Sakura Card Captors y sus personajes no me pertenecen, solo la historia.
Notas de autora: Introspectivo, sensible, valiente, observador e inteligente, no odian cuando las mujeres escribimos de hombres perfectamente inexistentes con aquellos defectos que los hacen aun mas irresistibles? Pues me pasa a menudo cada vez que leo un libro y esta no es la excepción, nuestro querido Eriol, luego de acercarse a su mas deseada obsesión quedo inesperadamente atrapada en ella, saldrá con el corazón ileso?
Obsesión Comprada
Cap. 10 Tomando todos los Riesgos
Tras una pésima, pésima, terrible noche, pierdo el sueño a las 7 am, algo ya común en esa noche tras repetidas oportunidades por desgracia, permanezco tendido entre mis sábanas azules mirando el artístico techo que mi madre tan gentilmente había decidido pintar sin mi solicitud, consentimiento o aprobación.
No era que me molestara tener la Capilla Sixtina velando mi sueño, había viajado a Florencia a los 7 años tan solo para verla, y viviendo en un entorno tan artístico era impensable que no tuviera una innata inclinación a las hermosas maravillas creadas por el hombre.
Sin embargo, esta versión personalizada, ecléctica y surrealista de mi madre, me trajo pesadillas durante años.
Si bien conservaba los relajantes tonos pasteles y los cálidos ocres y marrones de la versión original, aquellas formas abstractas que me observaban con centenares de ojos crecidos por zonas contrarias a la anatomía, distaban mucho de los cuerpos contemporáneamente perfectos reproducidos por Miguel Ángel y estaba bastante seguro que el pobre hombre se revolcaría en su tumba si pudiera ver el destrozo de su mas sublime creación.
Si bien esta obra decorando mi techo revolucionaria para la época de su creación rebosaba de carácter y movimiento, tenia la facultad de robarme horas de sueño mientras inconscientemente me hallaba envuelto en una competencia conmigo mismo de hallarle sentido a las formas sobre mi cabeza.
Puedo reconocer que he perdido horas mirándola y me ha distraído a tal punto que fácilmente mi mente se halla atrapada en la pintura sin dejar espacio para nadie mas.
Lastima que en este momento no funcionara…
Despertar y enfrentarme de golpe a la dura realidad del día, había dejado instalado en mi estomago una incomoda sensación, nadie me había preparado para recibir las oscuras emociones que me embargaban en este momento, y aquella extraña obra de arte de mi techo solo empeoraba la situación.
Me sentía abrumado por el exceso de formas y colores, mis ojos buscaban con desesperación un espacio en blanco para descansar la vista, algo que estaba seguro no iba a encontrar.
Cerré los ojos sintiéndome miserable, tratando de no repasar una y otra vez las palabras dichas por Tomoyo que mi mente decidió refrescar durante toda la noche anterior, de ahí que durmiera mal y muy poco.
Era extraño, nunca había trasladado un dolor emocional a uno físico, sentía el cuello tieso, me dolía el pecho y mi estomago se sentía enfermo, odiaba sentirme así.
Y odiaba aun mas aquel reconocimiento, que aquellas palabras tenían un deje de verdad.
Golpee el colchón con frustración.
Maldición.
No se que era peor, sentir que ella estaba equivocada y que tan solo me había rechazado o de lo contrario aceptar que estaba en lo correcto y que al final todo aquel sufrimiento que estaba experimentando tan solo se debía al capricho de mis hormonas adolecentes revueltas y desesperadas por la cercanía de otro cuerpo.
No, no cualquiera, un solo cuerpo, el de ella.
Golpee el colchón otra vez, siempre terminaba otra vez en ella, como un circulo vicioso e interminable.
Ella tenía razón? Es decir dos días podía ser tan poco tiempo? Había pasado tan poco tiempo?
Bueno, en sentido literal habían pasado poco mas de 48 horas, de las cuales tal ves solo había estado con ella 14 o 16, eso tal ves era poco tiempo.
Y enamorarse de alguien en tan poco tiempo debía ser una locura.
Amor…
Una sonrisa amarga me embargo, enamorado… yo! Maldita sea por que.
Y de ella! Yo sabia que esto pasaría desde el inicio, sabía que no funcionaría, desde el día que la vi parada frente al salón de clases tan risueña y grácil, ligera y volátil como el viento, imposible de ser contenida entre los dedos, mis dedos.
Suspiré cansado y volví a abrir mis ojos, clavándolos en aquel techo repleto de escenas nacidas de la retorcida mente de mi madre.
Que me quedaría en adelante? Tratar de olvidarme de lo que había pasado y volver a mi vida?
Volver a Kaho?
A ser seducido por mis impulsos y limitarme a que un placer momentáneo me distraiga? Y esperar a que en algún momento volvería a sentir algo remotamente parecido.
Ok, tal vez estaba siendo en exceso dramático, pero de alguna manera me sentía así, cayendo en un hoyo negro sin esperanzas de salir de ahí.
Tan solo quedaba esperar a que mi corazón se olvide de esta locura de enamorarme de la "señorita no creo en el amor" y volver a ser el mismo de antes, no seria difícil o si? En fin era la primera vez que alguien me rechazaba, eventualmente y luego de algunas noches de alcohol y sexo salvaje lo superaría.
Suspire una vez mas… bueno estaba destinado a ser un promiscuo bachelor hasta el día en que encuentre un amor correspondido distinto a Tomoyo, total no es que fuera la única chica del mundo, con aquellos increíbles ojos violetas y piel deliciosa piel lechosa…
Si seguía pensando en ella de esa manera jamás lo iba a superar.
Pase ambas manos sobre mi rostro, agotado, frustrado, deprimido, disponiéndome a pasar el resto del día en aquel deplorable estado hasta que sonó el repiqueteo de mi celular.
Las primeras tonadas del mismo lograron que mi corazón tratara de abandonar mi pecho por lo violento de su palpitar.
Aquel mundo que había considerado derrumbado y sin esperanzas se volvió a construir en milésimas de segundos por la esperanza de que Tomoyo hubiera recapacitado y llegado a reconocer que finalmente éramos el uno para el otro.
Me apresuré a tomar el aparato sin ver la pantalla y contestar la llamada con aquel nudo en la garganta al no saber bien como contestarle luego de nuestra discusión de anoche.
-Aló?- contesté nervioso.
-Buenos días, señor Hiraguisawa?- contestó una dulce voz perfectamente impostada, que en definitiva no era Tomoyo del otro lado de la línea.
-si… diga?- contesté inseguro.
-le saluda Sora Ayashi del Hiraguisawa Memorial, el día de ayer solicitaron unos exámenes por toxicología para la señora Daidouji, el doctor a cargo me encargo que le llame apenas tengamos el resultado- terminó de decir.
