9: Interrogantes.
La fabrica, Boulogne-Billancourt, al suroeste de París.
18 de Septiembre de 2005, por la mañana.
Segunda vuelta de tiempo.
Milly abrió los ojos.
Comprobó que estaba delante de un ascensor oxidado, dentro de un edificio en ruinas que no reconoció.
—¿Qué ha pasado? ¿Qué hacemos aquí?—se extrañó Tamilla a su lado.
La pelirroja negó con la cabeza. Lo último que recordaba era que habían recibido un mensaje de "un amigo" diciéndoles que fueran a la fábrica abandonada que había al lado del Kadic, que allí les daría más instrucciones. Sin embargo, no conseguía recordar haberse puesto en marcha y llegado hasta allí.
—Ni idea.—admitió Milly extrañada.—¿Por qué crees que estamos aquí?—
—No lo se...—Tamiya se apoyó en el botón de llamada.
Se oyó un fuerte ruido de maquinaria pesada.
Con un chirrido de metal oxidado, el ascensor surgió de la oscuridad y se detuvo delante de ellas. La persiana metálica se abrió tentadoramente.
—¿Qué? ¿No se suponía que esta fabrica estaba abandonada? ¿Cómo es que el ascensor funciona?—
Milly dudó.
—Ni idea. En fin, vamos.—
De día se sentían bastante más valientes que de noche, por lo que entraron en el ascensor y bajaron...
Poco después, el ascensor se abrió en el centro de mando...
—¿Qué se supone que es esta maquina?—se extrañó Tamilla, observando la enorme maquina que había desplegada delante de sus asombrados ojos, bañada por una luz verde que le daba un aspecto irreal.
Milly le apretó el brazo.
—Esto, querida amiga, es la noticia del siglo.—afirmó con todo exultante y ojos codiciosos.
Cafetería del Kadic.
Los Guerreros de Lyoko entraron en la cafetería y se dispusieron a desayunar, comprobando que no había ninguna diferencia con el dia anterior. Jim estaba por allí, por supuesto; mientras con una mano cogía grandes cucharadas de un cuenco de cereales, con la otra leía una revista de Sumo. De vez en cuando, alzaba la cabeza y recorría toda la cafetería con los ojos, en busca de alumnos que se portasen mal. Odd era uno de sus objetivos, por supuesto; ambos lo sabían.
—¿Que hay, Jimbo?—preguntó Odd irónicamente.
El profesor gruñó a modo de respuesta e ignoró a Odd, el cual soltó una carcajada y tomó asiento junto a sus amigos, seguido por Ulrich. Jeremie y Aelita ya estaban sentados a una mesa, disfrutando del desayuno.
—¿Habéis visto a Taelia?—preguntó Jeremie a modo de saludo.
—No.—informó Ulrich.
—Que pena.—
—Normalmente se saluda.—apuntó Odd.
—Hola, ¿Qué pasa?—preguntó Yumi entrando en el bar y acercñandose a ellos.
—Jeremie está colado por Taelia.—comentó Odd antes de que nadie pudiera decir nada.
Yumi enarcó una ceja, extrañada.
—¡De eso nada!—protestó Jeremie mientras Ulrich se partía de risa y Aelita miraba mal a Odd.—Solo quería saber si se acordaba de algo.—explicó el chico.
—Bueno, se supone que si, ¿no? Es decir… se virtualizó.—señaló Odd.—Ya sabes que esa es la mejor forma de que se acuerde.—
—Puede. Pero si se escaneó con un error de transmisión, es posible que le haya pasado algo.—objetó Aelita.
—¿Algo? ¿Cómo que?—
Jeremie se planteó explicarles los posibles efectos, cada uno mas grave que el anterior y que abarcaban desde una amnesia total hasta la aniquilación absoluta. Decidió que ninguno le entendería, a excepción de Aelita.
—Como que la vuelta al pasado le borre la memoria.—
—Hablando del rey de Roma...—musitó Ulrich al ver que Taelia entraba en la cafetería.
La chica caminó hasta Jeremie con fuertes zancadas. Antes de que este pudiera saber lo que pasaba, se vio bruscamente alzado de la silla y zarandeado en el aire por alguien que le aferraba de la camiseta.
