"SCC y sus personajes no son míos… de ser así haría una continuación"

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Uno roto y el otro armándose.

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Mire mi reflejo en el espejo, un suspiro salió de mis labios involuntariamente. Me pase la mano por la cara con frustración.

No había ningún ruido en el departamento, ni el zumbido de una mosca. Odiaba el silencio, me recordaba a aquella pequeña casa que conoció mis angustias cuando niño y a la perfecta mansión blanca que fue testigo de mi odio mientras crecía. Demasiado silencio, podría volver a uno loco.

Miré los lentes que estaban a un lado del lavamanos, con ellos me parecía demasiado a mi padre. Los mismos ojos, el mismo cabello, la misma forma de ladear la cabeza, había muy poco de mi madre en mí, nunca sabré si es bueno o malo. Odiaba verme en el espejo, especialmente cuando estaba solo.

Podía ver la misma mirada de desinterés en mis ojos al igual que la vi en los ojos de él cuando tenía 17 años y fui a Inglaterra.

- Desaparece de mi vista…

Apuñe mis manos contra la pared, odiaba el silencio, odiaba mi rostro y los odiaba a ellos.

Pero también odiaba la soledad.

Me coloque la playera antes de salir del baño con los lentes en mi mano.

Tomé mi mochila y salí hacia la cocina que estaba desierta. Mis ojos se dirigieron involuntariamente hacia la otra habitación del departamento, me quede parado mirándola durante unos segundos, pensando que tal vez, solo tal vez si tocaba me abrirían la puerta, pero era inútil, nadie habitaba el cuarto de todas maneras.

Hice una mueva con los labios de disgusto. Odiaba la soledad… por sobre todo lo demás.

Azote la puerta al salir.

Camine con la cabeza agachada hacia el elevador.

- Ten cuidado, no vayas a chocar contra algo… - escuché la voz de una mujer a mi lado, la miré con una ceja levantada.

- Demasiado cínica para hablarme después de dejarme plantado ¿No crees? – le dije con voz apagada, la sonrisa de su rostro flaqueo levemente.

Nuestra "cita" nunca se concretó, ya habían pasado tres semanas desde entonces, casi un mes y no nos habíamos encontrado en todo ese tiempo por puros juegos del destino. Aunque no había pensado mucho en eso, mi mente estaba ocupada en otras cosas.

- Kurogane llego de improviso, no encontré la manera de zafarme de él ni de avisarte a ti – dijo suavemente mientras entrabamos al elevador – Además no es como si fuera una cita verdadera… no debes de enojarte por eso.

- Si las cosas hubieran sido al revés, seguro que estaría presenciando tu lado maniático ahorita mismo…

- Es probable. Pero también comprendería la situación – contesto asintiendo solemnemente – Realmente lamento no poder ido a la cita… o no cita – dijo recargándose en la pared del elevador, me encogí de hombros porque realmente no me importaba, había ofrecido la salida como modo de agradecimiento, no más, claro que nadie le gusta que lo dejen esperando pero no era algo por lo que debería molestarme, después de todo ella no me debe ninguna explicación.

- No hay problema… - murmure desinteresado, era realmente una pena que me la encontrar en uno de mis malos días.

- Te invito a cenar a mi casa…

- ¿Un soborno? – dije levantando la ceja sin mirarla aún, mientras limpiaba mis lentes con un pañuelo, ella rió bajito.

- No, una forma de pedir disculpas… - buscando entre sus bolsas saco un dulce – y esto es para que te esa cara de amargado desaparezca de tu cara…

- No me gustan los dulc… - no pude terminar de hablar porque ya tenía el caramelo en la boca.

- Te espero a las 8 en mi casa… - dijo con una sonrisa en los labios antes de salir del elevador caminando rápidamente.

La mire marcharse y solté un suspiro. Me dirigí al bote de basura más cercano para escupirlo en él. Sabor cereza, odiaba la cereza. Me limpie la boca con la parte reversa de mi mano.

Tomé el celular en mis manos pensando seriamente en llamar a Shaoran, pero deseche la idea rápidamente, si lo llamaba que iba a decirle.

Después del incidente con Sakura y aunque realmente intente poner todo el asunto detrás de nosotros inconscientemente se creó una brecha entre los dos. Una incomodidad plausible y la tensión tan presente que podía sentirla en cualquier momento alrededor de nosotros.

Al final de la primera semana me lo encontré con las maletas hechas.

- Creo que es lo mejor… - me dijo levantándose del sillón con los ojos pegados al suelo – He hecho cosas terribles Eriol, no te lo merecías y sin embargo una parte de mí trata de justificarse… pero nada está bien.

- Tonterías… - murmure mirándolo fijamente.

- Esto es bueno para los dos…

Una parte de mi quería hacer el comentario que esto parecía una separación de enamorados y que yo no iba a hacer el abandonado. Pero la situación era un poco más seria que eso.

- Sé que sientes mal, ya hablamos de esto…

- No, nunca lo hicimos – me contraataco – nunca nos ha gustado hablar sobre nuestros problemas Eriol, todo lo que sé de ti es porque te lo he sacado a fuerzas y eso ha creado problemas entre nosotros.

- ¿No tengo permitido tener secretos? – Dije un poco molesto – No tiene ningún sentido lo que estás diciendo… aquí el único que ha fallado eres tú.

Lo miré cerrar los ojos por unos segundos antes de asentir.

- Es cierto y nunca lo vas a superar. En realidad Eriol… - trago pesadamente – nunca he sido el amigo que quisiera ser para ti, tampoco sé si lo llegaré a ser. A estas alturas debería de ser capaz de saber cómo eres, quien eres… pero me encuentro igual que 14 años atrás.

- ¡Mierda si eso es cierto! – Gruñí enojado por completo – No voltees las cosas. Cuando me has necesitado he estado ahí, en las buenas y malas. ¿No es eso suficiente? – dije rodeando la sala.

- Sí, pero no para ti – me dijo mirándome – nos hará bien.

- ¿Así que te vas a ir nada más porque sí?

- No, me voy a ir porque es lo mejor para ti. Obviamente nuestra amistad te ha hecho más daño que bien, me duele saber eso y no poder arreglarlo porque no sé cómo, desconozco la manera.

Solté un suspiro involuntario.

- No te estoy abandonando… - me dijo antes de salir del departamento mirándome por encima del hombro – No lo hago, estas herido y te he hecho daño… esto… solo es temporal… te prometo que encontraré la manera.

- ¿En serio? – Dije sarcásticamente riendo con dolor - Pero es más fácil de lejos ¿no?.. Maldito cobarde.

- ¿Qué pasaría si me quedará? Vamos a seguir igual, fingiendo que todo está bien cuando en realidad no soportas verme y yo no soportó la idea de que he traicionado la poca confianza que me tenías – se giró para verme de frente, mire como atención como su pecho se relajaba al soltar aire – No estás en paz conmigo, aunque dijiste que lo estabas. Yo quise creerte, pero obviamente ambos nos estábamos engañando.

El silencio entre nosotros se hizo insoportable, él balaceaba su maleta de un brazo al otro y yo contenía la urgencia de quitársela para darle con ella. Me quite los lentes y exhale furiosamente.

- No vas a cambiar de opinión – dicte como un hecho – tampoco te voy a rogar. Si quieres irte, adelante. Ya no me importa.

Dicho eso me encerré en mi habitación tirándome en la cama mientras cubría mi cara con mi antebrazo derecho.

- Te veré el domingo… - yo no me presente a jugar el domingo… ni el que siguió.

No lo he visto desde entonces. Sin embargo el muy idiota me manda mensajes para saber cómo estoy y como la estoy pasando. Sin vergüenza.

Me baje del auto al llegar al campus. En realidad no tenía deseos de asistir a clases, pero era mejor que estar encerrado, de nuevo, en el departamento.

Una parte de mi aceptaba que tenía razón. En realidad nunca me gustaron las confrontaciones, son demasiado cansadas y estresantes, es mejor perdonar o por lo menos fingir que lo haces, al aparecer eso no iba a funcionar ahora.

Él lo había aceptado perfectamente cuando sucedió lo del incidente, no veo porque ahora debe de comportarse como si me hubiese insertado una daga directamente al corazón. Probablemente la daga ya estaba ahí desde un principio.

