Capitulo X

Miró el interior de la caja y era realmente hermoso. El toque de Anna estaba por todos lados y eso sin duda complacía a la mujer. Admiró a su hijo menor por tener tan fino gusto para escoger su regalo de cumpleaños, porque era simplemente perfecto.

-Él supo escoger muy buena esposa.- Pronunció con arrogancia Keiko y volvió a mirarse en el espejo.

Felicidad no era la palabra correcta para describir lo que sentía. No, era algo más, algo mucho más satisfactorio. Cuando vio publicado un artículo de Yoh y Anna, en un momento que pudo considerar ridículo y hasta absurdo, podía alegrarse de que por fin su retoño hiciera contratos con medios de comunicación y ampliara sus horizontes financieros en ese sentido.

-"Yoh y Anna, la pareja del año".- Leía animadamente la publicación.- Nadie sabe a ciencia cierta cómo sucedió, sólo que son la pareja más reconocida y rica del todo Japón.

Y eso no lo negaba, sin la firma de Kyouyama todavía tendría que vivir a las sombras de su hijo mayor, de no ser por Anna, Yoh no sería el hombre poderoso e imponente. Aunque todavía dudaba de una cosa, ¿Por qué Hao celaba tanto a Anna?.

-Señora Keiko, la requieren abajo.- Indicó Kanna, tocando sin apuro la puerta.

-Enseguida bajo.- Respondió la mujer con elegancia.

Hoy tendría una reunión con las más importante mujeres de la sociedad y no podía retrasarse ni un minuto más. Abrió la puerta de su alcoba y bajó al salón, donde ya se encontraban las diez mujeres esperando su presencia.

-Disculpen mi retraso, pero sigo embelesada con el regalo que me ha hecho mi hijo.- Excusó con la mayor intención de presumir una invaluable joya.

-Me lo imaginó.- Comentó Goldva, una imponente mujer y de las más importantes diseñadoras. –Tu nuera debe ser un encanto para ti.

-Más de lo que piensan.-Se ahogaba en alevosía la mujer.- Cada prenda que usa es maravillosa, incluso las más corrientes.

-Sólo usa marca de diseñador.- Contestó Sathy, una de las más refinadas mujeres de la burocracia.- Pero como toda mujer tiene sus más entrañables secretos.

Aquello era algo que no esperaba ni por error la anfitriona. Sabía que cada mujer con la que convivía era un arma de dos filos, la sonrisa por delante y la hipocresía por detrás.

-Por supuesto, Anna es una joya que tiene sus secretos y eso debes de respetarlo, Sathy.- Alegó Keiko Oyamada, quien conocía a la rubia desde su más tierna edad.

-Debe ocultar algo muy importante para que Keiko la defienda así.- Declaró con dureza Goldva.

Todas, incluso Asakura observó detenidamente los gestos de Keiko Oyamada y su respuesta, ya que ella era de las primeras en criticar con mano dura a los demás.

-No la defiendo, Señora Goldva, sólo digo la verdad.- Respondió con frialdad la mujer.-Ella es una joven, y como tal ha vivido su vida.

-Me parece muy prudente lo que dice Keiko. Anna es una mujer bastante joven y que por fortuna cayó en mi familia.- Intervino animadamente la anfitriona, pues en realidad ése era el objetivo de su charla.

- ¿Tan segura estás de ello?.- Preguntó con filo Sathy.

-Por supuesto, por qué no habría de estarlo.- Aseguró confiada Keiko Asakura.- Bonita, elegante, rica y por supuesto famosa.

Cada una miraba con desafío a la otra, sonriendo con malicia y con la clara intención de destrozar el mundo perfecto de Keiko Asakura.

-Y si te digo que tu bella nuera ha estado con otro hombre antes.- Dijo sin ningún remordimiento Goldva.

-No es fea, no dudo que haya tenido otros novios, pero era obvio que mi hijo fue el mejor.-Presumió con superioridad Keiko, su comentario no la molestaba en lo absoluto, al contrario era una razón más para sentirse imponente.

Sin embargo, las féminas ya reían a sus espaldas de la ingenuidad que mostraba una de las cabezas de familia más importantes de todo Japón.

-Ella ha estado arrastrándose con un hombre a orillas de la playa, alguien a quien odias con todo el corazón.-Agregó Sathy con toda la maldad contenida.- Ella llegó a tu familia como una suciedad más, no como una joya.

Las risas de las mujeres no se hicieron esperar ante el gesto incrédulo de Keiko Asakura. Oyamada sabía perfectamente a quien se refería, pero jamás se magino ver en la mujer un odio incontenible y una furia desgarradora.

-Ella debe tener cuidado.-Susurró para sí Keiko Oyamada.


Durante los dos últimos días lo había observado más de una vez. Comprobado, que en realidad el anillo que ostentaba su mano era el más caro de toda su colección. Su brillo no era impactante, pero sí la fuerza que le daba para seguir jugando en el infierno. Escuchó nuevamente la puerta, por lo menos habían sido ya cuatro ocasiones que Mattilda entraba para darle un ramo de rosas.

-¿Quiere recibir el…- Formuló la pregunta, pero era obvio que no valía la pena siquiera mencionarla.

-Tíralo o regálalo, no me interesa.- Replicó molesta la rubia, motivo por el cual Mattilda se asustó y cerró la puerta.

Dos semanas habían pasado desde la reunión, dos semanas de un calvario extremo. Hao no quería dejarla ni un solo momento en paz, mandaba docenas de rosas, enviaba una joya cada semana e infinidad de regalos con lo que seguro a una amante sí compraba.

-Pero yo no voy a ser su maldita amante, que se compre una muñeca de plástico si quiere.- Bufó enojada, simplemente no podía concentrarse en diseñar algo nuevo, él ocupaba su mente.

-Si tan sólo me dieras una oportunidad, verías que yo no lo volvería a hacer.-Le había dicho dos días atrás.

¿Cuál era la diferencia? Ya no confiaba en él. Traicionar su relación por dinero era algo inaudito, más aun cuando ella le profesaba sus sentimientos, los cuales juró nunca volver a decir. Al menos no después de aquella pérdida, cuando sus padres murieron.

-Ellos también me prometieron lo mismo y nunca lo cumplieron.-Susurró con melancolía la rubia.

-Éste será el último viaje Anna, deja de molestar.-Decía su madre, en un vano intento por quitársela de encima.

Kyouyama sólo contaba con cuatro años y ellos jamás la cuidaron. Recordaba los sermones de su padre y la manera tan cruel en que herían sus sentimientos de niña. Juró entonces nunca volver a expresarse, porque la vulnerabilidad de sus sentimientos eran su peor pesadilla.

