Capítulo beteado por Patto Moleres, Beta FFAD.

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Los personajes no me pertenecen, tan solo la trama es mía.

Les recomiendo que escuchen la canción de niña de la quinta estación.

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Mi mirada continuaba fija en la de Edward, el pobre creo que se estaba empezando a preocupar por mí. Seguro mis facciones no eran las mejores. Pero lo que se reflejaba en mi cara no tenía ni comparación con el torrente de emociones que estaba sintiendo en mi interior. Porque había muchos estados que se contrariaban... Por un lado estaba el deber de responder por mis actos, porque mi tío no siguiese avergonzándose de la cobarde que tiene por sobrina, por hacerlo feliz, pues yo quería que estuviese contento por sobre todas las cosas de este mundo. No era mi intención causarle daño ninguno.

Por otro, estaba mi lado egoísta que sólo pensaba en mi dolor y mi padecer, porque una cosa era hacerlo y otra muy distinta eran las consecuencias que tendría todo ello. Si cantar una canción de por sí me causaba mal, pues es desenterrar el pasado, algo que, de ningún modo posible, era viable dada las circunstancias; pero el tener que cantar una canción en la que me sintiese identificada era revivir todo eso. Ese dolor tan lacerante que habitaba en mi pecho, del que, día a día, era consiente pues lo siento o en situaciones que hacen que presionen en la yaga, es decir, donde más duele. Al final todo se remitía a una lucha de emociones, el dolor por un lado, siempre el dolor, y la felicidad de la gente que me rodea. Pues estaba más que claro que esa palabra y ese sentimiento tan grande no estaban hechos para mí de ningún modo posible.

Mis ojos dieron un repaso lento por todas las caras que se encontraban en el aula, divisando a Alice en un par de asiento más adelante del lugar donde yo me había sentado antes. Me dirigió una sonrisa tímida como en señal de apoyo o eso creo. Ante lo que yo hice un intento de sonrisa pero creo que quedo en una mueca de lo más patética, continué con mi inspección por el aula hasta llegar a la directora que me miraba con una sonrisa... de ¿demonio? Sí, esa mujer debe ser el mismísimo Satanás en persona para agradarle poner a los alumnos en situaciones tan "complejas" como éstas.

Una cara detrás de ella llamó mi atención. Era él. Mi tío. Se veía tan serio, su semblante hacía que casi ni le pudiese mirar a la cara porque dolía saber que yo era la culpable de que se encontrara de esa forma. Mi tío, la persona más risueña que había en este mundo, se encontraba con una mirada que no daba opción a réplicas. Parecía como si estuviera allí para asegurarse de que hacía lo correcto. Entonces mi tío iba a ser testigo de todo el teatro montado por la directora. Pero a mí ésta no me iba a achicar, yo cantaría y sufriría las consecuencias de todo esto, pero esta tipa se va a tragar sus palabras de mierda.

Era hora de prepararme mentalmente para lo que se venía. Pero que digo, esto es imposible. La única canción con la que me siento identificada es "niña" de la Quinta Estación. Este tema era hermoso y al mismo tiempo albergaba tanto dolor que no pude evitar llorar la primera vez que lo escuché, y eso fue hace muchos años. Cantarlo ahora es... un absurdo. De todas formas lo haré, por joder al bicho de mala muerte de la directora, y sobre todo por mi tío, él se merece lo mejor del mundo y si esto hace que vuelva a ser la persona alegre que era, me quedaré contenta aunque el dolor arrase con todo. Además mataré dos pájaros de un tiro pues mi tío tendría sus ansiadas respuestas que tanto se merecía.

—¿Preparada Isabella? ¿No te importará que tu tío esté presente? —preguntó la mosquita muerta como quién no quiere la cosa.

—Claro que no me importa —respondí con una sonrisa de suficiencia.

—No te olvides de que debes sentirte identificada con la canción —me recordó como loro.

—No se preocupe que no lo olvidaré.

Poco a poco los acordes tristes de esa canción fueron envolviendo el aula de ese instituto de Rügen. No sabiendo lo que estaba por venirse, me fui sumergiendo en la melodía que salía de mi guitarra y en la canción tan dura y dolorosa que tendría que cantar. Pero en ese momento nada de eso estaba en mi mente, sólo la canción, la música, en definitiva mi vida.