-entiendo pero… señorita Ayashi es Domingo, el doctor no descansa el día de hoy?-
-si se refiere al doctor Kinomoto quien es el titular, si así es, pero se turna con el doctor Tsukishiro para no dejar el área sin doctor los domingos- claro eso tenia sentido, la clínica procuraba mantener sus mas altos estándares de atención y no permitían que los pacientes se quedaran sin tratamiento ni doctor de turno.
-correcto, entonces… es muy necesario que vaya o me pueden dar el resultado por teléfono?- consulté con la esperanza de no tener que dejar mi artístico refugio.
-lo lamento señor Hiraguisawa, su presencia aquí es requerida para brindarle esa información- contestó con algo de pesar la señorita, de seguro entendiendo mi deseo d quedarme ese domingo en cama.
-lo suponía- contesté en un suspiro- la señorita Daidouji ya fue enterada?- cuestioné con la esperanza de tener un motivo para verla, sintiendo un cosquilleo extraño al pronunciar su apellido.
-pues de hecho era la siguiente llamada que tenía en agenda- contestó la afable señorita, me fue inevitable sentirme orgulloso del trato que tenía la clínica que tenia el nombre de mi abuelo.
-entiendo, un favor, no le mencione que ya me avisó a mi vale? Estaré por ahí en una hora- escuché un silencio de duda al otro lado.
-está bien señor Hiraguisawa, omitiré ese dato- dijo finalmente.
-gracias señorita Ayashi- con eso ultimo colgué la llamada y me quede tendido mirando una vez mas mi surrealista techo.
Algo que se me había escapado en mis anteriores horas de tortura mental, era el compromiso que había hecho con Tomoyo con respecto a la salud de su madre, estaba casi seguro que ella también se le había escapado eso en ese momento, y sin embargo ahora esperaba que quite cuerpo de mi promesa.
Y a decir verdad hubiera sido lo mas sensato.
Sin embargo, mi promesa no tenía nada que ver con amor, era tan solo sexo. En todo caso era yo el que estaría faltando a mi compromiso si a estas alturas, 48 horas luego, cambiaba las reglas del juego.
Suspiré
Si quería demostrar que era algo mas que un promiscuo y poco honorable chico con mucho dinero, tendría que honrar mi pacto hasta el final.
Tal vez así Tomoyo vea algo mas en mi.
O tal vez lo vea yo.
Me levante de mi cama con una nueva resolución que antes no tenía y un diminuto pero certero rayo de esperanza.
Salí de mi habitación al poco rato ya bañado y vestido algo extrañado y aliviado de no ver a ninguno de mis padres en el camino.
-buenos días Yumi, sabes que es de mis padres?- le pregunté a una muchacha que le quitaba el polvo a uno de los cuadros que decoraban el pasillo de la planta alta.
-buenos días señor Hiraguisawa, no los he visto en sus habitaciones esta mañana, lo mas probable es que no hallan pasado la noche aquí- contestó la muchacha.
-de acuerdo, gracias- conteste recibiendo una reverencia de parte de la muchacha.
Bajé las escaleras con rapidez y noté como el mayordomo se apresuró en abrir la puerta principal para darle paso a mi padre con mama plácidamente dormida en brazos.
-vaya que se toman en serio las juergas- comente a modo de saludo recibiendo una mirada cansada y un bostezo de parte de mi padre.
-sabes como es salir con tu madre, atenerme a las ultimas consecuencias- contestó con una sonrisa algo lánguida- o en todo caso hasta que se duerma- termino de decir mirándola con ensoñación entre sus brazos, podía estar seguro que esa situación no le molestaba en lo mínimo.
-no quiero ser un cretino, pero no están algo mayores para estos trotes?- pregunté a papa mientras subía las escaleras hacia su habitación.
-es probable, pero mientras aun pueda cargarla todo va a estar bien- dijo antes de desaparecer por el pasillo a modo de despedida.
Me fue inevitable soltar una sonrisa, podían ser muy extravagantes y extraños como padres, pero su relación de pareja sería algo que siempre envidiaría de ambos.
Llegue a la clínica sin ningún contratiempo y mas tranquilo con la perspectiva de cruzarme con Tomoyo, también con las cosas mas claras con respecto a como sería nuestra relación en adelante.
-buenos días vengo a ver al doctor Tsukishiro- dije a modo de saluda a la simpática señorita sentada en el puesto de recepcionista del piso donde habíamos dejado a la madre de Tomoyo.
Ella me sonrió y devolvió el saludo.
-de parte de quien?-
-Eriol Hiraguisawa- las mejillas de la señorita se tiñeron de rojo con rapidez a la ves que sus ojos crecieron de tamaño al intercambiar su mirada de mi hacia una revista Forbes donde aparecía en portada con mis padres meses atrás.
-oh, señor Hiraguisawa discúlpeme no lo reconocí!- comenzó a disculparse la señorita.
Ver su reacción me causó gracia y sentí algo de lastima por lo que le había ocasionado.
-descuide señorita es la primera vez que me ve en persona, tan solo comuníquele al doctor Tsukishiro que ya estoy aquí- contesté con la voz mas conciliadora posible tratando de calmar a la nerviosa señorita.
-enseguida!- contestó enérgicamente antes de levantar el teléfono y marcar un anexo.
Mientras ella llamaba al doctor decidí encaminarme a la habitación que habíamos dispuesto para la señora Daidouji, no sin antes avisarle a la señorita que aun estaba al teléfono.
Los pasillos tenían una que otra enfermera pasando con desayuno, sábanas y medicinas, todas me sonreían al pasar procurando hacer el mínimo ruido durante sus labores.
La habitación de la señora Daidouji estaba cerrada sin embargo la ventana dispuesta en la puerta permitía verla dormir profundamente desde su cama, me dispuse a pasar a su habitación.
Esta habitación tenía un agradable aroma a vainilla y sabanas limpias, nada que ver con el irritante aroma a cloro que dañaba mi olfato en el hospital, y en vez de aquel silencio roto por el tétrico sonido de las maquinas, había una agradable música clásica inundando el habiente.
Si bien seguía estando delgada e increíblemente pálida al menos ya había perdido aquel color ligeramente amarillento que hacía pensar en lo peor de su situación.
Se le veía tranquila y cómoda desde su posición, me sentí algo mal por no haber llevado flores y me acerque a ella.
-disculpe por no traer flores, pero la próxima vez venga lo haré, tal vez se pregunte quien soy aunque estoy seguro que me ha escuchado antes sigo siendo un desconocido para usted…, tan solo espero que cuando despierte sea lo que usted espera para su hija…- hice una pausa reflexionando en lo que le decía, realmente quería ser aceptado por la señora Daidouji.
Suspiré, esto confirmaba una vez mas que no me iba a librar tan fácilmente del deseo de estar al lado de Tomoyo.
-Touya debe haber sugerido que le pongan esta música, sabe que a mi madre le fascina.- dijo una melodiosa voz rompiendo mis cavilaciones y logrando que sienta mariposas en el estómago.