-Sólo los niños débiles necesitan amor .¿Tú eres débil?.- Recordó las duras palabras de su padre la última vez que lo vio.- Me avergüenza tener una hija como tú.

No lo negó su corazón se quebró en mil pedazos cuando ellos la marcaron de esa forma, peor había salido adelante, había conseguido una tras otra beca y era fuerte, decidida, sin nada que la detuviera, hasta que llegó él.

-No te preocupes, yo cuidaré todo lo que sientes, sólo déjate llevar.- Susurró su mente en venganza.- Te amo, Anna.

Y una tenue lágrima cayó de sus ojos. Dolía demasiado verlo todos los días, estar ahí sólo para provocarle celos y cegarlo de todo el poder que un día tuvo. Y aún no había recompensa, qué ganaba, salir en los mejores diarios de circulación, fama en todo Japón de la mujer más rica, pero emocionalmente, qué, esa era la cuestión.

-Señorita Anna, el Dr. Fausto quiere verla.-Anunció relajada su secretaria.

-Hazlo pasar.- Ordenó sin ninguna emoción en su voz, limpió inmediatamente el rastro de sus lágrimas y lo vio de frente.

Al morir sus padres, él fue el único en ayudarla. Aunque era sólo un amigo de su progenitor, Fausto VIII figuraba como un verdadero mentor, la había acogido en su familia y ayudado con sus estudios.

-¿Cómo estás Anna?.-Preguntó con ese tono fraternal y protector.

-Mal.- Confesó sin lastima, ni autocompasión.- No lo odio por completo y eso me hace dudar si en verdad lo quiero lejos de mí.

Fausto la miró fijamente, sus palabras no podían ser más certeras de su estado de ánimo. Observó fijamente el anillo que ostentaba en su mano y sonrió. Sabía cuán difícil era para Anna cargar con una decepción descomunal como la que vivía, pero aun quedaba otra solución.

-Siempre es bueno contar con una segunda opción.- Dijo sin mayores rodeos, que por supuesto fue comprendido inmediatamente por ella.

-No es real.-Contestó Anna con desinterés.- Mi matrimonio no es real.

Fausto pudo haberse reído abiertamente de lo que pensaba Anna, porque él sabía que de tras de ese engaño había algo especial, muy diferente.

-Te compraría el mundo entero si estuviera en venta. Te llevaría a los mejores lugares, con la elite más….

-Al diablo con eso.-Cortó abruptamente a su mentor.- Estás viendo el lado más superficial del asunto.

-Estoy viendo lo que tú le haces ver a los demás. Porque eso haces, quieres celar a un hombre con quien tuviste una relación a escondidas, pero la sociedad no lo sabe. Si te vas de su lado arruinaras tu reputación, la mujer que conquistó al mejor pretendiente y se llevó todo.-Dijo sin ningún remordimiento en sus palabras.

-¡¿Y qué demonios quieres que haga?!.-Exclamó fuera de sus cabales.- No comprendes cómo me siento.

-Porque lo sé, por eso te lo digo. Sé feliz, intenta que funcione tu matrimonio.-Respondió con una sutil sonrisa.- Sólo así me iré tranquilo. Mañana tengo que irme, pero quiero asegurarme que en verdad te dejo bien.

-Nada malo va a pasar.- Le aseguró Anna.- Y si así fuera, lo sabrías.

-Sé que él te va a cuidar y proteger, pero me preguntó Anna... ¿tú te atreverías a hacer lo mismo?


Condenado a uno tras otro, sufriendo del ir y venir de dos secretarias llevando papeles y papeles. Juntas, reuniones, accionistas mayoritarios, fiestas, estrés, todo eso implicaba el puesto que ejercía. Sin tomar en cuenta que gran parte de las actividades que hacía no las comprendía a cabalidad, especialmente en reuniones de categoría.

-No debe distraerse, señor.-Escuchó la grave voz del hombre.

No pudo evitar reír con nerviosismo, era verdaderamente imponente con la persona que trabajaba en esos momentos.

-Trataré Amidamaru, pero deja de decirme señor.- Contestó con un tono amable y comprensivo.

-También lo intentaré siempre y cuando se apresure con su trabajo.- Le presionó una vez más Amidamaru.

Su abuela había tenido muy buenas intenciones cuando una semana atrás lo obligó a buscar ayuda en un asesor capacitado y como resultado de esas intensas jornadas de búsqueda encontró a Amidamaru, un experimentado y hábil maestro en los negocios, y por tanto un perspicaz hombre en la vida cotidiana.

-¿Puedo saber cuál es el motivo de sus constantes distracciones?.- Interrogó curioso de tanto esparcimiento en la mente del castaño.

Yoh lo miró detenidamente, a pesar de laborar con él pocos días podía intuir que era de fiar. Aunque realmente no tenía grandes problemas ahora que muchas de las cosas las manejaba como todo un directivo sí había algo que le preocupaba con especial atención.

-Amidamaru, ¿alguna vez has intentado olvidar a una mujer a la fuerza?.- Regresó en respuesta.

El asesor meditó cada uno de los rasgos que el joven empresario le daba. Una impecable seriedad, nada usual para el tiempo que llevaba laborando con él, y ese perfecto contraste de duda que hacía ver a Yoh Asakura como un actor distante de la situación planteada.

-Por supuesto que no. Es como intentar enamorarse de alguien, la mujer necesita meterse hasta por los ojos si acaso quiere conseguirlo.- Respondió con firmeza y entereza de lo que decía era lo correcto.- Además, usted no debe preocuparse, tiene una esposa digna de admirar.

-Sí, lo sé.- Reflexionó Yoh y aún distante del ventanal giró su silla y observó el paisaje desde las alturas.- Anna es una maravillosa mujer, pero cuesta trabajo borrar el pasado por completo y no sentirse vulnerable.

-¿Un antiguo amor?

-Yo diría que uno muy reciente. – Irrumpió en la habitación una voz femenina.

Ambos hombres miraron con sorpresa a la rubia que entraba con seguridad, sin importar con quien o la situación en la que se encontraba Asakura.

-Trate de advertirle, pero no me hizo caso.- Escuchó la disculpa de su secretaria.

-No importa, puedo encargarme de este asunto.- Dijo un calmado y relajado Yoh.

Amidamaru comprendió de igual modo el escenario en el que estaba accidentalmente colocado y en cuanto vio salir a la secretaria, siguió el turno de él.

