Los que fuimos nosotros

Capítulo 10

En medio de la clase de literatura de los jueves, Lin no hacía más que mirar por la ventana hasta que sintió que le cayó un papelito en el banco. Lo abrió y vio que no tenía nada, luego miró para el costado y se encontró con Kagome haciendo un gesto con la mano que quería decir: ¿Qué te pasa? Lin solamente sonrió y movió su cabeza como diciendo nada.

- ¡Higurashi, Mizuki, presten atención al análisis de este haiku! – Ordenó Bankotsu con un libro en una de sus manos. Ese día había algo raro en él.

- Seguramente Jako-chan ya le debe haber dicho. Pobre senseiPensó Lin algo triste debido a que ella iba a extrañar a Jakotsu y muchísimo.

Cuando la hora de comer llegó, el grupo de amigos se dirigió como siempre al patio almorzar.

- ¡Qué hambre! – Hablaba InuYasha comiendo ramen. Kagome también lo comía y eso se debía a que el bento lo prepararon en la casa de InuYasha, es decir: durmieron juntos otra vez.

- ¡InuYasha, no hables cuando comas! – Le dijo la negriazulina mirándolo con reproche.

- Keh – Fue la respuesta del otro.

Mientras tanto, Lin seguía en las nubes pensando en el apasionado beso que le dio Sesshomaru el día anterior. Todavía podía sentir sus labios, su lengua, sus manos en la espalda.

- ¡Lin, te estoy hablando! – Gritó la muchacha junto a ella y la logró traer de vuelta a la tierra.

- ¿Qué pasa?

- ¿Cómo que pasa? Estás desde hoy a la mañana sumamente perdida en las nubes – Explicó la chica mientras agitaba sus palitos.

- Mira...yo… - Dijo con una voz tranquila.

-Lin…- Murmuró Kagome y se la quedó observando por unos segundos parpadeando una y otra vez hasta que entendió - ¡Estás con alguien!

- ¡¿Yo? ¡N-no! – Exclamó la adolescente apoyando su bento en la mantita donde se apoyaban los tres.

- Mentirosa. Estuviste en otro mundo todo el tiempo y te tocabas los labios – Dijo con una voz aguda emocionada la negriazulina - ¡Estás con alguien, es obvio! ¿Con quién?

- No sé si decírselos a los dos todavía… Mejor espero unos días y se los digoPensó la pelinegra agachando un poco su cabeza, pero con la mirada aún en su amiga. Parpadeó tímidamente y dijo: - No estoy con nadie… En serio.

- Si te dice que no está con nadie, no está con nadie – Habló InuYasha. Luego, el muchacho miró a la otra chica – Lo que pasa es que a ella le encanta saber sobre los amoríos de otra gente.

- ¡InuYasha! – Exclamó Kagome.

- ¿Qué? Si digo la verdad.

- Jeje, supongo que tiene razón – Dijo la negriazulina pasándose una mano por la nuca con una gotita cayendo por el costado de su frente.

- Keh, siempre tan chusma – Marcó el plateado riendo entre dientes y mirándola de reojo – Y también siempre tan bella.

- Oye, Kagome, ahora es InuYasha el que está en otro mundo – Habló Lin señalándolo con un dedo.

Cuando el joven captó que estaban hablando de él, se sonrojó y volvió a decir su famosos "Keh".

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A la salida del colegio cuando Lin se dirigía a la florería se encontró a Bankotsu delante de ella. Decidió llegar hasta él.

- ¡Sensei! – Habló alegremente.

- Mizuki, ¿Qué pasa?

- Nada… Quería saber cómo estaba – Dijo la jovencita mirándolo tiernamente.

- Ahh… ¿Cómo puedo estar? Jako-chan se va a París y me deja aquí. Pero bueno, es su sueño – Murmuró el profesor mirando las nubes pasar por el cielo. Los dos pararon de caminar.

- Entiendo que se sienta mal, pero me parece bien que no lo obligue a quedarse – Expresó Lin sonriendo tristemente – Yo también lo voy a extrañar. Aunque usted mucho más que yo.

- No sabe cuánto. Pero bueno, supongo que hasta aquí llegó nuestro amor.

- ¡¿Qué dice Sensei? ¡Jako-chan se va en Septiembre y recién estamos a fines de junio. Todavía faltan dos meses enteros – Explicó Lin.

