¡hola a todas(os)!, primero pido perdón, hice una promesa y no la cumplí, primero tuve un gran problema de inspiración y luego muchos asuntos encima de los cuales debía encargarme, sin embargo, quiero asegurarles que llevaré esta historia a su fin, este capítulo creo que es el que más me ha costado escribir, sin embargo, quedé bastante satisfecha con el resultado y espero de corazón que a ustedes les guste mucho. No olviden comentar, sus comentarios me dan ánimo a continuar escribiendo, ahora, sin más preámbulo, el cápitulo:
9. un mortífago para mí.
No podía terminar de descifrar que sentimiento le producía aquella capa negra, que antaño, en otros hombros tanto le arrebató, allí frente a ella levitaba la túnica negra y la máscara plateada distintiva de los mortíferos. Sentía regocijo, aquel traje le iba a dar por fin paz al poder vengar a sus padres, por otro lado, se sentía sucia, el mal nacido de Blaise había usado esa misma prenda el día que acabo con la vida de sus progenitores. Maldita fuera toda aquella situación, finalmente su cabeza lo decidió, ya nada le importaba, ni siquiera, "ser uno de ellos".
Seguirás viéndola Granger o vas a ponértela, es hora de irnos – ella giró la cabeza y se encontró con el rubio que había acabado de ingresar a la habitación, sin decir nada tomó la prenda y se la puso, luego sin poder evitarlo dio un último vistazo antes de ponerse en marcha. – recuerda, hoy no eres de la orden, si te atacan, atacas.
Ella lo sabía, sabía que, aunque debía usar aquel traje para acabar con Zabini, iba a ser atacada, a los ojos de sus antiguos compañeros era una mortifaga y, después de pensarlo largamente, decidió que nada ni nadie se iba a interponer en su plan de venganza, si debía alzar su varita, lo haría, finalmente ya había sacrificado suficientes cosas por el bien de la orden.
Una vez salieron a los límites de la mansión, se hizo humo negro, ella sabía los trucos de los mortifagos ahora y aunque Voldemort no estaba enterado de la nueva integrante de sus filas, se comportaría como uno de ellos. Cuando volvió a tomar forma corpórea todo era caos, el pueblo muggle estaba en llamas, intentó buscar con la vista a Draco y no lo encontró, se había ido, decidió buscar a su presa y terminar con ello de una buena vez por todas.
Varios hechizos la rozaron y decidió solo esquivarlos, hasta que sintió un empujón y un rayo verde pasar rosando su brazo, miro en la dirección de donde provenía y vio a un joven caminar hacia ella con la varita en alto, parecía un poco menor que ella y supo que en algún momento lo había visto por los pasillos de Hogwarts. Luego su vista se desvió a la persona que la había empujado y supo que allí estaba su presa.
Si no sabes usar la maldita varita, vuelve a entrenar, tu vida me importa muy poco, pero los soldados nunca están de más, así sea para servir de escudo. – no había duda, el hombre parado frente a ella era la maldita serpiente que buscaba, nunca se había imaginado que sería tan fácil.
¡Avada Kadavra! – había olvidado al chiquillo, lo miró fijamente mientras con un leve movimiento esquivaba el hechizo. No deseaba matarlo, el chiquillo era inocente, pero era mejor que muriera por su varita a permitir que fuera torturado por el Sly, respiro hondo y lo miró, Merlín la perdonara y les diera fuerza a los padres del chico, si aún seguían vivos. – los mataré, son una maldita plaga.
¡Calla chico! – el mortifago se había acercado al chico peligrosamente, y podía ver la sonrisa diabólica pintada en las pupilas del hombre – hoy me proporcionaras diversión y aprenderás a no usar mal tu boca, quizá te deje vivo para que des el mensaje, ¿qué opinas? – esta vez el hombre se dirigió a ella, y eso la hizo reaccionar de inmediato.
¡Avada Kadavra! – un ruido sordo le indicó que la vida del chico había llegado a su fin, sentía rabia, ese chico ni siquiera contaba con el entrenamiento suficiente para estar allí, no era más que carne de cañón.
¡Maldita sea!, ¡quien rayos te dijo que podías matarlo! – ella lo miró y sonrió.
Tu no me das ordenes, el chico estorbaba, había que matarlo.
