Declaimer: Pokemon no me pertenece bla bla bla bla bla bla bla blaaa…..
Capítulo IX
Indicios.
–Deberías aceptar que no tienes idea donde estamos –Regañó Misty, al tiempo en que se sentaba en una banca frente a una heladería. – Llevamos horas dando vueltas y no sabemos en qué lugar estamos parados ¿No te da vergüenza?
– Yo no te veo muy triste por estar en este lugar–refunfuñó Ash cruzándose de brazos –es más, si estuvieras tan preocupada no te estarías devorando tu tercera copa de helado.
– Por lo menos hay algo en este mundo con el cual puedo calmar mi ansiedad.
– ¡Tú estúpida ansiedad nos dejará en la ruina!
– ¡Déjame disfrutar de lo único bueno que he encontrado en semanas!
En otra ocasión, Pikachu ya habría parado la absurda pelea con un simple impactrueno, pero esta vez su paciencia la estaba llevando a límites inimaginables, solo en pos de su bienestar y la de sus acompañantes, pues no era necesario ser un genio para poder darse cuenta que en donde ahora se encontraban, no era igual a lo que ellos conocían como su hogar, su propio mundo.
Había pasado más de una semana desde que se encontraron en medio de la nada y confundidos como nunca antes, en ese lugar tan similar pero a su vez tan diferente a lo que conocían. Si bien, al principio habían pensado que era un sitio algo violento, sobre todo tras el episodio en el bosque con esa chica, poco a poco se dieron cuenta de que no era tan diferente la manera de actuar de las personas a la que ellos conocían, razón que los impulsó a salir de su refugio en el bosque e internarse en el centro urbano.
Sin nada de dinero y dándose cuenta que el sistema de cambio no era muy diferente del que ellos conocían, reunieron unos pocos bienes de valor y lo vendieron para que les alcanzase para sobrevivir, sintiéndose algo estúpidos al ver cómo de personas reconocidas en su mundo, habían pasado a vivir casi de contrabando; eso fue hasta que un día Misty decidió tararear para calmar los nervios que, para ese entonces, estaban a flor de piel.
Bastó entonces con que un par de personas se detuvieran a escucharla y les diesen propina, para que descubrieran un pequeño negocio: la voz de Misty. Tanto fue el dinero que lograron recopilar, que a lo menos por una vez, lograron llevar a su campamento la suficiente comida para poder alimentarse como hacía días no lo hacían.
Pero, a pesar de ya saber cómo sobrevivir, el levantarse cada mañana a realizar una búsqueda constante comenzaba a cansar a los viajeros ¿Qué era lo que exactamente lo que querían encontrar? ¿Al Equipo Rocket acaso, a los pokemon robados… otra piedra, otra pluma? Misty había perdido la cuenta de cuantas veces se había hecho esa pregunta al recorrer las calles de esa ciudad, donde preguntar por ladrones pokemon solo hacía que la mirasen con extrañeza. Pero más que preocupada estaba aburrida, cansada de no encontrar el apoyo que necesitaba en su compañero de viaje y a cambio solo recibía respuestas tontas y peleas innecesarias que la obligaban a sacar aquel carácter que a veces hasta a ella misma le espantaba.
No podía negar que, desde aquel día en que llegó de su caminata por el bosque y encontró la tienda de campaña vacía, sin un rastro de la extraña joven que auxiliaron, algo había cambiado en Ash, quizás a causa de alguna cosa que esa muchacha hubiese dicho al joven maestro o un descubrimiento que no quiso compartir con ella; pero si de algo estaba segura, era que el moreno estaba más distraído de lo normal, tanto así, que había vuelto a aquellas andanzas que tenía desde niño: su nulo sentido de orientación.
Pero no se podía quejar, no esa tarde por lo menos, que el cantar un par de letras en la calle hizo que juntase el dinero suficiente para poder tomar por asalto aquella heladería a la que por casualidad había llegado gracias a la falta de ubicación de su compañero. Decidió entonces cerrar la boca e ignorar a Ash un momento. Si, era su tercera copa, pero en lo que habían llegado a ese lugar, era el único placer que había podido disfrutar.
Por su parte el maestro acarició la cabeza de su estático pokemon, suspirando pesadamente ante la situación que se encontraba. Gente caminando por todas partes y más de algún niño curioso que observaba aquel extraño mueco que portaba ¿Cómo era posible que en realidad creyesen que Pikachu era un muñeco? Salvo aquella situación con las personas el día que llegaron, no se habían vuelto a repetir similares, todo por la actuación de Pikachu como un objeto. Quizás, el no levantar tantas sospechas lo tenía tranquilo, pero por otro lado, la pregunta sobre qué habría sido de esa chica, estaba en su cabeza de manera constante. Si era sincero consigo mismo, el tener a alguien en mente por mucho tiempo, no le ocurría muy seguido, más aún cuando los acababa de conocer, pues solía ignorar a las personas, olvidaba sus caras, nombres, e incluso apenas y los saludaba después. Pero con ella era diferente, sabía que si la veía en algún instante la reconocería, cada facción, cada palabra que dijo aquella tarde… esa inexplicable conexión que no había creído sentir con nadie más que con...
– ¡Ash! – gritó Misty – ¡Ya despierta!... es hora de irnos, se hará tarde y debemos armar nuestro campamento – el joven suspiró profundamente y se incorporó tomando a Pikachu entre sus brazos.
