10. Smoke
Anduvo por las calles de la ciudad, entre aquellos edificios por los que otras tantas veces había caminado, con el cigarrillo apretado en los labios, tragando el pútrido humo que le intoxicaba, hasta que decidió volver a la Bebop, el lugar al que había demorado volver. Sabía que Jet le interrogaría sobre lo ocurrido aquella noche y también sabía que no había respuesta para aquello. No había nada que contestar a las concisas preguntas que de seguro el ex-policía le haría o quizás, no se trataba de eso y el simple hecho de pensar en responderlas no le apeteciera ni un ápice.
Qué decir cuando él no había ido a detenerla ni había tratado de disuadirla de un modo convincente, si no más bien se había enfrentado a ella, como si hasta en aquellos momentos solamente aquella actitud era la que podía adoptar. Siempre opuestos, siempre en bandos contrarios aunque lucharan codo con codo, y aquello no había disminuido ahora, más bien se había acentuado.
Que había cierta rivalidad entre ellos, ya no era más una incógnita, si no algo evidente. La hostilidad hacia él se había hecho más palpable con cada nuevo encuentro. Y no era que se preguntara el porqué y le diera mil vueltas al asunto, simplemente no lo hacía, rebuscar en su pasado era algo que se le antojaba complicado. Lo había dejado atrás, o eso era lo que se suponía que había que hacer con ello, aunque Spike nunca había sido bueno en ello. Sus decisiones le habían perseguido siempre de una u otra manera.
Cuando llegó a la Bebop se dirigió a la sala de mandos que permanecía vacía en la semioscuridad que le permitía las luces del puerto. Se apoyó contra uno de los cristales, guardando el encendedor que había utilizado para prender un nuevo cigarrillo mientras observaba el constante parpadeo de las pantallas de navegación. Aún cuando estaban estacionados como ahora, el ordenador de abordo tenía que ocuparse de las numerosas tareas que suponían tener aquella nave con las mismas comodidades que si se tratase de un edificio construido de ladrillo y no del cascarón de nuez que era, sin embargo aquel lugar hacía de veces de casa, con lo cual había que ocuparse que el sistema de refrigeración funcionase, las comunicaciones fueran bien y de otras tantas cosas.
- Fumas demasiado Spike, acabará matándote – Dijo Jet entrando por la puerta.
Spike sonrió de medio lado, como si él no fumara también como un carretero, aunque tenía que admitir que desde que llegara de regreso a la Bebop su perjudicial costumbre se había vuelto más habitual, casi tan rutinaria como el respirar, o más bien el no sentir el sabor amargo del tabaco con cada exhalación era lo inusual.
- Hay que morir de algo¿no? – Le respondió con gran convencimiento, como si quizás esa fuera la única forma que tendría de lograrlo.
Jet asintió sin querer pararse a pensar en ello, sentándose en uno de los taburetes de la mesa de shogi que esperaba largamente olvidada. El ex-policía había abandonado el hábito de jugar, ya que el tiempo transcurrido sin Spike le habían privado de su compañero de juego, que aunque no solía poner mucho interés en ello, aún así era un rival duro de roer. Cuando volvió Ed pudo haber aprovechado su extraordinaria habilidad en el ajedrez para canjearse un oponente a la altura, pero la muchacha no era muy ducha en las reglas del shogi, por mucho que pudieran parecerse a las de la ajedrez, así que desechó esa idea. Incluso pensó como último recurso enfrentarse con Ein, pero ese postrero pensamiento le hizo desistir por completo de dicha actividad, corría serio peligro su salud mental, sobre todo si éste le ganase. Así que comenzó a tomar afición por los solitarios, al fin y al cabo, era el juego de cartas preferido por los cazarrecompensas.
Lanzó una mirada de reojo a las fichas descoladas del tablero, percatándose que no lo estaban tanto, sino que todavía guardaban la posición de la última partida que intentó jugar contra él mismo. No pudo evitar una sonrisa al acordarse de ello mientras sacabainconscientemente un cigarrillo del bolsillo delantero de su peto, olvidándose momentáneamente de su anterior advertencia.
Spike, que le observaba en silencio, se adelantó al siguiente movimiento del otro y le lanzó el encendedor sobre la mesa, resbalando por la superficie hasta golpearle suavemente en la mano. Éste levantó la vista hacia su compañero y devolviéndole un pequeño gesto de agradecimiento, encendió su cigarro.