¿Podríamos volver a ser los mismos de antes? Era mucho más simple cuando éramos pequeños. Jugar, comer, dormir y estar juntos era fácil. Él me necesitaba y creo que la principal razón por la que me acerque a él era porque también lo hacía.

Ambos estábamos solos, de alguna manera u otra. Yo con un abuelo al que le importaba muy poco siempre y cuando los negocios fluyeran, y él con un padre que parecía más un sargento militar, y con un carácter de los mil demonios.

Pero siendo justos, él siempre tuvo más que yo. Quitando el dinero en mi cuenta de banco y las pertenencias a mi nombre, yo no era más que un huérfano con un nombre muy poco común en otro continente. Y aunque la familia de Shaoran estaba muy lejos de ser perfecta, eran… son, por lo menos una familia, disfuncional pero se tienen unos a otros.

Cuando era niño, siempre me pregunte porque yo no podía tener lo mismo. Los pocos recuerdos que tengo de mis padres, algunos son buenos, otros son malos, muchos ya no son lo mismo, probablemente mi mente los confundió con algún otro suceso.

Mis padres fueron buenos conmigo, por lo menos sé que fue así por los vagos recuerdos que aún tengo y por la horrible sensación que se apoderó de mi cuando ya no estuve con ellos.

Éramos dos niños con diferentes tipos de soledad. Yo había sido forzado a aceptarla y Shaoran la abrazó con fuerzas por su personalidad cerrada, tal vez como una acción auto-defensiva.

Desde que lo vi, parado frente al salón pude darme cuenta, era como un pequeño cachorro ser lobo. Supe que podríamos ayudarnos de alguna manera u otra, tampoco pensé que llegaríamos tan lejos, comúnmente las amistades de la infancia se pierden con el tiempo, y a pesar de esas dos estupideces que hizo nunca habíamos tenido problemas serios.

Entre a una cafetería para comprar un café, algo que me mantuviera despierto las siguientes horas.

- ¡Eriol! – escuché mi nombre, volteando a ambos lados no pude encontrar a la dueña de la voz.

Ordené y pague a la chica antes de recoger mi café cuando sentí una mano en mi codo.

- He estado llamándote como loca…

- Oh, lo siento Sakura, estaba distraído… - conteste con una leve sonrisa.

¿Qué tanto puedes odiar a alguien? ¿Hay un límite? Estaba seguro que nunca odiaría a Shaoran, en ocasiones cuando sobre pensaba las cosas y tomaba acciones equivocadas, llegaba a detestarlo, su sola presencia me molestaba.

Sabía que tampoco odiaba a Sakura, pero hoy no era uno de mis días buenos y estaba seguro que por más que tratará de actuar civilizadamente mi lengua me traicionaría en cualquier momento.

- No te he visto desde hace mucho… - me dijo tomando su café antes de seguirme a la salida del local – Yamazaky me dijo, sobre que Shaoran ya no vive contigo…

- ¿No te lo dijo él mismo?..

- Nosotros decidimos darnos un tiempo, las cosas se volvieron muy complicadas – pausó por un momento como meditando sus siguientes palabras – No iba a funcionar de todas maneras… - dijo encogiéndose de hombros para restarle importancia.

Ese estúpido, bueno para nada…

- Espero que no se les haya metido la idea de que nosotros si funcionaremos – le replique caminando hacia el edificio de artes digitales, sorprendido de que me siguiera.

- ¿Qué?... No, claro que no – me dijo rápidamente – Tal vez sino… me hubiese liado con Shaoran desde un principio…

- Ya no importa – la interrumpí no me gustaba ser plato de segunda – De todas maneras eres muy bajita para mi… - le dije palmeando su cabeza como un perrito pequeño, levante una ceja en señal de pregunta en cuanto entramos al edificio.

- Quede con mi prima, Tomoyo… - al ver que obtuve ninguna reacción continúo – Vive en el mismo edificio que tú… la otra vez estabas platicando con ella enfrente de él.

- Sé quién es Daidouji – le conteste – Me la encontré de salida. Es una persona un tanto diferente ¿No? – dije pensativo recordando la sonrisa de la muchacha.

- Solíamos ser muy cercanas cuando niñas, después mama murió y tuve que salir con mi padre a sus viajes… no hemos interactuado mucho desde entonces.

- ¿Son ellos la familia de la que Mihara se quejaba tanto? – pregunté recordando aquella cena en el restaurante unos meses atrás.

- Sí, ellos. Disculpa a Chiharu, ella tiene ciertas… experiencias que la ser como es...

- Sería bueno que se guardará sus comentarios… - murmure recordando a la pequeña pelirroja – Quisiera hacerte compañía pero tengo clases… - le dije.

- Oh, no te preocupes – miró su reloj de pulsera – Ya no debe de tardar – me sonrió – Fue un gusto verte…

Incline levemente la cabeza antes de empezar a subir las escaleras.

- Deberíamos de hacerlo más seguido… - grito detrás de mí y yo fingí no escuchar.

Una vez que llegue al taller tomé mi asiento favorito, el que estaba cerca de la ventana, desde ahí podía ver la plazuela del campus y a todos los estudiantes, me ayudaban a inspirarme.

Era una perfecta vista, desde mi posición pude ver como Daidouji se acercaba a su prima, ambas mantenían una lejanía moderada y su conversación parecía ser algo incomoda. ¿Así nos vemos Shaoran y yo cuando hablamos últimamente?

Me restregué el cabello con la mano antes de voltear a la lectura, no necesitaba pensar en cosas innecesarias en este momento.

Mi celular vibro al finalizar de mi cuarta clase.

Farren

¿Estás ocupado? Sino te invito a comer, te espero en la cafetería de la tercera avenida.

Eso era nuevo, pero desde que Shaoran y yo nos distanciamos Farren tenía como meta personal pasar conmigo el mayor tiempo posible. Aunque solo fuera en la hora del almuerzo y cenas.

A las 3. Ahí estaré.

Le respondí antes de salir del aula.

- Hiraguizawa, tendremos una reunión en mi casa este fin de semana… ¿Te interesaría asistir? – me dijo Yurikoo, el presidente de la clase, lo mire durante unos minutos y estuve a punto de rechazarlo cuando vi detrás de mí como mis demás compañeros negaban con la cabeza.

- Claro…

- ¿En serio? – me pregunto sorprendido, seguramente esperaba una respuesta negativa al igual que todos los demás.

- Sí, al menos que ya no quieras.

- No, no… - negó rápidamente con la cabeza – Aquí está mi dirección – apunto rápidamente en una hoja de su cuaderno antes de dármelo.

- De acuerdo.

- El sábado a las 7. Puedes llevar compañía si quieres.

- Okay… nos vemos – dije agitando la hoja entre mis dos dedos antes de salir.

- Vaya, por fin accedió a algo.

- Cree que está muy por encima de nosotros – escuche los murmullos detrás de mí.

Caminé por los largos pasillos del edificio, tenía las siguientes horas libres hasta mi almuerzo con Farren, podría irme al departamento a jugar un poco pero realmente no tenía deseos de estar pegado frente al televisor.

Entonces en que podría invertir mis siguientes horas. ¡Ah! una de las desventajas de estar solo.

- ¿Hiraguizawa? – me pregunto una bonita muchacha haciendo una reverencia.

- Sí.

- Me ha mandado la Maestra Mizuki, desea verlo en su oficina lo más pronto posible, Superior – dicho eso dio una nueva reverencia y se marchó.

¿En serio?

Kaho era demasiado tonta para su propio gusto, mandarme llamar con una de sus alumnas cuando todos sabían que nunca me ha dado clases y que en pocas palabras teníamos una relación que aunque no era prohibida por la escuela fuera de sus instalaciones se miraba mal dentro de ellas. Lance un suspiro.

¿Era tan difícil hacerme una llamada o mandarme un mensaje? Probablemente no le preocupaba perder su trabajo y a mi realmente me daba igual lo que dijeran sin embargo uno pensaría que siendo mujer sería un poco más discreta en cuanto a su vida personal.

Me encaminé hacia su oficina que estaba algo retirada de donde me encontraba. Tomaría el camino largo pasando por la facultad de medicina porque realmente no tenía nada más que hacer y mientras más me tardará menos tiempo tendría de llenarme la cabeza de cuentos de fantasía.

