ALCANZANDO AL DESTINO
CAPÍTULO IX. NIEVE ETERNA
Voluntad, fuerza de voluntad es lo que él necesitaba en esos momentos para no permitir que aquella extraña sensación de molestia invadiera su ser, su intuición ya se lo había dicho pero decidió esperar a que ella se sincerara con él, sin embargo el veneno arrojado por alguien más había caído en su corazón, semejante noticia no esperaba en ese tan hermoso día para los dos.
Después de todo estamos hablando de ella, su eterno amor, en ese momento sus corazones latían de prisa pero pese a todo no dejaban de verse a los ojos como siempre lo hacían para verse el alma, y una idea vino a su mente…entonces ella…? No! Él era un caballero que la amaba y respetaba y razonándolo rápidamente pensó que después de todo estuvieron separados muchos años, eso sería algo de lo más normal aunque no le agradara en nada la idea y además las palabras habían venido de una persona en quien el grado de confianza era prácticamente nulo.
- Anthony yo…
- Acaso te sientes confundida Candy?
- Eh?
- Quizás lo que sientes por mí ahora es sólo un reflejo del pasado, puedo darme cuenta de tu temblor al mencionar su nombre – Un santo el muchacho no era y amarla tanto le hacía sentir ese desagradable sentimiento llamado celos – Es por eso que no me lo habías dicho no es verdad?
- No Anthony! Si no lo hice antes fue por las pocas oportunidades que tuvimos para hablar, jamás te mentiría, es sólo que no encontré el momento…
- Entonces es verdad que hubieras unido tu vida a la de esa persona… - Dijo más para sí mismo que a ella. Anthony trataba de contenerse pero el que su amada niña hubiera querido de esa manera a alguien más como para querer unirse con esa persona lo desarmaba, qué hubiera pasado si él recuperaba la memoria lejos de ella? La buscaría y la hubiera encontrado casada con alguien más?
- No supimos llevar las cosas bien… definitivamente no era el destino y no podría estar de eso más segura que ahora que recuperé al amor de mi vida, a ti.
- Puedo entenderlo Candy sabes? Estuve fuera de tu vida todos estos años así que no tendría por qué molestarme ni increparte nada por algo así, pero ya te lo había dicho antes, que confiaras en mí, siempre has guardado tus tristezas y penas para ti misma y a todos muestras tu sonrisa pero si no existe confianza para contarnos lo que nos sucede qué sentido tiene estar con alguien?
El joven la observó con un extraño brillo en sus ojos por unos instantes, se dio la vuelta y caminó un poco sin decir nada, respiró profundamente sin que ella lo notara y le sonrió levemente.
- Candy sé perfectamente que lo que haya dicho Eliza es una versión muy distinta a como sucedieron las cosas, yo te amo y nunca te juzgaría, después de todo te conozco muy bien, te sientes bien para platicarlo conmigo?
- Sé que ya no tiene caso decirlo pero pensaba contártelo cuando se hiciera tu presentación y las cosas estuvieran más tranquilas… - Le dijo cabizbaja la rubia.
- No te preocupes por eso Candy, lo importante es hablarlo.
- Gracias por creer en mí – De pronto una sombra de dolor apareció en sus hermosos ojos verdes – Yo… yo he hablado poco sobre esto, sólo un poco con Albert pero con nadie más… bueno Terry y yo…él y yo…pero qué tonta soy… – Su voz se escuchaba nerviosa mientras una rebelde lágrima escapaba de sus ojos – No sé por qué de repente me sentí así, lo siento mucho mi amor…
El bondadoso joven se conmovió ante la figura delicada y triste de la muchacha frente a él, detestaba verla triste por la razón que fuera y se daba cuenta de que su herida, fuera la que fuera aún no había sanado del todo, quizás lo amaba aún? Rápidamente eliminó ese pensamiento y se dijo a sí mismo que tendría que hacer uso de toda su entereza y ayudarle a pesar de sentir la sombra de los celos como una daga que le atravesara el corazón.
- Pecosa – Tomó su mano – Soy tu novio, tu amigo y compañero, por favor no llores más y cuéntamelo, aquí estoy para apoyarte.
- Anthony…. – Agradeció internamente el gesto de comprensión de su novio y se sentía una tonta porque aún el tema de esa persona la ponía en ese estado, no lo entendía si en su corazón ahora sólo sentía amor por su príncipe.
El apuesto joven de ojos de cielo la guió lejos del rosedal pues quería privacidad para la pareja y poder hablar sin intromisiones, caminaron un poco hasta llegar frente al prístino lago cuyo azul intenso sólo podía hacer competencia con los del muchacho, se sentaron sobre el pasto aún verde mientras la abrazaba por la cintura, era una bonita mañana de otoño.
Ella lanzó un suspiro mientras observaba el cielo y trató de poner orden a sus ideas.
- Cuando creí que te había perdido para siempre pensé que nunca me recuperaría, que no me levantaría, la tristeza formaba ya parte de mi propia existencia pese a que el tiempo transcurría aún lejos de Lakewood, en este estado me encontraba cuando Albert decidió que fuéramos a estudiar a Londres y fue ahí en el Colegio San Pablo en donde conocí a Terry, al inicio realmente nos llevábamos mal pues es todo lo contrario a ti, sin embargo las circunstancias hacían que nos encontráramos más frecuentemente de lo que yo quisiera y poco a poco nos hicimos amigos… con el tiempo él se dio cuenta del dolor que agobiaba mi vida por no poder superar tu partida y yo supe de sus problemas que eran muchos, fue así como mutuamente nos apoyamos para poder seguir adelante con nuestras vidas y sin quererlo ni pensarlo cuando él se fue del colegio me di cuenta de que sentía por él más que amistad.
- Él se marchó del colegio?
- Sí… - Su voz sonó triste – Fue debido a un problema que tuvimos por una sucia trampa de Eliza, cuando ella te dijo que me habían expulsado por habernos visto en el establo en realidad ella me había dejado una falsa nota en donde Terry me decía que estaba en problemas y decidí ir para ver en qué podía ayudarlo, en ese momento Eliza había dado aviso a las hermanas y nos encontraron en ese lugar…
Anthony nunca pensó mal de Candy pero en nada le agradó la idea de que viera a solas a esa persona, sin embargo sabía que ella sería capaz de eso y más por los demás así que no era de extrañar. A solas con un joven en el establo…meditó en eso y se daba cuenta de lo grande que había sido ese problema pues implicaba demasiadas cosas para una dama.
- Y por ese problema expulsaron a Terry? – Le preguntó.
- No, la expulsada fui yo pero él en un gesto por salvarme se marchó del colegio para que yo no tuviera problemas con los Andley – Dijo con una leve sonrisa.
No le sorprendió tampoco que Terry la llegara a amar a tal modo como para abandonar el prestigioso colegio si ella sólo inspiraba eso, amor y ternura.
- Después de esa despedida ambos nos dedicamos a encontrar nuestro propio camino, yo abandoné Londres y regresé al Hogar, fue entonces que decidí ser enfermera y él comenzó su carrera como actor en Broadway, debí adivinarlo desde entonces: aunque en el fondo compartiéramos muchas cosas nuestras vidas ya estaban destinadas a no juntarse nunca, ambos tratamos de encontrarnos, de vernos, pero fueron encuentros muy fugaces, en ocasiones sólo cruzamos nuestras miradas y… - Candy sollozó levemente, Terry, tantos sueños que nunca llegaron a materializarse, pero no lo lamentaba sin embargo le dolía lo que nunca sería.
- Candy… - Estaba por decirle algo sobre eso pero ella continuó, parecía ensimismada en un monólogo que a la vez le servía de reflexión.
- Finalmente logró el papel estelar en Romeo y Julieta y fue cuando me envió los boletos para ver el estreno, estaba tan ilusionada y feliz de que al fin nos veríamos y tendríamos tiempo para charlar sobre lo nuestro y nuestro futuro…fue por eso que fui a Nueva York, pero durante la obra me enteré de un terrible accidente en el que Terry se vio involucrado – Se detuvo, le dolía aún pensar en las circunstancias dolorosas de su adiós.
Al notar que ella se quedaba en silencio, la animó a continuar - Acaso le sucedió algo?
- No…a él no, fue a ella, a Susana Marlow que amaba a Terry tanto como yo y quien arriesgó su vida por él y terminó perdiendo su pierna… y por eso nosotros… - La rubia estalló en llanto, la nostalgia la invadió al recordar aquel pasaje triste en su vida, tantas ilusiones rotas y que hasta hace unos meses atrás aún derramaba lágrimas por el joven rebelde.
- Candy!
- Lo siento Anthony… - Hipó con su rostro escondido entre sus manos.
El chico de ojos de cielo la observaba en silencio absoluto, sentía por un lado celos por el amor que alguien más le había profesado pero también estaba preocupado por Candy, ya había pasado demasiado tiempo para que ella superara eso y lo que menos quería era que existieran sombras entre ellos dos así que era hora de preguntarle directamente sobre su sentir, lamentaba de verdad el dolor de su pecosa pero se prometió a sí mismo dedicarse a hacerla inmensamente feliz y y ser feliz él también, valorar esta oportunidad que ahora él tenía junto a ella.
La abrazó gentilmente y acarició su suave cabello.
- No llores por favor pecosa, recuérdalo, eres mucho más linda cuando ríes que cuando lloras…
La joven sonrió entre sus sollozos y sintió como Anthony se levantaba y le ayudaba a hacer lo mismo.
- Quieres dar un paseo mi amor?
La pareja se subió al caballo blanco del joven y el rubio los guió hacia la pradera en absoluto silencio.
- Renunciaron a su amor por ella.
- Cómo dices Anthony?
- Acaso no fue así? – Su voz sonaba con un dejo de reproche.
Déjame que en el enlace de dos almas fieles
No admita impedimentos; no es amor el amor
Que ante el menor cambio cambia,
y que obliga al distanciado a distanciarse.
- Bueno…sí, cuando la vi en el hospital supe que no podía dejarla sola con su invalidez, ella se había sacrificado por Terry.