- ¿La has visto? – Preguntó de pronto mientras soltaba el humo por la boca a la vez que leía de reojo el nombre de la propaganda del local al que pertenecía el mechero antes de retornárselo a su dueño – Me refiero a Faye – Aclaró.
- Ya sé a quien te refieres. – Le respondió Spike cogiendo al aire el encendedor.
-¿Y bien? – Inquirió Jet acomodándose en la silla.
Spike exhaló lentamente, tomándose su tiempo para liberar el humo que se le había quedado atrapado en la garganta y que luchaba por salir de forma desordenada.
- Sí – contestó por fin – Puede decirse que la he visto.
Pero no desveló nada más, esperó que Jet le preguntara, que adoptara su rol mientras él conseguía que el aire retornase a sus pulmones.
- ¿Y ha entrado en razón? – Preguntó inocentemente el cazarrecompensas como aquel que todavía cree en los Reyes Magos.
Spike a punto estuvo de soltar una carcajada, pero no una que suelta una persona cuando explota de risa, sino una de incredulidad y cargada de sarcasmo, sin embargo no lo hizo.
- No – contestó en cambio con voz grave.
- ¡Pero Spike! – Exclamó Jet casi reprendiéndole, casi como si verdaderamente hubiera esperado en algún momento que él pudiera conseguir aquello.
- Deberías saberlo, no va a parar simplemente por algo que yo pueda decirle. – Respondió Spike con cierta contrariedad en su rostro.
Jet se quedó pensativo, buscando un argumento para rebatirle hasta que encontró el más peregrino que jamás pensó que pudiera ocurrírsele, quizás por no querer pararse a pensar que aquello no tenía solución.
- ¿Y dónde está tu poder de persuasión? – Alegó – ¿No eras tú el que decías que siempre hay una forma de lograr las cosas?
- Confías mucho en mí y tendrías que saber que yo no tengo ninguna influencia sobre Faye. – Le respondió con desgana, pero acto seguido echó una calada al cigarro cuya punta se iluminó inusualmente vívida durante varios segundos debido a la efusividad de la inhalación.
- ¿Estás seguro de eso? – Insistió el otro con tiento – Tú siempre fuiste alguien en el que Faye…
- Créeme – le cortó – me lo ha dejado bien claro.
Jet le miró, estaba completamente serio aún cuando no podía escudriñar totalmente su rostro ya que permanecía en sombras debido a la luz que incidía por su espalda dejando en penumbra todo lo demás.
- ¿Y qué vamos a hacer? – preguntó con cierto aire de resignación comprendiendo en parte a lo que se refería Spike. En el aeropuerto él también había sido sujeto de la indiferencia de Faye, a pesar de que solamente quería explicarse sobre ciertas cosas ella había preferido no escuchar y alejarse como la lluvia pasajera que con el soplar del viento su rastro desaparece tan pronto como llega.
- No hay nada que podamos a hacer – Determinó Spike irguiéndose un poco sobre el cristal en el que permanecía apoyado.
- ¿¡Cómo!? – Exclamó Jet empujando sin querer una de las fichas de la mesa de shogi que cayó seguidamente al suelo.
- Faye ya es mayorcita y no va a atender a razones, nunca lo ha hecho y no lo va a hacer ahora.
- Pero debemos advertirla del riesgo – replicó – debe comprender el peligro que…
- Sus ojos – Le volvió a interrumpir Spike incorporándose del todo. A su espalda una estrella solitaria cruzó el firmamento mientras el resto permanecían tan estáticas como siempre en la relativa calma del universo.
- ¿Qué? – Preguntó Jet extrañado por las palabras del otro.
- No hay nada. Están vacíos.
- ¿Están vacíos? – Repitió el fornido cazarrecompensas sin darse cuenta que lo hacía.
- Si había algo, alguna afección por alguien o por la tripulación, hace tiempo que la dejó atrás.
