Kagami enseguida de recibir el último mensaje salió con todos los niños fuera de casa para ir a la casa de Akashi a buscar a su hija; Ai.

Lo primero en notar al salir fue la ausencia del auto de Kuroko, un hermoso modelo de color gris claro. Subió a los niños en el asiento de atrás y los cubrió con una manta para evitarles el frío.

Atrás iban Miki, Yue, Hannah, Yuka, Noah y Jun en su asiento para bebé; un poco apretados pero entraban todos. Delante junto a Kagami iba Fuuma y obviamente el mayor de conductor.

Tenía la suerte de que Akashi no vivía muy lejos de allí, así que llegó en apenas siete minutos contados y sin tráfico. Bajó del auto dejando a los niños, algunos dormitaban así que no debía preocuparse.

Después de todo, obedecían al tío Kagami.

Tocó el timbre una vez y rápidamente atendió Reo. Sonrió al verlo. Sin decir una palabra, le dejó a la niña en brazos totalmente abrigada, palmeó su hombro y cerró la puerta sin decir una palabra.

Eso había sido muy raro, pensó Kagami. Se quedó un par de segundos mirando los enormes ojos de Ai. Bicolores como los de Akashi pero que se resaltaban aún más por su cabello oscuro.

Ai mantenía una expresión seria pero a la vez curiosa, con sus hermosos ojos bien abiertos, delineando bien sus largas pestañas.

-Hola.- Dijo simple. Kagami esbozó una sonrisa, la niña parecía confianzuda.

-Soy Kagami, ¿cuál es tu nombre?- Ya lo sabía puesto que Kuroko se lo había dicho millones de veces, pero quería oírlo de ella. ¿En verdad era tan formal?

-Me llamo Ai. ¡Mucho gusto!- Dijo lo último sonriendo. Tenía los mismos gestos que Reo.

Kagami suspiró aliviado internamente, tal vez Ai no era una niña asesina al estilo Akashi. Eso lo alegraba de sobre manera.

Se dirigió al auto, sentó a Ai delante con Fuuma (Murasakibara y Akashi deberían llevarse bien, ¿no?) y se dispuso a conducir de nuevo hacia su casa. Le envió un mensaje a Kuroko avisando que ya había recogido a la niña y que todo estaba bien.

Puso música suave en volumen bajo mientras escuchaba como los niños ahora despiertos y curiosos hacían preguntas a la nueva integrante del grupo, que entablaba conversaciones rápidamente y con todo el buen humor y la simpatía del mundo. Regalándole una sonrisa a todos.

Lo primero que hizo Ai fue clavar su mirada en Hannah. Enseguida le parió una niña hermosa, cabello oscuro y ojos ámbar claros; una perfecta combinación. Yuka se dio cuenta de su mirada y miró a la pelinegra de ojos bicolores con cierta desconfianza mientras tomaba la mano de Hannah que estaba a su lado.

No quería que nadie le saque a su mejor amiga. No iba a dejar que nadie la separe de la persona que más quiere, además de su mamá.

El resto del viaje continuó en tranquilidad y paz dentro de lo normal. Kagami estaba bastante agradecido del cambio:

De insoportables a tranquilos. Ahora los niños le hacían caso y gracias a ellos pudo terminar de ordenar la casa en paz.

-

Habían pasado un par de horas desde que volvieron hacia el gran shopping del cual habían salido para tomar un almuerzo/merienda. De vez en cuando Himuro o Takao llevaban a Mika en brazos puesto que Makoto estaba bastante cansado; así comenzaba su nueva vida con dos hijas.

Habían dado un par de vueltas por aquí y por allá. Compraron más artículos para sus bebés e incluso para ellos, alguna otra cosa para comer y compartir en casa y nada más.

Sus esposos pueden cuidarse solos. Sí, así era.

Ya tenían bastante con criar a los hijos, necesitaban un tiempo para ellos; cubrir sus necesidades ¿no? Entonces estaba todo bien.

No habían tenido en cuenta el tiempo, de repente pasaron de ser las siete de la tarde a las nueve de la noche. Las mamis necesitaban de sus bebés y viceversa. Teniendo en cuenta lo atento que era Kagami de seguro sus hijos ya habrían cenado y todo, pero los pequeños necesitan la atención de mamá.

-Aah...- Suspiró Takao mientras subía al asiento trasero del auto junto a Himuro y Makoto subía por el otro lado. Kise de copiloto adelante junto a Kuroko que conducía. - Extraño mucho a mi bebé...- Dijo con cierto deje de tristeza.