- Mizuki, la verdad hablar con usted me pone muy contento. Siempre tan alegre – Dijo el hombre apoyando una mano sobre su cabeza y luego la pasó por una de sus mejillas hasta llegar al mentón y hacer una leve presión con ella – Mejor me voy a disfrutar ese tiempo con él. Nos vemos.

- Nos vemos – Respondió ella saludándolo. Repentinamente se dio cuenta que se encontraba frente a la florería y entró. Sin embargo, había dos figuras que desde otra esquina la estaban observando atentamente y malinterpretando las cosas.

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Sesshomaru se encontraba atendiendo a dos chicas de un colegio que quedaba muy cerca del Shikon Gakuen. Estaba tan aburrido debido a que mostraba y mostraba diferentes tipos de plantas y ninguna las complacía. Querían ver más. Claro, para quedarse más tiempo con él. ¡El precio de ser joven y hermoso!

Finalmente las jóvenes se decidieron y pasaron por el mostrador para que Totosai les cobrase. Se fueron e inmediatamente entró otra.

- ¡Totosai, atiende tu ahora! – Exclamó el muchacho desde la otra punta del negocio.

- Creo que es mejor que tu atiendas a esta bella jovencita – Habló el viejo saludando con una mano a la chica de largos cabellos negros, con su simpática colita atada aún lado de la cabeza.

- Este viejo no me ayuda en nadaPensó quejándose acercándose donde había una chica y cuando la identificó, en sus fríos ojos, hubo un brillos especial – Me parece que tú querías ver una planta que está atrás de todo, ¿O me equivoco?

- No, estás en lo correcto – Sonrió ella dejándose llevar por el joven.

- Ahh… lo que es el amor – Suspiró Totosai con su mentón apoyado en las palmas de sus manos.

Mientras el plateado cerraba la puerta con una mano, la otra la tenía enredada con la de la pelinegra. Una vez cerrada la puerta la acercó a él y le dio un suave, pero sentimental beso.

- ¿Cómo estás? – Preguntó Lin alegremente.

- Bien.

-¿Muchas clientas?

- Sí.

- Yo pensé que iba a estar un poco más abierto ahora que somos novios, pero bueno ¿Qué puedo hacer?– Pensaba la muchacha sentándose en la cama – Dentro de dos semanas es Tanabata. ¿Vamos juntos a la feria ese día?

- Sí.

- ¿Por qué siempre utilizas la menor cantidad de palabras posibles? – Preguntó la pelinegra haciendo pucherito.

- Porque siempre fui así. Yo habló bastante cuando lo veo necesario – Habló él mirándola apoyado contra la puerta. Se veía tan linda, y cuando ponía esa expresión tan aniñada tenía ganas de… Giró su cabeza de un lado a otro.

- ¿Qué pasa? ¿Te sientes mal? – Preguntó ella.

- No. Nada más estoy loco por ti– Y cuando dijo eso ya estaba sentado en la cama junto a ella. Se acercó y los dos comenzaron a besarse pasando sus manos por la espalda de cada uno. Se besaban hasta quedar sin aire.

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Esas dos semanas pasaron volando y llegó el siete de julio. Día de la fiesta Tanabata, la fiesta de las estrellas.

- No Kagome. Gracias igual. Chau, nos vemos – Lin cortó el teléfono y al hacerlo rezó por no encontrarse ese día en la feria a Kagome e InuYasha ya que ellos aún no sabían nada de la relación que ella tenía con Sesshomaru. Era una estupidez no contarlo. Pero ya lo haría en algún momento.

La muchacha se acomodó su blusa con un hermoso volado en el cuello. Era una blusa color naranja y sin mangas. Se la había hecho Jakotsu. Luego se colocó el jean y se dirigió a su puerta a ponerse las zapatillas y a agarrar la carterita que llevaría consigo

La pareja se encontraría a las siete y media de la tarde en el parque Tensaiga donde había una pequeña feria donde vendían artesanías, había algo de música tradicional y comida. También había árboles de bambú para que la gente colgase papelitos con sus deseos. Lin por el momento tenía dos deseos: estar siempre con Sesshomaru y ser una famosa antropóloga.