Voltee hacia la puerta y la vi parada en la jamba de la puerta, traía en cabello suelto cayendo libremente sobre sus hombros y un vestido de color azul intenso que caía dibujando suavemente sus curvas llegando justo bajo las rodillas, entre los brazos tenía un alegre ramo de flores amarillas y naranjas dentro de un florero blanco.
-es excelente tener a su cuidado alguien que la conoce tan bien- comenté con suavidad sin poder quitarle la mirada de encima.
De alguna manera luego de sentirme tan miserable durante la noche y mañana, esperaba que todo estuviera perdido y no tener el chance de volver a verla, el tenerla ahí parada me hacia desear correr a estrecharla y besarla hasta quedarme sin aire, sin embargo preferí quedarme clavado en el piso al lado de la cama de la señora Daidouji.
Tomoyo paso y dejo las flores en una mesita a su lado.
-hola mamá, te veo mejor que ayer- dijo con dulzura Tomoyo antes de depositar un beso en su frente, se sentó al lado de su madre y tomó su mano.
-no esperaba verte aquí- dijo finalmente con cautela mirándome.
Encogí los hombros.
-figuro como uno de los titulares en el caso de tu madre, lo que pasó ayer no cambia mi compromiso con ambas- contesté con la mayor diplomacia posible, tratando de no sonar incriminador o resentido, algo que me estaba costando horrores.
Los ojos de Tomoyo comenzaron a humedecerse.
-Eriol yo…-
-no…, Tomoyo tenemos que hablar, pero no aquí, no frente a tu madre- dije cortando lo que tenía que decirme. La pelinegra sello sus labios y movió la cabeza de manera afirmativa secando sus lagrimas antes de que se aventuren por su rostro.
Un toque en la puerta llamó a atención de ambos y un hombre de cabello color cenizo y mirada amable bajo sus gafas vestido de blanco asomó por la puerta entreabierta.
-hola, disculpen la demora pero tenía que terminar con un paciente, soy el doctor Tsukishiro, Yukito Tsukishiro- dijo a manera de presentación mientras se acercaba a estrechar mi mano con una cálida sonrisa y saludar con un asentimiento de cabeza a Tomoyo.
Tomoyo ladeó la cabeza como si tratara de buscar algo en su mente.
-Tsukishiro…, tiene algún parentesco con Yue Tsukishiro?- preguntó causándome un sinsabor en la boca al oír el nombre del recientemente enterado amigo de Tomoyo.
El doctor sonrió confirmando mis temores.
-si de hecho es mi primo, vivimos juntos con nuestros abuelos, lo conoces?-
Vaya que pequeño que es el mundo.
-si, ambos vamos a la misma escuela y tenemos clases de arte y música juntos.-
-oh, que coincidencia, es muy agradable conocer alguno de los amigos de Yue, suele ser muy reservado-
No lo suficiente por lo visto.
Me aclare la garganta para llamar la atención de ambos.
-odio interrumpirlos pero no he tomado desayuno aun y la verdad estoy impaciente por saber lo que nos tiene que decir sobre la salud de la señora Daidouji- traté de no sonar hastiado por su conversación y no era que me molestara que dilaten en si el propósito de la cita, era mas bien el tópico de la conversación sobre el chico que compartía "tantas cosas en común" con Tomoyo lo que estaba causando que mi hígado haga algo mas que bilis.
Tomoyo tensó los labios en una línea rígida mientras el doctor Tsukishiro me sonreía con igual gracia.
-correcto señor Hiraguisawa, discúlpeme por desviarnos del tema, el día de ayer Touya le practicó a la señora Daidouji una prueba de toxicología de distintos componentes, hay algo de los resultados que quisiera comentarles, pero no aquí, sería mejor la señora Daidouji tenga un descanso placentero- si bien el doctor Tsukishiro mantenía un tono bastante risueño y calmado me puso en alerta el que no quisiera darnos la información frente a la señora Doidouji.
Tomoyo asintió y los tres salimos de la habitación. El doctor nos guio por el pasillo a la que sería su oficina, el iba por delante y Tomoyo inmediatamente tras el casi a su lado.
-es para que descanse mejor que le han puesto música?- cuestionó la pelinegra.
-en parte si, muchos de los medicamentos que le han puesto pueden inducirla a pesadillas, la música puede relajarla y hacer que sus sueños se hallen asociados a los momentos en los que escucho esa música estando consiente.-
-agradezco su consideración para con mi madre-
-muchos científicos concuerdan en que el estado de ánimo influye directamente con la salud de las personas, si bien esta inconsciente las emociones negativas que pueda experimentar en sueños pueden entorpecer su recuperación, aquí usamos todo lo que está a nuestro alcance para recuperar la salud de las personas- mientras Tomoyo escuchaba todo con sorpresa y gratitud yo sentía como se me hinchaba el pecho de orgullo por la clínica que llevaba mi apellido, realmente era maravillosa la calidad humana que reinaba en sus instalaciones.
Llegando a la oficina del galeno tomamos asiento frente a su escritorio y el hizo una pausa con gesto solemne mientras ojeaba la ficha médica de la señora Daidouji.
-en el hospital le hicieron bastantes pruebas antes de dar con lo que tenía y aquí hicimos algunas pruebas mas pero a sugerencia del doctor Touya, con las toxinas mas comunes, comprenderás que no encontramos nada parecido a veneno o drogas, sin embargo si hallamos una sustancia con niveles mucho mas altos de los normales, tal vez algún doctor te habló de esto antes, dime tu madre consumía aspirinas?- en este punto el risueño doctor ya había dejado su relajante sonrisa y si bien seguía manteniendo el mismo tono apacible ahora se veía serio y concentrado.
-el doctor del hospital me preguntó lo mismo, si, lo hacía algunas veces para el dolor cabeza- contestó Tomoyo frunciendo el ceño ligeramente.
-y sabes que laboratorio lo fabrica? O de que marca es?- cuestionó el galeno con seria atención en el tema.
Tomoyo hizo un gesto pensativo.
-no con exactitud por que no compraba especialmente ninguna marca comercial, eran las pastillas que le daban en el tópico de la empresa donde trabaja, por que es importante?- cuestionó Tomoyo.
El doctor hizo un gesto de asentir y anotó algo en la historia clínica.
-veras, a muchas personas se les receta el consumo de aspirinas ya sea por migrañas o para mejorar afecciones cardiacas, en ese caso normalmente la dosis es una aspirina diaria, ahora, el consumo de este medicamento no es recomendable en tratamientos prolongados por que puede lograr que los vasos sanguíneos se dilaten tanto hasta el punto de una hemorragia masiva, por su historia clínica no veo que ella padezca de problemas al corazón así que descarto el su uso con esos fines, pero si hablamos de un consumo esporádico puedo concluir que las concentraciones de acido acetil-salicílico han tenido que estar mas que erradas-
-acido – que?- pregunté.
-es el componente principal de las Aspirinas- apresuró a aclarar el doctor.
-eso quiere decir que sus aspirinas estaban mal?- cuestiono Tomoyo incrédula.
