Gakuen Alice no me pertenece…
"Es el miedo a perderte lo que me hace guardar silencio…"
-oO08( Recuperando el Tiempo )80Oo-
por Kiray Himawari
Capítulo X Maremoto
Narumi no supo descifrar la expresión de Natsume. No sabía si el chico estaba angustiado, furioso, triste o simplemente no había podido reaccionar ante la noticia. Preocupado comenzó a llamar por su nombre acercándose para ver si todo estaba bien. Cuando llegó hasta el chico y aún con la falta de repuesta lo tomó por los hombros para ver si podía obtener algo, sin embargo, lo único que pasó fue que el poseedor del Alice del Fuego se desvaneció. Todos los que se habían acercado hasta el lugar sintieron un pánico enorme al ver al poderoso Hyuuga Natsume desplomarse; el fuego más vivo, parecía querer apagarse.
Narumi logró sostenerlo para que no impactara con el suelo y Ruka se acercó al instante para ver si podía hacer algo. Hotaru logró disipar a todos diciendo que el circo había terminado y que dejaran a la princesa chispitas dormir en paz. A pesar de sus palabras, que parecían las de alguien despreocupada, por dentro Hotaru buscaba una forma de averiguar lo que estaba pasando, después de todo era ella quien se suponía sabía todo lo que ocurría en derredor, excepto por la desaparición de Youichi.
-o-
Estoy asustado, no quiero admitirlo, pero siento el pánico crecer en mi interior. No sé si es de día o de noche porque todo aquí es oscuridad. Sé que estoy caminando porque veo mis pies moviéndose, pero no sé si me acerco o me alejo de algún sitio; estos sueños son aterradores porque la oscuridad comienza a devorarme... ¡Oniichan, ayúdame!
-o-
El profesor de la Academia estaba realmente preocupado, las cosas no se suponían que fueran así; nada parecía en control y todo era su culpa, aunque sabía que todo aquello era un pensamiento extremo y desesperado. Su mente cabalgaba a una velocidad impresionante intentado pensar quién había sido el responsable de ese acto tan cobarde y maldito, pero todas sus ideas desembocaban en ideas absurdas y poco coherentes, sobre todo porque Persona era el primero en la lista.
Si bien Persona era un tipo bastante apartado y misterioso, tenía la aprobación y confianza de los altos mandos, lo que lo dejaba sin sospechosos y con una preocupación mucho más arraigada. ¿Qué iba a hacer? Suspiró cansado en un vano intento de aclarar su mente. Tenía que hacer algo para encontrar a Youichi y la simple nota que habían dejado no era suficiente pista para dar con los culpables. Hotaru ya había comenzado a tomar cartas en el asunto y él, sin embargo, no tenía ni la más mínima idea de qué hacer en ese instante y sabía que no era porque no fuera capaz, sino porque nada de eso tenía sentido.
-o-
En cuanto escuchó esas palabras emanando de los labios de Narumi, todo comenzó a ser caótico en su mente. Un frío recorrió su espina dorsal y una sensación de mareo sobrevino. Pronto comenzó a dar vueltas y su vista comenzó a flaquear hasta dejarlo en completa obscuridad…
Mis ojos son incapaces de mantenerse abiertos. La oscuridad invade mi mente y el agua amenaza con llegar a mis pulmones; no puedo respirar. Este océano no parece tener fin, es como caer y caer y sentir la desesperación por saber que morirás por la mera angustia, antes que por la carencia de oxígeno. La densidad y presión del agua provocan que mi cuerpo se sienta libremente extraño, como si pudiera mover cada extremidad hacia donde quiera, aun tuviera que desprenderse de mi cuerpo.
La oscuridad por la que se atraviesa es inmensa, casi podría compararla con la oscuridad de la misma noche, y entre más profundo caigo más oscuro parece volverse, aunque en realidad sé con certeza que la oscuridad no puede ser más ni menos; la oscuridad es o no es, así de simple. Intento luchar con erráticos movimientos que resultan como los de un niño que hace un berrinche en el piso, tal cual mis manos y piernas se mueven, sólo que no estoy en el piso, ni tampoco hago un berrinche, sino que peleo por salir a la superficie.
Ruka ahora estaba a un costado de donde yacía Hyuuga inconsciente, aparentemente los efectos menos deseados seguían apareciendo. Natsume parecía tener un momento intranquilo y probablemente así era debido a los malestares físicos. La fiebre era el síntoma más común en ese estado, pero esta vez no fue la fiebre la que lo derribó, sino un estado de hipotermia que no habían visto nunca. La hipotermia se asocia a un organismo que es expuesto a bajas temperaturas, sin embargo, Natsume no había estado en lugares fríos ni mucho menos, únicamente fue de un segundo a otro, y eso era lo alarmante.