-Procure no retrasar su itinerario, Señor Yoh.-Indicó el hombre antes de salir.

La rubia avanzó a paso seguro hasta su escritorio y por supuesto, que la mirada del castaño no era una grata bienvenida a su nueva vida.

-¿Por qué esa cara, Yoh? Si te adoraba que Mari viniera a verte a tu oficina.- Pronunció divertida por la ocasión.

-¿A qué has venido?.- Le preguntó serio.

Una diminuta sonrisa apreció en su rostro y entonces lo enfrentó con una mirada llena de resentimiento. Arrojó al escritorio una revista de sociales, que en portada traía una foto de ya internacional pareja.

-Hasta cuando dejaras de mentir y hacer público una falsa como ésta.-Replicó notablemente enfadada

Yoh tomó la edición con escepticismo, no recordaba haber dado una exclusiva para una revista, pero era evidente que seguían paso a paso su matrimonio y los eventos a los que la pareja acudía. Al ver las imágenes y los titulares imaginó porque la molestia de Phauna.

-Lo siento, pero yo no veo ninguna farsa aquí.- Respondió con mucho más humor.- De hecho, diría que reflejan una muy buena faceta de nuestro matrimonio.

-¡No juegues conmigo, Yoh!.-Exclamó con fuerza Marion.- La mujer a la que amas soy yo.

-Si tan segura estás de eso, entonces por qué vienes a reclamarme.

Marion se acercó hasta él y lo abrazó. Se aferró a su cuerpo en busca de ese amor que estaba perdiendo.

-Porque tengo miedo que dejes de quererme.-Su tono era realmente conmovedor e intenso, pero Yoh se negaba a corresponderle el gesto.

Sus lagrimas comenzaron a humedecer un poco su traje y sus manos se aferraron con más ahincó a su cuerpo en un vano intento de sentirlo más cerca, pero eso era prácticamente imposible. Con pausa y calma, Yoh la separó de su lado.

-Vete.- Le dijo tan sereno como pudo.- Sólo estás perdiendo tu tiempo.

-No. Yo sé lo que sientes en realidad y tú no quieres esto, no eres Hao. ! Y ella lo único que quiere es que suplantes a Hao!

-¡Basta, Marion!.- Espetó con rudeza.- Ni siquiera sabes que quiero y no conoces a Anna, así que deja de figurarte cosas.

-¡Entonces deja de fingir ante un puño de periodistas que estás enamorado de ella! La miras con tanta ternura y devoción, que…

-Que es real.- Dijo seguro.- Anna me gusta, Marion, pésete a ti o Hao.


Acomodaba un par de documentos en su sitio, aunque cada folder era un desastre por sí solo. Aunado a eso las constantes llamadas de su padre, mencionando constantemente el escrito que debía hallar. Sin embargo, alguien más la estaba observando.

-Muchos documentos, no te parece.-Habló Pilika con una sonrisa amigable en sus labios.

- Anna tiene muchos trabajos pendientes y yo también.-Respondió un poco sorprendida de la inesperada visita de Usui en su oficina.

-Debe ser por la próxima pasarela, muchas de las chicas están laborando al máximo los nuevos diseños de primavera.- Comentó emocionada de irse de viaje próximamente.- ¿Me permites verlos?

Podría jurar que su rostro palideció cuando la chica tomó un folder de la mesa. Y la miró con extrañeza.

-¿Hao Asakura?.-Cuestionó bastante desubicada Pilika.

-Investigación de Anna.- Contestó muy natural Jun Tao.- Mira, aquí están todos los modelos.

La carpeta y los folders que le pasó esta vez eran los correctos, pero Usui seguía viendo con detenimiento cada uno de los que abundaban en el escritorio.

-Sea cual sea tu investigación, debes ordenar esto o Anna se dará cuenta de que hay algo sospechoso en ti.- Le dijo amigablemente Pilika.- ¿Te importa si me llevó esto a mi oficina?

La naturalidad con que le hablaba de un asunto que era y es confidencial la ponían en un conflicto interno si aceptar o no la acusación. Mas cuando ella cambio de tema, no pudo evitar eludir a cualquier precio el otro negocio.

-Por supuesto, llévatelos…


Su respiración no podría ser más inestable, después de haber dejando tres docenas de rosas a sus pies se atrevía a regresárselas a su oficina. Y por supuesto, tuvo que regalar hasta la última de las flores a fin de evitar murmullos en el corporativo. Estaba cansado de arruinar las cosas y de recibir siempre una negativa de parte de Anna.

-Hay que tomar cartas en el asunto cuanto antes.- Meditó el castaño.

Favorablemente el trabajo recaía en su gemelo, mientras él sólo disfrutaba de medio tiempo en la oficina, vacaciones cuando quería y demás. Por un rato no era nada malo, pero por el otro deseaba el poder más que nada. Sin embargo, ni siquiera tuvo oportunidad de reflexionar más, una furiosa rubia entraba a su oficina como alma endemoniada.

-¡Suéltame!.-Le espetó a la secretaria de Hao.

-Está bien, Elly, puedes dejarla.- Le dijo intrigado de su inestable humor.- Aunque este al pendiente si necesito… ayuda con esto.

-Sí, señor.- Contestó Elly, retirándose del lugar.

Hao la miró de arriba abajo y ciertamente no venía de ningún gimnasio o algo por ese estilo, demasiado a la vista para su gusto.

-Qué modales.-Se burló el castaño.

-Dado que no puedes con tu asunto tengo que venir yo e intervenir.-Replicó bastante molesta.

-Y por lo visto ya ni siquiera tus escotes le levantan el ánimo.- Regresó con maldad.- No te ofendas, pero los prostíbulos tienen mejores.

-Sí, por lo visto no soy la primera con la que te acuestas. Seguro que Anna no era tan buena.

Eso sí logró erizarle la piel a Hao de enojo y coraje. Bruscamente la tomó de la muñeca y sin ningún miramiento la arrojó al suelo.

-Atrévete a tentar tu suerte y créeme no sales viva de aquí.-La amenazó con seriedad, pero lejos de molestarla comenzó a reír de manera escandalosa.

-Querido Hao, vine a darte el arma para separa a la pareja, no a pelearnos entre nosotros.

En pocos minutos, Marion estaba de pie y triunfante le pasaba un par de fotos. Hao miraba atónito cada una de ellas, no sólo por lo descuidado sino por la manera en que le presentaba semejante evidencia.

-Hay cosas que sólo entre hombres se pueden pasar. Toma las mías, seguro tú tendrás más.