Al llegar allí, vio que su novio vestía su típico jean negro, pero con una playera gris con letras blancas que decían "Freedom", que quería decir libertad.

- Perdón si te hice esperar – Se inclinó ella. Luego sintió una mano en su mentón y se encontró con los ojos de su chico.

- No me gusta quedarme esperando, pero por ti hice una excepción – Dijo y le dio un delicado beso el cual ella le devolvió.

Los dos se adentraron en la feria y escuchaban algunas flautas y el murmullo de la gente caminando entre los puestitos de artesanía o comida. Pararon al encontrar un arbolito de bambú.

- ¡Ay, pongamos nuestros deseos aquí! – Exclamó Lin juntando sus manos. Sacó de su cartera diez hojas de colores, las cual se colgaban de los árboles de bambú – Toma, traje papelitos para ti– Sonrió.

Sesshomaru la observó y su mirada fría tuvo que ablandarse al ver la dulzura que irradiaba de la adolescente. Tomó los papeles en sus manos, luego recibió una lapicera y escribió cinco deseos diferentes. Uno de ellos es que Lin fuese feliz.

- ¡Son muy lindos todos coloridos estos arbolitos! – Volvió a exclamar la chica. Luego sintió un brazo pasar por sus hombros.

- ¿Sabes que estoy muy enamorado? – Preguntó Sesshomaru con los ojos cerrados, su expresión calma y su mentón apoyado en la cabeza de la joven quien la atrajo hacia el pecho de él.

- ¿En serio? – Cuestionó ella riéndose. Luego elevó un poco su cabeza y vio que el joven la estaba mirando intensamente – Yo también estoy enamorada – Murmuró ella tapando los labios de él con los de ella.

Los dos siguieron recorriendo la feria tomados de las manos. En cierto momento Lin vio una pequeña muñequita de una mujer vestida en un kimono y se lo quiso comprar. Así lo hizo. Le preguntó a Sesshomaru si se compraría algo. Él se quedó observando un poco lo que tenía el vendedor sobre la mesa y vio a un muñequito vestido en una hakama y un kimono, entonces lo compró.

- ¿Te gustan los muñecos? – Preguntó dulcemente Lin.

- No – Respondió Sesshomaru mirándola de reojo mientras caminaban - ¿Quieres saber por qué me lo compré?

- Y sí… - Murmuró ella sonriendo.

- Dame tu muñequita – Pidió el plateado. Ella se lo dio y él junto a los muñequitos – Así tu muñequita tenía una pareja – Explicó con una voz fría al igual que su cara.

Cuando Lin escuchó aquello, los ojos se le llenaron de lágrimas.

-Eres muy tierno – Dijo la pelinegra tratando de que no cayeran más lágrimas. Luego agarró su muñeca e hizo que ésta le diese un beso al muñeco de él. Después, Sesshomaru hizo que su muñeco e devolviese el beso a la de ella.

- Yo también quiero uno – Habló Sesshomaru acercándose al rostro de su novia.

Bajo un cielo que recién comenzaba a estar oscuro, entre el medio de las personas, la dulce pareja se beso tierna y apasionadamente. Ninguno quería separarse de los labios del otro. Sólo lo hacían al quedarse sin aire. Lo recuperaban y se volvían a besar juntando sus lenguas con pasión.

- ¡Mia mami! ¡Esos dos nenes se abazan mucho! – Exclamó una niñita de tres años señalando a la pareja que se besaba. Luego oyó un pequeño gemido – Mami… me paece que el nene le hizo ago feo a la nena poque ella se quejó – Opinó inocentemente la niña.

- ¡Hija, deja de ver eso! – Chilló la madre tapándole los ojos a la nena.

- Sesshomaru, creo que todos nos miran – Murmuró Lin separando sus labios de los de él.

- Me tienen envidia.

- ¿Envidia? ¿Por qué?

- Porque estoy con la mujer más linda – Le susurró en el oído y luego le dio un beso en éste que hizo que ella se estremeciera del placer.

- Y yo con el más lindo – Respondió ella dándole un pequeño beso en la mejilla.

Los dos se quedaron en el medio del paso abrazados. En el ambiente se podía oler un dulce olor a azúcar derretida y escuchar una suave melodía interpretada por una flauta. Ellos estaban felices. ¿Qué más se podía pedir?

Continuará…