- Perdóname mi amor pero no concuerdo con lo que ustedes dos hicieron, acaso crees que por eso no tenías derecho a ser feliz?
- Anthony! – Volteó a verlo muy sorprendida.
- Escucha mi pecosa, así todos los Andley del mundo me pidieran por honor a nuestro apellido a renunciar a ti jamás lo haría, si tú eres mi vida cómo he de lograr seguir de pie sin mi vida misma? Él se encuentra a lado de Susana por por compasión, fue un sacrificio que sólo trajo mentiras a tres personas, Terry y tú vivirán siempre con la interrogante del qué hubiera sucedido si no se hubieran separado y por tanto esa ilusión les dolerá siempre y Susana vivirá con la horrible mentira de que Terry la ama mientras piensa en ti a no ser que se conformara solamente con su compasión.
¡Oh, no!, es un faro eternamente fijo
que contempla las tempestades sin nunca estremecerse;
es la estrella para los barcos sin rumbo,
cuya valía se desconoce, aun tomando su altura.
- Pero…
- Admiro tu generosidad pecosa sin embargo el amor también viene con obstáculos que superar juntos como pareja, tú misma me lo contaste, intentaron verse tantas veces sin conseguirlo pero aún así no se habían rendido a lo de ustedes, ya habían logrado vencer la prueba del tiempo y la distancia pero no fue el destino el que los separó, ustedes decidieron hasta dónde llegar con su amor, recuerda que el hombre es artífice de su propia felicidad – Habló con seguridad y convicción el joven médico – Desde luego que hay honor y mérito en sacrificarse por los demás, lo sabes por las profesiones que tú y yo tenemos y estoy plenamente convencido de eso, incluso dar la vida por alguien más es el más grande amor que se puede demostrar, pero no en base a mentiras tomando una decisión cuando el corazón te dicta todo lo contrario, estoy seguro que de haberlo hablado como debían todo hubiera terminado de una manera distinta, acaso se lo dijeron a Susana? Ella entendió lo que significaban el uno para el otro? No significaba que la fuera a abandonar ni dejar de apoyarla, eso es algo muy distinto.
No es amor bufón del Tiempo, aunque los rosados labios
Y mejillas corva guadaña siguen;
El amor no se altera con sus breves horas y semanas,
- No lo manejamos de la manera adecuada, quizás en el fondo me encontraba cansada de esperar, de correr tras él y ver a Susana así me hizo finalmente comprender que esto era imposible y me hizo tomar esa decisión.
- Tú tomaste la decisión entonces?
- Sí, pude ver la duda en él y decidí facilitarle las cosas.
Anthony se molestó pero no lo externó, en qué rayos estaba pensando ese Terry dejándola sola en Nueva York permitiendo que todas sus ilusiones y su felicidad se esfumaran con el viento si sabía todo lo que ella había sufrido. Un hombre enamorado tiene el deber ante todo de darlo todo por su amada, si alguna vez lo llegase a encontrar habría un par de cosas que quizás le diría, después de todo hubiera confiado que quien tomara su lugar la cuidara tanto como él lo hizo. Bien, lo hecho estaba hecho y ahora él se encargaría de cuidarla y hacerla feliz, el destino los había reunido pero estaba manos de ambos el qué hacer con ese hermoso regalo de amor de ahora en adelante.
- Amor – Dijo mientras observaba el dorado horizonte frente a ellos – Responde esto, te arrepientes de esa decisión?
- Sí….
Sino que firme perdura hasta en el borde del abismo.
Si esto es erróneo y se me puede probar,
Yo nunca nada escribí, ni nadie nunca amó.
- Si tuvieras una nueva oportunidad con él, la tomarías?
- …no, ya no…todo eso sirvió a un propósito que ahora entiendo.
- Y si la vida te presentara la misma situación otra vez, ya fuera conmigo o con alguien más volverías a renunciar por amor?
- No! A ti no!
Anthony abrió sus ojos sorprendido por el fervor con que ella le había dicho eso y después le sonrió con su característica sonrisa llena de ternura y cariño que terminó por embelesar a la muchacha con sus divinos y profundos ojos azules.
- Ahora lo ves distinto mi pequeña?
Ella sonrió, aún no sabía qué sentiría cuando si alguna vez la vida la volviera a reunir de nuevo con Terry en algún encuentro casual pero ya no habría dolor, había aprendido que tiene derecho a buscar la felicidad, a vivir feliz a lado de quien amara y tenía derecho a luchar por ese amor, no permitiría que algo así volviera a suceder y mucho menos con Anthony, un ser más valioso que el oro.
- Sí, somos dueños de nuestro propio destino Anthony.
El joven se vio reflejado en el par de ojos esmeralda y sonrió felizmente, tanto que hizo un movimiento y el caballo inmediatamente comenzó una veloz carrera por el hermoso lugar, el aroma de los frescos y húmedos pinos invadían sus sentidos y el aire frío despejaba sus pensamientos, se sentían renovados en muchos sentidos, finalmente todo había sido aclarado y no permitirían que nadie los separara.
El otoño comenzaba a ceder su lugar al invierno y los residentes en Lakewood saben que es hora de abandonar ese lugar por lo que el noble joven decide dar un último adiós a alguien muy querido para él y también cerrar una página que durante su adolescencia y niñez le había causado dolor pese a su alegría y optimismo natural hacia la vida.
- Es aquí? – Le dijo dulcemente su novia.
- Sí mi amor – La mirada azul del joven se posaba sobre ese solitario y silencioso lugar.
Ambos vestían sus abrigos para protegerse del frío, el joven iba ataviado en un elegante abrigo azul marino y ella en uno blanco, el aliento al hablar se tornaba visible frente a sus rostros pues el día era realmente húmedo y frío.
Ambos se acercan a esa solitaria pero bella lápida y el joven deposita una rosa sobre ella y la observa detenidamente antes de hablar.
- Hola mamá – Dijo con la voz más dulce del mundo – Finalmente regresé con los que amo y estoy seguro de que estás feliz por ello, lamento no haber cuidado del rosedal todos estos años que estuve ausente como te lo prometí aquel día, pero quiero que sepas que la alegría ha vuelto a mi vida otra vez, te presento a Candy, la dulce niña de quien me enamoré desde hace más de 6 años – Le hablaba con una bella sonrisa en su rostro.
- Mucho gusto señora Rosemarie, estará muy orgullosa de su hijo así como lo estoy yo no es verdad? La admiro y respeto mucho, formó y educó a un ser excepcional que sólo vino a este mundo a dar luz a tantos, cómo me hubiera gustado haberla conocido y decírselo en persona, su hijo me ha hablado mucho de usted que casi puedo verla reflejada en él, en Anthony, amable pero fuerte como él.
El joven la vio con el más profundo amor mientras la tomaba de la mano y elevó su mirada al cielo.
- Nunca te olvidaré mamá y lo sabes, edificaré mi vida para ser alguien de bien y para ser feliz a lado de mi único amor, hemos decidido ir a Chicago y empezar nuestras vidas ahí, sólo quería decírtelo pues no sé cuántas oportunidades tendré de venir a Lakewood pero vivirás siempre en mi corazón, como me lo dijiste – Una pequeña lágrima se asomaba en sus puros ojos como el cielo.
- Venimos a despedirnos y a decirle que lucharemos por lo nuestro tomando como ejemplo el amor que usted y el señor Brown se tuvieron y cuánto lucharon por él, Anthony y yo seremos muy felices, estoy segura.
- Adiós mamá, me sentí muy solo sin ti durante aquellos años pero hoy vuelvo como un hombre que ahora sé que hice lo mejor que pude durante esa soledad sin ti y sin mi padre, decidí ser feliz bajo las circunstancias en que viviera, aún lejos de ustedes dos, gracias por todo.
- Anthony… – La rubia abraza cálidamente a su lindo novio, sabía la importancia de esta despedida que él le hacía pues de niño y joven había sufrido mucho a su ausencia pese a ser alguien fuerte y animoso.
El apuesto rubio reforzó el abrazo aún más, ella había llegado a su vida como una cálida y dulce luz, como un aire renovado y fresco así que ahora dejaba todo ese pasado atrás.
- Gracias por venir conmigo princesa.
- También quería venir mi amor – Candy recorrió con su vista el apacible lugar – El aire que se respira aquí está impregnado de nostalgia no lo crees? Es tan quieto y silencioso.
El joven asintió haciendo lo mismo – Y pensar que todos creían que aquí descansaba yo también, ni siquiera vine después del funeral, pareciera como si se pudiera respirar la eterna paz en la que viven todos los que nos dejaron atrás hace tiempo.
Candy tuvo un escalofrío, es verdad, entendía lo que decía pues ella tampoco nunca se atrevió a visitar su supuesta tumba.
El muchacho con ojos de cielo se dio la vuelta y caminó hacia la salida del cementerio tomado de la mano de su novia pero deciden dar un paseo por el bosque y pronto llegan a la casona del bosque.
- Ven mi amor, entremos! – Se entusiasmó el joven médico.
La rubia se sienta en el suave y cómodo sillón mientras tanto el joven enciende la chimenea pues al no estar habitada la casa se encontraba fría, mientras tanto Candy observa su ancha y fuerte espalda y un leve sonrojo aparece en su rostro. Es como pensé que sería cuando creciera, tan fuerte y protector.
- Estás bien pequeña pecosa?
- Sí – Le dijo con una gran sonrisa mientras el joven se acomodaba a su lado y se abrazaban mutuamente.
Ambos sonríen observando el fuego que los protegía del frío, sus miradas se iluminan y brillan al compás de las danzantes llamas recordando lo vivido hace poco en ese lugar, el muchacho volteó a verla y le sonrió.
- Pecosa cómo quisiera volver a repetir esa hermosa noche a tu lado.
- Yo también… - Respondió la tímida muchacha.
- Pero lo decidimos – Le guiñó el ojo – Aunque seré sincero contigo, no hay día en que no piense en ello, terminaste por hechizarme ese día y cada día que pasa mi anhelo por ti se va acumulando más en mi corazón como la nieve.
