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Episodio IX.

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Elena observaba a Damon como si se tratase de un espécimen en vía de extinción, le dolía a rabiar la cabeza, era ese típico dolor que nubla tu mente por completo y encima no encontraba el bote de pastillas que había escondido en la habitación, no era de esas personas que se auto medicaba, pero realmente necesitaba esas pastillas, calmaban ese dolor y especialmente, calmaban ese miedo que se extendía por todo su cuerpo a cada minuto que pasaba encerrada en esa casa, no culpaba a la misión de eso, ella era fuerte podía resistir esto y mucho más, pero desde que su vida había estado en peligro -varias veces- era incapaz de pegar ojo sin pensar en las consecuencias de parecer tan vulnerable.

Pero por más paranoica que estuviese, seguía haciendo estupideces, como retener al sujeto que había atentado contra su vida en su habitación con solo un arma que ni siquiera sabía de dónde había salido, cuando lo que tenía que estar haciendo es pidiendo ayuda a la seguridad de esa maldita casa, bien podía haber entregado al tío este a Katherine, seguramente esa niñata si que sabría deshacerse de él.

¿En qué estaba pensando?

Se dejó caer en una de las sillas de la habitación. El chico estaba allí, mirando al frente, atravesando su cuerpo como si de dardos se tratase, lo había dejado ahí, sentado en una silla bien alejada de ella, tampoco tenía muy claro si eso había sido buena idea, porque, ¿qué iba a hacer si se levantaba e iba a por ella? ¿disparar? sabía que no iba a hacerlo, él sabía que ella era incapaz de hacerle daño, ¡maldita sea! había sido testigo de ello.

Intentó tranquilizarse, tenía que enfrentarse a él, acabar con todo esto. Se levantó, sabiendo que cualquier paso en falso le costaría la vida.

O su tapadera.

— ¿Quién eres? —no quiso sonar tan dura, pero sabía que si bajaba un poco el tono de voz se daría cuenta de que estaba temblando. El chico alzó la cabeza despacio como si acabase de darse cuenta de su presencia, esos ojos azules, eran como témpanos de hielo, fríos sin vida alguna, la chica tragó saliva no por la intensidad de su mirada, sino por esa conexión que vibraba entre ambos, como si se tratasen de polos opuestos, que se ven atraídos irremediablemente.

Sería tan fácil decirle que no era Katherine.

— Te he hecho una pregunta…

— Tan cínica como siempre… Petrova… —dijo con asco, su voz era un gruñido seco, como si llevase días y días sin abrir la boca— No hagas como si te importase, borra esa mueca de tu cara.

¿Qué prefería? ¿ser torturado? para ella sería mucho más fácil, solo tendría que chasquear los dedos para librarse de él para siempre, pero entonces se rebajaría a su altura, ella podía ser un topo allí metida, entre esas cuatro paredes, pero ni de casualidad sería una asesina, no si podía evitarlo. Se acercó decidida, el único sonido perceptible fue el tintineo de sus tacones rebotando en el suelo, ninguno de los dos dijo nada cuando ella se agachó a su lado, portando el arma en sus delicados dedos, algo llamó la atención de Damon, esas manos eran casi perfectas, pero sus uñas, su manicura estaba destrozada, alzó una ceja y una sonrisa burlona se dibujó en sus labios, podía lanzarse a ella, tomarla del cuello y estrangularla, pero entonces caería en la trampa.

— ¿Por qué no vamos al grano, Kathy?

— No me llames así… —le advirtió.— Soy yo la que hace las preguntas, ¿recuerdas? —le señaló el arma con la mayor indiferencia posible— Un movimiento en falso y…

— ¿Y me matarás? Si eres inteligente lo harás, pero si eres como tu madre… la cagarás, como siempre.

Elena tomó nota mental de eso, Damon odiaba a Tatia con la misma fuerza que odiaba a Katherine (o a ella) podía aprovecharse de ello, Damon podría servirle de ayuda en toda esa historia de locos, solo tenía que contarle que trabajaba para el FBI, para asuntos internos y todo quedaría aclarado.

Justo en ese momento su teléfono empezó a sonar. Se quedó quieta, rígida, ella no portaba teléfono alguno, solo… su mirada se disparó a la cama que estaba a su izquierda, ¿de verdad había sido tan tonta de dejar ese teléfono a la vista? desesperada y olvidando a quien tenía a su lado corrió hasta la cama y removió las almohadas hasta alcanzar el maldito aparato.

