¿FELIZ NAVIDAD?
Después de su encuentro con Yui, fue algo difícil mantener la distancia que habían prometido pero era algo que Azusa había supuesto que ocurriría. Como todo había salido bien, las ansias de estar con la despistada castaña se habían renovado, pero a diferencia de distraerla de sus estudios ahora eran su motivación.
Dejado atrás el intenso mes de noviembre, la pelinegra se había dedicado con entusiasmo a su preparación académica. Su buena disposición se sentía tanto que Ui y Jun se lo hicieron saber, hasta sus kouhai le habían dicho que se le notaba más feliz.
Sin embargo, aunque aquel encuentro con Yui había calmado sus miedos y a pesar de no haberse comunicado con ella desde entonces ya no sentía la abismal distancia entre ellas, pero había otra cosa o mejor dicho otra persona que la preocupaba. Aunque había estado ocupada con sus deberes y tenía poco tiempo para otras cosas, había notado la ausencia de dicha persona, la de una chica con ojos fulgurantes.
Azusa estaba segura que Hikaru la estaba evitando, pero por el momento no se podía permitir distracciones. No si quería volver con Yui.
Las vacaciones de invierno estaban cerca, Navidad estaba cerca. Tal vez podría aprovechar esas fechas para solucionar el último cabo suelto y Azusa no era la única en ese predicamento, para Ritsu también era cierto, ya era hora de terminar con tanta incertidumbre y dejar las cosas claras.
La baterista siempre pensó que las cosas tomarían su rumbo de forma natural y había preferido dejar las cosas fluyeran normalmente. Pero ya había pasado bastante tiempo y las cosas seguían igual y estaba cansada, era hora de darle fin.
- La víspera de Navidad. La fecha ideal para dar esperanzas… o destruirlas completamente. Supongo que no puede haber una sin la otra.
Y es que sin importar la decisión alguien saldría herida.
- Nada ha cambiado en todo este tiempo. – Pensó Ritsu mirando el regalo sobre su escritorio. – Siempre termino lastimando a alguien. Es un asco. – Suspiró resignada, tomó el regalo y lo guardó entre los bolsillos de su chaqueta. – La única diferencia es que esta vez será definitivo.
24 de diciembre.
Ritsu salió de su habitación y se fue directo hacia la de Mio. Llamó un par de veces a la puerta pero no hubo respuesta.
- Si buscas a Mio no está, Ricchan. – La suave voz de Yui llamó su atención. La baterista se le quedó mirando fijamente.
- ¿Estás comiendo helado?
- Sí, es de ron con pasas. ¿Quieres?
- Yui, estamos en invierno.
- ¿Y? – Respondió la guitarrista de forma indiferente mientras se llevaba otro bocado a la boca.
- Nada. – Suspiró Ritsu resignada. – Entonces, ¿Dónde está Mio?
- Salió con Mugi a hacer compras navideñas. – Exclamó con alegría. – Espero que hagan una deliciosa cena de Navidad como las de Ui.
- Y justo está con Mugi.- Ahora tenía que cambiar sus planes. Necesitaba hablar con Mio pero era mejor que fuera a solas. – Gracias Yui. Ah por cierto… me gusta ver que vuelves a ser la misma de siempre.
Yui le regaló una cándida sonrisa antes de hacer el símbolo de paz y que cada una continuara su camino.
- ¿Crees que con esto será suficiente?
- No sé, medir que tanto va a comer Yui-chan a veces es un reto.
- Creo que será mejor llevar un poco más, no sea que falte.
- Tienes razón Mio-chan. – Respondió Mugi mientras tomaba más aperitivos. Ella y Mio habían ido temprano al supermercado más cercano para comprar lo necesario para la fiesta de Navidad de esa noche. – Aunque puede que sea una tentación para ti.
- ¿Qu-qué quieres decir?
- Ya sabes, las fiestas de fin de año tienden a ser… abundantes en comida. – La rubia sonrió traviesa. – Y a Mio-chan le gusta comer.
- Mira quien lo dice, tú también sueles subir de peso en esta época del año. – La bajista hizo un pequeño puchero ante la insinuación de su amiga. – Y no creo que sea por sólo estar sentada.
- Entonces no llevemos más. – Dijo volviendo a dejar la comida extra que había tomado. – Dejemos que Yui nos evite la tentación.
- Aún me sigue pareciendo envidiable que pueda comer todo lo que quiera y no engorde.
- Me pregunto si tú comerías igual que Yui si tuvieras su metabolismo.
- ¡Mugi! Yo no soy tan glotona… yo a veces… sólo un poquito. – Mio se puso colorada y finalmente le dio un golpecito en la frente a Mugi.
- ¡Ay!
- Cielos Mugi, cada día te pareces más a Ritsu. – Reclamó la pelinegra con falso enojo. – Siempre buscando la forma de molestarme.
- Más que parecerme a ella me gustaría pensar que tú y yo somos más íntimas. – Respondió la rubia sin dejar su usual sonrisa mientras se frotaba la frente.
- Sí, eso suena bien. – La bajista se puso más roja de antes y desvió la mirada para que no la viera sonreír. – ¿Quieres ir a tomarnos un té antes de volver a los dormitorios?
- Seguro pero luego me ayudas a preparar la cena.
Al igual que con Ritsu, para Mio era extraña la situación en que se encontraban las tres. Mugi era su rival y debía estar más alerta y a la defensiva con ella, pero simplemente no podía tratarla como una amenaza aunque lo fuera. Obviamente le incomodaba el hecho que la rubia hubiera decidido interponerse entre ella y la castaña, pero tampoco podía ignorar que prácticamente le había dado permiso para ello.
Además, desde que Mugi y Ritsu comenzaron a intimar había comenzado a notar cambios en ambas chicas. Mugi por su parte se había vuelto más sociable. A pesar de que eran amigas siempre sintió que la chica de los ojos azules mantenía cierta distancia de ellas lo que hacía un poco difícil congeniar, pero ahora era diferente, tanto así que ya se atrevía; aunque fuera de modo leve; a darle un golpecito. Por otro lado, Ritsu era un poco más femenina; al conocerla de siempre sabía lo bella que era la castaña, aunque quisiera ocultarlo tras su tosco comportamiento y actitud de chico no era algo que le desagradara, de hecho era lo que hacía de Ritsu alguien especial, pero que de vez en cuando se tomara su tiempo para verse bien la hacía más bella aún.
Y esos cambios se debían a que Ritsu y Mugi estaban juntas.
Se complementaban e influían una en la otra, a tal punto que sentía que era ella quien realmente estaba estorbando.
- Tal vez no estoy lista para una relación. – Pensó la chica de ojos grises mientras oía la alegre charla de la rubia.
Tal vez para lo que no estaba lista era para arriesgarse a perder lo que tenía. Había rechazado la recomendación de Sakuragaoka para poder ingresar todas a la misma universidad. Quería estar con todas ellas, con Ritsu, con Mugi, con Yui y si todo salía bien dentro de poco también estaría Azusa. Pero de alguna forma sentía que todo ese lío con Mugi y Ritsu estaba arriesgando todo eso.
- Puede que me estoy preocupando de más.
Mio volvió a mirar a Mugi. Realmente nunca hubo un ambiente hostil entre ellas ni sentía intensiones de la rubia de cumplir su amenaza, al menos eso creía. Para la bajista la chica de ojos azules, a pesar de sus sentimientos por la baterista y lo ocurrido entre ellas, siempre fue respetuosa y supo manejar la distancia porque de haberlo querido estaba segura que hubiera perdido a Ritsu hacía tiempo, porque algo que no podía negar es el aire seductor irresistible que emanaba Mugi cuando se lo proponía. Desde hacía un tiempo había comenzado a mirar con más detenimiento a su amiga y se había dado cuenta de esos detalles, del inconsciente coqueteo que mantenía con Ritsu y que se notaba intentaba reprimir.
- Quisiera poder hacer lo mismo pero… - Un leve rubor cubrió las mejillas de la pelinegra. Más de una vez se planteó la posibilidad de seducir a la castaña con algún tipo de coqueteo pero era algo que le daba mucha vergüenza y sólo en breves ocasiones se dejaba llevar. – Aunque Ritsu y Mugi lo hayan dicho en broma pero… - Un rubor más furioso cubrió su rostro.
- ¿Te sucede algo Mio-chan?
- N-no es nada. – En ese momento la mirada gris de Mio y posó en unos artículos muy peculiares que provocaron más nerviosismo en ella. Mugi siguió su mirada y sonrió.
- Oh, así que de eso se trataba. – Dijo la rubia divertida. - ¿Un regalo especial para Ricchan?
- ¡Te equivocas! – Exclamó la bajista alarmada.
- No tienes que avergonzarte tanto. – Dijo Mugi tomando la mano de su amiga. – Yo te ayudo a elegir algo bien sexy para ti. Seguro matas a Ricchan de un infarto.
- Eso si no me muero yo primero de la pena.
Luego de recorrer la sección de lencería donde Mio, hostigada por Mugi, se probó varios modelitos y para vergüenza de la bajista los tuvo que modelar para su amiga. Estuvieron casi una hora antes de comprar lo que deseaban y salir.
- Mugi, ¿por qué tenía que modelar para ti? Fue muy vergonzoso.
