Declamer: La mayoría de los personajes pertenecen a Suzanne Collins

Aquí les dejo otro capitulo de la adaptación a la historia que le pertenece a Jackson Pearce y ya saben los personajes son de Suzanne Collins AU (universo alterno).

CAPITULO X

POV. PETTA

— ¡Peeta!

No es Katniss la que me llama, sino Gale. El cielo está a punto de iluminarse; los árboles son siluetas en lugar de nada más que oscuridad. Me pongo de pie bajo el roble y me sacudo la tierra de las piernas. Ha descubierto que ha pedido un deseo. Podría esconderme aquí para no tener que verle. No estoy obligado a presentarme ante él como cuando me llama Katniss. Pero no, se merece una explicación. Suspiro y desaparezco del parque para reaparecer a su lado.

— ¡Vaya! Lo de llamarte ha funcionado —dice Gale.

Está sentado en el asiento del conductor de su coche, fuera de la casa donde se celebraba la fiesta. Es extraño ver que donde hace tan sólo unas horas había mucho bullicio, ahora está muy tranquilo y en silencio, salvo por unas pocas personas que se tambalean hacia sus coches. El rocío matutino cubre los vasos rojos esparcidos por el jardín y ha empapado la ropa de un chico que se ha desmayado debajo de los setos de la entrada.

—Estoy esperando a que salga Katniss. Entra en el coche —dice Gale con firmeza.

Su sorpresa inicial ya se le ha pasado. Asiento e intento calcular lo enfadado que está por el deseo de su amiga, pero me cuesta mucho leerle el pensamiento en este instante. Doy la vuelta al coche y me deslizo hacia el asiento del copiloto, donde acerco las manos al conducto de ventilación para calentarlas

—Tenemos que hablar —dice Gale me fulmina con la mirada.

Suspiro.

—Mira, ella pidió el deseo y yo tenía que concedérselo. Para serte sincero, no quería hacerlo.

—No estoy enfadado. Pero quiero saber exactamente cómo funciona. Me refiero a que si Katniss quiere dejarle... ¿seguirá Finnick enamorado de ella?

Niego con la cabeza.

—Más o menos. Bueno, no. Los deseos no son permanentes. Deseó lo que Finnick y Annie tenían, así que... hice que él la quisiera a ella en lugar de a Annie. Era la mejor manera de darle lo que quería sin cambiar demasiado cómo es ella. En fin, hice algunos arreglos en el deseo. Todo lo que pude. Traté de que fuera un deseo para formar parte de algo, no un deseo de amor; pero puede acabar como cualquier otra cosa.

—Vale... vale. Bien.

Gale parece un poco aliviado.

—Y a ti te dejé fuera. Nada en ti ha cambiado —añadí.

No me parecía bien que la magia afectara a Gale. Me vuelve a mirar, suspira y niega con la cabeza.

—Ummm... ¿Gracias? ¿Sabes? Tú y tus deseos no facilitan nada.

Logro formar una ligera sonrisa.

—Cómo nos complicamos la vida, ¿eh?

—Algo por el estilo —contesta Gale y se frota las sienes.

Ambos nos volvemos para mirar hacia la casa cuando un movimiento capta nuestra atención. Es Katniss que camina despacio hacia la puerta delantera, de la mano de Finnick. Les sigue un grupo de amigos de Finnick, que no tienen el mismo aspecto glamuroso bajo la luz del alba que la última vez que les vi. Katniss, en cambio, está resplandeciente. Finnick tira de ella para acercársela y la chica levanta los hombros, tímida, luego se ríe, llena de vida, y deja que él la toque.

Finnick y Katniss se acercan a mi puerta y se detienen Miro por un instante los ojos de Katniss antes de que desaparezcan tras la cabeza de Finnick cuando él se mueve para besarla. Gale y yo nos ponemos a darle a los botones de la radio del coche. Repetidamente. Por fin, Finnick la suelta y abre la puerta del copiloto; yo me meto en el asiento trasero.

—Oye, Gale, ¿dónde te habías metido? —pregunta Finnick con una amplia sonrisa y se frota las manos por el frío de la mañana.

—Salí afuera un rato —contesta Gale sin ánimo, mientras Katniss se abrocha el cinturón de seguridad. Se vuelve hacia mí y me dedica una sonrisita.

—Nos vemos mañana, guapa —dice Finnick y cierra la puerta del coche.

