En la actualidad, Marinette una noche más estaba en su cama preparada para que Tikki continuara con la historia de su predecesora Catarina. Entonces sin más Tikki como de costumbre se puso a contar:

Narra Tikki:

Pasó el martes, el miércoles y el jueves. Ni Alfonso ni Maricarmen se acercaron a hablar con el otro, él porque quería olvidarse de lo que sentía por ella y ella para dejarle espacio. Definitivamente ninguno de los dos amigos de los chicos entendía lo que ocurría entre ellos, pero desde luego no era normal. Prefirieron olvidar el tema de esos dos y seguir con sus vidas. Aunque María del Carmen tenía pensado algo, y pretendía estar viendo la corrida de Alfonso por mucho que le doliera, presentía que algo no iba bien.

Llegó el viernes finalmente, por la mañana en clase al chico se le veía preocupado y Mari quería ir a darle ánimos, pero nuevamente las fans de Alfonso se habían enterado de su corrida de esa tarde y fueron a rodearle para desearle suerte y decirle todo tipo de burradas, así que nuestra protagonista dejó pasar la oportunidad y entró a su clase con Alba.

No ocurrió nada más interesante aquella tarde, únicamente Alfonso cuando llegó a su casa de clase se sentía muy nervioso, y su padre intentaba hacer que se viera seguro y no pareciera tener miedo, pero al chico le iba a costar. Carla, Juan Alberto y el chico rubio comían en el gran comedor de su mansión andaluza mientras charlaban junto a algunas personas del servicio que estaban de pie por ahí.

-Va a haber varios toreros adultos ayudándote por si pasa algo malo, te lo dije la última vez y en esta ocasión también habrá gente para vigilar que no pase nada.-Intentaba nuevamente tranquilizar el señor Avilés a su hijo en un tono sereno.-Que no creo que pase nada porque estás muy bien entrenado para matar.

-Si no voy estaremos seguros al ciento por ciento de que no me pasará nada.-Protestaba Alfonso, por si acaso tenía una oportunidad de salvarse.

-Tienes que ir, ya hemos hablado sobre esto, la gente paga más por ver un torero joven e inexperto, virgen en el ruedo, ¡seremos más ricos todavía!

-Sí, hay mucha gente morbosa que desea ver a un crio ser asesinado por un toro.

-Dirás un toro asesinado por un crío.-Interrumpió Carla, riéndose mientras jugueteaba con los cubiertos en su estofado y Juan Alberto se enfadaba al verse rodeado de gente inepta.

-¡Deja de replicarme, Alfonso! ¡Tú harás lo que yo te diga y se acabó!-Exclamó el hombre, dando un porrazo a la mesa con sus puños, haciendo que su plato temblara.-¡Ya lo tengo todo preparado para esta tarde, no puedo cambiar nada y no tengo intención de hacerlo!

-Muy bien, como me pase algo tendrás que cargar el resto de tu vida con la culpabilidad de haber mandado a tu hijo a una muerte casi segura, y entonces si muero no podrás ganar tu preciado dinero a mi costa y posiblemente quieras fecundar a otra mujer para en un futuro explotar a tu próximo hijo.-Él se levantó de repente dé la mesa sin acabar de comer, dispuesto a marcharse a su cuarto.

-Estás volviéndote muy rebelde y muy protestón.-Juan Alberto trató de mantener la calma, el hecho de que su hijo dejara de tenerle tanto miedo le hacía dejar de ser tan duro con él, muy en el fondo no quería que le pasara nada, pues era el único de sus hijos que seguía viviendo con él y le preocupaba que triunfara en otros medios él solo y se marchase dejándole solo, sin esposa y sin nada más que sus sirvientes, quienes no le harían tanta falta si si hijo y su prometida se marchaban, pero eran inseguridades que se iba a guardar para él por el momento.

-Tú eres la razón por la que me he vuelto así.-El muchacho rubio había incluso dejado de dirigirse a su padre como ''usted'', que es una manera de hablarle con respeto a alguien superior, de avanzada edad o a quien no conoces en español. En esa época allí a los padres se les llamaban así por respeto, pero si les perdían el respeto sus hijos dejaban de hacerlo, como en esta ocasión. [Remarco esto porque Tikki está hablando con Marinette en francés mientras le cuenta la historia obviamente, y es posible que ella no sepa que hay dos maneras de referirse a una persona en español (tú y usted), porque en francés solo hay una (vous)].
-Si me hubieras dado algo más de cariño y amor estos últimos años sin mamá en vez de aprovecharte de mí para conseguir más dinero te hubiera querido más y te seguiría respetando, pero solo quieres tu propio bien. Ojalá algún día veas el trozo de... hez en el que te has convertido, padre.