- No deberías ser tan tímida, tiene un cuerpo hermosísimo. – El rostro de la rubia demostraba lo bien que se la había pasado. – Sobre todo tus senos, realmente dan ganas de…
- ¡Cállate! – Probablemente Mio nunca había estado ruborizada por tanto tiempo como ahora. – Y… Gracias.
- Fue un placer, pero es mejor que nos demos prisa porque se nos está haciendo tarde.
Cuando llegaron a los dormitorios tuvieron que aguantar el regaño de Yui quien afirmaba estar muriéndose de hambre y quería cenar ya, aunque apenas fuera mediodía y acabara de almorzar. Obviamente el divertido mohín de la guitarrista hizo sonreír a las chicas quienes le respondieron en tono conciliador ofreciéndole la porción más grande. Mugi, Mio y Sachi se pusieron a cocinar, mientras Ritsu, Ayame y Akira decoraban y arreglaban el salón, por su parte Yui las animaba mientras se comía algo que robaba de la cocina y aguantaba los regaños de Akira.
La velada fue muy agradable y normal, considerando que las chicas aún tenían fresca en la memoria lo ocurrido durante el cumpleaños de Yui. Luego de cenar, con halagos de la castaña por lo delicioso que estaba todo, repartieron regalos y charlaron muy amenamente hasta que una a una se fueron retirando a descansar.
Ritsu hablaba con Mugi cuando vio a Mio dirigirse a su habitación y vio por fin su oportunidad.
- Discúlpame Mugi, tengo que… hacer algo.
- Descuida, espero que te diviertas. – Respondió la rubia con un poco de picardía.
- ¿A qué te refieres con eso? – La chica de ojos dorados no pareció entender la insinuación. – Como sea, Mugi no te vayas a dormir aún que hay algo que quiero entregarte.
- Es… está bien. – La tecladista intentó aparentar normalidad. – Con "más tarde" tal vez te refieras a mañana.
Ritsu se marchó y con un suspiro de desgano la rubia miró la hora antes de dirigirse a su propia habitación. Ordenó un poco el lugar antes de tirarse a la cama y abrazar el oso de felpa azul que estaba sobre ella.
- Ricchan II. – Murmuró Mugi suavemente. – Es tan difícil ser la chica buena. Tal vez debí hacerle caso a Azusa-chan y ser más egoísta. - Acurrucada en su cama, la chica de ojos azules recordó los momentos que había pasado con la escandalosa castaña. Ese día que se había encontrado con ella en el verano de su último año en la preparatoria había sido inolvidable. – Solas tú y yo.
Haberle robado un beso a Ritsu casi un año después de ello había sido un sueño, pero al mismo tiempo una pesadilla. Se había sentido culpable pero también sabía que lo haría de nuevo porque sus sentimientos por la baterista habían ido creciendo con el tiempo y más con todo lo que habían compartido.
Ese no había sido el plan. El plan siempre fue mantener la amistad tanto de Ritsu como de Mio pero las cosas le habían salido al revés. Ahora se encontraba de nuevo intentando que la relación entre sus amigas siguiera como debía ser y por eso ayudó a la pelinegra.
- Definitivamente Mio tiene que ser capaz de tomar la iniciativa más seguido.
Evitando las ganas de llorar que comenzaba a agobiarla, posó su mirada en el paquete sobre su escritorio. Se levantó y sacó su contenido.
- No sé por qué compré esto.
En secreto y sin que Mio se diera cuenta ella también había comprado un conjunto de lencería, bastante provocativo de color negro. Lo había hecho por un impulso, un deseo.
Sin dudarlo se deshizo de su ropa y vistió con aquellas provocadoras prendas. Se miró al espejo de su cuarto, detallándose.
- Me pregunto… Ritsu… ¿te gustaría como me veo?
- ¿Mio? ¿Puedo pasar? – Preguntó Ritsu luego de tocar suavemente a la puerta de la bajista.
- ¿Eh? ¿Ritsu? – Mio sonaba nerviosa. – ¿P-podrías esperar unos 5 minutos?
- ¿Um? ¿Por qué? ¿Qué estás escondiendo? ¿Porno? Podríamos verlo juntas.
- ¡Tonta! – Ritsu sonrió imaginando la incomodidad de la chica de ojos grises. No dijo más y esperó a que Mio le diera permiso de entrar.
- Adelante.
- ¿Qué hacías? – Preguntó Ritsu al entrar y notar que no había nada extraño.
- Sólo me cambiaba. – Al parecer Mio sólo vestía una bata.
- Fue una fiesta de Navidad muy agradable.
- Sí, lo fue. – Respondió la bajista con una sonrisa. – Creí que sobraría comida pero Yui se la comió.
- Siempre ha sido de buen apetito. – Ritsu parecía nerviosa, como si quisiera empujar la conversación hacía algo en específico. - ¿Te dieron muchos regalos?
- Oh, sí, sí. – Mio se acomodó su cabello antes de continuar. – Sachi me regaló una libreta, Ayame me regaló una blusa bastante bonita, aunque algo atrevida.
- Que bien. Yo también te tengo un regalo.
- ¿De verdad? Ya estaba pensando que no me ibas a dar nada.
- Tú tampoco me has dado nada. – Replicó con obvia falsa molestia.
- Sí hay un regalo para ti… pero… - Mio jugaba con sus dedos y miraba al piso. – Primero tú.
- Está bien, aquí tienes. – Ritsu sacó una pequeña cajita de entre los bolsillos de su chaqueta y se lo entregó a la pelinegra.
- ¿Puedo abrirlo? – Preguntó Mio emocionada.
- Por supuesto.
Con cierta ansiedad la bajista abrió el regalo y se encontró con una gargantilla muy hermosa. Mio estaba emocionada y miraba el regalo con una enorme sonrisa, pero entre más miraba el regalo, más sentía que algo no estaba bien y poco a poco fue bajando la mirada y se sentó en el borde de su cama.
- A veces creo que no es bueno conocerte tan bien. – Murmuró la pelinegra. – Esto… esto es un regalo de despedida, ¿no es así?
- ¿Por qué piensas eso?
- Es un regalo muy bonito. Por lo general me regalas cosas que me hacen asustar y enojar. – Se dibujó una sonrisa amarga en el rostro de Mio. – Así que no puedo evitar pensar que estás intentando compensar algo.
- Tú misma lo dijiste. – Murmuró la castaña. – A veces no es bueno que nos conozcamos tan bien.
- ¿Por qué?
- Debería ser yo quien debería hacer esa pregunta. – Ritsu parecía seria como pocas veces. – Mio, pareces que estás esperando algo o a alguien, pero no es a mí. Pensé que con todo lo ocurrido reaccionarías pero sigues en una actitud tan pasiva, como si no te importara.
- Sí me importas pero… - La bajista se mordió los labios.
- Pero…
- No sé cómo explicarlo.
- Entonces no podré entenderlo. Pero si tengo que adivinar diría que estás dudando de lo nuestro. – Mio pareció contener la respiración. – Sigues pensando que estamos juntas por algún tipo de obligación por el sólo hecho de conocernos de siempre.
- Cuando entramos a la universidad me di cuenta hay tantas cosas que desconozco, tanto por aprender y…
- Comprometernos ahora es negarnos la posibilidad de ser curiosas. – Mio asintió lentamente y Ritsu suspiró. – Suponía que era algo así, pero Mio debes entender que no se puede tener todo y a veces para obtener algo hay que sacrificar… y perder otra cosa.
- ¡Pero Ritsu! – La pelinegra la miró con desesperación y la tomó de la mano. – Tú… podrías esperarme… ¿cierto?
- Lo siento Mio pero nada ni nadie permanece estático. Así como has cambiado también lo he hecho yo.
- Es por Mugi, ¿cierto? – El semblante de la bajista cambió y parecía enojada. – ¡Ella es quien te aleja de mí!
- No, eso lo hiciste tú solita. – Ritsu también pareció enojarse pero respiró profundo para tranquilizarse. – Mio, no quiero terminar peleando. No quiero que esto destruya nuestra banda ya que es algo muy preciado para mí. Podría decirte que podemos seguir siendo amigas pero siento que sería un insulto a lo que tuvimos. – Mio apretó sus puños con fuerza y varias lágrimas ya comenzaban a recorrer sus mejillas. Ritsu se alejó, dirigiéndose a la puerta y deteniéndose justo en frente. – Y Mio, esto no quiere decir que mi sentimientos por ti hayan cambiado.
Dicho eso la castaña abandonó la habitación dejando a la bajista llorando en silencio abrazada a sí misma.
- Lo siento Ritsu. – Susurró la pelinegra entre sollozos. – Te amo y siempre lo haré.
En otra habitación la rubia se había quedado dormida pero un suave golpeteo en su puerta la había hecho despertar.
- Ummm, ¿Quién será? – Exclamó Mugi somnolienta y medio dormida fue a abrir la puerta.
- Wow, no me esperaba este recibimiento. – Exclamó la visitante con una sonrisa traviesa. – Pero debo admitir que te ves muy sexy.
- ¿Ricchan? – Exclamó la chica de ojos azules acompañado de un bostezo y obviamente aún más dormida que despierta. - ¿A qué te refieres?