– Había olvidado como se sentía dormir tantas veces en una carpa… mi espalda no puede más.
– Vamos Ash, es por un bien mayor… supongo. – suspiró Misty al momento que echaba un vistazo a su alrededor. Entonces su vista se posó de inmediato en dos personas… y un pokemon. Sabía muy bien quienes eran, podría distinguirlos aunque pasasen mil años. Si bien ahora se lo enrollase en la cabeza, la cabellera roja de aquella mujer era casi inconfundible.
Entonces, ni siquiera se tomó la molestia en poner de sobre aviso a su acompañante, solo caminó lo más rápido que pudo en dirección a aquellas personas de las cuales estaba segura podría obtener más de alguna respuesta a sus interrogantes. Pero ni siquiera alcanzó a increparlos cuando la mirada atenta que ellos tenían a través de un escaparate hasta el interior de una tienda, hizo que ella igual desviase su atención. Entonces vio como un hombre alto charlaba con una muchacha, esa muchacha.
Los pasos tras ella no se hicieron esperar dándole a conocer que su acompañante ya había divisado a aquellos personajes también conocidos para él, pero su falta de atención hacia su presencia y la de su pokemon no dejaron de llamarle la atención, aunque su asombro solo se demostró al seguir la mirada de la pelirroja hacia el interior de la tienda.
La muchacha, sin duda, Helena, quien estaba acompañada de un hombre… que lamentablemente, para él, no era un absoluto desconocido.
Entonces no lo dudó, y sin escuchar las advertencias dadas por su acompañante, ignorando las miradas de sorpresa dirigidas por su clásicos enemigos al pasar casi por encima de ellos, ingresó en el local, y se dirigió a paso firme hacia donde la responsable de no haber podido conciliar el sueño, se encontraba con alguien a quien conocía bien.
El mismo causante de que no quisiese ser más él, que olvidase quien fue en otro momento, que quisiera una vida tranquila. Ese criminal, Steven.
Y si podía evitar que otra persona saliese dañada, lo haría.
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El repentino voto de silencio de su amiga llevaba la paciencia de Alexa hasta límites insospechados. Nunca se caracterizó por ser una muy buena concejera, mucho menos esperar a que las personas reaccionaran y bajasen de la luna a la que constantemente a muchos se les ocurría ir a pasear, pero intuía que esta vez, el viaje inesperado de su amiga a su mundo interno, donde ni siquiera ella tenía acceso libre, se debía a algo más profundo que una simple pela con Bill, porque de eso estaba segura, habían discutido. Decidió no presionarla, quizás algún día su amiga se dignaría a abrirse y a cambio, decidió permanecer a su lado la mayor parte del tiempo.
Era increíble la estima que le tenía a la joven morena y todo lo que hubiese hecho para protegerla de ese mundo cruel y ruin que tantos golpes le había dado ya a su amiga, de hecho ni Helena misma se lo podría imaginar. Es por ello que sutilmente fue dejando cada día más cosas en el pequeño cuarto de Helena, para que, sin que la joven se diese cuenta, ya estar instalada a su lado para cuando finalizaba esa extraña semana.
Pero Alexa no tenía idea de cómo su amiga agradecía su compañía, a pesar de su repentino autismo. Sabía que si seguía sola en esa habitación, ni su pequeño felino la salvaría de la demencia que le ocasionaba pensar, primero, en el Meowth escapando por la ventana, segundo, esos dos repugnantes tipos que sin vergüenza alguna trataron de abusar de ella, y por último, aquel misterioso chico que de la nada se había transformado en su rescatador. Le debía la vida y no había podido siquiera agradecerle como correspondía.
Cada vez que se encontraba pensando eso, se auto diagnosticaba demencia absoluta ¿le estaría haciendo mal leer tantos libros, o jugar tanto en su pequeña nintendo? Definitivamente, por lo que decidió, y sin pasar ese detalle desapercibido para su reciente compañera de cuarto, guardar su juguete en un cajón a merced del tiempo y el polvo; por lo menos hasta que estuviera sana.
Trató así de hacer su vida lo más normal posible, continuaba levantándose temprano, preparando el desayuno para su pequeño pelusa, yendo a la universidad, creando sus artesanías, trabajando en lo que pudiese para juntar recursos; pero siempre en silencio, necesitaba eso, pues quizás al abrir la boca lo primero que diría sería algo que delatase su estado de tensión y locura actual.
Por otra parte, decidió no insistir en volver a aquel café, mucho menos buscar a ese extraño hombre ¿Qué sacaba? sería darle más importancia a algo que no debía valer tanto la pena, algo que solo era producto de su imaginación; quien sabe, quizás ese extraño también había sido producto de su mente solitaria y deseosa de una vida menos monótona.
Lo que esta joven no se imaginó, que aquel que creyó una ilusión aún seguía de cerca sus pasos. Steven, quien al parecer había optado por el mismo voto de silencio que la morena, apenas y expresaba palabras a sus acompañantes, pues no dejaría por nada del mundo escapar esta oportunidad de llevar el paquete y concretar sus planes.
Si, tenía todo muy bien planeado, más aun estando con los llamados "tontos" del Equipo Rocket, quienes no tenían suficiente capacidad para deducir que lo que él quería, iba mucho más allá que satisfacer las ambiciones de Giovanni.
Pero los subestimaba.
