Advertencias: Lime.
—Bla bla —Diálogos.
—Bla bla —Pensamientos.
SELLADO EN LA PIEL
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Capítulo IX
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No pudo evitar sonreír, no notoriamente, por supuesto. El ver a su hermano en aquella situación era un hecho inaudito. Jamás en la vida imaginó que el increíble y poderoso Sabaku no Gaara le pediría ayuda en temas amorosos.
Si bien no se trató de pedir ayuda tal cual, fue lo que el pelirrojo le había dado a entender.
—Entonces… —no sabía muy bien cómo abordar el tema, era bastante complicado, por decirlo de alguna manera. —¿Qué sientes cuando estás con ella? —sin más rodeo fue directo.
Gaara que estaba sentado en el centro del sofá lo miró desconcertado. Como si no supiera de qué diablos estaba hablando.
—No lo sé —respondió, volviendo la mirada a sus manos.
—¿Pero qué es lo que sientes?
El Kage de Suna no sabía muy bien cómo explicarlo, era bastante difícil.
—¿Te sientes ansioso? ¿Con ganas de besarla? ¿De estar con ella? ¿Revoloteos en el estómago? —trató de ayudar Kankuro, otorgando la mayor cantidad de descripciones posibles para que su hermano dijera algo. —¿El querer tocarla?
Cuando hizo esa última consulta, se preguntó a sí mismo cuántas veces su hermano menor se había sentido con aquel tipo de necesidades humanas. No es que creyese que él era virgen, porque sabía que no lo era. El tiempo que estuvo la Yamanaka en Suna, supo que Gaara se había vuelto un hombre hecho y derecho, pero aún así le resultaba divertido y curioso…
—Es como… —Gaara entrecerró los ojos. —Olor a flores.
Ok… de todas las respuestas que se esperó Kankuro, nunca se imaginó una contestación así. ¿Olor a flores? ¿Qué diablos se supone quiere decir con eso?
—¿Olor a flores?
—Sí —se levantó del sofá. —, es como dulce… como cosquillas en el cuerpo.
Bueno, ahí logró entender algo a su hermano. Era un avance, ¿no?
—¿Algo más? —se apoyó en la pared de brazos cruzados. —No sé, ¿qué sientes cuando la besas?
—No quiero soltarla más.
Iban mejorando las cosas, ¡por fin!
Kankuro sonrió como pocas veces en la vida.
—Bueno, hermanito… Felicitaciones, estás irremediablemente enamorado.
Sabía que Gaara estaba enamorado, lo supo siempre, sólo que no creyó que después de años siguiera sintiendo lo mismo por la rubia Yamanaka, no obstante aquella información la corroboró en el momento en que llegó a Konoha y pudo ser testigo de aquellos casi imperceptibles gestos de ansiedad en el rostro del pelirrojo.
—Ahora dime, ¿qué piensas hacer? ¿Qué pasará con Matsuri? ¿La elegirás a ella o la despampanante rubia?
Gaara lo miró de un modo que no pudo descifrar. Tragó duro. ¿Quizás lo ofendió…?
—Sea lo que sea que elijas, cuentas con mi apoyo.
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Le tenía sujetado el antebrazo con suavidad, con tal tacto que el cosquilleo en la espalda aún continuaba su recorrido, casi delirante.
—Neji… —balbuceó en voz baja, mirándolo a los ojos.
—Ino…
Le sonrió de medio lado, perdiéndose en ese paraíso nacarado del Hyuuga. ¿Cómo era posible poseer tan hermosos rasgos? Por Kami, se estaba perdiendo en aquella belleza exótica.
—Ven —con un sutil movimiento la acercó hacia él. —No me importa —le dijo en un susurro, acercándose peligrosamente a los labios de Ino.
—¿Qué…?
—No me importa. Te besaré de todos modos.
Casi se le cayó el pelo a Ino, ¿había oído bien? ¿Acaso dijo que la besaría? ¿Acaso ya estaba…?
Perdió la razón.
Cuando Neji la abrazó, se sintió volar. Con los sentidos quizás en qué lugar del universo, correspondió el beso con la misma intensidad emitida.