-en palabras simples, si, la concentración era demasiado alta, no apta para consumo, dadas las concentraciones que tu madre aun tiene en la sangre puedo calcular que cada día consumía una cantidad parecida a un frasco entero-
-un frasco entero?- cuestione alarmado por las palabras del doctor mientras Tomoyo se cubría la boca.
-de ser posible y si aun quedan pastillas en el frasco necesito que las traigan para que las analicemos-
-eso de que serviría doctor?- cuestionó esta vez Tomoyo.
El doctor se removió algo incómodo en su asiento .
-Señorita Daidouji estamos frente a una situación delicada, si una muestra de las pastillas que ha estado consumiendo su madre revela lo que creemos usted podría interponer una demanda por negligencia, no solo podría exigir una compensación por los daños sino además estaría evitando que la empresa o el laboratorio contratado siga lastimando a las personas-
Un silencio sepulcral llenó el ambiente, el doctor Tsukishiro espero con paciente silencio mientras Tomoyo asimilaba lo escuchado, casi podía apostar que se sentía tan impresionada como yo con ese nuevo conocimiento de las cosas.
-como ha perjudicado su salud ese consumo excesivo de aspirinas?- cuestiono la pelinegra con algo de asombro aun en su voz.
-el acido acetil-salicílico tiene como propiedad darle menos espesor a la sangre, es como si la volviera mas ligera para acelerar la circulación, beneficioso en personas que tienen demasiados glóbulos rojos en la sangre por centímetro cubico, sin embargo en personas que no lo necesitan y lo consumen en exceso puede significar anemia, paros cardiacos por falta hemoglobina muy baja y por ende falta de oxigenación, hemorragias o un principio de hemofilia auto inducida es decir la incapacidad de coagular, en el caso puntual de tu madre sus defensas estaban tan bajas por su anemia que el parasito no halló anticuerpos que traten de desalojarlo antes de asentarse en su hígado, felizmente fue esto antes de alcanzar el punto de las hemorragias masivas o paro cardiaco, eso hubiera sido fulminante-
En este punto Tomoyo había perdido todo rastro de color del rostro y no podía contener ya el temblor de sus manos ni de todo su cuerpo, en un gesto inconsciente y protector acerque mas mi silla hacia ella y pase un brazo sobre sus hombros estrechándola con fuerza.
-afortunadamente, no pasó- dije mas para ella pero con tono lo suficientemente alto como para que el doctor me escuche- y el tratamiento que esta recibiendo ahora esta cambiando esa condición?- cuestione dirigiéndome al doctor mientras sostenía a una pálida Tomoyo.
-bueno, tenemos las ventaja que sus riñones funcionan de maravilla y están haciendo un excelente trabajo limpiando la sangre, sin embargo decidimos ayudarlos mediante una hemodiálisis antes de comenzar en tratamiento real, tiene una mezcla de estimulantes para la creación de glóbulos rojos llamada Eritropoyetina con medicina que le desinflame el hígado, esto fuera de los habituales para el dolor y los sedantes, va a estar así un tiempo al menos hasta que tenga suficientes glóbulos rojos como para aceptar antibióticos, pero pierda cuidado señorita, tenemos muy en claro que no vamos a escatimar esfuerzos por que se recupere- dijo con resolución el doctor.
-es lo menos que esperamos doctor, confiamos en que van a hacer un buen trabajo-contesté yo a falta de voz de Tomoyo.
Ella aun estaba pálida y su respiración se había incrementado parecía estar a punto de un ataque de pánico, ambos centramos nuestra atención en la muchacha.
-pequeña, estas bien?- pregunté estrechándola un poco mas.
Ella se removió un poco tratando de zafarse de mi agarre.
-Necesito aire- soltó de manera apresurada y saltó cual resorte del asiento para salir con rapidez del pasillo dejándonos al doctor y a mi con gesto apesadumbrado.
-creo que fue demasiado para asimilar- dijo el galeno mirándome con rastro de culpabilidad consiente de su participación por la reacción de la pelinegra.
-opino lo mismo, creo de debería ir por ella, temo que sufra un colapso nervioso- dije poniéndome de pie.
-tanto Nakuru como Touya me hablaron de la situación de ambos…- dijo con cuidado el doctor logrando que un pequeño musculo del cuello se me tensara.
-asumo que ambos cosas muy distintas- contesté no sin cierto sarcasmo, el galeno encogió los hombros y me dedico una sonrisa comprensiva.
-y sin embargo en sustancia los mismo, entiendo que Nakuru te tiene mucho afecto y esta empeñada que todo salga de la mejor manera para ambos, por otro lado Touya tiene un profundo afecto por Tomoyo que en gran parte se ve afectado por el hecho que guarda gran parecido físico con su difunta madre…, ambos temen que vayan a salir heridos de este- terminó de decir el doctor mientras yo pensaba lo tarde que había llegado ese consejo.
-no cree que es muy pronto para determinarlo?- contesté.
-lo es, y de hecho también lo es el comenzar a pagar sus cuentas de hospital, no lo tomes a mal, es muy loable, pero comprar el afecto de alguien no suele durar mucho, es una observación, no tienes que seguirla, pero al menos estas al tanto- tal vez fue lo calmada de su voz o la certeza con la que hablaba, pero de alguna manera no tuve defensa alguna contra la "observación", es mas de alguna manera me sentí agradecido por esta.
Tan solo asentí y con el mismo movimiento de cabeza a modo de despedida me retire a buscar a Tomoyo.
Estando en la quinta planta de la clínica el único sitio a donde puede haber corrido era el balcón que estaba al lado de la recepción por donde entramos, además ella no conocía nada mas de la clínica.
Acelere el paso hasta el balcón, temiendo un desmayo dada la altura donde nos encontrábamos y al salir la divise hacia un lado apoyada contra una pared, con los ojos cerrados y tan pálida como el mármol.
Sin dudarlo mucho e ignorando si es que deseaba estar sola en ese momento me pare frente a ella, lo suficientemente cerca como para atajarla en caso de que callera, coloque una mano en su cintura como precaución y otra en su rostro para comprobar su temperatura.
Ante mi tacto la única muestra de reconocimiento fue tan solo cambio del ritmo de su respiración, no se molestó en abrir los ojos, de alguna manera supo que era yo, espero, pues preferiría no creer que permitiría tanta cercanía a un extraño.
-pequeña estas bien?- pregunté con suavidad concentrado en algún cambio de color de su rostro o de alguna expresión.
Tomoyo abrió los ojos y se topo con mi preocupada mirada escudriñándola muy de cerca, parpadeó muy un par de veces mirando e fijamente a los ojos.
-cuantos laboratorios se equivocan en la concentración de la medicina, Eriol, cuantos?- si bien habló con la languidez propia de una persona exhausta el deje de desesperación en su voz era evidente.
Su pregunta no buscada una respuesta, trataba de corroborar un punto. Me quede en silencio unos segundos instándola en silencio a continuar.