Alfonso se marchó sin decir nada más, todo el mundo en la sala se quedó atónito, aunque muchos sirvientes fingieron no haberlo oído y se pusieron a recoger el plato y los cubiertos del joven.

Carla se quedó quieta, mirando al que sería su suegro pronto, este estaba lleno de ira por dentro, pero era porque sabía que él tenía razón, desde que la madre del muchacho murió, la mente de Juan Alberto se había vuelto muy retorcida y malévola, sobre todo con su propio hijo.

-Señor Avilés, ¿se encuentra bien?-Preguntaba la chica rubia, con algo de miedo, esperando que no la gritara a ella.

-Pues no, no estoy nada bien, Carla, ese niñato tiene razón, he sido un monstruo con él, pero ya no puedo hacer nada, él cumplirá mi sueño de que haya un torero en la familia y lo hará por el buen nombre de nuestro apellido.

-¿Pero ha pensado en que quizá él se siente incómodo y no es su sueño? Así lo que conseguirá usted es que su hijo le odie, huya de casa y no le vuelva a ver más, si es que hoy no es asaltado por un toro bravo enfurecido...

-Vale, he captado el mensaje, vete a calmarle, yo necesito estar solo.

Asintió la chica y comió rápido otros dos pedazos de carne estofada antes de irse y tras masticar y tragar cogió otro último y se fue hacia el piso superior mientras masticaba. Tal vez Alfonso no quería verla, pero debía intentar animarle y que no se deprimiera, así que fue hasta la puerta de su cuarto y golpeó los nudillos contra ella para llamar. El pobre chico de ojos azules estaba dentro, sentado en su cama intentando respirar hondo, calmarse y no llorar más, y al oír la puerta se puso en pie, con miedo y fue hasta ella, sin abrir todavía.

-¿Quién es?-Cuestionó haciéndose el duro.

-Soy yo, Carla.-Contestó ella al otro lado, entonces Alfonso dio un leve suspiro y le abrió, retirando el pestillo de dentro.-Comprendo tu situación, pero debes relajarte, llevas unos días muy tenso.

-¡Claro que estoy tenso! ¡Se supone que estoy forrado hasta las cejas de dinero y no puedo disfrutar de ello ni hacer lo que me de la gana porque mi padre es un maldito tirano!-Gritó de la nada este, pero al poco se echó las manos a la cara empezando a llorar.-¡¿Tienes idea de lo que es vivir sin madre y ser prácticamente maltratado por tu padre?! ¡No! ¡No lo sabes! ¡Echo de menos a mi madre!

Sin decir nada, Carla abrazó a Alfonso e intentó consolarle, ella también se había puesto muy triste, se dio cuenta de que él lo pasaba peor de lo que ella pensaba, su madre había muerto hacía dos años y ella lo sabía porque la conoció antes del accidente que tuvo, pero delante de ella nunca demostró estar triste.
El muchacho acabó abrazando a la chica ojos marrones mientras no podía evitarlo y lloraba desconsolado. No dijeron nada más hasta que se apartaron y Alfonso se tranquilizó y se secó los ojos con un pañuelo que tenía en el bolsillo, luego respiró hondo y miró a Carla.

-Siento haberme puesto así, pero no puedo más...-Dijo este en bajo, aun sollozando un poco.

-Yo no pasé por lo mismo afortunadamente, pero te apoyaré aunque creas que soy una pesada y no me ames.-Contestaba tristemente la rubia.

-El otro día cuando te dije eso estaba estresado, al igual que estos últimos días y ahora, y ya creo que entiendes por qué es.

-Lo entiendo, y bueno, sé que no es lo mismo ni por asomo, pero últimamente mi padre y yo nos hemos dado cuenta de que mi madre está muy rara, probablemente tenga histeria femenina o algo de eso, y tú no la ves así, pero tiene cambios de humor muy intensos y no sé qué le puede estar pasando.

-Bueno, ahora no tienes que vivir con ella si eso te molesta, aun así la cosa parece grave por lo que dices.

-Esperemos que solo sea histeria y la curen rápido, sin embargo el caso está en que te apoyaré en todo, no puedo decirle a tu padre nada porque no me hará caso, pero te ayudaré como una amiga...

Alfonso agradeció el gesto de Carla, quien se había comportado de manera borde, consentida y estúpida desde que llegó y ahora había cambiado a mejor. Esto se debía a que en esos días por las tardes iba a ver a Alba y a hablar con ella, y eso hizo que tuviera más consideración con los demás. Maricarmen sabía de sobra que su mejor amiga estaba ayudándola, pero no le importó, es más, le pareció bien, porque así dejaba Carla de ser una impresentable.
Los dos rubios se quedaron mirándose, y la chica puso su mano en la mejilla de Alfonso, dándole una caricia.