- A mí…me pasa lo mismo Anthony – Vaya, los sonrojos ya formaban parte de la pecosa.
- Eres tan hermosa… - Acercó su rostro al de ella y le robó un beso, dos besos…más besos, tantos besos que cuando menos lo pensaron se encontraron de nueva cuenta en una posición bastante comprometedora en ese lugar.
Pero esta vez el joven se detuvo y la llevó junto a él hacia el suelo, sobre la cálida manta que se encontraba frente a la chimenea y se volvieron a besar deslizándose ambos suavemente sobre el cobertor.
La infinita mirada azul la hipnotizaba de nueva cuenta, Acaso ese azul tenía límites? Pensaba ella, su hermosa sonrisa lanzaba alguna especie de hechizo sobre ella que le hacía devolverle la sonrisa de inmediato y sentirse inmensamente feliz, sus labios tan perfectamente delineados y voluminosos eran tan suaves como las nubes pero tan cálidos como el fuego en su piel, sus fuertes manos y su cuerpo tan varonil y fuerte pareciera que estaban diseñados para estar con ella, acaso él se daba cuenta del efecto sobre su persona?
Como el jade, como la pradera en primavera son sus hermosos ojos, sabe del efecto que provocan en mí? Que pierdo la noción del tiempo en cuanto ella posa sus ojos sobre mí y no veo nada más que su figura sin importarme lo que esté a mi alrededor? Su dulce sonrisa es como la miel y su exquisito aroma a rosas la une aún más a mí, casi podría decirse que me encontrara en el rosedal impregnado del rocío de ellas. Mucho menos me atrevo a pensar en su bello cuerpo pues cada día que pasa siento que pierdo más el control de mí al pensarla junto a mí, entregándonos sin límites y sin timidez a nuestro amor y despertar a su lado cada día para repetir esa entrega.
- Candy…has florecido tan hermosa como la rosa que lleva tu nombre, quédate junto a mí por siempre.
El joven comenzaba la danza de caricias sobre el cuerpo de su pecosa, quería conocerla más, más de ella, la necesitaba tanto.
- Nunca me separaré de ti mi amor, recuerdas que desde que era una jovencita les dije a todos que quería llegar a ser una buena novia? En ese momento tu imagen estaba presente y al decirlo me refería a ti y sólo a ti, juntos por siempre.
- Candy… - Su voz sonó tan ronca y sedosa que tuvo por efecto tan sólo el sonido de sus labios de excitar a la rebelde rubia quien lo besó con aún más pasión dejando algo sorprendido al rubio y ante esta bella invitación comenzó de nueva cuenta a bajar por su blanca piel hasta llegar a ese lugar que lo tenía fascinado, su pecho.
Lo recordaban, lo habían platicado, pero aún así no podían detenerse, el amor se desbordaba por todo su ser y no podían detenerse.
El joven entre los besos que le obsequiaba fue desabotonando poco a poco el bello vestido rojo con blanco que llevaba hasta lograr ver su hermosa piel, blanca y traslúcida aunque no despejó del todo de su ropa y ella hizo lo mismo con él aunque con manos torpes y tímidas él tuvo que ayudarle para quitar su camisa y la besó lo más que pudo, como sus fuerzas se lo permitieron, desde sus pequeñas manos hasta la profundidad de su escote, la tocó como el escultor que va formando una hermosa escultura de Venus, con la delicadeza de quien toca una flor pero con la firmeza para sostenerla entre sus brazos.
Se sentían, sus cuerpos se reconocían una vez más y si hacía frío ese detalle ni siquiera lo recordaban pues sentían el calor que se ofrecían ambos, el joven sentía que ya no podía detenerse, que necesitaba liberar todo su amor por ella y la chica sentía que necesitaba más de él, mucho más allá de lo que hubiera antes permitido… antes de que eliminaran toda barrera entre ellos el suave pero incitante vaivén de sus cuerpos aún vestidos que se hacía cada vez más rápido los tenía al filo de una ola tan poderosa que repentinamente se precipitó sobre ellos llenándolos de gozo y delirio tomándolos completamente por sorpresa. Jamás pensaron que aún sin convertirse en uno sólo llegaran a experimentar algo así pero la emoción fue tal que era inevitable, antes de ser bañados por ese mar de éxtasis se buscaban a los ojos entre sus besos y el joven al ver que la agitada respiración de su amada se veía interrumpida por alguna maravillosa sensación la sola imagen de su preciosa rubia llegando a ese punto sin proponérselo lo hizo vibrar de emoción acompañándola en ese hermoso viaje al cielo tomándola fuertemente de su mano.
Al disminuir la intensidad de las mil sensaciones que revolotearon en sus cuerpos ambos se veían intensamente identificando a conciencia lo que les acababa de suceder.
Cuando ambos recuperaron su aliento el joven le brindó la sonrisa más maravillosa de todas y besándola tiernamente la envolvió en un abrazo pues ella se encontraba totalmente sonrojada por lo que acababa de pasar.
- Te amo Candy, por favor no tengas vergüenzas conmigo, eres lo que más amo en el mundo, gracias por confiar en mí!
En un acto que él no esperaba ella lo abrazó y enterró su rostro en su pecho sintiéndose inmensamente feliz, si él lograba eso en ella sin siquiera tocarla más allá de lo que habían experimentado hace unos instantes entonces estaba perdida con él, y la idea le encantaba, su amor por él no tenía límites y él siempre le mostraba todas sus facetas sin reparos, le daba toda su pasión y ternura, siempre había una palabra para ella, siempre le decía cuán importante era ella para él, Dios, se puede pedir acaso a un hombre mejor? Imposible!
- Mi amor te encuentras bien? – Preguntó el rubio un poco preocupado porque ella no separaba su rostro de su pecho.
- Es que te amo tanto que siento que si te lo digo todo ese amor se desbordaría sin límites, es tan grande lo que siento por ti que con una sola mirada tuya puedo ver el lazo indestructible que nos une, no existen las palabras…
- Así lo siento yo también Candy y lo que acabamos de vivir fue maravilloso, admito que no pensé que fuera a suceder pero…- Había una sonrisa de pudor en su bello rostro - No puedo esperar a que seas mi esposa porque una vez que seamos compañeros para toda la vida no hará falta venir a este lugar, seremos libres de amarnos donde sea… - Su voz sonó tan sugerente y acariciante que a ella se le hizo eterno que llegara el día en vivir todo esto junto a él.
La tarde se pintaba de los colores de otoño, dorado y naranja y la algarabía que había en él animó aún más al grupo de amigos que sin proponérselo destacaban entre los habitantes, una pequeña feria se había instalado en el pueblo y todos corren hacia ahí, había pasado tiempo en el que no salían a divertirse, después de todo eran jóvenes y la alegría natural de su edad pese a lo responsables que eran, se ponía de manifiesto.
- Anthony, ya que estuviste mucho tiempo lejos de nosotros no sabes mucho sobre cómo hacer negocios, así que en todo lo que tengas duda pregúntale al experto aquí – Decía Archie con aires de grandeza, ahora por primera vez le llevaba ventaja a su primo.
- Cuando enfermes con mucho gusto te estaré esperando en el hospital de Chicago para examinarte, pero sí que estaríamos en problemas porque si mal no recuerdo detestas a los médicos – Decía a broma el rubio.
- A mí no me da miedo visitar al médico!
- Ah no? Recuerdo la vez que te escondiste en el desván y la tía abuela te buscó por todas partes porque no querías ver al doctor, jajajajaja faltó poco para que te tuvieran que atar.
- Y yo recuerdo muy bien cuando nos hiciste ir a la cocina a medianoche para comernos el pastel de la tía abuela, hicimos una guerra con el pastel y cuanta cosa encontráramos en la cocina, al final nos quedamos dormidos los tres ahí y tremenda reprimenda que nos dieron al día siguiente! Pero claro, te la sabías muy bien y como siempre tu rostro angelical ayudó mucho para que no te castigaran a ti.
- Jajajajaja lo sé.
- Anthony! Tú les dijiste eso? – Sonreía muy divertida Candy, sabía de lo pícaro que podía ser pero no lo imaginaba tan travieso.
- Bueno…sí – Comentó un poco apenado su novio pero sonriente.
- Candy – Le guiñó Archie el ojo – Para que lo sepas tu novio era todo un líder en travesuras, no te imaginas cuántas hicimos pero como siempre a él solo lo regañaban un poco en cambio a Stear y a mí sí que nos castigaban, haz de saber que en una ocasión se había anunciado una cena muy importante con los mayores de la familia Andley y nosotros teníamos que asistir, la cena iba a ser terriblemente aburrida para nosotros así que a la mitad de ella nos escapamos y nos robamos dos botellas de vino y dulces, apenas teníamos 6 años!
- Robaron la botella de vino? – Candy recordó haber hecho exactamente lo mismo para animar a Annie en el Hogar de Pony.
- Así es, el primero en animarse a probarlo fue Anthony, de inmediato su cara se puso totalmente roja y comenzó a marearse jajajajaja, a nosotros también nos provocó lo mismo pero a él le hizo más efecto jajajaja la tía abuela nos encontró y nos tuvo que llevar a nuestras habitaciones para no avergonzarla frente a los invitados.
El grupo reía a carcajadas ante las travesuras del famoso trío de primos, definitivamente eran peligro andando, quién lo hubiera imaginado con esa cara de ángel.
Candy rió imaginando a su dulce y arrebatado novio de pequeño bajo los efectos del vino y la imagen era además de tierna muy divertida.
- Sí lo admito, pero gracias a mi buena suerte en realidad me castigaron muy poco jajajaja no creo que haya sido lo mismo contigo mi amor.
- Vaya – Dijo Tom muy divertido – Creo que ustedes dos tienen más en común de lo que pensaba! Si a Candy todo el tiempo la estaban retando.
- Tom!
- Pecosa, eres una revoltosa y siempre lo serás – Sonreía alegremente el joven de ojos de cielo.
