HERMIONE P.V.O

Después de nuestro regreso, la rutina se instaló en mi vida de manera cómoda. Pasaba los días entrenando y estudiando y las noches junto a Theo. Mis avances con los hechizos tenían a todos pasmados. No es por presumir, pero de siempre se me ha dado bastante bien. Si para los deportes y todo lo físico soy un desastre... todo lo que tenga que ver con la mente es pan comido para mí. Eso y que Theo es un maestro increíble. Una de esas noches, tres semanas después de nuestro regreso de los territorios McMillan, tuve una charla muy constructiva con él.

Paseábamos por uno de los jardines del castillo, contemplando un inusual cielo estrellado, cuando Theo me indicó que me sentara en un banco.

-¿Eres feliz, Herms? -Aquellos preciosos ojos me tenían cautivada. Emanaban dulzura y cariño a raudales.

-Sí. Desde que regresamos y estoy aquí, puedo decir que sí soy feliz. Más que en Dublín. -Él me regaló una sonrisa que hizo que mi corazón saltara de alegría.

-¿Aún le quieres?

Sabía a quién se refería. En un principio me molestó su pregunta. ¿Para qué sacar a relucir al hurón cuando estábamos teniendo la noche perfecta? Fruncí el ceño y pensé muy bien mi respuesta.

-Es dificil no quererle. Lo nuestro fue... muy intenso. Demasiado, diría yo. Pero nos hicimos.. nos hemos hecho demasiado daño. -asintió en silencio- Él me lo dejó muy claro. Hasta que todo esto no acaba, no intentará nada conmigo. Teme que me hagan daño por su culpa, o que me utilicen para llegar hasta él.

-Típico de él. Pero es así desde pequeño -Theo sonrió- Cabezota y noble hasta el ridículo.

-Tiene ideales de otra época -no pude evitar sonreir- Por cierto, ¿Dónde anda?

-Salió hace dos días él solo. Puntazos que le dan. No te preocupes por él. Quitando a Morgana, es el ser humano más peligroso que hay en esta isla. Está completamente a salvo ahí fuera. No me has contestado.

-No sé si aún lo quiero. Ahora estoy contigo y tú me haces sentir muy bien. Cada vez que nos besamos, cuando dormimos juntos, siento como si tuviese un hormiguero en el estómago...

-Creí que esa sensación se describía como mariposas en el estómago -Theo sonrió divertido.

-Eso es cuando son enamoramientos tontos. Lo que yo siento... es más fuerte. De todas formas, no te preocupes por el hurón. También me dijo que si me veía feliz a tu lado, se alejaría para siempre.

-Ante todo tu felicidad. -Theo me abrazó con fuerza- Creo que ya va siendo hora de volver a la habitación. Mañana madrugamos.

-¿Por?

-Clases intensivas. Tengo que enseñaros unas cuantas maldiciones de mi cosecha que os serán muy útiles para defenderos en una batalla.

-Negrero

-Vaga

-Tirano

-Ya, ya, pero te encanto...

-Creído -le dí un corto beso y salí corriendo. Él se puso de pie y me siguió caminando tranquilamente. Pude oir su risa. Es un verdadero cielo.

DRACO P.V.O

Después de día y medio de búsqueda, por fin lo encontré. ¡El muy maldito estaba escondido en unas cuevas cerca de los acantilados!. Até los caballos a un tronco escondido entre los matorrales y me puse la máscara. Nunca se sabe dónde puede haber espías de la arpía milenaria. Cogí con fuerza mi varita y entré en la cueva que parecía estar habitada. El silencio era sepulcral, sólo roto por el golpeteo de las olas contra la roca viva. Después de caminar unos veinte minutos, llegué a una gruta enorme. Al principio creí que estaba deshabitada, pero cuando mis ojos se acostumbraron a la penumbra... me quedé impactado. Allí, enfrente mío, había un pequeño altar. Y en medio de cientos de flores rojas y doradas, una foto muggle de la pequeña Weasley. Me acerqué en silencio, impresionado por mi descubrimiento. No pude evitar sonreir al recordar sus modales toscos y de marimacho de los que estaba tan orgullosa.

-¿Tú también la extrañas?

-Creí que no volvería a oir tu voz nunca más -no me giré. Él debía haber estado vigilándome desde antes de entrar a la cueva, pues de otra manera no me habría reconocido.

-Y yo jamás pensé que te tendría delante y no sería capaz de lanzarte una maldición.

Oí sus pasos detrás mío. Sin volverme, hice desaparecer la máscara y me bajé la capucha. Sentí cómo se situaba a mi derecha. Ambos permanecimos en silencio unos minutos, perdidos en nuestros propios recuerdos.

