April 4. Spring
Me alejé del grupo de aprendices mayores con los que había estado jugando esa tarde y me acerqué a sombra masquiforme que nos había estado siguiendo todo el día. Según me vio alejarme del grupo y caminar hacia él, se sentó en en la hierba y fingió mirar a absolutamente ningún sitio. Me dan ganas de sonreír al acordarme. Es un mentiroso lamentable, no se como nadie se enteró de lo de Saga antes.
Mantuvo su farsa, pasando la vista de vacío en vacío fingiendo que no sabía que yo estaba ahí, aún cuando estuve a menos de un paso de él, de pie tapándole el sol y mirando directamente. Al final, tuve que hablar para darle un escape a su absurdo, y solo por evitármelo estuve a punto de irme por donde había venido. A veces me pregunto qué habría ocurrido si lo hubiera hecho. Supongo que no habría pasado nada. Estaba destinado a la armadur,a a fin de cuentas
-Hola
-Oh. Hola. Estás ahí! a¡No te había visto!, ehem. ¿que quieres?
-¿Por qué me sigues?
-¿Yo? ¡Pf! Vaya idiotez! Yo no te estaba siguiendo! Solo...Me gusta venir aquí. Hay mucho...eh...mucho…
Y aunque había muchas mariposas, mucha hierba verde, muchas flores de colores, muchas zarzamoras, muchas nubes y muchos escarabajos de todos los colores, a él no se le ocurrió nada, asi que cerró la boca, se puso como un tomate, y siguió manteniendo su mentira a base de voluntad.
-¿Y a tí que te importa! ¡Enano!
Le miré, curioso. Era un chico extraño. Había algo que no acababa de cerrar. Me daba lástima, siempre estaba solo. Me encogí de hombros y me tumbé unos cuantos pasos más allá para poder mirar las nubes y comer a gusto. Ese era uno de mis sitios preferidos en las afueras. Cuando el dragón algodonoso que flotaba sobre mí se convirtió en un corderito con cuernos, sentí movimiento a mi lado. DeathMask se había levantado y se estaba sentando ahora justo al lado de mí
-¿Qué? ¿Eres el dueño de este sitio?-negué con la cabeza, intrigado, de nuevo- ¡Pues entonces! ¡Me pongo donde quiero!
Recuerdo que pensé en contestarle, pero era mucho trabajo. En vez de eso, me levanté y caminé un poco hacia un lado, lejos de él. Allí me volví a tumbar y seguí mirando las nubes mientras mordisqueaba el bollo de crema con el que me había hecho al pasar por Rodoiro (uno de ellos) El corderito del cielo no tuvo tiempo ni de perder los cuernos cuando el crío moreno que había sacado del agua volvió a moverse y a sentarse a mi lado, prácticamente encima de mí. Cuando giré el rostro me lo encontré mirándome directamente, con tanta cara de desafío cómo puede uno poner con diez años, que en su caso, era mucha. Estaba buscando pelea, y se frustraba al evr que yo no tenía intención de dársela. En vez de eso, se me ocurrió un plan. No tenía mucha experiencia haciendo amigos, normalmente eran otros los que se acercaban a mí, pero sí sabía domesticar animales, y no podía ser muy distinto.
Volví a levantarme, él volvió a seguirme, y cuando fue a abrir la boca para hacerse notar más, temiendo que no me hubiera dado cuenta de que estaba casi encima de mí, extendí el bollo hacia él, y lo sacudí un poco.
Mask se quedó mirando el hojaldre, como si fuera una aparición mística. Volví a agitarlo y a acercarlo hacia él
-C..como..?- Lo mantuve a su alcance. No era un mensaje tan difícil!- ¿Y..Ya estás lleno?