Si algo habían aprendido Jessie, James y Meowth tras años persiguiendo al chico emblema de situaciones anómalas, era que muchas veces las cosas y las personas eran mucho más de lo que a simple vista parecían, y que solían esconder secretos increíbles bajo las sombras del silencio, por lo que sospechaban que su compañero algo se traía entre manos y debían, querían averiguarlo, ya no para complacer por completo a su jefe, ¿para qué? Sabían que aunque no habían tenido el resultado deseado, eran los más fieles y contantes servidores al perseguir año tras año al roedor amarillo, pero nada de eso se recompensó, y aunque ahora les habían asignado una misión más importante, el pelear por el bienestar de su equipo era prioridad, incluso ante la organización; aunque claro, siempre cuidando ser los más discretos ante los ojos de su líder mayor. Sumado a eso, no habían visto rastro de bobos en semanas y perdían las esperanzas de que realmente fuese útil estar en ese mundo extraño.
Claro, hasta cierto día.
Habían seguido los pasos de Helena durante todo el día, de ella y de su jovial amiga que encantada indicaba las vitrinas de la ciudad, llenas de ropas que anunciaban la llegada pronta del verano, a pesar de que Helena poco y nada se mostraba entusiasmada ante el panorama. Definitivamente no era divertido, y Jessie, que en otra oportunidad habría gozado de una tarde de shopping, el andar a la rastra de lo que Steven quisiese hacer o mandarles ya le estaba colmando la paciencia, sumado a que los tacos aguja que traía, ya le estaban matando los pies. Su paciencia casi llegaba al límite cuando James emitió su quejido número treinta con respecto a su apetito y Meowth no se quedaba quiero dentro de la mochila en la cual lo había decidido llevar. Si, ese no era su día y se lo haría saber a Steven.
Pero el hombre no prestaba atención a las lamentaciones de ese trío de tontos, a cambio no perdía movimiento que la morena hacia dentro de cada una de las tiendas que iba visitando. Quería pasar desapercibido, y dentro de sus planes estaba el no querer acercarse a la muchacha, sin embargo, la llegada de ese supuesto novio lo hizo cambiar de planes.
Solo le bastó una mirada rápida hacia el otro lado de la calle para que Helena lo reconociese y Bill no tardase en llegar hasta donde ambas amigas se encontraban.
– No contestas mis llamadas. – fue lo primero que dijo el joven ante la mirada firme que sostenía a muchacha y la incomodidad de su amiga, quien o tardó en encontrar interesante una tienda electrónica, dejando a la pareja a solas – Responde. – Continuó algo exasperado – Va más de una semana…
– ¿Y esperabas, que olvidara así como así toda la sarta de estupideces que me dijiste el otro día? No Bill, eso superó cualquier cosa que me hayas hecho antes, revolviste mis heridas como quisiste y sin remordimiento ¿y vienes aquí a decirme que no te he llamado?.
– Soy tu novio, tengo derecho a saber que hiciste esa semana.
– ¡Tienes acaso una idea de que me pasó después de esa pelea? ¡Ni siquiera te interesa!, tus llamadas apenas son del día de ayer y…
– ¡Mira Helena...! – dijo Bill de manera golpeada, tomándola repentinamente del brazo – Soy tu novio y soy hombre, puedo llamarte cuantas veces quiera y tú debes responderme. Me perteneces y no tienes derecho a que me mires de manera altanera ni me contestes de esa forma. Solo me tienes a mí y yo a ti… sabes que eso no cambiara ¿verdad? ¡Dime!
Una mueca de dolor se reflejó en el rostro de Helena, no tan solo por el fuerte apretón que le estaba dando en su brazo derecho, sino que por el sabor amargo que todo eso ya le estaba formando. Los miembros del Equipo Rocket que aún estaban tras ella, no perdían detalle de dicha escena, siendo la reacción sumisa y temerosa de la morena algo que no pasó desapercibido, mucho menos para Steven, concluyendo que estaba en el momento preciso para comenzar a actuar.
Bill soltó el brazo de la muchacha, al tiempo en que Alexa salía distraídamente de la tienda para acercarse a los muchachos.
– ¿Todo bien?
– Claro – se adelantó en responder Bill ante el silencio de su novia –Helena quiere venir conmigo mañana ¿No es así cariño? –Pero la joven no respondió tratado de ahogar un suspiro que sabía podía provocar un llanto que dudaba poder controlar si iniciaba.
– ¿Pasa algo amiga, estas bien?
– ¡Por supuesto que lo está! –Respondió nuevamente el joven –Es solo… que está cansada. Quizás deban ir a casa. O mejor, Helena podría venir conmigo…
– No es necesario Bill –interrumpió Alexa al ver el afligido rostro de su amiga –Estoy en la casa de Helena, así que me voy con ella.
La morena solo asintió con la cabeza, y tras despedirse con un forzado beso por parte del rubio, ella y su amiga caminaron unos momentos por las calles de la ciudad. Alexa no era tonta, y aunque no tenía pleno conocimiento de la situación, sabía que la relación no andaba bien y que la actitud de Bill era todo menos caballeroso, sobre todo luego de la tensión que vio entre ellos. Pero debía animar a su amiga, ya era suficiente de sufrimientos por causa de él o cualquier otra persona, por lo que, pese a las miradas de protesta de Helena, la forzó a entrar en una tienda de ropa. Comenzó entonces un ir y venir dentro del lugar por parte de Alexa, sacando percheros con vestidos y faldas que consideraba le quedaban bien a su amiga, logrando más de alguna sonrisa por parte de la morena.