- ¿Si sabes lo que estás vistiendo?
Mugi bajó la mirada hacia sí misma sin comprender aún a lo que su amiga se refería. No tardó en darse cuenta que se encontraba sólo usando la atrevida lencería que había comprado. En un reflejo de vergüenza, Mugi intentó cubrirse un poco con sus brazos.
- Que mala eres Ricchan. – Exclamó la rubia con voz tímida pero a la vez divertida.
- Lo siento Mugi pero es que realmente te ves… no tengo palabras. – Ambas sonrieron en complicidad mientras la chica de ojos azules tomaba la blusa que yacía sobre su cama para cubrir sólo un poco su desnudez.
– No esperaba tu visita.
- Te dije vendría más tarde.
- Sí, pero… - Mugi se mordió el labio intentando no completar aquella oración. – Creí que pasarías la noche con Mio-chan.
- No importa, he venido a entregarte tu regalo de Navidad.
- ¿Regalo? Pero si ya me diste aquella blusa.
- Te tengo un regalo especial, pero para ello necesito que cierres los ojos.
- Espero que no sea una broma de las tuyas. – Una pequeña risita escapó de los rosados labios de Mugi. - ¿Será que puedo confiar en ti?
- Quien sabe, podría ser algo bueno o algo malo. – Ritsu le gustaba ese jueguito provocador con Mugi, era algo que la entretenía bastante.
- Ricchan siempre ha sido gentil conmigo así que confiaré.
Divertida por aquel juego, la tecladista cerró sus hermosos ojos azules y esperó por el movimiento de la castaña pero lo que vino fue algo que Mugi no se esperaba.
Ritsu se tomó su tiempo, tanto que Mugi comenzó a ponerse nerviosa y gentilmente reclamó su atención. Con cuidado Ritsu posó su mano sobre la mejilla de Mugi a quien hizo estremecer y dejó escapar una risita inquieta pero lo que ocurrió después la petrificó: los labios de la ambarina rozaron suavemente los de la rubia, un delicada caricia, muy lento del cual Mugi dejó escapar un leve suspiro antes de reaccionar y corresponder.
La rubia se sentía como si soñara y en ese momento pensó que tal vez así era, que aún se encontraba dormida y estaba soñando. Pero la realidad chocaba con su fantasía. Muchas veces imaginó con este momento, muchas noches fantaseó con la posibilidad y lo que ocurría ahora, las sensaciones, no se podían comparar con su imaginación, menos con el recuerdo de su primer beso.
Ansiosa por aprovechar aquella oportunidad, cruzó sus brazos alrededor del cuello de Ritsu, atrayéndola contra sí y profundizando aquél ósculo que se le volvía cada vez más vital que el aire para respirar. Las dos chicas se dejaron caer sobre la cama, con Ritsu encima, y luego de lo que pareció una eternidad y al mismo tiempo había sucedido en un instante rompieron aquel contacto y se miraron a los ojos.
Para Ritsu, Mugi estaba especialmente hermosa. Al contrario de lo que había imaginado, la rubia parecía indefensa, con aquel leve rubor sobre sus blancas mejillas, respirando agitadamente, con sus brillantes ojos azules suplicantes casi al borde del llanto y sus labios, ahora enrojecidos emitieron una súplica que la impactó.
- Ricchan… por favor… hazme el amor.
Su súplica fue tan sincera que la castaña sintió que su corazón se detuvo por un momento. Tal vez físicamente Mugi fuera bastante fuerte pero en ese momento junto con todo lo que sabía de ella era obvio que su corazón era frágil, increíblemente frágil.
Un corazón de puro y translucido cristal.
Pero eso era algo que Ritsu ya sabía y estaba bastante consiente, por ello estaba dispuesta a tomar esa responsabilidad de cuidar y amar dicha fragilidad. Sus ojos ambarinos se perdieron en el mar azul de la rubia y segura de su decisión, desplazó gentilmente sus dedos por la tersa piel de Mugi repasando suavemente la curva de sus labios los cuales emitieron un suave gemido producto del aquel roce y del nerviosismo que crecía en ella. Finalmente Ritsu redujo la distancia casi a cero y Mugi cerró los ojos esperando a su amada.
- Mugi. – Susurró suavemente la castaña antes de sellar sus labios sobre los de Mugi.
Ritsu la sintió tensaste debajo de ella y abundantes lágrimas comenzaron a rodar por el rostro de la rubia. Mugi estaba perdida, absolutamente perdida por amor a Ritsu, ahora mismo sentía que cada parte de su ser: su cuerpo y su alma, le pertenecían a la chica de ojos dorados y no quería que fuera de otra forma, se entregaría completamente.
No había vuelta atrás.
…
A la mañana siguiente Mugi despertó sintiéndose muy ligera, recordando pequeños destellos de la noche anterior como si se tratara de un sueño. No tardó mucho en darse cuenta que había sido una realidad al notar a Ritsu dormir a su lado.
Una vez más la rubia rememoró todas las noches que había fantaseado con que ocurriera algo así. Suavemente jugó con los largos mechones de la castaña, con delicadeza, intentando no despertarla, memorizando las facciones de su rostro y volviendo a vivir en su mente lo ocurrido para no olvidar ni el más mínimo detalle.
Pero su júbilo y alegría terminó cuando pensó en las consecuencias de lo que acababa de pasar. Si Ritsu la había escogido eso quería decir que…
- Mio-chan…
El nombre de la bajista salió como un leve susurro de sus labios y con mucho cuidado abandonó la cálida cama que compartía con la ambarina. Tomó lo primero que encontró y con mucho cuidado abandonó la habitación.
Hacía frío, mucho frío. Después de todo era invierno y en su prisa sólo se puso una blusa que apenas ofrecía algo de protección ante aquel gélido clima, pero con ágiles pasos se dirigió a la habitación de la pelinegra y con cuidado de no hacer mucho ruido entró.
Mugi se acercó y miró atentamente a su amiga. Aún dormía y en una inspección más cercana pudo notar que había estado llorando.
- Nunca quise causarte daño alguno, Mio-chan.
Suavemente acarició la mejilla de su amiga quien lentamente despertó.
La primera reacción fue lo que Mugi había esperado. Apenas Mio vio los ojos azules de la tacladista, dio un brinco hacia atrás haciendo distancia entre ellas y mirándola con rencor. No la culpaba por estar molesta y posiblemente no debería estar allí pero simplemente no podía dejarla sola, después de todo la misma Mugi había pasado por lo mismo hacía algo más de un año y sabía del dolor que Mio sentía en esos momentos.
A pesar de la mirada amenazante de la pelinegra, Mugi no se dejó intimidar y decididamente se acercó y antes que Mio pudiera reaccionar la abrazó contra sí. La bajista intentó quitársela de encima pero finalmente se rindió a la dulzura de su amiga.
- Y lo peor de todo… es que seas tú quien me consuele. – Dijo Mio entre dientes antes de corresponder el gentil abrazo de la rubia.
Año Nuevo.
Luego de haber estado estudiando intensamente las últimas semanas, agradecía la llegada de las vacaciones de invierno, al menos para cambiar de aires y relajarse un poco; claro, sin olvidar su objetivo principal.
Azusa se había encontrado con las Wakabe Girls para dar la bienvenida al nuevo año. Habían hecho lo que se hacía tradicionalmente: visitar el templo y orar por la buena fortuna para ese año y Azusa tenía mucho por lo que pedir. Desde la buena resolución de su examen de ingreso, que sería dentro de poco, así como el bienestar de sus personas más queridas, en especial Yui.
Las cosas habían mejorado mucho, incluso su relación con Ui que se había deteriorado un poco desde que Yui se marchara, más que todo por el aislamiento autoimpuesto por su depresión, había vuelto a ser lo de antes o incluso mejor. Le sorprendió saber que la menor de las Hirasawa no tenía entre sus planes ingresar a la misma universidad que ella y Yui. De hecho tenía pensado seguir los pasos de Nodoka y estudiar en el exterior.
- Dejaré a Onee-chan en tus manos. Siempre estuve al pendiente de ella pero ya es momento de dejarla ir ahora que te tiene a ti.
Esas fueron sus palabras y que la hicieron ruborizar. A pesar de lo ocurrido, Ui aún confiaba plenamente en ella y para corresponder a esa confianza todavía había algo de lo cual debía encargarse, de su kouhai: Shidou Hikaru.
La joven pelirroja había estado muy esquiva y junto con su ocupada agenda no había tenido tiempo de hablar apropiadamente con ella. Ahora que tenía un tiempo libre la buscaría.
Luego de pasar un tiempo con sus amigas se despidió de cada una y Ui le recordó a Azusa que la esperaba para cenar esa noche. Una vez que cada una tomara su camino, la pelinegra se dirigió a la enorme casa de los Shidou. Hacía ya un tiempo en que había estado ahí pero como siempre la perspectiva de encontrarse con Hikari, el perro de la pelirroja la hizo temblar. Con cuidado entro en la propiedad y lo primero que vio fue al enorme animal acercársele.