-sabes lo que significa no? Alguien ha tratado de lastimarla deliberadamente, alguien trató de hacerle daño- se contestó a si misma con desesperación.
-mientras mas pronto encontremos la medicina que tu mamá tomaba mas pronto llegaremos al fondo de esto- le contesté de la manera mas pragmática posible.
-pero no te das cuenta? Trataron de matarla! A mi madre!- conforme Tomoyo iba asimilando la información su pánico se hacia as evidente, su respiración acelerada y temblores en las manos la delataban.
La sujeté por los hombros con firmeza para detener el movimiento convulsivo de su cuerpo.
-Tomoyo, entiendo muy bien lo que estas sintiendo, pero no te sirve de nada concentrarte en eso ahora, tu madre está en un lugar seguro y la están atendiendo de la mejor manera, ya no está en peligro, ahora tenemos que hallar a los culpables, es la única manera me entiendes?- Tomoyo fue controlando su respiración y temblores hasta que logro asentir sin una sola palabra y en un movimiento tan inesperado como hermoso cruzo sus brazos tras mi espalda aferrándose con desesperación a mi pecho en un abrazo.
Tarde unos segundos en reaccionar asimilando el revoloteo de mi estómago y aquel dolor sordo que crecía en mi pecho al verla tan vulnerable.
Completamente derrotado por mi primitivo sentido de protección crucé los brazos sobre ella envolviéndola en un cálido abrazo mientras acariciaba su cabello y espaldas tratando de calmarla.
-gracias por estar aquí- dijo con voz entrecortada desde su guarida en mi pecho, yo la estreche un poco mas.
-mientras me lo permitas, aquí estaré- le contesté con tono conciliador, tal ves mas como una resolución para mi mismo que una promesa para ella.
Se separó de mi pecho y me miró a los ojos con gesto arrepentido y las mejillas ligeramente coloradas.
-Eriol, lamento mucho…- Coloque un dedo frente a sus carnoso labios para detenerla.
-lo se, yo también lamento haberme precipitado de esa manera, tienes razón, llevamos conociéndonos muy poco tiempo como para poder declarar esas cosas, no quise asustarte, te prometo que no va a volver a suceder- si bien mi exterior era completamente sereno en ese momento sentía que algo se retorcía dentro de mi ante esas palabras.
De pronto sentí la resignación que se experimenta cuando el amor de tu vida te presenta a su cónyuge y tu sonríes aparentando una felicidad que no existe.
Maldita sea, la amo.
Casi reí ante ese pensamiento, pero esto sería mejor así, aun tenia tres meses o un poco mas para conquistarla, tenía una esperanza.
Le dedique una sonrisa tranquilizadora, como si nada sucediera mientras la desesperación me carcomía por dentro.
Tomoyo ladeo ligeramente la cabeza sin despegarme los ojos, como si tratara de leerme la mirada y colocó una mano con destructora suavidad en mi mejilla, un gesto que amenazo con desbaratarme en ese momento que tenía las emociones tan a flor de piel.
-agradezco el esfuerzo pero… Eriol, va a ser justo para ti?- se me cortó el aliento unos segundos mientras podía sentir como se me estrujaba el corazón sumada a la vergüenza al verme expuesto ante ella.
Solté una pequeña sonrisa melancólica.
-tan solo déjame disfrutar de la ilusión un poco mas si?-
-Eriol…- me miró en gesto suplicante.
-mira, por el momento como van las cosas están bien, no voy a forzarte a sentir algo distinto por mi, así que tan solo déjame disfrutar de tu compañía, tal como quedamos desde el principio, de acuerdo?- contesté tratando de disimular al máximo mi vulnerabilidad.
Tomoyo suspiró ligeramente, entendiendo tal vez que me costaba hablar del tema e hizo un pequeño movimiento de cabeza a modo de asentimiento antes de levantar su rostro para darle encuentro a sus labios con los míos.
La profundidad impregnada en sus labios terminó por desbaratar todas mis defensas y me entregue al beso sin oponer resistencia, con tantas emociones arremolinadas en mi pecho, deseo, resignación, desesperación, tan solo quería olvidarme del mundo y perderme en ese beso.
Coloque una mano tras su nuca para profundizarlo con movimientos suaves y ondulantes de mis labios, no se si Tomoyo sentía mi desesperación en aquel beso, pero lo necesitaba tanto como el aire que necesita un buzo en las profundidades marinas.
Escuche un gemido mezclado con un suspiro que no supe si era mío o de ella y poco me importó, si lo único que podría obtener de ella era algo físico, pues me encargaría de disfrutarlo al máximo, embriagándome de ella, bebiéndola hasta la ultima gota.
Rompimos en beso jadeantes consientes de la necesidad de respirar, los labios de Tomoyo estaban hinchados y rojos sus mejillas arreboladas y sus bellísimos ojos color amatista brillaban con intensidad, haciendo que parezca un mar purpureo en movimiento.
Junté mi frente con la de ella y ambos cerramos momentáneamente los ojos.
Te amo, dije en mi desgarrado corazón, incapaz de expresarlo con voz audible, dolido pero eufórico por tenerla aun entre mis brazos mendigando aquel ápice de cercanía.
Habiendo disfrutado suficiente de mi dulce agonía separe mi frente de la de ella y la miré a los ojos que me observaban de manera expectante.
-creo que deberíamos ir a buscar esas pastillas- dije finalmente.
Ella asintió y en otro gesto que me tomó por sorpresa me tomó de la mano para guiarme fuera del área del balcón y dirigirnos al ascensor que nos llevaría al estacionamiento, me negué a soltar su mano hasta el auto.
Mas relajado, aunque dolido conduje a casa de Tomoyo con ella como copiloto, haciendo una breve parada en una cafetería por un par de desayunos para llevar, eran las 10 am y aun no probábamos alimento ninguno de los dos.
Entre vasos descartables llenos de te verde, bolsas de bollos dulces y croissants llegamos a la residencia con un ambiente mas ligero entre los dos, pero concentrados con solemne seriedad en nuestra misión, encontrar las adulteradas medicinas que tanto habían deteriorado la salud de la señora Daidouji.
Al entrar a casa de Tomoyo sentí la perturbadora sensación de sentirme observado, pero le reste importancia, mi madre solía decirme que era algo paranoico y comparado con su laxo y persistente estado de relajación, efectivamente lo parecía.
-donde solía tu madre guardar sus medicinas?- pregunte ya en la sala de estar de la pelinegra, ella miro hacia el techo como rebuscando en su mente y levantó ambas manos para enumerar los sitios.
-el botiquín, su cartera, el baño de arriba y su habitación… creo, la verdad antes de esta semana ha sido bastante sana así que no tengo mucha conciencia de donde guardaba la medicina- contestó algo dubitativa.