—¡Maldito cabrón!—gritó Taelia completamente fuera de si.—¡Dime como diablos lo has hecho! ¡Ha sido ese maldito programa de viaje en el tiempo, ¿verdad?! ¡Todos mis relojes están mal!—
—Y... yoo... no...—trató de explicarse Jeremie, medio mareado.
—Creo que eso responde a tu pregunta, Einstein.—comentó Odd quitándole su croissant.
Taelia zarandeó a su presa con más fuerza.
—¡Te crees muy gracioso, ¿verdad?! ¡Se que has sido tu, maldito hijo de la gran...!—le apostrofaba.
—¡Ermitage!—gritó Jim acercándose pesadamente.—¡¿Se puede saber que pasa aquí?!—
Taelia zarandeó a Jeremie con mas fuerza.
En ese momento, cayó en la cuenta. ¡No podía explicarle al profesor lo que pasaba!
—Nada.—gruñó soltándole; Jeremie aterrizó en el suelo.
—Exactamente: NADA.—la atajó Jim.—¡Estás castigada! Te quiero ver esta tarde en la biblioteca.—Por algún motivo, aquello parecía enfadarle mas a el.—Y te advierto: no te interesa faltar.—
Giró sobre sus talones y se alejó de allí pisando fuerte. Taelia le fulminó con la mirada y se giró hacia Jeremie, a quien volvió a aferrar por la camiseta.
—¡No te creas que te has librado tan fácilmente, genio!—amenazó agitando el puño en alto, disponiéndose a pegarle.
—¡Eh!—protestó Yumi levantándose.
Taelia fue a pegarle un puñetazo a Jeremie en aquella estúpida nariz, pero alguien la retuvo. ¿Y ahora que pasaba?
Se giró; aquel payaso con el pelo en forma de llama, Odd, la sujetaba por la muñeca con firmeza.
—¡Suéltame!—ordenó.
—Eh, cálmate.—pidió el retorciéndole el brazo tras la espalda; Taelia soltó un quejido mientras Odd la tumbaba sobre la mesa, recurriendo para ello a todas sus fuerzas. Aquella versión salvaje de Aelita era sorprendentemente fuerte; quizá pudiera ser rival de Ulrich.—Jim ya está cabreado, no creo que quieras provocarle aun mas.—
Taelia le echó una mirada asesina, pero se sometió, algo que incluso a Odd le sorprendió. Relajó el brazo y los miró fijamente, demandando una respuesta. Dejó de forcejear y se giró hacia su captor.
—Vale, lo he pillado. Suéltame.—
Odd no aflojó.
—No hasta que te calmes.—
—Me he calmado, de verdad. Solo quiero saber que ha pasado...—pidió la chica.
—¡Dellarrovia!—gritó alguien. Jim había vuelto a aparecer.—¿Qué se supone que estás haciendo?—
Todos se miraron entre si.
—Bueno...—empezó a buscar Odd una excusa convincente.
—Me estaba enseñando una llave.—afirmó Taelia.
Odd sabía reconocer un salvavidas cuando se lo arrojaban.
—Si, es que me gusta contarles a mis compañeros los episodios de Enquêtés Spéciales.—confirmó con toda la seriedad del mundo.—Y entonces fue cuando DiNozzo dijo aquello de "Estás detenido"…—
Jim no parecía muy convencido.
—Hum… Os voy a estar vigilando.—
Se fue de allí, aquella vez definitivamente. Taelia esperó a que se fuera y tomó asiento entre Ulrich y Odd.
—¿Qué ha pasado?—preguntó.
—Bueno... ¿Recuerdas lo que pasó ayer?—planteó Ulrich a Taelia.
La fábrica, el día anterior.
Estaban todos reunidos en la sala de mando. Taelia también estaba allí. Ante los hechos consumados, sobre todo el de que, por lo que sabían, no podían borrarle la memoria con una vuelta al pasado, habían decidido quedársela como parte del grupo. De forma interina. Únicamente Yumi y Ulrich se habían opuesto.
Por supuesto, no se habían molestado en explicarle cual era la razón por la que habían decidido admitirla.
Jeremie había convencido a los demás; lo cierto era que le intrigaba mucho como había conseguido engañar al superordenador. Sin embargo, su argumento para convencer a los demás había sido el mismo que con William: al estar dentro del grupo, tendrían mas fácil el vigilarla que si fuera por libre. Incluso el, que normalmente era muy torpe en las relaciones sociales, comprendía una norma tan básica.