Negué con la cabeza, y él me miró sin comprender. De nuevo tuve que hablar, y de nuevo estuve tentado de dejarlo correr y seguir por mi lado para ahorrarme el molesto esfuerzo..peor no podía. Había algo trágico en que ese niño no comprendiera que estaba intentando compartir algo
-Coje un poco-Aclaré, al final, peleándome contra el griego en una batalla que el griego solía ganar, muy a mi pesar. ´Le ladeó la cabeza esta vez, y volvió a mirarme, preguntándose si aquello estaria envenenado, o relleno de arañas, o algo por el estilo.
Yo esperaba que agarrara la comdia y saliera corriendo como una ardilla, o como la máquina de abusar que se suponía que era, pero en vez de eso cortó una esquinita con los dedos, un trocito ridículamente pequeño, y me devolvió el resto. No vi su cara, pero su voz sonó tan descolocada que tuve que hacer un esfuerzo por no reirme. Una vez cogen comida de tu mano, el resto está hecho.
-Oye...tú.. deberías estar enfadado conmigo, Rencor y eso. Has oído hablar del concepto?- negué con la cabeza, convencido de que yo estaba por encima de esas cosas. Era un crío, pero también era imbécil. Ojalá pudiera patearle a ese "niño" la maldita boca. No tiene ni idea del rencor que puede acumular.
Mask me miró extrañado, como si acabara de volverme verde. Siempre tuvo más sentido común que yo, pero no supe verlo. En vez de eso se me escapó una a sentime cada vez más protector hacia ese chico tan extraño.
Verano.19 Septiembre
-Apártate, Cáncer
-¿Has perdido la maldita cabeza?
-Esto no es asunto tuyo. Apártate de ahí.
-¡Me importa una m***** que no lo sea! ¡No podemos mezclarnos en política internacional sin el p*** permiso del p*** Patriarca, y lo sabes! ¿Qué esperas conseguir?
-Espero asegurarme de que cierto megalómano deje de tener medios para masacrar a su pueblo, en cuanto un cretino de m***** se quite de enmedio.-
-Saga te hará matar por esto ¡Imbécil!
-¡No puede matarme! Nos necesita a todos para cuando Hades se alce, y lo sabes. Pataleará, es todo. ¡Hazte a un lado!
-La última vez estuvo cerca- Ahí tenía un punto. La última vez había estado muy, muy cerca. Saga empezaba a mostrarse cada vez más inestable, y ninguno podríamos ignorar eso por mucho más tiempo. Arrugué el gesto e hice un quiebro, fastidiado por tener que admitir que Mask tenía razón. En eso, posiblemente en mucho más.
-¿Por qué te preocupa tanto lo que me haga? Pensé que te gustaba mirar- Mask apretó los dientes, pero no se marchó.
La línea cuadrada de su mandíbula se marcó bajo la piel. Eso eran malas noticias. Muy malas noticias. Si ni siquiera herir su orgullo lograba que me dejara en paz, nada lo lograría, y yo no podía empezar una pelea allí. Peligro de explosiones incontroladas aparte, no tenía tres años que perder peleándome con otro santo dentro de un búnker subterráneo antes de pasar a deshacerme de la hermosa colección de fuegos artificiales que nuestro querido y megalómano amigo estaba coleccionando, mientras el resto del mundo hacía NADA al respecto.
-O eres idiota, o te has vuelto loco. Puedes provocar una guerra con esto. ¿No querías paz en la Tierra?
-¿Si? ¿Y qué van a usar en esa guerra? ¿Piedras? Ese es el j***** punto! ¡Hazte a un lado!