Jet quedó pensativo, en silencio, taciturno mientras el radar que siempre permanecía encendido emitía continuos pitidos. En el fondo debía admitir que no le asombraba del todo, aquella gelidez en su mirada no podía ser solamente simple resentimiento, era algo más profundo y a la vez más inescrutable, y quizás sí tenía razón Spike, era indescifrable porque detrás no había nada, porque no había nada que desvelar o quizás no la tuviera, eso no lo sabía con certeza.
- Les ha robado un cargamento del nuevo Red Eye, de un Red Eye experimental. – Añadió Spike recogiendo la ficha de shogi del suelo y dejándola de nuevo sobre el tablero.
- ¿Cómo? – Salió de su ensimismamiento el otro, confundido por la noticia, aún a pesar de estar convencido de que nada le sorprendería ya sobre el comportamiento de Faye.
- Creo que los Red Dragon están teniendo problemas en controlar su mercado. Hay ciertos tímidos intentos por adentrarse por parte de los White Tiger. – Dilucidó Spike suspirando ligeramente. Hacía tanto tiempo que no pronunciaba aquellos nombres que había llegado casi a olvidarles, si es que eso pudiera ser posible, y sin embargo, ahora de nuevo volvían a sus labios como si nunca le hubieran abandonado, como si el tiempo trascurrido en realidad no significase nada y fuera no más que un segundo en la eternidad del universo.
- ¿Pero no habían firmado un acuerdo de cooperación? – Preguntó el ex-policía haciendo memoria.
- No llegó a consolidarse – aclaró su compañero, pensativo – su cabecilla murió y todo quedó en agua de borraja.
Jet recordó de repente del asunto al que Spike hacía alusión. Vicious había sido el responsable de tenderle una trampa tanto al líder de los Tigres Blancos como a Mao Yenrai, lo que acabó con la vida de ambos y también con aquella incipiente relación.
- Quizás estén pensando que una nueva droga les dará de nuevo el control – Dedujo Jet, bastante acostumbrado a la dinámica de las bandas mafiosas debido a los años de experiencia en su anterior trabajo.
Spike asintió con la cabeza mostrando su acuerdo.
- A lo mejor podemos averiguar algo sobre ello. – Continuó Jet mientras se levantaba de su asiento con decisión.
- Déjalo Jet – Desechó Spike – ¿De qué serviría?
Pero éste se volvió al sillón de mandos encendiendo la pantalla de comunicación. Antes de que Spike pudiera volver a hablar la cara de Bob apareció en el cristal. Aquel antiguo colega de Jet era tema recurrente en cuanto necesitaban información más sofisticada de lo habitual y Jet no sabía que haría si no fuera por él, pero a decir verdad, tampoco es que fuera una relación unilateral y este último fuera el único que sacara provecho si no que se trataba de un intercambio mutuamente satisfactorio, así que ninguno podía quejarse mucho.
- Ey, Jet¿cómo van las cosas? – Le saludó efusivamente mientras dejaba en la mesa el vaso de café que tenía en la mano.
- Tirando, como siempre. – Le respondió Jet sonriendo - ¿Y tú?
- Aquí…trabajando.
- Sí, sí, ya veo como trabajas. – Replicó Jet haciendo alusión al café que se estaba tomando.
- Si lo dices por esto – contestó el otro señalando al vaso – no es más que agua para mis venas. Ah, por cierto… - recordó de pronto – ¿ya hablaste con aquel tipo?
Éste se refería al agente de la ISSP sobre el que había facilitado información a Jet la última vez que hablaron.
- Sí…sí…bueno... – Respondió dubitativo Jet mientras se rascaba la nuca. Había prometido a Clive que no le delataría, así que intentó desviar el asunto lo más rápido posible sin que se notase demasiado, aunque no era muy disimulado que digamos – Bueno…oye…quería preguntarte si la ISSP tiene noticias de una nueva droga en el territorio chino.
- ¿Eh¿Una droga nueva? – Pensó Bob durante unos segundos – Que yo sepa no tengo noticia de algo así.
- ¿Estás seguro? - Insistió el otro – ¿Ni un camello al que le hayáis incautado algo fuera de lo habitual?
Sabía que aunque la ISSP no se metiera directamente con los Red Dragon, los traficantes o los distribuidores que no pertenecían a la banda sino que solamente eran un apoyo externo, podían ser susceptibles de ser atrapados. Y de hecho, aquellos pobres eran los que cargaban con la culpa de los otros.