—Lo que es muy raro.—comentó con clara extrañeza.—es que el superordenador aceptara sin mas que tu te virtualizases como Aelita y pudieras desactivar la torre, como ella. Se supone que es una maquina muy precisa. No entiendo como ha podido cometer esa clase de error.—
—Bueno, William también podía manejar torres por su cuenta.—les recordó Yumi.
—Eso fue porque XANA las ajustó para que le reconocieran. O le ajustó a el, nunca lo supimos.—señaló Aelita.—En cambio, Taelia ha sido capaz de usar mi código sin haber estado nunca en Lyoko. ¡Pero eso no tiene ningún sentido!—
—En apariencia. Seguramente debe haber una buena explicación a esto.—decidió Jeremie.—Lo que debemos hacer es encontrarla cuanto antes.—
Ninguno contestó nada a eso. Todos sabían que aquel era trabajo de Jeremie, a lo sumo de Aelita. Tratándose de hacer investigaciones en el mundo real, todo el grupo se habría brindado; pero, tratándose de algo de la red…
—¿Eso que significa?—preguntó Taelia.
—Que trabajaré mucho.—afirmó Jeremie antes de pensarse como abordarla.
Yumi le apoyó una mano en el hombro.
—Taelia... ¿Sabes guardar un secreto?—
Ella se lo pensó. No estaba segura de querer responder a aquella pregunta. Por lo que había visto hasta aquel momento, aquel grupo de estudiantes estúpidos estaban utilizando alguna clase de proyecto militar de alto secreto, y presumiblemente muy peligroso, del que nunca había oído hablar, como si fuera alguna clase de videojuego.
—¿Y si no quiero guardarlo? Hipotéticamente hablando, quiero decir.—
Ulrich y Odd apretaron los puños.
—Nadie iba a creerte.—opinó Odd.—Ya tuvimos este problema otras veces.—
—Delmas creyó que S... ehhh... la informadora, estaba loca. Con mas razón dudará de ti, una perfecta desconocida.—señaló Yumi.
—¿Quién ha dicho que se lo vaya a contar a Delmas?—
La tensión podía cortarse con un cuchillo.
—Taelia, por favor...—pidió Aelita acercandose.—No puedes contárselo a nadie. Eso sería un grave error.—
—¿Es una amenaza?—
Aelita puso cara de horror.
—¡No! ¡Desde luego que no!—prometió.—Me refiero a otra cosa. Ya has visto como es XANA. Nosotros somos los únicos que sabemos como detenerlo. Lo primero que harían sería apagar el superordenador.—
Taelia reflexionó.
—¿Y eso no lo detendría?—sugirió.
Jeremie se recolocó las gafas y la miró con desdén.
—Ya probamos eso y no funcionó.—señaló con tono de estar diciendo una obviedad. —XANA es mucho mas listo que todo eso. Seguramente en este preciso instante está reconstruyendo sus Replikas por todo el globo...—
—¿Replikas? —
—Muy largo de explicar ahora mismo. Básicamente, XANA es un peligro para la humanidad.—
Taelia se había indignado ante aquella actitud condescendiente.
—¡¿Cómo se supone que voy a ayudaros si no se lo que pasa?!—preguntó —Ya lo decidiremos.—
—¿Y que vamos a hacer con ese tipo que hay en el ascensor?—preguntó Odd cuando se disponían a irse.
—No lo se. Ha visto demasiado.—opinó Jeremie.—Si no fuera por que la vuelta al pasado hará mas fuerte a XANA, la haríamos, pero tampoco podemos dejarlo en el ascensor...—
Taelia no dijo nada, solo escuchó. ¿Vuelta al pasado? No sabía de qué estaban hablando, pero por lo visto hasta entonces suponía que se trataría de algo muy peligroso. Aparte, sabía que dijera lo que dijera no le iban a hacer ningún caso. Así que esperó mientras los demás debatían y se decidían por hacer la "vuelta al pasado", pese a todo, fuera lo que fuera eso. Decidió que no podía permitirlo.
—Yo me ocuparé.—se ofreció.
—No hace falta. Ya está hecho.—
Entonces los había envuelto una luz blanca...
El presente.
—No querréis decirme en serio que funcionó.—se asombró Taelia, tomando asiento.