-mas motivos para buscar entonces, que te parece si tu pasas por su habitación y cartera y yo veo el botiquín y el baño de arriba que sospecho ya conozco.-
-ok…, gracias Eriol- dijo deteniéndose mientras subía las escaleras, le respondí con una sonrisa antes de dirigirme a la cocina donde estaba seguro había visto el botiquín contento de sentirme útil.
Era irónico, yo era el que estaba pagando todo el tratamiento de su madre y aun así me sentía de lo mas inútil para Tomoyo.
Revisé cada uno de los frascos y tabletas de medicina para comprobar el contenido y marcas, efectivamente encontré una tableta Aspirinas intacta de un reconocido laboratorio, casi estaba convencido de que no eran las culpables, sin embargo las reservé con la intención de llevarlas como muestra comparativa en caso de hallar a las culpables.
Subí las escaleras con zancadas largas directo al conocido baño y no encontré nada similar, me disponía a bajar cuando por el rabillo del ojo divise la silueta de Tomoyo sentada de espaldas sobre la que suponía la cama de su madre, me acerque a paso sigiloso, sintiéndome como un intruso al que no le habían permitido el acceso a tan intimas partes de la casa.
Claro, había hecho el amor con Tomoyo en la sala pero me avergonzaba entrar a la habitación de su madre, el fugaz pensamiento que debería reconsiderar mi escala de valores se me cruzo por la mente.
-todo bien?- pregunté desde el marco de la puerta, asomando tan solo la cabeza dentro de aquella habitación con tonos chocolate.
-oh si, es que me distraje mirando estas fotos- dijo Tomoyo volteando a señalarme el álbum de fotografías que tenia sobre el regazo, he hizo un gesto para que pase.
Tragando saliva de manera escandalosa por el nerviosismo de hallarme en la habitación de la madre de Tomoyo cruce los pocos pasos que separaban la puerta de su cama y me senté del otro lado de la cama frente a Tomoyo.
Ella me extendió el álbum abierto en la pagina donde estaba ella misma aun con rostro infantil al lado de Sakura, ambas risueñas posando con elegantes sombreros de dama, en otra foto se podía ver a las mismas chicas pero con su madre posando.
Una sonrisa tierna se me escapó mientras pensaba en la vida de los niños, todo el tiempo entre juegos y risas, sin preocupaciones cotidianas. Pase una pagina y vi una foto muy hermosa de Tomoyo en patena que daba el aspecto de antigüedad, aquí ella tenía el cabello mucho mas largo y estaba ataviada con un vaporoso vestido victoriano recargado de holanes y blondas, que lejos de verse saturado tenia aquel aire clásico y elegante.
-que buena foto, hasta te ves mayor- solté sin dejar de mirar la fotografía.
Ella sonrió.
-es por que la que esta en esa foto era mayor que yo cuando se la tomaron, ella es Nadeisko, la mamá de Sakura- fruncí el ceño y parpadee antes acercarme la foto a los ojos y pasar la mirada del juguetón rostro Tomoyo hacia la fotografía.
-no hay forma!- exclamé escuchando una risita de parte de Tomoyo mientras se levantaba para dirigirse al closet, supuse para continuar su búsqueda- no bromeaban al decir que te parecías a la madre de Sakura- solté.
-quien te dijo eso?-
-ah, fue el doctor Tsukishiro, parece que Nakuru le explicó nuestro encuentro y Touya le contó su relación contigo, ahora entiendo por que quiere matarme, siente que salgo con su madre- dije en tono de broma.
-eso es lo mas perturbador que he escuchado antes- contestó Tomoyo arrancándome una risa antes de oírla suspirar frustrada.
-bueno, no hay nada en su mesa de noche ni en su closet, tuviste suerte?-
-pues en el botiquín encontré una tira de Aspirinas, pero está completa, así que dudo que sea esta, en el baño no encontré nada, revisaste su cartera?-
-no, es lo único que me falta- dijo dirigiéndose a una repisa donde se exhibían las numerosas carteras de la señora Daidouji, se quedó parada un momento frente a ellas, tal ves tratando de adivinar en cual podría hallarlas.
Finalmente decidiéndose por una de ellas la tomo y se acercó a la cama para vaciar su contenido.
Cayeron llaves billetera, lapiceros, uno que otro cosmético y un ansiado frasco color ámbar con tapa blanca al que le clavamos los ojos con ansiedad.
Tomoyo quedo petrificada tanto como yo, dejo la cartera sobre la cama y tomó el frasco entre sus dedos con el temor con el que se sujeta un objeto irradiado con radioactividad, en expectante silencio ya observe leer el frasco.
-este es!- exclamo luego de leer la etiqueta, extendí la mano para que me lo entregue mientras ella devolvía el contenido el contenido a la cartera.
Examine el aparentemente inofensivo frasquito, no era el típico frasco de pastillas comercial con colores llamativos y marca registrada, parecía mas bien aquel que es recetado y administrado por el seguro social, aquel que es dosificado específicamente para una persona, cuyo nombre aparecía impreso en la etiqueta, como era el caso, levante un poco el frasco para ver su contenido.
-parece que esta casi lleno a lo mucho debe haber tomado unas 3 o 4- comenté.
Tomoyo se llevo una mano a la barbilla en gesto meditativo.
-si este frasco esta lleno, debe tener otro vacío o por vaciarse, pero no aquí-
-su trabajo- deduje.
-si, que es el mismo lugar donde le recetaron el medicamento-
-bueno, hoy es domingo, no podemos pasar para averiguar si es que está entre sus cosas o no, pero podemos ir mañana después de clases.-
-me vas a acompañar?- preguntó con algo de incredulidad en la voz.
-te dije que te ayudaría en todo, además, tomando en cuenta que es en su propio trabajo donde le dieron la medicina es probable que nos enfrentemos a una negligencia que quieran cubrir o de lo contrario acallarte con algún soborno o incluso amenaza, o peor aun podrías encontrarte con que no es una negligencia y realmente alguien trata de lastimar a tu madre… en cualquiera de los casos no permitiría que te enfrentes a ello sola- Tomoyo se sentó al borde de la cama un poco descolocada asimilando lo que le había dicho.
-Eriol, con sinceridad tu crees que haya sido una negligencia?- me preguntó mirándome a los ojos.
Le sostuve la mirada unos segundos antes de suspirar.
-siempre es bueno tener mas de una teoría cuando no tenemos los hechos concretos, no podemos apresurarnos a señalar culpables sin pruebas, sin embargo no creo que haya sido un simple error- fui completamente honesto y ella asintió.
-yo tampoco creo que esto haya sido solamente un error y se me escarapela el cuerpo de solo pensar que todo el tiempo estuvo expuesta a alguien que trataba de dañarla, crees que mi madre se haya dado cuenta de eso?-
-Tomoyo, no nos apresuremos, hasta el momento solo son conjeturas, tratemos de pensar lo menor hasta que tengamos pruebas irrefutables que nos demuestren lo contrario esta bien?, por lo pronto, llevemos esto como muestra a la clínica para que lo analicen- ella asintió enérgicamente tratando de aclarar su mente.