–¡Ese te queda estupendo! – dijo alegremente tras ver como su amiga se probaba un vestido rosa de tirantes que le llegaba hasta las rodillas. – Además es tu estilo.
– No lo sé… no puedo pagarlo.
– ¡No se diga más! Voy a arreglar la compra, ¡sin peros! – dijo antes de que Helena pudiese hacer alguna otra protesta, y salió corriendo hasta donde se encontraba una vendedora.
Helena se quedó allí, mirando su reflejo en el espejo de la tienda.
Si, le gustaba lo que veía, amaba los vestidos pero su complicada situación económica no le permitía darse ese tipo de lujos muy seguido. Debía reconocer que le apenaba enormemente que Alexa muchas veces se tomase las molestias de completar su armario, más aun cuando la veía algo triste, pero ya protestar no le servía, conocía a su amiga muy bien y sabía lo terca que podía llegar a ser cuando algo se le ponía en la cabeza. De pronto su vista se posó en su brazo, estaba algo rojizo debido al apretón dado por Bill anteriormente ¿sería sano seguir con eso? Claramente no, y si había alguien a quien culpar de toda la situación vivida la última semana, ese era Bill, por su poca delicadeza y falta de atenciones.
– Supongo que ese tono rojizo de tu brazo no es algo que quieras combinar con ese hermoso vestido rosa.
Esa voz, sin duda, era esa voz otra vez. Apretó fuertemente sus ojos antes de levantar la cabeza y ver a través del espejo los penetrantes ojos celestes de aquel hombre que creyó una alucinación. Aun dándole la espalda caminó unos cuantos pasos a través de la tienda hasta llegar a la vitrina que daba hacia la calle.
–¿No le agrada verme señorita? Que contrariedad, para mí es un placer poder encontrarme con usted en un lugar como este.
Helena suspiró. Definitivamente no estaba loca, era aquel hombre que le había dado el Meowth y otra vez se lo encontraba en un momento de bajeza. Volteó hacia donde él estaba, manteniendo como siempre la mirada firme. Debía preguntar por el muñeco, si él estaba parado frente a ella significaba que nada era una locura, que era real.
–Buscas respuestas, lo sé –se adelantó Steven a hablar, sabiendo bien que la muchacha lo primero que preguntaría sería por el regalo que había escapado de sus manos –y yo te puedo decir que las tengo todas querida, pero debo dártelas en su momento. Por ahora, solo me preocupas tú, tu bienestar, el no ver aquella sonrisa que me regalaste el otro día en el café – Con una de sus manos, recorrió el rostro de la joven casi petrificada ante la cercanía del imponente hombre quien comenzaba, sin vergüenza, a juguetear con su cabello para luego descender por su mejilla hasta sus hombros. –Te conozco mucho más de lo que tú misma crees y se bien que ahora no te estás sintiendo… cómoda en este mundo banal y hostil al que te ves enfrentada.
–Tú… quien…
–¿Quién soy? –Sonrió el hombre al momento en que su mano seguía hasta el cuello de la morena bajando delicadamente hasta su pecho donde descansaba su tan distintiva piedra verde – Soy alguien que quiere apartarte de aquellos dolores terrenales, quien daría su vida por no ver otra vez en tu rostro alguna señal de aflicción a causa de seres inferiores, soy… quien solo quiere que sea feliz…
El sonido brusco de la puerta de la tienda abriéndose, hizo que el hombre desviase su mirada hacia el moreno que dirigía firme su caminar hasta donde se encontraba con la chica, quien no dejaba de ver a Steven de manera ansiosa esperando las respuestas que tanto deseaba. Pero la mano firme del muchacho apartando bruscamente al hombre de su lado hizo que sus ojos nuevamente tuviesen en frente al mismo joven que la persiguió medio bosque hace unos días atrás.
– Déjala en paz – dijo Ash sin querer disimular la molestia y repulsión que le producía tener nuevamente a aquel tipo frente a sus narices.
Steven no tardó en reconocerlo y fugazmente dirigió su mirada hacia unos atónitos Jessie y James quienes observaban la escena a través del escaparate. No pudo evitar fijarse en la pelirroja que estaba a su lado, mirando todo aquello con la misma sorpresa que sus torpes compañeros, y sabiendo que paso debía seguir ahora, sonrió sombríamente al muchacho quien no dejaba de mirarlo con todo el desprecio que sus ojos chocolate podían demostrar.
– Solo hablaba con mi amiga ¿no es así pequeña?
Helena no sabía que decir, más aun si ni siquiera tenía claro como había ido a caer a tan incómoda situación en medio de quienes eran extraños para ella. Comenzó a desviar la mirada en busca de su amiga quien, para su fortuna, estaba buscándola parada frente al espejo donde la había dejado minutos atrás y al verla entre los dos hombres, le hizo señas para que se acercase hacia donde ella se encontraba. Excusándose, Helena se abrió paso entre Ash y Steven, pero este interrumpió su camino poniendo una mano sobre el hombro de la muchacha.
– Recuerde lo que le dije señorita… –y asegurándose que nadie más lo escuchara, acercándosele hasta su oído susurró – …solo quiero que sea feliz… su alteza.
