Disclaimer: El universo de Crepúsculo no me pertenece, ya que es propiedad de Sthepanie Meyer. La trama es mía al igual que algunos personajes creados por mi. Y el fic es sin ánimo de lucro, sólo para entretener a los lectores.

CAP. 10 HUIDA

Mi respiración se aceleró mientras un jadeo involuntario salió de mi boca.

La sensación era devastadora. Nunca hubiera podido prepararme para esto. Su mano estaban en mi entrepierna. Él estaba en la cama, pero me tenia sujeta con una mano y la otra masajeaba con delicadeza mis labios.

Uno de sus dedos de introdujo con rudeza en mi, lo que hizo que gimiera de dolor. Pero no paro. Yo no podía salir de mi trance, solo sabía que no estaba bien lo que sucedía.

—Por… favor… no —pero parece que para él fue lo contrario, introdujo otro dedo haciéndome la fricción mas fuerte, en su rostro se veía que disfrutaba lo que hacia. Yo no podía moverme, y por extraño que pareciera, incluso las fuerzas me habían abandonado.

Me sentía débil, incapaz de siquiera alejarme, intenté cerrar mis manos, pero ni siquiera eso pude hacer. Escuché cuando rasgó mi ropa interior, y ni aún así pude hacer que mi cuerpo se moviera un milímetro.

Sentía sus dedos fríos bombearme con fuerza mientras yo intentaba hablar. Era inútil cualquier conato de grito, porque estábamos solos en la casa. No había a quien recurrir, nadie a quien pedir ayuda.

Me sentía como un cervatillo ante el cazador, de la misma manera que se sentiría un pequeño conejito ante el halcón, mientras lo levanta en el aire, atrapado entre sus garras.

Una vorágine de sensaciones me inundaba, pero quería obligar a mi cuerpo a responder. No tuve suerte.

Por el contrario, mi cuerpo se mantenía en ese mismo lugar como si estuviera estacado ahí. Sentía que una necesidad urgente se formaba en mi vientre, quemándome, asfixiándome, haciéndome su esclava, que haría lo que fuera por gozar de esa sensación que prometía ser única y deliciosa. La sensación se propagó por todo mi cuerpo, sintiéndome arder en llamas.

Ni siquiera había notado que la mano de Edward se movía, pero no era su mano, era mi cadera. Con horror miré que mi cuerpo comenzaba a responder, a pesar de mi oposición mental.

Y después todo fue más intenso, al punto de volverse insoportable. Mi cuerpo temblaba convulso, entre espasmos de lo que iba a venir a continuación.

Y justo cuando estaba a punto de que esa burbuja de placer reventara. Su mano se detuvo. Y sin más se volteó y se tapó con las cobijas.

—Apaga la luz, quiero dormir… —fue lo único que dijo, me quedé otro minuto más recuperándome, mientras él al parecer ya dormía placidamente.

Cuando pude moverme, sentía arder todo. Incluso mi rostro ardía pero de vergüenza.

¿Cómo pudo hacerme esto? Me dirigí hacia mi recamara y me acosté vestida como estaba, me sentía mal. No pude dormir en absoluto, las horas pasaron lentas torturándome con los recuerdos. Me sentía defraudada de mi misma, y luego pensé con horror lo que diría mi padre si supiera lo que acababa de suceder.

Pero lo que más me horrorizó por encima de todo aquel mar de confusión y dolor, es que me había gustado. ¡Me había movido! Yo era la que se movía, él solo estaba jugando conmigo como al gato y al ratón. Eso no era justo. Y no lo permitiría más.

Algo tenía que hacer y debía hacerlo ya. Edward tomaba control de todo. Incluso de mi propio cuerpo, pero ya no lo permitiría.

Eso no.

Los siguientes días sucedieron sin incidentes por parte de él. Su trato se volvió más frío si es que era posible. Con desdén me pedía las cosas. Sin agradecer en absoluto. Más de una vez tuve que morderme los labios para evitar decirle unas cuantas cosas. No tenía a donde ir y era poco el dinero que llevaba. Debía soportar más tiempo ahí.

Aunque debo decir que eso también me traía consuelo. Porque me dejaba en paz. A veces pienso que debe ser bipolar. No entiendo sus cambios de carácter, siempre me desconcierta.

Finalmente llegó su padre. Una sensación de alivio inundó mi cuerpo, mi salvación había llegado. Tuve que hablar con él y pedirle permiso para salir por tres días. Pensaba ir a San Francisco y ver que posibilidades tenia de encontrar trabajo. Su padre me dijo que si. Era mi oportunidad.

Esa tarde el señor Carlisle platicaba con Edward, quien se veía más huraño que de costumbre. Y más molesto si eso pudiera ser posible. Tal vez le estuviera diciendo que me iría esos días, o a lo mejor le estaba contando otra noticia, yo no era tan importante para Edward como para que mostrara alguna emoción.


¿Qué piensan de Edward?

Recuerden que TODAS MIS HISTORIAS ESTAN REGISTRADAS, evítense problemas aquellos que quieran plagiar. Sólo se meterían en grandes problemas. No vale la pena, mejor escriban sus ideas y verán que es mucho mejor sus propias ideas, que problemas ajenos.

Mil gracias a:Monica morales, anonima(osea no dejo nada para saber su nombre pero gracias) Caresme hermosa, mil gracias por comentar hermosas.