CAPÍTULO 10

"¡Fuego en el cielo! El duelo de los dragones"

Los cinco picos en China.

Shunrei presiona contra su pecho un pañuelo. Lo aprieta con mucha fuerza, como si desprenderse de él fuera la peor tragedia que pudiera ocurrirle. En realidad, es un trapo cualquiera, simplemente, en ese momento, le servía para exteriorizar de alguna manera el temor que la acosaba.

Shyriu termina de ponerse su ropa de viaje y se dispone a colocarse la caja de Pandora. Sabe que Shunrei está angustiada y no quiere que se vaya, pero también que ella entiende la conmoción que lo está colmando. Él mismo se lo dijo: "el cosmos de Saori se ha extinguido y siento que Seiya corre peligro, debo irme".

- Shyriu…- le dijo ella, con voz tímida. Él volteó, con la caja de Pandora puesta. Sabía que debía decirle algo. "No te preocupes…", "Volveré…", o algo así. Pero no… la amaba demasiado como para mentirle. Sólo atinó a hacerle un gesto con la mano. Ella correspondió con una leve sonrisa, sin poder ocultar la tristeza en sus ojos.

Salió y el sol lo saludó cortésmente. La fresca brisa de la cascada de Rhozán le producía sosiego cada mañana. Era un lugar digno de entregar la vida por protegerlo. Antes de irse, miró hacia un altar de piedra. Llevó incienso, lo encendió y juntando sus manos le presentó sus respetos a su maestro. "Por favor, ayúdeme a proteger a Atenea como lo ha hecho siempre, maestro".

- ¡Shyriu! – gritó Shunrei a sus espaldas. Una roca gigantesca iba a caer sobre ella. Shyriu soltó la caja de Pandora y dando un salto le dio una poderosa patada a la piedra, partiéndola en mil pedazos, al mismo tiempo que se valía de su velocidad para llevarse a Shunrei hacia un costado.

- ¡Ja j aja ja jaja!- sonó una carcajada perversa en algún lugar del paisaje.

- ¿Quién es? – preguntó Shyriu molesto.

- Esa no es la pregunta indicada, Santo de Atenea… sino qué soy…

La cascada de Rohzán se detuvo y la tierra comenzó a temblar. La corriente de agua cambió su curso y comenzó a subir descontroladamente, produciendo una pesada lluvia sobre ellos. De pronto… algo a lo que ninguno de los dos podía dar crédito apareció… Era un dragón… un gigantesco dragón de un vivo verde jade, con ojos brillantes como la más ardiente flama y expulsando humo por sus fauces.

- Es… imposible… - decía Shyriu, mientras ponía a Shunrei detrás suyo.

El dragón rugió y lanzó una llamarada hacia el cielo. Luego, mientras el agua retomaba su curso normal, se arrojó hacia donde estaban ellos. Shyriu tomó a Shunrei y la abrazó con fuerza, preparándose para recibir el impacto. Sin embargo, sólo se vio que el dragón se perdía en una luz brillante e iba cobrando una forma más pequeña… más… humana. Finalmente, un guerrero apareció frente a él, vistiendo lo que a primera vista parecía ser la coraza divina del dragón. Shyriu no iba a esperar por estúpidas presentaciones, era obvio que no se trataba de un visitante amistoso o un simple viajero de las montañas… encendió su cosmos, despertando la armadura del dragón. La túnica salió de la caja y lo protegió de inmediato.

El recién llegado abrió sus ojos, igual de brillantes como recién. Shyriu le dijo: - Ya veo… eso de recién no fue una ilusión, ¿verdad?

- Por supuesto que no – le respondió el otro, con una voz bestial.

- Entonces… ¿quién o qué eres y por qué nos atacas?

- Ya que insistes… soy Foshang… soy un Santo olímpico… y vine a matarte, Santo de bronce.

- Un… ¿un santo olímpico?

- No hay tiempo para explicaciones… ¿pelearás o te quedarás ahí mirándome como un animal indefenso?

- Shunrei… - le dijo, con voz amable – aléjate, por favor. Esto puede ser peligroso. Shunrei se apartó y se ocultó detrás del altar. Foshang adoptó la postura del dragón. Era claro que conocía las artes marciales chinas.

- ¡Pelea, entonces! – exclamó Shyriu, mientras se colocaba en la misma postura.

Foshang se desvaneció en el aire. Shyriu sintió una brisa que venía desde su cintura y rápidamente se echó hacia atrás. El puño de Foshang rozó la punta de su nariz.

Shyriu quitó el brazo de en frente y le lanzó un golpe a la cara, a lo que su adversario respondió con un esquive y tomándolo del brazo lo arrojó hacia la cascada. Shyriu pudo estabilizarse y clavando los pies en tierra se deslizó unos metros hasta detenerse.

Su rival no tardó nada en aparecer nuevamente frente a él. Comenzaron un duelo de golpes, bloqueos y contragolpes. La tierra temblaba, producto de la presión de sus golpes. Atemorizada, Shunrei observaba cómo las paredes de roca se iban resquebrajando por la potencia de esa pelea.

Shyriu le lanzó una patada en giro, pero Foshang la esquivó con facilidad. Al mismo tiempo, se dejaba caer y daba unas piruetas hacia atrás, como mofándose de su rival. Shyriu no pudo contener la rabia y dándole más fuerza a su cosmos, lo atacó con el dragón que asciende la cascada de Rozhán. Una luz brilló y el choque del golpe provocó que se generara una nube de agua y polvo alrededor de ellos.