— ¿Ha pasado algo…?

— Elena… —era Tyler, se maldijo a sí misma por haberlo tomado— Estás en peligro…

— Vaya novedad, Ty, mira estoy perfectamente, en serio déjame continuar con esto, ¿ha pasado algo gordo, o no?

— Es Malachai… está hospitalizado…

— ¿Qué? —se derrumbó, no conocía a Parker lo suficiente como para que esto fuese un golpe duro, pero sabía que si Tyler le estaba contando esto era porque no estaba en el hospital por casualidad, su amigo le contó los hechos por encima, pero nada concreto, nada que ella pudiese captar— Voy a ir allí… voy a matar a esos hijos de puta…

— Lena… te llamaba para que estés pendiente, ¿está Katherine en la casa?

Damon respiró hondo, la chica estaba a escasos centímetros de él, podía notar su olor, esa mezcla de olores tan distinguido que le revolvía el estómago, pero luego estaba su esencia, era una estupidez, pero su cuerpo desprendía una fragancia muy diferente a la usual, es como si su cuerpo estuviera al cien por cien con ella, como si esa maldita conexión que sintió desde el primer momento, allí en mitad del salón, aún estuviera, tirando de él con fuerza; entonces lo recordó, no estaba atado, ni tampoco parecía que hubiese nadie vigilando, se incorporó haciendo el menor ruido posible, Katherine parecía muy centrada en esa conversación por lo que no notaría su presencia, cuando vio que colgó, no lo dudó dos veces.

Se lanzó contra ella, la paralizó y la desarmó con un simple movimiento, la chica temblaba en sus brazos, pero no podía dejarse engañar, no era una cría, era una asesina, dispuesta a torturarla por simple diversión.

— Ahora soy yo el que hace las preguntas, Katy Kat.

Lexi recorrió media ciudad hasta llegar al hospital donde se encontraba Kai, había estado investigando unas cifras sin sentido en su casa durante toda la mañana, intentando alejar al maldito idiota de su cabeza, y cuando creía que lo estaba consiguiendo recibe una llamada, la peor llamada de la historia. Kai se había metido en un lío y puede que ni siquiera saliese de él.

Llegó a la entrada y salió disparada al interior, ignorando todos los coches que estaban allí aparcados, no había que ser un genio para saber qué se trataban del SWAT o de algo peor, todo había corrido como la pólvora, los Petrova estaban sacando al mercado algo peor que lo anterior, estaban haciendo una mutación de esa droga ya errónea, tenían que pararlos antes que fuese demasiado tarde.

— ¡Espera! —una voz le sacó de sus pensamientos, apretó los puños y se dio media vuelta, en cuanto sus ojos se cruzaron con los morenos de una muchacha, más o menos de su edad, supo de quién se trataba. La chica vestía unos jeans oscuros con un suéter de color verde lima, estaba ridícula, como si acabase de salir de su casa con lo puesto, pero era comprensible, tan comprensible como que su rostro estuviera teñido de tristeza y algo inexplicable.- Eres… su… compañera, ¿verdad? Alexia.

— Lexi. Si. Tu debes de ser…

— Bonnie, su prometida.

No entendía porqué estaba tan nerviosa, se trataba de la pareja de su compañero, no de una persona que estuviese acusada de asesinato múltiple, pero le era inevitable mirarla con cuidado, era más bonita que en las pocas fotos que había visto de ella, pero sí que podía notar ese aire de grandeza y superioridad que más de una vez le había dicho Kai a los demás que tenía su novia, estaba claro que era ella, pero más claro estaba que ella sabía quien era Lexi.

— ¿Sabes cómo…?

— No voy a fingir que me caes bien, así que no finjas nada conmigo —le advirtió Bonnie, tragándose las lágrimas que amenazaban con saltar en ella, dio varios pasos al frente, pero justo en ese momento Alaric y compañía cruzaban la sala, rompiendo esa no tan bonita conversación. Lexi miró una última vez a Bonnie, no era la primera vez que se imaginaba una charla con ella, siempre había pensado que sería en la agencia o en la calle, pero nunca en una situación tan trágica como esa, aún así se sintió peor de lo que pensaba, nunca había hecho nada contra esa pareja, por más atraída que se sintiese por Kai, ninguno de los dos había cruzado la línea, aunque claro, ¿dónde estaba el límite en el amor?

