3 MERODEADORES SLYTHERIN

Autor: severusphoenix


CAPÍTULO 10: "Reunión con Slytherins"

Albus había estado fuera la mayor parte del miércoles, y regresó tarde a Hogwarts. Revisó algunos papeles y no se dio cuenta de inmediato del cambio de color en un pisapapeles de cristal. El color verde normal había cambiado a amarillo, y luego había pasado por el espectro del naranja, sin llegar a volverse rojo. La luz parpadeante finalmente llamó su atención y se enderezó en el asiento, algo andaba mal en Privet Drive.

Albus fue con rapidez al flú de su oficina y de ahí al Caldero Chorreante, y apareció en una callejuela cerca de la casa de los Dursley ¿Qué podría haber sucedido? Dejar a Harry Potter con Petunia y su familia había sido la mejor elección, él crecería fuerte, no mimado ni sobreprotegido. Había estado preocupado cuando a Dursley se había ido un poco de mano, pero unas cuantas palmadas no matarían al muchacho. Él le había aclarado al muggle que nada más de eso, y les había dinero para suavizarlo. Albus sacudió la cabeza, su madre le había hecho conocer el extremo de una cuchara de madera más de una vez . . . no era como si el muchacho fuera maltratado.

Él no podría haber dejado a Harry con una familia de magos, pues habría crecido malcriado y poco dispuesto ha hacer lo que debía hacerse . . . la profecía era clara. Harry Potter tenía que destruir a Lord Voldemort, y ningún timorato podría hacer eso. Él mismo lo habría criado, pero estaba demasiado ocupado. Albus hizo una mueca incómoda, con su conocimiento de los hechos, no había querido apegarse al chico y si lo criara se hubiese encontrado reluctante a dejar que el chico enfrentara su destino.

Con un glamour a sus ropas para verse muggle se aproximó con precaución a la casa, había allí una alarmante cantidad de cinta amarilla "escena del crimen" alrededor de la casa. Usó un encantamiento desilusionador y entró a la casa. Buscó con cuidado, pero no había nadie allí, y había un charco grande de sangre en el pasillo, un hechizo rápido le mostró que pertenecía a Petunia Dursley Dando palabrotas por lo bajo se preguntó ¿qué podría haber sucedido? ¿quizá fuera un robo?

Albus fue hacia la calle buscando a Arabella Figg, se suponía que ella mantuviera un ojo en Harry Potter. Ella le había notificado que los Servicios Infantiles habían intentado interferir una vez. Pero no estaba en casa, ella estaba visitando a su hermana este verano, ahora lo recordaba. Resopló con irritación.

Albus dejó la casa, preguntándose qué hacer a continuación. Miró a su alrededor a las casas cercanas, ellos podrían saber que había ocurrido. Con vacilación fue a la casa de al lado y golpeó en la puerta. Albus sonrió tan benignamente como le era posible cuando un hombre le abrió.

—Soy amigo de los Dursley, recién me enteré que algo pasó aquí, ¿podría decirme qué sucedió? —Albus intentó leer los pensamientos del muggle, pero era sólo un montón de ira hacia Vernon, espanto ante la violencia, y sospechas de que Albus era un miembro de la prensa.

—Lo que sé ya se lo dije a la policía. Esa rata de Dursley estaba todo el tiempo maltratando a su sobrino, golpeándolo y matándolo de hambre, y luego se volvió contra de su hijo. Al parecer le disparó a su esposa. Y ahora escuchamos que murió en un choque intentando escapar, oí que estaba ebrio —el muggle miró con enojo la cara pasmada de Albus

—¿Y...y los niños? —preguntó Albus vacilante.

—Nadie sabe en donde están —el muggle cerró la puerta.