- No me comas. – Pensó Azusa nerviosa pero el can no le gruñó como siempre, sino que se acercó lentamente y lamió los pequeños dedos de la guitarrista. – Parece que estas de buen humor hoy. – Hikari estaba tan dócil que incluso le permitió acariciarle suavemente. Una sonrisa escapó de los labios de Azusa ante el suave tacto y por un momento sintió que el can sabía a qué había venido.
- ¿Azusa-senpai? – La suave voz de la chica de ojos fulgurantes llamó la atención de la pelinegra.
- Buenas tardes, Hikaru-chan. Feliz Año Nuevo.
- Feliz Año Nuevo. – Hikaru no salía de su sorpresa. Se notaba que estaba practicando kendo pues llevaba su traje de práctica puesto, su shinai en la mano y además estaba agitada y transpirada.
- Perdón por venir sin avisar. – Exclamó cortésmente Azusa. – Te ves bien con el bougu.
- Gracias. – Hikaru preció avergonzarse, parecía especialmente tímida cosa rara en ella. – Voy a lavarme. Pasa y ponte cómoda.
Dicho esto la pelirroja se marchó, dejando a la guitarrista acompañada por el perro y que parecía tener una expresión apesadumbrada.
- También estás preocupado, ¿no es así, Hikari?
Azusa se sentó en la terraza que daba al patio interior. Le gustaba mucho la residencia de los Shidou, esa mansión japonesa tradicional la hacía sentir que viajaba en el tiempo al distante pasado de Japón, a la época de los samuráis. No le extrañaría saber que su amiga pelirroja tuviera algún linaje ancestral con alguno de ellos.
- Perdona la demora. – Dijo Hikaru sacando de sus pensamientos a su invitada mientras se sentaba a su lado y servía té.
- Descuida. – Replicó la pelinegra. – También te ves bien sólo con el keigoki y el hakama. - La chica de ojos fulgurantes se ruborizó levemente. La verdad le sentaba esa vestimenta y más que en ese momento llevaba el cabello suelto y no en su tradicional trenza, apenas recogido con una cinta. - ¿Qué sucede Hikaru-chan? Has estado muy callada, por lo general eres más extrovertida.
- Disculpa, no esperaba tu visita… de hecho, no esperaba volverte a ver.
- ¿Por qué? – La expresión de Azusa mostraba preocupación. - ¿Acaso hice algo que te molestó? ¿Por qué me has estado evitando?
- Por supuesto que no has hecho nada malo pero… - Hikaru se quedó en silencio un segundo antes de continuar. – Pero ya es tiempo que separemos nuestros caminos.
- No entiendo, creí que éramos amigas.
- ¿De verdad crees que podemos ser sólo amigas? – La pregunta de la pelirroja sorprendió a Azusa. – Yo… crucé una línea… una línea una vez cruzada no hay vuelta atrás.
- Pero Hikaru-chan.
- Senpai. – Hikaru tomó gentilmente las manos de Azusa. – En mi corazón hay un sentimiento que no puedo detener y que crece entre más estoy contigo, así que antes que nos cause más problemas y dolor a ambas es mejor que nos alejemos. Además pronto te irás a la universidad junto a Hirasawa-senpai así que no hay espacio en tu vida para mí, no al menos de la forma que me gustaría.
- Eso es están cruel. – Suspiró resignada la pelinegra. - ¿Acaso soy demasiado optimista o demasiado ingenua? – Azusa miró directamente a hermosos ojos fulgurantes de Hikaru. – Tal vez en eso me parezco un poco a Yui.
- Tal vez un poco de ambas. – Hikaru le dedicó a Azusa una amable sonrisa. – Ha sido muy divertido el tiempo que pasamos juntas y nunca lo olvidaré. Me ayudaste a revivir la melodía de mi madre y siempre me hiciste reír aunque más de una vez me hiciste preocupar también. – El suave tacto de la mano de la pelirroja recorrió el rostro de su senpai. – Parecías tanto una princesa en problemas que quise rescatarte, tal vez fui muy fantasiosa al respecto al querer ser algún tipo de príncipe y las cosas pasaron como pasaron, sin embargo, al final en verdad te pude ayudar a pesar que yo misma terminara perdida en tus hermosos labios. – Unas pequeñas lágrimas se acumularon en el borde de sus ojos carmesí. - Adiós Azusa-senpai. – Con esas palabras se alejó de la guitarrista.
- Espera. – En un arrebato provocado por el sentido adiós en las palabras de la pelirroja, Azusa la tomó de la mano y la haló hacia ella. Hikaru, sorprendida por aquel movimiento, no fue capaz de reaccionar y antes de que se diera cuenta Azusa había sellado sus labios con los de ella en un suave beso que la dejó aturdida. – Adiós Hikaru-chan. – Y antes que la pelirroja pudiera responder abandonó la residencia Shidou. Una sonrisa melancólica se formó en el rostro de Hikaru mientras se tocaba suavemente sus labios.
- Hey, Hikari. – Dijo la pelirroja mientras acariciaba a su mascota. – No estuvo mal para ser mi primera experiencia romántica, ¿no crees? – Hikaru recordó su encuentro con Yui y se llevó la mano a su mejilla. - tal vez un poco intensa.
Apenas abandonó el lugar, Azusa comenzó a correr hasta llegar al parque donde solía practicar con la pelirroja. Pesadamente se dejó caer en la banca de siempre.
- Supongo que será la última vez que podré hacer algo así. – Exclamó la joven guitarrista en voz alta para sí misma.
Ahora comenzaba a entender porque la señora Hirasawa le había sugerido que terminara su relación con Yui al menos hasta que pudieran reunirse de nuevo, también entendía aquello que le había dicho aquel día que se reunió con ella.
- Entre más retes los límites más difícil será reconocerlos después. Entre más te dejes llevar por las tentaciones más difícil será para ti darte cuenta que estás equivocándote.
Ahora lo entendía y tal parece que Hikaru lo había entendido antes que ella. En su momento había pensado que sólo había sido un beso, algo sin importancia pero había sido algo más, como probar el fruto prohibido. Un solo beso al principio pero, ¿después? ¿Qué habría pasado si Yui no hubiera aparecido en ese momento?
Como una adolecente que era, estaba curiosa por muchas cosas y para satisfacer dicha curiosidad requería de ciertas libertades que no tendría si estaba en una relación, así que al terminar con Yui volvía a tener esa libertad. ¿Pero esa libertad valía el precio de perder a Yui? Eso era precisamente lo que la señora Hirasawa quería que aprendiera, si realmente estaba dispuesta a ese compromiso.
- Esa es la razón por la que el primer amor rara vez funciona, ¿eh?
Había muchas cosas que desconocía y si quería conocerlas necesitaba de su libertad, pero algo tenía muy claro y es que al final cuando satisficiera su curiosidad, Yui probablemente no iba a estar con ella. Desde su punto de vista no valía la pena. Sí, se perdería de muchas cosas pero experimentaría otras junto a la persona que más amaba en el mundo.
Hikaru se había convertido en una tentación, como ella lo dijo habían cruzado la línea y no podían ser "sólo amigas" porque aquel beso había plantado algo en ellas que no se podía simplemente ignorar. Así que se tomó la libertad de dar un poco de sí a aquella chica que la había salvado de sí misma; nunca se lo dijo pero de no haberla conocido se habría ahogado en su tristeza y depresión, así que lo mínimo que podía ofrecerle era un último beso.
- Ya estoy lista sólo para ti, Yui. – Azusa miró su celular para verificar la hora. – Estoy a tiempo para cenar.
Finales de Enero.
Había pasado casi un mes desde Navidad y la situación era tal cual la había previsto Mugi, Mio se había distanciado del grupo y durante ese tiempo no había asistido a ninguna de las prácticas de la banda. Yui se preocupó y acudió a Ritsu en busca de alguna explicación, cuando ella y la tacladista le informaron de la situación a la mayor de las Hirasawa, pareció aliviarse un poco creyendo que lo que Mio necesitaba era sólo un poco de tiempo.
Pero eso no quería decir que no podía ayudar un poco a su amiga.
Para esa época del año hacía bastante frío y la nieve cubría gran parte del campus. La noche anterior había nevado así que todo estaba cubierto por una pura alfombra blanca y que daba un cuadro hermoso que silenciosamente Mio observaba desde la ventana de su cuarto. Sobre su escritorio yacía la libreta donde solía componer sus canciones y en las últimas semanas la había llenado con varias de ellas, más que todos referentes a cierta castaña.
Un aroma peculiar y dulce llamó su atención, se giró para saber de dónde provenía aquel olor.
- Hoy hace bastante frío. – Exclamó una sonriente Yui quien ofreció a Mio una humeante taza de chocolate caliente.
- Gracias. – Respondió la pelinegra tomando la bebida que su amiga le ofrecía.
- Es lo mejor para ésta época del año. – Sin dejar su usual sonrisa. – También traje mini-malvaviscos si quieres. – Yui tomó un sorbo de su bebida, Mio la imitó y sintió como el calor regresaba a su cuerpo. No se había percatado de lo frío que estaba su habitación.
- Está delicioso.
- ¿Verdad que sí? Si quieres más no dudes en pedirlo.
Mio tomó otro sorbo y con cada uno se sentía mejor. Miró atentamente a su amiga como si esperara algo, una pregunta referente a lo que había ocurrido.
- Sé por qué estás aquí.