Lo mío con Kaho, sea lo que fuera, servía por un tiempo, el tiempo que nos tomaba quitarnos la ropa y perdernos en la pasión del momento. No había forma que coincidiera la idea de hacer algo serio de nuestros encuentros.

Pude sentir la mirada de alguien en cuanto pase la segunda esquina, ya saben esa sensación de hormigueo en tu espalda que te hace voltear sin embargo sabía quién era.

Lentamente dirigí mi mirada hacia él. Asentí suavemente con la cabeza como saludo y él hizo lo mismo con una leve sonrisa. Uno de sus compañeros le toco el hombro antes de señalarle el edificio, levanto la mano a modo de despedida y lo siguió.

¿Éramos completos extraños ahora, Shaoran?

Personas que alguna vez se conocieron, compartieron todo y que ahora solamente se trataban como lejanos conocidos.

¿Era solamente tu culpa? ¿Era mía también? ¿Será que forcé las cosas para que fuera algo que nunca debió ser? ¿Estaríamos mejor si nunca me hubiera acercado a ti? Estaba tan desesperado por algo más que una casa sola y fría que no me fije realmente en cuanto daño nos podríamos causar.

Las relaciones humanas son complicadas.

Mi teléfono vibro dentro de mi bolsillo, mire la pantalla esperando que fuera un nuevo mensaje de Farren pero era de su hermano menor.

Shaoran

¿Estás bien? Salgamos este sábado, escuche que hay una exposición de mangas en el centro. Compre los boletos.

Hice una mueca mientras consideraba mi respuesta. Podría decirle que sí, tal vez podríamos hablar apropiadamente después pero recordé que ya había aceptado una propuesta para ese mismo fin de semana.

Estoy bien, tengo planes. Quizás otro día.

No tardo ni un minuto en responderme.

Shaoran

Sí, quizás.

Solté un largo suspiro antes de tocar la puerta de la oficina de Kaho, muchos maestros pasaban con miradas curiosas. ¿Cuántos de ellos habrán tocado a la misma puerta en diferentes tiempos?

- Adelante…

- Te estas volviendo demasiado descarada para llamarme así – le dije en cuanto entre al lugar, me senté en el sillón que estaba contrario a su escritorio y ella sonrió desde su puesto.

- Querido, no hay ninguna razón para guardar las apariencias… - me dijo antes de acercarse a mí.

- ¿Para qué me llamaste? – pregunte cruzándome de piernas y evitar que se sentará en mi regazo como era su costumbre sin embargo eso no detuvo sus avances y se sento en el antebrazo de sofá.

- Simplemente te extrañaba… - me dijo pasando uno de sus brazos detrás de mí cuello y arreglando la solapa de mi camisola.

- ¿Solamente por eso? – le pregunte con una ceja levantada – No tengo tiempo para boberías. Sino tienes nada más que decir…

- No, espera… - me empujó hacia el sillón – En realidad quería saber si podrías acompañarme a una cena familiar, una de mis primas se va a casar…

- No, estoy ocupado.

- ¡Aun no te he dicho cuando es! – me replico.

- No importa, de todas maneras no puedo ir.

- ¿Por qué no? ¿Qué te mantiene tan ocupado? Además solamente será solo una noche Eriol, no puedes…

- No quiero ir – le dije soltándome de su agarre y poniéndome de pie – Kaho, no volvamos a lo mismo.

- Tú vuelves conmigo Eriol, no te hagas el tonto.

- Vuelvo porque me complaces, no hay nada más. Siempre intentas hacer de… - la señale a ella y a mi con desesperación – esto, algo que no es.

Ella se sentó en el sillón que antes ocupe y se cruzó de piernas mientras se acomodaba el cabello.

- ¿Por qué eres tan difícil? – me pregunto mirándome fijamente a los ojos.

- Tú eres quien hace las cosas difíciles – le dije apuntándole con el dedo, me acomode los lentes en mi desesperación – No quiero volver a tener esta misma discusión.

- Eres imposible… ¿Por qué es tan complicado darme… darnos una oportunidad? – Pregunto con lágrimas en los ojos – Podríamos tener algo bueno si tan solo me dejaras amarte.

Exhale fuertemente por la nariz ¿Amarme? ¿A mí? Ni mis padres me habían amado, que la hacía pensar que caería por algo que a la larga me dejaría con el corazón roto.

Había conocido el amor en mi infancia, lo tuve en mis manos y de alguna forma me fue arrebatado por circunstancias fuera de mi alcance, no tenía ninguna intención de volver a repetir la misma historia.

El amor no bastó para mis padres, y no me bastará a mí ahora, ni nunca.

- No digas tonterías – replique entre dientes - ¿Qué sabes tú de amar? ¿Con cuántos no te has revolcado dentro de estas cuatro paredes y le has dicho lo mismo? – extendí el brazo señalando la oficina - Sería un idiota si cayera en esas mismas artimañas.

- ¡A ninguno! – Me grito – Antes me querías. ¿Por qué no puedes hacerlo ahora que estoy dispuesta?

Apreté los labios con fuerza. Sí, cuando recién entre a la universidad, la quería, pero ella no.

- Que jugada del destino ¿no? – le dije con sorna – Lo único que me podías dar en ese entonces era tu cuerpo y lo acepté sin quejarme. Ahora las cartas están volteadas. Deberías de tomar mi ejemplo.

- Fue mi error, ya te lo he dicho. No podía darme el lujo de enamorarme de un alumno pero eso ya no importa porque sucedió – dio unos pasos hacia mí, mismos pasos que yo retrocedía para evitar el contacto – Ahora te estoy entregando todo, puedo hacerte feliz Eriol.

Negué repetidas veces con la cabeza sin quitarle la mirada de encima.

- Tu cuerpo me basta, no deseo ni necesito nada más. Tampoco exijas algo diferente de lo que te puedo dar, porque no lo haré – le dije con la voz dura – Y si no te gusta el arreglo podemos ponerle fin cuando quieras.

- La última vez le pusiste fin y volviste a mí – me recalco con una sonrisa de triunfo.

- Eres más estúpida de lo que creí si realmente piensas que solamente tú me calientas la cama…

Dicho eso abrí la puerta justo en el momento que escuche como algo se estrellaba contra la puerta.

Me encaminé hacia el estacionamiento dándome cuenta que solo me quedaban 30 minutos para llegar con Farren, no sería problema sino fuera porque las calles estaban demasiado transitadas por ser la hora pico y viernes para terminar.

- Eres más estúpido de lo que creí por haber vuelto…

El mismo tono, las mismas palabras. Los odiaba. Agite la cabeza para quitarme las imágenes de la cabeza pero me fue imposible.

Estaba cansado físicamente por las horas de vuelo y mentalmente porque no podía dejar de pensar en que diría en cuanto estuviera enfrente de ellos.

Necesitaba verlos, y saber que aún era su hijo. Que aunque viviera en otro país en las condiciones que ellos mismos me habían impuesto, estaba seguro que en cuanto me vieran, les contara como vivía, entenderían su error. ¿No se supone que el mejor lugar para los hijos es con sus padres?

- No eres un niño Eriol – dijo con voz dura Fukoashi en cuanto me resivió en la casa.

- ¿Me preguntarás si soy inocente o no?...

- ¿Acaso importa? Pague una suma muy grande para sacarte de ahí, obviamente ellos sabían que eras culpable.

- ¡Pues no lo soy! – grite caminando hacia las escaleras.

- ¡No lo sé maldito niño malcriado! – me guiré para mirarlo antes de bajar los escalones que ya había avanzado.

- Lo sabrías si te dieras el maldito lujo de conocerme, viejo – le dije de cara a cara, al ver que su cara se tornaba roja, no sé si por la vergüenza o la ira, pero no pude evitar sonreír levemente.

- Mi deber es ver que no te falte nada y mantenerte vivo, no conocerte.

- ¿En serio? Ves estos – señale las marcas de golpes que tenía en el rostro – Déjame decirte que estás haciendo un pésimo trabajo. Cuando mire a mis padres les voy a contar…

- ¡Adelante! ¡Hazlo! – Me dijo mirándome con una sonrisa que no pude descifrar, entrecerré los ojos - ¿Crees que van a estar esperándote con los brazos abiertos?