Lo iba a torturar, quizá podría tener información importante – el hombre pensaba que ella era una niña tonta y aquello termino de sacar la ira de su interior.
No es más que un chiquillo probando valía, probablemente ni siquiera sea miembro de la Orden del Fénix – vio como el chico alzó la varita hacía ella y sin decir palabras conjuró un hechizo aturdidor.
¡oh no, querido Blaise!, no deberías intentar atacarme, no te conviene, tú habilidades mágicas son muy inferiores, pero ante tu insistencia – ella no permitió que pronunciara palabra alguna y un rayo rojo salió de su varita dando de lleno en el chico.
Se sentía extasiada, ver al chico temblando de dolor le hacía sentir poderosa, frenó el hechizo y se agachó a la altura de él – sabes deberías pensar antes de intentar atacar a alguien que no conoces y más si es de tu mismo bando –
Eres una perra, ¡quítate la máscara hija de puta! – una risa brotó de su garganta y mientras enterraba la punta de su varita en el cuello del moreno, brotando un hilo de sangre de la piel magullada del chico.
No estás en posición de pedir nada, excepto perdón, quizá si me ruegas, deje de torturarte y te asesine de una vez – la sangre empezó a descender por su varita, se sentía extasiada e hipnotizada viendo la madera penetrar la piel del muchacho.
No puedes matarme imbécil, te asesinaran por esto –
No seas tan estúpido Blaise, no eres importante, nadie sabrá quien está debajo de esta mascará, cuando acabe contigo serás una baja más, les habré hecho un favor al librarlos de tu ineptitud – luego otro hechizo torturador, el mismo que ella había recibido de parte de Malfoy el día que llego a sus manos.
Escuchó sus gritos de dolor y vio sus uñas volverse sangre al enterrarse en el duelo, pronto las lágrimas empezaron a rozar de sus mejillas, y de repente una explosión detrás de ella interrumpió su hechizo haciéndola volar al otro lado del cuerpo de Zabini.
Levantó la vista y vio un par de mechones rubios esparcidos en el pavimento, ¡Draco!, se levantó y corrió a su lado, al llegar notó la presencia de dos aurores, se agachó a su altura aprovechando que aún no se dispersaba el humo producido por la explosión – ¡Malfoy, levántate! – sacudió el maltrecho cuerpo del chico y vio como abría y cerraba los ojos en lapsos de conciencia. Maldita sea, el chico estaba noqueado y había dos aurores que no iban a perder la oportunidad de asesinarlo y ella no podía permitirlo. Esquivo un rayo verde y se levantó, lo que vio la dejó helada, frente a ella se alzaba imponente Ronald Weasley, más fuerte y más adulto de lo que lo recordaba.
Te daré la oportunidad de correr, solo queremos a Malfoy – allí notó la presencia de una mujer de cabello rubio, ella la conocía, ella era una Greengrass, eso la hizo extrañar, ella estaba segura de que era del bando oscuro, pero estaba allí parada con su antiguo amigo.
Lárgate y no te lastimaré Weasley - esa voz, los ojos del chico de agrandaron, era imposible, aquella persona, no, era imposible, debía estar siendo traicionado por su subconsciente.
Como quieras, ¡Depulso! –
¡Protego! – sintió como la potencia del hechizo del pelirrojo la arrastro un par de centímetros hacía atrás, vaya que había mejorado. – no hagamos esto difícil, lárguense y no los lastimaré.
¡Avada Kadavra! – la voz de la chica salió y ella pudo reaccionar y apenas esquivar el hechizo. Aquello iba a ser un duelo, ninguno de los dos estaba dispuesto a dar su brazo a torcer, pero no iba a lograr luchar contra ambos y proteger el cuerpo del rubio, tendría que tratar de herir alguno y confiar en el espíritu de solidaridad que siempre afloraba en los miembros de la Orden.
Te arrepentirás toda tu vida de haber intentado siquiera alzar tu varita contra mí – con un movimiento de varita hizo volar una piedra que dio de lleno en el hombro derecho del pelirrojo y antes de que pudiera reaccionar, un hechizo no verbal golpeo a la chica y la hizo caer mientras grandes cortes se acumulaban sobre su cuerpo.
