Y aqui tienen la continuacion!
Dedicada a todos los que me dejan review!
Y por cierto, si hay uno sin cuenta y que ha intentado, pero no le dejaba la pagina, yo arregle eso, asique sean libres de opiniones... si es que las tienes XDD
DC es propiedad de Gosho Aoyama
Capitulo 10: Los ingleses.
Era domingo en Japón y Kyouya estaba volviendo de la escuela haciendo los transmites de inscripción él solo para no molestar a su padre. Su residencia consistía en una pequeña casa que parecía una mansión por ser un poco más grande que las demás residencias del barrio, tenía estilo londinense, de color blanco con las puertas, marcos de las ventanas y techo color negro y las rejas que él abrió también lo eran, el jardín tenían bellos claveles y rosas de diferentes colores. Mientras cerraba su reja, se podía ver un letrero al lado que tenía grabado "Residencia Hakuba"
-Ya llegue.
-¡Kyouya-niisan! – Hacía él, corría una pequeña de 7 años que era la viva imagen de su padre con su cabello castaño que le llegaba por los codos y sus ojos marrones.
-Ya llegue Kaho-chan – Poniéndose a su nivel para tomarla entre sus brazos y cargarla.
-Papi esta en el estudio trabajando.
-Está bien, vamos a informarle juntos que ya regrese a casa. – Dedicándole una sonrisa.
-Hai – Devolviéndole la sonrisa y abrazándolo.
Se rehusó a bajarse de los brazos de su hermano, así que Kyouya camino con su hermana en brazos hacía una doble puerta de madera bien barnizada y con el pomo de color negro. La abrieron y entran, el estudio tenía un aura acogedor, sofás y sillones que combinaban entre si y parecían ser muy caros como el escritorio que estaba al otro lado del cuarto, delante de una gran ventana y entre ambos estaba sentado un hombre de cabello castaño y ojos marrones, muy pensativo y concentrado en sus papeles que no sintió la llegada de sus hijos.
-Father, Saguru is here.
-¿Eh? – Saguru Hakuba salió de sus pensamientos y alzo la cabeza para ver a sus hijos – Bienvenido Kyouya, ¿Todo en orden?
-Sí, mañana podremos ir Kaho y yo a la escuela.
-¿Yo también? – Exclama la pequeña y se molesto de inmediato, su padre y hermano le ocultaron un secreto. – No quiero, me quiero quedar y que vengan profesores a enseñarme como en Londres.
-Vamos hija, te hará bien tener amigos –Saguru trataba de convencer a su pequeña "hija de papá" con un tono amable, ella era una de sus mayores tesoros.
-No quiero, me quiero quedar en casa. – Insiste tratando de ganar la batalla. – No quiero irme y dejarte solo papá.
-Gracias por preocuparte por mí pequeña – Agradeció su padre. Se pone de pie y camina hacía sus hijos para ser él ahora el que cargue a Kaho – Pero no quiero que por mi culpa no tengas amigos – Sonríe – Vas a tener muchos y con eso me harás muy feliz.
-¿Lo prometes? – No muy convencida.
-Claro – Depositándole un beso en la frente.
-Esta bien – Vencida, era injusto ser la única mujer cuando no ganabas batallas. – Pero no quiero que te pongas más triste al pensar en mamá.
-Me toco estar en el mismo lugar que Anko y el antipático de su gemelo.
-¿Anko y Kai Kuroba? – Preguntó el inglés notablemente interesado.
-¿Los conoces? – Preguntó su hijo asombrado.
-Conozco muy, pero muy bien a sus padres – Con una sonrisa que era una mezcla de ironía y diversión por pensar en Kaito Kuroba y a Kaito Kid de la segunda generación (Kai es de la tercera).
En la residencia Kuroba, Aoko abrió la puerta al escuchar el timbre y al ver quien era, la sorpresa la invade por absoluto para luego sonreír. Se saludaron y la mujer de la casa lo guió hacía el cuarto matrimonial, donde estaba ahora mismo Kaito.
-Kaito, tienes visitas – Aviso su esposa al abrir la puerta.
-Estar inactivo te da la apariencia de un vago – fue el saludo del invitado.
-Muy gracioso… MUY GRACIOSO – Viéndolo con cara de pocos amigos.
-Yo los dejo solos que tengo que terminar la limpieza – Aviso Aoko al retirarse.
-Debo admitir que jamás pensé que te vería echado en la cama a las cuatro de la tarde.
-Deja de molestarme en mi propia casa y dime que quieres Kudo. – Enarcando una ceja y sin dejar de ver al detective del este con cara de pocos amigos.