El presiente del lugar, electo o no, era un completo chiflado con un historial de pesadilla, y estaba armándose hsa los dientes por "defensa", según él. Nunca estuve a favor de que los paíess tuvieran su propio ejército. La tierra ya nos tenía a nosotros para protegerla y mantener las cosas en su sitio, no necesitaba ninguna otra "defensa" muy especialmente teniendo en cuenta como solía usarse. Había visto de sobra bastantes muestras de gente defendiendo a sus ciudadanos, y los susodichos ciudadanos tendían a terminar descuartizados por las baldosas. En cualquier caso, Santuario no estaba de acuerdo conmigo, y todo el mundo tenía derecho a mantener su trocito de muerte en potencia en el garaje. Era necesario, independencia, acuerdos internacionales, vale, lo que sea, si hay que tragarlo lo haré, pero este tipo había cruzado la línea en todas las direcciones posibles hacía ya demasiado tiempo. Pronto tendría una colección de juguetes suficiente como para hacer que Santuario tuviera que "negociar" con él, en el peor de los casos. Eso no era aceptable. Menos sabiendo lo que "negociar" podría significar con este sujeto. Una mierda, eso valía la ley internacional, la reputación de la Diosa y el demonio mismo en comparación. Si Saga no pensaba hacer nada para evitarlo, yo si pensaba hacerlo. Ya estaba usando la presencia de esas cosas para mover diplomacia en la dirección que le convenía, y ya había gente sufriendo por ello. En eso no había justicia, y si seguíamos mirando desde el borde acabaríamos por no estar en posición de remediarlo.
Al menos, eso pensaba yo. Mask no era muy partidario de esa teoría, y estaba decidido a quedarse en medio, sabiendo que yo nunca empezaría una pelea allí.
-De acuerdo. Tu ganas- Bajé las manos y relajé la guardia. Mi niñera de esa tarde dibujó una sonrisa de victoria, y relajó la suya
-Parece que aún te falta un poco par aser completamente imbécil.
-Esto sigue sin gustarme- Echo a andar a su lado, hacia la salida del búnker
-No es cuestión de gusto, Piscis. ¿En qué demonios estabas pensando?
DeathMask mantuvo media guardia mientras andaba, y fue sacudiendo la cabeza, como negando para sí, todo el trayecto hasta la puerta. En la oscuridad del búnker, uno podría jurar que estaba realmente preocupado por lo que me pudiera pasar, peor a la luz del día quedaba claro que la expresión no era preocupación. Estaba confuso. Confuso sobre todo, y sobre todos. Demasiadas responsabilidades, demasiadas áreas grises. Yo también conocía esa sensación, pero no de la misma manera. No tan intensamente como revelaban las sombras oscuras en su cara. Me disculpé mentalmente por añadir más preocupaciones a las que ya tenía, y, al poco de salir al sol y de que él inclinara la cara hacia atrás, creyendo que el peligro había pasado, desaparecí entre pétalos de rosa.
Le veo un toque humorístico a los pétalos de rosa en ese movimiento. Será una rareza mía. Mask no els encontró ni puta gracia. Cuando logró alcanzarme, con topitos rojos y rocío enganchados en el pelo y cara de irme a arrancar la tráquea con los dientes, ya era demasiado tarde.
-Lo siento- Dije, sinceramente, mientras encajaba el placaje y me dejaba tirar al suelo. Sus puños se cerraron con rabia. Me esperaba un puñetazo, y no tenía intención de esquivarlo. Me lo merecía. Al menos, según su libro, estaba seguro de merecerlo, y si eso era lo que exigían sus estrellas, tenía la bendición de Athena. Sin embargo, no llegó. Cancer se limitó a mirar con impotencia como las rosas piraña convertían los últimos restos de aquel interior en partículas metálicas que llovían sobre nosotros.
-Idiota- Siseó, llevándose una mano crispada a la cabeza. Parecía muy cansado.
-Tenía que hacerlo.
-Lo sé...lo sé…-Ni siquiera estaba seguro de si hablaba conmigo. Sacudió la cabeza de nuevo, y volvió a mirar hacia arriba, recompuesto y testarudo como al principio, mientras la estructura de cemento se rajaba y empezaba a caer a pedazos- Mira. Fui yo. ¿Entendido? Vamos a acabar esta jodida locura que has empezado, con los bunker que quedan. Si me van a sacar las tripas, quiero que sea por un trabajo completo. Y después iremos a Santuario. Yo diré que fui yo, y tú cerrarás tu puta boquita de piñón!