Sus labios eran dulces, asimismo, el movimiento era rudo y pausado, casi tortuoso. Kami, Kami… No quería dejar de besarlo.
Autorizando un acceso más íntimo, permitió que su lengua vagara por su boca sin cuidado alguno.
—Neji… —logró susurrar, aferrándose lo más humanamente posible a él.
—¡No la toques!
—¿Qué? —Apartándose del Hyuuga, se volvió hacia la voz masculina que irrumpió en el lugar. —Gaara… —fue todo lo que dijo antes de que un remolino de arena le impidiera una visión nítida.
¿Qué estaba haciendo ahí? ¿Cómo los descubrió?
La taquicardia comenzó.
No supo cómo ni por qué, pero cuando logró ver un poco mejor, notó que Gaara tenía del cuello a Neji mientras su arena amenazaba sigilosamente con ahorcarlo…
—¡Gaara! —gritó, avanzando hacia ellos para evitar cualquier hecho lamentable. Sin embargo cuando el pelirrojo le dedicó una mirada asesina, se congeló a mitad de camino.
No, no… iba a matar a Neji.
—¡No lo hagas! —gritó aún más fuerte, no soportando ver la imagen frente a ella. —¡Neji!
La risa siniestra de Gaara le provocó un escalofrío en la espalda.
—¡Gaara, no!
Tenía que hacer algo pronto, no podía dejarlo actuar así. Con mucha fuerza de voluntad, corrió hacia ellos, no obstante el camino fue cada vez más extenso e interminable. No estaba avanzando, ¡no estaba avanzando!… ¿Por qué?
Alzó la mirada.
No, no era cierto…
—¡GAARA!
—¿Mami?
De golpe se sentó en la cama, agitada y con una leve dificultad respiratoria. Miró a su pequeño que estaba al lado de la cama, mirándolo con una expresión interrogante y algo asustadiza.
—¿Qué? —Confundida se llevó una mano al rostro; estaba sudorosa.
—¿Estás bien?
—Sí, mi amor. —Mintió, por supuesto. La visión de que su hijo tenía sobre ella, la de una mujer fuerte e invencible, no podía perderse así como así, y mucho menos por un mal sueño.
—Mami, el abuelito dijo que fueras a tomar desayuno.
Le echó un vistazo a Kazuma que estaba con su pijama y sus zapatillas de dinosaurio.
—¿Te despertaste hace mucho?
—¡Sí, con el abuelito preparamos huevos y jugo y galletas y tostadas y muchas cosas más! —maximizó todo con los brazos y una sonrisa radiante.
Ino le sonrió.
—Ya veo… —echó las mantas atrás y se levantó de la cama. —Iré de inmediato, espérame allá, ¿sí?
—¡Sí, mamá!
Cuando Kazuma dejó la habitación, se dirigió al baño adyacente a su habitación. Una vez allí se apoyó en el lavamanos y observó su rostro en el gran espejo frente a ella.
Había tenido un mal sueño respecto a Gaara. A decir verdad, un buen sueño con Neji y un mal sueño con el Sabaku No.
—Uff…—un sonrojo apareció en sus mejillas al recordar aquellos actos lascivos del sueño con el Hyuuga. Hace muchísimos años que tenía un sueño de ese tipo…
Quizás, sólo quizás, le hacía falta echarse un polvo.
Rió y de inmediato descartó esa idea loca de la cabeza.
—Tonta —se dijo a sí misma, sonriendo, mas pronto esa sonrisa se borró cuando revivió el resto del sueño que había tenido. —Gaara…
Le pareció raro, pues sabía que él era un hombre relativamente pacífico, además que su actuar asesino había cambiado muchos años atrás, cuando eran gennin.
De seguro estaba muy estresada.
La visita de Gaara a la florería el día anterior la había dejado agotada emocionalmente.
Para cuando estuvo lista, fue a la cocina y vio a su padre servirle una taza de leche a su pequeño que comía una galleta de avena. Sonrió al verlos.
—Buenos días —saludó, sentándose al lado de su hijo que le ofrecía una galleta. —Gracias, mi amor.
—Buenos días, princesa. ¿Dormiste bien? —Inoichi le sirvió leche a ella también.