-No quise decirte cosas tan hirientes la última vez,-Comentaba el chico.-ahora no me gustas, pero con el tiempo puedo llegar a hacerlo...

-Pero si no intentas cosas conmigo será aún más difícil, yo intento hacer lo mejor que puedo para que nos acostumbremos a esto.

-Está bien... Pero si al final no me enamoro de ti no me eches la culpa.

-Vale... ¿Puedes darme un beso al menos? La última vez tuve que hacerlo yo a prisa y quiero sentirte mejor.

-Muy bien...-Alfonso se agachó un poco y besó a Carla cerrando los ojos y se mantuvieron así durante un rato. Para que no se le hiciera tan desagradable, el chico se imaginó que estaba besando a Maricarmen primero, aunque lo descartó rápidamente porque eso empeoraría las cosas si seguía estando enamorado de ella, debía olvidarse, así que la reemplazó por Catarina, y esa imagen se le hizo mucho más soportable, e incluso se excitó, de modo que volvió a pensar en Carla y rápidamente se le bajó ''el entusiasmo''.

Interrupción de Marinette:

-Ay, Tikki, no seas tan detallista, que esa pareja no me gusta, espero que no acaben juntos estos dos.-Protestaba Marinette parando la historia.-Yo quiero saber qué ocurrirá en la corrida.

-¿Eres shipper del Marifonso entonces?-Preguntaba la kwami roja, riéndose.

-Soy más de Gatorina, pero ya veremos lo que pasa, ¿no? Total, son las mismas personas al fin y al cabo.

-Sí, pero aún tienen que pasar más cosas entre civil y héroe, cosa que volverá la historia aún más enrevesada y difícil, y en serio, sigo advirtiéndote de que lo siguiente será raro, sangriento y sexual, que hasta ahora ha estado tranquilo.

-Ya me lo has dicho antes, pero aún no veo lo raro. Y creo que podría soportarlo.

-Ya lo veremos cuando lleguemos... No lo digo por la parte erótica de la historia, sino por la tenebrosa, aunque para ello aún queda mucho.

-No te preocupes Tikki, te escucharé igualmente.

-Bien, sigamos entonces.

-Sí, pero sáltate la parte de esos dos, por favor, o resúmela.

-Vaaale.

Narrando Tikki de vuelta:

Alfonso y Carla solo se besaron, luego él se tranquilizó de lo nervioso que estaba, porque tenía que ir a la corrida igualmente, y no valía la pena ponerse peor. Ya dieron las cinco y a las seis y media empezaba aquel macabro espectáculo, así que se prepararon todos y fueron en carruaje hasta la Maestranza, la plaza de toros a la que iban a celebrar la corrida.

Se reunieron allí Juan Alberto, Alfonso, Natalia y Carla con los marqueses de Burgos, que también iban a ver el espectáculo y les asignaron unos asientos VIP en las gradas para que vieran bien el espectáculo de su futuro yerno.
Como la otra vez, a Alfonso le pusieron el traje de luces bajo las gradas, en los túneles donde se preparaban los demás toreros que saldrían, y los que iban montados a caballo, que ahora no me acuerdo de cómo se les llamaba.

Tanto el chico como su padre no volvieron a decirse nada entre sí, pero Alfonso se mantuvo muy serio y no protestó, odiaba a su padre en grandes cantidades y sabía que si se moría ahí, lo que le importaría sería perder el dinero de la corrida. Sin embargo Juan Alberto se había arrepentido por lo que le dijeron ambos adolescentes a la hora de comer, mas ya no podía hacer nada más ni cancelar la corrida a esas alturas.
Dejó que su hijo saliera al ruedo completamente nervioso. Las gradas estaban llenas de personas que gritaban vitoreando al hijo de señor Avilés, aunque este había empezado a sudar del miedo y a respirar entrecortado, tenía tanto miedo de morir que decidió que se transformaría en Gato Negro delante de todo el mundo si estaba a punto de sufrir algún accidente con alguna res enfadada. Aunque hubiera varios hombres repartidos por la plaza, él estaba inseguro, tampoco quería matar a ningún toro igualmente si es que lograba salir con vida, y por suerte le habían dicho a última hora uno de los demás toreros que él no tendría que hacerlo, lo haría un banderillero que vendría después, eso alivió en gran parte al chico, pero no del todo, porque ese animal moriría igualmente aunque no fuera él mismo quien lo matara.