– ¡Ya basta! – Gritó Ash, sin poder pasar desapercibido para el resto de la tienda, apartando de forma aún más brusca a Steven de la muchacha. Alexa se puso alerta y no dudó en acercarse hasta donde su amiga se encontraba, algo asustada, por la reacción de aquel joven, al mismo tiempo en que Misty, Jessie y James, no tardaron en entrar en la tienda tras esta escena, a pesar de que ninguno de los tres sabía muy bien a que se debía tal tensión entre sus compañeros.
– En esta tienda no se permiten pleitos – dijo de pronto un guardia, quien apareció entre los presentes mirando severamente a los dos hombres. – salgan de aquí, si no quieren que me haga cargo.
– No es necesario que me indique el camino señor – habló Steven – además tan solo hablaba con la joven hasta que este entrometido y violento jovencito apareció sin aviso. Creo que debe estarme confundiendo o algo así. En fin – suspiró – me retiro. – y seguido por sus atónito compañeros, salieron de la tienda.
–¡Esperen ustedes dos! –Gritó Misty quien salió tras ellos sin dudarlo, haciendo que Jessie y James frenasen su caminar – ¡Quiero que me expliquen ahora que es lo que están haciendo aquí, quien es ese tipo, y que es lo que están buscando!... y si es algo para hacer sus fechorías ¡les digo de inmediato que tendrán que pelear conmigo primero!
Ambos se miraron con complicidad, hacía mucho tiempo que no veían a la pelirroja, mucho menos eran víctima de su tan fuerte carácter. Si, les emocionaba tenerla nuevamente como rival, a pesar de los años que habían transcurrido y aunque sabían que, lo más probable, ella los mandase a volar, más aun si el mocoso hacía su aparición. Pero a pesar de que morían por una batalla, el anonimato debía ser mantenido.
–No tenemos tiempo para este tipo de cosas – irrumpió nuevamente Steven antes de que alguno de sus compañeros pudiese responder al desafío de la muchacha – Niñita, deberías ocuparte mejor de controlar a tu amigo si es que sabes lo que les conviene, digo, como para que no se meta en pleitos como el de ahora. Nuestros propósitos y lo que nosotros busquemos acá, no es asunto tuyo.
–¡Claro que lo es! – gritó Misty aún más desafiante – ¡Más aun cuando eso involucra a los pokemon de mi gimnasio!
–Ya veo… – dijo el hombre dando un paso más hacia la pelirroja – como lo pensé, tú eres la líder del Gimnasio Celeste… no es un título muy útil para los nuevos tiempos. Aunque, quizás se te de alguna misión si decides, algún día, unirte a nosotros.
–Ni muerta –respondió apretando fuertemente sus puños.
–Ya veremos, –sonrió Steven –quizás cambies de opinión más adelante –y tras decir estas palabras siguió su camino ignorando por completo a la joven pelirroja.
Jessie y James lo siguieron tras darle una última mirada a la muchacha y al moreno, quien se acercaba a la joven tras salir de la tienda. Estaban sorprendidos, no había habido una señal de los bobos hasta ahora y la verdad, no tenían idea como se supone que ayudarían ¿averiguando sus siguientes pasos? Pues no había que ser un genio para saber cuáles serían: entrometerse en todo lo que el Equipo Rocket quisiera hacer.
Mientras Misty se acercaba a unas plantas donde esperaba escondido el roedor amarillo, Ash volvió a mirar hacia el interior de la tienda. A través del escaparate, vio como Helena parecía ser interrogada por la muchacha que la acompañaba, dando como respuestas solo movimientos de cabeza. Parecía algo aturdida, no era para menos si un tipo como Steven había estado acosándola ¿acosándola, cómo sabía él lo que quería con esa muchacha? No estaba seguro, pero, ¿qué más se podría esperar de un miembro de la organización? ¿De ese precisamente?
Desvió su vista hacia el camino que habían tomado los sujetos, aun con los dientes apretados al no poder hacer mayor cosa en dicha circunstancia, deseando haber podido estar en su mundo para poder cortar el problema de raíz, aplastando a esos tipos de una buena vez. Suspiró, sabiendo entonces que la paciencia no era una de sus virtudes y que sin embargo, debía ahora ponerla en práctica. Volvió así a mirar a través de la vitrina, pero para su sorpresa, solo alcanzó a distinguir a la acompañante de la muchacha.
–¿Ashton?… –Irrumpió una tímida voz tras él, haciendo que voltease su mirada, para encontrarse cara a cara con Helena nuevamente.
Se había quitado el vestido rosa y en su lugar llevara unas calzas negras y una polera larga. Lucía descuidada, como aquella vez en el bosque, con su cabello negro y rebelde cubriendo casi la mitad de su menudo cuerpo. No sabía porque diablos, pero parecía que su instinto se había paralizado al tenerla frente, ya sin personas, sin ese estúpido de Steven molestándola.
Un momento, si había personas; estaban en medio de la calle, pero ¿Por qué parecía a su vez que no existía nadie?
–Ashton… si, no hay duda, eres el chico del bosque. – A pesar del dejo de duda en su voz, estaba segura, desde el momento en que lo vio dentro de la tienda. – El mundo es pequeño… no esperé encontrarte otra vez.
–Ni yo… – balbuceó Ash – tú… ¿cómo estás?