- ¿A qué te refieres? Tú mismo me dijiste que cuando cumpliera 18 me llevarías con ellos… - le apunte con el dedo - ¿Te estas retractando ahora?

- No me voy a retractar en una promesa que no sirve, pues fue una mentira… Tus padres no te quieren con ellos, por eso estas aquí – me dijo tomándome del cuello de la camisa, pestañe repetidas veces – Deberías de estar contento que encontraron la forma de darte una vida relativamente normal…

- Mientes… ¡Mientes! – Le grite soltándome violentamente de él, lo empuje del pecho para poder tener espacio entre los dos – Me dijiste que era necesario que estuviera aquí, que ellos no podían cuidarme por el momento. Mis padres… ellos… me quieren.

- Muchacho iluso.

- Mientes para herirme, pero cuando los vea y los traiga ante ti te vas a tragar tus mismas palabras – le dije brincando los escalones de dos en dos – Ya te arrepentirás.

Me encerré en mi habitación por días enteros, no fui a la escuela e ignore por completo los intentos de acercamiento de Shaoran.

Por supuesto que estaba enojado, furioso y no creía que se mis ánimos se calmarían pronto. Esperaba que su culpa y conciencia se lo estén comiendo vivo, que no lo dejaron comer y dormir, no debería de encontrar paz hasta que me suplicará perdón.

Esos días encerrados me habían dejado pensar en muchas cosas. Cuando me mandaron a Japón era un niño que no podía decidir por mí mismo pero ya he crecido, por lo tanto mis padres deberían de entender que debía estar con ellos.

Espere a que Fukoashi se fuera en otro de sus viajes de negocios interminables, para poder entrar a su estudio, lugar que me estaba prohibido desde mi niñez. Fui un niño obediente y complaciente, ya cuando adolescente no le vi mucha importancia a entrar al lugar. Ahora necesitaba encontrar mi pasaporte y la dirección de mis padres, recordaba un poco del lugar pero sería difícil solo con eso el llegar.

Encontré una caja fuerte en la puerta del escritorio que seguramente debería de tener llave, y que la caja de seguridad no tenía ninguna clave. El viejo realmente era muy confianzudo. Abrí la caja muchos documentos, relojes, y paquetes de dinero de baja numeración, en una esquina estaba mi pasaporte esperaba que fuera el correcto, no sabía si aún servía el anterior.

Lo metí en mi mochila y también un poco de dinero, el boleto de avión lo compré con mi tarjeta pero de todas manera no sabía cuándo el viejo se daría cuenta de mi ausencia y de la compra, seguramente me buscaría de inmediato, incluso antes de que yo pudiera dar con mis padres.

Busque en la computadora por alguna dirección que me pudiera guiar a ellos, hasta que encontré un par de emails dirigidos a mi padre, rastree la dirección electrónica hasta que di con lo que buscaba.

Tome las cosas y volvía a subir a mi habitación. Solamente tenía que esperar el momento para salir. Y ese llego en la mañana del día siguiente, no podía esperar más solamente compré los boletos de ida, no había ninguna forma de que regresara a Japón sin mis padres conmigo.

Tomé mi mochila y una pequeña maleta con unas cuantas cosas que sabía necesitaría y baje lo más sigilosamente que pude las escaleras, el ascensor sería demasiado ruidoso.

Abrí la puerta de enfrente sabiendo que el personal aún estaba dormido como para verme, y porque sabía los códigos de seguridad no habría problema en desactivarlos antes de salir.

Solté el aire comprimido en mis pulmones una vez me encontré en la acera frente a la casa, la mire por última vez antes de empezar a caminar, tendría que avanzar unas cuantas calles antes de llamar un taxi.

- Sabía qué harías algo así… - me detuve en seco al escuchar la voz de mi abuelo. Trague en seco y todos mis planes se vinieron abajo.

Me voltee para verlo parado frente a la puerta de la casa, yo ni siquiera sabía que estaba en ella. Pero me di cuenta que acababa de llegar al ver el carro enfrente de ella.

- ¿Vas a detenerme? – le pregunte mirándolo fijamente, era mi tutor legal, yo había falsificado su firma para que me dejará salir del país, con una sola llamada para delatarme y nada habría valido la pena.

- Si lo hago, volverás a intentarlo cuando creas que es el momento indicado… - negó suavemente con la cabeza – Sí quieres irte, adelante – dijo dando unos pasos hacia a mí, yo entrecerré los ojos ante el tono de su voz, no parecía él. Levanto una de sus manos lentamente, como dudando, antes de colocarla sobre mi hombro.

- Muy bien… les daré tus saludos – dije incomodo ante el acercamiento, el palmeo ligeramente mi hombro.

- Escucha – soltó aire fuertemente – Ve, pregunta y si las cosas no salen como lo esperas, olvida – me dijo seriamente – Olvida todo lo que te digan, todo. Déjalo todo allá en Londres, vuelve siendo Eriol y vive esa vive esa vida… - su mano cayo pesadamente a su costado – Ese sería mi segundo mejor consejo – se dio la vuelta encaminándose a la casa de nuevo.

- ¿Cuál sería el primero? – pregunte confundido por la conversación.

- No vayas… no trates de limpiar el agua sucia de tu pasado, muchacho, puedes ahogarte con ella – dijo sin voltearse – Llévalo al aeropuerto – le ordeno a su chofer, me miro por el rabillo del ojo – Suerte.

No seguí su segundo consejo nunca, lo cual en sí fue malo, pero siempre me arrepentiré de haber ignorado el primero. Me ahogue y aún sigo respirando en esas aguas oscuras.

Algunas veces me encontraba tentado a leer la carta que dejo en su testamento, estaba furioso con él, le guardaba un rencor profundo por nunca ser quien dijo ser, ni ser diferente conmigo. No le habría matado mostrarme un poco de cariño. Pero no podía, algo dentro de mí me decía que lo que fuera que estaba en esa carta cambiaría mi opinión de todo lo que conozco, de esa familia que una vez fue mía y de esos padres que alguna vez fueron los míos. No sé si estoy preparado para algo así, no de nuevo. No de nuevo.

Me baje del auto y caminé hacia la cafetería donde pude ver a Farren sentada en una esquina frente a la ventana del lugar, levante la mano en señal de saludo en cuanto nuestros ojos se encontraron.

Cuando era adolescente tenía un gran enamoramiento con ella. Farren es sin duda la mejor persona que he conocido, siempre mostrando quien es, sin aparentar, buscando sus sueños a pesar del poco apoyo por parte de su padre.

El señor Hien tenía esperanzas en todas sus hijas, pero desde que Farren se independizo y busco vivir por su lado, él realmente no esperaba mucho de ella, solamente el fracaso que no parecía llegarle que según él la traería de vuelta de rodillas a buscar su protección, cosa que después de los años no ha pasado. Claro ponía mayor presión sobre Shaoran al ser el único varón, aunque su relación había mejorado con los años imagino que aún había ciertos roces entre ellos, uno de esos siendo que Shaoran rechazará estudiar negocios por medicina.

- ¿Tienes mucho esperando? – pregunte antes de darle un beso en la mejilla. Ella me sonrió y el adorable hoyuelo que todos los miembros de la familia Li parecían tener en diferentes versiones apareció en su mejilla.

- No, acabo de llegar. ¿Cómo estás? ¿Has estado comiendo? Te ves muy delgado… - dijo mirándome de pies arriba, yo solté una carcajada involuntaria.

- Estoy bien, y si estado comiendo – le dí la señal al mesero para que tomará nuestras órdenes.

Farren ordeno por los dos, más comida de lo que podríamos acabar pero no me queje, me gustaba que se preocupara por mí, alguien por lo menos.

- ¿Cómo está tu mama? – le pregunte tomando un poco de agua, ella soltó un largo suspiro antes de contestar.

- Mejor, pero el pronóstico no es bueno – se encogió de hombros – Le harán una operación en pocos días, pero las cosas no se ven bien.

- Debes de mantenerte fuerte, tu madre lo es y seguro que sale de esta… - murmure por lo bajo antes de tomar su mano.