Hay una niña sola en su habitación

Jugando con el aire y su imaginación.

No comparte tesoros ni tampoco secretos

Su universo es grande más que el mundo entero.

Las lágrimas se agolpaban en mis ojos a pesar del control tan férreo que tenía sobre mis emociones.

Ella ríe sin saber por qué, ella habla sin saber por qué.

Ella mira a su alrededor y no ve más que dolor.

Niña, ¿qué va a ser de ti sin sueños que cumplir?

Con tu vida no querrás seguir.

Niña, ¿qué va a ser de ti sin sueños que cumplir?

Con tu vida no querrás seguir.

Cien noches de lágrimas y de fría oscuridad

El calor más cercano era el de la soledad.

Tiene tanto miedo a que puedan entrar

En su frágil burbuja de irrealidad.

Ella ríe sin saber por qué, ella habla sin saber por qué

Ella mira a su alrededor y no ve más que dolor.

Niña, ¿qué va a ser de ti sin sueños que cumplir?

Con tu vida no querrás seguir.

Niña, ¿qué va a ser de ti sin sueños que cumplir?

Con tu vida no querrás seguir.

Ella ríe sin saber por qué, ella habla sin saber por qué

Ella mira a su alrededor y no ve más que dolor.

Niña, ¿qué va a ser de ti sin sueños que cumplir?

Con tu vida no querrás seguir.

Niña, ¿qué va a ser de ti sin sueños que cumplir?

Con tu vida no querrás seguir.

Niña, no, no, no

Niña, ¿qué va ser de ti sin sueños que cumplir?

Con tu vida no querrás seguir.

Una vez acabé de cantar no era consciente de nada, no sabía dónde me encontraba ni que era lo que hacía. Una extraña fuerza me ayudaba a colocar la guitarra en su estuche y sin más dirigirme a la parte trasera del aula. Ya no era persona, decir que me encontraba pérdida era contar una mentira, porque la verdad es que era mucho más que eso. Esta canción era perfecta para recordarlo todo. Todo. De nada me sirvió haberme obligado a pensar de algún modo tergiversado que no había ocurrido, que no era cierto. Sentía como me ahogaba en mi propia oscuridad, como si poco a poco me fuera sumergiendo en un lago de negrura, sin embargo, este mal se producía tan lento que me torturaba, aunque de algún modo raro no sentía ese dolor. Ya era tan grande que había llegado al punto en que ni sentía ni padecía. El mundo seguía, mas yo no. Por lo que supongo, después de que me sentase en esa silla del aula de historia, la clase continuaría después de los típicos aplausos que vienen terminada una actuación. No sabía que ocurría, ya no sabía nada.

Ahora bien, ¿qué más puedo hacer si esa canción describe a la perfección cómo se siente lo que yo tengo aquí adentro? ¿Cómo se siente que tus sueños se vayan a la basura? ¿Cómo se siente que vivas en una burbuja dónde nadie te puede tocar o decir ciertas cosas porque toca las fibras más profundas de todo tu ser? Cuando sientes que no hay razones para seguir, y si las hay, no son lo suficientemente fuertes para levantarte todos los días a luchar con los malditos demonios, porque por mucho que quieras no puedes olvidarlo y temes que vuelva a pasar, temes que vuelvan a tratarte como a un paño viejo al que utilizan para cualquier cosa, temes convertirte en alguien que no quieres, en un monstruo. Pero, poco a poco, tus temores se van haciendo realidad, ya que, al final tu vida se va llenando de miedos...

Todo gira frente a los miedos. Nada es lo suficientemente bueno como para vencerlo y por ahí dijeron una vez: no hay peor enfermedad que el miedo a lo que se viene. ¿Pero cómo no tenerlo? Cuando cada noche ves sus ojos negros acechándote, vigilándote, esclavizándote, amordazándote, pegándote, forzándote... Es duro ver que aunque yo esté en la etapa de negación, mi mente está ahí para recordarme una y otra vez lo que ocurrió, y para hacerme consciente de que no fue una maldita pesadilla sino la pura realidad. Puedo parecer una cobarde, tal vez lo sea por no aceptarlo y seguir adelante con las consecuencias, pero sencillamente es algo que no puedo hacer. ¿La razón?, hay cosas que ocurrieron a las que le niego fervientemente a mi mente traer a la luz. Yo no podría soportarlo. Lo intenté pero no se puede. No se puede.

