Capítulo 10
Molly Weasley era una mujer que, después de sobrevivir a dos guerras y criar una pequeña manada de hijos, creía que nada la podía sorprender o conmover. Se juró a sí misma no volver a llorar después de la muerte de su hijo Fred Weasley y pensaba cumplir su promesa autimpuesta hasta ese día. Su esposo, su amado esposo, yacía en el suelo de su propio hogar; inerte, desangrado y mutilado hasta lo indecible por una maldición que desde los tiempos en los que reinaba el señor tenebroso ella no había visto (y sinceramente no esperaba volver a ver).
-Sectusempra…
Murmuró como si se tratase de un insulto. Como si el decirlo pudiese reactivar el efecto de aquella maldición. Era evidente, su Arthur hacía mucho que había muerto. Lo que no entendía era cómo eso era siquiera posible. Se suponía que estaban en un periodo de paz. ¡No!, se suponía que nadie podía entrar a su casa sin ser invitado excepto su propia familia. En el piso, al lado del cadáver de Arthur Weasley había un pedazo de pergamino, teñido con la sangra de su esposo. Acercándose a recogerlo leyó lo que había escrito ahí y supo que algo terrible había pasado.
-El ministerio ha caído.
Dijo una femenina voz, extrañamente alegre y que ella reconocería en cualquier lado pero que en esos instantes se le tornaba extraña.
-Y de la misma manera toda esta familia caerá.
Molly se dio la vuelta y se sorprendió de ver a esa mujer por la cual ella en el pasado habría dado la vida misma, por la que había luchado durante tantos años para sacar adelante, a la que había limpiado lágrimas y había arrullado en infinidad de ocasiones para hacerla sonreír. Por la cual, durante muchísimos años, ella se había desvivido; lanzarle sin el más ínfimo dejo de perturbación un cruciatus que la tumbó al suelo y la hizo convulsionar y gritar de dolor.
-Un demonio, viene buscando, un hermoso, hermoso corazón… de mi pecho lo buscó y lo arrancó… más no era, no señor, y sigue buscando… un demonio, viene buscando, un hermoso, hermoso corazón…
La canción se repetía una y mil veces en el establecimiento de bromas de los hermanos Weasley. Un establecimiento que estaba totalmente desierto exceptuando por un pobre y desorejado muchacho que se movía al vaivén de un reloj mientras golpeaba su cabeza contra una mesa. Su sonrisa era sardónica, su mirada desenfocada, y la carmesí sangre que se derramaba del punto donde se estaba golpeando contrastaba con sus rojos y desarreglados cabellos.
Sí, el estado de George Weasley era totalmente deplorable. Pero su cuerpo seguía obedeciendo la orden entregada a él. "Cantar y golpearse, sin parar, hasta la muerte". Su memoria no se había perdido, su conciencia tampoco se había difuminado del todo. Su ser se mantenía intacto e impotente mientras su cuerpo acataba la orden entregada sin poder evitarlo. Su corazón se había roto en mil pedazos cuando esa mañana había recibido a la mujer que le había permitido seguir adelante después de la muerte de Fred y ésta, con un rostro demencial, le había torturado durante 3 horas sin parar con la maldición cruciatus para luego lanzarle un imperius y forzarle a postrarse en ese estado tan patético.
Lágrimas salían de sus ojos, pero no podía hacer más nada, no podía detenerse, no podía escapar de la maldición, no podía dejar de sentir el dolor físico por los golpes y el dolor emocional por la traición. Sólo podía esperar, esperar y desear que su sufrimiento fuese corto y que quizá… pronto… podría reunirse con su hermano en los cielos.
Victoire, Louis y Dominque Delacourt Weasley miraban con sus ojos vacíos y estáticos un punto en el infinito. Su hogar se encontraba en una colina cerca de un risco y ellos no podían hacer nada más que mirar hacia el horizonte y rogar porque alguien los salvara. Su madre Fleur, yacía en el piso amarrada por fuertes cadenas e incapaz de hacer nada más que reírse y desangrarse. Sí, reírse porque era víctima de la maldición rictusempra y desangrarse pues le habían cortado la muñeca con un diffindo. Su esposo, Bill, estaba tirado en el piso a su lado. Le acababan de dar la poción Lupus revelare y lo habían desmayado. El crepúsculo se acercaba inexorablemente y los niños sabían que pronto algo horrible iba a pasar. Su captora se los había dicho mientras se reía maniacamente. A menos que alguien los salvara, si padre se transformaría en un hombre lobo sediento de sangre y los mataría a todos. A menos que alguien los salvara, los petrificados niños y su madre serían asesinados por la persona que más los quería y a la que amaban con el alma.
Percy Weasley escribía diligente una y otra vez una frase que no podía sacar de su mente, pues era lo único que su cuerpo registraba. En la habitación de su apartamento él y toda su familia escribían sin parar en un pergamino de broma que hacía que todo lo que se escribiera se desvaneciera a los 3 segundos de haber sido escrito. No podían evitar seguir escribiendo, la orden había sido clara.
Escriban hasta que el pergamino quede completamente lleno ésta canción
Había dicho la voz de aquella bruja.