Cubrió a su amigo con otra manta y suspiró. Las cosas no pintaban nada bien, eso era definitivo. Miró hacia Natsume una vez más, ¿qué iban a hacer para encontrar a Youichi? Había pasado más de una hora dese el anuncio de la desaparición del pequeño y hasta ese momento nadie había propuesto nada, lo único que sabían es que todavía era desconocida la identidad de la persona que había osado llevárselo y que, al parecer, no había ningún rastro que la delatara. Se sentía frustrado, Natsume se encontraba imposibilitado para la búsqueda y no sabían qué tanto tiempo le quedaba al pequeño Hijiri.
Más y más al fondo estoy llegando y aunque ha pasado ya mucho tiempo siento como si apenas estuviera empezando a descender. Quizá esto es de lo que la gente se preocupa realmente, no el caer y estrellarse en el fondo, sino el nunca llegar a conocer el fondo porque antes de tocarlo se ha muerto en el camino. Así que duele la incertidumbre, duele el saber que morirás sin conocer el fin, sin tocarlo, sin sentir una agonía propia del impacto. A cambio obtienes un par de angustiantes horas, un paisaje hermoso que se convierte en tu lecho de muerte y una visión de lo que ha sido tu vida desde el momento en que tienes consciencia de que existes.
Mi cabello se mueve graciosamente al ritmo que el agua impone, a veces lo peina y otras tantas lo alborota, siempre con el mismo resultado; una armoniosa danza que lo ondula, lo acompaña y lo mece. Mi piel siempre tersa y suave comienza a envejecerse debido a la salinidad, ahora no es tersa ni suave, sino áspera y rugosa. Mis ojos que al principio veían con tanta claridad mi descenso ahora tienen esa picazón, esa irritabilidad que provoca el agua, así que los cierro y sólo dejo que mis oídos construyan una imagen en mi mente, una imagen hecha a base de sonidos; ojos que no ven, corazón que no siente y dolor que "desaparece".
-o-
─ Seguramente está jugando y está oculto en algún lado del bosque ─ afirmó Kay una vez que llegaron a la tienda de campaña de Mikan y Hotaru.
─ ¿Cómo puedes decir eso? You-chan sería incapaz de jugarnos una broma así ─ replicó con una angustia evidente.
─ Ese mocoso sólo causa problemas, apuesto que lo hace para llamar tu atención ─ Mikan lo encaró con el ceño fruncido, un gesto poco común en ella.
─ Kay, ─ comenzó a hablar con mucha seriedad, algo que tampoco era común ─ You-chan es como un hermano para mí y no voy a permitir que insinúes que esto del secuestro es sólo un plan para llamar mi atención o la de alguien más, en verdad algo está mal contigo, ahora por favor, déjame sola, necesito pensar qué hacer. ─
El estrés de la situación sacaba un lado bastante serio, casi frívolo. Hasta ahora ninguna persona en la Academia había conocido esa nueva faceta en Mikan, esa personalidad madura que se había desarrollado junto a la responsabilidad que implicaba su Alice. Lo cierto era que aquella tímida jovencita había quedado en el pasado, ahora poseía una seguridad que le hacía reaccionar con rapidez, agilidad e inteligencia en una pelea o contingencia mayor. Y lo mejor de todo ello era que esa madurez no le había nublado o alejado de su calidez como persona, todavía quedaba esa inocencia que la caracterizaba y esa torpeza que le daba una gracia singular.
Tomó asiento en el piso y trato de concentrarse cerrando los ojos e inhalando y exhalando lentamente. Lo que necesitaba en ese momento era serenidad y Kay no parecía querer apoyarla en esos momentos, así que tuvo que pedirle que se fuera para poder pensar con la claridad que el momento le pedía. Las cosas no estaban bien y quien fuera que estuviera detrás del secuestro de Youichi iba por algo más que un simple rescate, o su Alice, esa persona quería algo más.