Albus caminó lentamente por la calle, diciéndose a si mismo que debía haber un error. Él quería a Harry Potter endurecido, no arruinado. Su temperamento estalló. Condenado muggle, arruinando sus planes; él se lo había dejado claro, Dursley no iba a repetir sus errores. Y sin embargo aquí estaba él, tratando de limpiar este desastre horrendo. Necesitaba rastrear primero a Petunia, aparentemente. Ella podría saber donde estaba Harry Potter.

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Harry y Dudley llegaron tarde a Birmingham, casi a la medianoche. Hicieron allí un breve alto y compraron algo para comer en el camino, aunque ninguno de los dos tenía mucho apetito. Se aproximaron a la única oficina de pasajes todavía abierta en el terminal de Birmingham y compraron pasajes para Liverpool, había un autobús que salia tarde que los tendría allí en la mañana temprano.

La señora que vendía pasajes había mirado a los jovencitos con cautela, tomando nota de los rostros moreteados y de su obvia desesperación. Y había hecho la venta, esperando estar haciendo lo correcto.

Harry y Dudley abordaron el autobús casi vacío y durmieron de forma intermitente todo el camino a Liverpool. Se bajaron en su destino justo cuando el sol estaba saliendo, y caminaron hasta los taxis esperando pasajeros. Harry examinó la fila de taxis y jaló a Dudley hasta un taxi con un conductor entrado en años. Harry rebuscó en su dinero y sacó dos billetes grandes.

—Necesitamos llegar al pueblo de Hale, lo más rápidamente posible —dijo Harry con firmeza.

El taxista les dio un vistazo—. Ese es un largo camino, muchachito.

Harry sostuvo los billetes, haciendo que los ojos del taxista sobresalieran—. Uno ahora, y el otro cuando lleguemos allí —el taxista asintió y Harry le pasó uno de los billetes. Los niños entraron y se pusieron en marcha.

El viaje no parecía tener fin, y Dudley parecía estar todavía en shock. Harry se sostuvo en su decisión, él podría lograrlo, ya casi estaban allí, y nadie los había atrapado. Era poco probable que Turk los entregara, además que se vería mal si lo hiciese. No podrían rastrearlos hasta Londres, a menos que Turk contara que les había comprado los pasajes. Claro que habían usado la tarjeta bancaria allí, pero Turk había hecho la compra de pasajes, así que no podrían saber a donde habían ido. La señora en Birmingham podría recordarlos, pero para eso tendrían que saber su destino. E incluso si los rastreaban hasta Liverpool, tendrían que encontrar un taxi entre cientos para saber donde los habían llevado. Harry sabía que algunos investigadores podían ser persistentes, y por supuesto podría haber cámaras de video, pero él había hecho lo mejor posible por confundir el rastro.

Harry revisó las direcciones que tía Petunia le había dado del pueblo de Hale. Le dijo al taxista que se aparcara una calle antes de Spinner's End, y el par se bajó a tropezones. Harry le dio el otro billete al conductor de taxi, y el hombre miró sus caras golpeadas y tristes y con un 'buena suerte' se marchó.

Era tarde en la mañana y se encaminaron hacia una hilera de casas cerca del río. Harry observó los sombríos edificios de ladrillo y reflexionó que esa área estaba bien nombrada como las Márgenes del Calabozo(*).

Llegaron a la última casa. Esta era. Caminaron hasta la puerta, y Harry la golpeó con el corazón en la boca.

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Era pasada la medianoche cuando Albus finalmente entró en el cuarto de Cuidados Intensivos de Petunia. Simplemente no estaba tan versado en deambular en el mundo muggle como le gustaría pensar. Había escuchado decir a los doctores que Petunia parecía estar un poco mejor después de la cirugía, pero el sangrado aun persistía y que no había mucha esperanza. El corazón de Albus se hundió al darse cuenta de que la herida era una que no tenía esperanza de sanar con magia.