- Los doctores no tienen muchas esperanzas, la operación es complicada y si logran extirpar una parte del cáncer hay una gran probabilidad que vuelva a crecer.

Me quede en silencio sin saber que decir, como confortas a alguien en una situación así. Ellos estaban más que seguros que su madre no sobrevivirá y yo también, su cáncer es demasiado agresivo y se ha esparcido por gran parte de sus órganos.

- Esperemos que todo salga bien, ya verás que así será.

El mesero dejo nuestra comida en la mesa, interrumpiendo lo que fuera que ella iba a decir.

- Lo único bueno de todo esto es que Femei y Futtie hicieron las paces – dijo sonriendo levemente, yo la mire sorprendido.

- ¿En serio?

- Sí, al parecer llegaron a un acuerdo después de enterarse lo de mama y con Femei fuera de los olímpicos las cosas parecieron calmarse un poco entre ellas.

- Futtie encontró un poco de venganza en el asunto ¿No?

Femei estuvo involucrada en un asunto de falta de disciplina dentro de las concentraciones, en realidad no fue tan fuerte como eso. Al parecer uno de sus compañeros le gustaba mucho la fiesta, compañero del cual Femei tenía cierto interés, lo que la llevo a salir después de su toque de queda, ir a un antro, embriagarse e involucrarse en una pelea. Las cosas no se habrían salido de control sino fuera porque dicha pelea estuvo por toda la internet la mañana siguiente. La prensa no fue muy buena con ella y el directivo no tuvo más opción que retirarla de la lista participante debido a la presión de los medios.

Falta decir que su padre estuvo furioso, después de todo Femei y Shiefa eran las niñas de sus ojos por así decirlo.

- Quisiera que no, pero supongo que ella le llamó justicia divina – dijo encogiéndose de hombros – Siempre sintió que Femei le había robado su lugar.

- Ahora ninguna de las dos tiene uno, no sé cómo Femei va a recuperar su carrera.

- Creo que como las dos no tienen a donde ir, se encontraron así mismas. Solamente espero que Femei no se amargue la vida.

- Sí, sería una lástima.

Femei era con quien menos he convivido, siempre en competencias y fuera de casa que era muy rara la vez en la que nos encontrábamos en el mismo lugar.

- Basta, hablemos de otra cosa. ¿Cómo vas? – dijo agitando la mano.

- Estoy bien, como 3 veces al día, salgo a correr dos veces por semana, duermo minimo 6 horas y entrego todas mis tareas – dije sonriendo – deberías de estar orgullosa – finalice sonriendo, ella rió levemente.

- Detecto una mentira por ahí aunque no sé cuál es, tal vez debería de irme a quedar contigo los fines de semana… ¿Qué te parece?

Sí, la mentira era que no estaba bien.

- ¡Oh por favor! – Dije sonriendo – Puedo cuidarme solo – me defendí rápidamente aunque no estaba muy seguro de eso.

- De acuerdo, sin embargo me gustaría ir a hacerte una cena casera de vez en cuando. Comer afuera todo el tiempo no puede ser bueno.

- Si es para hacer comida, adelante. Haz todo lo que quieras – le dije levantando las manos.

Ella sonrió satisfecha con la respuesta.

- Estoy saliendo con alguien – dijo después de unos segundos de silencio.

En todo el tiempo conociendo a Farren nunca le he conocido un novio, tenía miles de pretendientes pero nunca un novio, incluso había pensado que jugaba para el otro equipo aunque en realidad fuera Futtie quien si tenía esas preferencias. Así que su declaración me tomo por sorpresa.

- Vaya… ¿Desde cuándo? - pregunté sonriendo.

- No hace mucho, un par de meses a lo máximo. Es uno de mis clientes regulares, bueno, regular desde principios de año pero no fue hasta hace poco que mostro más interés en mí.

- ¿Un buen tipo? Debería de hablar con él para que sepa cuál es su lugar… - le dije juguetonamente mientras tronaba mis nudillos.

- Tranquilo – me palmeo el brazo – Aún no es algo serio... – bajo la mirada a su regazo antes de continuar con una mirada perdida.

- Pero… quieres que lo sea ¿Cierto? – pregunte suavemente, ella asintió sin subir la mirada - ¿Y él?

- No lo sé, no le hemos puesto un nombre a… - ella dudo en continuar.

- Entonces habla con él. No podrás avanzar sin que él esté de acuerdo – mire sus ojos y pude ver cierta duda en ellos – Farren, no eres la aventura de nadie. Si es un hombre de palabra, no dudará en hacer formal lo suyo. No creo que sea demasiado idiota como para no darse cuenta lo maravillosa mujer que eres.

- Muchas gracias Eriol. Siempre sabes que decir – me beso en la mejilla y no pude evitar ruborizarme.

- Si él te dice que no, ven conmigo, yo puedo hacerte feliz – le dije coquetamente.

- Un día de estos voy a tomar en serio todos tus avances… - me contesto sonriendo levemente – Y espero que cumplas con tu palabra… como todo un hombre.

- Por supuesto.

- Eres al único que se lo he dicho, me gustaría que me guardaras el secreto – levanté una de mis cejas en señal de pregunta – Hasta que averigüe a donde va.

- De acuerdo, hasta que sepas que es.

Nos quedamos en silencio mientras terminaba de pagar la cuenta, era un caballero ninguna mujer pagaría por mi aunque ella fuera quien me invito en primer lugar. Pude sentir su mirada durante todo el momento que salíamos del lugar.

- ¿Tengo algo en la cara? – le pregunte mientras me pasaba la mano por encima.

- No, nada de eso – me dijo rápidamente antes de colocar su mano en mi mejilla, contacto que me tomo desprevenido – Eres un buen hombre, Eriol. Mi hermano siempre ha sido muy afortunado de tenerte – al mirar mi cara de confusión continuó – Tu le ayudaste más de lo que te imaginas, siempre temí que se convirtiera en un hombre como papa.

- Shaoran solamente tiene el carácter testarudo de tu padre.

- Cuando era pequeño tenía mucho más. Fue gracias a ti que aprendió como relacionarse mejor con las personas.

- Bueno, creo que aún le quedan unas cuantas cosas por aprender –dije con un poco de molestia.

- Es cierto – dijo mientras suspiraba - Shaoran sobre carga su mente con muchas opciones y toma decisiones equivocadas casi todo el tiempo.

- Lo que yo no puedo entender ¿Cómo es posible que no pudiera decírmelo? – le dije con el ceño fruncido – ¿Soy una persona difícil? Creí que tenía confianza en mí.

- No sé porque lo hizo, y tal vez él tampoco – me dijo suavemente mientras caminábamos al estacionamiento, tal vez no era el lugar apropiado para hablar de esto, había evitado mencionarlo en nuestras conversaciones a propósito porque estaba seguro que avivaría mi odio al recordar todo – Pero sobre lo difícil… lamento decirte esto, pero sí hay ocasiones que lo eres – me dijo despacio y yo abrí la boca para reclamar lo contrario – No lo digo para defender a mi hermano, lo que hizo estuvo mal y te aseguro que se no estoy de acuerdo en cómo manejo las cosas.

- ¿Cuál es tu punto entonces? – Dije molesto cruzándome de brazos y recargándome en su auto - ¿Qué soy culpable de que me viera la cara?

- No, eres culpable de encerrarte aquí – me toco el pecho justo donde mi corazón galopeaba – tú único problema Eriol es que estas y no estas – al ver mi cara, realmente no entendía lo que quería decirme – Aunque parezca que dejas entrar a la gente las mantienes alejadas a una distancia cómoda para ti, dejas ver solo que quieres que vean.

- ¿Para que los acerco más? Mira a tu hermano, mi maldito mejor amigo, se supone que era el más allegado a mí y termino por golpearme en la espalda.

- Shaoran sabe que hizo mal, te daño muchas veces, lo sé y él también - me dijo con un tono de desesperación en su voz - Sin embargo hay ocasiones en las que debemos andar con cuidado contigo, nunca sabemos cómo vas a reaccionar, Shaoran pensó que te estaba haciendo un bien, obviamente no fue así – tomó aire fuertemente.

- No te entiendo, ¿Estás diciendo que me tienen miedo?.. Es… absurdo – replique levantando las manos en el aire.