Salió de la puerta del corral hacia la plaza el primer toro negro, que inicialmente no hizo nada más que quedarse ahí quieto, y alguien tuvo que hacer que saliera despavorido dándole un susto, a lo que el animal corrió ya hacia la plaza enfadado y comenzó a bufar. Vio por fin a Alfonso con su capota, estaba agitándola con temor, algo encogido en el centro de la arena, y finalmente el animal apuntó con sus cuernos hacia el chico y avanzó violentamente hasta él, que antes de que llegara se apartó, dándole un capotazo, al mismo tiempo que los espectadores gritaban ''olé'' animados. Aunque se dio cuenta el rubio de que su padre y Carla, que estaban junto a los marqueses, se negaban a decir lo mismo que los demás, ellos parecían serios y preocupado, aunque unos segundos después pudo ver cómo se levantaban súbitamente de los asientos, horrorizados haciéndole señales. Alfonso volvió a mirar al toro y vio que de nuevo iba hacia él y estaba muy cerca. Es más, con el cuerno le rozó el traje en el brazo y se lo rasgó, haciéndole también una herida profunda de la que empezó a sangrar, a causa de esto miró asustado a los lados mientras se movía intentando que no le diera aquel animal, y no pudo creer lo que vio: ¡los demás toreros habían desaparecido de la nada. Y por ello, como estaba herido y muerto de miedo el chico quiso ir corriendo hacia el burladero, pero el toro le tapó el paso, rozó con una de sus pezuñas delanteras en la arena del suelo de la plaza y apuntó nuevamente con sus cuernos al chico. Este estuvo dispuesto a hacerle frente esa última vez para poder llegar a donde estaría a salvo, y el toro fue corriendo nuevamente a por él. Alfonso retrocedió un poco para poner bien el capote delante suyo para que el toro fuera ahí, pero para su mala suerte se tropezó con un trozo de tela que aún quedó en el suelo y cayó a este mientras el toro se le acercaba a toda prisa para atacarle, ya no tenía escapatoria y no había gente que le pudiese ayudar.

Vio su muerte reflejada en los ojos del animal que estaba ya a un metro de él, cuando de repente, un yoyó rojo con puntos negros rodeó el cuerpo del animal, haciendo que este quedara inmóvil, y de pronto Catarina llegó impulsada por su arma, soltó al toro y agarró a Alfonso con un brazo, volviendo a lanzar el yoyó sujetándose a una decoración de las gradas y le llevó hasta detrás del burladero. Ya ahí los dos quedaron en el suelo echados, la superheroína encima del chico, aunque se levantó rápido y le ayudó a levantarse. Vio que su brazo sangraba mucho y estaba bastante herido, había sido una gran suerte que ella estuviera allí.

-Catarina...-Dijo Alfonso sorprendido y atónito, pues había pasado todo muy rápido y le costaba asimilarlo.-Me has salvado...

-Sí, eso parece... Hay algo que no va bien aquí.-Contestó ella, pensativa.-Los toreros que te iban a ayudar se han ido solos hacia debajo de las gradas y no han dicho nada.

-¡Eso es lo de menos! ¡Podía haber muerto!-Emocionado abrazó a su compañera bastante fuerte y ella lo hizo de vuelta, sonriendo.-¡Gracias!

-Mi deber es proteger a los ciudadanos, y por lo que he visto desde las gradas no estabas del todo preparado para esto, quieras que no, eso empeora las cosas. Ahora será mejor que vayamos a buscar a alguien que te cure.

Al final se apartaron porque llegaban corriendo Juan Alberto y unos hombres más hasta ese sitio. El padre del muchacho estaba bastante asustado y lo primero que hizo fue abrazar a su hijo, cosa que hacía mucho tiempo que no hacía.

-¡Hijo mío! Menos mal que estás bien...-Exclamaba este ahora bastante arrepentido de haber dejado ir a su hijo a ese sitio con los nervios que tenía y la poca preparación.

-Relativamente bien... padre, me estoy desangrando...-Respondió este, un poco extrañado y a la vez mareado. No se esperaba que a su padre llegase a importarle su salud, fue una grata sorpresa.

El hombre se separó de su hijo mirándole la herida, estaba sangrando bastante, y debían curarle cuanto antes.

-Pues ven, vamos a dentro de las gradas, hay un médico precisamente para estas cosas por aquí.-Tras decir eso, el padre del chico miró a Catarina y sonrió.-Gracias por salvar a mi hijo otra vez, eres una heroína espectacular.

-No es nada señor, es mi trabajo.-Respondió ella amablemente.-Pero ahora su hijo necesita apoyo y cariño, no dude en dárselo usted.

-Lo haré a partir de ahora. Vayámonos, Alfonso.

-Espere un momento, padre, vaya usted que ahora iré yo.

-De acuerdo, pero no tardes, tu herida es grave.-Juan Alberto fue hacia dentro de las gradas por una puerta cercana.

-Oye... ¿vas a estar por aquí luego?-Preguntó Alfonso a Catarina, queriendo con toda su alma besarla, pero allí y con ese aspecto no podía hacerlo.