- Y usted mi querido príncipe ahora sé de lo que es capaz de hacer pero no me convencerá con su dulce mirada, tendré que ser muy precavida o terminaré perdonándotelo todo.
- Ah no? – Clavó aún más sus espejos azules sobre ella.
- …no… - Dijo Candy nerviosa, Definitivamente estoy perdida.
- Jajajaja si yo sólo vivo para hacerte feliz, vamos por un helado? Por cierto Tom, pronto tendremos que regresar a Chicago, qué es lo que vas a hacer?
El muchacho quedó sorprendido por la pregunta directa de Anthony y con un brillo especial volteó a ver a Patty ocasionando que se sonrojara pero que tampoco desviara su mirada de él.
- Bueno yo… Ahora tengo que revisar y preparar las hectáreas que recientemente compramos y…
- Tom, acaso no te dije que me interesaba ver el tema de su granja? – Le dijo con una sonrisa abierta – Tendrás que venir a Chicago para que lo platiquemos con más calma, qué te parece? En un mes, aceptas? – Extendió su mano para estrecharla con la de Tom.
El chico de ojos de miel sonrió – Claro que acepto Anthony, muchas gracias! Patty! Iré a verte en cuanto pueda!
- Qué alegría Tom! – La bella Patty ahora llevaba el cabello largo ahora recogido en una sencilla media cola y lucía más alta y con linda figura femenina, pero siempre irradiando esa sencillez que la caracterizaba.
- Patty… - Ambos se habían tomado de las manos.
- Tom… - A la jovencita le brillaban los ojos de alegría.
- Tom yo pensé que te alegrarías por ver a tus hermanas – Guiñó la ojiverde.
Pero su hermano no respondió cosa que le hizo muchas gracia a Candy y todos sonrieron cómplices y decidieron dejar a esos dos en su mundo un rato.
El alegre grupo caminaba viendo todos los puestos que había en esa pequeña feria del pueblo, ni que decir que Candy siempre golosa y amante de los dulces parecía una pequeña niña cuya mirada se iluminaba ante todo lo que veía frente a ella, el joven sonreía dulce y felizmente de verla tan contenta.
- Candy, si comes más helado te dolerá el estómago y qué razón le daré a mi tío entonces?
- Quién calmará tus gritos si tienes pesadillas eh? Eres una glotona! Jajajaja – Decía Tom.
- Lo siento – Se avergonzó un poco – Es que me apeteció mucho probar este helado de chocolate.
El joven le dijo al oído – Ya estoy sintiéndome celoso de no ser yo quien pruebe tus labios.
- Anthony! – Candy se sonrojó.
Sin que lo notara la pareja que una vez que se veían a los ojos perdían la noción de todo lo que sucediera a su alrededor, un par de jóvenes de cabello castaño aprovechó la ausencia mental de los rubios para decir algo en voz baja y ríen divertidos.
El elegante primo se acerca con la pareja y los interrumpe.
- Anthony, mira ahí dicen que si lanzas los aros y logras atinar tres veces conseguirás ese gran muñeco de peluche, por qué no intentamos obtenerlo para las chicas?
- Y ustedes quieren participar – Sonrió divertido el muchacho adivinando lo que ese par quería hacer.
- Ven con nosotros – Le dijo Archie.
Las tres jóvenes no entendían nada, algo le decía ese par al rubio quien soltó sonora carcajada.
- Está bien, acepto jajajaja – Vaya si este joven médico disfrutaba la vida y su alegría era tan contagiosa para todos.
- Qué ocurre Anthony? – Su novia estaba intrigada.
- Mira mi amor, no te gusta ese enorme oso de peluche que está ahí?
- Es muy lindo!
- No se diga más, será tuyo – Depositó un pequeño beso en sus labios y caminó hacia ese puesto.
- Qué pensarán hacer? – Dijo la joven a lo que se unieron sus dos amigas.
- No lo sé Candy pero creo que entre Archie y Tom quieren hacerle alguna jugada a Anthony, los vi muy divertidos planeando algo – Le explicó Annie.
La rubia suspiró, vaya que su amigo Tom se estaba llevando muy bien con todos.
- Bien, empecemos, si gano harán lo que les comenté.
- Estás muy seguro de conseguirlo no es así amigo?
- Confío en que lo haré.
Anthony se concentró, tenía 6 oportunidades para lograr que 3 aros llegaran a la meta, Candy rogaba al cielo porque lo lograra, no quería imaginar qué clase de apuesta había hecho ese trío.
- Lo lograste Anthony! – Gritó entusiasmada su novia cuando logró que dos aros llegaran al premio.
Sólo faltaba uno más, bien, era la última oportunidad, el joven agudizó sus sentidos y se preparó para lanzar el aro cuando de pronto:
- No me atraparás! – Corrió una pequeña niña de cabello castaño entre risas mientras era perseguida por otra compañera de juegos pero justo cuando volteó su rostro hacia adelante se tropezó con la figura del joven galeno ocasionando que el aro cayera lejos del premio.
El médico ayudó gentilmente a la pequeña niña a levantarse y al ver que se encontraba bien le sonrió y la pequeña un tanto ruborizada corrió con sus otros amigos.
- Lo siento mi amor, perdí – Le dijo con sonrisa resignada. "Se ve tan lindo pidiendo perdón", pensó Candy.
- No te preocupes Anthony, aún hay muchos otros lugares que visitar.
- Lo sentimos mucho querido primo aunque no fue tu culpa pero perdiste, tienes que cumplir tu promesa.
- No pensaba huir de ella – Suspiró resignado y recorrió todo el lugar con su mirada para ver en dónde pagaba su deuda y se le ocurre una idea – Ven Candy! Vayamos a esa rueda de la fortuna!
- Sí pero… por qué ahí Anthony? Qué sucede? – El joven sólo sonrió.
En lo alto de dicho lugar observan las estrellas brillar en lo profundo de la noche, el viento de otoño alejaba las nubes del cielo y las infinitas estrellas parpadeantes adornan el manto azul.
La joven seguía intrigadísima sobre la apuesta pero el joven le sonríe, besa su mano y se pone de pie.
- Qué haces Anthony?
- Algo que en realidad tenía ganas de hacer desde que me enamoré de ti…
El muchacho inhala profundamente y poniendo sus manos en su rostro exclama a los cuatro vientos:
- YO ANTHONY BROWN AMO A CANDICE WHITE ANDLEY!
- Eeeeeeeeeeh? – La chica abrió desmesuradamente los ojos.
Todos en el lugar dirigieron su mirada hacia la rueda de la fortuna, quién había gritado qué? Se percataron que en lo alto había dos personas y más personas se reunieron a su alrededor.
- Anthony!
- YO ANTHONY BROWN AMO A CANDICE WHITE ANDLEY! TENGO A LA NOVIA MÁS HERMOSA Y BELLA DEL MUNDO!
- Pero si era una pareja de enamorados! – Decían algunas señoras, pronto todos rieron ante la graciosa declaración de amor del joven. Cuando el paseo tuvo su final ambos bajaron de la rueda, él muy sonriente tomando la mano de su novia y la pecosa rubia totalmente ruborizada porque todos en el pueblo los estaban viendo y pronto estallaron en aplausos y risas haciendo que ambos se sonrojaran, Candy definitivamente mucho más que Anthony hasta que poco a poco se alejaron del lugar.
No lejos de ahí un divertidísimo grupo de muchachos reía a grandes carcajadas.
- Te lo dije Tom jajajajaja, te dije que lo haría! – Archie se doblaba de la risa.
- Jajajajajajajaja pensé que correría de aquí para no hacerlo! Jajajajaja.
Patty y Annie tampoco podían esconder sus risas aunque claro más discretas que las de los chicos.
La pareja llegó con ellos y Candy se enfureció. – Me las van a pagar! Tom! Estoy segura de que tú urdiste todo esto!
- Jajajajajaja lo mejor fue tu expresión Candy.
- Ahora verán!
La joven se comportaba como una chiquilla persiguiendo a los dos chicos, ciertamente corría muy rápido pero pronto fue alcanzada por alguien que era aún más veloz que ella.
- Te tengo mi pecosa – La cargó en sus brazos y comenzó a aminorar el paso para llevarla de regreso con él – Acaso no te gustó lo que hice?
- Bueno…en realidad sí me gustó – Comentó ruborizada – Pero de todas maneras ese par merece un escarmiento.
- Ya lo creo que sí, pero descuida pronto nos desquitaremos – Le guiñó el ojo – Además lo volvería a hacer.
- Parejita, todos tenemos hambre, Tom dice que nos llevará a un lugar donde venden los más deliciosos hot dogs.
- Enseguida vamos! – Les avisó Anthony – Mira mi pecosa hacia allá…
- Pero si es un carrusel!
- Lo recuerdas amor? – Le dijo dulcemente, cuántos recuerdos tan hermosos en ese día.
- Sí mi amor, cómo olvidar ese precioso día! Fue nuestro primer paseo juntos.
- Pero fue sólo uno, aunque no tardará mucho el día en que volvamos al carrusel con nuestros hijos.
Ella se ruborizó, sí, una vez más. La idea era encantadora, salir de paseo pero ahora junto a sus niños! Era un retrato realmente precioso.
- Quiero que crezcan libres de prejuicios, quiero que sean tan libres como tú mi amor.
- Has pensado en todo eso – Le dijo mientras lo abrazaba y recargaba su cabeza en su pecho con una sonrisa feliz y soñadora – Yo quiero que sean como tú, sí, un pequeño Anthony.
- Pero si tendremos muchos! Pero para eso necesitaremos dedicarnos mucho tiempo tú y yo.
Tres, dos, uno…se ruborizó furiosamente ante lo dicho por su amado novio.
Anthony besó su frente – Te amo y no habrá nada que me haga más dichoso que demostrarte la fuerza de mi amor por ti siempre, en alma, corazón y cuerpo.
- Anthony… - La mirada arrolladora de él la lleva al cielo, amar en todos los sentidos, sí, ellos dos tenían esa conexión única que no podría repetirse con nadie más.