—Sí —no quiso divulgar sus malos sueños, no iban al caso.
—Princesa —el rubio bebió un sorbo de su taza de café y plantó las pupilas en su hija.
—¿Sí, papá?
—Iré a pescar con Choza y Shikaku. Es un día de hombres —informó dejando la taza en el plato. —¿No te molesta si llevo a Kazuma?
—No, en absoluto. —Le echó un vistazo al pelirrojo que la miraba con aquellos ojos brillantes.
—¡Bien! Será un día de hombres Yamanaka, entonces. —Inoichi le guiñó un ojo al pequeño que le sonrió cómplice.
Ino los miró. En definitiva, el que Kazuma tuviese un referente paterno lo ayudaba a tener mayor autonomía y seguridad, pues desde que había llegado a Konoha, el pequeño ya no era tan temeroso ni dependiente de ella.
—Y un día para ti, princesa.
Le agradeció a su padre el gesto, porque sí, le hacía falta un día sólo para ella, sin preocupaciones ni presiones. De seguro después de trabajar unas horas en la florería se tomaría el resto del día para descansar y relajarse.
Oh, sí, un baño en las aguas termales sonaba como una gran tentación en su cabeza.
—Gracias, papá.
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Kankuro iba paseando por Konoha a paso lento. No tenía absolutamente nada que hacer, dado que Gaara se encontraba en ese momento con Tsunade platicando sobre algunos asuntos gubernamentales de los cuales él no quería ser partícipe. No es que no le importara, sólo que él estar en una habitación con aquella Hokage de grandes pechos lo desconcentraba… Y, ojo, no es que fuese un pervertido, sólo era un hombre débil. ¡Gran diferencia, eh!
—Qué flojera —se quejó en su fuero interno, llevándose ambas manos a los bolsillos de su pantalón.
¿Qué podría hacer en un lugar como Konoha para dejar el aburrimiento de lado?
Quizás visitar a algunas kunoichis por ahí para recordar viejos tiempos… Era una posibilidad, pero le faltaban ganas. Además dudaba que aquella chica llamada Tenten quisiera verlo; no habían terminado de la mejor manera.
Soltando un suspiro por lo bajo, continuó avanzando por las concurridas calles de la aldea. Fue en uno de esos lapsus en que notó una larga cabellera rubia que llamó su atención, por lo que ajustó las pupilas en aquella alta figura masculina.
Si mal no recordaba, se trataba del padre de Ino Yamanaka; uno de los integrantes del legendario trío Ino-Shika-Cho. ¡Y vaya! Estaba el trío allí también y… sí, también había un niño que jugaba con una pelota roja que era más grande que él; estaba sobre el balón, empujándose con los pies y riéndose.
Observó al Yamanaka decirle algo al pequeño que reía más fuerte. ¿Sería acaso algún descendiente de su clan?
Encogiéndose de hombros, sin mayor interés, pensó en darse la vuelta e irse en busca de Temari o hacer otra cosa, mas cuando le echó un último vistazo al pequeño, no pudo ser capaz de reprimir la risa.
El niño se había dado vuelta junto con la pelota, quedando en el suelo con el balón sobre él.
Y, bueno, no era el único riéndose, pues los amigos de Inoichi también reían. En realidad todos los que lo vieron estaban riendo.
—Jojojo, niño tonto. —Se burló sin sacarle un ojo de encima.
Fue ahí, en ese momento, en que notó la cercanía del rubio con ese pequeño que se le hizo extremadamente conocido. Sin embargo, lo que lo desconcertó por completo, fue cuando el rubio le sacó el gorro al pequeño para verificar alguna herida y/o lesión, revelando en el acto una cabellera rojiza intensa.
—¿Qué…? —la espalda se le rigidizó al notar el tremendo parecido de ese pequeño con su hermano menor.
Era una copia exacta de Gaara.
No, no podía ser cierto…
Ese pequeño, ¿por qué diablos se parecía a su hermano?
Fue una cosa de segundos; 5, 4, 3, 2, 1.
Palideció.
