¡Feliz 14 de febrero! Por si tienen pareja, amigos o familia. Aunque sea una fecha comercial, es una buena ocasión para pasarla con tu pareja o amigos, andar un rato de joda o molestar a las parejas felices. En fin, les dejo este "especial" y me voy porque esto enfermo y urjo dormir.
14 de febrero
Si hay una cosa que le encanta a los japoneses eso es, según he visto, aquello que proviene del extranjero. No quiero decir de ningún modo que desprecien su propia cultura, para nada, pero el tiempo que llevo viviendo en el país nipón me ha mostrado que sus habitantes se encuentran fascinados con aquello que proviene de otras naciones. Tampoco es que dejen de lado lo que en tantos años se ha vuelto una tradición para su pueblo, más bien hacen una fusión o adaptación de lo proveniente de fuera y lo vuelven algo más propio. Pero también cabe la posibilidad de que solo diga locuras, pues con media hora libre cada dos días, no puedo ver muchas cosas allá afuera en las calles.
No hay que ser un genio para darse cuenta de una admiración por Francia, digo, la Torre de Tokio es una réplica exacta en blanco y rojo de la Torre Eiffel, en el vocabulario popular se han integrado palabras en inglés o modificaciones a estas, y por supuesto, la adaptación a ciertas festividades como Halloween, Navidad y la que pasó hace cuatro días: el 14 de febrero, San Valentín, Día de los enamorados o Día del amor y la amistad. Que el metiche que lea mi diario le llame como guste (si Gakupo y Gumi, ya sé que ustedes se ponen a leer esto).
Por supuesto, y como ya lo dije, estas celebraciones ajenas a la tradición japonesa sufren ciertas modificaciones que las hacen más aceptables para la población en general, aunque esto no evita que algunos se quejen por celebrar algo que no va acorde a sus tradiciones. Claro que esto pasa en todos lados, así estés en México, Venezuela, Chipre o Nepal, te van a criticar por celebrar Halloween. Afortunadamente, los vocaloids no son así, ni Gakupo que es el más tradicional del grupo. Disfrutamos de toda fecha que marque una fiesta, tanto preparando una presentación como su misma ejecución en el escenario y una pequeña reunión después del evento.
Recuerdo muy bien que unos tres días antes del 14 de febrero, en el momento en que entré al nada pequeño departamento que tenemos por hogar, percibí con claridad un penetrante y dulce aroma a chocolate derretido. La primera idea que llegó a mi mente fue Thelma y la receta de un postre nuevo. A ella la gusta experimentar siempre con nuevos platillos, en especial si se trata de repostería. Debo aclarar, no recordaba que el 14 de febrero se acercaba y por ello me sorprendí al ver a todas las chicas del hogar encerradas en la cocina, corriendo con moldes, vistiendo delantales llenos de manchas marrones y gritos que preguntaban al aire cual era la mejor figura para los dulces. No caí en cuenta de las fechas hasta que vi vario corazones de chocolate frente a mí.
—¿Haciendo chocolates? —pregunté. Ellas me ignoraban y evitaban chocarme mientras me acercaba al refrigerador para tomar una botella de té—. Parece que se alistan para el 14. No sabía que representaba a un grupo de idols enamoradas.
—No te emociones Master —respondió Meiko. Tenía una botella de vino a su lado—; no es un día exclusivo para los enamorados.
—Cierto, pero siempre lo asociamos más con ese sentido —dije bebiendo un sorbo de mi té—. No sé porque somos así.
—El amor es más llamativo que la amistad, ¿no? —se escuchó a Rin, aunque no podíamos verla entre tanta cacerola y moldes usados—; bueno, siempre se explota más. Canciones, libros, mangas, animes y películas.
—Tal vez sea más inspirador —intervino Miku. De pronto dejó a un lado sus utensilios de cocina, se llevó ambas manos enlazadas al pecho y dio varios pasos por la cocina, caminando en círculos—. Encontrar a una persona especial con quien compartir los momentos más especiales de tu vida, que conozca cada detalle de ti, en quien confiar siempre y recibir su apoyo, o alentarle sin importar nada, y te dispones a compartir toda tu vida a su lado.