La sola mención hizo que los colores le subieran a la cabeza, por supuesto que tenía fotos de ese estilo.

-Y… ¿cuál es el plan?


Suspiró resignado cuando llegó al restaurante mucho antes que Anna. Cuando Fausto quedó de cenar con ellos pensó que sería una ocasión mucho más informal y ocasional, no la gran noche que estaba seguro preparó en conjunto con su madre.

-Hoy cumplimos un mes.-Pronunció melancólico Yoh.

-Asumo que eso significa que es realmente pesado estar casado.- Interrumpió sus pensamientos la rubia.

-Anna… no vi cuando llegaste.-Dijo realmente sorprendido e inmediatamente acomodó a su esposa en su lugar.

-Por lo visto, llegaste mucho antes que todos.-Comentó bastante sorprendida de la impuntualidad de Fausto.

-Mamá no se retrasa mucho y tu padre por lo que veo, menos.- Agregó el castaño un poco nervioso, sobre todo por el tiempo ya transcurrido.

Anna no podía evitar sentir un poco de incomodidad en su presencia. Habían confesado y pasado ya por momentos muy íntimos, pero aún no existía del todo un vinculo fuerte entre ambos y eso de alguna manera los limitaba cuando estaban solo ellos dos.

-Señores Asakura.- Los nombró con distinguido placer el mesero titular.- Sus invitados han reducido su cena únicamente a dos personas y si me permiten comenzar su banquete, les haré amena su velada.

Ambos asintieron e inmediatamente el mesero comenzó a mover toda su utilería, pues era uno de los restaurantes más caros de Tokyo.

-Creo que era predecible.- Habló con tranquilidad el castaño.

-Sí, era obvio que harían esto.-Corroboró de igual forma Kyouyama.

Y un breve silencio resonó. La bella vista desde las alturas del rascacielo inundaban de romanticismo la cena, pero lo hacía mucho más la cohibida forma en que ambos se trataban. Ante las cámaras y las reuniones de negocios eran firmes, decididos, se tomaban de la mano sin protestar y ahora, simplemente no se atrevían a mirarse fijamente.

-Llevas el anillo puesto.- Notó con un leve reconocimiento de alegría.

-Sigo casada y mientras eso continúe, lo tendré.- Contempló la mano que ostentaba la delicada joya.- Además no tengo por qué quitármelo.

Yoh tomó su mano con tanta pasividad. Aparentemente Anna era una de las personas más difíciles de tratar, pero extrañamente entre ambos había un cristal muy delgado, algo con lo que sin duda se conectaban.

- Creo que eso fue lo más loco que he hecho en mi vida.- Pronunció emocionado Yoh al recordar su entrega y devoción con el micrófono.- Aunque no me arrepiento de nada de lo que dije, todo es perfectamente cierto.

Anna lo miró con detención, para él era tan fácil expresar sus sentimientos y reír ante las situaciones más extrañas que le sucedían a menudo. Esbozó una leve sonrisa y volvió a mirar su anillo.

-Palabras dignas de una portada.- Comentó con perfecta noción de lo que decía, aunque el tono burlesco predominaba en cada uno de sus comentarios.- "La pareja perfecta"

-Qué creatividad.- Halagó el castaño.- Ni siquiera en mi noviazgo con Marion me dedicaron algo así y menos con titulares tan alocados.

Su risa se dejó escuchar unos momentos más y Anna no pudo evitar compartir ese momento, coincidía perfectamente con él. Jamás le dedicaron tanta atención los medios de su élite, al menos no de esa forma tan romántica. El mesero no tardó en llegar con el banquete preparado para la pareja, quien disfrutó paso a paso la cena tan ostentosa que cada uno de sus padres había preparado.

-¿Crees que todo esto termine bien?.- Preguntó en medio de la cena el castaño.- Es decir, ninguno de los dos quiere algo más, ¿no?

-Es correcto.- Afirmó Anna con tranquilidad.- Sólo queremos pasar por una pareja.

-Sí, lo sé. Aunque mi madre me ha estado presionando desde aquella vez que mencionaste a los bebés.- Contuvo una pequeña carcajada al recordar cada uno de los intentos de keiko por encargar familia.

- Sé que fue una total locura ese comentario.- Aceptó Anna con franqueza.- Pero es un tema delicado para mí y para Hao.

Yoh miró por un momento el platillo que comía, aquello repentinamente dejó de tener el exquisito sabor que percibían sus sentidos. Recordó cómo ella quería insistentemente un bebé de su hermano.

-Y… ¿tu ciclo sigue normal?.-Preguntó Yoh bastante calmado.

Sinceramente no era la pregunta que Anna esperaba, sobretodo porque no sabía a cabalidad la respuesta. Durante meses había tenido la libertad de evitar las protecciones y aún así no obtuvo el resultado deseado.

-Aún no lo sé, pero dudó que tu tino sea muy bueno.- Contestó la rubia de manera bastante confiada.

-¿En serio lo crees?.- Cuestionó intrigado el castaño.- Recuerda que no soy Hao.

Los colores carmín adornaron su rostro sin disimulo. Agradecía el hecho de que en ese momento no estuviera bebiendo de su copa algún líquido o éste ya hubiese sido derramado en el apuesto rostro de su esposo.

-No es el objetivo.- Esclareció duramente Anna.- No buscó tener un bebé contigo.

-Ni yo.- Contestó con orgullo el castaño

Alzó su copa llena de champagne y tomó la de ella. En un breve instante, ya sujetaba la copa entre sus manos e Yoh estaba demasiado cerca. Su respiración se notaba acelerada y no por el par de copas que ya llevaban en la cuenta, sino por la estrecha distancia que existía entre ambos.

- Brindemos por eso.- Habló con valor Yoh.- Por nuestro primer mes libre de amor, errores e hijos.

Era una tonta al no notarlo antes. Eran claros celos de su hermano, y perversamente Hao ganaba sin siquiera estar presente. Al no notar respuesta de ella, tomó la copa de un solo trago. El mesero que observó su acción le llevó una bebida diferente y al parecer mucho más fuerte.

-¿Tú quieres un hijo? ¿Es eso lo que tanto te molesta?.- Preguntó sin ningún rodeo.

-Vámonos.- Fue lo único que contestó el castaño.


A pesar de que el cigarro no era su gran afición servía bastante para relajarlo. Entró a la mansión y ciertamente no esperaba ver a nadie interesante, ya que recordaba a la perfección la fecha. Un mes de completo infierno, vergüenzas y desamores, pero eso estaba por terminar.