No paren, no coman, no duerman hasta terminar
Y, por efecto del imperius, ellos seguían escribiendo sin parar. Las plumas de sangre cortaban sus músculos, sus tendones, pero sus brazos (como con vida propia) seguían escribiendo una y otra vez. Tratando de terminar la tarea interminable. Lágrimas caían de los ojos de sus hijos, Lucy y Molly lloraban desesperadas pero no podían evitar seguir escribiendo. Lágrimas de impotencia se derramaban de su rostro. Pero él tampoco podía hacer nada para salir de aquella horrorosa maldición. Su esposa, su querida Audrey, la mujer que lo había hecho soñar con el amor, estaba muerta en el piso. Víctima de un sectusempra que a él mismo le habían forzado a lanzar. Su mundo se estaba desmoronando. Pronto sus hijos morirían desangrados, pronto él mismo moriría. Y todo por culpa de aquella persona por la que él se había esforzado tanto y había tratado de darle un mejor nombre a su familia.
Charlie Weasley era un hombre precavido. Siempre se había considerado el más precavido entre todos los hermanos. Sólo por ello era que ahora estaba vivo. Nunca pensó que hacerle caso a la esposa de su hermano pagaría tan bien. Ahora sólo tenía que rogar a los cielos salir con vida de ésta. Había sido emboscado por la última persona que pensó que lo haría, y esa maldita mujer, había venido con una torva de dementores para succionarle su alma. La chica había creído que sólo con quitarle la varita quedaría impotente. Quizá por ello, no… sólo por ello, es que él ahora estaba vivo.
Benditas sean las varitas de repuesto
Pensó mientras volvía a lanzar un patronus para espantar a los dementores que quedaban cerca. Tenía que llegar rápidamente a la zona de desaparición, quizá, con algo de suerte, podría salvar a sus hermanos y a sus padres. El plateado cocodrilo que era su patronus pareció asentirle mientras ambos empezaban a correr hacia la zona de aparición. No había tiempo que perder.
El lugar era totalmente oscuro y frío, parecía desprovisto de cuidados desde hacía mucho tiempo, no era para sorprenderse, al final y al cabo, las mazmorras de la mansión Malfoy llevaban un año sin ser usadas por nadie. Quizá por eso ese era el sitio que Lucius había escogido para llevar a cabo ese abominable ritual.
Draco Malfoy estaba totalmente atado. Su padre había lanzado suficientes hechizos para mantenerlo atrapado y sin escape. Narcisa, su hermosa madre, ahora flotaba sobre él y la sangre de la orgullosa bruja caía como gotas de lluvia sobre el muchacho. Lucius Malfoy sólo parecía sonreír ante la escena. El matar a su esposa había sido un sueño hecho realidad. Desde que la perra había matado a su señor, él se había puesto en la tarea de ver la forma en la que pudiera deshacerse de la molesta mujer y qué mejor forma de hacerlo que usarla para el ritual que resucitaría al lord oscuro.
-Pronto mi querido hijo –dijo Lucius con una voz demencial y feliz- pronto estará completo y mi Lord volverá a andar entre nosotros.
Lucius pareció pensárselo un momento antes de volver a hablar. Como si al contar lo que iba a hacer disfrutara de un enorme placer. A Draco, la verdad, sólo le parecía que su padre había enloquecido finalmente y sólo pudo pensar en la forma en la cual él se encargaría de acabar con el molesto hombre en cuanto se liberara de sus ataduras.
-Verás hijo –continuó Lucius hablando mientras movía su varita y lanzaba un par de hechizos- tu eres mitad vela, me costó mucho hacer que tu madre ingiriera la poción para hacerlo pero lo logré –el hombre sonrió con malicia y prosiguió con su discurso- ahora lo que voy a hacer, es potenciar esos genes y luego forzarte a que tengas un enlace de almas conmigo. Desde ese momento serás sólo mi sirviente y yo… yo podré resucitar a mi Lord.
La sonrisa demencial de Lucius se hizo más grande y el hombre empezó a dar vueltas alrededor de Draco mientras continuaba lanzando varios hechizos. La magia empezó a envolver al joven muchacho y Draco sólo pudo pensar en Harry mientras una fuerte luz lo envolvía y él se dejaba arrastrar por las dulces manos dela inconsciencia.
La garganta de Molly estaba seca y rota de tanto gritar. Su voz apenas era audible y sus ojos estaban surcados por las lágrimas.
-¿Por qué?
Pregunto la matriarca del clan Weasley mientras veía como aquella mujer, a la que ahora apenas reconocía, parecía dichosa de seguir torturándola.
-Porque mi Lord me lo ordenó. –dijo la chica riendo de modo infantil y grotesco- y yo, Ginny Weasley, soy la servicial esclava del señor tenebroso.
(Nota del autor: Hola Izanami, pues sí... ahora todos los implicados en una muerte horrible y dolorosa están en línea para que pase... ¿quién quieren que sobreviva?, muchos infantes van a morir... opiniones para saber cómo continuar. COMENTEN EN EL REVIEW!, por cierto, próximo capítulo tiene escenas no aptas para menores de 18 años... y 24 años en algunos paises, se recomienda discresión XD).