Cuando todo volvió a la calma, Shyriu observó con sorpresa que su rival había recibido el golpe de lleno en el pecho, pero no se había movido ni un milímetro, tanto como si lo hubiera golpeado un niño. Foshang le tomó la muñeca y apretó con fuerza, provocando que Shyriu luchara con todas sus fuerzas por liberarse, mientras caía sobre una rodilla.

- Vaya… esperaba más de ti, Santo de Atena… pero no te culpo, tu propia condición de humano te hace inevitablemente débil… tranquilo, ahora te sacaré de tu sufrimiento…

Lo lanzó en el aire, ante la mirada desesperada de Shunrei. Luego, encendió su temible cosmos y dando un salto a gran velocidad, se lanzó con los puños apuntando a la espalda de Shyriu.

- "VUELO DEL DRAGÓN IRACUNDO!" – exclamó, justo cuando impactó entre los omóplatos de su rival, quien dio un grito de dolor, mientras el pecho de su armadura explotaba y escupía sangre. Era evidente que su atacante no era un guerrero ordinario. Shyriu cayó al fondo de la cascada, en tanto Shunrei caía de rodillas y le extendía la mano mientras lo veía caer… hasta que se perdió en las aguas inquietas del fondo de la cascada.

Foshang cayó cerca de Shunrei, con una tétrica sonrisa en su rostro y sus ojos resplandeciendo más que nunca. La iba a calcinar… y luego devoraría su carne. Sí, esa sería la mejor humillación para su rival caído.

- Aléjate de mí… Shyriu, ayúdame!- exclamó la joven, mientras trataba de huir, pese a que no tenía escapatoria… Foshang llevó su boca hacia arriba y comenzó a inspirar. Una nube de cenizas emanaba de sus nariz. Abrió la boca muy grande y le lanzó una llamarada a la indefensa chica, que sólo atinó a cubrirse con los brazos… pero la llama no la llegó a tocar. Algo invisible se interpuso entre ellos y desvió el fuego, protegiéndola. Cuando Foshang cerró su boca, se quedó observando el cuadro con sorpresa: un muro de hielo se había materializado entre ellos de repente.

- Aléjate de la mujer, cobarde. Si quieres hacer otra de esas ridículas demostraciones de circo, aquí tienes a un Santo de Atena…

Hyoga se paró entre ellos, desvaneciendo el muro de hielo con un movimiento de su mano.

- Shunrei, debes irte de aquí… - le dijo.

- No! Shyriu… debo ayudarlo!

- …Shunrei… en verdad creés que Shyriu caería con un solo golpe? Lo he visto levantarse una y otra vez en terribles batallas. Él no se rinde fácilmente. Confía en mi… soy su amigo y lo conozco. Sé que se levantará esta vez también. Y sé que él no quiere que te suceda nada malo. Por eso, por favor…

- ¡Ay, por todos los dioses! ¿Quieren dejar esa cursilería de lado, humanos ridículos? ¡Nadie se irá con vida de aquí! Je je… me ordenaron matar al Santo del Dragón… pero no me dijeron nada sobre no poder devorar a los que quiera. Dejaré a esa chica para el postre… tú serás mi plato principal…

- No soy presa fácil, fenómeno – decía Hyoga mientras comenzaba a trazar la constelación del Cisne con sus manos. Su cosmos brillante llenó de un aire helado toda la zona, pero Foshang no parecía intimidado.

- ¡Polvo de diamantes!

La ráfaga helada iba a toda velocidad hacia el Dragón Olímpico, pero este respondió rápidamente con una llamarada poderosa, comenzando un duelo cósmico. Ambos poderes parecían igualados por un instante, pero el fuego comenzó a evaporar el hielo y se acercaba rápidamente a Hyoga. Acorralado y temeroso de que su derrota significara la muerte de Shunrei, el Cisne cambió rápidamente su postura y volvió a la carga con la Ejecución de Aurora que su maestro Camus le había enseñado.

- ¡Es inútil! – rugió Foshang, mientras escupía un fuego más ardiente, que hacía que el agua de la cascada se transforme en una espesa nube de vapor. Poco fue el tiempo que Hyoga pudo resistir, la flama lo envolvió y lo lanzó por los aires, haciendo que se estrellara contra unas rocas y cayera muy malherido al suelo. El guerrero Olímpico apareció de pronto junto a él, presto a asestarle el golpe de gracia.

- Débil…- dijo, mientras ponía su mano en forma de lanza y le lanzaba un golpe al cuello… pero una brisa le acarició el rostro… y pronto la brisa se volvió una gran presión… la presión derivó en una explosión y Foshang salió proyectado contra un muro, perdiéndose dentro de un agujero, dentro de las rocas. Shyriu apareció en el aire, con el puño furioso resplandeciendo. Se veía malherido, pero la determinación que lo caracterizaba hacía que sus heridas se vieran insignificantes.

- Aléjate de mi amigo, monstruo…- decía, mientras Shunrei respiraba aliviada.

Foshang salió lentamente de las rocas, con una amplia sonrisa en su rostro… pese a que un hilo de sangre se escurría entre sus labios. Limpiándose la comisura de la boca, escupió hacia un costado y cerró sus puños. Luego comenzó a correr hacia Shyriu, quien le correspondió con la misma actitud. De golpe, ambos dieron un salto, llevando sus puños hacia atrás. La imagen era como una pintura legendaria, los dos dragones en el cielo, a punto de chocar otra vez.