-Pues no lo sé, ¿por qué?

-Por si acaso me hace volver ahí cuando me curen...

-No te va a hacer volver con ese susto que le has dado, no creo que tu padre sea tan malo.

-Lo es, o lo era... no lo sé después de esa reacción.

-Por si acaso estaré por aquí, mi transformación todavía no finalizará, no usé ningún poder especial, de modo que si que me mantendré cerca, tú no te apures.-Catarina puso la mano sobre el pelo de Alfonso y se lo revolvió. Tras ello se despidieron y ella se fue con su yoyó por ahí.

A Maricarmen le extrañó el comportamiento de los demás toreros adultos que se habían ido así de la nada en mitad de la corrida, pero ya estando Alfonso a salvo eso dejó de importarle y se le olvidó. Estuvo por las gradas por si acaso, aunque pronto debería volver a su casa para ayudar a sus padres, había puesto como excusa que fue a dar un paseo para despejarse y volvería cerca de las siete y media u ocho, y ya eran las siete y cuarto.

Entre tanto Alfonso fue curado dentro de las gradas y habían cosido su herida. Fueron a verle Carla y Natalia, su institutriz que también había estado ahí pero no había subido a ver el espectáculo desde las gradas, lo que resultaba sospechoso.
Juan Alberto había estado todo el rato con su hijo y le prometió que no volvería a pisar una plaza de toros en su vida, que se había dado cuenta de que no tenía que obligarle más. Entonces Alfonso se puso muy contento entre todo lo que había pasado y rápidamente se vistió con su ropa normal para volver a casa.
Catarina y él no se volvieron a ver, pero el chico rubio le daba las gracias por haberle salvado, solo quería volver a verla en la noche o al día siguiente si es que ella no acudía a la torre esa noche. Algunas veces no coincidían entre semana, era lo que tenía ser superhéroes sin manera de contactar.

La corrida se suspendió porque misteriosamente desaparecieron el resto de toreros que había por ahí, incluyendo los caballos, pero los toros seguían por allí. La gente se enfadó mucho, puesto a que la última vez les habían hecho lo mismo y deseaban ver su dinero de vuelta, de modo que los organizadores del evento tendrían que devolvérselo a todos los cientos de personas que acudieron a la corrida... por segunda vez en dos semanas.

La chica del moño se había ido a su casa mientras el chico rubio también fue a la suya junto a su padre, su prometida y la institutriz, llegarían justo para la hora de cenar. Ya todos en la mesa, incluidos los marqueses se habían quedado allí, estaban charlando mientras comían un delicioso plato de cochinillo asado con patatas.

-Me alegro de que no haya ido la cosa a peor.-Comentaba Juan Alberto, aliviado agarrando su copa de vino y bebiendo tras hablar.

-Sí, mi amorcito me ha dado un susto de muerte.-Respondió Carla mirando a Alfonso, que estaba sentado frente a ella, y tirándole un beso, a lo que a este le dio un escalofrío recordando el largo beso que le había dado en la tarde, pero sonrió un tanto incómodo.

-Yo realmente pensé que fallecería ahí, pero como siempre, Catarina me salvó.-Habló el muchacho rubio, intentando no ruborizarse ante tanta gente hablando de su compañera de equipo.

-Tsk, superhéroes,-Se quejó Isabel, la madre de Carla.-nadie sabe de dónde han salido y se creen los reyes de todo solo porque tienen trajes ridículos y provocativos.

-¿Qué estás diciendo, Isabel?-Preguntó su esposo Andrés.-Gracias a ellos Alfonso está vivo y además nos mantienen a salvo de esa cosa pájaro que apareció hace unos días, quien sabe lo que estará planeando.

-Esa mujer da mucho mal augurio,-Dijo la muchacha rubia.-la vi en el periódico, es una suerte que no haya tenido que verla en persona...

-No te preocupes, hija, dudo mucho que nos ataque a alguno de nosotros.-Hablaba con toda seguridad la mujer rubia.

-¿Por qué cree eso?-Preguntó Juan Alberto.-Según lo que vimos en las noticias ella raptó a personas de distintas edades, sexos y clases, no creo que discrimine a nadie.

-No lo sé, no sé lo que piensa un criminal, pero si nos mantenemos en la casa de los Avilés que está alejada de Sevilla no nos pasará nada, por eso lo decía.

-Además solo ha actuado una vez.-Interrumpió Andrés.-No sabemos con certeza lo que hará, pero dejémoslo también en manos de la policía si acaso.