—Pues si.—confirmó Jeremie de mal humor. Comprobó una vez mas lo parecidas y diferentes que eran a la vez Aelita y Taelia; aunque se parecieran físicamente, su carácter era muy diferente. Mientras que Aelita como mucho le habría pegado un par de gritos, Taelia había tratado de pegarle.
—Pero... pero... ¡Eso contradice toda lógica! Cualquier informático con dos dedos de frente os dirá que el viaje en el tiempo es completamente imposible...—la oyó decir.
—Sobre ese tema, tampoco estamos seguro de que sea un viaje en el tiempo.—puntualizó Aelita.—Al menos, en el sentido estricto del término. Vereis...—
Aelita les explicó que existían dos clases de viajes en el tiempo: el viaje en el tiempo directo (es decir, con una maquina, una nave o algo similar) y el viaje en el tiempo indirecto. El viaje en el tiempo indirecto era un concepto teórico de la ciencia ficción, que establecía que era posible enviar la conciencia de alguien al pasado, a su propio cuerpo en el pasado. Odd aprovechó la explicación para tratar de cogerle las tostadas a Aelita.
—Es posible que la vuelta al pasado sea ese tipo de viaje.—concluyó apartando las tostadas del alcance de Odd.
—Eso explicaría por que razón regresamos a los lugares en que estábamos antes.—terció Yumi.—Nunca he entendido por que razón no aparecíamos en la fabrica, sino en los sitios en que estabamos.—
—Pero claro, si estábamos en la cafetería... y hacíamos la vuelta al pasado... regresariamos a la cafetería.—trató de seguir Ulrich su razonamiento.
Aelita asintió con la cabeza.
—Como sea, eso es indiferente.—les atajó Jeremie.—Nuestra prioridad debe ser detener a XANA.—
Sonó una campana.
—Creo que nuestra prioridad es ir a clase.—le corrigió Aelita tomándole del brazo.—Anda, vamos.—
Los seis se levantaron y salieron de la cafetería. Odd se puso al lado de Taelia y le palmeó el hombro.
—Espero que no te enfadaras demasiado por lo de antes.—comentó.—Pero entiéndeme. Solamente yo puedo meterme con Einstein.—La obsequió con una sonrisa.—Aunque me cabrea mucho, yo nunca me habría atrevido a pegarle.—
Taelia gruñó. Se sentía humillada por que aquel canijo la hubiera derrotado delante de todo el mundo, pero había que reconocer que era gracioso. A veces.
Le devolvió la sonrisa, tratando de borrar la desagradable imagen que habían dado antes. Sabía por que le había dejado creer que podía ganarla: si hubiera utilizado sus técnicas de combate contra Odd, aquello habría sido como andar por ahí con un cartel al cuello de "Agente secreta de una potencia extranjera en misión encubierta."
William había observado de reojo todo aquello. No estaba seguro de que era lo que había pasado en el grupo, pero intuía que tenía algo que ver con la fábrica. Comprobó que Jeremie y sus amigos habían bajado la voz y se centró en lo que tenía entre manos; apuntar lo que recordaba haber hecho ayer.
La vuelta al pasado le había dejado descolocado. Tendría que repetir todo lo que había hecho el día anterior, y tendría que hacerlo exactamente igual, no fueran a notar los demás la diferencia.
Había sido muy fácil fingir que no recordaba nada de lo que había pasado cuando XANA lo había poseído; simplemente se había hecho el loco cuando le habían preguntado. Ellos le habían creído, o fingido creerle, lo que para el caso era lo mismo: se habían apartado de el como si tuviera la peste. Fingir que no sabía nada había sido la mejor forma que había tenido de librarse de preguntas incomodas que por entonces no estaba preparado para responder.
Mas adelante, durante las vacaciones, se había animado a pasar lo que recordaba a un diario. Por supuesto, un diario en papel; un anacronismo necesario. En el tiempo que había estado con XANA había aprendido lo fácil que era acceder a lugares supuestamente seguros a través de la red, y no estaba seguro de que Jeremie no hubiera decidido vigilarle (por sugerencia de Yumi, por ejemplo) a través de Internet.