- No, estoy diciendo que eres difícil. A veces eres tú y otras no. Es como si estuvieras dividido y cuando se te dice algo reaccionas como otra persona.

De repente recordé el callejón y el bote de basura que destruí a golpes aquella tarde en que los vi juntos. No podía ser eso. Trague en seco a la vez que me pasaba una mano por los ojos por encima de los lentes, me picaban las manos de nuevo.

- Me gustaría preguntarte muchas cosas Eriol, tus padres, tu vida. Como Shaoran también desea hacerlo pero se guarda las preguntas para sí mismo tratando de descifrar la persona que eres – me dijo con una mirada triste – Tal vez, así podríamos saber porque eres así.

- ¡Con un demonio Farren! – Exclame con los dientes apretados y ella dio un brinco sorprendida - ¿No puedo tener secretos?

- Secretos que te están matando por dentro, te comen vivo – me dijo poniendo ambas manos en mis hombros como consuelo, pero lo sentí más como una forma de mantenerme bajo control – ¿No lo sientes? – ella me tomó el rostro con ambas manos y me dijo suavemente – Te estas ahogando… y no dejas que nadie te salve.

- No me estoy ahogando – le dije me separe en un movimiento brusco de ella. Las palabras de Fukoashi volvieron a mi mente.

- Hasta que no te des cuenta… - murmuro ella negando suavemente con la cabeza, me aleje a pasos agigantados del lugar con la cabeza dándome mil vueltas.

- Nos vemos después – dije sobre mi hombro antes de subirme al auto y arrancar a toda velocidad.

Para cuando llegue a mi casa mi mal humor había escalado niveles.

No tenía humor de más nada así que deje que mi cuerpo se hundiera en la cama y mi mente se dejara llevar por el ritmo del sueño, no había ninguna necesidad de estresarme, no dejaría que llegará a mí.

Fue el continuo toqueteo del timbre lo que me despertó, me levante pesadamente de la cama y mire el reloj de soslayo antes de dirigirme a la puerta, marcaba las 7:30, entrecerré los ojos, tal vez debería de ignorar a la persona la otro lado de la puerta, sea lo que fuera podía esperar, esos pensamientos fueron desechados en el momento en que el timbre fue tocado rápidamente al tono de "We are the champions".

- Vas a matarlo – dije abriendo la puerta para encontrarme los ojos violáceos de mi vecina, ella sonrió abiertamente.

- Perdón, no abrías la puerta, sabía que estabas aquí, te vi llegar de hecho venía unos cuantos pasos atrás de ti – pensó algo por unos momentos antes de continuar – No me gusta que me ignoren – dijo tomando mi mano y jalándome hacia su departamento – Tengo lista la cena…

- Pensé que era hasta las 8 – replique sin moverme del marco de la puerta y retirando mi mano de la de ella, no estaba de humor – Daidouji… - intenté detenerla pero mi cuerpo caminaba por sí solo, me pase la mano por el cabello – Tengo mucha tarea y, la verdad…

- Es que no quieres ir… lo puedo leer por todo tu rostro – me dijo sin voltear y sin soltarme de la mano.

- Lo más lógico sería que me dejarás irme a mi departamento – ella se detuvo de repente, tuve que poner una de mis manos en su hombro para no chocar con ella, se dio la vuelta tan de prisa que no me dio tiempo de separarme dejando nuestros rostros demasiado cerca el uno del otro, mis ojos se abrieron por completo y detuve mi respiración al instante, no sé porque.

Con esa vista, aunque ella era más baja que yo pude notar a la perfección las diferentes tonalidades de violeta que bailaban en sus ojos, era hermoso. Cerré mis ojos volteando hacia otro lado y tratando de retraer mi mano del agarre de ella pero me sujeto más fuerte.

- Sí, sería lo lógico – murmuro por unos segundos – Seguramente quieres estar solo, pero a veces, no es lo que quieres lo que importa, sino lo que necesitas y en este momento necesitas de un amigo.

- Daidouji…

- Cuando deseamos estar solos es cuando más necesitamos compañía.

Me resigne en cuanto reanudamos el camino, voltea a ver el departamento para asegurarme que se había cerrado en mi abrupta salida.

Su departamento no era muy diferente que el mío a excepción de la mejor decoración, se notaba que vivían mujeres aquí y la cantidad de luz que entraba por la ventana debido a la posición del edificio.

- Siéntete como en tu casa… - me dijo sonriendo aventándome sobre un sillón.

Mire alrededor, aparte de la bonita decoración había una gran cantidad de fotografías en una de las mesas decorativas de la estancia, varias de ella y su compañera, no recuerdo su apellido, unas cuantas con quien parecía ser Sakura de pequeña y varias con su madre, a la cual recuerdo porque sale mucho en la internet y la de unos hombres que no reconozco, supongo que alguno será el prometido.

- Entonces… - le llamé sin poder resistir la tentación - ¿Quién es el afortunado? – pregunte estirando la mano hacia las fotos.

- ¡Ah!.. Ninguno de ellos – me dijo sonriendo mientras preparaba la mesa, levante las cejas en señal de sorpresa – ¿Puedes traer las servilletas?

Asentí mientras me levantaba del sillón y caminaba hacia la cocina.

- Están en el segundo cajón a la derecha del estante – la escuche mientras llegaba ahí.

- ¿Entonces quiénes son? – pregunte de nuevo cuando ya le había dado las cosas.

- Te lo diré una vez que terminemos de comer ¿De acuerdo? – no dije más y la miré traer la comida junto con los platos - ¿Quieres tomar Té?

- Está bien – murmuré – Esperaremos a tu compañera ¿No? – ella negó con la cabeza suavemente a la vez que se sentaba frente a mí y me extendía un tazón de Bukkake Udon, se me hizo agua la boca al instante.

- Naoko salió con su novio – me contesto – Espero te guste, es una de mis especialidades.

- Gracias por la comida – dije suavemente esperando que ella tomará el primer bocado antes de comenzar a comer.

El caldo era caliente y lleno de sabor, la carne era tierna y jugosa con mucha sazón, los vegetales tenían unas texturas suaves y marinadas a la perfección. Sentí un nudo en la garganta y un picor fuerte en los ojos, no podía creer que estaba a punto de llorar por comer un caldo.

- ¿Qué tal? – me pregunto con una sonrisa en el rostro.

Tragueé el bocado que tenía en la boca antes de carraspear y contestar como mejor pude.

- Esta delicioso… de hecho nunca había probado algo así.

- ¿En serio? Me alegra que te haya gustado – no podía seguir viendo su sonrisa, es que esta chica no tenía ninguna pena en la vida.

Seguí comiendo en silencio sin darme cuenta hasta que termine mi primer plato mientras Daidouji iba a la mitad del suyo, sin decir nada ella lo tomó para servirme más con una pequeña sonrisa en su rostro antes de que pudiera pedirlo, sonreí levemente.

– Dicen que nada es mejor que un poco de caldo caliente para las angustias del corazón – murmuro sobre su tazón, ignore el comentario mientras bebía un poco de té.

- ¿Sabes que sería bueno? – le pregunte una vez terminé de comer dejando mi vaso a un lado, ella me miró interesada – Un poco de sake – dije muy bajito para que no me escuchará.

- Tengo vino rojo… - dijo levantándose de repente – El novio de Naoko tiene un club, y nos dio este cuando recién nos mudamos – dijo desde la cocina.

Estábamos en su casa, el alcohol era suyo y yo solamente estaba en el mismo lugar, no corría ningún peligro.

– Creo que no tiene mucho alcohol, pero servirá.

- No deberías de beber alcohol – me encontré diciendo al tiempo que rejuntaba nuestros platos.

- Hay muchas cosas que uno no debería de hacer, beber alcohol es uno de mis pecados menores – dijo dejando la botella en la mesa del centro de la estancia junto con dos copas.

Me deje caer en el sofá al frente y ella regreso con un plato lleno de pulpo y camarón seco.

- A veces tomamos sake mezclado con jugo o té – murmuro suavemente – cuando tenemos muy buenos días o malos – sonrió – pero procuramos mantenerlo fuera del departamento, la madre de Naoko a veces viene sin avisar y no queremos problemas.

