Celos

Minato se consideraba un chico bastante normal, centrado y con un muy buen humor. Cierto era que parecía tener algún tipo de encanto que le facilitaba entablar conversaciones y hacer amistades con asombrosa facilidad. Por supuesto, el agraciado físico con el que contaba también ayudaba.

Y no era ningún ególatra, ni se estaba vanagloriando.

Simplemente era un hecho.

También lo era el que Itachi con ese aire de atormentado príncipe que desprendía por cada poro, el largo y oscuro cabello y esos intensos ojos, muy a pesar de su antagónico carácter lo convertían sin duda en epítome de belleza masculina. Adorado por cualquier ojo femenino que posara su vista en él y envidiado por los hombres comunes que lo veían como la antítesis de sus existencias.

Le tenían celos por la atención que recibía.

Esa atención que justo ahora hacía que el estómago de Minato se revolviera con su propio ácido intestinal y minara de golpe el buen humor por el que era conocido.

No, no era por el sinfín de chicas que coreaban su nombre tratando de ganarse una mirada. Tampoco por la valiente que se atrevía a hablarle y hasta a entregarle algún presente. Menos aún por la incauta que lo llevaba a un lugar apartado y le confesaba su amor. No, por esas chicas sentía lástima.

Pero que Kakashi, el presidente de clase del último grado le estuviera prestando tan obvia y lujuriosa atención a su novio lo estaba sacando de sus casillas.

Y no era porque Itachi no tuviera sus admiradores masculinos. Los tenía, pero nunca antes habían alterado así a Minato.

¿Por qué?

Porque Kakashi consiguió lo que nadie más que él (y talvez Sasuke) había logrado: Había hecho sonreír a Itachi.

No, no esa forzada semicurvatura que usaba para ser cortés. Ni esa mueca sardónica cuando apabullaba a alguien con inteligente ironía.

¡NO, esta era una sonrisa real!

No se dio cuenta en qué momento sus pies avanzaron pero de pronto se encontró justo a la espalda de Itachi, encarando con la mirada molesta a un desconcertado Kakashi. El moreno giró un poco al sentirle llegar y enarcó una fina ceja al mirarle.

Kakashi musitó algo y se retiró despidiéndose de ambos. El rubio no contestó el saludo y sus azules ojos lo siguieron con molestia hasta que desapareció al doblar en la esquina.

Sintió un suave y disimulado roce sobre el brazo que inmediatamente atrajo tu atención y erizó toda su piel. La traviesa mirada que Itachi le estaba dirigiendo le hablaba de dos cosas: una, que sabía bien lo celoso que estaba y dos, que lo recompensaría por ello.

Enarcó una ceja, Minato supo que su malicioso novio haría lo que fuera para tenerlo así más seguido.