- Umm – dijo el policía haciendo memoria – Ahora que lo mencionas, hace unos días encontramos en un apartamento donde hubo un tiroteo restos de una droga que no se correspondía con el Red Eye habitual que suelen vender los Red Dragon. Bueno, la verdad es que había toda una amplia gama de drogas para elegir, pero ésta que te digo estaba modificada en su combinación con una variedad de cactus.
- ¿De cactus? – repitió Jet asombrado - ¿Estás de broma?
- A estas horas nunca bromeo, estoy demasiado cansado para pensar – Se rió Bob mientras su ex–compañero esperaba que continuase.
- A ver – prosiguió – ¿cómo se llamaba? No me acuerdo…- Y comenzó a mirar entre un montón de informes que permanecían apilados en la mesa que se encontraba a su izquierda hasta que por fin sacó uno de ellos, que abrió hojeando su contenido – ¡Ah! Sí, Lophophora williamsii.
La cara de Jet adoptó una expresión de incomprensión durante varios segundos hasta que su compañero habló.
- ¿Peyote? – demandó Spike, extrañado, desde el lugar en el que se encontraba, algo más alejado de la pantalla.
- ¿Peyote? – repitió Jet al segundo una vez que Spike se había encargado de traducir al castellano el nombre científico.
- Sí, muy bien – Confirmó Bob leyendo en las hojas.
- ¿Pero eso no es una droga de por sí? – preguntó Jet moviéndose en su asiento.
- Bueno, según pone aquí sus efectos secundarios no suelen ser muy agradables, vómitos, dolor de cabeza, diarreas, etc, etc,…con lo que no suele ser muy adictivo que digamos. – Aclaró el policía volviendo a quedar en silencio mientras revisaba el resto de la información. – Según los investigadores, esta nueva variedad no crearía esas consecuencias adversas y sería asimilable por el organismo produciendo su efecto alucinógeno sin ningún inconveniente para el hombre.
- Creía recordar que en la actualidad estaba casi extinguido – Comentó Jet no muy seguro del todo.
- El grado de sobre recolección a la que fue sometida la planta añadido al largo periodo de tiempo que necesita para alcanzar una perfecta maduración la hicieron casi desaparecer, aunque todavía en determinados grupos sigue conservándose su usanza pero mayoritariamente como uso ritual.
Bob cerró la carpeta marrón que contenía el informe y volvió su vista a la pantalla.
- Eso es lo que te puedo decir, pero de momento se baraja la hipótesis de que sea solamente un experimento casero, nada de qué preocuparse. No tenemos noticias de ninguna compraventa entre los camellos que últimamente hemos arrestado y tampoco se pudo averiguar nada del único superviviente del tiroteo porque estaba tan alucinado que en vez de llevarle a la cárcel hubo que internarle en un psiquiátrico, el tío no salía de su estado y no hacía más que referirse a espíritus malignos que le acechaban. Un caso, que te voy a contar. Estos drogadictos se meten tantas cosas que al final acaban mal, a saber cuanta mierda había mezclado para llegar a ese estado.
- Tienes razón…
- Un momento, Jet – le interrumpió – me llaman por la otra línea, espera un segundo.
- No, no, déjalo – desechó Jet que ya había obtenido más información de la que había imaginado – no te molesto más. Muchas gracias.
- A ver cuando nos tomamos unas cervezas – Propuso aquel mientras se llevaba el intercomunicador a la oreja.
- Llevas diciendo eso no sé el tiempo, así que invitarás tú¿no?
- No soy yo el que gana recompensas millonarias – Alegó Bob echándose una última carcajada.
- Muy gracioso – Protestó Jet y la pantalla comenzó a crujir con aquella mezcolanza de grises, blancos y negros, hasta que la apagó.
La habitación quedo en silencio, ninguno de los dos comentó nada, tampoco sabían muy bien qué decir y pensasen lo que pensasen lo mantuvieron para sí hasta que la pequeña hacker irrumpió de repente en la sala de mandos con un plato en la mano seguida de Ein que se subió en uno de los taburetes de la mesa de juego y atrapó una de las fichas en su boca.
- La cena ya está lista – Dijo con aquella voz resuelta levantando el plato hacia los dos.
- ¿Y se puede preguntar de qué se trata? – Curioseó Spike acercándose a la comida.