Maldijo, necesitaba a Petunia para las protecciones; claro que el hijo de Petunia era asimismo de la sangre de Lily. Él también podría proteger a Harry. Con sus padres muertos el chico Dursley probablemente seria acogido por familiares. Vernon tenía una hermana si Albus bien recordaba. Ella sin duda podría ser sobornada para también recibir a Harry, permitiendo que Albus levantara las protecciones de sangre.

Él tan sólo necesitaba encontrar a los chicos. Lanzó un enervate a Petunia y observó como se despertaba muy lentamente.

—Petunia, querida, ¿qué sucedió? ¿Dónde están tu hijo y Harry? —preguntó Dumbledore con urgencia.

Petunia escuchó sobrecogida la voz de Dumbledore; ella había sabido que él aparecería con este debacle. Esperaba que Harry y Dudley estuvieran a salvo con Snape. Recordaba que Lily le había contado del método mágico de leer la mente, y como evitaba no mirar a los ojos a ciertos estudiantes, porque ella estaba segura que sabían como hacerlo.

Petunia con cuidado mantuvo sus ojos apartados al contestar, intentando aparecer dispuesta a contestar su pregunta—. Los envié a la casa de una amistad, allí estarán a salvo —esperó que eso lo satisficiera.

—¿Quién, Petunia? Necesito saber quién los tiene —preguntó Albus con impaciencia.

Petunia consideró sus opciones con desmayo, y decidió ir por la inconsciencia.

Albus resopló con agravio y se fue. Los muggles podían ser tan frágiles. No podía involucrar a los aurores, el Ministerio podría apoderarse del Niño-Que-Vivió en un instante. Odiaba involucrar a la Orden más de lo necesario, ellos podrían preguntar demasiadas preguntas, y él no tenía buenas respuestas. ¿Cómo podía haberse convertido Vernon Dursley en tamaña bestia violenta?

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Severus estaba levantado antes de salir el sol, y comió lo bastante para mantener a su elfo fuera de su camino. Se sentó, bebiendo una taza después de otra de un café fuerte y asqueroso. Ni siquiera pretendió estar leyendo sus apuntes de investigación. Si Harry y Dudley no estaban aquí al mediodía, Lucius y él comenzarían a buscarlos. Su mente estaba un poco en blanco de como lograrlo.

Hubo un repentino golpe en su puerta, provocando que sus nervios saturados de cafeína saltaran. Salió disparado hacia la puerta y la abrió, su vista recayendo sobre dos niños. Sus ojos volaron al más pequeño con ojos verdes familiares, y casi lloró de alivio. El hijo de Lily estaba a salvo. Sintió que su cara se movía de forma poco acostumbrada: sonreía abiertamente, había pasado un tiempo desde que tuviera algo porque sonreír de verdad.

—Adelante, por favor, encantado de finalmente conocerlo, Harry Potter. Así como a usted, Dudley Dursley —Severus abrió la puerta hasta atrás, y los hizo pasar.

—Gracias, señor —Harry estaba aliviado; aparentemente el señor Snape no estaba furioso porque ellos no lo habían esperado en Privet Drive—. Tía Petunia dijo que viniéramos aquí, como lo habíamos planeado.

Dudley ahogó un sollozo ante la mención de su madre. Severus lució alarmado y le pasó al niño un frasco conteniendo algo.

—Es una pócima calmante; me atrevo a decir que la necesitas después del trauma que has pasado —Severus le dio al niño la mirada más comprensiva que logró—. Vi a tu madre ayer, ella esta viva, pero a decir verdad no se encontraba muy bien.

Los niños asintieron ellos se esperaban algo así. Dudley bebió sin vacilación la pócima y puso una cara rara antes de desplomarse.

Harry lució alarmado—. ¿Se supone que pase eso, señor?

—Seguramente se ha sentido demasiado estresado, y el alivio súbito lo hizo desmayarse. Probablemente vaya a dormir por horas. Lo llevaré a la habitación de huéspedes —Severus movió su varita y levitó al niño por las escaleras. Sintió un poco de satisfacción ante el jadeo de asombro de Harry, y su mirada de admiración suprema.

