Capítulo 9: El celo de una hembra.
Hola hola!... Como va?... Volví, pero en forma de misterio y tratar de saber que carambas paso ayer!... jejeje
Bueno, les dejo cap nuevo de esta historia, espero que les guste!.
La verdad, esta historia, que al principio no me gustaba, me terminó por atrapar, espero que sea de su agrado. Las quiero, nos vemos muy pronto!
#TiaLuxia
[...]
Domingo 20:30 hs.
Vegeta abrazo con fuerza el suave cuerpo de su hembra. Estaba convencido que era una etapa del celo.
La protección.
Era común en el macho saiyajin, proteger y resguardar a su hembra cuando estaba en celo y querían concebir.
Los hombres suelen estar encima de la mujer todo el tiempo y no la dejan ni para luchar. Una vez que la descendencia estaba en el útero femenino, el macho se tranquilizaba y la dejaba más tranquila, pero aún así, siempre vigilandola y estando pendiente.
Se sentía un animal, pero no podía evitar esos comportamientos y cada vez, se hacían más grandes.
Él apretaba su cuerpo firmemente, como si no quisiera que nadie la tocara, estaba al acecho con cualquier cosa que intente mirar siquiera a Bulma y aunque estaban en el aire, volando en silencio, por su mente pasaban aquellos pensamientos extraños de sobre protección.
Bulma apoyó su cabeza en el pecho de Vegeta y suspiro tranquila. Tenía una armonía distinta, algo le decía que estaba en un lugar seguro y que jamás podría pasarle nada malo mientras estuviera allí.
Cerró los ojos con odio. Se estaba volviendo loca. Jamás creyó sentir esa necesidad tan grande de tener a Vegeta a su lado. Debía disipar esas ideas.
Minutos antes, había hasta sonreído con la idea de tener a Vegeta para siempre, pero eso, estaba mal. Él no era él hombre que ella debía querer, era malo, orgulloso, muy frío.
Él no era ni siquiera terrícola, lo que la llevaba a pensar, que en cuanto todo aquello de los androides termina, él se iría lejos al espacio.
Sin pensar, que si algo malo le pasaba a Goku, él quizás intente aprovechar la situación y destruir su planeta.
Pensamientos oscuros se le cruzaban por la mente. No, no podía pasar. Ella no podía tener un bebé con ese hombre, a pesar de desearlo tanto, se convenció que aquel instinto maternal, sólo era producto de la situación, que lo mejor era olvidar aquello y tratar de deshacer todo lo ocurrido.
Apretó sus párpados con fuerza, cuando las lágrimas salieron de sus ojos sin permiso.
Vegeta bajó la mirada, cuando sintió aquel suave liquido saldo golpear su nariz. La miró despacio y sin saber porque, la apretó con más fuerza. Tratando de demostrarle que él la protegería de cualquier cosa que ella tema.
Que él ahuyentaría cualquier persona que intente acercarse a ella. Por que Bulma ahora le pertenecía, como si él celo solo hubiese sido un empujón de algo que ya sentía en su alma y no podía dejar ver.
Sonrió sin querer. Era verdad. A él le gustaba la humana de hacía mucho tiempo, de aquel día cuando la vio en la cama con fiebre y entre sueños lo llamaba.
Su corazón golpeó con fuerza, cuando lo miró entre dormida y sonrió. Ella no se había enojado porque él entró a la habitación sin permiso. No, ella sonrió y le pidió que se quedara cerca, que él la completaba totalmente.
Si, fue ese día cuando se dio cuenta que si la mujer tenía alguna dolencia, él simplemente se pondría eufórico, moriría con ella.
En ese preciso momento, supo que aquella mujer era digna de entender sus señales, sus sentimientos escondidos. Ella sabía todo de él y él no tuvo necesidad de decírselo con palabras, con un simple roce, ella sabía todo.
Ella lo merecía, ella se lo había ganado, así como él se había ganado estar en presencia de ella y ver aquella sonrisa hermosa que lo derretía en secreto.
Apoyó su cabeza en el cuello de Bulma y exhalo su aroma. Era escandalosamente exquisito, como ella.
Levantó la mirada y mientras detenía su vuelo, la miró a los ojos.