¡Dhapne! – vio al chico arrodillarse frente a ella, con su brazo herido colgando a un lado del cuerpo, debatiéndose entre desaparecer o quedarse – lo siento Dhap, no puedo verte morir – fue lo último que escuchó antes de verlo desaparecer, aquello la dejó helada, quizá se equivocaba, pero parecía que su amigo tenía un afecto especial por la rubia. Sacudió sus pensamientos y tomó al rubio y desapareció con él.
Se maldijo, estuvo tan cerca de acabar con el hijo de puta de Zabini, sin embargo, no se arrepentía, cuando vio a Draco tendido en el suelo, sintió una necesidad de ir a él, no iba a dejar que lo asesinaran, no podía, de solo pensar en ese escenario su estómago se revolvía y su corazón se oprimía, incluso en aquel momento, por un breve segundo pensó que si debía matar a su antiguo amigo para sacar el rubio de ahí, lo haría sin que le temblara la varita.
Cuando se apareció en el bosque de la familia Malfoy no pensó en que entrar a la mansión sería bastante difícil, seguía llevando la túnica negra, pero ¿y si le pedían que se la quitara al verla entrar con un Malfoy inconsciente?, observó al chico, estaba perdiendo sangre de un costado, y no sabía si tenía algo más, necesitaba darle atención, podría arriesgarse y ello significaría quizá que ambos morirían, ella por el simple hecho de ser quien era y él, por haberla vestido de mortifaga, entrenado y llevado al campo de batalla a matar a uno de los suyos.
Respiró profundo, lo haría, entraría, si la descubrían, intentaría huir, finalmente estaba muy bien entrenada y una vez el rubio estuviera allí y recibiera atención pensaría más allá. Había decidido ir un paso a la vez.
Decidió levitarlo y asumir una pose erguida, amenazadora y segura, se jugaría todas sus cartas, al pisar las puertas de Malfoy´s Manor su corazón empezó a palpitar de forma acelerada, no encontró obstáculos hasta que llegó al pasillo de habitaciones y se topó con una rubia, que curiosamente resultó ser hermana de la mujer que había atacado.
¡Draco!, por Merlín, ¿qué pasó? – ella se aclaró la voz, rogando no haber tenido suficiente contacto en la escuela y apostando por el desinterés que ella pudiera sentir por los demás.
Fue atacado, le daré cuidados – intentó seguir su camino, pero la chica se interpuso.
¿quién eres? – sus músculos de tensaron, la chica la miraba fijamente, mientras sostenía su varita, aún sin apuntarle, pero lista para atacar.
¿acaso eres estúpida?, ¿crees que eso importa en este momento? – se estaba jugando sus cartas de Slytherin arrogante y no tenía claro si iba a funcionar.
¡quítate la maldita mascara o lo haré yo! – con cuidado dejó de levitar a Malfoy y la vio a los ojos, no iba sentir en lo más mínimo aquello.
Eres una chica metiche – sin que ella se diera cuenta y con un hechizo no verbal, la chica calló al piso como una tabla, ella sin poder evitar su rabia la pateó – eres una mbécil, ¡Obliviate! – el rayo blanco y brillante se desprendió de su barita, una vez satisfecha emprendió camino a la habitación en la que por tanto tiempo había estado encerrada.
Luego de poner al rubio sobre la cama, quito la camisa y contempló su pecho, había varias heridas, corrió a la cómoda y sacó un frasco de poción repone-sangre, tomo la cabeza del rubio y la alzó de tal forma que pudiera bebérsela. Con su barita y con sumo cuidado, inicio a cerrar cada corte, tocó su pecho y se dio cuenta que su costilla estaba rota, decidió repararla, finalmente escaneó su cuerpo y supo que no había más heridas, parte de la inconciencia del chico se debía a la pérdida de sangre producida por los cortes, lo limpio con magia y decidió dejar que despertara solo, de esa forma repondría energías.
Se sentó en la silla justo al frente de la cama, incapaz de alejarse. Aquello no le gustaba, que clase de sentimiento enfermizo estaba desarrollando por el hombre que la había degradado, sin embargo, ella sentía que él entendía todo lo que llevaba adentro y que precisamente esa carga interior era lo que los unía, finalmente aquel hombre también era víctima de las circunstancias, simplemente el decidió jugar sus cartas de una manera diferente. Él había entendido la ley de supervivencia, mientras que ella por el contrario había decido simplemente esconderse de los depredadores.