-¿Qué?, ¡No!
-Mira florecilla ¡No me jodas más por hoy! ¡No quiero que Saga te mate! Mi historial está bastante más limpio que el tuyo. Será más blando conmigo.
-Eso es una estupidez, y lo sabes! No va a ser más blando contigo- Sacudí la cabeza y aparté un pilar que caía con la mano izquierda. Mask pulverizó un cascote que iba a caer cerca, por el puro placer de hacerlo, y pegó un bufido. No se lo estaba poniendo fácil, peor aún no tenía la menor idea de qué estaba él haciendo allí, y la confusión no me ayudaba a pensar claro.
-¡Si digo que lo hará es que lo hará!, ¿Joder!. ¡SE que lo hará, y se por qué! ¡Fíate de mí por una vez en tu puta vida! ¿Quieres? ¡Esto no es un favor!¡No quiero que el Santuario se beilite más aún y tú no estás recuperado de la última vez.
Agaché la cabeza, y le di la razón. Él bufó de nuevo, más furioso que satisfecho, y volvió a golpear un trozo de pared que caía sobre nosotros. No le di la razón por humildad, sino más bien pro confusión. Saga era inestable, si, pero no TAN inestable como para preocuparse por esto. Había algo ahí que me estaba perdiendo
-No vas a salir de rositas, Piscis. Pienso vengarse de esto….
-Lo se.
-...Lo que sea que me haga Saga te lo pienso devolver, con intereses¡ Y no se te ocurra quejarte porque te lo has ganado a puto pulso, y lo sabes!- Asentí, con un sabor amargo en la boca, y seguimos caminando en silencio.
-Hacía mucho que no te veía.
-...,..., He estado...ocupado. Órdenes y...bueno. Cosas.
-¿Y te has desocupado justo hoy?-Una pequeña explosión de oro hizo saltar las rocas
-Joder, Afrodita!, ¿No sabes simplemente aceptar un favor?- nos miramos por un momento, peor no pudimos aguantar la mirada demasiado tiempo. Suspiré, y esta vez fue mi turno de sacudir la cabeza. Me tragué varias respuestas, como que creía que eso no era un favor.
-Supongo que las "cosas" fueron bien.
-Si-Él apretó la boca y se rascó el cuello, mirando hacia otro lado- ¿Y tú? ¿Noticias?
-Me iré a Groenlandia dentro de poco.
-Suena bien.
-si
-.., Suena a un sitio tranquilo- Asentí con la cabeza
-Deberías ir a verlo, algún día. El clima es suave en verano.
-Si...supongo que si. Quizás, algún día.
-¿Seguirás ocupado?
-¿Te importa?
Otoño. 23 de Noviembre
"-No. No siempre fue así."
"-No. No tuvo ningún maestro particularmente cruel"
"-No, no tuvo que ver más de lo que ya hemos visto todos, al menos, hasta donde yo puedo saber"
Y el cachorro de león seguía haciéndome preguntas. Un compañero había intentado matarle, y ni siquiera directamente, sino a traición. No le culpo por buscar respuestas. No es el único con el que tuve esa conversación, ni el primero. Al final todos insistían y daban vueltas, buscando alguna historia trágica que redimiese a DeathMask. Descubrir alguna terrible tragedia familiar. Descubrir algún trauma monstruosos, algún maestro infame más allá de las palabras, que convirtió a Cáncer en un maníaco sádico. Algo. Quieren saber cuándo empezó. Quieren culpar a un humano. Pero esto no empezó. Siempre estuvo ahí. No fue culpa de ningún humano.
-Su cosmo siempre estuvo hueco.
Es la única explicación que les puedo dar. Es la única que hay. Ese agujero ululante en su aura no es un reflejo del ser en que se ha convertido, como todos suelen asumir. Siempre estuvo ahí. Ese hueco helado estaba allí la primera vez que nos conocimos, cuando él era solo un crío que hacía lo imposible por obligarme a reír, y le fue devorando vivo año tras año.