-Yo voy a protegerte…
Bulma desvió la mirada, no quería encontrarlo, no quería verlo, no quería morir de amor por ese hombre.
Toda aquella situación, era impulsada por un instinto, Vegeta no quería nada con ella en realidad y ella debía separar las cosas.
Lujuria contra el amor. Ella debía separar los términos.
-Ya llegamos?...
La peliazul cambio de tema rápidamente, fingiendo no escuchar lo que Vegeta decía. Miró hacía abajo y se asombró por completo.
Vegeta notó el cambio de actitud de la mujer, pero no dijo nada.
-Es aquí, según me dijiste…
Sin decir absolutamente nada, aterrizó despacio y miró hacía delante. Levantó una ceja incrédulo y miró a Bulma.
-Qué es esto?...
La científica se apartó rápidamente de los brazos del hombre, era obvio que estaba sintiendo una hermosa calidez, pero lo más sano era detener aquel sentimiento.
Tomó aquella cartera que había logrado dejar fuera de la nave y busco una especie de brújula que marcaba coordenadas.
La miró fijamente, pues está le decía que estaba en el lugar correcto, según el mapa escrito por su madre.
-No puede ser… se supone que es un pantano…
Vegeta la miró y observó el lugar. Era como un hermoso bosque lleno de árboles, un lago con agua cristalina y hermosas flores que adornaban el sitio.
-Es broma?... De verdad esto en un pantano?... Pues no es como lo imaginaba…
Bulma se giro y observo a Vegeta. El hombre tenía razón, eso no se parecía nada a un pantano o por lo menos el que ella había soñado.
Sacudió con fuerza su brújula, pero esta le volvía a indicar que estaba en el lugar correcto.
-Es aquí… Mi brújula es nueva, no tiene fallas… No lo entiendo….
Vegeta tomó de la mano a Bulma sin darse cuenta y comenzó el camino por el sendero.
-Aquí parados no encontraremos nada. Entremos al supuesto pantano y veamos que hay…
Bulma sintió su corazón explotar. Era increíble como cada roce del hombre la ponía tan mal, tan dichosa, tan feliz.
Sacudió sus pensamientos y dejó que Vegeta la llevara con él. Comenzaron el camino, pasando por un hermoso sendero lleno de flores amarillas, que se mecían delicadamente con el viento nocturno.
Había unos pequeños faroles colgados de los árboles que alumbraban el camino, como una historia de princesas que las mamás les contaban a sus hijos antes de dormir.
Recorrieron el lugar con la mirada, tomados de las mano y Bulma notó una calma extraña.
Miró a Vegeta que iba delante de ella como un escudo y sonrió. No entendía, pero él lugar le daba una calma agradable, como si ese era el lugar perfecto en todo el mundo.
Cerró los ojos y se dejó llevar, sin prestar atención a nada más que al hermoso saiyajin que la sujetaba con fuerza y le demostraba una extraña protección.
Vegeta no giro, no podía mirar a Bulma, aunque moría por descubrir sus expresiones. Pero estaba calmado y quería seguir en ese estado.
Siguió el camino en silencio, mientras apreciaba la hermosa vista. Giro hacia la derecha y justo por arriba de la laguna, unos pequeños insecto que tenían luz, danzaban pausadamente.
Bulma abrió los ojos y observo también aquellos pequeños bichitos y sonrió. Hacía tiempo que no veía un insecto de luz y los recuerdos de su niñez se hicieron presentes.
Ambos estaban juntos y cálidos, como si fueran a una hermosa cita de sueño, teniendo un romance adolescente, un hermoso amor correspondido.
Vegeta no soporto la falta de aire, pues el viento lo dejaba sin respirar por tanta tranquilidad. Se detuvo un instante y despacio se giró sobre su eje, mirando a los ojos a Bulma. Su corazón golpeaba con violencia, con necesidad.
La peliazul se detuvo, lo miró tranquila, sin entender porque, ambos se sonrieron y de la nada, Vegeta se acercó a aquella mujer que tan loco lo tenía y la beso con toda la ternura que puso.
La científica se sorprendió ante el acto inesperado, pero sin saber porque, abrazó a Vegeta por el cuello y correspondió tiernamente.