Nadie dice nada. Katniss continúa mordiéndose el labio y nos lanza miradas nerviosas a Gale y a mí. Tiene un deseo en los ojos, quiere contarnos lo que le ha pasado el resto de la velada.

Gracias, pero no.

— ¿Adónde vamos? —le pregunto a Gale para romper el incómodo silencio.

—A desayunar. O a cenar muy tarde —dice y señala el reloj.

Son las cinco de la mañana.

—Nunca había estado despierta hasta tan tarde —comenta Katniss—. O supongo que nunca había salido hasta estas horas. El tiempo pasa volando, estaba sentada con Finnick y luego bailamos...

— ¿Bailasteis? —pregunta Gale, al parecer sorprendido.

— ¡Lo sé! Finnick me convenció, pero me lo pasé muy bien. Luego nos sentamos fuera hasta que empezó a hacer mucho frío... ¿Estabas aquí, en el coche? ¿Y tú, Peeta, dónde estabas?

Gale asiente mientras yo contesto en voz alta:

—En el parque Holly. Voy allí por las noches. Si cierras los ojos... y los oídos... e intentas no respirar, se parece un poco a Caliban. Más o menos.

Katniss se da la vuelta en su asiento para mirarme.

—Caliban. Por cierto, debo añadir que ya estás más cerca, ahora que he pedido un deseo.

En cuanto lo dice, su amplia sonrisa se desvanece un poco para transformarse en algo menos que euforia, pero más que simple alegría.

—Es cierto, sólo te quedan dos deseos más —respondo y me obligo a pensar en lo que estaría desayunando si estuviera en Caliban.

La comida allí se la toman muy en serio. La preparan con mucha elegancia y la sirven con una perfecta guarnición...

—Espero que aún podamos pedir beicon —dice Gale mientras se desvía de la carretera para meterse en el aparcamiento de un pequeño y sucio tugurio donde sirven desayunos.

El restaurante está lleno de todo tipo de personas: gente callada, adolescentes charlatanes y el viejo verde de turno. Dentro huele a beicon y a humo concentrado, y las camareras gritan los pedidos a un enorme cocinero que no para de dar vueltas delante de la plancha, friendo huevos y haciendo gofres. Nos sentamos en una mesa, Gale en un banco, y Katniss y yo en el otro. Asqueado, centro mi atención en el cocinero para evitar oír las historias de Katniss sobre el gran Finnick Odair.

Piensa en Caliban. En la vista de mi apartamento. En repartir flores. En la arquitectura curva, las ferias de la calle, las flores silvestres...

—Es mejor si no vez cómo cocina —dice Gale desde el otro lado de la mesa.

— ¿Qué? —pregunto al volver a la realidad.

—Al cocinero. Es mejor que no le mires mientras hace la comida. Parece que te estás empezando a poner enfermo.

—Tiene razón, Peeta. ¿Quieres un poco de esta tostada? —pregunta Katniss.

Me pasa su plato hasta que nuestros codos chocan. Niego con la cabeza.

—Estoy bien. Perdona. No necesito comer cuando estoy en la Tierra, ¿recuerdas?

En la máquina de discos empieza a sonar una canción insoportable sobre unos gofres, por la que se alegra la mayoría de clientes.

—Odio esta canción —se queja Gale y golpea su cabeza contra la mesa.

—Bueno — dice Katniss, ignorando a Gale y mirándome a los ojos—, no te he dado las gracias, Peeta. Por ayudarme, quiero decir.

—No te preocupes. Tú deseas y luego no me queda otra opción...

—Me refiero a antes de eso —me interrumpe Katniss con una mirada significativa.

Entonces me doy cuenta de que se refiere a lo que pasó en el pasillo, mientras observaba a Finnick y Annie, cuando la ayudé a ponerse de pie y ella agarró mi brazo... cuando fui su amigo, no el ser que le concede deseos.

—Ah, ya veo. De repente Katniss y su genio tienen secretos —dice Gale mientras me señala con un tenedor lleno de sirope.

Katniss se vuelve a reír. Es una risa profunda y auténtica, mejor que la repetitiva canción sobre los gofres. Finalmente sonrío. Creo que es la primera vez que lo hago desde que pidió el deseo. Es difícil estar dolido cuando ella se ríe.

ohhhhh Peeta es tan lindo como siempre ... bueno les prometí tres y aquí estan espero que los hayan disfrutado XD

bren mellark