-El Kaito Kid que estaba en la fiesta de Sora no eras tú, ¿No es así?
-¿Qué te hace pensar eso? No conozco a otro Kaito Kid.
-Primero: No te gusta tener a una compañera como Kaito Girl. – Le explica levantando un dedo y ahora sube el segundo. – Segundo: Ese Kaito Kid se veía como tú a los 17 años… Y tú ya estas viejo.
-Hey, Hey… Cuidadito que estamos en el mismo barco de la edad.
-¿He dicho lo contrario? – Con su sonrisa marca detective – ¿Qué están haciendo tus hijos? – Sus facciones se volvieron serias en un instante.
-El Exilir – Respondió como si nada.
-¿No es esa joya que me contaste hace mucho tiempo y que es capaz de curar cualquier enfermedad pasada, presente y futura?
-Esa misma. – Se cruza de brazos y lanza un bufido. – Les dije que no hicieran eso y ellos al final lograron atraparme.
-Para que atrapen a alguien como tú… Debieron usar a Aoko-san.
-Cállate. – Fulminándolo con la mirada porque había acertado.
-Bueno, deberías estar algo contento, tendrás esperanzas de recuperarte, no preocupar más a tu esposa y tal vez volver a las tuyas.
-¿Estás muy aburrido sin mí, verdad?
-Ando resolviendo casos difíciles con éxito, pero me encantan resolver tus enigmas de avisos para probarte que son patéticos – Sonriéndole divertido al ver la expresión del antiguo Kid. – Bueno, ya debo irme.
-Esa me las pagas Kudo – Le juro señalándolo molesto mientras su amigo y rival se iba.
Shinichi se sabía la casa de memoria así que no tuvo ningún problema en andar por su propia cuenta. Al bajar las escaleras, vio que los gemelos mayores habían regresado y estaban saludando a su madre. Al notar la presencia del detective, no pudieron contener la sorpresa al verlo de pie en su casa.
-¿Qué ni enfermo mi padre se libera de los detectives? – Susurro Anko para si misma.
-Al parecer no – Le respondió Kai en el mismo tono.
-Bueno Aoko-san, gracias por recibirme. Debo irme a casa que de seguro Ran esta preocupada.
-Salúdame a Ran-chan por favor – Pidió con una sonrisa.
-Son bienvenidos a mi casa cuando quieran, no lo olviden.
-Suegro, saluda de mi parte a Haine-chan por favor – Pidió Kai en tono serio.
-¿Cómo? – Shinichi se sorprendido.
-¡Kai, idiota! – Le grito su hermana al golpearlo con la escoba que minutos antes sostenía su madre, dejándolo fuera de combate en el suelo – Olvide lo que dijo señor Kudo, mi hermano esta chiflado.
-E-Está bien… - Tartamudeo algo sorprendido, le recordó bastante a Kaito y Aoko.
En la residencia Hattori, Shinta estaba en el patio practicando aikido… ¿Y quien mejor para enseñarle aquel estilo de pelea que su madre Kazuha? Ambos peleaban con maestría y sabiduría, pero la experiencia de Kazuha la ayuda a ganar todos los combates y eso cada vez molestaba más a su hijo… y todo por el gen masculino que no le permitía perder ante una mujer y también por su orgullo, que no le gustaba perder por muy madre suya que sea.
-Otra victoria más para mamá – Grito Akemi juntando sus manos emocionada.
-Mamá: Siete. Shinta: Uno… si contamos que mamá perdió porque se desconcentro cuando Akemi se cayo – Siguió Genji ladeando la cabeza.
-Esto es frustrante, mi madre esta vieja y aún sigue ganándome – Y se gano de premio un golpe en la cabeza por cortesía de Kazuha – Auch…
-Ese vocabulario Shinta, recuerda que soy tu madre. – Cruzándose de brazos molesta.
-Sí… Lo siento…
-¿Lo siento que? – Enarcando una ceja y fulminándolo con la mirada.
-Lo siento…. – Ve hacía otro lado con las mejillas levemente sonrojadas. – Mami.
-Mucho mejor… ¿Otro combate? – Recuperando su habitual sonrisa.
-Una más y esta vez te gano. – Seguro de su victoria.
Un minuto después.
-Mamá ocho. – Dijo Akemi viendo a su madre con una sonrisa.
-El tonto de Shinta uno – Finalizo Genji viendo al derrotado en el suelo.
-Mierda. – Dijo molesto por haber perdido nuevamente y se ponía de pie para ser recibido por un golpe en la cabeza por cortesía de Kazuha. – ¡Auch!