El primo de ojos color miel regresa por ellos suspirando resignado – Vamos tórtolos, todos nos morimos de hambre! – Una vez que se instalaron en el sencillo restaurante, de pronto Candy comenzó a reírse muy divertida.
- De qué te ríes Candy? – Preguntó Patty – Te ves muy divertida.
- Jajaja lo siento amigos pero es que recordé algo realmente lindo pero muy gracioso.
- No me dirás que… - Anthony le sonrió adivinando sus pensamientos.
- Lo siento mi amor pero recordé que por un hot dog casi terminas peleándote con el encargado jajaja.
- Tú Anthony? y eso por qué? – Dijo sorprendido su primo.
El joven suspiró, ciertamente aquello había sido algo muy cómico ahora que lo meditaba.
- Lo que sucede es que mi amado príncipe nunca había probado hot dogs y en una ocasión, cuando participó en el rodeo, fuimos al pueblo, y él pidió un cuchillo y tenedor para comer el hot dog, el encargado pensó que se burlaba de él y desde luego Anthony que se molestó también.
- Jajajajaja primo, si hasta Stear y yo ya habíamos comido en varias ocasiones hot dogs, no lo puedo creer, pediste un tenedor jajajaja
- De no ser por Candy hubiéramos terminado a golpes jajajaja.
- Tienes que salir más amigo o mira en los problemas que te puedes meter.
El grupo de amigos regresa finalmente a la mansión en Lakewood a descansar pero no sin antes haber recibido un regaño de la tía abuela por haber llegado tan tarde pero con la ayuda de Albert quien le pidió a la elegante dama que le ayudara con las invitaciones para un evento en Chicago pues quien mejor que ella para tal labor dejó de reprenderlos. Vaya, aún y con la edad que ahora tenían ella los seguiría corrigiendo como si fueran unos niños, cosa que les pareció divertida a los chicos, sobre todo a sus nietos, en fin mientras no intentara dirigir sus vidas.
Un día antes de su regreso a Chicago, Candy decide dar una caminata por los alrededores de la mansión, su amado Anthony tuvo que quedarse con Albert para comenzar con su proyecto sobre las clínicas para los más necesitados y era consciente de que iba a requerir mucho empeño para lograr inversionistas para su obra por lo que se disculpó con su pecosa y prometió alcanzarla más tarde.
La joven iba en las nubes recordando su adolescencia en ese lugar, no todos eran recuerdos hermosos pero todo había valido la pena por estar con él y ver su deslumbrante sonrisa, pero de pronto escucha un sonido que provenía de los arbustos y voltea rápidamente notando que un pequeño conejo sale corriendo a gran velocidad.
- Qué susto que me di, pero si es un conejito jajaja – La pecosa continuó con su recorrido matinal.
Poco a poco se acerca a la vieja casona que tantos recuerdos a lado de su persona especial había vivido últimamente ahí, nunca hubieran imaginado que en dicho lugar encontrarían el refugio para pasar tiempo a solas, esconderse de los demás y platicar de sus sueños.
Se sonrojó.
- Pero también hemos pasado momentos muy románticos y hermosos aquí, la voy a extrañar pues en Chicago viviremos en la mansión y ahí no existe un lugar como este – Platicaba para sí misma – Anthony…te amo cada día más, cómo quisiera ya ser tu esposa! – Se ruborizó furiosamente – Ese día…ese día descubrí sentimientos que desconocía en mí, eres tan tierno y dulce conmigo que amé esa nueva etapa entre nosotros….
La joven observa un poco más la casa con una sonrisa, estaba a punto de dar media vuelta para emprender su regreso a casa cuando:
- Qué sucede?! – La joven escucha el sonido de hojas que se rompen con algo que parecían pisadas – Hay alguien ahí?
Pero no pasó nada.
Lo escucho otra vez, debe ser Anthony que ya salió de su reunión con Albert, Anthony! – La joven corre un poco hacia donde se escucha el ruido entre los arbustos.
- Aquí estoy Antho…Neil! Qué haces aquí? – Exclamó la joven sorprendida por la inesperada visita.
- Hola Candy – Como siempre con su habitual sonrisa llena de ironía.
- Qué haces aquí?
- Sólo paseaba por este lugar y por lo que veo estás sola no? Anthony se tuvo que quedar en la mansión.
- Cómo sabes eso? Bueno no importa, me voy Neil, adiós.
- Te molesta que sea yo quien apareciera y no él verdad? Te decepcionas por no poder pasar más tiempo con él en esa casa….
- Qué dices? Neil! Acaso nos estás espiando? – Dijo sumamente molesta Candy.
- Jajaja para nada, solo lo sé, está haciendo frío Candy, por qué no vamos ahí y te hago compañía en lo que él llega? Ven…
El malicioso muchacho la toma de la mano y comienza a llevarla hasta la casa.
- Que me sueltes Neil! No entiendes? No voy contigo a ningún lado! – La joven siempre fuerte como solía serlo se deshizo del agarre de él y trató de caminar rápido.
- Espera Candy! Por qué tienes miedo? No voy a hacer nada – La detuvo más fuertemente del brazo.
- Te digo que me sueltes!
- Vamos a la casona, solo te haré compañía.
- Suéltame…!
- Déjala en paz infeliz! – Antes de que ambos pudieran reaccionar Neil sólo alcanzó a ver cómo un puño rápidamente se dirigía a su rostro, el golpe fue tal que rodó entre las hojas secas.
- Anthony! – La joven se alegró por la oportuna llegada de su novio.
- Yo no estaba haciendo nada malo, sólo quería hacerle compañía, sería mejor que cuidaras mejor a tu novia, no es bueno que ande sola por este lugar.
- No vuelvas a ponerle un dedo encima o te atendrás a las consecuencias, me entendiste Neil!? – El gallardo joven lo acribilló con su furiosa mirada azul – No quiero volverte a ver cerca de ella, estás advertido!
- Anthony, por favor cálmate, vámonos de aquí – La joven trató de detener un poco la furia del joven quien en mirada y pose retadoras aún quería golpear al cobarde primo.
- Me las pagarán…! – Neil se alejó corriendo del lugar a toda prisa.
- Desgraciado, si lo vuelvo a ver cerca de ti no me mediré en los golpes que le propiciaré.
- Mi amor, por favor, es Neil, sabemos que es un cobarde, estoy segura de que sabiendo que estoy contigo no se atreverá a molestarme, mejor vámonos y pensemos en otras cosas – Le dijo con la mayor dulzura posible, no quería verlo molesto o preocupado – Por qué no mejor preparamos nuestras cosas? Mañana comenzaremos una nueva vida en Chicago.
El joven aún mantenía su rostro serio y el ceño fruncido observando el camino por donde había corrido Neil, lo que había visto no le había gustado nada, sabía que era un cobarde y rastrero pero, acaso estaba viendo con otros ojos a su novia? Debía estar alerta.
- Amor? – La joven lo observó de nueva cuenta.
- Regresemos Candy, te encuentras bien cierto? – Le dijo con preocupación reflejada en sus ojos.
- Desde luego que sí mi amor! Neil no me asusta para nada, siempre ha sido así – No le quiso contar el incidente cuando Neil con engaños la había llevado a una mansión en las afueras de Chicago y había terminando nadando en el lago para escapar.
- Me alegro que estés bien, lamento haber llegado tarde, sabía que estarías aquí – Le sonrió un poco – Vamos pecosa, comienza a hacer frío…
- Sí, vamos… – Sonrió de inmediato su novia pero de pronto se puso un poco pálida.
- Qué te ocurre amor? Te sientes bien? – Se asustó el rubio.
- No es nada mi amor, sólo me mareé un poco, no he probado alimento.
- Vayamos entonces de inmediato a la mansión, la tía abuela preparó una deliciosa tarta – Le guiñó el ojo – Seguro es lo único que querrás comer – Y como todo un caballero la alzó en sus brazos para conducirla hasta donde estaba su caballo.
- En serio? Una tarta! Qué bien!
El viaje a Chicago transcurrió tranquilo y sin incidentes, los mayordomos entraban y salían de la mansión con largas filas de equipaje a las habitaciones de cada uno de los viajeros para preparar su estancia en dicho lugar.
Anthony y Candy bajan del elegante automóvil tomados de la mano y se paran de pie frente a la gran mansión y la observan antes de entrar.
- Princesa, estás segura de querer vivir aquí? Tenemos nuestros departamentos si quisieras que viviéramos como antes.
- Gracias Anthony pero… aquí están todos los que amo, la tía abuela me lo ha pedido y no podía negarme ante ese gesto bondadoso, tengo a la que considero una familia aquí, estás tú, Albert, Archie y podré ver más a Annie y a Patty también – Sonrió gentilmente la noble rubia.
- Ven Candy! Tengo algo que quiero mostrarte, aunque no sé si ya lo conozcas jajaja – El joven tiró suavemente de la mano de su novia y ambos fueron corriendo a la parte trasera de la enorme mansión.
- A dónde vamos Anthony?
- Mira, arriba de ese árbol – El rubio señaló una linda casa del árbol situada en medio de varios árboles – Qué opinas? Cuando quieras librarte de lo tedioso de la vida en la mansión podemos venir a este lugar, esta fue nuestra casa mientras éramos pequeños y pasábamos mucho tiempo aquí.
La chica sonrió – Stear y Archie ya me habían mostrado este lugar mi amor, recuerdo que me mostraron unos zapatos tan pequeñitos tuyos, fue un día muy feliz.
- Vaya que me perdí de cosas – Lo lamentó el rubio - Este puede ser nuestro escondite ahora que estemos aquí, qué opinas?
- Me parece muy bien, aquí me esconderé para que no me regañen – Guiñó el ojo.
Los días y las semanas transcurrieron muy activas y ocupadas para ambos rubios, inmediatamente el rico heredero se presentó en el Hospital de Chicago para continuar con sus residencias y seguirse especializando como cirujano, dedicando las noches y sus fines de semana para iniciar su otro sueño, lograr construir las clínicas en las zonas rurales y barrios pobres de las ciudades, realmente su tiempo libre era muy poco y éste lo dedicaba siempre a su amada Candy.