¡Sí podía ser cierto! Ese niño se veía no mayor a 4 años de acuerdo a sus cálculos, tenía el cabello rojo, era idéntico a Gaara cuando pequeño, además tenía unos tremendos ojos azules pertenecientes a un solo clan de Konoha; los Yamanaka. Y si sumaba uno más uno… las cosas estaban más que claras.
—Oh, mierda…
Eso significaba que…
Gaara era el padre.
Que Ino Yamanaka era la madre.
Y que él era tío…
—¡Rayos!
Estaba seguro que después de aquel reconocimiento, no iba a poder ver a Gaara de la misma manera, mucho menos sabiendo que éste tenía un hijo del cual no tenía ni la más mínima idea de que existía.
Sin duda alguna, iba arder Troya.
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—¡Bienvenido a la Florería Yamanaka! —Saludó automáticamente al recién llegado. Cuando alzó la vista, reconoció a aquella persona. —Kankuro-san.
—Ino —la saludó con un simple gesto. —No me digas Kankuro-san, me hace sentir viejo.
La rubia río, asintiendo.
—Está bien –se acomodó el delantal amarillo. —¿En qué te puedo ayudar?
Kankuro pareció nervioso antes de responder.
—Necesito saber algo…
Algo en aquellas palabras le causó un frío en el cuerpo apenas las oyó. Tenía la certeza que se trataba de algo relacionado con Gaara.
—Mira, Ino —el marionetista se apoyó en el mostrador. —, sé que nosotros nunca hemos tenido una relación cercana o algo así, pero… necesito saber la verdad.
La rubia trató de sopesar el nudo que se le formó en la garganta con cierta dificultad.
—¿Qué verdad? —fingió una expresión en blanco. Si bien sospechaba de qué se podría tratar la duda de Kankuro, no quería pensar lo peor tampoco… No era bueno para su salud mental.
—Lo vi, Ino —el moreno bajó la voz, como si se tratase de un secreto. —Lo vi…
—¿Qué?
—Vi al pequeño, Ino.
—…
—Lo vi con tu padre.
Pasaron segundos antes de que la respiración volviera a ella. Sabía que era ridículo negarle la verdad a Kankuro, no obstante… si éste se había enterado, era sólo cuestión de tiempo para que Gaara supiera la verdad, porque era obvio que Kankuro le diría acerca del pequeño, ¿y cómo no? Si se trataba de su hermano después de todo.
—Maldición… —apoyó los codos sobre el mostrador y el rostro entre sus manos. —¿Ya le dijiste?
—No… —Kankuro intentó ser suave, no era una situación fácil ni cómoda. —¿Entonces es cierto? ¿Ese niño es de él…?
Ino se descubrió el rostro y dejó caer los brazos a ambos lados, enseguida le dedicó una mirada dura al marionetista.
—No —negó, además, en silencio. —Kazuma es mi hijo.
—¿Ah?
—Es sólo mío —volvió a repetir, no dejando de lado aquella mirada áspera.
—No, Ino. —Kankuro caminó hacia atrás del mostrador. —¿Sabes lo que pasaría si en Suna se enteran de que Gaara tiene un hijo? ¡Él tiene que saberlo!
—Kankuro —empezó lento, sin dejarse intimidar por él. —Sé lo que significa que Kazuma tenga la sangre del Kazekage —aunque tratarse de ser despectiva, no podía serlo. —Sin embargo, él es mi hijo. Sólo mío. Yo lo crié, yo lo cuido, yo soy quien se hace cargo de él.
—No he dicho lo contrario. —Dio un paso hacia ella, acortando la distancia. —Sólo que Gaara tiene que saberlo.
—¿Y tú crees que eso solucionará las cosas? —Estalló, enrojeciéndose por la rabia que sentía. —¿Crees que cambiará lo que ha pasado? ¡Pues no! No cambiará absolutamente nada.
—Si las cosas no cambiarán, ¿entonces por qué rayos no le dices que tiene un hijo?
—Él tiene su vida, Kankuro. Es el Kazekage.
—Si lo dices por Matsuri, aún estás a tiempo.
—¿Qué tiene que ver Matsuri en todo esto? —No tenía idea a qué se refería el hermano del Kazekage.
—Mierda… —la mirada de él cambió, al parecer había metido la pata hasta el fondo. —¿No lo sabes, verdad?
