritó Gai con los ojos abiertos de espanto.

En un momento estaba Kakashi, con el hermoso pelo plateado y la actitud resuelta, y al siguiente segundo aparecía ese extraño pelirrojo y...

-G-Gaara- intentó llamarle el vampiro sintiendo crujir los huesos, consciente de que el peligroso inmortal le partiría el cuello con facilidad.

Aún con ambas manos trató de apartarle, alejarlo de sí, ¡hasta pudo escuchar el grito desesperado de Gai cuando intentó acercarse!

¡No!

Gaara le alejó de un certero manotón y el cuerpo de Gai fue a dar contra la dura pared, rompiéndose un par de huesos. ¡Basta!

Pero Gaara no se detendría, ¡no hasta hacerle pagar! Todo su ser clamaba por aquella venganza, aquel ajuste de cuentas. Lo merecía, ese maldito vampiro, ¡a su Lee! ¡Había tocado a su Lee! Sus ojos brillaron con fiereza al tiempo que cerraba con más fuerza sus garras, sintiendo las uñas del peliplateado incrustarse en su rostro, en sus manos. Pero no había en su cabeza otro pensamiento más que el de matarle. Asesinarle sin piedad, a ély luego a su amante. Iría a buscarle, a aquel demonio con ojos de ángel. Pero primero debía acabar aquí, sí.

Casi podía sentirlo, el momento, verlo correr frente a sus ojos, cuando el delgado cuello cediera y la sangre brotara a montones. Sangre sucia, poderosa, revitalizante, pero infinitamente odiada. Incluso podía imaginar la poderosa sensación al acabar con su vida, el placer escurriéndose por cada célula, ¡hace tanto tiempo que no mataba de esta forma! ¡Hace tantos años que sus manos no se manchaban de sangre! ¡Tantos siglos sin destruir a un inmortal como él! Casi, casi perdía el control, desviándose de su venganza. Era matarlo por Lee, no por el placer al asesinar, al arrancar su último suspiro.

¡Tan sólo un poco más y la cabeza rodaría! ¡Como la de un muñeco!

¡Muere!

MuereMuereMuereMuere¡Muere!

Un poco más, matarlo, acabarlo, ¡maldito vampiro!

Pero entonces...

Entonces creyó que lo mataría. ¡Ya estaba muerto!

-¡Basta!

No quería detenerse, ¿pero cómo continuar si esas delicadas manos tomaban su rostro?

Volteó a enfrentarle, la mirada enloquecida y los ojos inyectados en sangre, entonces... entonces palideció, la furia apagándose lentamente al contemplarle. ¿Por qué?

-Gaara, por favor- le llamó Lee con voz débil, tratando de no demostrar el miedo que sentía en ese momento.

Porque ese era... eso era un monstruo. Gaara, su pelirrojo, su vampiro, era un asesino, y sus manos eran como zarpas y sus dientes filosos como los de un depredador.

El inmortal dejó de hacer fuerza pero no soltó a su presa. En ese instante no podía pensar en el vampiro que se retorcía entre sus manos. Lo único que ocupaba su cabeza eran los ojos negros, atrayentes, y su temor y valentía. Casi pudo ver, en su frente, las palabras que lo condenaban, que lo llamaban 'Monstruo'. Entonces... entonces no entendió nada, y se sintió perdido, abandonado ante aquel hermoso rostro que le miraba con tanto miedo.Y no, no quería que le temiese, porque lo adoraba, de verdad, ¡no podía soportarlo!

-¿Por qué?- preguntó con voz herida, delicada, pesarosa.

-Por favor- pidió Lee una vez más mientras acercaba ambos rostros, sus ojos empañándose de lágrimas al sentir la piel fría como la de un muerto, al mismo tiempo sintiéndose debilitado por su condición, por la pérdida de sangre anterior-. No lo mates.

-¿Pero por qué?- replicó el pelirrojo soltando una de sus manos y enredándola en la delgada cintura del mortal mientras besaba lentamente las pálidas mejillas.

-No lo mates.

-Pero él...

-Por favor.

Gaara se mordió los labios con rabia, hasta hacerlos sangrar y sentir el sabor metálico de su propia sangre. Volteó el rostro en dirección a Kakashi, quien le observaba con los ojos entrecerrados, sin entender lo que ocurría entre aquellos dos. Pero lo importante era que... estaba a salvo.

-Agradece a su buen corazón, Kakashi- susurró Gaara con voz venenosa mientras le perforaba con la mirada, sus frías gemas resplandeciendo pero el deseo de sangre esfumándose, el demonio volviendo a su guarida, el asesino regresando a su lugar oscuro.

Una última presión sobre la frágil carne y el inmortal dejó ir a su víctima.

Kakashi tosió un par de veces y le miró, seriamente, porque las cosas no eran un juego; porque Gaara podía decidir matarlo en otra ocasión, cuando saliera del hospital, cuando el humano no le estuviese viendo. Entonces se preguntaba... ¿qué tan fuerte era el poder de aquel? Esa era la primera vez queKakashi había visto a Gaara detenerse, al Asesino del Desierto que no perdona. Sus ojos se dirigieron al humano en cuestión que aún permanecía entre los brazos del vampiro. ¿Qué tan fuerte era? ¿Como era posible que fuese capaz de detener aGaara tan sólo con una petición? Algo en este hecho lo asustó y, al mismo tiempo, lo complació.