–Bien, gracias – Respondió muy segura de sí. A diferencia del maestro, Helena al enfrentarse a este extraño joven se sentía mucho más firme de lo que podría esperar. Era extraño, pero sentía que una rara fortaleza nacía estando ante él, contrario a cuando estaba frente a Bill, o de ese mismo extraño que la interceptó en la tienda. – Por cierto, ¿conoces a ese hombre, sabes donde lo puedo ubicar?
– ¿Te refieres al tipo ese que te acosaba en la tienda?
– Te equivocas, no me acosaba. – Respondió la muchacha cruzándose de brazos – Solo retomábamos una charla anterior, hasta que tú nos interrumpiste.
– Ya habías… hablado… tú y él..
– Supongo que eso no es de tu incumbencia – se apresuró a contestar – solo quiero saber si tú sabes cómo ubicarlo, hay cosas que quiero aclarar y…
– No te relaciones con él – dijo Ash al tiempo en que comenzaba a caminar hacia la morena. – Por favor… ese tipo no es de fiar. No me preguntes como sé esto, pero solo no te metas con él.
Helena pudo sentir como se clavaban los ojos chocolate del muchacho sobre ella, causándole calosfríos a través de la espalda. ¿Quién era él, porque le advertía cosas sin sentido? Pero lejos de sentirlo como un molesto entrometido, que era lo que precisamente su mente le gritaba, los ojos del muchacho denotaban la misma bondad que la había dejado paralizada unos instantes aquel día en el bosque, y lo peor de todo, sinceridad en eso gestos de preocupación hacia ella, una completa extraña.
Porque eso eran, extraños.
–¡Helena! – Gritó Alexa, quien la esperaba a unos metros de distancia –¡Apresúrate es tarde!
–¡Es verdad! Debo irme. Fue un placer… nuevamente.
En vano Ash trató de balbucear un escuálido espera, pues ante la insistencia de su amiga, Helena solo dio la espalda al maestro y salió corriendo de aquel lugar, esfumándose entre la gente que transitaba por las calles ignorando casi por completo la escena que todos vivieron allí, tal y como Ash los había ignorado, por lo que no fue raro el que se encontrase de pronto sorprendido al ver como la chica desaparecía entre ellos.
Pensó que no era una mala idea seguirla, por lo menos sabría donde poder ubicarla después, y quien sabe, continuar hablándole por muy inútil que ello pareciese en ese instante. Pero ni un paso alcanzó a dar, pues la voz de Misty interrumpió su camino, devolviéndolo a la realidad, recordándole que no estaba solo en todo esto.
– Supongo que te diste cuenta… – Ante la negativa distraída del muchacho, la pelirroja suspiró y observó hacia donde la joven se había marchado – Ash… el collar de esa chica… era igual a la piedra que tenía el profesor en su laboratorio.
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Desde que todo había comenzado, el ambiente en la liga pokemon se sentía cada vez más denso, haciendo que el común aire jovial y familiar que se respiraba en el edificio que albergaba a los altos mandos de mundo pokemon, desaparecieran a medida que los días pasaban, y las crecientes dudas sobre la desaparición de uno de los mejores maestros de la liga generaban constantes rumores, muchos de los cuales lo responsabilizaban de los robos pokemon.
Para Samantha eso era especialmente incómodo, pues cada mañana más y más miradas curiosas y mal intencionadas eran dirigidas a la rubia que, de un tiempo hasta ahora, solo se limitaba a pasar directo al ascensor que la dirigiera hasta el piso donde estaba su oficina, sin mirar a nada ni nadie.
Dentro de los mismos miembros de la elite, el ambiente no era mejor. Había perdido la cuenta cuantas veces había sido interrogada por algún maestro sobre el paradero de su amigo, pero ahí seguía, firme como una roca y callada como tumba, haciéndose la desentendida y demostrando sorpresa cada vez que aparecía uno que otro antecedente que por lo general, resultaba ser falso.
Que lo habían visto en Sinnoh, en Hoenn, las islas naranja ¡falacias! ella sabía bien que su amigo, ya no estaba en una región conocida y dominada por la elite.
Pero lo que más le molestaba, era su casi certeza de que dentro del alto mando, alguien servía además a la organización y lo que era aún peor, saboteaba a los maestros. Ya no eran raras las ocasiones en que al llegar por las mañanas había alguien hablando sobre el ataque a uno de los maestros, lo revuelta que había amanecido alguna oficina, o como desaparecían misteriosamente, informes hechos sobre los gimnasios o los entrenadores de las regiones. El mejor ejemplo fue cuando, cierto día, había llegado y encontró la oficina de Ash revuelta por completo y ningún rastro de sus reportes desde que había llegado a la liga pokemon.
Fue considerando peligroso y turbio que todo se estaba volviendo, cuando un día, a casi un mes de la ida de Ash y Misty, Sam decidió entrar en el edificio por la noche, e investigar el recinto por su cuenta.
Esperó pacientemente a que lo ocupantes del edificio salieran, hasta que solo quedaron un par de nocheros, ocupados de la seguridad del edificio. Con su largo cabello atado en una moña, y completamente vestida de negro con el objetivo de escabullirse con mayor rapidez.
Sacó una pokeball que reveló un simpático Venonat al que no dudó ordenarle ejecutar somnífero, haciendo caer en un profundo sueño a ambos guardias del lugar.