-o-
El profesor rubio sonrió con ánimos renovados ahora que tenía un plan para el rescate del pequeño. Era una lástima que medio grupo tuviera que retirarse, pero era lo mejor en esos casos, en la Academia podrían refugiarse en caso de algún peligro, mientras que el estar fuera no les daba muchas opciones de salir ilesos; y la seguridad de los estudiantes era primordial. Ahora sólo faltaba informar a los altos mandos sobre los sucesos, aunque eso pasaría cuando el resto del grupo volviera, ahora necesitaba organizar al pequeño equipo de rescate, pues no todos los chicos con Alices podían viajar sin ser un blanco fácil.
Salió de su recién instalada tienda de campaña cuando se topó con la estudiante más prometedora de la Academia…
─ ¡Mikan! ─ no pudo evitar sonreír.
Esa jovencita había renovado la esperanza de todos hacía tiempo, incluso la esperanza de Natsume, quien por ahora se encontraba luchando entre la luz y la oscuridad.
-o-
Y mientras sigo cayendo veo las imágenes del ayer, las de hoy y las que probablemente viviría de no ser por esta caída continúan apareciendo. Quisiera poder respirar ahora, jalar aire como si no hubiese mañana y soportar esta caída, sabiendo que es en vano, pues esta caída no tuvo, no tiene, ni tendrá fin. Una a una las imágenes mentales cobran sentido, sé que son recuerdos, fragmentos de mi vida que a veces no quiero recordar y otros tantos que me gustaría revivir.
Y es allí donde veo su rostro y esa sonrisa que jamás se aleja de sus labios demasiado tiempo, como si estuviera allí esperando a que yo mismo imite el gesto. Ahora me es imposible detener esa construcción, miro ahora sus ojos, siempre tan sinceros, siempre tan puros. A veces transmiten miedo, sin embargo, la fortaleza y pasión son sus más grandes distintivos. Tus ojos, tu sonrisa, tu gesto, tu aura; todo aparece de a poco y justo cuando creo que podría ir a abrazarte una ola de fuego se hace presente y pretende eliminarte. Intento gritar, pero sólo logran escapar mis últimas bocanadas de aire; moriré y aun muriendo seré incapaz de salvarte; te he arrastrado hasta el final…
De pronto abro mis ojos y la respiración me es difícil. Mi corazón cabalga rápidamente, mi flujo sanguíneo es tan acelerado que creo que me desmayaré. Miro a mi alrededor con desesperación y me doy cuenta que seguimos aquí en el campamento, a mi lado descansa Ruka y al otro sigue la bolsa de dormir vacía de Youichi. Llevo mis manos hasta mi rostro y las restregó frustradamente. Aún es de noche, pero puedo ver perfectamente gracias a la luz de la luna en menguante que se filtra por la abertura de la tienda de campaña.
En mis manos siento la humedad de mi transpiración, sin embargo, hay algo más que acompaña esta sustancia; lágrimas. Lloré. Y al parecer lloré bastante. Algo desorientado me levanté y me hice paso hasta la salida. Miro al cielo y veo las estrellas a lo lejos, unas cuantas nubes grises disipándose y la luna que sigue allí. Avanzo a paso vacilante hasta llegar al sitio en donde Ruka habló conmigo. Tomo asiento al pie de un árbol y recargo mi peso en su tronco. Tantas cosas en la mente, preocupaciones, furia, celos, miedo y ella.
Quise negarme y evadirlo y no pude; no sé qué hacer con esto que siento. A veces es tan grande, asfixiante y doloroso que siento que moriré. Pero… pero siento que si lo dejo, que si me alejo pasará algo peor…
Su vista estaba nubosa y su cuerpo se sentía dolorido, necesitaba más descanso, aunque a esas alturas dudaba que un buen descanso le devolviera vitalidad. Cerró los ojos en un vano intento por alejar la sensación de mareo y náuseas; cada día era peor. Su estómago dio un vuelco por las náuseas, por ello colocó una mano sobre su boca y otra viajó hasta su abdomen que se contorsionaba.
─ ¡Natsume! ─ escuchó una voz conocida.
Quiso levantarse y salir corriendo, pero el dolor en las articulaciones era inclemente y ese temblor en el cuerpo y mareo le hacían segunda. Sus ojos se llenaron de agua salina debido a la sensación que estaba experimentado en su cuerpo y pronto lo que más temía ocurrió; de sus labios brotó una bocanada de sangre. Su garganta y esófago ardían y no podía evitarlo, pronto comenzó un ataque de tos que ayudaba a expulsar la sangre que de vez en cuando se encaprichaba en querer llegar a los pulmones.
Mikan corrió para poder ayudar a Natsume a levantarse, ya que para esos momentos se encontraba de rodillas en el piso. La joven notó la sangre allí y el estado ya obvio de Natsume.