- Tortilla de patatas. La he hecho yo sola.
- ¿Has entrado en mi cocina? – Preguntó indignado Jet previendo lo que seguramente sería un desastre.
- Alguien tenía que ocuparse de la cena. Pero si no querer, Ed y Ein se la comerán, ummm. – Respondió la chica desapareciendo como un rayo.
- Oye, una cosa, Jet – demandó Spike antes que Jet saliera detrás de ella – ¿las tortillas no tienen forma circular?
- No preguntes – Le respondió resoplando mientras salía a comprobar el estropicio de la chica.
Spike le siguió justo detrás. En la mesa, el perro dejó la ficha que había cogido entre los dientes, bajó la cabeza y con un saltito salvó la distancia hasta el suelo para alcanzar a los dos cazarrecompensas y ponerse entre medias.
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Parecía mentira que las estrellas se pudieran ver tan brillantes en aquella selva de ladrillos y cemento, pero no era del todo extraño que eso sucediera cuando te acercabas al puerto, pero no a la zona comercial, sino a aquella de gran barullo por el día pero silenciosa por la noche, ya que se trataba de los muelles de carga y descarga, cuya actividad solamente se desarrollaba a la luz del día. Concretamente aquella zona era la reservada a los enormes hangares en donde confluían las mercancías que se almacenaban temporalmente con algunas de las naves de carga que descansaban a la espera de reanudar su trabajo. Al otro lado de estas edificaciones, solamente el mar cuyas aguas brillaban oscuras y se mecían y golpeaban contra el casco de las embarcaciones que allí había atracadas.
Incluso parecía que la tranquilidad reinaba en aquel lugar, todo tan calmo y quieto, si no fuera por unos pasos. Aquellos pasos. Los pasos que nunca se perdonaría haberse atrevido a confundir con los de aquel ex-policía de grandes dimensiones con el que había coincidido en el almacén abandonado. Ese día, daba por hecho que era ella quien reclamaba su presencia y no se detuvo en darle vueltas, simplemente ni se paró a detenerse en fijarse en ellos. Pero hoy, les reconocía perfectamente, un paso tras de otro, firmes y constantes. Y ahora cruzarían la esquina.
Y allí estaba, Faye. Tan normal y a la vez tan perfecta, tan cerca y a la vez tan lejana, reina de su propia inmensidad. Buscó con la mirada sus ojos, aquellas frías esmeraldas que otras veces había observado, en los que siempre buscaba tratando de descubrir algo de ella, tratando de conocerla, mas era imposible obtener nada por esa vía. Revisó su indumentaria, nada había cambiado, la sobriedad de su ropa concordaba con la actitud que destilaba. Quien dijera que ella necesitaba algo de alguien estaba equivocado, era tan autosuficiente que impresionaba la manera en que no le asustaba nada, en la que buscaba la soledad, en la que no permitía que nadie se acercara. No era ella quien le necesitaba, era ella quien le permitía ayudarla.
Se paró en frente suyo, a poco más de dos metros. Clive no dijo nada, por una vez esperó que Faye fuera quien comenzase la conversación, si es que se pudiera denominar así el parco intercambio de palabras que sostenían habitualmente. Faye, sin embargo, tampoco dijo nada. Se quedó parada con las manos metidas en los bolsillos de la cazadora esperando que fuera él quien lo hiciese, demostrando una vez más que era ella quien llevaba la situación y que él nunca lo haría.
Clive lo percibió y acostumbrado como estaba a la forma de actuar de Faye rompió el silencio con un no muy convencido hola.
- Hola – Le devolvió la cazarrecompensas con voz queda tomando por sorpresa a Clive que no esperaba contestación. Sin embargo, toda la amabilidad demostrada por Faye se rompió cuando volvió a hablar:
- A ver¿qué es lo que tienes para mí?
Clive se sonrió, no podía ser de otra manera. Ella siempre iba directa al grano como si cualquier segundo de su tiempo fuera demasiado valioso como para compartirlo con alguien, renegando cualquier compañía, al menos eso le hacía pensar que no era sólo su presencia la que desdeñaba
- Solamente quería saber si estabas bien – Dijo obviando que aquello la importaba un comino.