-¿Vienes tomado, Hao?.-Preguntó su abuela al verlo completamente perdido en sus pensamientos.

-No, pero pensé que estarías en una celebración "máxima".- Aludió con burla a su madre.

-Decidieron que la cena era para dos.- Le informó sutilmente Kino.- Y pretendo que siga siendo sólo dos.

Hao sonrió con levedad, por un breve momento pensó que Kino lo apoyaría, pero no, todos seguían idolatrando a Yoh.

-Sí, Anna y yo.- Contestó seguro el Asakura.- Ella es el amor de mi vida y por ningún motivo pienso dejarla ir.

Y lentamente subió las escaleras. Miró aquella puerta prohibida, una habitación doble era una estrategia muy buena. Sacó la llave y la abrió sin siquiera detenerse un momento. Era tan común por dentro y por fuera, aunque ciertamente parecía una suite de lujo.

-La señorita Anna acaba de llamar y decir que no vendrán está noche.- Informó a sus espaldas Kanna.

Hao, que admiraba el vestido de noche sobre la cama no le extraño la decisión de Anna al irse fuera de su alcance. Removió de su bolsillo las fotos y las colocó en las pertenencias de su hermano.

-Deja este sobre en la habitación antigua de Yoh y asegúrate de revolverlo todo de manera común.- Le indicó Hao con seriedad.

Kanna acató de inmediato la orden y salió tan sigilosamente como había entrado. Mientras tanto, Hao arrugaba con fuerza una de las fotografías de Marion. Todo habría sido perfecto de no ser por la ambición y la lujuria que tenía, pero nada es demasiado perfecto mucho tiempo.

-Y tú ya duraste mucho con él.- Habló con frialdad el castaño.- Es tiempo de mostrarte la verdadera cara del tipo con el que te casaste, Anna.


Sin duda alguna jamás pensó en tener una romántica velada a la luz de la luna al lado de Yoh, tampoco era su intención cenar con él sabiendo a la perfección la fecha. Un mes, todo un mes a su lado, soportando de las múltiples provocaciones de su hermano y de las amenazas de Phauna; sin embargo, a pesar de todo lo toleró y fue gracias a que él había sido fuerte cuando ella ya no tenía fuerzas.

-Y ahora…-Suspiró casi con desgano.- No era mi intención herir su orgullo de hombre.

O al menos a eso aludía la pequeña, casi nula, discusión antes de salir del restaurante. Ni siquiera estaba borracho, eso lo sabía perfectamente o de otra forma no lo hubiera dejado manejar. Sin embargo, ahí estaban los dos parados entre el tráfico y con una lluvia que parecía no podía maldecir el clima, ni tampoco su imperfecta comunicación con su esposo, pero sí podía maldecir a Fausto y Keiko por dejarla afrontar un día tan raro. Fue entonces cuando prendió el estéreo, al menos la música la relajaba un poco, pero el gusto le duró muy poco. Su teléfono comenzó a sonar insistentemente y al tomarlo sabía que era él.

-Anna…- Escuchó su voz desde el móvil.- Quiero disculparme, no sabía lo que decía.

Yoh miraba el parabrisas empañarse con lentitud. Ya la calefacción no animaba el estado en el que se encontraba. El alcohol seguía en su sangre, pero no tanto como para empañar la visión de la gran tontería que había cometido.

-No es necesario que te disculpes.- Respondió Anna con sinceridad.- No tengo derecho a reclamarte nada.

-Pero yo sí.- Corrigió de inmediato él.- Tal vez, ni tu ni yo seamos una pareja, pero eso no nos da derecho a lastimarnos entre nosotros y menos por cosas tan absurdas.

Inesperadamente una lágrima se escapó de sus ojos. Culpó al alcohol de tremenda falta a su persona, después de todo ella no era una persona que lloraba por una simple pelea con su novio. Entonces, por qué le dolía ver que Yoh estaba sufriendo por su culpa.

-Un hijo no es una tontería.- Replicó la rubia molesta.

-No, no lo es, pero nuestro caso es diferente.- Contestó calmado el castaño.- Por eso te pido disculpas, porque…

-Cállate, Yoh.- Lo interrumpió abruptamente Anna.- No tienes por qué preocuparte por un hijo. Independientemente de que seamos o no pareja, ¡yo soy infértil!

Y colgó a la llamada. No quería escuchar nada más, no sólo porque no deseaba escuchar sus condolencias, si no porque ya no podía reprimir sus sentimientos durante más tiempo. Era un asunto absurdo, pero había hecho un examen y corroborar si su noche pasional había tenido consecuencias, y el resultado fue contundente.

-No te preocupes, es sólo cuestión de intentarlo otra vez.-Aseguró Fausto al ver los análisis.

-¿Por qué no lo dices más claro?.-Respondió casi con rabia.- No necesito tener doctorado para notar mi incapacidad de concebir.

Escuchó timbrar nuevamente el celular, pero esta vez no contestó. Ya era demasiado drama por un día.

-Olvida que lo dije.- Escuchó su voz.- No era mi intención herirte.

Estaba completamente loco al dejar que toda la lluvia cayera sobre él. Ya no le importaba el hecho de empaparse, simplemente de disculparse. Abrió la puerta y salió. Su única acción en ese momento fue abrazarlo, pese a la lluvia y pese a todos los carros que los miraban insistentemente.

-Vamos a mi casa.-Fue lo único que pronunció Anna.


Miraba con melancolía la foto de sus padres, un pasado que sin duda alguna no reviviría jamás. Tenuemente, las lágrimas comenzaron a correr por sus mejillas y dejó que sus recuerdos se marcharan una vez más, pues ya no valía la pena recordar cosas banales.

-¡Horo Horo!.- Le llamó con seriedad su hermana.- Otra vez viendo esto.

-Sí, ya lo sé.- Argumentó tontamente.- Es sólo que a veces me hubiera gustado pasar más tiempo con ellos.

-Ya hermano, no seamos tan pesimistas. Papá te dejó bien acomodado.- Le recordó con alegría Pilika.

-Nunca pierdes las esperanzas, ¿verdad?.- Susurró agradecido de que ella tuviera las energías de seguir adelante y no ver hacia atrás.

-Por supuesto, especialmente por que pronto tendremos pasarelas por todo Japón y una invitación al extranjero, ¿no es para alegrarse de por vida?

Qué vitalidad tenía la menor de los Usui, meditó su hermano. Idéntica a su madre en cuanto a carácter y firme como su padre, una combinación sin duda excepcional.