Entre un pequeño lapsus de conciencia pude apreciar que me encontraba en uno de los pasillos del piso superior. Todos estaban vacíos. Las aulas tenían el mismo aspecto. Debía ser el descanso o el recreo. Seguí caminando, no sabía dónde iba, tampoco me importaba la verdad. No me encontraba bien... Todos esos recuerdos, pero lo peor de todo es que esos ojos negro me estuvieron acechando durante toda la canción, haciendo que doliera dentro tanto como si hubiese recibido una golpiza. Maldecía internamente el tener que controlarme durante esa clase para no sacar a relucir toda la rabia y el dolor que abarcaba mi alma, si es que tenía alguna. Pero al final ya no pude hacer mucho, pues todo se me salió de control; al ver en mi mente como ese maldito desgraciado me acariciaba, era como si justo en ese instante estuviese ocurriendo nuevamente. Lo odiaba. Las lágrimas brillaban en mis ojos pero no las dejé salir. No lloraría... No delante de toda esta panda de gilipollas.

De pronto me sentí cegada por la luz. Achiqué los ojos para ir adaptándome poco a poco y seguí caminando a ciegas. No sé por qué razón no conseguía que mis ojos se adaptaran un poco para ver siquiera lo que me rodeaba. A lo mejor era por el enorme jaleo que tenía en mi mente. De pronto, sentí como tropezaba y caía en picada hacia el suelo sin poder hacer nada para evitarlo. Mi cabeza se golpeó muy fuerte contra algo y rápidamente la inconsciencia me cautivó siendo mi último pensamiento «¡oh no, mi guitarra!»

POV Edward.

Veía en su mirada la duda eterna de si podría o no, yo quería creer que si podía, pero ya comenzaba a dudar al igual que ella. Su semblante había cambiado mucho durante los breves minutos que estuvo frente a la clase antes de comenzar a tocar. Era tanto el cambio que pensé que saldría corriendo del aula, luego me rectifiqué, Bella nunca haría algo como eso. Cuando vi que llegó al aula el señor Peter, me quedé muy asombrado porque ni se saludaron ni nada, ni hubo expresión corporal que diera indicio de comunicación, más bien creo que fue una situación bastante fría. Eso me hizo temer que la situación en casa después de lo acontecido ayer no fue muy buena.

Tras el breve intercambio de palabras entre la directora y Bella, comenzó a cantar pero noté cierto nerviosismo por parte de su tío. Pero pronto él perdió importancia y mi atención fue toda dedicada a ella. Esa canción. Era tan triste... Describe el dolor que es imposible de plasmar en palabras. Y ella lo cantaba transmitiendo todos los sentimientos que pueden albergar en tu alma ante una situación de este calibre. Desesperación, angustia, ansiedad, pérdida, pero sobre todas las cosas el dolor tan grande que supone perder el dominio de tu vida, la razón de ser. A parte de trasmitir todo esto, se notaba que se estaba controlando, los ojos adquirieron cierto brillo desde el comienzo, de último se apreciaba como las emociones la comenzaban a sobrepasar, sus ojos se llenaron de lágrimas pero rápidamente desvió sus ojos hacia los fluorescentes, fijando su mirada en estos. La canción acabó y como autómata recogió sus cosas y volvió a su sitio. No pude evitar observarla. Estaba mal. Se veía a leguas. Su tío parecía en estado de shock, rápidamente la directora lo sacó del aula sin darle tiempo a reaccionar de algún modo. Como quién dice lo liquidó en un abrir y cerrar de ojos. La mirada de ella se encontraba perdida entre sus libros. Me preguntaba una y otra vez que estaba pasando por su cabeza en esos momentos. Me gustaría tanto poder confortarla pero sabía que nada puede calmar ese dolor que padecía su alma. Y menos cuando esa canción habría removido todos sus fantasmas más de lo que ya lo hacen diariamente. Necesitaba saber que se encontraba medianamente bien pero las apariencias me hacían temer lo peor. El timbre del cambio de hora tocó provocando que me sobresaltase, el tiempo se me había pasado muy rápido, para cuando me di cuenta estaba siendo arrastrado fuera del aula por la multitud de estudiantes en mi intento de conseguir hablar con ella. Y para colmo de males en las próximas horas no coincidí en ninguna clase con ella. Sólo esperaba que no estuviese muy mal, no sé qué carajos tenía esa niña que me hacía sentir protector con ella, lo más seguro es que fuera porque sabía lo indefensa que se sentía.