Y en efecto, Faye entrecerró los ojos en un intento de que él supiera lo que pensaba de su estúpida preocupación.
- ¿No he vuelto a coger el teléfono y he accedido a venir a aquí¿Eso no te tendría que hacer pensar que estaba viva? – Tradujo en palabras la ironía de su gesto.
- Quería comprobarlo en persona. – Respondió Clive sonriendo.
- No podía ser de otra forma – Menospreció la joven – Una tontería más.
Normalmente con esas palabras se hubiera dado la vuelta dejándole claro que se largaría sino empezaba a desembuchar cuanto antes, pero no lo hizo, se quedó parada esperando. Por eso le gustaba, porque nunca sabía cuando iba a decidir romper la rutina o cuando comenzar a seguir una.
- ¿Sabes que el poli que preguntaba por ti se llama Jet Black y que era un antiguo agente de Ganímedes? – Soltó de pronto Clive.
Faye no respondió, permaneció estática como si de repente se hubiera convertido en piedra.
- ¿Cómo no ibas a saberlo – prosiguió Clive – si era antiguo compañero tuyo? De ahí que no le dieras ninguna importancia a mi advertencia. Qué poca consideración por tu parte no decírmelo, con lo íntimos que somos. – Bromeó ante la impasibilidad de Faye.
- ¿Quieres una escuchar una recomendación? – Le preguntó ésta obviando las palabras de Clive.
- Como no – Accedió el otro remangándose unas de las mangas de su gabardina.
- No deberías meterte en asuntos ajenos, acabarás muy mal como sigas por ese camino.
- ¿De veras? – dijo en tono seductor buscando provocarla.
- ¿Tienes algo que realmente me interese o te vas a dedicar a hablarme de mi pasado? – Demandó con voz firme y seria – ¿O es que solamente buscas que te den la paliza que tienes merecida?
Clive volvió a sonreír, pero esta vez de medio lado. Sabía que ahora Faye le mostraría su desprecio, así que mejor tomárselo con filosofía.
- Está bien, de ahora en adelante intenta apartarte de mi camino. – Continuó Faye, abriendo un poco la cremallera de su cazadora. El policía siguió con la mirada su movimiento, pensando que por una vez había acertado en la reacción de ésta y que ahora ella le haría ver la poca consideración que le merecía. Sin embargo, no fue así.
- A partir de ahora no te necesito. – Anunció la joven aún más seria. – Prescindo de tus servicios.
La sonrisa de Clive desapareció de su cara instantáneamente, como si nunca hubiera existido.
- ¿Cómo? Estarás bromeando
- ¿Me crees capaz de gastar bromas y menos a un estúpido como tú?
No, la verdad es que no lo creía, sabía que eso no era así. Ella nunca diría algo que no fuera a hacer.
- No puedes estar hablando en serio – Negó el policía, incrédulo, aún sabiendo que Faye iba en serio.
- ¿De qué te sorprendes? Ya sabías lo que había, solamente utilizaba tus servicios porque quería saber ciertas cosas de los Red Dragon. Ahora eso ha cambiado y me eres totalmente prescindible.
Sacó las manos de los bolsillos para cruzarlas en el pecho con total serenidad, al contrario que Clive que movía las suyas dentro de los bolsillos del pantalón.
- ¿Y cómo te valdrás para saber de ellos? – Inquirió el policía tratando de averiguar qué haría de ahora en adelante sin un contacto en la ISSP para enterarse de los pasos de la organización mafiosa.
- Ya ha llegado la hora – Expresó Faye mirándole fijamente. – Ya no necesito encontrarlos. Serán ellos los que salgan a mi paso.
- ¿De qué estás hablando? – La voz de Clive perdía la tranquilidad y su habitual tono de socarronería por momentos.
- Lo siento, no suelo dar explicaciones – Le respondió haciendo ademán de marcharse.
Clive la miró intensamente, parecía que le gustaba jugar con él, dejar claro que él no significaba nada, que nada significaba y que era totalmente libre. Aquello le exasperó, no podía retenerla y ella se empeñaba en demostrárselo.
Instintivamente alargó su mano hacia ella en un intento de detenerla, pero Faye se dio la vuelta con rapidez.