-Por supuesto, ¿y cómo va todo con Ren?.- Cuestionó de manera casual.

-Bien, pero me sigo preguntando ¿cuál es el interés en este hombre? No es rico, ni nada por el estilo.- Alegó algo molesta su hermana, llevaba varios meses de noviazgo con Ren y aún no veía las razones personales de su hermano en esto.

-Muy pronto las veras, Pilika, tú sólo atiéndelo y disfruta de tu noviazgo, que del resto se encarga Kino.- Contestó confiado de cada una de sus palabras.

Su cuerpo se movía insistentemente entre las sabanas de la cama. Se sentía acalorado e incomodo, motivo por el cual su sueño se vio abruptamente interrumpido. Sus ojos y su cuerpo se sobresaltaron súbitamente, hasta que lentamente fue recobrando la normalidad y volvió a recostarse, aunque eso hizo que notara su falta de ropa.

Miró a su alrededor, en su vida había estado ahí y podía jurar que no era un hotel. Quiso buscar en su memoria algún recuerdo de la noche anterior, pero no conseguía nada, todo estaba en blanco. Entonces, decidido se levantó y buscó su ropa, o al menos algún camino que le indicara que lo que tuvo fue una noche de pasión.

-Dudo que haya llegado desnudo aquí.- Susurró el castaño.

-Por supuesto que no.- Contestó de espaldas una voz masculina.

Eso sin duda lo sobresaltó y estuvo al borde de un paro cardiaco, pero sus nervios se tranquilizaron un poco y evitó a toda costa salir corriendo.

-¿Quién es usted?.-Cuestionó confundido.- Y dónde estoy

-Mi nombre es Kalim y está en la casa de Anna Kyouyama, que si no mal recuerdo es su esposa.- Le informó gentilmente el hombre.- Y también le recuerdo que tiene que irse a trabajar.

Ahora comprendía porque razón no llevaba puesto nada encima, salvo lo indispensable. Kalim llevaba en su mano derecha un traje perfectamente pulcro y en su mano izquierda el calzado que combinaba a la perfección con el atuendo.

-Gracias Kalim, por un momento pensé que había parado en un mal lugar.- Expresó bastante despistado, sin contar la forma tan confiada que tomaba de inmediato con él.- ¿Podrías decirme donde está Anna?

Kalim sonrió con levedad, sin duda Yoh Asakura era un buen hombre y uno muy amable. A pesar de eso no pudo quitarle la desagradable sorpresa que en efecto se encontraba totalmente solo.

-Se fue a trabajar desde hace varias horas.

-¿Varias horas?.-Preguntó sorprendido.- Son las 7 de la mañana.

-A veces es así, cuando tiene algo por qué temer.


Contemplar una tela tan arrugada y brillosa no era usual en ella, especialmente cuando tenía un evento en menos de tres horas. Sin embargo, ella seguía absorta en la tela del vestido y su detención a los elementos de aquel fragmento ya estaban rebasando la línea normal.

-Anna, te hace falta este detalle.- Indicó Jun, cuando vio el vestido sin terminar.

A pesar de ser tan sólo las nueve de la mañana todo el personal corría acelerado. Y cómo si ella no lo notara, bufó desganada y colocó cada tela en el lugar correspondiente, aceleró su ritmo al doble o eso fue lo que percibió Jun Tao.

-Pareces molesta con algo.- Dijo Jun con afán de buscar una conversación amistosa, pero lo único que logró fue la evasiva de Anna.- Definitivamente estás molesta.

-Deja de hacer suposiciones equivocadas.- Contestó irritada la rubia.

Aunque Jun quería calmar un poco el mal humor de Anna, Pilika y Shalona entraron sumamente alteradas. Comenzaron exclamando un par de oraciones inentendibles, modelos, telas, vestidos faltantes, diseños inconclusos; por supuesto, nada fuera de lo común.

-¡Cálmense las dos!.- Ordenó con ímpetu Kyouyama.- Shalona, ordena material de inmediato al crédito más conveniente y Pilika, llama a las dos agencias de modelaje que ya conoces.

-Ya contactamos todo, las telas llegan en tres horas. Tiempo insuficiente para acabar la serie, que hemos tardado por lo menos tres semanas en hacer.- Explicó la rubia mucho más preocupada de lo normal.

Anna suspiró hondamente y se relajó. Motivos como estos eran la razón por la cual dormir bien era una completa utopía. Tomó su agenda especial, aquella que no tocaba salvo en emergencias, esperaba la queja de Pilika, pero se imaginaba cual sería la respuesta que le daría.

-Ninguna es rentable, ¿cierto?.- Cuestionó con cierto aire de incredulidad.

-Contrate todas las modelos que pude, pero aún así me faltan tres y no puedo presionar a más chicas con 6 cambios de vestuario, es demasiado. Me quedan tres opciones y una de ellas no es precisamente tu mejor amiga.


En momentos como estos ni siquiera un café podía tomar tranquilo. Definitivamente extrañaba su vida de antes, pero por sobretodo añoraba volver a comenzar desde cero. En sus primeros años Hao y él eran entrañables, los mejores amigos y el tiempo transcurrió hasta llegar a lo que era hoy, una persona que quería dañarlo a costa de todo.

-Señor Yoh, tiene toda su agenda repleta y a penas y llegamos al aeropuerto.- Le dijo casi al borde de la desesperación su secretaria.

-Tranquila, Sally.-Intentó calmarla, pero fue inútil.

-No, Señor, debemos estar ahí en 20 minutos.- Y sin tomarse la molestia en pedir permiso se subió al coche.

Eso fue suficiente para Yoh, comprendía que a lo mejor era un llamado común, pero tal parecía que no. Un viaje tan precipitado de negocios por lo menos se programaba con un mes de anticipación, por ello no entendía la situación tan estresante que vivía su secretaria.

-Sally, no me puedes decir que este viaje yo lo programe. Ni siquiera recuerdo haberlo hecho.-Habló con calma y serenidad, o al menos intentando no molestarse.- No traigo equipaje, no…

-No lo necesita, ya he ordenado que lleven una maleta a la terminal y también he pedido que Elly nos acompañe, por supuesto que el señor Amidamaru ya está allá, sólo faltaba usted y yo.

Definitivamente era inútil, ella estaba bastante nerviosa como para contestar alguna de sus preguntas.

-¿Y qué eventos hay para hoy?.- Cuestionó impresionado de la cantidad de información que esa chica manejaba.

-Una reunión, un banquete con el trío accionario de su competidor y muchas cosas más, señor.