Por su parte la joven había regresado también a sus labores al mismo hospital que él, se veían poco y en varias ocasiones coincidían en las cirugías, ambos siempre conscientes y responsables de su desempeño en ellas, pronto lograron un buen equipo como médico y enfermera pues al tener esa conexión especial en sus miradas que los caracterizaba parecían entenderse sin palabras y rápidamente se hicieron fama como un equipo muy eficiente; esto eliminó rápidamente los comentarios de los trabajadores del hospital que pronto se dieron cuenta que eran pareja pues él la acompañaba a comer cuando podía y si sus horarios coincidían se iban juntos a casa tomados de la mano por el jardín del hospital.
- Dios mío, si no llego a tiempo no podré entrar en la cirugía que por primera vez Anthony va a dirigir! – Un alma en pena corre velozmente por los pasillos del hospital sin percatarse de una mirada que la va siguiendo.
De pronto observa a su novio hablar con alguien que está de espaldas y se detiene rápidamente pero antes de que pudiera decir algo:
- Torpe! No has entendido que en los hospitales no se corre? Torpe!
- …..Mary Jane! – Exclamó la joven enfermera – Qué hace aquí? Bueno yo…
El rubio apenas podía contener la risa ante lo dicho por la respetada maestra de enfermeras.
- Vine aquí porque el doctor Andley está solicitando enfermeras para nuevas clínicas y fui referida por el doctor Lennan, chica torpe, cómo es posible que alguien como tú esté en el equipo de cirugía eh?
- No diga eso Mary Jane – Le dijo totalmente sonrojada la ojiverde – Vine corriendo porque…
- Porque se te hacía tarde para entrar a la cirugía no es verdad? Qué atolondrada, doctor Andley, seguro de que quiere a este chica en su equipo?
El joven estaba al borde de la risa pero ante todo su profesionalismo le impidió bromear más con su ya abochornada novia.
- Ella es muy eficiente y especial señorita Mary Jane, creo que usted lo sabe también, admito que a veces llega tarde pero en el quirófano se transforma en una enfermera muy ágil y entregada a su labor.
Para la anciana no pasó el la sonrisa y el brillo en los ojos que ambos irradiaban, además ya había escuchado algo de eso, no faltaba la gente chismosa en el hospital.
- Bien, confío en lo que dice doctor – Sonrió maliciosamente – Pero le sugeriría tener mucho cuidado con ella, es atolondrada, desobediente, respondona y distraída, me encargaré de lo que me solicitó, hasta luego, adiós torpe.
- Mary Jane! – Candy estaba furiosa, la quería mucho pero su humor a veces podía ser bastante pesado.
- Jajajajajajajaja – Reía divertido el joven.
- Anthony!
- Lo siento mucho mi amor, quién iba a decir que ella había sido tu maestra, cómo lograste sobrevivir? Es, definitivamente una persona muy especial pero he escuchado que es muy hábil enseñando enfermería, ahora sé por qué te desenvuelves tan bien, eres una enfermera muy especial mi amor – Y asegurándose que nadie los viera en ese instante le robó un profundo beso a su novia – Vámonos ya o pronto me ganaré la fama de llegar tarde también.
En ocasiones asistían a elegantes fiestas a la que había sido invitada la familia Andley, adoraba ver a su novio vestido elegantemente pero detestaba que las jóvenes de su edad trataran de llamar su atención, descubrió una faceta muy celosa en ella pero él siempre la tranquilizaba y jamás dio pie a ningún malentendido con nadie puesto que siempre la presentaba a todos como su novia y no dejaban lugar a dudas sobre el gran amor que se tenían. Pero el carismático y guapo médico tampoco la tenía fácil, en dichas reuniones varios caballeros de su edad la invitaban a bailar o entablar conversación con la gentil joven de ojos verdes por lo que se quedaba a su lado todo el tiempo, al final después de alguna graciosa escena de celos de parte de ambos reían divertidos dejando sorprendidos a los demás pues era tal la confianza que se tenían que nadie podía hacer que se enojaran entre ellos.
Rápidamente se convirtieron en la pareja favorita de todos aunque eso conllevaba más invitaciones a eventos elegantes y aburridos que a la pareja no le gustaba y a veces a pesar de los sermones de la tía abuela declinaban las invitaciones, sobre todo el joven de ojos azules que no quería y no le gustaba esa vida vana y superflua, además que ambos lo único que querían era tener tiempo a solas.
Pronto sería su primera Navidad juntos y el joven de ojos de cielo sabe que las reuniones y eventos sociales estarán a la orden del día, así que decide darle más bien un regalo significativo a la dueña de su corazón pues sabía bien que no estaba acostumbrada a todo eso y a decir verdad él tampoco pues ahora amaba llevar una vida pacífica y tranquila.
En la víspera de Navidad ambos pasean tomados de la mano por las amplias avenidas de Chicago, pronto comienza a nevar a lo que el joven abraza aún más a su linda novia, sus corazones se encuentra en paz y felices.
De pronto pasan frente a una bella y enrome tienda llena de hermosos juguetes de madera adornada con un gran pino navideño, el lugar era realmente encantador, la joven observa el lugar fascinada, cómo le gustaría que los niños del Hogar pudieran ver todos estos juguetes pero sobre todo disfrutarlos.
- Princesa – Dijo el joven adivinando sus pensamientos – Qué clase de regalos reciben los niños del Hogar en las Navidades?
- La señorita Pony y la Hermana María trabajan muy duro durante esta época – Le dijo con una sonrisa nostálgica – Ellas en muchas ocasiones elaboran las muñecas y reúnen los juguetes que las personas de los pueblos les dan.
- Qué crees que recibirán los niños el día de mañana?
- Supongo que lo mismo amor, cómo me gustaría que pudieran ver todo esto!
- En esta época de invierno resultaría un viaje pesado y riesgoso para los niños venir a Chicago de visita pero, qué sucedería si en su lugar la tienda va a ellos?
- Cómo dices Anthony?
- Sí – Le sonrió aún más – Qué te parecería que la tienda visitara el hogar de Pony esta Navidad?
- Anthony! no me digas que….
- Así es mi amor – Volteó a ver el enorme aparador – Es lo menos que puedo hacer por ellos, es tu hogar y son tus madres, estuve en contacto con ellas para decirles que no se preocuparan por nada, me encargaría de que tuvieran una celebración como realmente lo merecen, ojalá pudiera hacer más.
- Anthony! – La joven abrazó por el cuello a su amado y generosísimo novio – Te amo! Muchas gracias! Se pondrán muy felices! - Decía mientras besaba su mejilla.
El muchacho sonrió dulcemente, adoraba verla y hacerla feliz, bien la conocía como para saber que sus pensamientos se dirigían a lo que consideraba su hogar.
- Imaginas las risas de los niños cuando despierten?
- Sí! Qué felices estarán mi amor! – Continuaron con su paseo mientras ella se aferraba a su brazo y lo veía ensoñada.
- Me alegro mucho mi amor, pero recuerda que he cedido la herencia a favor tuyo, puedes hacer uso de ella como quieras, aunque ya me dijiste que la utilice para mis proyectos.
- Pero amor ese dinero no es mío, sé que lo hiciste para cuidarme pero…
- Nada está escrito Candy y quiero asegurarme de tu bienestar, cosa que no pude hacer antes del accidente pues no tenía aún edad para tomar este tipo de decisiones aunque así lo hubiera querido, eso es algo que realmente lamento.
La joven negó con su rostro – Siempre has cuidado de mí, me has hecho sentir amada y protegida desde el día que te conocí, mientras esté a tu lado no necesito nada más, ahora es mi turno para cuidar de ti, nada me habría gustado más que estar a tu lado después de tu accidente.
El muchacho sonrió gentilmente por las palabras y la mirada de amor que su novia le profesaba, ambos continuaron con su paseo hasta que se llegara la hora para prepararse para la gran cena navideña. Ninguno de los dos esperaría que pronto sus deseos por cuidar de él se harían realidad.
Gran parte de la familia Andley se reunía para la cena de Nochebuena, las largas y elegantes mesas estaban decoradas con los más finos adornos y la vajilla de la más exquisita plata, todo desde luego pulcramente ordenado.
El enorme árbol navideño se elevaba majestuoso en la esquina derecha del salón principal y los candelabros y las luces iluminaban preciosamente el lugar, toda la escena parecía de ensueño mientras que alegres charlas y risas se escuchaban al fondo mientras la elegante y romántica música amenizaba la ocasión.
En la mesa principal se encuentra desde luego Albert al frente y a su lado la tía abuela, seguidos de Anthony y Archie, con Candy y Annie a lado suyo, Patty había regresado a Inglaterra para celebrar la Navidad junto a sus padres pero había prometido volver a la brevedad. Incluso los padres de Annie celebraban junto a los Andley en esa ocasión, aunque los rumores del origen de la delicada joven ya se sabían y no era precisamente del agrado de los padres de Archie, pero él siempre como un caballero defendió a capa y espada a su novia y fueron invitados.
La joven rubia al inicio se sintió un poco fuera de lugar ante la gran gala que se celebraba pero su gracia natural la hizo salir airosa en todo momento siempre contando con el apoyo de Anthony; después de bailar un rato en un momento de picardía el joven la lleva cerca del árbol navideño y le dice que mire hacia arriba.
- Creo que debemos seguir la tradición mi amor.
- Pero si es…un muérdago! Anthony pero nos van a ver!
- Y qué hay de malo con eso? Somos novios y todos lo saben.
- Está bien pero…que sea rápido – Dijo con las mejillas levemente sonrojadas.
La joven vio hacia todos lados y le dio un beso muy rápido, demasiado rápido para él.
- Ven Candy, tengo algo que mostrarte – Le dijo entusiasmado.
- A dónde vamos?
- Sssshh, a nuestro mundo, ven – Extendió su mano para ella.