Alaric les relató por encima el estado de Kai, ya le habían informado personalmente por teléfono las circunstancias, no estaba estable pero tampoco estaba en peligro, estaba en esa línea imaginaria donde les tocaba a todos esperar un periodo de veinticuatro horas para saber que iba a pasar a partir de ahora, no habían tenido que operarle, pero sí que estaba en la UCI y eso seguía sin ser bueno, Lexi se apartó de ellos cuando supo que no había más nada que escuchar, su corazón latía con fuerza en su pecho, golpeando todo su cuerpo con una fuerza sobrehumana, tenía que calmarse porque sino, acabaría haciendo una locura de la cual se arrepentiría más pronto que tarde.

Mientras caminaba por los pasillos, sintió náuseas, se estaba mareando y no sabía exactamente el porqué, miró en todas direcciones y sus ojos se cruzaron con los del agente Oliver, estaba interrogando a un muchacho que tenía heridas leves, no quiso acercarse pero sus pies se movieron solos.

— Estaban experimentando con la droga… el chico empezó a vomitar sangre… pero eso no era… —se quedó callado cuando notó la presencia de la rubia, Oliver fue el primero en girarse y dar su consentimiento para que continuara, el chico, que se hacía llamar Lorenzo como decía en su etiqueta continúo el relato sin estar del todo convencido— Eso no era lo peor, esos tipos, antes de… disparar, tomaron una muestra de esa espuma… como si lo importante fuese esa reacción, dudo que busquen una droga.

— ¿Crear un veneno? —anotó en su tableta— Hay que hablar con Saltzman directamente, antes que los de arriba decidan tomar el caso.

Lexi asintió sin escuchar nada realmente.

— Kai sigue en la UCI, Ollie.

— Tranquila, saldrá de esta. Ese renacuajo es duro de pelar. —bromeó dándole un par de palmadas en la espalda, se sintió mal por no ser más amable pero le preocupa más saber que estaban planeando los secuaces de Petrova— Voy a informar. Lorenzo no te muevas de ahí.

— Como si tuviese otra opción… —murmuró de mala gana, Lexi le lanzó una mirada asesina— ¡Eh! Kai, me dijo unas palabras antes… de que se desmayara.

— Ha sonado como "antes de que muriera" sigue vivo. Guapo. —le escupió con odio, el chico asintió.

— Me dijo que le dijera a ella que la amaba. No sé quién es ella, obviamente. Solo…

— ¿Y por qué me lo dices a mi, capullo?

— Cálmate, guapa. -le devolvió el golpe— ¡Joder! ¿crees que a mi me gusta ver como a ese tipo casi lo matan?

— ¡No te metas donde no te llaman! ¿¡entendido!?

— ¡Solo estoy intentando ayudar a un amigo, fue Kai el que se metió en medio! Nadie le pidió vela en este entierro. Huy, creo que me ha pasado…

— ¡Vete al infierno! —gritó alterada y salió de allí antes de meterle una bala entre ceja y ceja, había sentido como su mano se movía directamente a su espalda, donde escondía su arma, no podía actuar de esa forma, tenía que salir de allí.

Bonnie estaba allí, parada delante de la habitación donde se encontraba Kai, era incapaz de dar un paso al frente, de abrir esa puerta y de enfrentarse a él, porque sabía lo que iba a pasar, se iba a derrumbar y ella nunca se permitía caer, nunca más, era una superviviente, una luchadora, nunca caería por nada ni por nadie… ¿ni siquiera por Kai, Bon?, podía escuchar la voz chillona de su amiga, retándola a que le dijese lo contrario, frunció el ceño y recordó que en ese mismo hospital estaba ella.

Solo necesitaba verla, las cosas estarían más claras si podía ver a su mejor amiga una vez más, hacía años que no pisaba ese hospital —odiaba esos lugares— por lo que tampoco la había visto mucho, mientras miraba los carteles de información lo vio pasar, bajando las escaleras.

— ¡Stefan!

Las clases se habían retrasado hasta el último momento, Bonnie odiaba hacerle eso a su mejor amiga, pero no estaba en sus planes saltarse ninguna clase extra, cuando podían servirle para su beca, por eso, nada más salir de su última clase, cogió carrerilla y empezó a rezar para que Caroline Salvatore no quisiera matarla.