El cuello de la mujer comenzó a arder nuevamente, pero Bulma notó que está vez era distinto, como si él dolor se hubiera ido y sentía una calidez extraña, suave, linda.
Volvió a apretar con fuerza el cuello de Vegeta y lo acercó más a su cuerpo, dejando que él hombre la tomara de la cintura con suavidad, pero muy posesivamente.
Sin entender porque, Vegeta levantó a Bulma en el aire y la apoyó sobre su pecho, sin despegar sus labios de los de ella.
Se besaron como jamás lo habían hecho, era la primera vez que lo hacían de manera dulce y sin desesperación.
Se estaban transmitiendo sentimientos extraños, ocultos, aquellos que cada uno había guardado en lo más profundo de su interior.
Bulma levantó la cabeza y miró los ojos de Vegeta. Estos estaban dilatados, pero no parecían los de una bestia. Eran extraños, pero se notaba bastante.
Vegeta la miró lleno de paz, los ojos de ella también estaba dilatados y desprendía un aroma exquisito, sin embargo, no era aquel olor que siempre lo hacía perder, era diferente, como un pequeño cristal hermoso que debía cuidar hasta la muerte.
No entendían que ocurría, pero el viento sopló con suavidad, erizando la piel de la científica, haciendo que Vegeta explote por dentro, viendo el cabello cubrir su nariz y desafiando a amarla hasta la muerte.
La volvió a besar sin pedir permiso mientras la mujer le volvía a corresponder. Era como una hermosa novela de amor, donde ambos solo querían estar con él otro y si el mundo explotaba, no le importaba mientras estén en los brazos del otro.
Se separaron cuando escucharon un ruido extraño. Vegeta dejó a la mujer nuevamente en el suelo y se giró para ver qué era aquello que se movía en los arbusto.
Bulma apretó el brazo de Vegeta completamente desestabilizada. algo extraño le estaba pasando en su interior.
El fuego se propagó y su corazón latía con más velocidad. Vegeta seguía mirando hacia el costado sin darse cuenta del estado de la mujer, cuando noto que un hermosos conejo blanco escapaba de algo, tranquilizó su pecho.
Algo le decía que debía estar alerta, a pesar de estar en un profundo sueño dulce, su instinto estaba activado y debía proteger a su hembra de cualquier cosa.
Tranquilo de que no había ningún peligro, se giró y buscó los ojos de la mujer, cuando su respiración se entre corto, al ver la expresión de Bulma.
-Que… que pasa?... Mi hermosa princesa, que te ocurre?...
-Vegeta…
Bulma sintió las rodillas que cedían y si no hubiera sido por los reflejos de Vegeta, seguro impactaría en el suelo.
El hombre la tomó con rapidez y la abrazó con fuerza. Camino fuera del sendero y se recostó en un árbol enorme de manzanas.
Se sentó en el suelo y posó a Bulma sobre su regazo. Tomó su mentón y la acarició despacio.
-Bulma… que te pasa?... Qué ocurre?...
-No se… me siento extraña… quiero… Vegeta… quiero que me hagas el amor…
El saiyajin comenzó a sentir un fuego extraño en el pecho. Lo entendió, lo compendio, Bulma había entrado en celo.
Bajó la mirada y vio su cola casi negra por completo. El ciclo se estaba completando. Cuando la hembra entra en celo, era el momento de concebir a su hijo. La cola le mostraba el tiempo y las etapas a pasar.
Apretó con fuerza su puño. Él quería hacerlo, estaba tranquilo y listo para dejar a su hijo en el vientre de su mujer, pero muy en el fondo sabía, que eso no era lo que Bulma quería.
Ella estaba decidida a deshacerse de todo aquello y dejarla embarazada no estaba en los planes de la mujer. Si él accedía a su pedido y se rendía a los instintos, ella lo iba a odiar para siempre.
La tomó de la cintura y se puso de pie rápidamente. La miró y trató de calmarse.
-Bulma… Estas… estas en celo… El celo de la hembra es la llamada para el macho… el celo de la mujer es para declarar la llegada de la … -Vegeta cerró los ojos tratando de calmarse y trató de pensar en otra cosa. -Voy a preñarte si te toco ahora… Cálmate… no podre controlarme mucho tiempo….