Dorothy que ya sabía del plan del joven les abrió la puerta que daba a la enorme cocina y salieron huyendo por ahí, desde luego precavido como era él, había puesto sus abrigos y botas pues iban a salir de la mansión.
- Mira Candy, está nevando.
- Parecen pétalos de rosas!
- Incluso en invierno hay rosas. Ven pecosa…
Gran parte de los alrededores de la mansión eran iluminados por las luces de la casa que gracias a sus enormes ventanales permitían que la luz se filtrara hacia el jardín.
Caminaron por la nieve hasta llegar a un gran árbol iluminado por muchas luces y en medio de sus enormes ramas brillaba cálidamente la pequeña casa de madera.
- Pero si es la casita del árbol! Está hermoso! Pareciera que miles de estrellas habitaran en él!
- Te gusta pecosa?
- Es precioso mi amor, realmente hermoso.
- Subamos – Y con cuidado ayudó a su amada dama a subir hasta llegar a la casita.
La vista era realmente acogedora, un pequeño árbol navideño, hermosas velas por todos lados y en medio un enorme ramo de rosas Dulce Candy.
Al ver todo eso la vista de la noble joven se nubló, nunca nadie había preparado tantas cosas tan hermosas para ella como lo hacía él: regalarle momentos memorables que duran para toda la vida.
- Mi amor te gusta? Fue difícil pero logré que estas Dulce Candy sobrevivieran al invierno en un invernadero que conozco en Chicago, son para ti, Feliz Navidad pecosa, es nuestra primera Navidad juntos.
- Yo… - La joven agachó su rostro, no, no iba a llorar! Si lo que sentía era más bien felicidad infinita por estar con él.
- Pecosa te encuentras bien? – Le comentó preocupado y levantó con cuidado su bello rostro.
La joven sollozó un poco y lo abrazó fuertemente.
- Pero, qué te sucede pecosa? Por qué lloras? Dímelo por favor.
- Es que…el regalo más maravilloso de todos ha sido que la vida me haya devuelto a mi Anthony! Si no nos hubiéramos visto en el Hogar habríamos vivido separados el resto de nuestras vidas, la sola idea me parece terrible pero estás aquí Anthony!
- Candy… - La noble mirada azul del joven también se nubló – Gracias a ti tenía un motivo por el cual regresar después de esos seis años solo, fue tu voz la que me trajo de vuelta con ustedes, para mí tu eres también el mejor regalo de todos, te amo pecosa.
- Y yo a ti Anthony – Un par de lágrimas corrían por sus mejillas antes de fundirse ambos en un suave beso, entregado y lleno de amor.
- Quería que tuviéramos nuestra propia celebración mi pequeña llorona – Le dijo mientras le daba una Dulce Candy.
Ambos se sientan en un hermosa y suave manta que los protegía del frío y observan en silencio a la nieve caer afuera del árbol, las velas las hacían lucir con pequeños destellos dorados que flotan en el viento.
- Por siempre juntos.
- Siempre Anthony – Juntan sus frentes acercando poco a poco sus rostros guiados por el magnetismo chispeante y arrollador que siempre los envolvía cerrando poco a poco sus ojos hasta unir sus labios en el beso más entregado que pudieran darse.
El día de Navidad fue de gran alegría para todos, Candy sin duda fue quien más regalos recibió de todos pues todos la amaban a su manera, pero siendo como era lo que más apreció fue el gesto amoroso con que lo hicieron, incluso la tía abuela le obsequió un exquisito vestido beige con detalles en verde esmeralda que realmente la hacían lucir como toda una princesa.
Pero pese a todos los desvelos, Anthony fue requerido en el hospital para asistir en una cirugía importante al día siguiente de Navidad por lo que salió de la mansión desde muy temprana hora, la tía abuela como siempre dijo que él no había nacido para recibir órdenes y un Andley dirigía su agenda como mejor le pareciera pero la respuesta del joven fue simplemente que tenía que cumplir su deber como médico el cual era curar a sus pacientes y para esto no existían horarios así que disculpándose con todos se dirigió a la clínica.
Después de la operación el joven galeno con su uniforme médico bebía una taza de café mientras observaba el nublado paisaje en la entrada del hospital, dentro de poco terminaría su turno y podría regresar a casa.
- Doctor Andley! Doctor Andley!
- Qué sucede señorita Johnson?
- Ha habido un terrible accidente cerca del lago Michigan, estarán trasladando a los pacientes a este hospital pero son varios los heridos y debido al mal tiempo es difícil el traslado y puede ser que muchos requieran la atención básica inmediata.
- Cuántos doctores de guardia hay el día de hoy?
- Realmente pocos, y si consideramos que se tendrán que quedar unos aquí para recibir a los heridos y atender a los enfermos en el hospital….
- Está bien, me dirigiré de inmediato hacia allá, esas personas necesitan toda la ayuda posible!
El traslado hacia el lago fue realmente lento, el clima no parecía ayudar al joven pues el día era húmedo y la temperatura estaba descendido bastante, cuando lo pensó vio que sólo había salido corriendo con su uniforme sin ningún abrigo encima; pero finalmente logró su cometido y llegó al lugar: una familia que vivía cerca de ahí había decidido visitar el lago pero su carruaje chocó con un coche que iba a considerable velocidad por lo que todos salieron disparados de su vehículo.
Rápidamente revisó a los heridos, dos de ellos estaban inconscientes pero vivos y respiraban bien, había esperanza! A otro tuvo que ponerle una improvisada tabla de madera en la pierna rota en lo que conseguían quien lo trasladara al hospital.
- En dónde está Timothy? – Gritaba una mujer – Timothy! Timothy!
- Qué sucede señora? Faltan más personas?
- Es mi hijo, tiene 8 años pero no sé en dónde está!
El joven volteó hacia todos lados hasta que dio con el niño pero su sangre se congeló pues había caído al helado lago y sólo su brazo salía del agua.
- Señora! Reúna las mantas que quedaron dispersas! Y acérquelas a la fogata!
- Tim! – Sollozó la mujer.
Ni siquiera lo dudó por un instante, sencillamente avanzó lo más que pudo sobre la superficie de hielo del lago hasta llegar a la parte en que éste se había hecho pedazos.
- Resiste Timothy! Voy por ti! – Se dio cuenta que la única forma de llegar con el niño era definitivamente nadando hacia él.
Nadó con todas sus fuerzas pues la corriente del agua era rápida y tuvo que sumergirse cerca del lugar donde había visto al niño por última vez, buscó frenéticamente por debajo del agua su figura hasta que dio con ella, trató de hacer caso omiso la sensación de agujas que se clavaban en su cuerpo con esa agua tan helada y nadando contra corriente llegó después de varios intentos a la orilla y cargó al niño en sus brazos hasta llegar a la fogata.
- Tim!
Anthony acercó al niño a la fogata y de inmediato y con cuidado quitó sus ropas mojadas para envolverlo con las pocas mantas que tenían, revisó sus signos vitales e hizo que el niño arrojara el agua que había tomado, finalmente despertó y comenzó a llorar para alivio de todos; el joven le dio paso a su mamá para que lo reconfortara y le diera más calor.
Aún trataba de recuperar el aliento pero pronto el inclemente frío en su cuerpo mojado comenzó a hacer estragos en él y recorrió el lugar pero lamentablemente no encontró con qué cubrirse por lo que se sentó junto a ellos lo más cerca que pudo de la fogata.
Candy ya había sido informada del accidente e incluso había recibido a uno de los heridos, la jefa de enfermeras le informó que el doctor Andley se había dirigido al lugar del accidente cosa que no le extrañó a ella pues lo conocía muy bien y ya lo esperaba ansiosa para agradecerle su valiente gesto.
- Candy! Nos están avisando que una persona viene muy mal, tiene hipotermia, por favor avisa a los encargados que preparen todo para hacerle entrar en calor lo antes posible.
El corazón le dio un vuelco a la enfermera de ojos verdes.
- Quién es esa persona Natalie?
Es joven, sólo nos dijeron eso.
La joven comenzó a caminar de un lado a otro, por qué no sabía nada de él? Por qué no lo había acompañado en la mañana así hubieran ido juntos al lago?
Iba caminando por el pasillo principal del hospital cuando ve a un médico y dos enfermeras llevando a un paciente en camilla, detrás de ellos ve a Anthony y corre para saludarlo, sintió un gran alivio cuando vio que había regresado bien.
- Anthony! Estás bien? ...Dios mío! Anthony! Estás pálido y tu ropa húmeda! Y ese abrigo? – Se espantó terriblemente la rubia – Qué sucedió?
- No te preocupes Candy, enseguida voy a cambiarme de ropa, el niño que llevaban ahorita cayó al lago y tuve que nadar hacia él para salvarlo, afortunadamente salimos a tiempo.
- Doctor Andley – Comentó un colega suyo – Será mejor que termine por hoy, ya hizo mucho, le agradecemos pero necesita descansar.
- Gracias pero estoy bien, enseguida vuelvo.
Candy observa el paso ligeramente cansado del joven, no pasaba desapercibida su palidez.
Después de sentarse unos momentos y tomar una taza de café para agarrar nuevamente calor, el joven se dispone a seguir su rutina, le preocupaba que el pequeño niño se enfermara por la exposición al frío.
- Mi amor, será mejor que descanses, aún sigues pálido.
- Gracias pecosa pero ya sólo faltan dos horas para terminar mi turno, además era lo que menos podía hacer no lo crees? – Le sonrió.
Después de un rato Candy lo busca nuevamente pero esta vez lo encuentra tosiendo un poco.
- Anthony! Estás tosiendo, será mejor que te revisen, lo que hiciste fue muy peligroso!
- Estoy bien pecosa, quizás sólo me resfríe un poco.
- Pero…
- No te preocupes Candy.
Vaya si era terco en algunas ocasiones.
- Cómo puedes decir eso! Estoy muy preocupada por ti! No te ves nada bien! Por qué no te vas a descansar?
- Debo cumplir con mi deber amor.