- Muy inteligente de su parte – murmure descorchando el vino y acercando su copa a su mano para servirle – Supongo que la tuya hará lo mismo.

- Mi madre nunca ha venido, ni vendrá – me dijo con una sonrisa – Es una mujer muy ocupada como para mirar a su hija dos veces – susurró con amargura mirando bailar el líquido rojo en su copa.

- Teniendo una compañía como esa, me imagino que así es – le conteste no tratando de entrar mucho en el tema – Me llamarón mucho la atención esas fotos – le dije señalando los retratos de ella y su compañera – No son de aquí, ¿Cierto?

- Naoko y yo nos conocimos en un internado para niñas en Rusia, cuando teníamos 10 años, ya sabes siendo las únicas japonesas dentro de la escuela nos hizo amigas automáticamente, aunque no fuimos compañeras de cuarto hasta ahora.

- ¿Rusia? – Pregunte impresionado – Debió ser interesante.

- Lo fue – dijo mirando las fotos – Quisiera decirte que salimos mucho a ver lugares, pero no fue así. El internado tiene dos finalidades, una es mantener a su alumnado dentro de las mejores categorías en estudios, donde entra Naoko. Y la otra es mantener a sus residentes fuera del foco público y relación exterior… ahí es donde entro yo.

La fueron a esconder, en pocas palabras. ¿Habría sido diferente de que mis padres decidieran mandarme a un internado en lugar de Japón con Fukoashi?

- Aun así, me divertí mucho – dijo ella rápidamente, ¿Cuántas veces se convence ella de lo mismo? A veces necesito decírmelo 5 veces, esas son necesarias.

Estoy bien

Nuestras copas hicieron "click" cuando las chocamos antes de beberlas, el vino no era tan malo, muy dulce, ligero y de buen color pero prefería el sake.

- Si estas dispuesta… puedo ir por sake a mi departamento – le dije con suavidad mirándola por sobre la copa.

- Suena tentador, pero mejor será para otra ocasión.

- Como gustes – tomé un trozo de pulpo y lo puse en mi boca.

- ¿Cómo ha estado?

- Bien – mi voz sonó vacía y desinteresada en la conversación. ¿Cuándo será un buen momento para irme? - ¿Y usted Daidouji? – pregunte lo más cordial que pude.

- Igual que siempre – me contesto con el mismo tono - ¿Y las cosas con su amigo? Escuché que se mudó de su departamento.

- Por decisión propia – dije antes de que me acusara de algo que no era cierto – Quiso irse, su madre… esta algo indispuesta y decidió ir a cuidarla.

- ¿Por su madre? – preguntó levemente, su tono de voz me dio a entender que no me creía.

- Me encontré con Sakura esta mañana, mientras te esperaba – dije desviando el tema.

- Sí, me lo comentó.

- No parecen tener una buena relación – confirmé al ver su rostro.

- Yo no diría eso… - me contesto mientras jugaba con la boca de la copa con uno de sus finos y delgados dedos – No puedo llamar malo a algo que ya no existe – dijo pensativa – No somos las mismas niñas.

- Sí, todo era más fácil cuando éramos niños – dije suavemente, aunque en realidad era mucho más fácil imaginar un mundo diferente con la mente de un infante – Ella dijo que eran cercanas en la infancia.

- Nuestras familias no tenían buenos lazos – continuo con una mirada de nostalgia en sus ojos – Su madre y la mía eran primas, hijas únicas y las dos crecieron al cuidado de mi tatarabuelo cuando sus padres murieron. Eran bastante unidas.

- Entonces un hombre llego a la escena ¿No?, siempre hay un hombre.

- O una mujer – me dijo suavemente sin dejar de sonreír, lo que también me hizo sonreír a mí recordando mi dilema con mi amigo – Pero tienes razón, si hubo un hombre, el padre de Sakura. Era maestro de ambas…

- Y las dos se enamoraron de él… esto parece un melodrama – ella rió cubriendo su boca con la palma de la mano, sus mejillas empezaban a colorearse por el vino.

- No, solo Nadeshko, la madre de Sakura. Pero mi tatarabuelo y mi madre no aprobaron su relación. El Sr. Kinomoto era un maestro sustituto y mayor que ella.

- Muy fuera de su liga ¿No?..

- Por lo menos eso es lo que aún piensan mi madre y tatarabuelo… Para hacerla corta, se fugaron, ella quedo embarazada, nació Touya, se casaron, nació Sakura, 6 años después murió de cancer… todo en ese mismo orden.

- Imagino que no fue algo muy grato para tu familia.

- Nope, no lo fue. Hasta la fecha todos culpan al Sr. Kinomoto por la muerte de mi tía. Mientras ella vivía pase muchas tardes en su casa, Sakura y yo éramos buenas amigas, tan buenas como cualquiera a esa edad puede ser. 2 años después el Sr. Kinomoto recibió ofertas para excavaciones y Sakura junto con Touya lo siguieron, por más que mi madre insistió que los dejará a su cargo. Cosa que me alegro bastante.

- ¿Por qué? – la historia era bastante interesante.

- Mis padres se divorciaron el mismo año, y no encontraron mejor lugar para mí que el internado, de haber estado Touya y Sakura conmigo seguramente los habrían mandado a un lugar parecido. Me dolería bastante que los separaran cuando más necesitaban cariño – dijo con un dejo de tristeza en la voz, las palabras salían rápidas de su boca.

- ¿Y tú? – Pregunte suavemente - ¿Te dolió cuando te separaron cuando más necesitabas cariño? – la miré apuñar la mano y mirar por el ventanal, ¿Tal vez ella estaba igual de perdida en el mundo que yo?

- ¿Y a ti? – Preguntó en el mismo tono mirándome de reojo - ¿Aún duele?

- Sí… algunas veces más que otras – la respuesta salió sola de mis labios sin siquiera pensarlo – Pero no ahora, no en este momento – dije mirando por la ventana, la noche ya había hecho su presencia y las luces de las calles estaban encendidas.

- Sí, no ahora, no en este momento – murmuro bajito y una media sonrisa adornaba su blanca cara - ¿Quieres jugar Halo? – me dijo levantándose de repente.

- ¿Tienes una consola? – pregunté sorprendido.

- ¡Por supuesto! – dijo abriendo los compartimientos del closet de entretenimiento, una televisión y varias consolas de videojuegos acomodadas perfectamente en la parte inferior.

- Muy bien, pero no porque eres una chica te dejaré ganar.

- No esperaba eso – me dijo sonriendo con suavidad.

Tomé uno de los controles inalámbricos, configure el juego de uno contra uno, en el escenario de una ciudad en el desierto y comenzamos a jugar.

- Escuché un rumor – me dijo ella mientras miraba la pantalla, su avatar caminaba hacia una pila de escombros.

- Ya te ví... – murmure concentrado en el juego mientras mi avatar daba una vuelta en una esquina y empecé a disparar al suyo sin atinar ningún tiro - ¿Qué rumor?

- Al parecer la Profesora Mizuki tiene nuevo novio – dijo al tiempo que tiraba una granada que exploto muy cerca de mi avatar, pero logre escapar dando una vuelta de doble giro - ¿Sabes algo de eso? – me miro de reojo.

- Ni idea – murmure sin encontrar su mirada, en el momento en que salí de mi escondite, ella me tiro todo su arsenal, terminando con la vida de mi avatar - ¡Demonios! – escuche su risa llenar toda la estancia. – De nuevo, esta vez lo tomaré en serio.

- Como quiera, de todas maneras le ganaré, soy una maestra en Halo – me dijo sonriendo con confianza.

- Ya lo veremos – dije comenzando una nueva partida.

Después de 15 partidas, de las cuales solo gané 3 decidí que era demasiada humillación por una noche y era tiempo de regresar a mi departamento, ella me encaminó a la puerta.

- El sábado tengo una reunión con mis compañeros de clases… - empecé a decir levemente y con hesitación, no sabía de donde había salido la idea o como lo recordé de momento – Si… no tienes nada que hacer - me pase la mano por el cuello para masajearlo – Tal vez, te gustaría…

- Me encantaría – me interrumpio rápidamente ahorrándome todo lo demás., sonreí pero luego hice una mueca de disgusto.

- No puedes cancelarme de último minuto – declaré.