Recordó lo cerca que estuvo de acabar con la vida del malnacido de Zabini, había querido decir que el único sentimiento que la movía a ayudar a Draco era que lo necesitaba, pero aquella, era una mentira que ni ella misma se creía. Tenía su varita, estaba entrenada, tenía una capa de mortifica y podía haber desaparecido a algún rincón del planeta y simplemente no lo hizo, abandonó su deseo de venganza ya que no soportaba la idea de dejar que él muriera. Se dijo que aquello no importaba, tendría otra oportunidad para cazarlo y mejor aún, para torturarlo de nuevo, tenía que ver los aspectos positivos de la situación en la que se encontraba.
Cuando despuntaba el alba, sintió un movimiento en la cama, se acercó y pudo ver a un rubio con los ojos abiertos, mirándola desorientado, jamás lo había visto tan débil, no tenía ni idea de lo que había pasado, su rostro dibujaba una pregunta, sin que sus labios tuvieran que moverse para permitir que saliera en voz alta.
Te atacaron, caíste inconsciente, estaba cerca y lo impedí – el chico con mucho esfuerzo se acomodó contra el cabezote de la cama.
¿quién fue? – Hermione dudó, si bien había abandonado a sus amigos no quería que la furia del hombre cayera como un torrente sobre ellos - ¿quién diablos fue Granger? – las manos del rubio tomaron con fuerza su barbilla y en sus ojos la rabia centellaba. La maldita ley de supervivencia.
Ronald y … - se mordió el labio inferior, sabía que aquello caería como un baldado de agua fría.
¡Habla ya maldita sea! – la presión de sus dedos en la barbilla de ella se hizo más fuerte arrancando de Hermione un pequeño gemido de dolor.
Daphne – los ojos del chico se abrieron a tope
¿Greengrass? – ella tan solo asintió y el agarre de él se desvaneció, intento levantarse y ella lo frenó.
Aún no puedes hacer eso, estabas bastante mal herido –
La maldita traidora quería asesinarme – Hermione recordó lo ocurrido hacía un par de horas y la frase iluminó su mente "lo queremos a él", cuando ella llegó no intentaron matarlo, solo quería llevárselo.
Ellos no querían matarte, querían llevarte con ellos, parecían estar muy interesados en dejarte con vida – la mirada del chico se oscureció y ella tuvo miedo, sabía que nada bueno podría venir de la rabia de él.
Así que jugaste tus cartas maldita zorra – el chico sonrió de medio lado de forma macabra – Astoria pagará por tu pequeña treta – el parecía hablar para sí mismo, así que ella decidió volver a la silla en la cuál había estado sentada antes.
Espera – la mano de él en su muñeca la hizo frenar y, con un pequeño jalón cayó al lado de él en la cama – gracias Granger – luego la recostó a su lado y la abrazó, ella se tensó.
Cálmate Granger, tu presencia me tranquiliza, esa mujer tiene información valiosa, al parecer estoy siendo cazado – el cuerpo de la chica se relajó y cerró sus ojos.
¿qué piensas hacer? – el acomodó su cabeza en el hueco del cuello de ella y respiro profundo, absorbiendo todo el aroma de ella.
La quebraré, sé lo mucho que le importa Astoria – recordó que hacía poco había dejado desmayada en el pasillo a la chica.
Tuve que aturdirla y Obliviarla, hizo muchas preguntas cuando te traje, es bastante metiche – sabía que él estaba sonriendo y aquello la relajó.
¿Lo mataste? – el recuerdo del hombre en el suelo retorciéndose la hizo sonreír.
No, cuando estaba haciéndolo vi que habías sido derribada y fui a darte una mano – aquel momento estaba siendo el más intimo que había compartido y de alguna forma se sentía tranquila, en paz con el mundo, sintió como fue girada y quedó a un par de centímetros de la cara de él.
¿porqué? – aquella pregunta la tomó desprevenida.
Tengo algún retorcido sentimiento por ti – las palabras salieron de su boca sin filtro, sin intención de mentir, no le importaba esconder nada, ya no tenía sentido para ella.
Entiendo, yo también tengo ese mismo retorcido sentimiento – aquella declaración la sorprendió, pero no tuvo tiempo de decir nada pues sus labios habían sido capturados por los de él en un hambriento beso.