—¿Qué cosa…?
Sintió miedo. Sabía que lo que le dijese Kankuro, no sería algo bueno.
—Gaara está comprometido con Matsuri, se casarán dentro de poco tiempo.
No pudo escuchar más. Todo fue un silencio que se vio sólo interrumpido por el eco de sus latidos en los tímpanos.
—¿Ino? ¿Estás bien?
Miró a Kankuro, haciendo un esfuerzo sobrehumano por no quebrarse delante de él y llorar.
—S-Sí…
—Ino —Kankuro la afirmó del brazo. —Gaara tiene que saber, tiene derecho a conocer a su hijo.
—No, no…
—¿Por qué no?
Ino no aguantó más, estalló en lágrimas y en ira. Ahora con mayor razón sentía rabia hacia Gaara.
—¡Porque es MI HIJO! Y no quiero que lo conozca, ¡no quiero que vea a su padre que ni siquiera será capaz de mirarlo!
—¿Qué? —Kankuro ahora sí que se enojó. —¿Acaso crees que Gaara lo rechazará?
—¿Acaso no es así? —lo desafió, limpiándose las lágrimas con su mano libre. —Más ahora que está con Matsuri.
—¡No tienes idea de lo que dices, Ino!
—¿Y qué rayos se supone sabes tú?
—¡Porque conozco a mi hermano, sé lo que quiere!
—¡Pues parece que no lo conoces tanto como dices!
—¿Qué quieres decir?
Ino rechinó los dientes.
—¡Suéltame, maldita sea!
—¡No lo haré hasta que me respondas de una buena vez!
—¡Que no, suéltame!
—¡Dijo que la soltaras! —la voz los paralizó.
Tanto como Kankuro e Ino se quedaron mirando con provocación. Ambos estaban colerizados defendiendo los derechos de lo que consideraban correcto.
—Suéltala ya.
De a poco y con lentitud, el marionetista soltó el brazo de la rubia, retrocediendo un paso.
—Aún nos queda una conversación pendiente, Ino. —Dijo antes de dar media vuelta y caminar hacia la salida, sin siquiera echarle un vistazo a la otra persona que había invadido su discusión. —Y si no le dices tú, yo se lo diré. —El tono de advertencia fue claro, así que sin más se fue, dando un portazo.
—Kami…
—¿Estás bien?
Ino asintió en silencio, no pudiendo articular palabra alguna. Tenía ganas de llorar y gritar de impotencia hasta quedarse sin pulmones. ¿Por qué las cosas no podían ser más simples?
—¿Qué haré…? —sollozó, avanzando hacia la puerta de la florería para cambiar el letrero de abierto a cerrado. —¿Qué voy a hacer, Neji? —se volvió hacia él, quebrándose.
El Hyuuga caminó hacia ella en aquel particular semblante nulo y carente de emociones. No obstante, sus acciones demostraban que lo frío no era más que un calificativo ajeno.
Le tomó la barbilla con la mano derecha y con la opuesta le tomó la cintura para acercarla a su pecho.
—Luchar —fue lo que dijo antes de aproximar sus labios a los de ella. Y así, sin aviso alguno, la besó.
Las rodillas se temblaron. Y si no hubiese sido porque el Hyuuga la tenía agarrada de la cintura, se habría caído.
Cerró los ojos y se dejó llevar; la sensación excitante la hizo adicta en un segundo, haciéndole olvidar todo el daño y las heridas que tenía en el corazón.
Cuando consintió un acceso más íntimo, degustó con placer la boca de Neji, perdiéndose en sus labios que eran suaves, dulces y cálidos. Era, sin duda, mejor besador de lo que había previsto en su sueño. Kami… si le hubiesen dicho que besaría a Neji Hyuuga ese día se habría reído a carcajadas y con sorna.
Cuando el beso cesó, Neji juntó su frente con la de ella y la miró atenta cuando abrió los ojos.
—Luchar —le volvió a decir, esta vez con mayor convicción. —Lucha conmigo…
—¿Juntos?
—Sí…
Ino sonrió, tomando esa vez ella la iniciativa de besarlo y con mucho más intensidad que la vez anterior.
Se olvidó de todo pesar.