Resultaba tremendamente sorprendente que la fuerza de alguien como Gaara fuese capaz de convertirse en nada con tan sólo un susurro. Entonces lo supo, que aquel ser humano era peligroso. Aquel humano era diferente si podía controlar loincontrolable, domar lo indomable.

Por su parte, Lee entrecerró los ojos, sintiendo las fuerzas abandonándole, inconsciente del hechizo que el vampiro lanzaba sobre él. Miró aGaara una vez más, con los ojos turbios, y sus manos recorrieron una última vez las apuestas facciones.

En cada caricia parecía decir: gracias.

-Gaara...

-Hablaremos cuando lleguemos a mi residencia- interrumpió Gaara entrando a la habitación de Lee, con su cuerpo inconsciente en brazos.

El peliplateado soltó un suspiro y apenas pudo ver a los doctores acercarse antes de perderse a toda velocidad por los pasillos. Ni siquiera tuvo tiempo de pensar en Gai, quien yacía dolorido en el suelo y aún sin comprender lo ocurrido.

Y, cuando los médicos entraron a la habitación de Lee, tan sólo la ventana abierta les dio la bienvenida.

XxXxX

La luna se vio hermosa cuando él asomó la cabeza por la única ventana que poseía su habitación. Bajo la luz de las velas, las sombras adquirían cierto nuevo matiz, ciertos nuevos secretos.Y cada figura que se movía le hablaba a él personalmente, le contaba anécdotas y sueños pasados. El miedo había quedado atrás, hace tanto tiempo, cuando creyó enloquecer, cuando el dolor atenazaba su cabeza. Ahora había entendimiento y pequeñas risas tras sobrias paredes decoradas, y visiones escabrosas que habían empezado a divertirlo y abstraerlo de su realidad.

-La bestia se acerca- murmuró reprimiendo una pequeña carcajada.

Se alejó de la ventana y se lanzó sobre la cama, de cara al techo negro y lleno de puntitos luminosos que asemejaban a un cielo estrellado.

-El pequeño Lee clama por su vida sin saber que ha dejado de pertenecerle... desde hace tiempo.

Al pensar en él, el ambiente se torna extraño, demasiado serio, porque las sombras están preocupadas. Cuando menciona a Lee, las sombras enloqueceny lanzan gritos que le provocan jaquecas. ¿Qué se supone que haga? De vez en cuando quiere desaparecer y lanzar todo al demonio, pero sabe que apenas cierre los ojos las visiones regresarán, y las épocas pasadas junto a los asesinatos que nadie sabe quién cometió.

-¿Salvarlo?- pregunta a una de las niñas que le espía desde el borde de la cama- Ya nadie puede salvarlo.

Lanzan un grito.

-¡No puedo salvarlo!- manotea, frustrado, para luego cerrar los ojos y suspirar- Me acercaré a él. Trataré de advertirle, aunque no creo que sea de mucha utilidad.

Una mano bondadosa acaricia sus cabellos castaños, complacida. Siempre se muestran cariñosos cuando él accede a seguir sus órdenes, pero aKankuro no le gusta ser una marioneta aunque, de vez en cuando, la emoción vale la pena.

Sí, definitivamente lo vale cuando puede hacer esos increíbles viajes. Sobretodo cuando es plenamente consciente de que todo depende de él, de que entre esas sombras hay alguien que siempre está. Alguien que le observa dormir y vela sus sueños. Alguien que, en su oído, susurra:

-Descansa, amor. Hazlo ahora que puedes...

XxXxX

-Es todo tan diferente...- murmuró Sasuke mientras se acurrucaba entre los brazos del rubio, su mirada perdida en las ventanas abiertas que le ofrecían una vista espectacular de lo que era el oscuro manto nocturno- Es como si hubiese estado dormido mucho tiempo...- mencionó.

Y Naruto fue perfectamente capaz de entenderle.

Sí, justamente eso: dormido. Inconsciente de un mundo lleno de fantasías, de colores inimaginables, de sensaciones indescriptibles... Lo apretó contra su pecho, notando el silencio que los separaba pero el lazo de sangre que los unía. Ahora que eran padre e hijo, amantes de las sombras, los pensamientos de Sasuke estaban vedados para él. En cambio, tenía cosas aún mucho mejores. Poseía su corazón, su cuerpo, su esencia entera. Desvió la mirada a un costado, pensando en los lazos que lo unían a tantas otras personas. Furtivamente recordó a Gaara y su ser se estremeció.

-Naruto- suave y delicadamente, Sasuke tomó su barbilla y forzó la entristecida mirada sobre él. Sus ojos negros parecían devorarlo todo, como si buscasen recuperar el tiempo perdido-, eres hermoso- aceptó, perdiéndose en las finas facciones, los ojos de un color azul brillante, las hebras de divino pelo rubio; como un ángel-. Gracias.

El rubio negó imperceptiblemente.

-No me agradezcas aún- porque aún faltaba la parte más difícil; cuidadosamente se apartó de Sasuke; se movió, como un felino, en dirección al baño; antes de perderse en el pequeño lugarcito, añadió:-. Vamos, tenemos que prepararnos. Aún debes alimentarte...

-¿Alimentarme?- inquirió Sasuke, de pronto entendiendo.

Alimentarse...

-Los humanos serán mi alimento- susurró, con los ojos bien abiertos.

Y en ese momento, podría haber llorado en silencio. Pero tan sólo aceptó su nueva inmortalidad, se levantó de la cama y dejó que la bestia se apoderara de él.

CONTINUARA...