Guardó entonces a su pokemon y lo cambió por un pequeño Spinarak, quien con su disparo demora iba tapando cada una de las cámaras de seguridad en su camino, dejando el paso libre para que ella caminase sin inconvenientes hasta su propia oficina para poder iniciar desde ese punto su investigación.
Accedería desde su computadora a toda la red, así podría ver lo que cada quien archivaba, y descubrir si alguien más había estado hackeando la red en los últimos días. Como sea, descubriría quien estaba tras esto y que mejor que las propias computadoras para poder hacerlo. Si había algo del que se podía jactar, era que la maestra tenía una gran habilidad con las computadoras, envidiable por decir lo menos, que le daba una suma ventaja para acceder a archivos clasificados y cámaras de vigilancia.
Nuevamente cambió de pokemon, y eligió a un Wezzing para que vigilase la entrada mientras ella ejecutaba su tarea. Insertó un pequeño pendrive en la computadora, tras lo cual muchas ventanas aparecieron en la pantalla, mostrando una cantidad enorme de carpetas que hacían que los claros ojos de la muchacha se moviesen de un lado a otro buscando información. Allí estaban, cada una con los nombres de los distintos miembros del alto mando, Cory, Martha, Dave, Ash, Samantha… Lance. Fue entonces cuando sus ojos se posaron en una de las carpetas presentes en la parte del líder, en la cual la palabra miembros sobresalía de todas las demás, cuyos archivos no despertaban sospecha alguna. Hizo doble click e ingresó para toparse con la solicitud de una clave, pero sus habilidades de hacker eran superiores, entonces ingresando un código, y presionando un par de teclas de más, logró acceder.
–No puede ser…
Su murmullo apenas audible fue interrumpido por su Weezing, quien flotando se acercaba a la muchacha, alertándole así que ya no eran los únicos en el lugar. Rápidamente Samantha guardó la información y apagó de golpe la computadora, pero ya sin tiempo para poder salir de la oficina, optó por ocultarse bajo un escritorio al tiempo en que guardaba a su pokemon en su respectiva pokebola.
– Quizás podamos encontrar algo en la oficina de la chica – oyó decir a una voz masculina extrañamente familiar –e s obvio que ella oculta el paradero del maestro estrella, aunque lo niegue.
– Son muy amigos como para no saber absolutamente nada – respondió una voz femenina, que se notaba peligrosamente cercana de la puerta a su oficina – ambos son muy amables para ocultarse cosas entre ellos... no sé si me entiendes.
Vio con nerviosismo como la manilla de su puerta se giraba lentamente para dar paso a ambas personas que antes conversaban a las a fueras del lugar. Observó desde su escondite, casi con la respiración contenida, como los pies de los hasta ahora anónimos personajes, se movían de un lado a otro en su oficina revolviendo papeles, libros y cajas, dejando todo disperso.
–No sé qué tan productivo sea –dijo la mujer –ya la otra noche registramos todo ¿Qué nos dice que encontraremos algo hoy?
–Esta chiquilla ha estado extraña los últimos días y lo sabes… además el jefe está casi seguro de que la desaparición de nuestro querido Ash Ketchum, tiene que ver con lo que él anda buscando y debemos hacer todo para sacarlo del camino antes de que se nos adelante.
– Pero, en ese caso ya sabemos en dónde está.
– Si… pero ahora debemos saber cómo comenzar a destruirlo y no tan solo a él. – habló el hombre a medida que caminaba por el lugar, con sus pies sumamente cerca de la escondite de la rubia –Sabemos que Samantha tarde o temprano nos puede llevar hasta su familia, y mejor aún, sus viejos amigos. Por muy huraño que sea Ash, no creo que haya olvidado a quienes lo llevaron hasta donde está hoy. Y ya sabemos que ellos pueden ser clave en todo esto. Pero ya basta de charlas, aun debemos revisar ciertos asuntos que de día, no se puede… tú lo sabes bien linda.
Las palabras dichas por el hombre sorprendían cada vez más a la maestra, las cuales fueron abruptamente interrumpidas por el sonido de un objeto cayéndose al piso y rompiéndose al instante. La mujer se agachó a recogerla antes el temor que sintió Sam de ser descubierta por los intrusos, pero al ver entre las sombras la cara de la mujer, supo de inmediato de quien se trataba.
Quizás, el no poner atención a los detalles era el gran problema que estaban teniendo ella y todos los demás chicos involucrados, pues, si hubiese observado mejor, si se hubiese percatado de cuan poco sabía de una de las personas más comunes y que más acceso tenía a las dependencias, quizás había deducido lo obvio que era que la amable secretaria estuviese inmiscuida en todo aquello.
Ahora todo calzaba, ahora ya sabía que ella era una más de los que estaban destruyendo todo.
– Vamos linda, no te detengas – dijo la voz masculina. Debemos registrar mi oficina, sabes que el jefe debe ser una víctima más de todo esto.
Entonces todo estaba claro, lo que había encontrado en la computadora, la falta de acción, porque esta mujer de la noche a la mañana había ocupado el puesto sin que Lance le hiciese una evaluación más profunda, a pesar del peso que tendía su trabajo
Lance, finalmente, era uno de ellos… aunque no quisiese creerlo.
A penas sintió como se trasladaban ambos personajes, se movió lo más rápido posible de su sitio. Debía salir de allí, si era descubierta… no quería pensar cómo podrían actuar. Observó a lo lejos como ambos personajes estaban concentrados en sus labores y tratando de ser lo más sigilosa, se dispuso a salir del lugar, pero un paso en falso hizo que tropezara con una pequeña mesita alertando de su presencia.