- Pero qué testarudo que eres! – Gritó Candy por primera vez a su rubio aunque después se arrepintió – Tienes que descansar Anthony!
Al principio el joven abrió los ojos de par en par muy sorprendido por la reacción pero después sonrió.
- Pecosa, es la primera vez que peleamos y todo es porque estás preocupada por mí, perdóname está bien, sólo lo haré si eres mi enfermera personal.
- Perdóname Anthony – Le dijo apenada – Pero es que ahora en lugar de pálido veo tu rostro sonrojado, me parece que tienes fiebre.
Ambos se fueron directamente a la mansión y el joven sin explicar lo sucedido se dirigió a su habitación directamente dejando a todos preocupados.
- Candy, qué le sucede a Anthony? No parece el de siempre – Se preocupó Albert.
- Tiene fiebre Albert…lo que sucede es que…. – La rubia le explicó el acto heroico del joven de ojos azules haciendo que el ceño de su amigo se intensificara más, su sobrino siempre había sido así, impulsivo y no medía las consecuencias algunas veces.
- Le pediré a nuestro médico que venga, me alegro que todo haya salido bien pero será mejor estar preparados, está haciendo demasiado frío y él permaneció así en la intemperie por mucho tiempo.
Al día siguiente Candy se levanta muy temprano para ver cómo se encontraba su novio cuando lo ve cerca de las escaleras preparándose para ir al hospital.
- Pero Anthony! Debes descansar aún!
- Descuida amor, estoy bien – Aunque su sonrisa se veía más apagada.
Candy le dijo que se enojaría nuevamente con él si iba y pensó en ir con Albert para ayudarle a convencerlo pero cuando bajaban las escaleras cual fue su impacto al ver al joven que yacía en el piso inconsciente.
- Anthony! – Gritaron ambos y avanzaron rápido con el.
- Anthony! Anthony! despierta! – Gritaba Candy.
- Respira agitadamente Candy y mira, tiene muchísima fiebre!
Pronto los habitantes de la mansión supieron de la situación del joven, la tía abuela demostraba su preocupación enojándose pues lo que había hecho decía ella había sido tonto.
- Qué es lo que tiene doctor? – Preguntó la dama.
- Me temo que es neumonía señora Elroy, y una muy fuerte, esperemos…que la supere.
- Qué dice? Tan mal está doctor? – Se espantaron todos terriblemente, estaba en tan inminente peligro? Nuevamente la idea de perderlo se clavó en sus mentes.
- Anthony…. – Las lágrimas comenzaron a caer del rostro de la muchacha, el temor de no verlo más se hizo latente en su corazón, no…no no no, esta vez se iba con él.
- Candy – Albert la tomó de los hombros – Eres enfermera cierto? Él te necesita, sé que será difícil pues lo amas pero tienes que mantener la entereza.
- Albert…
- Es joven y muy fuerte, estoy seguro de que lo superará – Les dijo el médico – Pero estas primeras horas son vitales para que la enfermedad no avance.
Candy entró en la habitación con cuidado, jamás había visto a Anthony así y el hecho le dolió en el alma, era tan bueno que prácticamente había dado su vida por el niño, si ella hubiera estado en su lugar lo habría hecho también, pero no merecía lo que le estaba sucediendo!
- Lo siento mi amor – Le sonrió y trató de sentarse en su lecho.
- No Anthony no te esfuerces! – Corrió hacia él para recostarlo nuevamente en su cama – Tienes que prometerme que te cuidarás sí?
- No llores pecosa, no estoy tan mal como el doctor dice, qué no soy médico yo también? Yo… - Un fuerte acceso de tos le impidió hablar.
- No sigas por favor, el doctor ha dicho que tienes neumonía – La joven comenzó a acomodar sus almohadas, procurar que estuviera cómodo, revisó que la calefacción estuviera encendida y dedicó sus esfuerzos para bajar su fiebre.
Después de varios intentos del joven para que no hiciera todo eso pues decía que no hacía falta finalmente tuvo que acceder ante la petición insistente de la gentil rubia, había demostrado ser un paciente un tanto testarudo pero al final sabía que lo que ella decía tenía razón y aceptó cooperar.
Por la noche la fiebre nuevamente hizo presencia en el joven Candy les prometió a todos que ella lo cuidaría toda la noche, si lograba que pasara bien la noche con seguridad la recuperación sería rápida.
- Candy, él estará bien verdad? – Preguntó un angustiado Archie – No puede pasarle nada malo, no después de lo que hizo.
All my life so many times (En toda mi vida cuántas veces)
I have dreamed that I could fly (He soñado que puedo volar)
Like a bird so proud and free (Como un pájaro libre y orgulloso)
Where there are no boundaries (A un lugar en donde no existen los límites)
Soaring through the endless blue (Elevándome a través del infinito azul)
If dreams came true (Si tan solo los sueños se hicieran realidad)
- Archie… no, no lo permitiré.
- Tiemblo ante la sola idea, por favor si necesitas ayuda dímelo, estaré en mi habitación aunque no creo que pueda dormir, Stear, hermano, por favor ayúdanos.
- Tendré que avisarle a Vincent de esto urgentemente, Candy, Archie, confiemos en que todo esto pasará pronto – Albert se retira pero en cuanto da la vuelta su rostro se torna sumamente serio.
La cruel realidad llegó como un tren arrollando la mente de ella y de quienes le querían, hace unos días estaban bromeando y ahora parecía que toda la felicidad había sido sólo un sueño efímero que amenazaba con romperse en mil pedazos. El cielo nublado y amenazante se extendía sobre la mansión y la luz que había llegado a sus vidas inesperadamente parecía que duraría lo que la luz de una bella luciérnaga en verano.
El joven lo estaba pasando realmente mal aunque no lo decía, no respiraba bien y la fiebre estaba haciendo estragos pues comenzó a temblar pese a que contaba con varios cobertores encima pero no quería preocuparla. Perdóname pecosa, nuevamente te hice una promesa pero .… siempre estaré contigo.
I would spread my wings out wide (Extendería mis alas de par en par)
Let the wind song lift me high (Y dejaría que la canción del viento me impulsara)
Feel the breeze as it caressed my face (Para sentir la brisa acariciar mi rostro)
And my cares just drifted away (Y mis preocupaciones se alejarían)
In my heart of hearts I know (En mi corazón sé)
I have been there once before (Que he estado antes aquí)
Close my eyes and in a moment's time (Cierro mis ojos y en un instante del tiempo)
I would find the joy I knew (Encontraría aquella alegría que conocía)
If dreams came true (Si tan solo los sueños se hicieran realidad)
La joven sentía su corazón latir con fuerza pese a tratar de mantener la calma mientras él dormía o ella pensaba que dormí y caminaba por toda la habitación, revisó en varias ocasiones el fuego de la chimenea, revisó su cama, se sentaba pero inmediatamente se ponía de pie, estaba muy angustiada y el temor se hacía cada vez más latente.
Far above the world I'd fly (Lejos del mundo volaría)
Shining wings against the sky (Las alas brillan en el cielo)
Where the air is fresh and sweet (En donde el air es fresco y dulce)
And at last I'm free (Y finalmente soy libre)
Oh, how gracefully I'd climb (Oh, qué graciosamente subiría)
Through the clouds into the light (A través de las nubs hacia la luz)
To a place that's bright and new (A un lugar que es nuevo y luminoso)
If dreams came true (Si los sueños se hicieran realidad)
- Anthony… amor, no me dejes por favor, no después todas estas nuevas promesas que hemos hecho…recuerdas que apenas hace dos días mientras veíamos la nieve caer prometimos estar juntos por siempre?
Se acercó a él para cerciorarse que respirara, tocó su rostro y el miedo se apoderó de ella llevando sus manos instintivamente hacia su boca para ahogar un grito. Estaba frío, muy frío.
- ….Anthony – De sus labios el sonido casi imperceptible de su nombre solo pudo ser escuchado por ella misma.
Ecos del dolor vivido años atrás brotaron en su corazón, no ahora, no ahora que ella pensaba que….
Gazing at the distant sky (Observando el distante cielo)
Have you dreamed that you could fly (Alguna vez has soñado que puedes volar)
Felt the breeze as it caressed your face (Alguna vez has sentido la brisa acariciar tu rostro)
And your cares just drifted away (Y tus preocupaciones alejarse?)
In my heart of hearts I see (En mi corazón me doy cuenta)
This was always meant to be (Que así estaba destinado a ser)
Close your eyes and with your hand in mine (Cierra tus ojos y toma mi mano)
I would fly away with you (Volaré contigo)
If dreams came true (Si tan solo los sueños se hicieran realidad)
- Amor …. – Sus ojos esmeraldas se encontraban inundados de cristalinas lágrimas a punto de desbordarse en un torrente que nada ni nadie podría detener nunca más – Amor….
Aturdida por el dolor y con su mente a punto de evadir la realidad se acuesta a su lado frente a él y lo abraza con todas sus fuerzas, como si quisiera que la llevara a donde él estuviera, el crujir de la chimenea se escucha en la oscuridad de la habitación, es el único sonido que da vida en la mitad de la noche y la nieve cae por la ventana que es iluminada por la luz de la luna.
Far above the world we'd fly (Lejos del mundo volaríamos)
Shining wings against the sky (Nuestras alas brillarían en el cielo)
Where the air is fresh and sweet (En donde el aire es fresco y dulce)
And at last we're free (Y por fin seremos libres)
Oh, how gracefully we'd climb (Oh, qué graciosamente subiríamos)
Through the clouds into the light (A través de las nubs hacia la luz)
To a place that's bright and new (A un lugar que es nuevo y limunoso)
If dreams came true (Sin tan solo los sueños se hicieran realidad)
Un amor que había vencido a la propia muerte se enfrenta una vez más al cruel y fatal destino, la vida se extingue a cada segundo que pasa como la luz de una vela que poco a poco se apaga, en ese instante el péndulo del reloj da su campanada final a la batalla librada.
- De aquí a la eternidad, tuya soy…