Harry lo siguió arriba cargando el bolso repleto de Dudley, y se sentó en la cama que Dudley ahora ocupaba.

Severus y Harry bajaron y se sentaron ante una mesa pequeña, y Severus llamó a Tinker. Harry hizo un ruido de sorpresa, asustando al elfo. Severus presentó uno al otro. Por supuesto, Tinker estaba extasiado de servir a Harry Potter. Los deberes de Tinker fueron explicados, y Harry ordenó unos emparedados y jugo. Severus observó comer al niño hambriento que ahora lucia un moretón espectacular en la cara, este necesitaba ser sanado. Achicó los ojos, pero primero necesitaba que quedara constancia del abuso. Había formas de enlistar heridas ocurridas en el pasado, y eso también debería hacerse, pero siempre era mejor tener un Sanador que fuera testigo del hecho.

—Voy a llamar a un amigo que va a estar ayudándonos con la parte legal. Él me ha ayudado a amoblar el lugar en nos iremos a vivir —Severus se había resignado a la idea de que probablemente iba a terminar viviendo con los niños en la Reserva de Dragones, cuando menos hasta que Petunia se recuperara; y si ella moría, permanentemente. No le importaba mudarse. Ya se había aferrado lo suficiente a Spinner's End.

—¿Con los dragones? Dudley realmente quería verlos —Harry se animño considerablemente ante la idea de dragones. Severus asintió con una sonrisa, Petunia estado en lo correcto conque los niños estarían complacidos con los dragones.

Severus llamó por la chimenea a la Mansión Malfoy y le informó a un muy aliviado Lucius que Harry y Dudley habían llegado a salvo. Lucius pasó por flú a su casa, y se sacudió las cenizas. Harry había terminado de comer, y fue mirar el fuego por el que había atravesado el mago. Ellos habían leído acerca del flú y las llamadas por chimenea, pero aun así era asombroso verlo por primera vez. No podía esperar a contárselo a Dudley.

—Lucius, permíteme presentarte a mi nuevo pupilo, Harry Potter. Harry, este es mi amigo Lucius Malfoy —Severus hizo la introducción esperando que las cosas resultaran bien. Lucius siempre era impredecible y Harry era un factor desconocido.

—Estoy muy honrado de conocerlo, señor Malfoy —dijo Harry en su tono más educado. Tía Petunia le había contado que le había entregado sus papeles de custodia legal al señor Snape cuando este había ido. Pensaba que era estupendo que el hombre pareciera orgulloso de presentar a Harry como su pupilo. Los Dursley siempre lo habían escondido y actuaban avergonzados de tenerlo cerca.

—Estoy complacido de conocerle también, señor Potter —Lucius lo miró con interés. La cicatriz estaba escondida en su mayor parte por el pelo desordenado. Miró con desagrado el hematoma. ¡Que descaro!, como se atrevía un muggle bruto a golpear un niño mago. Harry parecía tener buenos modales y le estaba mirando con interés, pero sin parecer deslumbrado, como muchos otros. Un aliado que valía la pena cultivar, entonces.

—Mi tutor dice que usted nos esta ayudando, quiero darle las gracias por ello —dijo Harry con seriedad, impresionando tanto a Lucius como Severus.

—Pues no tienes nada que agradecer, Harry. Mi hijo, Draco, es de tu misma edad y esta un poco celosos de que vas a vivir cerca de los dragones. Esta fascinado con las creaturas —Lucius contestó con una sonrisa.

Harry le sonrió encantado. El señor Malfoy tenía un hijo, un amigo potencial quien debía saberlo todo del mundo mágico.

—Creo que necesitaremos los servicios de un sanador discreto que sea escuchado en cualquier procedimiento legal, y quizás un abogado —entonó Severus.