-Yo también extraño a mis nenas...- Continuó Kise. Amaba estar todo el día con sus hijas, que ellas le hagan mimos e incluso jueguen a usar la ropa de sus padres. Kise también cuidaba mucho de ellas, el cabello de sus hijas era su mayor prioridad. Suave, brilloso y sedoso; simple. Luego estaba papá-sobreprotector-Aomine para alejarlas de los niños y otras personas.

-Supongo que está bien salir de vez en cuando. Para eliminar el estrés de casa y el trabajo.- Comentó Himuro, Makoto asintió en forma de aprobación.

Tenía razón. A veces era relajante salir, sin estar pendiente de perder a tu hijo o a tu esposo; o a ambos. Eso era muy exhaustivo.

Kuroko se mordió el labio inferior desviando la mirada en un semáforo en rojo. ¿Cómo sería pasar por todo eso? Ya habían pasado varios años y por suerte en un par de meses más sabría lo que es tener a una personita pequeña a la cuál cuidar.

Inconsciente, llevó una mano a su vientre y lo acarició superficialmente. Esbozó una leve sonrisa, ahí estaba su bebé.

Vivo.

Dentro de él.

Y eso lo hacía muy feliz.

Cerró los ojos y continuó acariciando su abdomen plano. Salió de su ensueño al momento en qué el semáforo cambió el color y continuó rumbo a su casa.

Había sido un hermoso día.

-

Kagami estaba recostado en el sillón con la mayoría de los niños encima, excepto por Noah, Yuka y Ai que estaban sentados en el alfombrado de la sala. Kagami pensó que la niña Akashi sería un desastre, molesta y agresiva; pero fue todo lo contrario.

La pequeña pelinegra era hermosa y alegre, a veces seria pero muy simpática.

Todos viendo la televisión. Un programa para niños pero no tan niños.

Jun estaba comenzando a adormecerse en el pecho del mayor. A Kagami le sorprendía la capacidad del pequeño peliverde de poder dormir por horas; no es que fuese un niño grande, pero tampoco era tan bebé como para hacerlo todo el día.

En fin, tal vez sólo extrañaba a sus padres, como el resto.

A los, aproximadamente, diez minutos llegaron las mamis cargados de bolsas. Entraron soltando suspiros y quejas, por ejemplo "me duele el trasero por el viaje". Dejaron las cosas que compraron tiradas por allí en cuánto los niños se les abalanzaron encima.

Kagami se asustó un poco por la fuerte presencia de Akashi, pero éste lo saludó con normalidad así dio a entender que estaba todo bien y le agradecía de sobremanera que haya cuidado a su hija por último minuto.

Todo lo contrario en el caso de Takao, que apenas entró corrió a tirarse sobre su bebé; el cual dormía plácidamente y ni siquiera se inmutó de la presencia de su madre. Cuando despierte estará feliz de hacerlo en brazos de su madre o padre.

Himuro luego de abrazar y hacer mimos a sus hijos que enseguida se pusieron a chusmear en las bolsas que había llevado, cargó a Yue mientras tomaba su móvil para avisarle a su esposo que en un rato iba para casa.

No necesitaba que vaya a recogerlo, total, vivía enfrente.

Los demás copiaron el gesto, pero éste solamente para avisar que llegaron y querían ir a casa.

Todos se sentaron en los sofás, tanto el más grande como en los individuales. Makoto sentó sobre sus piernas a Hannah que mantenía con cuidado a Mika en sus brazos, como toda buena hermana mayor.

Tanto Yuka como Miki estaban en el regazo del rubio. Haciéndole preguntas sobre que les compró y qué hizo en su salida, muy emocionadas.

Takao acunaba a Jun en sus brazos, el cuál apenas sintió contacto se apegó a su pecho.

Al poco tiempo, Akashi y Furihata se marcharon, estaba agotados y Ai al día siguiente tenía clases de baile. Se despieron con un gesto de todos y se fueron. Ai literalmente se comió uno de los cachetes de Hannah al saludarla. Le besó la mejilla y también la mordió, para luego huir con su madre y furi-niichan soltando una risita. La morena se quejó y Yuka la miró con cierto desprecio.

Ahh... Esa época en la que los niños comienzan a generar sus emociones. Sacándolas a flote.

Cerca de los diez minutos pasantes, Aomine llegó a la casa y se ofreció a llevar a todos a sus casa. Kagami le dijo a Himuro que lo acompañaría aunque se negase, era tarde y no debía andar solo por la calle con niños pequeños; aunque fuesen quince pasos desde un lado a otro.

-¡Nos vemos mañana, tío Kagami!- Dijo Yuka, despidiéndose del mayor pelirrojo mientras se iba con Kise directo a subir a la camioneta de Aomine; éste arqueó una ceja.