Sissi esperaría su informe con impaciencia. La muy idiota confiaba en que el le ayudase a obtener información secreta. Que esperase sentada. No pensaba decirle absolutamente nada sobre la fábrica, ni sobre nada relacionado con Lyoko ni con XANA. Como mucho, la ayudaría a acercarse a Ulrich, nada más.
Se levantó y caminó hacia la clase de Lengua; al menos podría tratar de sentarse cerca de Yumi...
La fabrica, en el presente.
Milly y Tamiya llevaban toda la mañana delante del ordenador de la fábrica. Habiendo conseguido llegar hasta allí a través de unas escaleras oxidadas, se habían quedado muy sorprendidas al encontrar semejante instalación futurista. Sin embargo, habían perdido mucho tiempo tratando de aprender a manejar el ordenador.
El registro estaba siendo muy fructífero… o lo sería si supieran que era lo que estaban haciendo. Por el momento, habían encontrado varios archivos, cada uno mas raro que el anterior; cinco versiones de algo llamado "Skidbladnir" (que resultaron ser archivos de código informático ininteligible), un sintetizador de voz, planos de las alcantarillas y algo que parecía un programa para fabricar pasaportes falsos.
—Anda, fijate que raro.—señaló Milly.—Parece que nuestro genio tiene un lado oscuro...—
Sin embargo, aquello solo eran meros aperitivos en comparación con lo que iban a encontrar...
Abrieron una carpeta que no se diferenciaba en nada de las demás (salvo por que estaba en una ruta muy larga) y entraron en un archivo con un encabezado muy explicito.
—Journal-Video á Jeremie Belpois... Video-Diario de Jeremie Belpois.—leyó Tamiya.—Muy interesante.—
Milly abrió la carpeta y se encontró con cientos de archivos de video. Clicó en una pantallita que ponía "Propiedades de carpeta" y se encontró con que, según la lista, había casi cuatrocientos archivos que ocupaban un total de 156,5 GB.
—¿Quién gasta 150 gigas en un diario?—se extrañó Milly.—¡Solo la mitad de mi disco duro es eso! Pues si que tiene archivos este ordenador...—
—Fíjate. Algunos tienen los códigos repetidos.—
Era cierto. Varios archivos tenían códigos correlativos, por ejemplo "JV_11-04-04_1", el cual era inmediatamente seguido por "JV_11-04-04_2" o incluso un archivo que estaba repetido ocho veces. Parecía como si algunos dias se hubieran grabado varios videos distintos, de duración parecida.
Abrió un archivo al azar.
Una ventanita se desplegó en la pantalla. Tras un instante, se concretó en una imagen de video. El rostro de Jeremie, sentado en aquel mismo sillón, hablaba a la pantalla a través de unos auriculares.
—XANA ha atacado la academia.—empezó a explicar.—Ha poseido una armadura de samurái y ha sembrado el caos en el Kadic. El pánico fue tal que tuvo que acudir la Policía. Por suerte, pudimos evitar la catástrofe gracias a la Vuelta al Pasado...—
—¡Eh, yo recuerdo eso!—afirmó Milly pausando el video.—¿Recuerdas? El año pasado. Hiroki nos contó que Yumi había llevado a clase una armadura de samurai. Recuerdo que me extrañó que la hubieran encadenado. Es decir, ¿Qué daño podía hacer una armadura vacía?—
Tamiya meneó la cabeza.
—Puede, pero no recuerdo nada de lo que dice en el video.—señaló.
Abrieron varios videos más al azar. Al menos los que correspondían a la primera mitad del año 2004 eran todos del mismo estilo: XANA ha pirateado un caza, XANA ha tratado de provocar un choque de trenes, XANA ha intentado provocar una "fusión del núcleo" (esto no lo entendieron), XANA ha poseído un satélite militar, XANA ha tratado de asfixiarnos con el gas de la risa...
A medida que iban viendo videos, se iban quedando más espantadas. Ese tal XANA, fuese quien fuese, parecía tener habilidades sobrenaturales y una firme determinación en borrar del mapa a Jeremie y a sus amigos.
—Tengo miedo...—gimió Tamiya.
La segunda parte del diario ya era más interesante. En este apartado, mencionaba que Jeremie había "materializado en la Tierra", o lo que fuese, a un programa informático llamado "Aelita"...