-esta bien, tienes razón, no me sirve de nada precipitarme ahora... gracias, de verdad, por todo, no se realmente como haría todo esto sin ti- me dijo Tomoyo con sinceridad.
Le sonreí con amabilidad ocultando la euforia que me ocasionaba escuchar de sus propios labios lo importante que resultaba mi presencia para ella.
-estoy seguro que hubieras podido hacerlo, solo que con algo mas de dificultad- y le guiñe un ojo a la vez que me ponía de pie para salir por la habitación junto con ella.
-creo que tienes un concepto muy elevado de mi- me contestó con media sonrisa.
-y yo que eres demasiado humilde- replique en el mimo tono.
-que curioso! Iba a decir lo mismo!- contesto con fingida sorpresa arrancándome una pequeña risa mientras bajábamos las escaleras.
-bueno… tu sabes es algo que tengo que practicar para opacar mi desmesurado ego- contesté irónicamente logrando que Tomoyo riera.
-oh, es algo que la humanidad te va a agradecer- termino por decir Tomoyo entre risas cuando subía al auto.
Nos dirigimos de vuelta a la clínica con la tensión un poco mas disipada por las risas, si bien cada uno iba en silencio sumido en sus propios pensamientos, la música ayudaba a sentirnos mas relajados, al menos a mi.
Por el rabillo del ojo note que Tomoyo se removió incómoda en su asiento, luego paso un mechón tras su oreja y frunció ligeramente el ceño mientras jugaba con sus dedos en su regazo.
-que sucede?- pregunté seguro que algo tendría que suceder para verla tan incómoda.
Se volvió a remover incómoda en su sitio.
-que pasaría si es que no fuera un error que ella tomara las pastillas? Si… ella hubiera decidido hacerse daño apropósito?- preguntó con suavidad y muy lentamente, como si tuviera temor de pronunciar aquellas palabras.
Fruncí el ceño mientras seguía mirando al frente.
-eso no tiene sentido- conteste rechazando por completo esa teoría.
-no? Es decir lleva años tan solo trabajando para mantenerme, no tiene vida personal, no ha habido otro hombre en su vida luego de su primer esposo, es normal que esté agotada y deprimida y haya querido buscar una solución- dijo Tomoyo lo mas coherente posible.
Y odiaba reconocer lo posible que sonaba, de todas formas yo no la conocía y no sabía como era su día a día o las difíciles cosas que tuvo que pasar una madre soltera sin familia que la apoye para salir adelante.
Sin embargo me negaba aceptar la idea de que esa madre que había rechazado todo por su hermosa hija, ahora, cuando las cosas eran mas fáciles se propusiera a dejarla.
-pequeña, te estas escuchando? Eso no tiene ni pies ni cabeza! Para empezar que las personas que tratan de acabar con su vida no buscan un método largo y doloroso como el caso de ella, eso sería incrementar el sufrimiento en su ya de por si miserable vida- dije ligeramente indignado de que tan solo insinúe algo así.
-no le importaría fingir que es una enfermedad si es que hay un seguro de vida de por medio, este es mi ultimo año de instituto y ella pensaba mucho en mis estudios universitarios, que hay si ella pensara que es la única alternativa para darme la oportunidad de tener la mejor educación? – preguntó con la voz entrecortada y los ojos algo húmedos.
Maldición
Apreté un poco mas el volante inquieto por su oscuro razonamiento, lamentablemente esa historia no sonaba del todo inverosímil, si de todas formas había sido capaz de sacrificar todo por su hija, no le costaría mucho entregarse en vida y alma por su bienestar, Tomoyo conservaría su hogar y tendría la oportunidad de una carrera brillante.
Odiaba aquel dolor sordo que emanaba de Tomoyo, consiente que una vez mas ella sería la responsable de que su madre perdiera algo mas.
-Tomoyo…escúchame, eres una alumna brillante y eso tu madre lo sabe, sabe que eres perfectamente capaz de entrar a la universidad que quieras con un poco de esfuerzo, es evidente por lo fuerte que eres que ella no ha tratado de darte una vida extremadamente fácil, tal vez como ella si la tuvo en su infancia, no hay motivos para que lo haga ahora, una mujer que ha luchado tanto durante toda su vida no se rinde tan fácilmente- dije con toda la serenidad y firmeza posible.
Tomoyo se mordió el labio y agachó la cabeza.
-espero que tengas razón- soltó finalmente Tomoyo.
-la tengo- afirmé mientras elevaba una desesperada oración por que así fuera.
Antes de tomar el elevador del estacionamiento estreché a Tomoyo contra mi pecho y deposité una beso sobre su frente.
No se si era su caso, pero al menos yo estaba completamente perturbado por la perspectiva que ella tuviera que afrontar el cargo de conciencia de que posiblemente su madre hubiera atentado contra su vida.
Tomoyo acepto el consuelo de mi abrazo con un suspiro lánguido, me encantaba tenerla encajada entre mis brazos sintiéndola tan frágil y necesitada de mi.
-vamos a llegar a fondo de esto- prometí antes de soltarla, ella sintió y deposito un beso en mi mejilla.
Entramos al elevador tomados de la mano y no la solté durante todo el trayecto de subida y tampoco cuando salimos. No estaba seguro si era para mantener la pantalla de que estábamos saliendo o si era por que era consiente que en ese momento ella necesitaba sentirme cerca, sosteniéndola, sea como fuere ella parecía aceptar el contacto con naturalidad.
Mientras dejábamos las muestras con el doctor Tsukishiro mi celular repiqueteó y el nombre papá brillo en la pantalla, me extrañó, papá casi nunca me llamaba.
-padre- contesté a modo de saludo en el pasillo frente a la oficina del doctor Tsukishiro mientras Tomoyo firmaba un cargo por la entrega de las medicinas para su análisis.
-hola hijo, tu madre ya despertó y quiere saber a que hora vas a aparecer por aquí para almorzar en familia- escuche decir a mi padre mientas me golpeaba la frente con la palma de la otra mano.
Olvidé por completo que era domingo y el almuerzo familiar de los domingos era sacro-santo.
-mmm… papá… cabría la posibilidad que el día de hoy me pueda ausentar del almuerzo?- pregunté con cuidado de no causar una discusión con mi progenitor.
Un pequeño silencio se extendió por la línea, casi podía ver el ceño fruncido de mi padre mientras pensaba que contestarme.
-que podría ser mas importante un domingo que almorzar con tu familia?- preguntó mi padre con cierto deje de indignación en la voz.
Suspiré, iba a utilizar el efecto psicológico en mi.
-no es que haya algo mas importante que ustedes, es solo que estoy con una amiga en este momento y sería poco cortes dejarla he irme a almorzar cuando ella va a estar sola en su casa-
Nuevamente escuche un silencio en la línea.
-no tiene familia?- sonó mi padre incrédulo.