Llevaban semanas preparando su fiesta no tan sorpresa, Car les había dejado claro a todo el mundo, especialmente a su hermano, que si no hacían una fiesta como Dios manda no iba a hablarles a nadie nunca más, decía algo de que "no todos los días se cumplen dieciséis" y tenía razón, su cumpleaños debía ser épico. Por eso recogió los globos de colores y los lazos fucsia para hacer una sesión de peluquería con los chicos, sería divertido, se dijo así misma mientras cruzaba la calle con todo el material en la mano.

Pero por supuesto, Bonnie Bennet nunca tiene suerte. Nunca. Un chico en monopatín, con los cascos a todo volumen cruzó la calle al mismo tiempo, llevándose a la pobre Bonnie por el camino, la morena tuvo unos segundos para razonar, para pensar en la mejor forma de arrancarle la cabeza a ese maldito idiota.

La chica cayó de bruces contra el suelo.

Wow, wow… el chico recuperó su monopatín de la caída y miró a la chica con mirada lasciva, tenía muy buen cuerpo para ser una cría. En cuanto los ojos de Bonnie se cruzaron con el chico supo que se había metido en un lio, ese mierda niño tenía unas pintas horribles, camiseta de tirantes de baloncesto, pantalones raídos por todos lados, piercings en la oreja y en la nariz, y un maldito y horrible tatuaje en el brazo izquierdo, que seguramente cruzaría parte de su pecho, ¿cómo era posible que un niño enclenque como ese tuviera esas pintas?

Su cara de asco lo dijo todo.

Apártate de mi camino niño. dijo asqueada al ver que le ofrecía esa mano que olía a tabaco puro Muy bien chaval, espero que tus papás estén contentos contigo…

¿Papás? ¿qué edad crees que tengo para que uses ese tono conmigo?

Piérdete pequeñín. le dijo mientras se marchaba a toda prisa, recuperando sus cosas sin mirar realmente lo que estaba haciendo, muchos de sus amigos le habían dicho en varias ocasiones que tenía muy mal pronto, no quería tener más problemas de los que seguramente tendría en menos de una hora, por eso decidió marcharse sin pelear.

El muchacho miró el camino y murmuró una sarta de maldiciones, pero todo quedó olvidado en cuanto sus ojos se cruzaron con una libreta marrón, la tomó entre sus dedos y en la tapadera, en una esquina estaba su pasaje a ese bombón sin cerebro.

Sonrió mientras la música de PowerWolf inundaba sus oídos.

Los recuerdos eran tan cercanos que casi parecía que no hubiese pasado el tiempo, como si aún tuviese dieciséis años, como si sus mayores problemas fuesen aprobar para tener la beca o conseguir evitar al idiota de Kai, solo pensar en él, era como si el dolor volviese con mayor intensidad, no iba a doblegarse, no estaba dispuesto a ello.

— ¡Stefan…! —gritó de nuevo pero una mano tiró de ella hasta apartarla del campo visual de Stefan Salvatore, Bonnie tropezó con sus propios pies antes de caer encima de un cuerpo duro, alzó la cabeza para encontrarse con el rostro de Alaric Saltzman, sabía quien era por las fotos que Kai tenía en su escritorio, de cuando se gradúo— ¿Señor?

— Hola, cálmate. —ella estaba tranquila, aunque incómoda no entendía porque tenía que sostenarla de esa forma tan posesiva— Ese sujeto de ahí…

— Es un antiguo amigo…

— Trabaja para Katherine Petrova.

— ¿Qué?

— Puede ser peligroso, no te acerques a él, ni siquiera sé qué está haciendo por esta zona. —dijo bajito, acercándose para comprobar si seguía ahí.

— Seguramente habrá venido a ver a su hermana, está en coma desde hace seis años. —le dolió pensar en ella de esa forma, pero más le dolía saber que Kai estaba luchando por sobrevivir.

La fiesta era un desastre, Stefan no apareció alegando que tenía unos asuntos pendientes con su ex novia, Caroline, por supuesto no reaccionó nada bien, quería la mejor fiesta, que su hermano no estuviese en ella dejaba muy claro que eso no era una fiesta, pero aún así Bonnie y compañía no querían dejarla sola, es decir, es su cumpleaños por muy de morros que se ponga peor estaría si todos decidían marcharse.