—Eh, eh, eh. Alto ahí. ¿No estará diciendo en serio que Aelita es un programa de ordenador?—se espantó Milly.—¡No podemos publicar un disparate tan grande! ¡Nadie se lo creería!—
—Además, Aelita no parece un programa de ordenador.—apuntó Tamiya.
—Hmmm...—Gruñó Milly.—Creo que necesitamos mas ayuda por parte de Hiroki.—
Clase de Historia, por la tarde.
Mientras Chantelle daba la clase de Historia, Aelita reflexionaba sobre lo que había ocurrido. Realmente, si se paraba a pensarlo, todo aquello era muy raro. XANA había vuelto y, poco después, aquella chica, Taelia Ermitage, aparecía de repente en sus vidas irrumpiendo como un huracán.
No se había atrevido a comentar con nadie el verdadero motivo por el que Taelia había conseguido suplantarla; que la había golpeado y encerrado en el armario, haciéndola sentirse como una idiota por no haberlo podido impedir.
Sabía que William sospechaba algo raro, pero parecía que no había dicho nada. A menos que se plantease decírselo a Yumi, en cuyo caso... Bueno, lo más probable era que Yumi fuera a decirle cuatro cosas a Taelia y que ambas acabasen a golpes. Tal vez tendría que decírselo antes de que ocurriera algo así.
Pero aquello no le ayudaba a responder a la pregunta principal...
"¿Quién eres, Taelia?"
Lo que ignoraba era que Taelia se estaba haciendo la misma pregunta.
Desde su punto de vista, aquella misión era cada vez mas extraña. Se suponía que iba a investigar el origen de un ataque informático. Luego resultaba que el dicho ataque lo había enviado una IA malvada que parecía sacada de una película mala de ciencia ficción hollywoodiense.
Para rematarlo, se suponía que no debía preocuparse, porque una pandilla de estudiantes de secundaria, liderados por una chica que era casi idéntica a ella y un geek de la ciencia, se encargaban de luchar contra la IA en un mundo virtual plagado de extrañas criaturas que disparaban armas de láser.
Por si esto no era bastante grotesco, ahora resultaba que Belpois disponía de alguna clase de tecnología avanzadisima que permitía enviar sus conciencias atrás en el tiempo, y que supuestamente servía para impedir que la gente recordara los efectos de los ataques de la IA.
"No puedo decirle algo así a Lianov... Es demasiado increíble. ¡Creería que he perdido la cabeza!"
Hablando de aquello, ¿Por qué le habían asignado aquella misión? No tenía nada que ver con las tareas de inteligencia que le habían encargado hasta entonces.
Lo habitual era que le encargaran conseguir información a través de los hijos y los sobrinos de los miembros de la Organizastvatya, pero siempre con apoyo táctico y un plan de operaciones. Nunca la habían enviado con tanta autonomía para hacer lo que pudiera en pro de la misión.
Conociendo a sus jefes, Taelia sospechaba que había alguna razón oculta... Recordó las palabras de Lianov; por alguna razón, ella y solo ella, era la persona mas adecuada para aquella misión.
"¿Por qué razón? No tengo experiencia. Ni siquiera soy de aquí. ¿En que estaba pensando ese tipo?"
Sador Lianov no hacía nada sin ningún motivo; hasta para respirar buscaba una justificación y un beneficio. De modo que la había enviado allí porque, por alguna razón, la consideraba adecuada para esa misión.
Decidió que aquella noche enviaría un informe antes de concentrarse en la clase...
Por su parte, Jeremie había iniciado sus propias averiguaciones, aprovechando que podía . El número de matricula del coche del intruso, captado por las cámaras, (placa nacional, verde, 115 K 095 92) había dado lugar a una investigación. O eso había intentado: el problema era que el no sabía como acceder a la base de datos de la policía.
La web del Departamento de Tráfico le informó de que las placas verdes eran las que se utilizaban para los vehículos diplomáticos. Aquella información le chocó: ¿un vehículo diplomático?
Mas abajo, en la misma página, leyó que la K y el primer número identificaban el tipo de vehículo (diplomatico, consular o de servicio) y la embajada a la que pertenecía. Por tanto, aunque averiguase el nombre del propietario, no le serviría de gran cosa.
Rastreó la lista de codigos y la encontró. Averiguó que 115 era el código de la embajada rusa, K el de un coche de servicio (no necesariamente el del cónsul) y 92 el código geográfico de la Ciudad de París (0).