—Parece que alguien ya encontró a esa persona —canturreó Gumi, acabando con los pensamientos románticos de la chica de las extensas coletas.
—Yo… no, no, aun no —negó sumamente nerviosa. ¿Segura que no Miku?—. No estoy enamorada ni nada de eso, bueno, una vez sí, pero ahora no —solo risas nerviosas. No podíamos creerle.
—Dinos quien es, ¡vamos! —la incitó Gumi.
—Espero que de verdad no tengas a nadie —interrumpí. En parte para sacarla del próximo interrogatorio y en otra para recordar una cláusula del contrato—; no creo que a los viejos de la disquera les agrade la idea —lo sé, estos ejecutivos manejan una lógica muy rara. Los VOCALOID pueden incendiar un centro comercial, participar en carreras clandestinas, y no pasa nada; pero si alguien tiene una relación amorosa, se acaba el mundo.
—Ya les dije que no hay nadie —volvió a aclarar con una sonrisa forzada—. No hagan un escándalo donde no pasa nada.
—Te esteremos vigilando, Miku —le dije en broma… pero también con seriedad.
No quería comentar esto, pero he tenido algunos inconvenientes con la disquera. Y no, no tiene nada que ver con el comportamiento de los VOCALOID, sino con mi condición de extranjero. Al parecer, por rumores que la siempre amable Hina, una secretaria, me hace llegar, hay ciertos celosos de mí y tratan de convencer a los altos ejecutivos para que me despidan, argumentando que no es posible que un extranjero que vino de quien sabe dónde (Canada) se haga cargo del grupo más exitoso del país y que no habían manejado en los últimos diez años. Yo sabía que sería difícil, no negaré que me resultó hasta extraño que me permitieran representar al grupo, aunque esto se lo debo a la protección de uno de los presidentes de Los Ángeles, que me conocía y, además, era muy importante en las oficinas de Japón antes de su traslado. Aun así, mi trabajo pende de un hilo muy fino. Y por supuesto que quiero evitar a toda costa un escándalo como el de Minegishi Minami, esa idol integrante de AKB48 que se rapó la cabeza tras pasar la noche con su novio. ¿Qué puedo decir? Es Japón, y estas cosas en cualquier lado del mundo, si bien alimentan los programas de E! en América, no dejan de ser "escandalosas" pero no tienen esas consecuencias. Pero como esto no tiene nada que ver con el 14 de febrero, dejaré de escribirlo.
—Muy bien chicas, tenemos que irnos a ensayar. Tenemos que poner la coreografía para Honey y le cambiaron unos versos a World is mine.
—¿Otra vez? —se quejó Miku—. Es la quinta vez que le modifican la letra.
—Lo siento, pero según el autor aun no tenía el efecto que busca.
—Master, la presentación es en tres días —dijo ella algo molesta. Por eso recuerdo cuanto faltaba para el 14 de febrero—, ¡tres días!
—Ya, ya, yo me encargo de hablar con él. Ahora vámonos antes de que comiencen a llamarnos con desesperación.
—Master —me llamó Luka. Sería como la mayoría de las veces—. Yo no participo en esas canciones, ¿puedo quedarme aquí y ayudar a limpiar la cocina?
—Por supuesto —respondí encantado—; ¡aprendan de ella! Es la única que ayuda a mantener limpio el lugar.
—Cosa que ni tú haces —me recriminó Thelma. Ok, ¡hora de huir!
—¡Nos vemos amor! —grité desde la puerta—, regresamos en unas horas.
Cerré de inmediato, aunque en verdad no había prisa. Pero aún me llama la atención que escuché la voz de Luka tras la puerta decir:
—Thema, tengo que decirte algo.