Liv puso música pero enseguida se arrepintió al ver la mirada de Caroline, Bonnie se encogió de hombros mientras rebuscaba entre sus cosas alguna milagrosa idea para salvar esa maldita fiesta, o por lo menos para evitar que su amiga se echase a llorar como veía venir.

El sonido del timbre los sorprendió a todos -a los pocos que quedaban- Bonnie se imaginó que se trataría de Damon, lo dudaba porque no se encontraba en la ciudad, pero tal vez ese era el milagro que necesitaba, su subconsciente le lanzó una advertencia antes de que su amiga, otra vez, luciendo feliz se tirase hacia la puerta.

¿Esperamos a alguien? le preguntó Liv bajito, Jo, su hermana mayor se acercó a ellas esperando seguramente que Bonnie tuviese la respuesta.

¿Alguno de los chicos, tal vez?

¡Chicas! gritó Caroline desde el interior del pasillo, las tres muchachas voltearon a ver quien venía ¿Os acordáis que estuve saliendo con un chico que trabajaba en una tienda de tatuajes? Esa tienda…

Si, se acordaban. No era una tienda de tatuajes normal, se trataba de un tatuaje temporal, que duraba un año o poco menos, simplemente era una tienda experimental, que jugaba con las nuevas promesas o servía como una forma de asustar a los niños y favorecer así a los padres. Mientras Bonnie repasaba mentalmente esa conversación, la imagen de un niñato apareció en su mente.

… es un amigo… se había perdido la mitad del monólogo de su amiga. Kai Parker.

Alaric le contó por encima lo poco que sabían de los Petrova, sabía que le estaba ocultando información pero no lo culpó de ello, era su trabajo, no podía ir diciéndole a todo el mundo lo que pasaba, pero aún así no sirvió para sentirse mejor, porque saber que Stefan podría estar involucrado con la gente que casi mata a su novio no le hacía sentir mejor, todo lo contrario, le entraban unas ganas increíbles de salir corriendo a buscarle y arrancarle la cabeza a bocados, le odiaba, más que la última vez que le vio, más que cuando Caroline lloró desconsolada en sus brazos, mucho más.

Se acercó a su habitación con pasos vacilantes, desde el cristal podía verlo, estaba tumbado en esa cama, rodeado de cables, su rostro seguía siendo el de un niño, daba igual el tiempo que pasara, Kai seguía siendo Kai, aunque estuviese a punto de morir por ser un idiota suicida.

Su idiota.

¿Qué mierda le estaba pasando? ¿Qué coño le había hecho Kai a su vida?


¿Sabéis lo que más odio de actualizar esta historia? cambiar los guiones cortos por guiones largos, si no fuese porque queda mucho más agradable a la vista, los guiones largos podrían irse a la mierda. ¿Tenéis algún truco para escribirlos sin necesidad de copiar y pegar? si es así, os querré por ello.

Centrándome en la historia, ¿quién quería matarme por "matar" a Kai? si está en el hospital quiere decir que está "vivo", así que no me podéis matar todavía. ¡Hombre vamos!

De todos modos puedo decir que este capítulo compensa, tenéis el encuentro de Bonkai, ahí, en vuestras manos, os prometo que en la secuela tendréis más de su pasado, con el límite de palabras no puedo desperdiciar ninguna en recuerdos que tendrán más relevancia en un futuro. Y hablando del futuro, ¿sabéis que estoy a punto de terminar esta historia? la primera parte, por supuesto.

¿Qué creéis que pasará de aquí hacia delante? ¿tenéis alguna teoría?

Calle Bourbon: estoy con el esquema, no lo he acabado aún, pero en cuanto termine con SR me pongo a ello y a escribir porque las ideas ya están en mi cabeza, solo falta plasmarlas en papel.

Sweet Child Of Mine: si, sé lo que estáis pensando, ya viene a decir excusas, pero no son excusas, son la realidad, no vamos a abandonar la historia, dejad de creer que si, pronto o tarde tendréis noticias nuestras, lo prometemos.

¡Alejándonos de esto! ¿alguien es fan de Reign? ¡TENGO UN FORO! que podéis encontrar en mi perfil, un foro totalmente en español con un reto dedicado a Frary, ¡os espero!

¡UN BESO ENORME!

PD: ¿aún queréis matarme?