-¿Sufrió mucho?

-Nada. Ella es mucho más fuerte de lo que todos creemos.

-Era, ella era -su voz estaba completamente apagada, sin vida. Sentí cómo me empezaba a enfadar.

-Joder. Sigue estando viva. Tenemos su alma dentro del puto talismán. Mientras hay alma, hay vida.

-Si tú lo dices...

-No te parto los morros ahora mismo porque estamos delante de un altar en su nombre. Y le debo más respeto a ella que a tí.

-¿Desde cuándo eres tan... noble?

-Desde el momento en que mi madre me trajo a este mundo. -resoplé, molesto. Aquello iba a ser complicado- Pero no he venido a discutir contigo sobre modales.

-Entonces, ¿a qué has venido? ¿A molestarme?

-He venido para llevarte con nosotros. Lo de vivir como un hermitaño no te pega ni con cola. -sonreí de medio lado al ver cómo se tensaba.- Te gusta demasiado ser el centro de atención.

-Si tu lo dices...

-Joder. ¿Estás abonado a esa frase? -me dio un puñetazo flojo en el brazo- Vale, lo siento...

-¿Está Herms con vosotros?

-Ella y un buen número de leones. Sois como una maldita plaga. -no pude evitar sentirme molesto al recordar la estupidez cometida por Lavender y compañía- Pero al menos estoy rodeado de gente muy competente... bueno, si exceptuamos a los nuevos...

-Por lo que he podido oir, se lo estais poniendo dificil a Morgana.

-Últimamente nos están jodiendo a base de bien. Tienen un nuevo general.

-Lo sé. Demasiado bien -se levantó la camisa y me enseñó una cicatriz que le cruzaba la espalda de izquierda a derecha- El muy... casi me parte por la mitad.

-Dicen que es un capullo sin escrúpulos, que sólo vive para hacerse notar y para que esa mala bruja de Morgana lo alabe.

-Por desgracia siempre ha sido así. Aunque no supimos verlo...

-¿Sabes quién es? -lo miré, sorprendido. Por suerte para nosotros, aún no nos habíamos topado con el general de marras. Pero su mala fama le precedía.

-Tú también, Malfoy. Lo conoces demasiado bien...- el suspiro que lanzó resonó por la cueva, haciendo ecos- Se trata de Ronald.

-¿La comadreja? -no pude evitar quedarme con la boca abierta- Pero si erais amigos del alma...

-Pues parece que ya no.

-Joder. No sé si darte el pésame o felicitarte ante la pérdida.

-Lo que quieras. Ahora ¿de verdad quieres que te acompañe?

-Ya te lo he dicho. Además, me muero de ganas por ver la cara de todos los leones cuando aparezca con el mismísimo San Potter a mi lado.

-No sé yo si estaré haciendo lo correcto...

-Venga, Potter, lo estás deseando -no pude evitar reirme un poco- Reconoce que me echabas de menos.

-Ni en tus mejores pesadillas, Malfoy.

HERMIONE P.V.O

Desesperada. Esa es la palabra que podría definirme durante aquellos dos interminables días en los que ese cabezota de pelo platinado estuvo ausente. El no verlo por allí, con aquellos aires de suficiencia que se gasta, me puso de verdadero mal humor. Incluso Theo me esquivaba. Aunque no le culpo, pues la primera noche le estuve gritando hasta altas horas de la madrugada. Desde entonces, era verme por los corredores del castillo y salía como alma que lleva el diablo de allí. Chico listo.

Por eso, cuando el patronus con foma de leona apareció en medio de nuestra clase de encantamientos, casi hago explotar la cabeza de Lavender con una maldición que se me escapó. La siempre encantadora y sexy voz del hurón retumbó en la mazmorra donde practicábamos.

-"Traigo una sorpresita que os va a encantar. Dentro de una hora nos vemos. Os quiero a todos vestidos con vuestras mejores ropas y en formación en el patio de armas. Theo, ordena a los elfos que preparen un banquete para esta noche. Creo que ya va siendo hora de divertirnos un poquito".

Nos quedamos patidifusos. ¿Qué neurona se le habría muerto ahora a ese grandísimo tonto? Por su culpa ya no pude concentrarme más en la clase. Theo, muy sabiamente, me dió permiso para que fuera a relajarme un poquito, temeroso de que volase a alguien en pedacitos. Salí de allí a toda pastilla,pensando en un lugar donde poder relajarme. Al final, por pura inercia, acabé en el jardín privado de Draco.