- Para tomar chocolate caliente. – Mio pareció enojarse un poco con esa respuesta pero Yui no dejó de sonreír.
- Quieres que hable contigo referente a lo que pasó en Navidad.
- Sólo si tú quieres, por el momento bebamos que realmente hace frío. Extraño el kotatsu de mi casa; se estaba bien calentito y Ui siempre tenía chocolate listo. – Por un momento estuvieron en silencio hasta que la bajista decidió hablar.
- ¿Qué tanto… sabes de lo que pasó?
- Sólo lo que Ricchan y Mugi-chan me contaron. – La actitud de Yui no parecía ser la de alguien ansiosa por saber lo que había ocurrido, parece que sólo estaba interesada en tomar su bebida.
- ¿Crees que fue mi culpa?
- Ummmm. – La castaña quedó pensativa unos segundos antes de responder. – Es posible. – Mio pareció deprimirse ante aquella respuesta. – Cuando estábamos en Sakuragaoka, Mio-chan y Ricchan si parecían una pareja aunque siempre estuvieran negándolo. Parecían disfrutar mucho el estar juntas y aunque casi siempre estabas enojada con Ricchan por sus bromas, la verdad es que eso te hacía feliz. – Yui dijo todo eso con una sonrisa melancólica al recordar la época del colegio, pero aquella sonrisa se desvaneció en el instante que siguió hablando. – Pero cuando ingresamos aquí comenzaste a alejarte de Ricchan poco a poco y aunque yo tenía mis propios problemas pude notar aquel cambio. ¿Qué pasó Mio-chan?
- ¿Qué pasó?… es difícil de definir. – Mio tomó un poco del chocolate caliente antes de continuar. – Al igual que tú y las demás, estaba feliz de que estuviéramos juntas pero también estaba expectante de cómo sería la exigencia académica. ¡No me mires así! A diferencia de ti, a mí sí me importan esas cosas. – Yui se sintió regañada y sólo pudo reír tontamente para ocultar su vergüenza. – Comencé a dedicar más tiempo a mis estudios que a Ritsu a quien sólo la veía durante el desayuno, la cena y los ensayos de la banda. Supongo que ahí fue cuando me comencé a equivocar.
- Pero no creo que Ricchan se molestara por eso.
- Claro que no, ella no es así pero igual comenzó a sentirse desplazada y no la culpo. Muchas veces me fue a buscar y yo sólo podía disculparme por tener otras cosas que hacer. Debí hacer un mayor esfuerzo por estar con ella.
- Imagino que entonces fue cuando Ricchan comenzó a pasar más tiempo con Mugi-chan.
- Así es y no puedo culpar a Mugi ni a Ritsu por ello porque es como si les prohibiera que fueran amigas. Pero la verdad es que mientras más crecía la distancia entre Ritsu y yo, más se acortaba la de ellas. Lo supe entonces y no hice nada.
- ¿Por qué?
- Porque Ritsu parecía muy feliz. – Una sonrisa amarga se formó en los labios de la bajista. - ¿Acaso no dejarías ir a Azusa si supieras que es feliz con alguien más?
- Yo… pues yo… sí, lo haría. Sería muy doloroso verla infeliz a mi lado. – Yui suspiró y miró a los ojos grises de su amiga. – Pero Mio-chan, no creo que ya no pudieras hacer nada al respecto.
- Lo sé pero no pude evitar pensar que Ritsu y yo sólo estábamos juntas porque los demás esperaban que así fuera. Al verla con Mugi sólo podía pensar que tal vez, sólo tal vez lo nuestro era sólo un espejismo. – Mio comenzó a reír al tiempo que comenzaba a llorar. – E irónicamente Mugi estaba intentando que siguiéramos juntas, pero yo ya no estaba segura de nada.
- Mio-chan. – Yui se acercó y abrazó a su amiga.
– A pesar de todo Mugi es una gran amiga, no podía odiarla por ello. Yo alejé a Ritsu, así que tampoco la puedo odiar a ella, así que sólo puedo odiarme a mí misma. – Mio lloraba abiertamente en brazos de la guitarrista. – Amo a Ritsu más que a nada en el mundo.
- Estoy segura que Ricchan también te ama, pero en estos momentos ama mucho más a Mugi-chan. – Yui acarició suavemente el cabello de su amiga. - ¿Es cierto que Mugi-chan ha estado enamorada de Ricchan desde hace mucho?
- Sí, tal vez desde que la conocimos. – Respondió Mio entre sollozos. – Tal vez Mugi la merece más que yo.
- No digas tonterías Mio-chan. – La mayor de las Hirasawa parecía enojada. – No te desprecies así.
- ¿Has visto la sonrisa de enamorada de Mugi? Nunca la había visto tan feliz. Está radiante como nunca antes, muy parecida a ti y Azusa cuando están juntas. – Yui se ruborizó ante aquel comentario. - ¿Yo me veía así cuando estaba con Ritsu?
- Bueno… - La castaña no supo que contestar.
- Lo imaginé.
- Espera, no quise decir eso. – Nerviosamente Yui intentaba explicarse. – Ambas se veían felices juntas pero no era muy diferente de cuando eran sólo amigas.
- Supongo que sólo fuimos eso, ahora siento como si sobrara.
- Tú eres muy valiosa para todas nosotras y estamos esperando ansiosas que regreses. Sé que debe ser difícil con todo lo que ha pasado pero no podemos ser Houkago Tea Time sin ti.
- Pero es extraño seguir siendo amigas después de todo esto.
- Lo sé, entiendo lo que quieres decir. Es como cuando Azunyan apareció en mi cumpleaños, la verdad no sabía qué cara poner o que decir y sólo pude comportarme como una tonta pero no te alejes de nosotras. – Los ojos suplicantes de Yui brillaron levemente. – Lo más seguro es que tendrás que hacer todo de nuevo.
- ¿Todo de nuevo? – Tardó un segundo pero Mio entendió lo que quiso decir. – Reconstruir mi relación con Ritsu y Mugi.
- Las cosas no volverán a ser como antes, pero no quiere decir que se hayan destruido del todo.
- Está bien, intentaré ir a la siguiente práctica.
- ¿En serio? – El rostro de Yui pareció iluminarse con su sonrisa. – Entonces toma a Elizabeth, iré por Guitah.
- Pero… ¿Qué dices?
- Nuestro horario dice que tenemos práctica en 30 min. – Entonces Mio miró su celular y efectivamente, ese día tenían práctica en 30 minutos lo que dejó descolocada a la bajista a pesar de lo que había dicho.
- No, espera… es muy pronto. Mejor dejémoslo para la siguiente práctica.
- Vamos Mio-chan. – Gentilmente Yui extendió la mano invitando a Mio a acompañarla. Era difícil decirle que no y menos con la alegría que irradiaba, así que sólo pudo tomar su bajo y seguirla.
La pelinegra estaba nerviosa, en verdad no sabía cómo enfrentar a esas dos ni mucho menos tocar con ellas pero ya no podía seguir escondiéndose. Era poco lo que había hablado con Ritsu y Mugi desde Navidad y sólo lo estrictamente necesario pero algo era cierto, había sacrificado varias cosas para que todas pudieran estar juntas y no lo iba a echar a perder ahora, como dijo Yui tendría que comenzar de cero.
No tardaron mucho en llegar a la sala de ensayos del club donde Ritsu y Mugi ya estaban esperando. Sorpresivamente apenas la vieron llegar Mugi saltó sobre Mio abrazándola con fuerza.
- ¡Mio-chan! – La rubia parecía emocionada de que estuviera allí.
- Bienvenida Mio. – Dijo Ritsu con una suave sonrisa.
- He-he vuelto. – Respondió la pelinegra tartamudeando levemente.
- Te hemos extrañado tanto. – Dijo Mugi, parecía la más feliz de todas.
- Posiblemente te sientes culpable. – Ese pensamiento entristeció a Mio. – Perdón por causarles problemas.
- No tienes que disculparte. – Intervino Ritsu mientras se acercaba un poco más. – Ya me estaba preocupando que fueras a convertirte en un alma en pena o la loca de los gatos.
Mio se puso pálida al imaginarse a sí misma como una especie de fantasma condenada a vagar por la eternidad consumida por la pena, así que ante eso hizo lo único que podía hacer: golpear a Ritsu.
- ¡¿Después de todo este tiempo es lo primero que me dices?!
- ¡Auch! – Se quejó la baterista. – Es bueno ver que sigues siendo la de siempre. – Mio no pudo evitar sentir vergüenza.
- ¿Qué les parece si ensayamos?
- ¿Ehhh? – Se quejó Yui. – Aún queda tiempo antes de nuestro turno, mejor tomemos el té.
- Me parece bien. – Secundó Ritsu.
- Ustedes nunca cambian. – Suspiró resignada la chica de ojos grises. - ¿Mugi?
- Lo lamento. – Susurró la rubia quien no había soltado a Mio desde que había llegado.
- No hay nada que perdonar, así que no le des más vueltas al asunto. – El rostro de Mugi realmente reflejaba mucha angustia.
- Pero Mio-chan…
- Sólo has feliz a esa tonta ya que te escogió a ti. Ahora vamos a tomar ese té, realmente lo he extrañado. – Mugi forzó una sonrisa y fue a preparar el té mientras Mio tomaba su lugar en la mesa. - Un paso a la vez.