-Te dije que controles ese vocabulario – Suspira resignada y mueve la cabeza en señal de negación. – Eres igual a tu padre.
-¿Y ahora yo que hice? – Preguntó Hattori al parecer y frunciendo el ceño.
-¿Tenías que darme un hijo igual a ti de grosero? – Devolviéndole la mirada.
-Oye guapa, que no soy grosero. – No se daban cuenta que sus hijos miraban la pelea girando la cabeza por cada comentario. Ahora la giran para ver a su madre esperando con que contraataque saldría.
-Okita me invitó a cenar. – Ven a su padre.
-Mierda, ese cabrón se las verá conmigo. – Con una gotita en la frente, ven a su madre.
-¿Ves que si eres un grosero? – Volvió a suspirar y los mellizos aplaudieron ante su madre, campeona de aikido y ganadora de discusiones de cónyuge. – Iré a preparar la cena, vamos pequeños.
-¡Hai Okasan! – Gritaron los mellizos dando saltos de su madre felices.
-Mujeres – Murmuraron padre e hijo a la vez en un tono que denotaba molestia.
-¡Los oí! – Los señala de forma acusadora. – ¡Por eso se quedan sin postre!
Shinta no era el único que estaba entrenando.
Se podía ver en la residencia Kudo que Haine estaba entrenando karate por si misma en el jardín de atrás mientras Tomoyo aplaudía muy feliz por cada movimiento que hacía, gritando "¡Hane, Hane!" En cambio Conan estaba al lado del bebé para cuidarla y leía un libro de Sherlock Holmes muy interesado.
-Les traigo una merienda antes de la cena. – Aviso Ran con una bandeja en sus manos y regalándoles una sonrisa. – Leche y galletas para mis hijos mayores y para la consentida de la casa, leche chocolatada. – Dándole a Tomoyo uno de esos vasos con tapa.
-Gracias mamá – Dijeron Haine (con una patada en el aire) y Conan al mismo tiempo, el pequeño cerró su libro y Haine se acerca hacía ellos corriendo.
-Gacia – Dijo Tomoyo muy alegre.
-Con que aquí están los motivos de mí existir – Shinichi había regresado y cargo a Tomoyo, quien alzaba los brazos muy contenta, para luego besar a Ran en los labios – Te quiero.
-Que ridículo – Susurro Conan con mala cara.
-Regresaste muy romántico Shinichi – Sonriendo.
-Sí, ¿Hay un premio por eso?
-Me corrijo… voy a vomitar. – Viendo hacía otro lado con su vaso de leche.
-Hola papá – Saludo la mayor en el momento que recogía su propio vaso con leche y unas galletas.
-Hola Haine, veo que sigues entrenando. – Le saluda muy alegre, pero toda su felicidad desaparece y pone una cara de pocos amigos. – Un chico me llamo suegro y me pidió que te diera saludos.
-Debe ser Kai-kun. – Murmuro con una sonrisa nerviosa.
-Eso es imposible. – Murmuro Conan desinteresado en el momento que come de una galleta. – El tipo debe estar loco o desesperado para querer andar con Haine.
-¡¿Qué dijiste mocoso?
-Vaya, este mocoso según tú te esta haciendo enojar mucho – Dijo divertido.
-Dejen de pelear los dos – Ordeno Ran en el momento que su marido volvía a dejar a Tomoyo en el suelo.
-Sí mamá – Respondieron sin dejar de verse con odio.
-Así me gusta, ahora voy a preparar la cena – Y vuelve a la mansión con Shinichi atrás.
El detective del este la abraza por atrás de la cintura con ternura y la trae a su cuerpo para impedirle escapatoria. Ran no puede evitar una sonrisa al sentir los labios de su marido tocando su mejilla izquierda y sus manos tocaron los brazos del muchacho.
-¿Qué te parece si salimos esta noche? – Le propone dándole ahora besos en su cuello, oyendo como Ran se reía despacio y en tono bajo. – Que Haine cuide de los chicos y nosotros salimos esta noche.
-¿Y a dónde tienes pensado ir, señor detective? – Dándose la media vuelta para verlo sin problemas a los ojos y lo abraza por el cuello.
-Al mismo restaurante en donde te pedí matrimonio. – Le respondió tomándola de la cintura de forma posesiva y la besa dulcemente en los labios.
-No es una mala idea cuando usas tales poderes de convencimiento. – Le confesó regalándole una sonrisa. – Adelante, les dejo la cena lista y nos vamos.