-¿Tío Kagami?- Soltó una risilla. Kagami se sonrojó un poco, era muy adorable y dulce por parte de los niños.- Ve a saber con que los convenciste como para que se porten así.-

-No hice nada. Sólo les di comida y entretenimiento.- Dijo orgulloso de hacer algo tan simple como eso y obtener un gran respeto. Más del que los niños podrían tenerle a sus padres tal vez.

Aomine suspiró esbozando una risa suave, hizo un choque de puños con Kagami y se dirigió a su auto. Tendría muchas paradas que hacer.

Kagami se dispuso a llevar a su hermano hasta casa. Tomó su abrigo y se despidió de Kuroko con un tierno beso.

-Ya vuelvo.-

-Aquí te esperaré.- Respondió el menor con una leve sonrisa.

Una vez que todos se fueron pudo apreciar su casa completamente amueblada y ordenada, finalmente. Aunque aún les quedaba una habitación vacía al lado del living, podrían convertirla en una sala de juegos para los niños ahora que era invierno y hacía mucho frío.

Fue hacia la cocina a preparar un café para su esposo, de seguro llegaría congelado; y un té para él mismo.

Al momento en que se dio la vuelta sintió una leve presión en su abdomen, un frió recorrió su espalda:

Miedo.

El miedo de que fuese algo grave. Miedo a qué algo ocurra con su bebé.

Se quedó parado en el lugar, esa presión había sido cosa de un segundo pero la sintió y eso lo alteró mucho. No volvió a sentir nada, más que su bebé dentro de el. Soltó un suspiro aliviado y terminó de preparar las infusiones.

Himuro y Makoto le habían dicho que signos así podían ser de las consecuencias del primer embarazo, así que se quedó tranquilo.

Confiaría en ello para no alterarse.

-

DOS MESES DESUÉS.

En esos últimos dos meses habían ocurrido muchas cosas.

Primero que nada: el casamiento de Momoi y Riko.

La ceremonia, la fiesta y las decoraciones habían sido geniales y elegantes. La fiesta fue de las mejores, hubo varios encuentros, varios romances, varios todo. Fue una noche demasiada buena.

Además de que esa misma ambas jóvenes anunciaron la llegada de su futuro bebé.

Resulta que Riko y Momoi se habían puesto de acuerdo en la inseminación y decidieron tener un bebé, el cuál lo portaría por hermosos nueve meses la castaña que tenía cumplido los cortos cuatro meses.

Fue una noticia que sorprendió a todos, incluso a Makoto que fue como invitado especial por Teppei; que cabe destacar que también se emocionó bastante. Quería a Riko como si fuese su hermanita y eso lo alegró mucho.

Se alegró mucho por ella.

Algunos invitados se sintieron mal por no poder presentar un regalo que las ayude con la manutención del futuro bebé, puesto que la noticia no era sabida. Pero ellas aclararon que no hacía falta, la presencia de todos en ese día tan importante era el único regalo que necesitaban.

Por segundo: Las fiestas, Navidad y Año Nuevo.

Cada familia decidió pasarla con sus seres queridos. Kuroko y Kagami viajaron a América junto a Himuro y Murasakibara (además de los niños) para pasar la Navidad con Alex, que los recibió alegre como siempre junto a su pareja y su hija.

Esa era la segunda Noche Buena de Kuroko sin sus padres, puesto que habían muerto en un accidente hace dos años.

Kuroko en vez de ser melancólico celebró con toda su alegría las fiestas.

Lo haría por sus padres, que de seguro estarían muy alegres de saber que van a ser abuelos.

Las fiestas pasaron en tranquilidad, de vez cuando se mandaban postales junto a sus amigos. Al parecer cada uno se hallaba en una parte del mundo diferente.

Midorima y Takao estaban en Inglaterra, junto a los padres del peliverde y del azabache, que se había negado totalmente a festejar sin su familia. Después de todo, sus madres eran amigas de pequeñas, así que hubo problemas.

Akashi, Reo y Furihata junto a Ai habían ido a celebrar Noche Buena en Francia. Parece que todos la pasaron muy bien.

Kise y Aomine viajaron por una semana a Australia, donde actualmente trabajaba y vivía la hermana mayor del rubio, que los invitó a pasar esa semana con ella y su familia; además de la hermana menor que también fue allí con una amiga.

Teppei y Hanamiya conocieron a la novia de Hyuuga, Clara: morena de ojos verde agua, pálida y bastante alta y delgada. Parecía una muñeca de porcelana. Dio una muy buena impresión. Los cuatro pasaron la Navidad con Riko y Momoi en su departamento.