Toda esta información le había conducido al consulado ruso en París, lo cual le extrañó bastante. Ya que estaba con el tema, buscó y encontró bastante información sobre los servicios de inteligencia rusos.
En contra de lo que esperaba encontrarse, eran tres, no uno: el FSB (una especie de Gendarmería Nacional con poderes especiales) y el SVR o Servicio de Inteligencia Extranjera, una organización que no tenía absolutamente nada que envidiarle a la CIA americana. Por no mencionar, por supuesto, el temible GRU o Servicio de Inteligencia Militar.
Extrañado, pidió mas datos al ordenador. Estaba harto de oír a Odd hablar de la KGB rusa: que si la KGB esto, la KGB aquello y la KGB lo de mas allá.
El ordenador no tardó en informarle de que la KGB, abreviatura de Comité para la Seguridad del Estado (Komitet Gosudárvestnnoy Bezopasnosti), efectivamente había sido el servicio de inteligencia de la Unión Soviética. Sin embargo, se había disuelto en 1991, con la caída del primer y más poderoso Estado comunista del mundo.
Por lo tanto, Odd estaba muy desfasado, o al menos lo estaban las películas que veía.
Otra persona pensaría que quizá fuera deducir demasiadas cosas de una matricula, pero Jeremie tenía la sospecha bien fundada de que aquellas eran la clase de personas que se interesarían mucho por un aparato como el superordenador. Aun recordaba el mal trago que habían pasado cuando les visitaron los hombres de negro.
Dormitorios del Kadic.
Aquella noche, el agente Dauntless envió un nuevo informe.
—Confirmado. Alguien está removiendo la mierda.—informó a sus jefes en California.—Cuando informé de que había aparecido el posible objetivo terciario, coloqué un troyano en la red informática del Centro Kappa.—
Centro Kappa era la clave para designar al Kadic. Dauntless hubiera deseado estrangular al que diseñó la clave, por poner un código tan obvio.
—Lo se. Nosotros también hemos hecho lo mismo. Por cierto, nos ha costado una pasta.—
Dauntless asintió, maldiciendo mentalmente a los cabrones de la red ECHELON. En los buenos tiempos de la Guerra Fría, se habrían suicidado gratis si ello hubiera contribuido a la victoria de su país. Ahora, en cambio, hasta para una operación tan simple pedían dinero. ¡Si hasta habían tenido la caradura de constituirse como empresa! Echelon Trade, inc. (Echelon Comercial, Sociedad Anónima), radicada en Panamá.
Echelon Trade era la natural evolución de la red de escucha ECHELON. En un mundo donde la información era poder, la corrupción no había tardado en apoderarse de las agencias de escucha. Si los operarios fieles informaban al Gobierno de Estados Unidos de lo que tramaba el gobierno chino, los operarios corruptos aprovechaban sus autorizaciones de seguridad para conseguir información empresarial de alto secreto de empresas extranjeras. Información que luego vendían al mejor postor, preferiblemente una empresa estadounidense del mismo campo.
Dauntless no sentía el menor escrúpulo ante la idea de relacionarse con semejantes personas. En su opinión, si la ciencia te ofrecía una ventaja, tu deber era explotar esa ventaja en tu beneficio. En consecuencia, Zebra y sus hombres compraban muy a menudo información de todas clases a Echelon Trade.
—Alguien ha estado buscando datos sobre el objetivo secundario.—informó Zebra, aunque Dauntless ya lo sabía.—Como sabes, Aelita era nuestra principal posibilidad de convencer al Profesor de que volviera a nuestro lado. Encontrarla era nuestra prioridad entonces y lo sigue siendo ahora. Hemos rastreado la búsqueda hasta un ordenador portátil del Centro Kappa.—
En la pantalla aparecieron dos pasaportes.
—Milly Solovieff, pasaporte ruso. Tamilla Diop, pasaporte de Mali. Estudiantes residentes en el Kadic. Ambas de quince años. ¿Sabemos algo mas de ellas? Por ejemplo, ¿como es posible que hayan logrado encontrar información sobre personas a las que estamos buscando desde hace catorce años?—
—No tengo la mas mínima idea.—afirmó el espía de la NSA.
Zebra gruñó.