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Había ido a buscar a Kankuro luego de que terminara su reunión con Tsunade, sin embargo no se le pasó por la mente que lo encontraría en la florería Yamanaka, lugar del cual salió exasperado, al menos, así podía notar en su manera de actuar y en aquel fruncimiento de cejas marcado; parecía furioso.
Trató de alcanzarlo, pero Kankuro se perdió entre la muchedumbre. Quizás era mejor idea dejarlo solo y esperar a que se le pasara aquel episodio violento.
Intrigado por lo que le pudo haber sucedido a su hermano, utilizó el Daisan no Me para observar los hechos dentro de la florería. Bueno, sí, era una excusa también para mirar a la única mujer que lo volvía loco.
Realizó el jutsu y con su mano derecha ocultó su ojo izquierdo.
Fue mala idea, no, una pésima idea.
Lo que vio lo dejó atónito.
—No… —murmuró, sin dejar de observar cómo Neji Hyuuga acariciaba sugestivamente a Ino.
Sintió ganas de vomitar y, por un momento, quiso entrar y despedazar a sangre fría al genio, mas… se contuvo, con el mayor esfuerzo posible y con demasiada fuerza de voluntad, se abstuvo de cualquier arrebato sin sentido.
Aún así, no fue capaz de deshacer el jutsu, siendo testigo de cómo la rubia Yamanaka era tomada en brazos por el Hyuuga y trasladada hacia un cuarto que estaba en la zona posterior de aquel lugar.
Los siguió, aunque se estuviese muriendo por ser testigo de tales actos.
Conocía las expresiones de Ino, las tenía quemadas en retina, sabía que estaba gimiendo y disfrutando de las caricias bajo la ropa y de esos besos intrépidos en el cuello.
No…
Se sintió de la misma manera en que supo que Ino había dejado Konoha, con un vacío y una opresión en el pecho que lo hicieron sentirse vulnerable.
No, ya no quería sentir ese hormigueo en el vientre por el olor a flores. No… Ya no más…
Deshizo el jutsu.
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—Neji… —Ino gimió, entrecerrando los ojos. —No… —murmuró, sintiéndose de pronto con un vacío en el pecho.
—Ino…
Ignoró el vacío, aferrándose al Hyuuga que la tenía en contra de la pared. Quería dejar a un lado esas sensaciones amargas de una vez por todas.
—Ah… —jadeó, enterrando las uñas en los gruesos y fibrosos hombros de él. No obstante, jadeó en un tono más alto cuando sintió la erección de éste deslizándose en su entrepierna. —Hazlo… —pidió, sin consciencia alguna.
Con autorización, comenzó a hundirse en Ino, pero en un rayo de lucidez, ella lo detuvo.
—¡No! —con fuerza logró separarse de él, alejándolo de su cuerpo semidesnudo. —No puedo… —no se atrevió a mirarlo a la cara, la vergüenza era colosal.
El Hyuuga por su parte, entendió la postura de la rubia.
También comenzó a acomodarse las ropas –al igual que Ino-, en el segundo exacto que sintió unas partículas de arena deslizarse por su cabello.
—¿Ino…? —la miró.
Sí, ella también lo había notado.
Sólo un nombre escapó de aquellos labios rosas.
—Gaara…
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TO BE CONTINUED…
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Mis queridísimas lectoras, aquí les traigo un capítulo más de este fic. ¡De verdad espero poder actualizar lo antes posible!
Gracias enormes por sus comentarios, chicas. ¡Son las mejores!
Annalizzz, Yerik, Guest, Sabaku-No-Yamanaka-Ino, RAYMAR, LucyxSting, Sandy, Squalo Scarlet, Caro, Miss Kalifornia, Jamie Black 5, Lizz cerezo, Miranda Lovely. ¡Muchísimas gracias! Sé que he sido una desconsiderada, mis disculpas u.ú
Ahorita vi que hay muchas actualizaciones, así que iré a pasear por el paraíso. Gracias, de nuevo, a quienes leen, a quienes comentan y, también, a quienes escriben fics sobre Ino.
Un abrazo y espero verlas pronto!
Saludos, Ellie.
Ps: Me dio pena Gaara... =/