Aquel sitio era fascinante. A pesar del frío, estaba completamente cubierto de flores doradas, rojas y blancas, formando el escudo de Gryffindor. Una pequeña fuente que representaba una serpiente alada, dejaba caer agua en un rincón. El agua debía estar hechizada, pues sonaba como una pequeña caja de música al caer en el plafón de granito. Y en medio de aquel rinconcito, una columna partida a la mitad, donde descansaba el colgante en el que habían capturado el alma de Ginny, La gema brillaba con fuerza, emitiendo un tenue calor. Me acerqué todo lo que pude (era peligroso intentar tocarlo debido al campo temporal que lo rodeaba) y lo contemplé. Recordé el rostro de mi amiga, sus ojos siempre brillantes y alegres, su sonrisa pícara, su personalidad arrolladora y un tanto masculina... A pesar de que ella y Draco fueron amantes, pareja o como quisieran llamarlo, la echaba muchísimo de menos. Había sido y era mi mejor amiga. No pude evitar una lágrima.

-Venga, Granger, que no se diga que los leones son unos sensibleros de lagrima fácil -Blaise estaba a mi lado. No lo había oído llegar.- Ya veras como muy pronto nuestros amantísimos líderes nos la traen de vuelta.

-¿Tú también la echas de menos?

-Hombre, para la única chica con la que podía hablar abiertamente de mis aventuras de alcoba sin que ésta se sonrojase hasta el grado de parecer un rubí... pues sí, muchísimo.

-¿Tú y ella...?

-Creeme, leona, tu pelirroja amiga me dió unos cuantos consejos la mar de buenos... -Blaise rompió a reir a carcajadas ante la cara que puse...

-No quiero saber nada más...

-¡BLAISE ZABINI! -Luna apareció en el pequeño jardín como un basilisco- Draco está a cinco minutos del castillo y tú todavía con esas fachas. Y lo mismo va por tí, Hermione Granger.

-Sí mamá -dijimos los dos a coro. Salimos de allí corriendo mientras reíamos a carcajadas. Aquella miniconversación con Blaise me había devuelto el buen humor. Mientras me cambiaba, mi mente divagó un ratito... ¿Qué sorpresa nos traía Draco que merecía una fiesta con banquete incluido? Hannah pasó a buscarme por mi habitación y juntas bajamos al patio de armas. Todos permanecían quietos. Lo único que les difernciaba de las estatuas era el contínuo runrun de las conversaciones. Me acerqué a Dennis, que permanecía en silencio en un rincón.

-¿Tú sabes algo?

-No. Pero tampoco he preguntado -señaló su patronus, que montaba guardia con él. Lo miré extrañada, pues sólo convocabamos los patronus vitae si estábamos en peligro o si queríamos comunicarnos algo- Hay dementores cerca. La... salidita de tus amigas los ha alborotado y andan a la caza. Y este castillo es como la miel para un oso... una tentación dificil de ignorar.

-¿Crees que Draco...?

-Está avisado, tranquila -Clavó sus ojos en mí. No pude evitar un extremecimiento. Estaban completamente apagos. Desde la muerte de su hermano, Dennis había sido y era como un autómata. Sólo le veías animado entrenando o luchando.- ¿A qué estás jugando, Hermione?

La pregunta, hecha a bocajarro, me dejó descolocada unos segundos. El chico seguía mirándome fijamente, su rostro como una perfecta máscara griega. Arrugué el ceño y lo miré, confundida.

-No he entendido tu pregunta.

-Que a qué juegas... con Draco y Theo. ¿Estás con Malfoy? ¿Nott? ¿Con los dos? ¿O tienes por ahí a algún otro escondido con el que te diviertes a costa de ellos?

-No te cruzo la cara de un guantazo porque sé que me matarías sin pensartelo dos veces -bufé, cabreada- No estoy jugando con ninguno y no tengo ningún amante por ahí escondido. Y si así fuera, tú serías la última persona a la que se lo diría.

-No me has contestado.

-Joder, mira que eres pesadito -me froté la frente por la frustración- Quiero a Theo, él me da la tranquilidad que tanto necesito. Es mi igual intelectualmente, incluso superior. Pero él sabe que no lo amo. Y lo acepta. Igual que aceptaría que yo pasara la noche con Malfoy si éste me lo pidiera. Porque sabe que a quien pertenece mi corazón para toda la eternidad es a ese rubito engreido que tenemos po lider.