¿Qué es ese algo? No tengo idea. Tengo ciertas sospechas, pero no han sido confirmadas. Solo estoy seguro de una cosa: si fue Luka quien dijo eso, se trataba de algo en verdad importante y hasta delicado. He tenido curiosidad por saber que era ese tema, pero la cantante de cabello rosa se mantiene hermética y Thema solo dice que en su debido momento me enteraré. Odio estas situaciones, y lo peor es que de seguro es algo tan obvio, un detalle tan evidente que por eso mismo no lo he notado.
Es curioso como una fecha puede mover a la gente, en especial aquellas ligadas a la mercadotecnia. Pero San Valentín en Japón, es otro nivel. Como extranjero que soy, las costumbres del país donde ahora vivo a veces me son muy extrañas, también su modo de vida y casi todo lo que me rodea; es verdad que no puedo evitar sentirme fuera de lugar en esta gran ciudad. A pesar de todo, uno se acostumbra. No de inmediato, pero dejas de recibir sorpresas tan fuertes durante tu estadía… aunque siempre pasa algo que te asombra. Digo todo esto porque aún no salgo de mi impresión al ver la cantidad de mujeres, jóvenes y adultas, amontonadas en las tiendas para conseguir chocolates. ¡Y vaya que vuela el chocolate aquí! Estaba acostumbrado a otras cosas: un centenar de chicos y chicas comprando rosas, chocolates y osos de peluche con corazones, el caos en las florerías locales con más de treinta pedidos para entregar cada hora, tarjetas especiales de esa fecha volando por todos lados, y lo más importante es que ambos géneros compraban estas cosas. Aquí en Japón no veo eso. Las tiendas solo tienen clientela femenina: niñas de primaria, adolescentes de preparatoria, universitarias, oficinistas y de toda ocupación hacen filas interminables para conseguir el chocolate perfecto. Y bueno, entre ellas estamos Miku y yo.
—¿Por qué me ven tan raro? —pregunté a mi compañera.
—No es nada normal que un hombre ande por estas tiendas en estas fechas —me respondió una encubierta Miku. Sobre su cabello aqua, se puso una larga peluca negra, con un abrigo banco y unos lentes tamaño aviador de 1960. Era como ver a la niña de El aro bañada y lista para una entrega de premios.
—Pero Japón en la tierra de lo raro. Bueno… al menos a los ojos extranjeros, y los rusos hacen las cosas al revés.
—Todos ven así los países desconocidos, ¿no? Para mí, lo mexicanos son raros; ¿cómo es que rellenan un chile? Y esas cosas llamadas enchiladas, saben bien, me encanta que Thelma las prepare, pero aun es extraño que bañen una tortilla con chile y la llenen de queso o pollo —un buen punto a su favor.
—Ustedes se comen un pez venenoso, y hasta a los delfines. He vivido en lugares donde pueden arrestarte por acariciar a un delfín.
—Que personas tan raras —dijo en un balbuceo. Tras mirarnos un segundo, ambos comenzamos a reírnos como locos.
—Ya captamos el punto. Ahora ayúdame a conseguirle algo lindo a Thelma.
—¿Por qué no lo haces tú mismo? Así es algo más especial.
—Porque no tengo tiempo; de hecho no deberíamos de estar aquí, se supone que estas ensayado.
—El concierto es mañana, solo me pruebo el vestuario y listo —comentó son suma confianza. Desgraciadamente, no se fijó por donde caminaba y su peluca se atoró con una mesa, cayendo al suelo. Sus inconfundibles coletas quedaron al descubierto, lo que llamó la atención de todos los clientes de la tienda… y también de las vendedoras. No fue lindo ser su escudo humano.
Después de estar atrapados por unas tres horas entre un mar de gente, y con apoyo de las autoridades competentes (a cambio de un par de fotografías y autógrafos) logramos salir de esa tienda, pero ya no había tiempo para ir de compras, pasaba de las ocho y aun había mucho trabajo que hacer. Regresamos al estudio, ante unos muy enojados coreógrafos y una diseñadora enojada. No nos quedó más opción que trabajar hasta las once de la noche. Ya era pasada la media noche cuando todos regresamos a casa.