—Es posible. Pero no podemos correr riesgos. Convertiré esto en una misión oficial de la N.S.A. Podrás contar con el completo apoyo de nuestro residente en París. El te dará todo cuanto necesites.—
Dauntless asintió con la cabeza. Solo una cosa le inquietaba.
—¿Es de los nuestros?—
—Como si lo fuera. El pobre tonto aceptará cualquier orden que se le dé desde casa.—
—¿Está al corriente?—
—No lo necesita.—
—Entonces, de acuerdo.—
Abrió el sistema de video y esperó a que se cargase. Aunque no era habitual que los agentes grabasen un registro de sus misiones, el equipo de Zebra lo hacía. La razón era muy tétrica: si mataban a un agente durante una misión, su sucesor debería enterarse de forma rápida en que estaba trabajando exactamente y cuales eran sus progresos.
—Misión: averiguar que se proponen Milly y Tamilla. Para que grupo terrorista trabajan. Destruir ese grupo terrorista. Recobrar el control del Proyecto Carthago...—Dauntless dudó; a continuación, añadió una nueva instrucción.—Encontrar y erradicar a los objetivos secundario y terciario. Léanse estos objetivos por este orden: Aelita Schaeffer Hopper y Chica Sin Nombre Schaeffer...—
Dudó; no estaba segura de cual era el apellido que correspondía al objetivo terciario.
¿Era el mismo de Waldo o, por el contrario...? Lo cierto era que nunca les había quedado claro de donde había salido el objetivo terciario; entonces no se había molestado en preguntar y luego núnca había tenido ocasión.
Pero, fuera como fuera, por lo poco que sabía, seguía siendo una hija de Anthea...
—...Hopper.—
A seis mil quinientos kilómetros de distancia, en los sótanos de un edificio de Maryland, un superordenador almacenó esa información y la archivó bajo un código alfanumérico que solo sería enviado al ordenador personal del Control de la Misión en Los Ángeles. Zebra había invertido mucho tiempo y dinero en asegurarse de que existiera una partición secreta en los superordenadores de Fort Meade, de modo que pudiera usar los recursos informáticos de sus propietarios legítimos para sus propios fines...
(0) Para mayor información (y sobre todo mayor comprensión de las investigaciones y conclusiones a que llega Jeremie), incluyo un estudio preliminar del sistema de matriculación diplomatica de Francia, que puede ser útil mas adelante. Lo primero que se debe saber es que el sistema que voy a emplear al incluir matriculaciones es el anterior al 21 de Junio de 2009, FNI, por ser el que corresponde al periodo. En cualquier caso, el sistema de matriculas diplomaticas es independiente del sistema de matriculación general, por lo que merece un estudio aparte.
Lo primero a tener en cuenta es el orden de colocación de los digitos. En las matriculas diplomaticas de este país, los digitos aparecen así:
000 — A — 0000 (00)
En este caso, el primer número es un codigo de tres cifras (desde el 0 hasta el 800) que identifican la embajada u organismo al que pertenece el vehículo. Convencionalmente, se organizan de este modo:
001 a 200: Primera serie de códigos de embajadas de Estados reconocidos por Francia y representaciones comerciales de otras naciones.
200 a 400: Segunda serie de códigos de embajadas de Estados reconocidos por Francia y representaciones comerciales de otras naciones. Los códigos están en el mismo orden en las dos series, solo hay que sumar 200 de una serie a otra. Así, por ejemplo, Rusia tendría el codigo 115 en la primera serie y el código 315 en la segunda serie.
400 a 800: Códigos de organizaciones internacionales. Estas abarcan la ONU, la UNESCO, el CERN, o el Consejo Europeo.
El segundo digito es la identificación del tipo de vehículo. Las posibilidades son únicamente 4.
C: Cuerpo consular
CD: Cuerpo diplomatico
CMD: Chief de missión diplomatique. Para entendernos, el vehículo personal del embajador.
K: Personal técnico y administrativo (no diplomatico). Lo que en otra empresa sería un coche de servicio.
El tercer dígito es el número de identificación particular de cada vehículo.
C y K nacional: Tres a cuatro cifras (101 a 9999).
C y K departamental: Una a tres cifras (1 a 999). Este además lleva dos cifras adicionales (01 a 99), especificando el departamento francés en el que fue matriculado.
CD: Una a cuatro cifras (101 a 9999).
CMD: El numero 1 para el vehículo del embajador.