-Si cuando llegue a vuestra edad estoy igual de gilipollas que vosotros, me atravieso con mi propia espada -masculló el chico. No pude evitar una sonrisa. De repente, el portón se abrió del todo y entró la leona trotando. Oímos el ruido de los cascos sobre el puete levadizo. Dos figuras encapuchadas y con máscaras plateadas hicieron acto de presencia. Supe quién era Draco inmediatamente. Su mera presencia te ponía los pelos de punta. La otra figura esperó a que éste desmontara y se quitara su ropa de mortífago. A una señal del rubio, desmontó también y se quitó aquellos ropajes que tanto miedo nos habían dado en otros tiempos. Y cuando vimos quién se escondía bajo aquella máscara, nos quedamos helados.

DRACO P.V.O

En el momento en que Potter se quitó la máscara, un silencio sepulcral cayó sobre el patio. Habría dado mi mano derecha por poder inmortalizar sus caras en ese mismo instante, sobre todo la de Hermione. Potter sonreía como el gato que ha cazado la rata más gorda del pajar y se dispone a darse un banquete.

-¿A caso no pensais saludar?

-HARRY

Hermione se lanzó sobre Potter como un dementor sobre su víctima. Se colgó de su cuello y lo espachurró en un abrazo de oso. Potter la abrazó, riendo, mientras evitaba que le rompiese varias vértebras en el camino.

-Herms, me vas a partir el cuello. Necesito respirar. Herms...

-Has vuelto, has vuelto -Hermione se separó un poco de él y le arreó un puñetazo en la mandíbula que le hizo caer al suelo- ¡ERES UN PUTO INSENSIBLE, HARRY JAMES POTTER! LLEVO TRES AÑOS MURIENDO DE LA ANGUSTIA PORQUE NO SABÍA DONDE ESTABAS METIDO. Y AHORA ESE MALDITO HURÓN ALBINO VA Y TE ENCUENTRA A LA PRIMERA. ¿DONDE COÑO ESTABAS METIDO?

-Me lo encontré de hermitaño en unas cuevas cerca de los acantilados. Se lo había montado muy bien -lo reconozco, estaba disfrutando como un enano del espectáculo y no pude evitar meter un poquito de cizaña- No parecía muy preocupado por buscarte, Granger.

-YO TE MATO, HARRY. CASI ME SALEN CANAS POR TÍ Y TÚ TE DEDICAS A JUGAR AL HERMITAÑO MARTIR EN UNOS PUTOS ACANTILADOS...

-Bueno, eso de jugar... -Potter, a pesar de sangrar por el labio, sonreía- Me escondía porque los generales de Morgana me persiguen como si fuese una liebre. Además, no sabía que tú también habías vuelto.

-PARA ESO EXISTEN LAS LECHUZAS, TARADO DE MIERDA.

-Ya, claro, con la comadreja intentando darle caza... -solté la bomba como quien no quiere la cosa. Todos me miraron como si fuese la mismisima reencarnación de Voldemort.

-El hurón botador tiene razón -Potter se levantó la camisa y mostró la cicatriz- Ronald es uno de ellos, bueno, es el General máximo de los ejércitos de esa bruja loca. Me encontró al poco de llegar e intentó que me uniera a ellos. Como me negué, intentó hacer sushi conmigo.

-¿Desde cuando esa rata traidora forma parte de su ejército? -la voz glacial de Theo nos hizo estremecernos de puro miedo.

-Desde el mismo día en el que esa bruja fue traída de vuelta y Hogwarts fue destruído. -Potter caminó hacia el resto de la gente- Tengo entendido que hay un banquete en mi honor.

-Es para que nuestro magnífico, increíble, todopoderoso y supremo héroe no eche de menos los viejos tiempos -canturreó Zabini socarrón. Potter le dió un puñetazo juguetón en el hombro y siguió a todos al interior del castillo. Nos quedamos Hermione y yo solos en el patio.

-Malfoy -se acercó a mí. Retrocedí unos pasos instintivamente.- No voy a pegarte. Sólo te voy a dar las gracias por traer a Harry.

-Por si las moscas, Granger. Que de tí no me fío un pelo. Eres capaz de hacerme cualquier cosa...

No me dió tiempo a decir nada más. Se colgó de mi cuello y me besó como si no hubiese un mañana. Al principio me quedé estático, descolocado, noqueado por la impresión. Pero después, antes de que se arrepintiera, la cogí de la cintura, agarrándola con fuerza para que no se escapara, y le devolví el beso. Vaya que si se lo devolví. Cuando nos separamos para coger aire, tenía los ojos brillantes, como cuando estábamos juntos. Solté un suspiro.

-Joder, Granger. No veas lo que echaba de menos esto.

-Pues cierra el pico y bésame otra vez, hurón engreído.

Y como soy tan buen chico, obedecí. Si lo llego a saber, me traigo a Potter mucho antes.