-pues solo tiene a su madre y está internada en este momento, por lo que si, de momento está sola y pasando momentos difíciles, me sentiría como un patán si la dejo sola.- dije apelando al lado ingles y caballeroso que yacía en mi padre.
-pero eso no es ningún problema hijo! Tráela a almorzar con nosotros- soltó papá logrando que una sensación de pánico se apodere de mi garganta.
Demonios…!
-pero… papá, el domingo no es día familiar? Es decir nunca invitamos a nadie los domingos- trate de replicar.
- en domingo nunca invitamos a nadie que suponga trabajo hijo, todo el resto de la semana nos la pasamos entre almuerzos de negocios, y eventos sociales, el domingo es el único día que reservamos para estar tranquilos en familia, si es alguien a quien tu consideras amigo es suficiente para que venga, además a tu madre y a mi nos agradaría conocer a uno de tus amigos ya que nos traes tan pocos-
-la ultima ves que lleve a un amigo mama trató de convencerlo para que pose desnudo frente a ella- dije en tono de reproche recordando la primera y ultima vez que lleve a Shaoran a casa.
-eso fue un día de semana y tu madre estaba inspirada, no puedes acusar la inspiración de un artista.- replicó mi papa.
-no la defiendas! Por cosas así es que no llevo gente a la casa- contesté con recelo.
-acaso te avergonzamos?- dijo papa en tono fingidamente dolido.
-vergüenza no, miedo por lo que le querrán hacer me producen-
-oh vamos, lo dices como si fuéramos un par de vampiros chupa sangre.-
-al menos sabría que esperar si así fuera- contesté con sarcasmo.
-como sea, a que hora los esperamos?- dijo papá ignorando olímpicamente lo que acababa de decir.
-quien dijo que aceptaba ir?- pregunté espantando con la perspectiva de llevarla.
-lo digo yo hijo, ven a almorzar y tráela, no es una sugerencia- dijo papá con voz inusualmente firme que casi nunca usaba conmigo.
-eres consiente que no puedes obligarme no?-
-y tu que puedo retirarte las acciones de las compañías?- contestó en tono amenazante.
-o por dios! Llegarías a tanto tan solo si no llego a almorzar hoy?- contesté escandalizado.
-pruébame- contestó de manera retadora, si algo odiaba y admiraba de los padres que tenía era que siempre cumplían sus amenazas y esta por mas excesiva que sonara también la podría cumplir.
-de acuerdo- contesté con derrota- estaré ahí a la una y media- dije mirando mi reloj de pulsera.
-perfecto hijo, la mesa estará lista para los cuatro a esa hora- dijo papá regresando a su habitual tono.
-para cuatro? Se supone que solo sería yo- contesté con temor.
-oh vamos crees que soy tan descorazonado como para obligarte a dejarla sola cuando está pasando por tanto?-
-me acabas de amenazar con quitarme las acciones de las compañias-
-si, pero eso es directamente contigo, solo amenazo a familiares o contrincantes, aunque también a subordinados, algunos- en algún momento comenzó a hablar consigo mismo.
-de acuerdo… ahh, esta bien, estaremos a la una y media- contesté finalmente derrotado.
-perfecto te espero- termino de decir papa y cortó la conversación.
Y suspire cansado mirando el celular completamente arrepentido por haber tomado la llamada.
-donde estaremos a la una y media? Por que asumo que yo soy la otra persona no?- escuché una melodiosa y confusa voz a mis espaldas.
Suspire con derrota y voltea a mirarla con suma preocupación mientras ella me devolvía la mirada con curiosidad.
-si…, eres tu… me temo que hemos sido (obligados) invitados a almorzar con mis padres- contesté angustiado, mientras a ella se le hacia una o en labios seguida de una sonrisa.
-que lindos al invitarme!- exclamó Tomoyo con una sonrisa que me hizo emitir un lastimero gemido.
-Pequeña, si no quieres ir lo entiendo, les puedo decir que se presentó algo pero no estas obligada a ir- al menos tu no.
-por que no querría ir?- cuestionó entrecerrando los ojos.
-no recuerdas todo lo que te dije sobre ellos?- pregunté casi con desesperación.
-vamos, no creo estar mas en peligro con ellos que tu con Touya… además, tu recelo a llevarme tan solo ha alimentado mi curiosidad- dijo esbozando una gran e inocente sonrisa.
Maldición.
Suspire resignado y me lleve los dedos al puente de la nariz, de esta no me iba a escapar.
-de acuerdo… vamos- contesté sintiéndome como un condenado que acababa de firmar su sentencia de muerte, me esperaba un largo e incomodo almuerzo.
No era que mis padres fueran unos "vampiros chupa sangre" como lo había dicho sarcásticamente mi padre, incluso la mayoría del tiempo no me causaban ningún incordio, siempre y cuando no hubiera ninguna otra persona ajena al hogar en casa.
No era que me avergonzaran, en ese punto era completamente honesto, sin embargo si ya era complicado de presenciar sus demostraciones ligeramente desvergonzadas de cariño entre ellos, era mucho mas complicado cuando era consiente que había alguien mas los estaba observando, al igual como sus miradas cómplices y furtivas.
La situación se ponía mucho mas compleja cuando tratábamos algún tema normalmente tabú en la mesa, pues viviendo con una artista, casi nada era tabú en casa, a veces la apertura mental que como familia podíamos adoptar era de los mas incomprendida para el resto.
"por que tendríamos que pensar como el resto?" siempre repetía mi madre, y en parte reconozco la parte de razón que ese comentario posee, sin embargo no todos viven con ella.
Y ahora habían un par de detalles mas ocupaban mi persistente preocupación sobre este almuerzo.
Tomoyo era la primera chica supuesta "amiga" que estaba llevando a casa y conociendo a mis padres no se tragarían por mucho tiempo eso de que es solo una amiga, e inevitablemente una ligera ansiedad se instalaba en mi estomago por el deseo desesperado que la acepten y les agrade.
Genial, estaba nervioso por la apreciación de mis padres…
Como si les estuviera presentando a mi novia.
Trague saliva, había otro detalle, que pensaría Tomoyo de ellos? Les agradaría? Los entendería? No saldría corriendo ante el primer disparate? Me tacharía por ellos?
Sentí cada uno de los músculos del cuello y brazos agarrotados por la creciente tensión en mi organismo mientras me dirigía a casa con ella.
No estaba seguro de lo que iba a pasar esa tarde, pero ya estaba embarcado en el tema, de por si el inicio de la poco convencional relación que había entre los dos escapaba del entendimiento de la mayoría, ya había sido rechazado y finalmente estábamos en un estado en el que ella era consiente de lo sentía por ella y aceptaba mi presencia sin sentir lo mismo.
Y ahora conocería a mis padres.
Acaso me estaba arriesgando demasiado?
Voltee a mirarla sentada a mi lado en el auto, serena, apacible, hermosa, radiante. Noto mi mirada y me dedico una sonrisa distraída.
Arriesgaría hasta mi vida por poder contemplar aquella sonrisa.