A eso de las tres de la mañana, solo había dos pares de ojos despiertos en toda la casa Vocaloid. Miku y yo permanecíamos en la cocina, tratando de hacer un chocolate para Thelma, aunque ella también tenía un par aparte, supongo que no pudo terminar los suyos a tiempo entre tanto ensayo. Los precios de ser la estrella del grupo. Teníamos fresas cortadas y enteras, algunas almendras y nueces, todo esto acompañado por varios moldes en forma de corazón de todos los tamaños que podríamos necesitar. En la estufa ya se derretían a baño maría las barras de chocolate negro y blanco. El chocolate negro lo dividimos en dos porciones, una para dejarlo puro y otra para endulzarlo un poco, mientras que del blanco usamos menos solo para hacer unos cuantos detalles a los regalos. Debo admitir que lo pasaba bien, y por alguna razón, Miku estaba muy animada con esto, supongo que es una de esas chicas que adoran el 14 de febrero y el romance en sí, por eso el ayudar a un novio en apuros le parecía la cosa más emocionante del mundo.
Ya teníamos las fresas cubiertas de chocolate negro y dulce, decorándolas con hilos del blanco; también hicimos varios corazones pequeños con trozos de nuez y almendra por dentro, lo único que faltaba era un gran corazón que llevaría el nombre de mi novia escrito en chocolate blanco. Espié el que hacia Miku; ella tenía ya ocho corazones formados, cada uno con la inicial del nombre de cada quien, pero el octavo era más grande que el resto y carecía de algo que revelara a su destinatario, cuando decidí romper el silencio.
—¿Te gusta alguien? —pregunté no tan inocente.
Por respuesta obtuve un estridente grito, mismo que sofocó al llevarse ambas manos a la boca.
—¡Master! ¿Cómo preguntas eso? —dijo con una sonrisa y una gruesa gota de sudor en su cabeza, creí estar frente a un animé.
—Bueno, el tamaño de ese chocolate es considerable, y bastante, debe tener a un destinatario especial.
—Sí… algo así.
Silencio. Pero no uno de cuando se acaba la conversación y resulta incómodo, sino uno de suspenso. Ese silencio que te hace pensar que algo más está por venir, pero no sabes que es.
—En verdad, sí es para alguien especial —murmuró con el rostro tan rojo como una de las fresas que acabábamos de comer (porque, bueno, a esas horas da hambre).
—¡Aja! La pequeña Miku está enamorada, ¿eh? —dije abrazándola.
—¡Ma-Master! —chilló avergonzada—. No lo grites así.
—Venga, dime quien es. ¿Sera Kaito?
Negó con la cabeza y agregó:
—No, además a él le gusta Meiko y no puedo interferir en eso.
—¿En serio? Bueno sí… es obvio cuando los analizas a ellos dos —dije con la mano en el mentón—. ¿Entonces tal vez es Len?
—No, no —repitió, sacudiendo la cabeza—. Creo que a Gumi le gusta él, o eso creo, no estoy segura. Ella tampoco es muy clara.
—¿Y Gakupo? ¿Acaso te gustan los samuráis?
—Tampoco —dijo ahora sería—. Y desde la canción del Duque de Venomania, todas le tenemos algo de miedo.
—No las culpo —respondí con una sonrisa nerviosa—. Su actuación en el video fue realmente convincente —terminé de escribir el nombre en el chocolate, mientras que mi representada seguía sin decorar aquella gran tableta en forma de corazón—. Entonces… ¿para quién es ese?
—Yo… no sé si deba decirlo… es que es… algo difícil.
—Mira Miku, soy tu representante pero también amigo —la tomé de los hombros, ella se estremeció—, y aunque sé que tienen cierta clausula en su contrato, yo voy a abogar por ti y cualquiera de los Vocaloids, así tenga que discutir en la disquera o mantener el secreto. Puedes confiar en mí.