-Calma Sally, todo va a salir bien.- Animó con optimismo el castaño a pesar de que no era nada grato un viaje en estos momentos.- ¿Le avisaste a mi esposa del viaje?

-Por supuesto, Señor, le deje el recado con su secretaria y adelante su regreso en una semana.

Sus palabras pudieron haberlo matado de desilusión. ¡Una semana! Ni siquiera recordaba si Hao tomaba tantos días en gira emblemática, pero esto era sin duda un abuso, como si de verdad necesitara alejarse en ese preciso momento de todo.

-Lo único que quería era hablar con Anna.- Pensó que sería lo único realmente relevante que haría hoy.


Una copa de champagne era la que sostenía en su mano. Su arreglo, como siempre, impecable y la planeación del evento acorde a la presentación, nada le faltaba, sólo él. No deseaba admitirlo con fuerza, pero lo suyo era cobardía plena.

-Lo único que quiero es dormir y despertar contigo siempre, no importan los demás, sólo nosotros dos.- Le susurró al odio en medio de la lluvia

Su corazón se sobresaltó cuando lo escuchó decirlo, cada palabra, como si fuera algo perfectamente conocido y más aún cuando sus cuerpos se estrecharon al llegar a su casa. Él la plagó de besos y no le daba ninguna pauta, sino hasta que llegaron a la cama. Todo cambió ahí.

-No sigas esperándome, querida.- Escuchó con egocentrismo a su cuñado.

Era imposible que olvidara su voz tan penetrante. A penas lo miró por encima de su hombre y sin duda alguna se deleitó con la bella imagen que percibía. Hao Asakura era imponente y apuesto, más cuando el negro y él eran parte de la gala.

-¿Cuándo he necesitado de un hombre?.- Habló con superioridad Kyouyama.

-Desde el día que me conociste.- Respondió con firmeza y al notar que nadie los miraba, la sujetó de la cintura.- Tú aprendiste algo y yo también.

La calidez de su voz la perdía en una absoluta confusión, pero los recuerdos eran fuertes y sabía qué lugar era el que tenía ahora.

-Estoy casada.- Dijo Anna para librarse de su agarre, pero el efecto fue el contrario.

-Yo no te veo casada.- Le susurró a su oído y su cuello fue víctima de los mimos del castaño.

Sin embargo, eso no duró demasiado. Ella se soltó con esfuerzos de sus brazos y lo enfrentó. Ambos tenían la fortuna de que aún estaban en un salón vacio y que sólo frecuentaban las modelos.

-No te enojes, belleza. Sólo digo que para ser una mujer casada te hace falta el esposo.- Habló con sobriedad en su voz.

-Ya llegará.- Contestó indiferente Anna, aunque sabía que con él de por medio era imposible serlo.

-Yoh es un hombre impredecible, tiene muchas prioridades antes que tú.- Respondió sumamente concentrado en la reacción que ella tendría.

-Por eso son gemelos, entonces.- Respondió y se marchó del lugar.

Aunque le doliera lastimar a Anna más de la cuenta, sabía que no debía permitirle encariñarse con su hermano más de la cuenta y si eso incluía decepcionarla estaba dispuesto a hacerlo.


Marion admiraba el hermoso vestido que luciría en pasarela. Fue una verdadera sorpresa que Pilika Usui le llamara para ser parte de la colección de primavera y una de las mejores oportunidades para hacerle saber a Anna que ella era mucho más fuerte.

Anunciaron su entrada y caminó sonriente a la salida. Ya imaginaba los titulares de periódico dedicados a ella, más aún con la ausencia de Yoh. Su plan era brillante y Anna ni siquiera sospechaba nada, la miró con arrogancia al salir y la contempló tan débil e indefensa sin la protección del Asakura.

Por su parte, Anna reflexionaba cada momento y al público asistente. Numerosas caras inundaban el lugar, pero ninguna era él. Aunque no esperaba un milagro, después de todo no se comunicó con ella en toda la tarde y probablemente tenía otros compromisos más importantes que ella. Marion entró de nuevo a pasarela, lucía radiante y llena de viveza, tanto como Yoh la describía.

Internamente le dolía la comparación y no porque fuera Yoh quien lo dijera, sino porque ella misma lo veía. Ella tenía el porte, pero no la belleza que irradiaban cada una de estas mujeres. Vio avanzar a la última y agradeció la presencia de medios y promotores en esa presentación.

-Tan hermosa como siempre.- Oyó el halago de parte de Ren Tao, cuando todo finalizó.

Los fotógrafos inundaron el lugar y captaban cada uno de los momentos, pero en particular cuestionaban por la ausencia del menor de los Asakura.

-Agradezco el cumplido, pero Pilika debe ponerse celosa cada que te acercas a mí con esas intenciones.-Respondió indiferente Kyouyama y no porque no causara impacto las palabras del hombre, sino porque no tenía intenciones de escuchar cumplidos.

-Es amor a distancia, nada a comparación de tú y yo.-Meditó por un momento Tao.- Sea cual sea la excusa de Yoh, no lo voy a perdonar por esto.

Una tenue sonrisa apareció en el rostro de Kyouyama. Fausto ya no estaba con ella, Manta tenía un viaje de negocios e Yoh seguía perdido, pero ahí estaba él, Ren Tao.

-No he visto a Yoh desde ayer.-Comentó confiada Anna.

-¿No despertaste junto a él?.- Preguntó divertido.

-Claro, que no.- Susurró bastante bajo la rubia.

Eso era lo que le molestaba, después de unos cuantos besos compartidos, su radiante esposo no quiso llegar a más. Fueron excusas tras excusas, hasta que definitivamente la dejó hablando sola, pues el alcohol ya había hecho efecto en él.

-En vista que te ha abandonado, esta noche ocuparé su lugar.


Fastidiado era la palabra correcta para describir su estado de ánimo y a pesar de eso seguía sonriendo. Llegando al aeropuerto lo único que deseo fervientemente fue descansar, pero Elly y Sally no desistían de ponerlo a trabajar.

-Mañana tendrá que acudir a una reunión importante con un embajador y por supuesto su esposa tiene que estar presente.- Informó la mujer.

Una semana con ella y ya se estaba volviendo loco entre tantos papeleos y asuntos irrelevantes. Por suerte Amidamaru había pedido por él una tregua de un solo día o al menos eso es lo que intentaba llevar a cabo.

Entró a su casa esperando ser recibido al menos por su madre, pero todo seguía muerto. No había hablado con nadie, salvo con su abuela. El caso con Anna fue muy aparte, tenía miedo de haber hecho algo muy malo y sobre todo cuando Elly olvidó el evento de Anna.