El tiempo pasó rápido y antes de darse cuenta había terminado Febrero. Entre las fechas importantes durante ese mes estuvo el examen de admisión a la universidad lo que generó muchas expectativas entre las chicas, especialmente en Yui. Aunque el examen se hacía en las instalaciones de la universidad la castaña se abstuvo de buscar a su gatita porque creía que su presencia podría distraerla y quería que tuviera todas las posibilidades, claro que esto no la disuadió para espiarla antes de que ingresara al aula donde Azusa debía presentarse y enviarle un mensaje de ánimo a su celular.
Por ese entonces también pasó San Valentín. Mio había pensado aprovechar ese día para estudiar junto a Sachi, quien era que más tiempo pasaba pues compartía clases con ella, pero casualmente ese día recibió una invitación de Sokabe-senpai que le pedía reunirse con ella y charlar, lo que a Mio le pareció buena idea y de paso intentar ignorar a cierto par.
La situación con la banda iba bien, sólo había pasado escasas dos semanas desde que volviera aunque seguía sintiéndose extraña al lado de Ritsu y Mugi que, a pesar de ser pareja, no se comportaban como tal. Aunque no era muy difícil adivinar que lo hacían para no incomodarla.
Pero para el día de los enamorados fue una cosa diferente, Ritsu y Mugi habían planeado algo especial para sí mismas ese día, razón por la cual Mio se había aceptado la invitación su senpai.
Durante el tiempo que habían estado saliendo juntas, Ritsu ponía mucho empeño en verse femenina; solía usar vertidos con más frecuencia, cosa bastante rara en ella, y no usar su diadema dejando su cabello caer coquetamente sobre su rostro. A la rubia le encantaba esa faceta de la baterista y más porque había sido por iniciativa de la castaña, Mugi creía que Ritsu se veía increíblemente atractiva y llamativa cuando vestía así y se ponía supremamente melosa con su novia. Las reacciones de Mugi avergonzaban a la ambarina pero le encantaba ver las sonrisas de su princesa.
Pero ese día Mugi hizo una extraña petición a Ritsu.
- ¿Ricchan, que tal si este día vistes como un chico?
- ¿Qué? Pero Mugi pensé que te gustaba que vistiera más como una chica.
- Realmente te ves hermosa pero cúmpleme este capricho. – Mugi puso cara de corderito degollado lo que hizo ruborizar a Ritsu.
- Esta bien, pero no sé dónde conseguir algo que… - La castaña dejó la frase a medio terminar al ver la sonrisa de Mugi. – Ya te hiciste cargo de todo, ¿no?
- Así es. – Respondió la rubia al tiempo que tomaba una bolsa que tenía sobre su escritorio y entregaba a la chica de ojos dorados. – Considéralo un regalo por este día.
- Siempre un paso adelante. – Ritsu sonrió divertida. – Ya vuelvo.
La castaña tomo la bolsa y se dirigió a su cuarto para cambiarse. Una de las razones por la que Ritsu no había tenido gestos muy femeninos durante su adolescencia era porque le parecía sumamente incómodo y molesto todo el tiempo y dedicación que requería el verse bien. Como ejemplo tenía a Mio y Mugi quienes dedicaban mucho tiempo a arreglarse, lo segundo es que en comparación, ella no era tan agraciada como las antes mencionadas e intentar verse como ellas la hacía sentir patética así que buscó su propio estilo acorde a su personalidad y entre su rebeldía y pragmatismo había optado por algo más masculino pues era más sencillo, directo y cómodo y ahora que Mugi le había ofrecido aquellas ropas recordaba cómo era eso.
Sin embargo, siempre le molestó que la compararan con un chico, después de todo estaba orgullosa de ser una chica.
- Definitivamente esto es más cómodo. – Dijo Ritsu para sí misma al mirarse al espejo, le gustaba como se veía, casi era como un traje formal pero sin la corbata. Lo que no le gustaba era como estaba su cabello, no se veía bien ni con su diadema ni con el cabello suelto y al final optó por recogérselo en una pequeña coleta. – Vaya, me veo como si fuera el joven heredero de algún conglomerado comercial. – Exclamó la castaña al ver el resultado final. – Bueno, creo que me veo acorde para estar al lado de mi princesa.
Una vez se dio el visto bueno se fue a buscar a Mugi quien la esperaba a la salida de los dormitorios.
- ¿Qué tal me veo? – Dijo Ritsu llamando la atención de la rubia.
- Ricchan. – Mugi se quedó pasmada por unos segundos y cuando salió de su asombro, se acercó y besó tiernamente a la chica de ojos dorados. – Te ves muy guapo.
- No me cambies el género, por favor. – Ambas rieron divertidas.
- Oye tú, no se permiten hombres aquí. – La voz de Akira les llamó la atención y giraron hacia ella. - ¿Eres tú Tainaka?
- Hola Wada-san. – Saludó tranquilamente la baterista. - ¿Cómo estás?
- Bien. – La pelinegra parecía algo aturdida. – Perdón por molestar, con permiso. – Y se alejó lentamente.
- Creo que se sorprendió al verte. – Dijo Mugi muy divertida.
- Así parece.
- Se ve demasiado atractiva vestida así. – Pensó Akira echando una última mirada a la pareja.
Como era de esperarse Ritsu llamaba bastante la atención mientras salían de la universidad, después de todo se suponía que sólo deberían haber chicas dentro del campus y su apariencia era llamativa. En realidad ambas, Mugi y Ritsu, sobresalían demasiado y más estando juntas.
- Eres bastante popular. – Dijo Mugi bromeando.
- Nunca antes había llamado la atención por vestir así. – Exclamó Ritsu algo incómoda por las miradas sobre ella, incluso cuando ya habían abandonado los terrenos del campus, sobre todo del género femenino.
- Siento como si fuera con una estrella de cine. – La rubia no encontraba la forma de contener su risa divertida. – Voy a presumir de mi "chico".
- Oye. – La castaña frunció levemente el ceño. – Deja de cambiarme el género, por favor. Sigo siendo una chica.
- Lo sé. – Mugi se pegó más a Ritsu, apoyando su cabeza sobre el hombro de la castaña y entrelazando sus dedos. – Eres mi hermosa Ricchan. Dulce, atenta, cariñosa y muy atractiva. - Esas palabras le hicieron subir los colores al rostro de la baterista.
- Estás exagerando un poco. – Dijo Ritsu ahora algo avergonzada. – Tú eres mucho más hermosa que yo.
- Yo no me vería tan bien en ese traje. – Se notaba de lejos lo mucho que estaba disfrutando Mugi provocar a la castaña. – Ricchan nunca fue de la que gustara de ponerse vestidos y aunque me hace feliz verte en ellos y te esfuerces por complacerme, quiero que sepas que me gusta mucho también como te ves ahora.
- Gracias Mugi, pero te equivocas. – La chica de ojos dorados le regaló una sonrisa a su confundida novia. – No es que no me gustara, sólo no tenía la confianza para usarlos porque nunca me sentí "linda" en ese sentido. Pero cuando ese día me presionaste para que usara uno me di cuenta que me estaba subestimando. Claro, no soy tan agraciada como tú y Mio pero…
- Eres muy atractiva Ricchan, mucho.
- El caso es que, de vez en cuando, no está mal usar un vestido, aunque este traje tampoco me desagrada. Bueno mi princesa, fuiste tú quien planeó este día, así que ¿A dónde vamos?
- Hice una reserva es un restaurante. – En seguida la rubia señaló un vehículo que estaba aparcado más adelante, una lujosa limosina.
- Supongo que ha debe un lugar muy elegante considerando eso y como estamos arreglados. – Mugi vestía un cheongsam rojo con decoraciones doradas que entallaba su fino y hermoso cuerpo y que Ritsu le costaba ser discreta y no clavar su mirada en las curvas de la rubia. – Creí que ya no contabas con el apoyo financiero de tu familia.
- Por esta ocasión hice una excepción y le pedí un favor a mi padre. – Los ojos azules miraron directamente a los ojos dorados. – Aunque me gustaría volver a los dormitorios.
- ¿Eh? ¿Por qué?
- ¿Ah? P-por nada. – El rostro de Mugi se puso casi tan rojo como su vestido. – M-mejor apurémonos.
Ambas chicas subieron al auto y apenas Ritsu cerró la puerta, Mugi muy seductoramente se acercó a su pareja buscando lentamente sus labios y besándola con la misma delicadeza.
- Volver a los dormitorios comienza a sonar como una buena idea. – Murmuró Ritsu mientras sus manos recorrían las descubiertas y suaves piernas de la rubia. - ¿Acaso mi princesa estaba pensando en lo mismo?
- Es inevitable. – Exclamó Mugi entre jadeos. – Te ves realmente hermosa y no puedo dejar de pensar en… otras cosas.
- Ya somos dos.
La temperatura comenzaba a subir para ambas y afortunadamente la sección de los pasajeros se encontraba debidamente aislada de la cabina. Mugi había planeado algo lindo para ambas, una cena romántica y toda la decoración que aquello implica, incluso recurriendo a los recursos e influencia de su familia que siempre había intentado mantener al mínimo pero extrañamente comenzaba a arrepentirse porque ahora mismo lo que quería no requería nada de eso.