-Es voluntad de la Diosa. Quizás debas preguntarle a ella, parece que le gusta así.
Leo me mira como si me hubiera vuelto loco. Yo logré obligarme a cerrar la boca a tiempo y salir de allí. Un momento de honestidad más sobre lo que opinaba de los dioses, de todos ellos, y me habría ganado una ejecución por blasfemia a pulso.
Ni siquiera parecía una mala perspectiva.
Invierno. 23 de Diciembre
Cuando acaban contigo, solo oyes ruido blanco, una especie de zumbido que te vuelve loco. Por una pequeña eternidad no puedes ver, no puedes pensar, no puedes siquiera recordar qué forma tienes. Lentamente, muy lentamente, una vez te dejan en paz, el dolor se dulcifica lo bastante como para devolverte tu identidad. Recuerdas qué eres, quién eres, dónde estás, e incluso que forma tienen. No recuerdas a nadie más, eso lleva tiempo extra, peor al menos recuerdas que eres un ser finito, separado del universo, y que hay algo más que agonía, en alguna parte, por ahí fuera. Entretanto no eres más que una raja en el tejido del universo que no puede oír ni sus propios alaridos, que solo ve gris y rojo y escucha ese maldito zumbido, sin recordar siquiera lo que es escuchar.
Cuando empiezas a oír palabras a través de la niebla sabes que han debido terminar contigo hace tiempo. El oído regresa antes que la vista, antes incluso que tú mismo. No sé por qué. Supongo que no quieren que nos perdamos nada importante.
Trato de recordar una vez más qué forma se supone que tengo, y, entre tanto, oigo los gritos de Leo, llegando desde distancias infinitas y grises, y la voz de Mask. Un siseo abriéndose paso a través del zumbido.
Levanto la vista, o trato de hacerlo. Las sombras grises se contraen para formar su cara lo mejor que pueden, aunque ahora mismo no soy capaz de juzgar el éxito que han tenido, ni siquiera recuerdo qué se supone que tengo que ver.
La voz vuelve a sonar, insistente, peor el zumbido es más fuerte. Me ha llevado varios intentos entender qué dice. Mi nombre, creo. No era necesario, lo habría recordado, eventualmente.
Me vuelve a llamar, justo cuando empezaba a hundirme en el gris otra vez. Es aires el que grita ahora…¿Creo? Era aries antes? No lo recuerdo. Trato de levantar la vista hacia la fuente del siseo que me está taladrando el cerebro, para comprobar si existe o si estoy alucinando otra vez, mientras los recuerdos de quien soy, y quién es él, vuelven a mí como una marea descontrolada. El extraño relieve de cara sobre gris se acerca lo que puede, y trata de examinarme. Estamos en el infierno, imbécil, no podemos morir otra vez ¿Qué te preocupa, exactamente? Aún así, por su cara parece que al que acaban de torturar es a él. ¿Lo ha sido? No, diría que no, no es su turno. Me recuerda a la expresión del bunker, y a aquella otra vez...Tropiezo en los recuerdos y caigo al gris otra vez. Su voz sisea y me atraviesa el cerebro como una aguja ardiendo. Ya he tenido suficientes de esas por hoy.
-Afro!
-¿Qué m**** quieres?!
-¡Di algo, maldita sea! Llevas una eternidad sin moverte!- Qué quieres que diga, exactamente? Para qué quieres que diga nada? No hay nada que decir, no hay nada que pueda cambiar. Esos arranques de amabilidad me habrían venido muy bien cuando estábamos vivos, pero aquí, son tan inútiles como todo lo demás que podamos hacer. Ni siquiera sé por qué estoy tan furioso.
-¿Afro?
-No te entiendo, Mask. No te entiendo...Ni siquiera ahora.
-...
-¿Que esperabas oir?
-...Dí lo que te de la gana. Solo habla.