- Como se te ocurra tocarme, te advierto que eso será lo último que hagas – Le previno con tono alterado. En la mente de la joven apareció la imagen de Spike sujetándola con fuerza, impidiéndola continuar en contra de su voluntad como si tuviera algún derecho sobre ella, como si debiera doblegarse a sus deseos y ceder ante él y el sólo recuerdo de aquello la hizo perder la calma.
- Descuida, no lo iba a hacer – Mintió Clive apartando el brazo con rapidez. Aunque, en realidad se moría de ganas de sentirla lo más cerca posible y estrecharla contra sí con fuerza, seguro de que de esa manera no se escaparía.
¿Cómo había acabado así?, pensó, tan hambriento de sus palabras, aunque fueran de por cierto, despectivas hacia él, tan sediento de su presencia y anhelante de un cuerpo que nunca poseería. Nunca había pensado en un futuro en el que ella no necesitara su ayuda y ahora todo se acababa tan rápido como empezó
- ¿Sabes que tengo algo nuevo? – Intentó atraer de nuevo su atención – Una reunión secreta en…
- Te he dicho que desde hoy prescindo de tus servicios – Le interrumpió sin que tuviera opción de continuar – ¿No te ha quedado claro?
- ¿Entonces por qué has acudido si no querías saber nada? – Preguntó Clive acercándose ligeramente hacia ella.
- Qué menos que despedirme de ti – Respondió Faye apartándose el pelo de la cara. La ironía impregnaba sus palabras, ironía que se clavaba dentro de Clive, extraña y profunda.Sus palabras le hacían daño porque esa noche era consciente por primera vez que estaba enamorado de ella y no simplemente seducido por sus encantos. Y quizás, solamente fuera deseo, o quizás no, pero el solo hecho de pensar en no verla se tornaba doloroso.
- ¡Joder! – Exclamó perdiendo los nervios.
Ella dio un paso atrás, observándole, leyendo en su rostro cierta contrariedad.
- ¿Crees que me importa lo que pienses? – Le preguntó de pronto en su acostumbrada quietud, curiosa por aquella reacción– Te tomas demasiadas confianzas. ¿De verdad doy la impresión de qué puedes hacerlo?
- Ni un segundo – Confesó Clive derrotado, sacando un cigarrillo de su bolsillo. Sabía que no conseguía nada perdiendo la compostura así que optó por soltar lo que pensaba aunque a ella le diera igual – Es más fácil traspasar una pared que saber lo que estás pensando.
- ¿Y eso te molesta? – Indagó impulsada por aquella repentina curiosidad.
- Es desesperante – Respondió el policía con total sinceridad vencido por las circunstancias – Y no sabes cuanto. Es como intentar que la marea no suba al caer el atardecer y después seguidamente tratar que el día no llegue. Es luchar contra algo imposible y sé que no vale la pena intentar advertirte…
La joven le miró y miró por encima de su hombro. A sus espaldas se extendía un enorme cielo azul oscuro en cuyo manto se engarzaban una a una todas esas estrellas que brillaban con fuerza. Las contempló durante unos segundos para volver después a ignorarlas, para volver a la mundana realidad.
- ¿De verdad doy la impresión de querer ser advertida…? – Pregunto Faye siguiendo la conversación aún después de su interrupción – ¿…de no saber cuidar de mí misma?
- La verdad es que asusta tu seguridad – Declaró Clive tomando aire para encender el cigarro – Los demás parecemos perdidos a tu lado.
- Y lo estáis – Afirmó en voz baja la joven si dejar claro si quería ser escuchada o simplemente era un pensamiento para sí.
El policía la miró, la observó detenidamente. Ni en el último momento iba a dejar entrever un segundo de debilidad. Debería asemejársele a un monstruo sin sentimientos, pero en cambio no podía parar de pensar lo hermosa que estaba cuando el cabello se le alborotaba por la brisa marina.
Sacó un sobre de su gabardina y se lo tendió.
- Toma, yo no lo necesito. – Dijo ofreciéndole lo que traía para ella. – No sé si estarás interesada, pero a mí no me sirve de nada.
Faye alargó la mano y lo tomó sin decir nada.
- ¿Puedo preguntarte algo antes de despedirnos? – Pidió Clive apartando el cigarro de su boca – Sólo una pregunta como recompensa por la última información.
Faye asintió con la cabeza, por una vez satisfacería su curiosidad.