Lucius alzó una ceja, asintió, y se movió hacia el flú para llamar al abogado, y a la oficina de un sanador discreto y muy caro.

Severus pronto se encontró haciendo de anfitrión del abogado personal de Lucius Malfoy quien traía consigo a una medi-bruja de aspecto maternal quien chasqueó la lengua y alborotó sobre un Harry que se removía.

—Necesitamos evidencia, en caso de que alguien intente decir que el muchacho no fue sujeto a abuso físico —explicó Severus al Sanador—. Y necesitamos saber si hay algún daño que necesite repararse, sé que no sido bien alimentado . . .—el Sanador asintió comprendiendo. El hematoma fue cuidadosamente registrado, y un encantamiento fue realizado para registrar cualquier lesión y el estado salud general del niño en el pasado.

El Sanador y la medi-bruja observaron el pergamino que había registrado el procedimiento. Ellos fruncieron el ceño y miraron con furia a Severus.

—Él acaba de quedar a mi cuidado desde esta mañana —dijo él en gélida defensa ante su acusación inexpresada.

—Bien . . . él tuvo unos cuantos huesos rotos, pero el número de hematomas que ha recibido por golpizas son tan numerosos que han sido registrados en números por mes. Su estado de malnutrición es preocupante; usted va a necesitar darle pociones nutricionales —el Sanador lucia exasperado por no tener a nadie a quien gritarle.

—¿El encantamiento muestra que los hematomas fueron por golpizas? —el abogado parecía satisfecho por ello, mientras examinaba los documentos de custodia que Severus le había entregado. Harry había sacado los documentos para Dudley de la bolsa goblin, y también se los había entregado al abogado.

Lucius leyó algo de la lista en el pergamino sobre el hombro de los sanadores, y palideció un poco. Luego miró con furia por la ventana, preguntándose si no seria posible contrabandear al tío de Harry a Azkaban y arrojarlo dentro de la celda de Bellatrix junto con unos cuantos cuchillos afilados.

La medi-bruja miró a su alrededor—. Usted dijo que había aquí otro niño para ser examinado, Profesor Snape.

—Sí, él esta arriba durmiendo —ante su mirada de ansiedad explicó un poco fríamente—. Él se encontraba en shock por haber sido testigo de su padre disparándole a su madre con un arma muggle —la medi-bruja y el sanador lucieron horrorizados ante esto—. Por supuesto, yo inmediatamente le di una dosis de pócima calmante —estaba cansándose de que la gente asumiera lo peor de él.

La medi-bruja asintió, impávida ante su irritación. Ella trotó escaleras arriba para hacerse cargo de Dudley. Ella regresó después de hacer su registro y de curarlo—. ¡Gran Scot! Tiene unos buenas 40 libras de sobrepeso. Ambos necesitan dietas más saludables.

—Sí, estoy conciente de ello. Le serán entregadas estrictas instrucciones a mi elfo doméstico —respondió Severus con resignación.

El Sanador y la Medi-bruja finalmente terminaron después de hechizar sus anteojos para ajustarlos mejor. El sanador mascullando acerca de trabajo chapucero. Harry miró a su alrededor con asombro, y Severus resopló. Aparentemente, la prescripción visual había estado muy caducada.

El sanador dio varias copias de los pergaminos al abogado y Severus acordó llevar a los niños a verlo en unas pocas semanas. Pronto se habían ido, dejándolos con el abogado.

—Bien, ¿cómo vas a hacer que esto funcione? —preguntó Lucius con dureza. La respuesta más valía que fuera una buena.

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Nota de autor: Otro capitulo más, fue muy difícil de escribir.

N.d.t.: (*) En el original es 'Dungeon Banks'.

Gracias por seguir leyendo y todos sus comentarios y reviews.

Harry Potter y su mundo © de J.K. Rowling y varias otras compañías. Fanfiction sin fines de lucro, sólo con fines de entretención.