- Ricchan… detente… me estoy excitando… demasiado.
- ¿Realmente quieres que me detenga? – Ritsu la miró directo a los ojos sin dejar de rozar suavemente el interior de los suaves muslos de Mugi.
- Yo… yo sólo… - Esa suave caricia estaba volviendo loca a Mugi. - ¿Sería demasiado pedir… para cuando… terminemos… de… cenar?
La rubia tuvo que morderse los labios intentando contener sus gemidos pero el gesto no pasó desapercibido para Ritsu, pero en un momento de piedad dejó de torturar suavemente a su novia y la abrazó contra ella acariciando suavemente su cabeza.
- Te tomaste el tiempo para planear esto, así que no lo arruinaré.
- No habrías arruinado nada. – Mugi plantó un suave beso en el cuello de la castaña mientras recuperaba la compostura. – Sólo habrías adelantado un poco a mis planes.
- Me estas dejando muy difícil compensártelo para el Día Blanco. – Ritsu se veía realmente preocupada.
- No Ricchan, no tienes que compensarlo, en serio. – Mugi la miró con ojitos suplicantes. – Sólo tienes que ser tu misma. El sólo estar a tu lado es suficiente para mí.
- Obviamente no puedo competir con los recursos de tu familia pero igual me siento mal no darte algo a cambio.
- Si quieres darme algo a cambio podrías… - La rubia dudó unos segundos antes de continuar. – ¿Podrías dejar que te presente a mis padres como mi novia?
En el momento que Ritsu procesó la petición de Mugi su mente quedó en blanco y no supo que contestar.
Pasado San Valentín y los exámenes sólo quedaba esperar los resultados. Estos los entregaban un viernes y Yui obviamente quería estar allí con Azusa cuando fuera a averiguar cómo le había ido. Desafortunadamente para la mayor de las Hirasawa, ese día tenía clases y con el cierre de año tan cerca no se podía dar el lujo de faltar pero aunque asistió, era como si no estuviera; incluso Akira le llamó la atención porque no hacía otra cosa sino mirar el reloj y hacer ese golpeteo molesto con el lápiz.
- ¿Por qué el reloj no avanza más rápido? – Pensó la castaña dando otra mirada por la ventana. – Lo más seguro es que Azunyan ya haya llegado.
Al parecer ese día Yui estaba con algo de suerte pues el profesor decidió terminar la clase 15 minutos antes de lo normal, así que apenas se sintió libre salió lo más rápido que pudo del lugar.
- ¡Akira-chan! ¡Por favor cuida de mis cosas por favor!
- ¡¿Y por qué yo?! – Reclamó su compañera de clases. – Esta Yui no hace sino complicarme la existencia. – Sin embargo, cumplió con la petición de la castaña y recogió también lo que había dejado.
Tan rápido como pudo Yui abandonó el edificio y corrió por el campus hacia el lugar donde publicarían resultados y eso era cerca de la entrada, el cual se encontraba bastante lejos de su ubicación actual. Aunque Yui nunca sobresalió en ninguna actividad física parecía como si se hubiera estado reservando para ese momento pues posiblemente haya recorrido aquella distancia en tiempo record, o al menos para Yui así lo fue.
Cuando llegó al tablón de anuncios el lugar obviamente estaba lleno de las aspirantes que iban a comprobar si lo habían logrado o no. Aunque la mayor de las Hirasawa tenía muchas ganas de ver los resultados por sí misma, primero se concentró en buscar a su gatita pero entre ese mar de gente estaba siendo complicando y más con lo bajita que era Azusa. Luego de buscar por los alrededores decidió abrirse paso justo al frente del tablón para ver si la pelinegra ya se encontraba allí pero no lograba verla por ningún lado. Finalmente cuando ya estaba a punto de darse por vencida la vio, estaba parada a escasos metros del tablón escudriñando entre las listas el resultado, se le dificultó un poco reconocerla pues se veía algo diferente y Yui comenzó a ponerse nerviosa ¿Y si no lo había logrado?
- Imposible, yo sé que Azunyan lo logró. Ella es muy inteligente.
Se acercó paso a paso y cuando estuvo a un metro de ella se detuvo.
- Azunyan. – Llamó nerviosamente, Azusa se giró hacia donde había escuchado su peculiar sobrenombre. En primera instancia la castaña no pudo descifrar en el rostro de su gatita si había aprobado o no pero toda duda se disipó cuando una pequeña sonrisa se formó en los labios de la pelinegra y saltó sobre Yui abrazándola con fuerza.
- ¡Lo logré, Yui! – Unas pequeñitas lágrimas de felicidad asomaron por sus ojos.
Yui correspondió dicho abrazó y se sintió infinitamente aliviada, sentía que las cosas volvían a su curso normal y el caos de su corazón ahora era un recuerdo lejano.
Las dos chicas estuvieron abrazadas un buen rato hasta que Yui comenzó a sentir la mirada de las otras personas que lo rodeaban. A ella nunca le ha importado el qué dirán y ese momento no era la excepción pero sí sabía que a su kouhai sí solía afectarle esas cosas así que lentamente la soltó pero para su sorpresa Azusa seguía firmemente aferrada a ella.
- ¿Azunyan?
- Sólo un poco más. – Suplicó débilmente la pelinegra. – Ha sido un año muy largo. – Yui sólo sonrió y la cubrió de nuevo con sus brazos. – Así que quiero una pequeña recompensa.
Justo en ese momento Azusa supo que había tomado la decisión correcta. En los brazos de la castaña, envuelta por su calor y embriagada por su aroma, tuvo la certeza que nada ni nadie podría darle lo que Yui le ofrecía. Después de tanto tiempo se volvía a sentir ligera y feliz y eso era irremplazable.
Para Azusa, Yui no tenía igual y lo mismo era cierto para la castaña.
No podía definirlo con palabras, sólo era un sentimiento. Puede que hubieran cambiado un poco durante el transcurso de ese año pero seguían siendo esencialmente las mismas. Yui seguía siendo Yui pero Azusa se moría por descubrir nuevas peculiaridades en su amada, quería descifrar todo sobre ella, aún si le tomaba toda la vida.
- Eso estaría bien. – Azusa hundió su rostro en el pecho de la castaña y entonces notó algo. – Yui, ¿acaso te crecieron un poco?
- Jejeje. – Yui rio tontamente. - ¿Lo notaste?
- En algún momento me iba a dar cuenta. – Había un ligero tono de envidia en la voz de la pelinegra.
- Tú también creíste un poco y no sólo en altura. – Exclamó Yui mientras sus dedos recorrían suavemente el cabello de su gatita. – Aunque extraño tus coletas.
- ¿No te gusta? – Preguntó Azusa algo afligida.
- ¡No es eso! – Respondió Yui rápidamente. – De hecho te ves muy linda. – Un ligero rubor se mostró en sus mejillas.
- Tu también te ves muy linda con el cabello largo. – Respondió la pelinegra recorriendo de igual manera el cabello de Yui.
Por bastante tiempo Azusa siempre quiso cambiar su apariencia pero cuando Ui y Jun se burlaron de ella porque con el cabello suelto se parecía a Mio dejó de intentarlo. Esta vez probó algo diferente, seguía teniendo recogido el cabello en dos porciones pero no de la forma habitual, ahora las ligas recogían su cabello a la altura de los hombros, algo intermedio entre dejarlo suelto y como lo había llevado siempre, y el flequillo lo sostenía un broche decorado con una flor. – Vamos, quiero darle las noticias a las chicas.
Entonces Yui comenzó a tirar de la mano a su gatita. Azusa más o menos conocía el camino a los dormitorios por la vez que estuvo para el cumpleaños de la castaña, pero seguía sin estar familiarizada con el lugar. En verdad era un campus enorme y agradecía que la última vez Mugi la había guiado o se hubiera perdido, esta vez la escoltaba Yui.
A diferencia de la carrera que había emprendido la mayor de las Hirasawa anteriormente, estaba vez el camino de regreso lo hicieron despacio y con calma. Durante el trayecto hablaron de cosas sin importancia, por ejemplo Azusa le contó sobre cosas del club, de Sumire y su relación con Mugi, de Nao y su habilidad para componer, de Ui y Jun. Por su parte Yui le contó cómo habían sido las cosas en la universidad, las chicas que habían conocido, como la presidenta Yoshii, la guitarrista Akira y sus amigas y demás cosas por ese estilo aunque Yui evitó contarle lo de Mugi, Ritsu y Mio. La verdad ambas tenían cosas más importantes que discutir pero no querían arruinar ese momento, ya habría tiempo para lo demás.
Esta vez Yui no la llevó a los dormitorios sino hacia el salón del club, un lugar que Azusa no conocía. Curiosamente había poca gente por los alrededores.
– Bueno, el club queda bastante lejos y además muchos deben estar en clases. – Pensó la pelinegra al notar la soledad de las inmediaciones. – Por cierto Yui, ¿no deberías estar en clases?
- Estaba en clases antes de ir a buscarte. Tenía muchas ganas de verte. – Yui la abrazó con una gran sonrisa en sus labios.
- No has respondido mi pregunta.