- ¿Todo esto de los Red Dragon, lo haces por alguien?
La expresión de la cazarrecompensas varió, aunque imperceptiblemente.
- ¿Qué te hace pensar eso? – Preguntó a la defensiva con cierta brusquedad – ¿Por qué quieres saberlo?
- Porque si fuera así, todavía habría esperanza.
Faye le miró extrañada, ahora ella era la que no entendía nada.
- ¿Esperanza¿Para qué?
- Para ti…y para mí – Las últimas tres palabras solamente él las escuchó porque simplemente las pensó para sus adentros, y aunque Faye oyó las que iban dirigidas a ella, hizo caso omiso de éstas porque no le importaban en absoluto.
- Piensa lo que quieras – contestó – siento decirte que no voy a responderte. Odio la sensiblería y tú tienes la manía de estar aferrado a ella.
- No puedo evitarlo. – Confesó con cierta ironía.
- No sigas así, tu hermano está muerto y no hay nada que puedas hacer por él.
- ¿Cómo? – Se sorprendió, no tenía ni idea de que ella supiera eso, de hecho estaba convencido de que ella sabía tan poco de él como él de ella. Pero¿desde cuándo lo sabía¿Lo había descubierto hacía poco o desde un principio siempre lo supo? Y entonces¿no había sido casualidad encontrarse? Siempre había creído que el azar había querido que se topasen, pero ahora no estaba tan seguro. ¿Lo conocía todo y ella había ido a buscarle in expreso?
- Sí – respondió Faye leyéndole la mente. – Lo sabía.
En el interior de Clive entremezclados sentimientos convergían, rechazo ante el engaño pero también aquella constante fascinación de la que no podía huir.
- ¿Te sientes atraído por las chicas malas? – Le preguntó de pronto la cazarrecompensas como si la mente del otro fuera un libro abierto y como si ella se diera cuenta que merecía una mala contestación en vez de un silencio – Ten cuidado, sólo conseguirás morir.
Clive sonrió¿era tan evidente que la perdonaba todo porque precisamente su extraña forma de ser era lo que le gustaba de ella?
- Con las malas siempre hay más por desvelar – Respondió con sorna adoptando una actitud irónica aún a pesar de todo lo dicho.
Faye subió de nuevo la cremallera de su cazadora y comenzó a andar alejándose con lentitud.
- Adiós, Faye – Se despidió éste.
- No seas tan melancólico – le respondió con sobriedad desde bastante lejos. – Te llamaré si alguna vez necesito tus servicios.
Y se perdió, doblando la esquina. Estaba seguro que sí corría para ver hacía donde se dirigía no habría rastro de ella, estaba convencido que se esfumaría como el humo de las chimeneas desvaneciéndose en el aire. ¿Cómo atrapar algo así entre las manos¿Cómo retenerlo para que permaneciera al lado de uno¿Cómo sentir la amarga desesperación de la impotencia de ver alejarse lo que se quiere y no tener poder para detenerlo?
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Cerró la puerta tras de sí. El apartamento la recibió tan frío como siempre, las desnudas paredes la saludaron en silencio mientras se hizo camino hasta la lamparilla de noche. La luz bañó de una extraña claridad la estancia, produciendo pequeños destellos al incidir sobre la superficie curvada de la bola de cristal que descansaba en la mesilla. El paisaje nevado de rascacielos derruidos de su interior permanecía imperturbable en la quietud de las aguas que contenía.
Se sentó en la cama, en la esquina opuesta de la habitación la katana reposaba contra la pared, muda, expectante, siempre testigo de Faye y también de aquella otra Faye.
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Bueno, aquí tenéis el décimo capítulo, me ha costado un montón terminarle y aún así después he introducido algunas pequeñísimas variaciones del original que puse, pero en fin…
Espero no tardar tanto para el próximo pero esa también era mi intención con este capítulo así que no sé yo, no sé yo…
Para terminar, quiero agradecer a todo el mundo su apoyo (Lady Vegeta Brief, Faervel, Countess Ozaki D y Sakura) y especialmente a mis niñas (ellas ya saben quien son). Me dais el ánimo que necesito para continuar con esta historia así que…
Muchas gracias y un beso enorme ;)
Life is but a dream…