-Últimamente la policía no sirve de nada.-El padre de Alfonso estaba convencido de que los superhéroes nuevos hacían un gran trabajo, a pesar de que no sabía que realmente Catarina con ayuda de Gato Negro habían arruinado la primera corrida que celebró para su hijo, aunque se enteró por los periódicos de que Catarina capturó a uno que estaba causando problemas en la ciudad y lo liberó al campo, mas no le dio importancia porque lo hizo por el bien de los ciudadanos.-Por lo que he visto esos héroes son muy eficientes, por muy raros y extravagantes que sean sus atuendos ellos tienen derecho a usarlos para identificarse, eso sí, no sé de donde habrá sacado Catarina un vestido tan... no sé como describirlo, es muy distinto a otros trajes de flamencas que he visto, es demasiado ceñido.

-Sin embargo Gato Negro parece un cordobés, ¿no?-Preguntaba Carla, recordando que lo vio en una foto de un periódico.-Su traje es de lo más común, solo destacan sus orejas y la cola.

-Eso parece, aunque todo el conjunto creo que es negro.-Volvió a decir Juan Alberto.-no he llegado a verle a él en persona y en fotos obviamente no se ve de qué color es exactamente.

-Hombre, es obvio que vaya vestido de negro si se llama Gato Negro,-Comentó Andrés en tono jocoso.-si fuera de morado sería Gato Púrpura, y sería una cosa casi tan grotesca como la tía pájaro.

Entonces todos se rieron, aunque Isabel lo hacía en un tono sarcástico que nadie notó, a ella al parecer ese tema no le hacía excesiva gracia.
Mientras la cena seguía su curso normal, Natalia miraba junto a una de las puertas del comedor y sonreía, ella cenaría más tarde con el servicio, aunque te estarás preguntando: ''¿esta mujer exactamente qué hace en esa casa si realmente no tiene que enseñarle nada a Alfonso porque ya va a clase?'', pues lo que hacía era como escoltar y representar al chico. En el cortijo normalmente hacía la función de un ama de llaves y daba órdenes a las sirvientas y escribía documentos importantes, además de hacerse cargo del tema económico. Antes sí que era cierto que instruía a Alfonso para enseñarle mientras estuviera en su casa, pero estando en el instituto no hacía falta.

Una vez acabó la cena los marqueses se fueron de la hacienda Avilés y Juan Alberto, Alfonso y Carla se dispusieron a ir a dormir tras un día duro de incidentes.
El adulto se fue directamente a su cuarto tras dar las buenas noches a ambos adolescentes rubios, que en cambio se quedaron en el pasillo para charlar, aunque como podían molestar a Don Avilés se metieron en la habitación del chico.
Carla fue al baño de la habitación y allí se empezó a quitar el maquillaje y a soltar y cepillar su pelo, cosa que hacía en su propio cuarto, sin embargo quería intentar de nuevo algo con Alfonso, y ese era su último recurso. Se quitó su vestido y se quedó en ropa interior, que la de la época era más bien un vestido interior, unos pololos y un sujetador bastante grande, como un top de deporte pero no ceñido y casi tan pomposo como el resto de ropa, con bastantes volantes, y todo era de color blanco crema.

Salió del baño dejando todo por ahí para recogerlo después si su estrategia no funcionaba. Alfonso estaba terminando de ponerse su pijama, solo le quedaba abrocharse los botones de su camisa, pero se detuvo en cuanto vio a su prometida. Esta, aunque no lo parezca, era más bella de lo que aparentaba sin ese horrendo maquillaje, que era al parecer lo que le hacía fea, es algo descabellado, pero es cierto.

-¿Carla? ¿Qué demonios te has hecho?-Preguntó sorprendido el muchacho, comprobando que era más guapa de lo que se pensaba.

-Solo me he quitado el maquillaje, es una estrategia de mi madre para que la gente me crea fea y ningún otro chico se me acerque.-Explicaba ella, sonriente mientras se acercaba a Alfonso.-Me ha dicho que solo me desmaquille para que tú me veas tal y como soy, para que te llevases una grata sorpresa.

-Realmente me la he llevado... Pero... ¿qué pretendes?

-Tenía la esperanza de que pudiéramos... no sé, yacer ahora. No quiero ser pesada por lo que me dijiste, pero realmente yo lo necesito.

-Aunque seas hermosa en realidad no creo poder ayudarte ahora, hace las cosas más fáciles, sin embargo no estoy enamorado.

-Está bien... ¿No querrías al menos que yo te... hiciese algo?

-Pareces deseosa... Mas no lo sé, ¿hacerme qué?

-¿Vas a hacerme decir algo tan vulgar? Ya sabes...-La joven hizo un gesto con la mano que quedó bien claro a Alfonso lo que ella quería hacerle, y realmente él estaba de buen humor, aunque no le parecía bien ''engañar'' a Catarina a pesar de que ella le pidió que como civiles hicieran lo que quisieran, y por otro lado también estaba Maricarmen ocupando su vida civil, pero tras lo que le hizo no quiso darle importancia.