El timbre del descanso sonó sacándome del estupor en el que me había metido. Necesitaba salir de la dudas. Salí lo más rápido que pude del aula y empecé a buscarla por los pasillos, pero era como buscar una aguja en un pajar. No se le veía y con todos los estudiantes abarrotados por el lugar era una tarea bastante complicada por no decir otra cosa. En menos tiempo del que creía estaba en la cafetería pero Bella no estaba allí. No había rastro de ella. Con el semblante bastante serio salí de allí como alma que lleva el diablo. Sólo espero que no se le haya ocurrido largarse del instituto. Por su propio bien no debió hacer tal tontería.

—¿Edward? —gritó una voz bastante conocida para mí. Me giré hacia Alice que venía por el pasillo haciéndome señas como loca.

—¿Qué pasa, Alice? —dije un poco evasivo buscando como largarme de ésta.

—¿Has visto a Isabella? —preguntó preocupada sorprendiéndome.

—No, voy al jardín a ver si se encuentra allí.

—Vale, yo iré al piso inferior. Tenemos que encontrarla porque esa pobre tiene cara de loca —dijo Alice en tono dramático.

—Alice… —le recriminé.

—Vale, vale... Era broma... Sólo quería aligerar un poco el ambiente pero bueno ya veo que contigo eso es imposible. Eres un amargado.

Sacándole la legua como niño de parvulario salí corriendo hacia los jardines del instituto. Lo que había dicho Alice sólo aseguraba lo que en mis pensamientos se había formado. Esa maldita canción sólo la había roto más de lo que ya lo estaba. Maldecía a la directora una y otra vez. Ella no estaba preparada para una prueba de tanta envergadura, puede incluso que nunca lo esté. No me quiero ni imaginar los recuerdos que pudo traer a la superficie la cancioncita.

La imagen que me encontré en el patio era mucho peor de lo que nunca pensé. Ella estaba en suelo. Inconsciente. Bastante sangre salía de su cabeza y para colmo de males el gilipollas con el que se peleó estaba a su lado en un intento bastante patético de prestar los primeros auxilios. Saqué el pañuelo de tela de mi bolsillo que contenía mis iniciales y lo presioné contra la herida sangrante de su cabeza cuando ésta estuvo más o menos taponada. La cargué en brazos, caminando lo más rápido que podía hacia la enfermería.

—Edward —me gritó Alice.

—Recoge sus cosas del jardín y llévalas a la enfermería —dije apresurado.

Cuando entré en la enfermería el médico terminó de liquidar lo que quedaba de la hemorragia. Le dio unos pequeños puntos en un lateral de su cabeza. La removió un poco a ver si volvía en sí pero nada. Me preocupaba que no mostrara signos de despertar. Le comprobó el pulso y la respiración. Estos eran correctos, pero nada...

—¿Cuánto tiempo lleva en este estado? —cuestionó el médico con semblante serio.

—Desde que yo la vi entre unos cinco o siete minutos —dije con voz seria, ¿qué te habrá pasado Bella? Me cogió desprevenido el médico, dándole en tremendo pellizco en el brazo ante lo que ella soltó un débil gemido.

—La chica necesita reposo, ¿eres el novio de la chica? —comentó el médico volviéndome a sorprender.

—Ehh no, sólo un amigo de su familia —contesté dubitativo.

—Ohh, bueno voy a informar a la directora de lo que le ha ocurrido a la señorita Swan —dijo saliendo de la enfermería. ¿Cómo sabía éste que ella era Bella? ¿Tan famosa eres ya?

Poco después Alice apareció por allí con la guitarra y la mochila de ella.

—¿Cómo está? —preguntó bajito.

—El médico dice que necesita descansar pero no tiene muy buen aspecto —afirmé preocupado.