—Master… —sollozó. No sé qué pude decir, pero aquello parecía haberla conmovido. Nos abrazamos y tras un minuto, respiró hondo y se separó de mí—. Gracias, y es algo que debo decirle a alguien en algún momento, no solo a esa persona.
—Sé que por tu condición de idol es algo complicado.
—Pero eso no es lo único que lo hace difícil —dijo. La repentina seriedad de su parte me hizo pensar... pero no sabía en qué.
—Vamos niña, dilo —le pedí. El suspenso me mataba.
—Tal vez sea difícil de asimilar pero… —suspiró, de una forma que era para armarse de valor—, creo que estoy enamorada de L…
—¿Pero qué hacen ustedes dos aquí? —interrumpió Thelma en la cocina. Frente al umbral estaba ella, en pijama y una mirada molesta.
—¡Oh Thelma! Que sorpresa —no pude decir otra cosa, pero es que si estaba sorprendido—. ¿Te despertamos?
—Con tanto grito… era difícil no hacerlo.
—Lo siento —dije.
Miré de reojo a Miku; se veía frustrada, de esas veces en que si no dices lo que pensabas en ese justo instante, no serías capaz de hacerlo en mucho tiempo. Es como se suele decir, ahora o nunca.
—¿Están haciendo chocolates a esta hora?
—Ah bueno, sí. Veras —dije—, con tanto ensayo y el incidente de la tienda, no tuve tiempo de ir a comprarte algo y por eso Miku me ayuda a hacerte unos cuantos chocolates.
—Amor, que lindo detalle —me respondió con un abrazo—, pero no tenías que hacerlo, se supone que las chicas regalamos en esta fecha.
—Lo sé pero, no somos japoneses.
—Tienes razón.
Estábamos a punto de besarnos, cuando nos sentimos incomodos por una sensación escalofriante de ser observados por un par de ojos acosadores. Nos detuvimos y tornamos la mirada hacia Miku que permanecía inmóvil a mis espaldas, con una mirada de ensoñación. Si esto fuese un manga o un anime, de seguro habría corazoncitos flotando sobre ella.
Podría decir que el 14 de febrero pasó como suele hacerlo cualquier otro día en nuestra vida, pero estaría mintiendo. Montar un espectáculo musical y solo haber dormido tres horas era algo agotador, ahora hay que sumar que en vez de tres horas solo dormí una. Sin duda, una experiencia que, aunque valió la pena, no quiero repetir. Según me han dicho, la mitad del concierto la pasé dormido y sin dar señales de vida más que unos ocasionales ronquidos; por otra parte, Miku estaba en mejores condiciones por dormir en la mañana y justo antes de la presentación. Pero quitando esos detalles, fue un día muy divertido, lleno de chocolates por todos lados, abrazos y muchas bromas de las cuales yo no entendía nada pero igual me reía. Por supuesto, pude ver esas muestras de cariño por parte de mis representados; Gumi entregó zanahorias de chocolate a todos y el único corazón fue para Len, aunque después de entregárselo le conectó un tremendo gancho al hígado; Gakupo solo recibió los llamados giri choco ¿o son tomo choco? La verdad no estoy seguro y siempre me confundo con esto. Kaito por su parte recibió un gran corazón pero de helado de chocolate por parte de Meiko y yo, bueno, además de ese intercambio de chocolates con Thelma, me dieron varios dulces más entre los cuales, según me dijo Rin, había varios de agradecimiento y de perdón. Lo que nunca supe, y supongo que nunca sabré, es que paso con aquel inmenso corazón sin dedicatoria que Miku hizo conmigo en la madrugada. Kaito y Meiko me dijeron que la vieron subir corriendo con ese presente hacia la azotea durante la noche, pero cuando le pregunto para quien era, ella solo se pone en extremo roja y dice que lo sabré en su momento. Es una pena no saber qué pasó con semejante chocolatote.