- No lo hare – dijo mientras bufaba.

- Bueno – señale al final del pasillo, empecé a caminar hacia mi departamento de reversa sin quitarle la mirada de encima – Fue lindo… - dije lo suficientemente alto.

- ¿Huh?

- Cenar en compañía – dije dándome la vuelta, mire el techo – Fue lindo… Gracias – finalice más para mí que para ella.

- Hagámoslo más seguido – dijo con una gran sonrisa que hizo que sus ojos tomarán la forma de media luna.

- Sí, sería lindo – le dije levantando la mano en señal de despedida.

Mi día había comenzado horrible y no había mejorado para la mitad de él.

Abrí mi sombrío departamento pero no me pareció tan mal ahora, me deje caer en la cama con una sonrisa bailando en mis labios, como nunca antes había pasado.

La mañana llego más rápido de lo que esperaba y pronto me encontraba dentro de la cafetería para recoger mi café de todos los días.

- Te estaba esperando – me tomaron del hombro y me encontré cara a cara con Shaoran, quien me extendió un termo con café.

- Hum… gracias – le dije tomándolo - ¿Para qué me necesitas? – el solto aire por la nariz antes de darme un abrazo tomándome desprevenido.

Shaoran nunca era de los que eran muy demostrativos emocionalmente, las únicas veces en las que abrazaba a alguien era porque lo obligaban a excepción de sus hermanas. Me sentí delirante por unos segundos.

¿Cuándo era la última vez que alguien me había abrazado, nada más por qué si?

Le dí unas palmaditas incomodas en la espalda.

- Te he extrañado bastante – me dijo después de soltarme – Fui a buscarte ayer pero no estabas.

- ¿Por qué no entraste? - le pregunte sentándome en una de las sillas veraniegas afuera del local.

Lo mire encogerse de hombros antes de seguir mi ejemplo. Yo también sabía la respuesta pero decidí no indagar más.

- ¿Cómo van las clases? – me preguntó al sentir el silencio.

- Igual que siempre – le respondí – Entonces, ¿Para qué me necesitas? – pregunte tratando de terminar la conversación lo más rápido posible. Sorbí un poco del café dándome cuenta que era mi favorito.

- No te necesito para nada, Eriol. Solo quería verte – me dijo mirando hacia otro lado.

- Bien, ya me viste – dije poniéndome de pie.

Mire como luchaba contra una emoción muy parecida al enfado pero la cambio rápidamente asintiendo con fuerza la cabeza, se puso de pie junto a mí.

- Habrá una convención de videojuegos al final del mes – me dijo sacando algo de su billetera – Compre los boletos – me dijo dándome los boletos, pude darme cuenta que Daidouji Games Network era uno de los mayores patrocinadores – Esperaba, que fuéramos juntos… - dijo vagamente – si quieres, claro.

- ¿Por qué no? – dije sin mucho interés encogiéndome de hombros.

- Muy bien… no hagas planes ¿He? – me dijo antes de darme otro abrazo y salir con una sonrisa en el rostro del pequeño lugar, mire su espalda mientras marchaba.

Tal vez debí decir que no, tal vez debía no haber dicho nada. Me pase la mano por el cuello dándome un leve masaje.

- Parece que va mejor ¿No? – sin darme cuenta Daidouji se encontraba parada junto a mí. Vistiendo unos Jeans negros con zapatillas blancas y una blusa estilo vestido en cuello V con vuelo al final.

- La verdad no sé a dónde va – dije viendo de nuevo la ya lejana espalda de Li.

- Lo importante – dijo levantando un dedo – Es que vaya hacia a un lado… Las cosas siempre deben de estar en constante movimiento – me dijo dándome un pequeño panque – Sino, se quedan estancadas y hacen más daño.

- ¿Qué tomas para decir esas cosas? – le dije con extrañado – A veces siento que estoy hablando con una mujer con una vida de experiencia.

- Tal vez así es… ¿Quién dice que no podría serlo? – Me dijo sonriendo – Tal vez soy una vampiresa – se pasó la lengua por los dientes de forma juguetona.

- Lo dudo…

- ¿Por qué?

- Aunque eres blanca, tienes un bonito sonrojo en las mejillas – dije sonriendo de lado – Los vampiros no tienen eso…

- ¡Oh que coqueto eres! – Dijo golpeando mi hombro con su pequeño puño sin causarme ningún dolor – No soy de las que caen por palabras bonitas.

- ¿Y por un beso? – le pregunte sonriendo.

- No lo sabré hasta no intentarlo… - me dijo suavemente.

¿Era eso una invitación?

- Sigue en pie lo del Sábado ¿Cierto? – pregunté siguiéndola.

- Claro, no me echare para atrás.

- Bien, no me gusta que me dejen esperando – le dije sonriendo levemente.

- Sabes, te ves más guapo cuando sonríes, deberías de hacerlo más seguido – me dijo tocando mi mejilla con uno de sus dedos, yo la mire con una ceja levantada con sorpresa.

- No soy de los que caen por palabras bonitas – repetí sus palabras.

- Entonces veremos si con un beso sí – dicho eso se puso de puntillas y me planto un beso suave en la mejilla que antes su dedo toco.

Claro que había recibido muchos besos en mi vida, contando a mi madre, a mi hermana y las miles de chicas a la que alguna vez le di afecto. No debería de sentirme nada emocionado por un simple beso en la mejilla porque muchas me habían dado mucho más, el placer de la carne era algo que conocía muy bien, la pasión de dos cuerpos y la satisfacción del clímax. Sin embargo este en particular, con suaves, carnosos y tibios labios, sentí que no era mi cuerpo el que recibía el afecto, sino que mi corazón encontró un alivio, una caricia que se me había negado durante tanto tiempo, en lugar de mi mejilla, parecía que había besado directamente a mi alma ¿Tenía sentido?

Así de rápido como comenzó, término y cuando volví en si ella ya estaba caminando, alejándose de mí.

Alejándose…

- Te veo el sábado – dijo mirándome por encima del hombro.

Sonreí mientras negaba con la cabeza, y me toque la parte donde sus labios habían estado.

- Parece que tuvimos una buena mañana – dijo Yurikoo sonriéndome pícaramente sus ojos hicieron una señal hacia mi mejilla.

Voltee a ver el ventanal donde pude ver a la perfección los pequeños labios de mi vecina, me pase la lengua por los míos recordando el momento.

- Sí, fue… muy buena.

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Boberías de la autora: Sí ha sido un largo tiempo. Escuela, trabajo, vida social, viajes, enfermedades me mantuvieron alejada de este finc durante todo este tiempo. Lamento la demora, y espero que sea de su agrado.

Recibí muchos reviews donde se quejaban de la forma en que llevo este finc. Algunos hasta dudaron en como visualizo una amistad, otros dijeron que a veces tenía mis buenos momentos y mis malos. Igual agradezco su atención y el tiempo que toman para leerlo. Incluso considere dejarlo y eliminarlo de mi profile, por temor de que me consiguiera más mala publicidad, pero es mejor que ninguna. Como este capítulo ya estaba a la mitad decidí terminarlo, me quedo más largo de lo que esperaba, tal vez sea el último, aun no me decido si termínala historia o no, ya que ahora se me está haciendo cada vez más difícil hacer actualizaciones.

Quiero aclarar dos cosas;

Primero si ustedes han leído mis otros fincs se darán cuenta que es la primera vez que intento esta forma de escritura.

Segundo en el prólogo les dije que estaba basada en una historia real, desafortunadamente yo era un personaje secundario en ella, me enteré de los hechos una vez que ya todo había concluido y no pude hacer nada por ellos. Trato de hacerles justicia recordando a ambos como eran, Eriol en la vida real no le gustaba los conflictos y siempre era muy complaciente, Shaoran por el otro lado mantenía a las personas alejadas y nunca supo cómo comunicarse con los demás al nivel sentimental. Para mí siempre fueron dos personas muy perdidas.

Espero que estén bien, y les moleste tanto con este capítulo como el anterior. Por fortuna no me pagan por esto y a ustedes no se les paga por leer, son nuestros pasatiempos, a veces lo hacemos bien, otras lo hacemos mal. Hay que vivir… Bien, suerte y espero que estén perfectamente.

Dejen review por favor!

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