—Edward, me voy a clase. Este olor a desinfectante no lo paso. Cuídala, yo sé que no te importa —dijo seria pero picándome un ojo al final. Esta Alice no cambia ni aunque le tiren piedras.

Veinte minutos después se fue despertando, muy lentamente lo que me hacía pensar que le dolía todo.

—¿Dónde estoy? —musitó desorientada tragando saliva un par de veces antes de hablar.

—En la enfermería del instituto —dije con cautela. Su cara fue cambiando, creo que se puso aún más pálida si es que era eso posible.

—Tienes que dejar la mente en blanco, pensar tanto te hace mal. Simplemente no lo hagas —dije intentando calmarla. No era bueno que se alterase en este momento.

—¿Mi guitarra? —preguntó preocupada lo que me hizo reír—. ¿Se puede saber que te causa tanta gracia? —aseveró en su tono de voz borde típico lo que me hizo reír todavía mucho más.

—Te preocupa más una guitarra que tú misma —dije entre risa y risa.

—No le veo la gracia —dijo seria pero con diversión brillando en sus ojos. Se notaba que le gustaba hacer sentir bien a la gente, me gustaría ver sus ojos cuando sea ella la que se sienta de ese modo.

—Claro que sí se la ves —dije con una sonrisita petulante.

—Ya te dije que no... Eres insoportable —dijo con voz teatral ante mi insistencia. Me quedé mirándola fijamente.

—¿Qué miras? ¿Tengo algo en la cara? —cuestionó ansiosa.

—NO. Sólo te ves bien así con ese par de puntos a un lado de la cara —comenté como quién no quiere la cosa. Soy malo lo acepto. Una mueca de dolor atravesó por sus facciones haciendo que me levantara del sillón dónde estaba sentado y acercarme a ella en un segundo.

—¿Qué pasa? —dije muerto del susto.

—La cabeza... me duele mucho. Siento unos rayos horribles —afirmó angustiada.

—Voy por el doctor, ¿quieres que llame a tu tío para que te venga a buscar? —le cuestioné mortificado por su sufrimiento. Ella sólo asintió sin decir nada más.

—Enseguida estoy de vuelta —dije con cuidado, no sabía cómo se lo podía tomar.

Salí deprisa de allí. Primero era el médico. La dirección sería entonces. Pero al llegar me encuentro con la secretaria limándose las uñas, al verme me dirigió una mirada que hizo que el desayuno de la mañana diera más vueltas que una noria en un día de feria.

—¿El médico? —pregunté con tono áspero. El bicho me sigue mirando así. Me está empezando a dar ácido.

—La directora está reunida con él y dio órdenes explícitas de que no se les molestasen —comentó el bicho. Maldición.

—Cuando salga, ¿puede decirle que la alumna que está en enfermería se encuentra muy mal? —cuestioné algo asqueada intentando ser lo más convincente posible.

—Claro, cariño —susurró batiendo sus malditas postizas pestañas. Salí como el diablo de esa maldita oficina de cuarta. Marqué a casa de Bella. Un toque, dos toques. Mis pies no se estaban quietos, tres toques.

—¿Sí?, ¿quién es? —dijo el señor Peter.

—Soy Edward —dije dubitativamente—. Quería ver si podían venir a buscar a Bella. Ella se golpeó la cabeza.—¿Cómo? ¿Se encuentra bien mi sobrina? —casi gritó nervioso su tío.

—Bueno... Le duele mucho la cabeza. Por lo que muy bien no está —dije dubitativo.

—Voy para allá —afirmó de inmediato y colgó.

Fui hacia a la habitación, y lo que me encuentro allí no me gustó mucho que digamos. Ese tipo estaba allí con ella. Demasiado cerca para mi gusto.

—Bella, dime que lo vas a pensar, por favor —dijo mirándola con intensidad. No sé por qué pero una sensación muy extraña se apoderó de mi cuerpo, la molestia porque este tipo estuviese cerca de ella me mataba.

—¿Interrumpo? —cuestioné con una mezcla de sarcasmo con ironía.


Wow yo creo que ahora si saben mucho más de mi querida y dolida Bella.

Parece que Edward está ¿molesto?

Besitos, espero sus opiniones. En mi perfil está el link del grupo de mis fics de facebook. Son bienvenidas quien quiera unirse.

Chau ^.^