Disclaimer: nada de lo que podáis reconocer me pertenece, todo es propiedad de J. K. Rowling. La canción que encontraréis más abajo es "I love you" de Avril Lavigne y le pertenece totalmente. Este fic ha sido creado para el Amigo Invisible 2013-14 del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black en respuesta a la petición de mi AI: ScAr-PotterMaLfoy.

N/A: Espero que lo hayáis disfrutado. Este es el fin, sí. Quizá un poco precipitado pero es lo que conseguí hacer y es lo que me gusta. Espero que os haya gustado leerlo tanto como a mí escribirlo. Quizá, en el futuro, me decida por hacer la versión extendida de esta historia pero por ahora esto es todo lo que puedo daros. Muchas gracias y espero que te haya gustado, AI querida, porque puse todo mi cariño en estos párrafos.


"Han sido dos años"

And I'm not sure you know (Y no estoy segura de que sepas...)
That the reason I love you is you (...que la razón de que te quiera eres tú)
Being you (Siendo tú)
Just you (Sólo tú)
Yeah the reason I love you is all that we've been through (Sí, la razón por la que te quiero es por todo lo que hemos pasado)
And that's why I love you (Y es por eso que te quiero)

Ginny esta vez decidió que no quería vestirse de negro. De hecho, quería ponerse los colores más vivos que pudiese porque eso era lo que le hubiese gustado a Fred. Su madre seguramente pondría el grito en el cielo, pero Ginny había aprendido a no dejarse llevar por los deseos del resto.

Cogió su bolso y se desapareció. El jardín de la Madriguera no parecía haber cambiado en esos años y Ginny había conseguido reconciliarse con los recuerdos. Ahora les dejaba desfilar por su mente sin perder la nostalgia pero disfrutándolos de igual modo. George la esperaba junto a Angelina, sonriendo.

—Parece que hemos tenido la misma idea—dijo, señalando su túnica roja brillante.

—Desde luego, ambos somos genios—respondió Ginny, con una enorme sonrisa.

Angelina sonrió a la vez que negaba con la cabeza. Ginny no lograba comprender cómo era capaz de aguantar a George las veinticuatro horas del día. Los tres entraron en la casa y en un segundo Ginny se vio envuelta en los brazos aprisionadores de su madre. Sintió que le picaban los ojos al darse cuenta de que estaba llorando. Ginny sabía que a su madre todavía le dolía como el primer día que Fred no estuviese con ellos. No podía decir que no la entendiese. Los brazos de Molly fueron suplantados por el brazo de Harry, que la acercó a su cuerpo protectoramente. Era un alivio tenerlo a su lado.

La procesión hasta la tumba de Fred fue callada y solemne. Ginny se sentía mejor al notar la mano de Harry apretando la suya. En esos mismos momentos se estaba celebrando un acto conmemorativo en Hogwarts pero, al igual que el año anterior, ninguno de ellos había pensado en ir. Se quedaron ahí, mirando la tumba en silencio, recordando momentos felices. De alguna forma, ese ritual llenaba a Ginny de una paz extraña y efímera, pero no por ello menos placentera.

Mientras miraba la sencilla lápida, Ginny pensaba en todo lo que había pasado durante esos dos años sin Fred. Pensó en los primeros meses, una espiral de días que ni siquiera recordaba con claridad. Recordó la llegada de Harry, los pasos de caracol que tuvieron que dar hasta llegar a ese momento. Había habido citas, momentos tiernos y noches en vela. Y ahora, dos años después de la guerra, Harry y ella estaban pensando en ir a vivir juntos. Ginny sonrió alegre. Al final, después de tanto tiempo, había conseguido a Harry. A Harry a secas. Sentía algo tibio expandiéndose por su pecho mientras imaginaba las posibilidades.

—Es hora de volver—dijo su padre en un momento dado.

El grupo se limitó a asentir y juntos volvieron a la Madriguera.

Estaban comiendo en la Madriguera, en un silencio nada común. Ginny sentía que estaban traicionando a Fred, pero ninguno se sentía con ánimos para bromear o reír. Ni siquiera para charlar. Ginny se concentraba en su sopa cuando un sonido agudo, como un pitido, comenzó a elevarse hasta ser casi insoportable. De pronto, miles de chispas rojas y doradas cayeron sobre ellos.

George, por supuesto.

Más siguieron a ese fuego artificial en miniatura y la cocina se llenó pronto de colores. George no había podido aguantarse las lágrimas, que brillaban por las luces. Ginny sintió que le picaban los ojos.

La mano de Harry se deslizó en la suya, propinándole un suave apretón. Le miró, encontrando la paz que necesitaba en sus ojos verdes. Él estaba ahí, a su lado. Y ahora todo estaba bien entre ellos. Ginny sabía que le quedaban muchos aniversarios más, todos igual de dolorosos, pero al menos le tenía a él como muda promesa de que la vida puede ir a mejor.

Ginny se unió a las risas de los demás que, como afectados por un extraño hechizo, habían empezado a llorar, hablar, bromear y sonreír.

La felicidad no era completa, pero era lo mejor que tenían.


Muchas gracias por leer :)