- Bueno… - La castaña se ponía más y más nerviosa. – De-deberíamos apurarnos… l-las chicas nos están esperando.
- ¡Oi, Yui! ¡No evadas la pregunta!
La pequeña pelinegra siguió a la mayor de las Hirasawa, quien había acelerado el paso y se había adentrado en el edificio, aun reclamando por una respuesta.
- ¡Azusa-chan! – La dulce voz de Mugi distrajo a Azusa. – Estás aquí, bienvenida.
- Bienvenida Azusa. – Dijo Mio acercándose.
- Supongo que el que estés aquí significa que pasaste. – De pronto Ritsu recibió un golpe en la cabeza. - ¿Por qué fue eso? – Reclamó la chica de ojos dorados enojada.
- Esa no es forma de saludar. – Respondió Mio seguido de un puchero de Ritsu.
- Bienvenida Azusa. – Exclamó finalmente con desgano la baterista.
- Gracias chicas. – La joven pelinegra esbozó en sus labios la mejor de sus sonrisas mientras Yui la abrazaba por detrás. – Me da gusto de verlas y sí, aprobé así que podremos estar juntas de nuevo.
- ¡Excelente! Houkago Tea Time está completo otra vez, ¿saben lo que significa? – Exclamó con entusiasmo la chica de ojos dorados.
- ¿Qué podremos tocar juntas de nuevo? – Exclamó Azusa con gran alegría.
- Que es hora de té. Estoy molida, ese examen me dejó para recoger con cuchara y necesito relajarme. – La respuesta inmediata de Azusa fue inflar sus mejillas en señal de molestia, pero igual la hizo feliz. – Así podremos charlar un rato Nakano.
- Como en los viejos tiempos, ¿no es así, Azunyan?
- No, no lo es. – Azusa se acomodó mejor en brazos de Yui. – Es mucho mejor.
Durante las siguientes horas estuvieron conversando y riendo, incluso tuvieron la oportunidad de presentarles a los integrantes de OnNaGumi que se unieron a la reunión. Cómo era de esperarse Akira le reclamó a Yui por haber faltado a clases seguida de la reprimenda por parte de Azusa, obviamente Yui intentó defenderse alegando que no podía ir porque estaba allí "su gatita" pero al parecer, tanto Akira como Azusa parecían haberse puesto de acuerdo en contra de Yui quien finalmente terminó disculpándose un tanto avergonzada.
- ¿Sabes que es lo peor Yui? – Dijo Ritsu con una sonrisa traviesa. – El próximo año vas a tenerlas a ambas encima para que no haraganees.
- ¿¡Ehhh!? ¡No es justo!
Finalmente cada una comenzó a retirarse a sus habitaciones y Yui acompañó a Azusa a tomar el tren de regreso a casa, así como hicieron en antes recorrieron el camino con calma, como queriendo retrasar aquella separación. Pero ineludiblemente llegaron a la estación y el tren llegaría en menos de 5 minutos.
- Podría tomar el siguiente.
- No Azunyan, llegarías muy tarde a tu casa además que sería la hora con mayor cantidad de gente. – Dijo Yui con tono melancólico. – No queda mucho tiempo, así que lo haré ahora. – El rostro de la castaña parecía enrojecer a cada segundo más y más.
- ¿Hacer qué? - Azusa la miró confundida y Yui tomó aire como si se diera ánimos para lo que tenía planeado.
Sin recibir una respuesta verbal de la castaña, Azusa se puso tan roja como Yui al verla arrodillarse en frente de ella y tomar delicadamente su mano.
- ¿Yui?
- Azunyan, ¿te gustaría ser mi novia de nuevo?
La pelinegra se quedó tan sorprendida que fue incapaz de mover un músculo, incluso había dejado de respirar.
- Claro, estaba tan feliz que lo había olvidado. – Pensó Azusa. – Nosotras habíamos terminado.
La respuesta de la pelinegra no llegaba y Yui comenzó a preocuparse de que su repuesta fuera a ser negativa. Cuando alzó la mirada para insistir por una respuesta se dio cuenta que Azusa estaba llorando tanto que Yui se preocupó.
- ¿Estás bien Azunyan? – Preguntó la castaña mientras se ponía de pie. - Lo siento, olvida eso. No tenemos que…
Sólo tuvo que empinarse un poco y juntar los labios de Yui con los suyos. Aquel besó se mezcló con sus lágrimas pero eso no evitó que lo hiciera con pasión, pasando sus brazos por detrás del cuello de Yui para hacerlo más profundo e intenso.
- ¡Claro que sí! ¡Sí quiero ser tu novia! – Exclamó con alegría la pelinegra quien aún seguía llorando.
- ¿Entonces por qué lloras?
- Por la misma razón que tú. – Yui pasó la mano por su rostro para verificar que efectivamente también había comenzado a llorar. – Es porque estoy muy feliz.
Ambas sonrieron y buscaron sus labios nuevamente. Se fundieron en un beso, dulce, apasionado, cálido, cargado de todos sus sentimientos, de cariño, desesperación, incluso algo de rencor por todo lo que habían pasado, pero más que todo amor, aquel amor que se habían prometido ofrecerse por siempre.
- Por fin de regreso a tus brazos, mi amada Yui.
NOTAS:
Finalmente está aquí el penúltimo capítulo, así que espero que les haya gustado (aunque entenderé si no es así… especialmente si son fans de Mio). La verdad tenía planeado darle un papel más… mezquino a Mio pero creo que hubiera sido muy cruel de mi parte. La razón es que quería plasmar ciertas malas experiencias de mi camino por la universidad sobre cómo cambian algunas personas cuando se les da un poco de libertad (cambios nada agradables, debo agregar) pero al final decidí que mejor no.
Como curiosidad de este capítulo, la apariencia de Azusa me basé en una de las portadas del Character Song donde parece más adulta y creí que sería bueno que en mi historia adoptara dicha imagen y más estando en la universidad.
Algunos podrían pensar que en este último capítulo me aceleré en los eventos y puede que tengan razón pero muchas de las cosas ocurren en fechas específicas (San Valentín, Navidad, por ejemplo) y lo que pasa en medio no es muy importante y estaría alargando esto más de lo debido (y eso que ya lo he alargado suficiente) si me pusiera a inventar algo para rellenar. Sin embargo, espero que sea disfrutable.
En el capítulo anterior les había comentado sobre unas sorpresas, estas serían unos capítulos extras para esta historia. Hace un tiempo les comenté que había escrito un Lemon corto como una especie de ruta alternativa de esta historia y que siempre tuve la intensión de publicar pero no me convencía hacerlo en una publicación aparte y pues tampoco encontré mucho sentido hacerlo dentro de esta historia… hasta hace poco, así que aparte del capítulo final podrán esperar al menos un extra. También tengo en mente dos extras más, como una especie de continuación. Un extra sería focalmente entre Yui y Azusa y sus vacaciones de verano (sólo ellas dos… y tal vez contenga ecchi *¬* ) y otro entre Mugi y Ritsu, pero estos dos extras podrían no ocurrir, todo depende de cómo esté de inspiración (aunque una base si tengo para desarrollarlas) además de que me gustaría centrarme en terminar mis otras historias.
NaruGato: Perdón por la tortura, a veces me cuesta encontrar la motivación para escribir, en otras a veces me bloqueo y no sé cómo continuar, pero alégrate, esta vez la espera fue menos.
OkamiShiori11: La verdad nunca me gustó mucho a Sawa de pareja de Mugi y menos de Ui (a quien veo más como pareja de Jun o incluso Nodoka), pero la idea de MugiTsu me quedó fija por el capítulo 14 de la segunda temporada, plus una canción de Character Song de Mugi llamada Yasei no Jounetsu (Pasión Salvaje) hace referencia a ese capítulo, así que esa pareja tiene algo de sentido aunque choque con la pareja favorita de la mayoría.
ritsunny: Entonces espero que te haya gustado este capítulo :)
Chobits3: Esta vez la espera no fue larga y espero que ye haya gustado. Tuve unos problemitas escribiendo este capítulo así que entenderé si no es de tu total agrado.
Mr.E's-pen: Creo que la tormenta se intensificó por momentos xD pero creo que ya la bajé al drama un poco (al menos no tanto como los anteriores).
nicoli 3: Muchos fans de MiTsu jajaja. Recapitulemos, este fic iba a ser una historia corta de Yui y Azusa pero cuando comencé a alargarla algo tenía que hacer con los otros personajes. Originalmente sí, Mio y Ritsu juntas como siempre, a Mugi la iba a dejar fuera porque no quería meterme con otra pareja más y tampoco encontraba bien la forma de interpretar a Sawa. Pero entonces se me ocurrió meter a Mugi en el camino de Ritsu, de nuevo originalmente sólo iba a funcionar para dar movimiento a las cosas pero entre más lo pensaba más me gustaba la idea de MugiTsu y ya que fanfiction está plagado de historias de MiTsu entonces me sentí libre de hacerlo de la otra forma.
Creo que eso es todo, nos veremos/leeremos en el último capítulo.
Ya ne!
Copyright:
K-ON! y sus personajes, pertenece a Kakifly, Kyoto Animation
Shidou Hikaru le pertenece a las CLAMP.