-Eh... Supongo que... Un poquito estaría bien.-Acabó accediendo el chico de ojos azules totalmente sonrojado. Él estaba contento, ya que se libró de ser torero y su padre finalmente demostró quererle, por eso se decidió por hacer feliz a Carla y de paso darse un gustazo.

Carla sonrió alegre y se acercó al rubio, poniéndose de puntillas para besarle otra vez como por la tarde, y él cerró los ojos y correspondió, aunque como la otra vez se imaginó que estaba besando a Catarina y... Vale vale, no me mires así Marinette, me saltaré esta parte, creo que no es nada agradable para ninguna, y menos para Plagg, que era el que lo estaba viendo todo escondido.

El caso es que Alfonso acabó sentado al borde de su cama y Carla se puso frente a él entre sus piernas... Bueno, te haces una idea de lo que pasó ahí. El adolescente estaba pensando en la superheroina mientras su prometida... pues se lo chupaba todo, vamos. Es que necesitaba que lo supieras por lo que pasa después, y es que cuando Alfonso iba a llegar al orgasmo, dijo en alto el nombre de Catarina entre gemidos de placer y... no sé como decir esto sin que te sientas incómoda, pero básicamente se corrió en la boca de la chica, que lejos de tragar todo, se apartó y lo escupió realmente impactada sobre el pecho y los abdominales de Alfonso, que aún tenía el pijama abierto. Y entonces ella se limpió la boca con la muñeca, se levantó del suelo y miró enfadada a su chico, el cual estaba completamente paralizado por lo que acababa de decir frente a ella y además de que le hubiera ensuciado por completo.

-¡¿Pero se puede saber que narices te pasa?!-Le chilló ella, entre enfadada y decepcionada.-¡Yo me voy a cagar en toda tu raza Alfonso!

-¡Baja la voz, Carla, ha sido un lapsus por el furor del momento!-Exclamó bastante avergonzado el chico mientras se levantaba de la cama guardando su miembro de vuelta en sus pantalones y cogía un pañuelo de su mesilla para limpiarse de su propio esperma.

Interrupción de Marinette:

-Ay, Tikki, ¡eso es asqueroso!-Dijo esta poniendo una mueca de desagrado.

-Te he avisado,-Respondió la kwami.-pero era necesario decirte todo esto por lo que pasó después, es muy importante.

-¿En serio es necesario narrarme al detalle cómo Carla se la chupa a Alfonso?

-¡Mari, te lo advertí y tú has insistido en seguir escuchando y diciendo que lo ibas a aguantar! Y eso que esto no es ni por asomo lo peor que vamos a ver en esta historia, porque esto no te lo he detallado tal y como Plagg me lo contó a mi, me he saltado muchas cosas.

-No es eso, es que no sé... Carla y Alfonso... No pegan, de una manera u otra esto me hace sentir incómoda, si Gato y Catarina o Alfonso y Maricarmen hicieran algo así supongo que me gustaría escucharlo.

-Poco a poco... pero volvamos a lo que estábamos...

Narra Tikki:

Carla se quedó realmente dolida y enfadada, aunque realmente se esperaba que a Alfonso le gustase otra, además ella tenía un secreto, y vio muy oportuno comentárselo a él en ese momento.

-¿Un lapsus? A ti te gusta esa superheroína...-Siguió hablando ella.

-¿Y qué problema hay? No puedo elegir de quien enamorarme, no es una cosa que pueda controlar a mi parecer.

-Ya, pero por respeto deberías no haber dicho eso.

-¡Que ha sido sin querer! No he me dado cuenta, por dios bendito Carla, no vayas a decirle nada de esto a mi padre...

Ella sin decir nada se sentó al borde de la cama con un gesto triste, a lo que Alfonso se sentó a su lado. Le había gustado todo aquello, pero realmente no por Carla, si no porque imaginó que Catarina se lo hacía, y no paraba de culparse porque había hecho algo muy parecido a lo que le hizo Maricarmen a él, darle esperanzas cuando en realidad no la amaba.

-Vale, no es culpa tuya, ni voy a decirle nada a tu padre,-Dijo suspirando la rubia.-mas... debo contarte algo muy importante y por lo que necesitaba que te acostaras conmigo o algo...

-Te escucharé, dime.

-Pues... hace un tiempo yo... me di cuenta de que los chicos no me decían nada, o sea, que no me atraían, y en su lugar miraba a las chicas y... me llamaban más la atención... Cuando mis padres me dijeron que debía casarme contigo vi una oportunidad de curarme de esto si tú me hacías cambiar de opinión haciendo el amor conmigo... Pero después de todo esto y de que me hayas besado... no siento atracción por ti, ni lo más mínimo, y estoy empezando a sentirme muy muy mal, ¡estoy enferma! Soy una desviada... por esto iré al infierno.