Y por tercero: el nacimiento de Mio, la nueva bebé de los Murasakibara.

Fue una bebé completamente sana, nacida el 3 de enero. Cabello oscuro en un tono violáceo con ojos grises súper claros y piel pálida como la de Himuro. Tenia ciertos rasgos a Murasakibara que enseguida quedó embobado con su nueva hija.

Parece que ahora si habría una gran competencia para ver quien tenía la atención de papá.

Lo celebraron una pequeña reunión de amigos en casa el día que le dieron el alta a Himuro y a Mio. Fue una sorpresa para ambos. Pero la pasaron genial.

Makoto y Himuro pactaron que Mika y Mio serían grandes amigas cuando crezcan.

Fueron dos meses increíbles y bastante tranquilos.

-

Kuroko estaba doblando el resto de la ropa que quedaba en una maleta y la aoyaba en la mesita baja del living. Era cerca del mediodía. Himuro, Makoto, Kise y Takao estaban en su casa como siempre.

Aomine y Kagami habían ido de compras por los muebles del bebé; el resto cuidaba de los papis cuidaba a sus hijos aprovechando los días libres.

-Y aquí está el Big Ben.- Dijo Takao mientras mostraba en su celular las fotos que había tomado de su viaje a Inglaterra junto a su familia. Era la primera vez que iba y le gustó realmente mucho, esperaba poder visitar a sus suegros más seguido.

Todos los demás miraban atentos y sorprendidos, obviamente también tenían sus fotos y recuerdos que contar. Pero el moreno se les adelantó. Kuroko mientras tanto seguía acomodando ropa, encontró un par de perfumes de Kagami y se dispuso a subir al baño para guardarlas.

Pasaron un par de segundos en los que Takao no paraba de hablar de su viaje.

-Y aquí en este bar tomam- - Fue interrumpido por el ruido de algo rompiéndose. Enseguida entró en alerta junto a los demás.

Se miraron todos entre sí.

-¿Kurokochi? ¿... Estás bien?.- Preguntó temeroso el rubio, sin despegar la mirada de preocupación de Himuro, que lo miraba de la misma forma.

Los cuatro presentes escucharon un quejido como respuesta, fue suficiente como para hacer correr a Takao y a Kise escaleras arriba. Makoto se quedó con Himuro abajo, el mayor aún no podía hacer esfuerzos.

Apenas el rubio y el moreno subieron corrieron al baño, estaba la puerta abierta y la luz encendida. En el suelo, junto a un envase de perfume hecho pedazos y el líquido por todas partes, estaba Kuroko sentado sobre sus rodillas y hecho una bolita, abrazándose con fuerza mientras mantenía una expresión de dolor.

Era la misma sensación de presión que sintió hace dos meses. Pero ahora era constante y diez veces más fuerte, dolía mucho.

Kise casi suelta un grito cuando vio una mancha oscura, en tono carmesí, entre las piernas del peli celeste. Takao lo notó y entró en pánico literal. Ambos lo cargaron y llevaron escaleras abajo.

-¡Himuro, Makoto, enciendan el auto!- Gritaron mientras bajaban. Kuroko soltaba quejidos de dolor. Los dos morenos enseguida salieron de la casa hacia el auto de Takao, por suerte Himuro tenía las llaves.

Kise tomó una manta de las que había doblado anteriormente Kuroko y la llevó consigo. Subieron en el asiento trasero Takao y el rubio, junto a Kuroko. De copiloto Himuro que se mantenía hacia atrás para acompañar a su amigo y Makoto iba manejando.

Todo pasó tan rápido y tan lento a la vez para Kuroko. Recordaba haber subido las ecaleras, entrar al baño y perder la consciencia por dos segundos en los que el dolor punzante en su vientre bajo comenzó. A causa de éste cayó al suelo, estriñéndose en el suelo. Aún recordaba el pánico que corrió por su cuerpo que le puso los pelos de punta, el cual mantenía aún.

Makoto sólo esparaba que no haya demasiado tráfico para poder llegar rápido al hospital. Takao sólo esperaba que en ese momento estuviera, por casualidad de la vida, allí Midorima. Tenía una sensación de vértigo horrible.

Y no era el único.

Himuro mandó un mensaje rápido a su hermano, Kagami.

"Estamos yendo al Hospital Central, por favor ven rápido."

"Bro, ¿qué ocurrió? No me asustes." Respondió a los pocos segundos el menor pelirrojo.

"Creo que Kuroko está perdieron al bebé..."

-

chan.

chAN.

CHAN.

Perdonen la demora y faltas ortográficas.

Kuroko no Basket no me pertenece.