Bulma sonrió sin querer. Estaba como somnolienta, con los ojos caídos y desprendía un aroma extremo.
-Hagamos un bebé entonces…
La mujer se acercó al príncipe y trató de besarlo, pero Vegeta la sostuvo de los hombros mientras su cuerpo temblaba.
-Bulma… no quiero que me odies… pero ya no tengo fuerza de voluntad… Tu olor me está matando y no se cuanto tiempo dejaré de resistirlo…
La mujer estaba completamente ida del lugar, ajena a las palabras del hombre que la había marcado.
su vista estaba nublada y no comprendía las palabras que llegaban a sus oídos. Era como un animal muerto de sed y que solo Vegeta tenía él agua para calmarla.
Sin prestar atención a nada, se volvió a cercar y sonrió.
-Quiero un bebé… quiero que pongas un bebé dentro mio ahora!... Te lo estoy exigiendo!
Vegeta se mordió con fuerza el labio, ya no lo soportaba. Era la primera vez que experimentaba el celo de una mujer y lo estaba matando.
Todo en ella desprendía una especie de feromonas que los estaba matando. No podía controlarse más.
La tomó con fuerza de la cintura y la apretó contra su cuerpo, mientras que su cuerpo se hacía más grande de lo habitual. La beso con total desesperación y sin medir las consecuencia, cayó al suelo, dejando a la hermosa científica sobre el suelo, con el corazón latiendo a mil por hora y con las mejillas demasiado sonrojadas.
Ya no lo soportaba más. Estaba decidido, esa era su hembra y ella quería a su hijo, como hombre y como saiyajin, él debía obedecer los pedidos de su mujer y si ella quería un hijo, él le daría un hijo.
Además, sabía que mal o bien, todo eso era su culpa, porque si Bulma estaba en celo, era por la mordida que él le había dado, sino, ella no debía ni enterarse de que la mujer era fértil.
Las humanas ovulaban todos los meses, según le explicó el padre de Bulma, cambia su humor y es el momento que muchas quieren un bebé. Él no se enteraba de ese ciclo, pero ahora era distinto, él sentía todo, porque tenía una conexión especial con Bulma.
Sonrió. Su mujer le estaba dando órdenes, él las obedecería siempre. Se acercó a la peliazul y sin pensarlo más, comenzó a besarla con pasión.
Su cola se desprendió completamente y vio cómo se mecía de arriba a abajo con un color negro profundo como la noche.
Era el momento, era en ese instante que debía poner a su descendencia y asegurar su especie, la unión con su mujer y la seguridad de un heredero.
Sonrió feliz, era el momento adecuado y no le importaba nada más. Apretó con dulzura el hermoso cuerpo que lo seguía reclamando y estaba apunto de comenzar su acto frenético, cuando una luz extraña y muy intensa, descubrió su rostro.
Vegeta se sobresaltó y miró rápidamente delante de él, cuando una hermosa y delicada voz lo llamó.
-Oye… que hacen?... Qué cosas están haciendo en mi bosque ustedes dos?...
El saiyajin levantó los ojos y buscó rápido la voz femenina, pero cuando vio que la luz bajaba y alumbraba a Bulma, pudo notar el cambio de expresión de la mujer.
La científica abrió los ojos como dándose cuenta rápidamente lo que pasaba. Miró hacía arriba y veía una luz que la enceguecía despacio.
Miró al saiyajin y su corazón tembló.
-Que estabas por hacer?...
Vegeta abrió los ojos. Su cuerpo volvió a la normalidad totalmente, y por instinto, miró hacía su cola.
Bulma se sentó de golpe escapando de la prisión en donde estaba, miró hacia todos lados y se vio semidesnuda en un bosque.
No entendía nada de lo que estaba pasando, miró también la cola de Vegeta y abrió los ojos de sorpresa.
- Vegeta… tu cola…
-Mi cola?...
El saiyajin dejó de sentir cualquier aroma extraño y como si volviera a una normalidad espantosa, noto lo mismo que Bulma.
Su cola, había desaparecido.
Continuará...