Corrió por la escalera y rápidamente se dirigió a su habitación, era de noche, así que fácilmente debería encontrarla. Y así fue, se miraron con demasiada detención, hasta que él habló.

-Hola.- La saludó con timidez.

-Hola.- Contestó con indiferencia.

Odiaba eso, lo hacía sentir mal, pero por supuesto era culpa suya. Anna no movía ni un gramo de su atención a su presencia, no después de hacer cada quien lo que deseaba.

-Tú secretaria me envió un vestido de gala hace rato.- Aludió a la prenda que descansaba en la cama.- No voy a ir contigo a la cena, así que será mejor que devuelvas la prenda.

-Perdóname, Anna.- Habló arrepentido de todo.- Quería hablarte, de verdad que deseaba hacerlo. Pero a cualquier lado que quería hablarte, no podía.

-No tienes porque disculparte, tus negocios tienen la suficiente prioridad y tu empresa te necesita antes que nada.- Respondió con frialdad Kyouyama.

-No. Mi prioridad era hablar contigo, dije muchas cosas ese día y la mayoría era mentira.

Sus palabras causaron el efecto contrario que él deseaba conseguir. Efectivamente había dicho y hecho muchas tonterías, hablaba de Marion, de su relación de su devoción y amor, pero era pasado. Lo único verdaderamente firme era el gran cariño y atracción que sentía por Anna.

-Pues pudiste hablarme para decirme eso. Hay casetas de teléfono por todos lados o ¿acaso también te prohibieron usar el teléfono del hotel?.- Contestó sumamente dolida por todas las tonterías que estaba negando.

-No, espera, déjame explicarte.-Intentó Yoh retomar su plática.- Yo quise decir otra cosa.

-Cállate, no me interesa que me hables, sólo finjamos estar bien y listo. No necesitamos relacionarnos de más-Replicó mucho más alto ella.

-Si me dejaras explicarme, verías que de verdad no soy el gran mentiroso que crees que soy.

-Suficiente tengo con escuchar que todo lo que dices es mentira, aún si me dijera Hao que eres una basura no le creería, pero escucharte a ti decirlo es… abominable.- Pronunció fuera de su aparente tranquilidad.

-¡No! Lo único que es mentira es que sigo amando a Marion, a quien quiero es…

-¡Ya, no intentes cambiar nada!.-Dijo furiosa Kyouyama y como si de un impulso se tratara, tomó entre sus manos el saco del castaño y lo arrojó a su dueño.

Inexplicablemente, comenzaron a llover imágenes de mujeres desnudas y una gran mayoría eran fotos de Phauna. Aquello no hizo más que tensar el ambiente y la incredulidad de parte de Yoh creció aún más.

-¡Eso no es mío!.- Fue lo único que pudo decir en su defensa.

-¡Eres un pervertido! Si tanto la extrañas, pues qué esperas para irte con ella..- Exclamó a todo pulmón, sus puños se contrajeron en un intento por no dejar fluir todo su enojo.

Yoh trató de calmarla y se acercó a ella. No era culpable de nada, ni siquiera cuando fue novio de Marion se atrevió a pedirle una foto, era obvio que eso no era de él.

- ¡Ya no quiero a Marion, te lo aseguro! Y esas fotos no son mías.- Le respondió bastante alterado por el estado en que veía a la rubia.

Entonces se quedó mudo por la tremenda bofetada que plantó en su rostro. Si él hubiese estado ahí todos los días que duró su viaje fácilmente podría haber deducido que eran celos en su estado más puro.

-¡Vete de aquí!- Lo corrió Kyouyama.

Sin dudarlo un segundo se dirigió a la puerta y la abrió, no le importaba lo que su familia pensaba, sólo era lo que deseaba, estar sola. E Yoh, aunque dolido y afectado, aceptó la decisión de ella, no sin antes sacar de su bolsillo una pequeña flor.

-Ésta era para ti.-Susurró con melancolía y dejó caer la diminuta flor, toda una rareza para encontrar.

-No necesito nada de ti.-Fue lo único que dijo Anna cuando cerró la puerta.

Sus palabras eran producto de la efervescencia del momento, y eso lo denotó en el momento que cerró con llave la puerta. El arrepentimiento que tenía era enorme, no quería alejar a Yoh totalmente de ella, pero eran demasiados detalles en una semana para pasar por alto.

Impulsivamente, tomó su bata de baño y se deshizo de su ropa. El estremecimiento al sentir su piel en contacto con el agua, le devolvió un poco de entereza. No era ninguna niña para tratar a su esposo de esa manera, fue entonces cuando sintió unas manos recorrer su silueta desnuda.

Aquellas manos se deslizaban sin pena y recorrían afanosamente su cuerpo desnudo, mismo cuerpo que sintió en contacto con el suyo. Sus labios se posaban en su cuello y la marcaban como propia, repentinamente oyó su voz y su mundo colapsó del placer al temor.

-Te dije que él no era hombre para ti.-Le susurró en su oído Hao Asakura, conociendo de antemano que el momento justo para actuar era éste, cuando Yoh había abierto sigilosamente la puerta del baño y los veía con un dolor profundo en su pecho.

Continuará….


Notas de Autor: Sin duda ha sido el capitulo que más me ha costado, Yoh y Anna peleándose por culpa de los demás, se niegan mutuamente, ¿que pasara?

Nuevamente, me he quedado en una parte que no defino sí habrá algo o no, así que decidan ustedes. Sobre la encuesta en mi perfil, Yoh va ganando, así que quienes prefieran a Hao se están quedando muy atrás. De antemano muchas gracias por sus palabras y su apoyo, tratare de hace lo mejor que pueda con cada una de mis historias, gracias por su apoyo y sigo sus recomendaciones.

Agradecimientos especiales a : clau17, Barbi Barr, ".............", SOLANGE, TeNsHi KyOsUkA-cHaN, Priss, Dark Zeldalink, anna-sama, Keily -It.H-, Seyram Asakura, Vydel-Shadow, Katsumi Kurosawa, Naliamel, LadySc -Maaya- y a Anna Kiyouyama.

Ha pasado un tiempo y sé que no soy la más constante de las escritoras aquí, pero aún así debo de serlo, por lo tanto les pido una disculpa y tengan por seguro que tengo ya una dupla preparada para quienes leen dos de mis fics más sobresalientes: Nuestra Boda y Soñarás con él. Esperenlo pronto.

Cuidense y nos vemos!!

Bye!