Alfonso se quedó petrificado ante tal confesión, ¿en serio a Carla no le gustaban los chicos? La homosexualidad era mal vista en esta época, aunque quizá no tanto como pensamos a día de hoy, porque conocí a muchas personas a las que les daba igual que gente del mismo género se amase, e incluso había clubes y prostíbulos homosexuales clandestinos que muchos nobles frecuentaban a pesar de estar casados o ser aparentemente heterosexuales.
Al chico quizá le pareció muy raro, pero desde luego no una enfermedad como lo veía la propia Carla.

-¿Me estás diciendo que soy una tapadera?-Preguntó atónito Alfonso.

-No, más bien un... parche reparador, intentaba curarme con tu pene, solo eso, pero veo que no funciona... ¡Quizá funcione si me penetras!-Carla se puso de nuevo frente a Alfonso y se empezó a bajar los pololos y luego subió su falda, dejando al descubierto su intimidad.-¡Venga, follemos!

-¡Carla! ¡Ten algo de mesura!-El pobre miró hacia otro lado sonrojado.-¡Escúchame! Si te gustan las mujeres acéptalo y ya está, se que es raro e inusual, sin embargo no puedes hacer nada por cambiarlo, y posiblemente si nos acostamos no cambies de opinión y lo pasaremos mal los dos.

-¡Está bien!-Con una rabieta, la joven volvió a ponerse bien toda su ropa.-¿Entonces qué hacemos? No nos gustamos pero tendremos que casarnos igual.

-Ay hija mía, llevo yo con ese puto dilema desde que me anunciaron que me casaría contigo, al menos pude atrasar la boda al año que viene. Pero solo nos queda fingir y hacer la unión o convencer a nuestros padres de que se junten sin tener que casarnos.

-Bueno, lo pensamos mejor mañana, ya es tarde, son las... ¡doce y cuarto! Vaya, felicidades Alfonso.

-Gracias... Espera... ¡¿las doce y cuarto?!-Alfonso tenía que ir a ver a Catarina, por si ella estaba en la torre, pero con Carla allí no se podía transformar e irse.-Tengo que... dormir ya.

-¿Qué prisa tienes? Si mañana... o sea, ahora es sábado, no tendrás que levantarte pronto.

-Ya, pero al ser mi cumpleaños creo que tendremos que preparar muchas cosas.

-¿Te preparas tu propio cumpleaños?

-Sí, ya sabes como es mi padre, le da igual todo, pero bueno, que tienes que irte a tu habitación, tengo mucho sueño.

-Vaale, pero deja que al menos coja mi ropa del baño...-Ella fue hasta el baño, recogiendo su vestido, sus zapatos y algún que otro accesorio. Tras ello salió y miró a Alfonso, que se estaba abrochando por fin la camisa del pijama, aún sentado en su cama.-Bueno, ya está, ¡hasta mañana!

-Buenas noches...

Entonces se marchó por fin por la puerta y Alfonso se puso de pie y fue corriendo a echar el pestillo por dentro para que nadie entrara. Plagg salió de su escondite y empezó a reírse a carcajada limpia. Lo había oído y visto todo obviamente.

-Madre mía, los adolescentes estáis locos.-Comentaba intentando no hacer mucho ruido.-¿Qué tal esa mamada, Alfonso?

-Plagg, espiar no está bien, y deja de decir esas cosas, suena muy mal.-Contestó el chico, en parte relajado.

-Pero te has quitado un gran peso de encima al saber que no le gustas a Carla.

-Aun así no me voy a librar de la boda, lo sabes, y prefiero evitar ese tema por ahora, vamos a ver a Catarina.

-Sí, a ver si con suerte ella te hace otra...-Alfonso miró mal a su kwami y este se quedó callado, aunque con gesto de aguantarse la risa, a lo que Alfonso se rió al final.

-Sabes, no quiero solo sexo con ella, quiero darle el amor que no he podido darle a la mentirosa de Maricarmen.

-Oye, no seas tan duro con ella, lo está pasando mal, ¿no lo entiendes? Si te besó fue para que no te sintieras mal por un rechazo rotundo, es más, estoy más que seguro de que si ella no estuviese colada por Gato Negro te amaría a ti.

-Bueno, me da igual, intento olvidarla por ahora, ¡transfórmame!

Alfonso se convirtió en Gato Negro y como de costumbre salió por la ventana de su balcón y fue con su bastón hacia la torre del Oro que reposaba a las orillas del Guadalquivir.

Continuará!