─ ¡Natsume! ─ intentó ayudarlo a levantarse cuando una nueva bocanada de sangre fue expulsada.
Su corazón sintió que lo estrujaban con fuerza, era tan desgarrador ver aquella escena, ese Natsume fuerte parecía querer rendirse y eso era algo que no estaba preparada para ver ni en un millón de años.
─ Por favor, Natsume, ponte de pie… ─ su voz quebradiza enmarcaba su angustia.
El poseedor del Alice de Fuego se sentía frustrado y humillado, ¿cómo podía permitirse dar esa escena?, ¿cómo presentarse tan débil? Su mente gritaba una y otra vez que debía ponerse en pie y demostrar que su orgullo podía más que esas malditas consecuencias, que él podía continuar viviendo sin importar qué, sin embargo, parecía que sólo eso pasaba en su mente.
-o-
Había pasado más de una hora y el fresco de la noche se había convertido en una espesa neblina que cubría el bosque. Ambos estaban sentados cerca de la fogata para obtener un poco de calor. Luego de aquel mal rato, Mikan lo había ayudado a levantarse y lo había procurado para que mejorara un poco su estado. Al parecer la chica había aprendido algunos remedios naturales de curación y por el momento estaba mejor, pues las medicinas difícilmente hacían algo a esas alturas. Tomó entre sus manos el brebaje que Mikan le había preparado y miró al humeante tazón. El olor era agradable, el sólo vapor desprendiéndose le ayudaba a sentirse mejor y a recuperar ese calor que la hipotermia le había arrebatado.
─ Lo encontraremos ─ escuchó su dulce voz.
La miró con algo de sorpresa, su tono de voz había sido dulce, pero a la vez decidido; ahora encontraba una razón más para admirarla.
─ No tienes porqué meterte en asuntos que no te corresponden ─ cerró los ojos y frunció el ceño, unas cuantas palabras vanas para alejarla, aunque en el fondo la quería más cerca.
─ Pero es asunto mío, Natsume, You-chan, Ruka-pyon, Hotaru y tú son importantes para mí, así como lo es la Academia ─ afirmó con aplomo.
─ Por mí no tienes de qué preocuparte…─ resopló de mala gana luego de escuchar ese "tú" en su oración.
─ No tengo qué, pero quiero y eso es lo que importa, Natsume. ─
La chica se puso de pie para acercarse hasta donde estaba el joven. Su paso seguro era totalmente desconocido en ella, casi como si de una mujer madura y experta se tratara, sin embargo, en ese andar también estaban plasmados esos toques de inocencia, ese contoneo de cadera tan grácil y singular en ella. Atracción, deseo.
─ Mikan… ─ de sus labios brotó su nombre fácilmente, bloqueando así sus pensamientos efímeros y dejando pasar ese sentimiento incrustado en el pecho y ese líbido que de alguna manera había logrado despertar.
─ Natsume… ─ pronunció ella acercando su rostro, preparando sus labios.
Por unos instantes los ojos de ambos se perdieron en los contrarios. Ese par de espejos reflejaban el deseo, la pasión, el sentimiento; todo estaba listo, sólo hacía falta actuar. Y en ese titubeo alguno de los dos se movió un instante y eso bastó para que todo lo demás dejara de importar. Sus labios se encontraron en un efímero contacto que se fue transformando en historia tatuada a fuego. La piel suave de su dulce boca era tan embriagante que podía decir que ya era un adicto, aun siendo la primera dosis; y ni qué decir de ese gracioso cosquilleo formándose en su abdomen bajo y descendiendo, una sensación que de a poco crecía y excitaba al grado de olvidar que el fin estaba cerca. Y pensar que por años y años había fantaseado con jugar con fuego, quién diría que lo había conquistado y propagado. Hambre, necesidad, no era fácil describir lo que allí pasaba, lo único que se podía rescatar era que ambos sentían lo mismo el uno por el otro. El qué sentían no importaba porque disfrutaban el momento, al contrario de cierto joven que miraba de lejos con recelo y un cierto grado de odio violento. Y la tierra comenzó a temblar.
-oO080Oo-
¡Gracias de antemano por sus lecturas!
Agradecimientos a: Ivette-chan-n.n y mikanxnatsune por obsequiarme un bonito review en el capítulo pasado y, por supuesto, a todas esas personas que han estado pasando a leer.
Dudas, quejas, sugerencias, comentarios, ideas, etc., ¡Bienvenidos!