Los segundos que pasaron esperando a que saliesen a detenerla fueron eternos, hasta que una ráfaga de viento la sacudió por sorpresa, tumbándola contra la pared.
–¡Swellow, usa picotazo! – ordenó la mujer mientras su pokemon se aventaba rápidamente contra el rostro de la Samantha quien apenas y lograba reponerse del fuerte golpe.
–¡Spinarak ve! –gritó Sam al momento en que su pequeño pokemon araña salía de su pokebola–¡usa picotazos venenosos! –una gran oleada de espinas brillantes atacaron al ave, dándole tiempo a la mujer para poder levantarse, tomar a su pequeño arácnido y correr lo más rápido por las escaleras del lugar – ¡Weezing, usa gas para cubrirnos! – el pokemon hizo su aparición y cubriendo todo de gas, nublando la vista del pokemon ave y su dueña, al mismo instante en que Lance salía de la oficina en la dirección que creía lo llevaría hasta las escaleras. Debía atrapar al intruso, pues estaba seguro, ya sabía demasiado.
Samantha no dejaba de correr y por primer vez maldijo que el piso de maestros quedase en el catorceavo piso, aun así, corría a todo lo que sus delgadas piernas le daban mientras, flotando a toda velocidad, Weezing lanzaba una y otra vez ataques de gas tratando de confundir a su perseguidor.
–¡Dragonite, usa velocidad y atrapa al intruso! –escuchó tras ella con pánico ¿Qué opción tenía? Sabía que el Dragonite de Lance era uno de los pokemon más poderosos de país, y que por mucho gas que esparciera su Weezing, el dragón los encontraría más temprano que tarde.
Fue una decisión de segundos. Se detuvo abruptamente frente a una ventana que iluminaba tenuemente el oscuro trayecto, escaleras abajo, y aun faltándole diez pisos por recorrer, guardó su pokemon, y cerrando fuertemente sus ojos, se aventó hacia el vacío. El pokemon dragón al verla realizar tal acción, se detuvo abruptamente para recibir segundos más tardes a su entrenador. Lance corrió hacia la ventana, y a lo lejos vio como un pokemon volador sacaba a una persona del lugar.
–Escapaste por ahora – murmuró el hombre –pero algún día tendremos que volver a vernos…
–¡Lance! – Gritó una mujer tras él – ¿pero quién…? ¿Escapó?
– Tranquila, ¿no es obvio quien era nuestra visita? Avisaremos a la organización de inmediato… –se disponía a regresar por las escaleras, cuando un resplandor desde el piso llamó su atención. Se inclinó un poco para poder recoger aquel delicado objeto que yacía olvidado tras la fuga de su propietario, y tras observar por unos instantes cada detalle de la pequeña medalla dorada, supiró pesadamente y observó nuevamente el horizonte que ya ni rastros tenía de la huida de ese intruso
– Perdóname… pero hemos elegido caminos diferentes – murmuró Lance.
Ya lejos del lugar, Samantha yacía sentada en el césped de un parque. Sollozaba. Miró a lo lejos el edificio del lugar, sabiendo perfectamente que esa sería la última vez que habría pisado ese lugar. No había tardado mucho en darse cuenta de que su medalla había caído al piso en medio de todo ese caos, y si alguien la había encontrado, si él la había tomado, no tardarían en saber su identidad.
Esa noche para ella había sido el doble de dolorosa. Comprobar que por lo que luchó, sus ideales y su sueño de estar en una organización pokemon así de importante, era una simple y corrupta mentira, sus propios compañeros eran unos traidores y que el peligro era mucho más grande de lo que pensaba.
Además, perder con esa cadena, al único hombre que había amado y admirado como a nadie, resultando ser el peor traidor de todos.
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Como siempre, mis agradecimientos a mi querida beta Andy, por corregir este mega hiper archi gigantesco capítulo… Confío en su revisión (porque en la mía, con lo copada que estoy, veo letras donde no las hay y pongo de más en otras partes xD) Lo lamento si fue muy largo, pero hay cosas que quiero que pasen ya, para que esto no se extienda tanto ni se haga aburrido. Debemos pasar pronto a la parte de la acción, ¡antes que las ideas se me arranquen!
Bueno, trataré de tener pronto el capítulo 10 y 11… los tengo escritos, pero en un desorden horrendo… pero ya existen jajajaja
En fin... como siempre mis agradecimientos a tooodos los que leen esta historia… y como siempre pido paciencia; me he tomado mi tiempo para desarrollar bien esta idea, pero ya está en tierra derecha (bueno, casi), y… ya podrán odiarme con toda libertad (¿?) jejeje… ahora, si se están preguntando por el pokeshipping… pido más paciencia aún, llegará... quizás… algún día… pero llegará xD Estos capítulos estarán un tanto centrados en Helena, puesto que, como se darán cuenta, es una pieza clave, pero no significa que le quite protagonismo a Misty o Ash, al contrario, ya llegará su momento, como también de otros personajes para los cuales tengo planes.
Los reviews serán respondidos pronto… solo que hoy lo dudo, ¡estoy muy agotada! (culpen a la universidad, ella es la culpable de todos mis males eeeh!)
Muchos saludos a todos y nos estamos leyendo! :D
