EL DRAMA DE LA AZAFATA

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen; son de la autoría de Stephenie Meyer. Desgraciadamente tampoco la historia. Esta le pertenece a Corín Tellado yo solamente adapte.

Advertencia: Antes de leer este capi, les recomiendo tener a la mano pañuelos desechables, presiento que se pondrán tristes.


CAPITULO X

Días después, al anochecer, el jardinero les dijo que había un señor abajo que deseaba verlos. Alice y Jasper se miraron y ella sintió un escalofrió.

-Voy yo –dijo Alice.

-No. –Dijo él-, voy yo. Hazlo pasar al salón. ¿Sabes? Iremos los dos.

Se encontraron cara a cara cuando James llego. Al verlos quedo rigido, con la mirada fija y dura en Alice,

-Vengo a buscarte –le dijo.

Jasper se puso delante de Alice.

-Es que no vas a llevártela. ¿Cómo puedes intentar buscar a una mujer a la que has dañado y maltratado? Si te denuncio, podrías ir a la cárcel…

James avanzo intentando estirar el puño, pero no sabía que Jasper era un deportista nato y que se ejercitaba a diario. Agarro el brazo de James y lo hizo girar. James lo miro asustado.

-Tengo muchos amigos que pueden buscarte y matarte…. No somos asesinos, pero ante un sinvergüenza como tú, la conciencia no cuenta, de modo que ya sabes cómo funciono…. Abre la puerta y vete. Y no vuelvas a molestar a mi futura esposa.

-Alice se ha acostado conmigo –Dijo James con fuerza.

Bueno, si se acostó contigo, a mi no me importa. El día que la conocí, supe que me hallaba ante una gran mujer, si no supiste apreciarla, peor para ti. Vete.

-Alice –le dijo mirándola suplicante-. Ven conmigo. Te prometo que nunca más volveré a insultarte.

-Lo siento, James. Amo a Jasper. El es el hombre que me ama y me respeta como tú nunca lo hiciste. Por favor, vete de esta casa y de mi vida.

James supo que había perdido a Alice y se marcho.

Jasper la abrazo y le dijo:

-Se acabo. Ahora somos tu y yo, y mis hijos y el que está por venir….

Una semana después, inesperadamente, falleció la tía de Jasper. Todos lloraron, los niños y los mayores.

Cuando enterraron a su mujer en el panteón familiar, el tío Carlisle sollozaba como un niño. Tanto Jasper como Alice lo consolaron. Uno por cada lado le hablaban bajito y con gran ternura. Les dio las gracias, pero seguía desconsolado. Acababa de perder lo más grande de su vida.

-No puedo, Jasper, no puedo. Tengo que llorar. He vivido con ella toda una vida, desde que tenía 20 años. Siempre espere tener hijos con Esme, como los tuviste tú con María… y ya ves. María nos dejo a todos de una sola vez. Y yo estoy llorando la perdida de mi mujer y el dolor que nos produjo a los dos el no tener hijos.

-Tienes a los míos, tío Carlisle, que te adoran y quieren estar a tu lado en estos momentos de tanto dolor.

Lo llevaron a su cuarto y lo acostaron. Parecía más tranquilo. Cuando salió, Alice estaba llorando.

-¿Qué te pasa, querida?

-Yo quería mucho a tu tía, Jasper, la quería mucho. Ella me recibió siempre con gran afecto en esta casa.

-Lo sé, querida, la vida es así, pero pronto nacerá nuestro hijo y llenara el vacio que ha dejado la tía Esme. Debes reponerte, para no entristecer a los niños.

El mayor se acerco a ella.

-Allie –le dijo nosotros te queremos y te necesitamos. No sigas llorando.

-Alice se abrazo a él.

-Eres tan bueno como tu padre.

-Gracias, Allie –le dijo él.

Los días iban pasando y el tío Carlisle se fue acostumbrando poco a poco a la ausencia de su esposa. No lo dejaban solo para evitar que pensara mucho en ella. Y ellos esperaban que naciera su cuarto hijo, pero Alice y Jasper todavía no habían dado el paso al matrimonio.


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Besos y hasta el siguiente

Serena Princesita Hale